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	<title>Ecos del Balón &#187; Chema R. Bravo</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Johan: La Jugada</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2020 02:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al Johan Cruyff futbolista se le han asignado profusas definiciones y lluvias de adjetivos. Lo hemos intentado explicar de mil modos, con cientos de palabras. Pero, como diría Cortázar, las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma. Entonces, es suficiente con sentir. En la final de la Copa del Mundo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i>Al Johan Cruyff futbolista se le han asignado profusas definiciones y lluvias de adjetivos. Lo hemos intentado explicar de mil modos, con cientos de palabras. Pero, como diría Cortázar, las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir<span id="more-271988"></span> desborda el alma. Entonces, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=4WVmlpATJyE">es suficiente con sentir</a>. En la final de la Copa del Mundo de 1974 entre Holanda y Alemania, a Johan le bastó menos de un minuto al comenzar el partido para que su cuerpo de alambre se disolviera y se convirtiera en momento, en 55 segundos en los que se abrevió y se hizo jugada y emoción</i>.</p>
<blockquote><p>En aquella jugada ante la poderosa Alemania, Johan Cruyff fluyó como siempre lo hacía.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El dios naranja toca la primera pelota de esa final, como si ese gesto inaugural, sacando desde centro del campo, ya recogiera el mensaje de que ese partido, ese día y ese torneo eran suyos, de su propiedad. Adora centralizar la escena, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=bQCqw2jpudk">signo de su ascendencia</a> sobre las situaciones, los compañeros y el juego, una descarga continua de rebelde autoridad que recorre el campo con la fuerza de un viento huracanado. Más que un líder, es un jefe: un dominio que aplasta. Y así se entiende él y así lo entienden a él, como si viviera en permanente rebelión con el mundo. Amaga con asaltar líneas y trasladarse a la delantera, un lugar donde nunca está, pero siempre aparece. Pero se frena en el círculo, sin salir de él, mientras los demás tulipanes se mezclan entre un cordel de pases de pelota. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Haan se apartó; era el momento de que todo fuera de Johan Cruyff</span>Holanda digiere ese fútbol hiperbólico y revolucionario como si masticara el tiempo. Lo hace desde sus centrales, trenzando poco a poco, alejando hacia su terreno a esos alemanes de colmillo retorcido, hasta que él irrumpe decidido, descendiendo posiciones, algo escorado en el sector izquierdo. Rijsbergen, entonces, se la cede a Haan y a él lo vemos con una carrera ansiosa y horizontal, activado por un golpe de electricidad: necesita ese balón. Acude a él y se lo arrebata al compañero. Lo aparta. Haan abandona la escena de puntillas, con un pudoroso temor, plegándose así ante la soberanía inflexible <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=e8yCT7xxYOg">del dios naranja</a>. Agarra así la pelota aún metido diez metros en su campo y comienza a gestar su obra panorámica: ordena un pase y lo da. Holanda ya está entera con el cuerpo metido en el territorio enemigo, con él de último hombre. Todos sus compañeros, excepto el portero, se le abren y se le cierran por delante. Es su dimensión preferida, elegir a quién, cuándo, dónde… seleccionando él las respuestas, gobernándolo todo. Es poder absoluto. Y, en ese punto, le devuelven la pelota, y arranca. Emprende una carrera flaca en la que se aprecia ese perfil mágicamente enjuto, unas piernas de mimbre imposible, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=mFkZnttjZh0">un fútbol de ángulos oblicuos y afilados</a>. Cambia el ritmo, porque esa es la firma de sus mejores obras: frenar el reloj y lanzar luego sus manecillas al cielo. Destroza a Vogts. Acelera. Ya es delantero de nuevo. Pisa el área como una manada de búfalos. Y Hoeness le atrapa los tobillos como quien caza a una quimera. Es penalti. </p>
<p style="text-align: justify">En un suspiro, lo ha ejecutado todo y ha demostrado todo: saca de centro como un delantero, baila como una mariposa ingrávida entre los espacios del mediapunta, encuentra el momento de la pelota y la ordena con la puntualidad del mediocentro, comienza las cosas fondeando en su equipo como un líbero transoceánico, desata la zancada, el amago y el escape con los modales de un extremo y acaba invadiendo el área con determinación y furia, volviendo así al aroma del delantero: en 55 segundos, ha reverberado en el césped un futbolista universal. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=dGDZm0z7pMI">Es Cruyff</a>: autoridad, conocimiento, poesía, música y rebeldía. El Leonardo Da Vinci del balón. </p>
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<p><a href="http://www.ecosdelbalon.com/2016/04/analisis-tactico-johan-cruyff-entrenador-dream-team/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/cruyff/02.jpg"  alt=""  align="left" /></a> <a href="http://www.ecosdelbalon.com/2016/04/cruyff-estilo-ofensivo-dream-team-guardiola-koeman/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/cruyff/04.jpg"  alt=""  align="left" /></a></p>
<hr width="45%" align="center" size="1" color="#c9cac8">
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<p style="text-align: center;"><b>HAZ CLICK AQUÍ PARA VER TODAS LAS COLECCIONES DE  <a href="http://www.ecosdelbalon.com/category/blog/origen-articulos-futbol/" target="_blank" ><br />
&#8211; ORIGEN | ECOS &#8211;</a></b></p>
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		<title>La Signora de Carcano</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Jun 2017 01:54:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Casi todos los hombres ganan al ser conocidos”, André Maurois, novelista y ensayista francés. &#160; Si en el geométrico ejercicio de delimitar los orígenes del fútbol italiano se traza una línea entre sus principales vértices, Génova, Turín y Milán, el llamado triángulo industrial, se observa que en su centro, como un faro que todo lo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>“Casi todos los hombres ganan al ser conocidos”, André Maurois, novelista y ensayista francés.</p></blockquote>
<p><span id="more-233482"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Si en el geométrico ejercicio de delimitar los orígenes del fútbol italiano se traza una línea entre sus principales vértices, Génova, Turín y Milán, el llamado triángulo industrial, se observa que en su centro, como un faro que todo lo ilumina, lo guía y lo define, se levanta la ciudad de Alessandría. Es el corazón plano y fluvial del Piamonte. Le separan 90 kilómetros de Turín, pero 90 kilómetros no son nada cuando se habla de toda una vida: un cordón umbilical que ayudó a la configuración de la Juventus, y toda su inmensa leyenda de equipo imperioso y respetado, tal y como lo conocemos hoy. El mito de la Signora se gestó en buena parte a lo largo de esa carretera de 90 kilómetros, conectada al vientre de la <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Unione_Sportiva_Alessandria_1912">US Alessandría</a>, un club que ahora, quizá, no nos diga nada, por mucho que hace casi un siglo ejerciera de palanca decisiva para la evolución y desarrollo del calcio. Un crecimiento que se manifestó en el dominio de Italia en la década de los años 30: Copa del Mundo de 1934 y 1938 y JJOO de 1936, en una historia de triunfos en la que el ‘blocco Juve’ acaparaba la selección, al tiempo que instauraba la primera gran hegemonía que conoció la Serie A: el Quinquennio d’Oro de la Juventus, con cinco Scudetti en línea, entre 1931 y 1935. </p>
<blockquote><p>Carlos Carcano fue una figura capital en el nacimiento de la Juventus que hoy conocemos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El entrenador de aquella escuadra fue <a target="_blank" href ="http://ilpalloneracconta.blogspot.com.es/2011/03/carlo-carcano.html">Carlo Carcano</a>, cuya teorización táctica permanece enterrada bajo el polvo del recuerdo de Vittorio Pozzo, el gran obispo del fútbol italiano de entreguerras. Pozzo se abrió espacio en la historia gracias a su liderazgo y carisma al frente de la selección, pero también por ponerle la firma al <i>Método</i>, un sistema de juego de matrícula italiana que se distinguió por ofrecer una vía de divergencia continental a la WM británica. Carlo Carcano, desde el banquillo de la Juventus, representó una fuente ideológica esencial para que el <i>Método</i> tomara impulso. Antes de esa etapa turinesa, el técnico había arraigado como figura icónica de la ‘escuela alessandrina’. Carcano había nacido en Varese, pero desde 1913 vivió en Alessandría. Jugó durante 11 temporadas en el club de la ciudad, alojado durante mucho tiempo en la fonda de la madre de Giovanni Ferrari, un niño entonces, al que años después llevaría a la Juventus para convertirlo en el futbolista más creativo y mágico de Italia. </p>
<p style="text-align: justify">El entrenador de Carcano era George Arthur Smith, uno de los alumnos en el Genoa campeón del pionero Walter Garbutt en la primera década del siglo XX. A Smith se le considera el padre de la escuela alessandrina y el artífice de que la ciudad se consolidara como el epicentro de la región que transformaría el sustrato táctico del calcio. Hasta la creación de la Serie A y los cambios organizativos impuestos por el fascismo con la Carta de Viareggio (1926), esa porción del Piamonte dio carácter provincial al mapa del fútbol italiano. La US Alessandría, los ‘grigios’, ejercía de capital de un laboratorio conectado al Pro Vercelli, al Novese de Nova Ligure y al Casale de Casale Monferrato. Estos tres equipos de pequeñas urbes de la provincia de Alessandria o limítrofes con ella ganaron el campeonato italiano alguna vez entre 1908 y 1922, siete títulos, por ejemplo, <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Unione_Sportiva_Pro_Vercelli_Calcio">el histórico Pro Vercelli</a>. La <i>«Gazzetta dello Sport»</i> ya hablaba en 1914 del <i>“cuadrilátero de la universidad del fútbol”</i>, agregando a la vecina Novara y resaltando Alessandría como una ciudad donde <i>“el calcio autodidacta está ofreciendo resultados inesperados”</i>. La escuela alessandrina no solo incorporaba la identidad de los ‘grigios’ sino que era extensible al fútbol de toda la región. Entre sus rasgos comunes figuraban la resistencia competitiva, el espíritu colectivo y la disciplina y el denuedo de sus futbolistas, muy en la línea de la tradición obrera de esa tierra. </p>
<p style="text-align: justify">La zona palpitó fútbol durante los años previos a la Primera Guerra Mundial, afianzándose la afición por un deporte aún emergente y favoreciendo el intercambio de conocimiento y relaciones de todo tipo como importante nudo industrial y de comunicaciones en el norte de Italia. Por si fuera poco, el mejor futbolista de la época, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ob-qfbRlSvk">Adolfo Baloncieri</a>, luego estrella del Torino, saldría de las calles alessandrinas. Durante los años 20, se formarían en ese recogido cuadrado piamontés varios de los mejores futbolistas de Italia. <a target="_blank" href ="https://it.wikipedia.org/wiki/Bruno_Roghi">Bruno Roghi</a>, histórico director de La Gazzetta dello Sport, destacaba el carácter academicista que había adoptado esta cantera porque <i>“a pesar de ser el Alessandria despojado sistemáticamente de sus campeones, no se altera el estilo de juego, la unidad armoniosa de sus jugadores ni la dignidad de su rango deportivo. Se van los futbolistas y queda la escuadra. Esto significa una personalidad”</i>. Roghi hablaba así de los componentes propios de una escuela. Ya después, en 1932, Baloncieri diría que <i>“con los jugadores salidos de Alessandría y esparcidos a los cuatro vientos en las escuadras italianas se podría formar el más formidable de nuestros equipos. Sería un equipo que tendría también el mejor entrenador, porque Carcano es de Alessandría”</i>. En realidad, ese sueño alessandrino existió, Baloncieri lo comenzaba a tener delante, y estaba cristalizando a 90 kilómetros de su casa, ese equipo fue la Juventus de Carcano. </p>
<blockquote><p>La llegada de Carcano potenció lo que ya estaban haciendo los Agnelli desde 1923.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La llegada del entrenador veronés al club biaconero en 1930 representó, desde un prisma táctico y puramente futbolístico, el episodio que completó el punto de inflexión iniciado por el desembarco de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/05/proyecto-nueva-juventus-reformulacion-club-estadio-conte-pirlo-modelo-juego/">la familia Agnelli</a> en 1923, con el inicio del ‘estilo Juve’, un modelo de gestión deportiva inédito en la Europa de entonces. Los Agnelli implantaron en la Juventus un sistema de administración basado en las políticas comerciales de la FIAT, la empresa a la que habían catapultado como uno de los grandes motores de la economía italiana. Al frente del club se instaló Eduardo Agnelli, hijo del patriaca, Giovanni, el fundador de la dinastía y senador del Reino de Italia. En muy poco tiempo, transformó la Juventus, profesionalizando la plantilla de futbolistas y su estructura, especializando los puestos directivos, instaurando los famosos reglamentos de control inspirados en los valores de la FIAT (desde cómo se debían comportar en público los jugadores a cómo debían vestir en los viajes…), abriendo una sede social o modernizando el estadio de Corso Marsiglia. Eduardo Agnelli se apoyó en un vicepresidente, el barón Giovanni Mazzonis. Esta presencia aristócrata y nobiliaria en la Juventus acentuó su tradición como club de clases altas, en contraposición en la ciudad al Torino, con más predicamento entre obreros. De ahí que la ‘Juve’ se fuera conociendo en Italia como una institución de ‘signores’. Así nació la leyenda de la ‘Signora’, aunque hay versiones que afirman que ese nombre salió de gradas enemigas, en referencia a las ‘signoras’ que regían los burdeles de la época. </p>
<p style="text-align: justify">Sobre por qué los Agnelli se adentraron en la Juventus hay razones de todo tipo y condición, pero es evidente que captaron la potencialidad del fútbol como instrumento de posicionamiento social y económico, del mismo modo que compraron el periódico <i>«La Stampa»</i> o abrieron la estación invernal de Sestriere. Hay interpretaciones que describen la voluntad inicial de la familia de entrar a controlar el Torino, al fin y al cabo, el club de la ciudad con más arraigo y más seguidores en la época. Sin embargo, el componente nobiliario y burgués de la directiva y las filas juventinas –un caladero de negocios futuros- jugó el papel decisivo. </p>
<p style="text-align: justify">Los primeros días de los Agnelli en la Juventus coincidieron prácticamente con la toma del poder de Benito Mussolini. Desde el comienzo del régimen, el fascismo propulsó cambios profundos en el fútbol italiano, moldeándolo de acuerdo a sus patrones ideológicos y políticos. Es innegable que el calcio, tal y como lo conocemos hoy, se construyó sobre esa ‘fascistización’, encarnada en la <a target="_blank" href ="https://it.wikipedia.org/wiki/Carta_di_Viareggio">Carta de Viareggio de 1926</a>: se creó una división nacional desde la que nació la Serie A en 1929 –el nacionalismo italiano era el eje vertical del fascismo-, se patrocinaron fusiones de clubes de la misma ciudad con la vocación de diseminar la participación en la liga y evitar que una misma población contara con varios equipos –gracias a esta deslocalización nacieron la Fiorentina, el Bari, la Roma, la Ambrosiana como unión del Inter y el US Milanese, la Sampierdarenese y el Andre Doria anticiparon el nacimiento de la Sampdoria constituyendo la Dominante de Génova, y el Internaples se trasfiguró en el Napoli…-. Además, el ‘calcio del Duce’ se centralizó y la FGCI se trasladó de Turín a Roma con escala breve en Bolonia. Pero, quizá, las intervenciones de mayor alcance las representaron la apertura al profesionalismo y, en clara sintonía con las políticas autárquicas de Mussolini, la prohibición de los futbolistas extranjeros, vaciando así las plantillas –no los banquillos- de austriacos y húngaros. </p>
<p style="text-align: justify">En este punto, la Juventus ejercería de dique de resistencia de modo fundamental para el calcio. La familia Agnelli concebía el club como un coche de la FIAT: le dedicaba la misma mirada comercial, como escribiría Mario Sconcerti en <i>‘Storia delle idee del calcio’</i>: <i>“Eduardo Agnelli vendió a Italia un medio de locomoción sentimental”</i>. Para ello, con un claro afán de optimizar la competitividad de su equipo de fútbol, necesitaba de los futbolistas extranjeros. Eduardo Agnelli introdujo así un enfoque internacional a la gestión del club, siendo pionero en el envío de emisarios a Sudamerica. Entendía el fútbol como un mercado sin fronteras. Este propósito colisionó con Mussolini, así que Eduardo le convenció encontrando una fisura en el veto: los descendientes de los emigrantes no eran extranjeros, sino italianos de <i>“una gran patria que se extiende más allá del Atlántico”</i>. Así, se permitieron los ‘oriundi’, futbolistas, hijos o nietos de italianos, afincados en Brasil, Uruguay y Argentina, donde el juego iba un punto por delante. Esto enriqueció el calcio a nivel técnico, amplió las posibilidades tácticas del <i>«Método»</i> y sirvió en bandeja a la Juventus a tres oriundi de primer nivel: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=NoOzRsCh5yc">Renato Cesarini</a> (nacido en Italia, aunque formado en Chacarita Juniors) y dos estrellas de la selección argentina, de padres italianos, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=z8uFRzSv4R8">Luis Monti</a> (San Lorenzo) y Raimundo Orsi (Independiente). Argentina acusó a las instituciones fascistas de financiar esos fichajes y, por ejemplo, bloqueó el permiso de Orsi, impidiéndole jugar en su primer año en Turín. La Juventus iba conformando así un equipo engalanado y poderoso, mientras a 90 kilómetros se definía el entrenador que acabaría ordenando esas ambiciones de los Agnelli. </p>
<blockquote><p>Vittorio Pozzo señaló a la Alessandria de Carcano como un ejemplo de lo que debe ser el Calcio.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Después de sus escuetas experiencias en el Valenzana y el Internaples, los dirigentes del Alessandria habían reclutado en 1926 a Carcano, un emblema del club durante su etapa como futbolista en las funciones de mediano. En esa posición, Carcano entendió la relevancia, dentro de la estructura del equipo, de un futbolista que marcara los ritmos tácticos del juego, alguien con facultades para descifrar los cambios entre las fases ofensiva y defensiva. Uno de los rasgos del <i>«Método»</i> sería esa figura del centromediano, un futbolista capaz de organizar y distribuir el juego, pero sobre todo de reforzar la línea de ‘terzinos’ (centrales). Apreció que, para esas exigencias, necesitaba perfiles muy atléticos, algo que Italia no podría ofrecerle, pero que en Sudamérica se habían asentado como un componente definidor de su fútbol: el mediocentro aguerrido, físico, con clase, personalidad y elegancia… El Monti que dirigiría después. Entre 1926 y 1929, Carcano experimentó con Giuseppe Gandini en esa posición (un futbolista de <i>«relevantes dotes físicas y un impetuoso espíritu competitivo, típico exponente de la escuela del Piamonte, con un juego áspero, corajudo y muy concreto»</i>, según el periodistas Carlo Felice Chiesa). Carcano comenzó, además, en la US Alessandría a aplicar el movimiento de piezas que acabaría configurando definitivamente el <i>«Método»</i>: el retraimiento de los dos interiores de ataque en la formación de la ‘Pirámide de Cambridge’. Esta fue la transformación básica hacia el <i>«Método»</i> y su plasmación: 2-3-2-3 (WW). Un dibujo que abría una vía alternativa al esquema piramidal y a <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/el-plan-revie-manchester-city/">la WM inglesa</a> y su definitorio cuadrado interior (3-2-2-3). En el <i>«Método»</i>, la clave estaba en la superioridad numérica y el plus de protección defensiva que iban a aportar los interiores a la zona de medios. Este retraso de los ‘inside forwards’ ya era un signo de identidad de la escuela alessandrina desde tiempos del fundador George Artur Smith. El británico ya lo había introducido antes de la Primera Guerra Mundial. Ese legado lo recogió Carcano y lo explotó en el banquillo del Alessandria, revelándose este equipo como una de las más admiradas atracciones del calcio entre 1926 y 1929, cuando rozó el ‘scudetto’ de 1928 y ganó la Copa CONI de 1927 con un conjunto formado con futbolistas de la ciudad. Atento a ese trabajo permanecía <a target="_blank" href ="https://www.futbol-tactico.com/es/leyendas_del_futbol/vittorio-pozzo-el-entrenador-que-hizo-grande-a-italia.html">Vittorio Pozzo</a>, quien, tras impulsar desde Turín, capital del calcio en aquella época de poder piamontés, la reforma del sistema de ligas (‘Proyecto Pozzo’) y dejar su primera etapa como Comisario Técnico de la selección, contribuyó a promocionar a Carcano como nuevo responsable de la ‘Azzurra’ en 1928: <i>«Que la confianza se puede aplicar a elementos como la disciplina, la enseñanza y la organización del juego ha resultado un ejemplo para todos: Carcano de la Alessandria»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Carcano relevaba así, de modo eventual, con cargo de entrenador y no de Comisario Técnico, a Augusto Rangone, precisamente otro ilustre alessandrino, que acabó enfrentado a Leandro Arpinati, jercarca fascista de Bolonia que dirigía la ‘Federazione’, después de conseguir el bronce en los Juegos de Ámsterdam (1928) y dejar encarrilada la Copa Internacional o Copa Doctor Gero –embrión de la Eurocopa- del ciclo 1927-1930 que levantaría Italia. Rangone había sido uno de los fundadores de la US Alessandría, tesorero, dirigente y co-entrenador junto al húngaro Arpad Weisz. Su ascendencia sobre Carcano había sido, pues, notable. Entre ambos orientaron ya el juego de la selección en ‘clave alessandrina’, enfocándolo hacia la fórmula metodista. Carcano, antes del regreso definitivo de Pozzo, dirigió seis partidos a Italia, suficientes para abrir el camino táctico a su sucesor, con notas novedosas como el “<i>juego de coberturas y el bloque defensivo”</i>, como recoge Antonio Papa en <i>‘Storia sociale del calcio in Italia’</i>. Aspectos que comenzaron a implementar características del juego zonal, en contraposición con <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2017/06/evolucion-defensas-marcajes-zonas-mixtas-individuales-futbol-historia/">los rasgos individuales de la WM</a>. </p>
<p style="text-align: justify">Es decir, cuando entre 1929 y 1930 Pozzo asume el control definitivo y personal de la selección y Carcano es elegido por los Agnelli como preparador de la Juventus, el fútbol italiano ya tiene un rumbo claro y prefijado hacia los postulados finales del <i>«Método»</i>. La Signora, de hecho, había incorporado en los años previos a varias de las más prestigiosas figuras del ‘Vej Piemont’ (Viejo Piamonte), como describía Gianni Brera. Convirtió a <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Virginio_Rosetta">Virginio Rosetta</a>, el capitán del Pro Vercelli, en el primer futbolista profesional del país en 1923, pagando 50.000 liras e inaugurando el popular ‘calciomercato’. Desde 1928 formaría el triángulo defensivo más célebre del fútbol italiano (hasta que el tiempo quizá lo diga de Buffon, Bonucci y Chiellini) con el portero Combi y Umberto Caligaris, la estrella del Casale fichada ese año. Del Novara había llegado el extremo derecho Munerati. Y Carcano se trajo del Alessandría a sus dos talentos más relucientes: el cerebral interior Giovanni Ferrari y al gladiador mediano izquierdo Luigi Bertolini. Al margen de los oriundi argentinos o el brasileño Sernagiotto y de los canteranos de Turín, casi todos los italianos de la plantilla de Carcano en la Juventus (y excepto Munerati todos fijos con Pozzo en la selección) habían forjado su fútbol en el área de influencia de la escuela alessandrina.</p>
<blockquote><p>El Quinquennio d’ Oro evidencia el dominio inicial estilístico que tendría la Juve de Carcano.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Quinquennio d’ Oro se inauguró con el título de 1931, pero el equipo acabó por redondearse en las dos temporadas posteriores. Primero, con la contratación de Luisito Monti, quien llegó con 12 kilos de sobrepeso, dolores de espalda (le apodaron ‘Doble Ancho’) y que había dejado el fútbol en Argentina. Fue Renato Cesarini, el de los goles decisivos a deshora –el mito nace en 1931, en un partido entre Italia y Checoslovaquia- quien le convenció de volar a Italia. Segundo, con la llegada de Bertolini, escudero ideal de Ferrari en el sector izquierdo del centro del campo, un chico voluntarioso, gregario, fiel a su cinta blanca en la cabeza, de esos que nunca le faltaron a Italia. Y tercero, con la aparición de Felice Borel, con solo 17 años, el goleador de aquel equipo, a quien llamaron ‘Farfallino’ por su ligereza de mariposa. La Juventus alcanzaría con él las cotas más altas del Quinquennio, con un juego de acento metodista. Su estilo se basaba en una defensa fuerte, no solo alimentada por un portero de época como Combi y la pareja Caligaris-Rosetta (uno el terzino de volata, especialista en el marcaje, y el otro, terzino de posizione, un primer esbozo del líbero), sino también por el blindaje de los flancos con los medianos laterales, Bertolini en la izquierda y Varglien I en la derecha, marcando a los extremos rivales (la zaga se volvía mucha veces de 4 hombres) o auxiliando en la elaboración. Además, resaltaba el apoyo proporcionado por Monti como centromediano metodista: él fue la clave de bóveda sobre la que descansaba el sistema, ayudando a los centrales, un movimiento de coberturas que Cesarini y Ferrari completaban desde los interiores retrasados del Método. <i>“La Juventus aplicaba un módulo de marca sudamericana, sin el preciosismo de esa escuela, pero no precisamente exento de viril rudeza”</i>, refirió <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/gianni-brera/">Gianni Brera</a>. </p>
<p style="text-align: justify">El equipo siempre tenía, de este modo, superioridad en la zona media, con esas dos piezas, en Italia llamadas ‘mezzalas’, escalonadas de tal modo que agilizaban y verticalizaban el juego de rápidos contragolpes que tanto distinguió el estilo. Sernagiotto (o Munerati) y Orsi ocupaban los extremos, con Vecchina o Borel en la delantera. La Juve, como la selección de Pozzo, practicaba así un fútbol de oportunismo, astucia y efectividad, valores que nunca ya abandonarían la identidad de Italia. En Austria, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/hugo-meisl/">Hugo Meisl</a>, íntimo de Pozzo y alérgico a la WM, optó por un camino intermedio, una síntesis entre el esquema inglés y el Método. Tácticamente, no había grandes diferencias con la fórmula italiana, pero sí en el discurso, en la esencia, pues Austria digería más los ataques, con un fútbol más sinfónico, posesiones más largas, mayor caudal ofensivo… </p>
<p style="text-align: justify">Pozzo no dudó en reclutar a Carcano como asistente para la Copa del Mundo de 1934, justo después del cuarto ‘scudetto’ consecutivo. La Signora ya <i>“era un fenómeno social, no solo un equipo”</i>, según Brera. Le acompañaron al técnico hasta ocho jugadores en el ‘blocco Juve’: Combi, Caligaris, Rosetta, Monti, Bertolini, Ferrari, Orsi y Borel. También el preparador físico Guido Angeli, detallista y meticuloso en el acondicionamiento atlético tan característico de esa Juventus, fundamental en la recuperación de Monti y en que ganaran el quinto título con los 34 años de Orsi, los 34 de Caligaris, los 33 de Rosetta… Brera llamaría a Carcano <i>“el filósofo del músculo”</i>. El triunfo en la Copa del Mundo de 1934 con la contribución del ‘blocco Juve’ acabó por disparar la popularidad de la Signora. Los éxitos (solo faltó conquistar la escena internacional, la <a target="_blank" href ="http://www.condospelotas.es/la-copa-mitropa-precursora-de-la-liga-de-campeones/">Copa Mitropa</a>), su espectacular juego y las construcción desde el periodismo de una imagen ejemplar del club habían acelerado la construcción de una ‘tiffosería’ nacional, la primera y más destacada de Italia. Brera decía que eso fue sobre todo posible gracias a que las plumas más influyentes y los directores de los principales diarios, como Carlin, eran juventinos. Sin embargo, el formidable impacto social de aquella escuadra de Carcano lo determinaron los flujos migratorios. Miles de obreros llegados del sur de Italia, de Puglia, Campania, Calabria, Sicilia o Lucania, a las factorías de la FIAT se afiliaron a la Juventus, propagando luego ese sentimiento en sus pueblos de origen. La Signora se convirtió así en club nacional, con más seguidores fuera de Turín, donde predominaba el Torino, que dentro. Hasta entonces, lo habitual en Italia era apasionarse del equipo de la ciudad, continuando así la tradición medieval del campanilismo, un fenómeno de rebelión y enemistad entre regiones que simbolizaba las identidades locales. La Juventus rompió eso. Puede afirmarse que, posiblemente de forma involuntaria y casual, el club se convirtió en el vehículo ideal, en los años de régimen fascista, para propagar una conciencia nacional en una Italia aún joven y descentralizada, tal y como pretendía Mussolini. De repente, gracias a los triunfos del Quinquennio, la Juventus, apoyada históricamente por la burguesía, estudiantes, emprendedores, e intelectuales, se transformó en el equipo de los inmigrantes de la clase trabajadora. Que el club no tuviera el nombre de la ciudad en la que jugaba también ayudó a esa difusión y acogida. Pero, al fin y al cabo, la clave era que la escuadra ganaba, representaba poder, algo que permitía lucir orgullo a esos obreros de la FIAT cuando regresaban a sus pueblos del sur. <i>“La leyenda de la Juventus fue magnificada por la ola demográfica, cuando generaciones enteras abandonaron su tierra, impulsados por la dinámica del empleo y la esperanza de encontrar en las grandes ciudades del norte no solo nuevas oportunidades laborales, sino también nuevos estilos de vida. Entre ellos, el mito deportivo del domingo y la alegría en la Juventus”</i>, relata Antonio Papa. La Juve no solo le cambió la piel al calcio: se la mudó también a toda una sociedad. Si en el ciclismo, el otro deporte masivo del país, <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Alfredo_Binda">Alfredo Binda</a> estaba representando esa ‘nueva Italia’, la Juventus lo hizo en el fútbol. </p>
<blockquote><p>A la marcha de Carcano se le unió la desafortunada muerte de Eduardo Agnelli. Así llegó su fin.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Antes de que la Signora cerrara el ciclo victorioso con el quinto título consecutivo, en 1935, mediada la temporada, se anunciaba la salida de Carlo Carcano. Detrás de este oscuro episodio, existen las dudas del complot interno. Carcano, aunque no públicamente, era reconocido por su supuesta homosexualidad, asunto espinoso en una dictadura fascista. Algunos jugadores denunciaron al técnico ante la directiva, quizá motivados por revanchas propias de la gestión del vestuario, declarando insinuaciones e incluso un intento de acoso al joven Borel. Aquello acabó arrinconando el nombre de Carcano en la historia de la Juve y del fútbol italiano. Oficialmente, fue despedido por motivos personales. Le relevó Carlo Bigotto, quien sufrió para enlazar el quinto scudetto con una plantilla ya envejecida, en la que Orsi había dejado el país y regresado a Argentina ante los temores de una leva para la guerra de Etiopía, con lesiones de Monti y Cesarini… La miel se había agotado. El 14 de julio de 1934 llegó la peor de las sentencias: Eduardo Agnelli, con 43 años, moría decapitado al soltarse la hélice del hidroavión con el que amerizaba en el puerto de Génova. A <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/juventus/">la Juventus</a>, de repente, se le murieron los padres: la historia del fútbol es, a menudo, la historia de los hombres. </p>
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		<title>La jugada</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Apr 2016 01:40:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Copa del Mundo 1974]]></category>
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		<category><![CDATA[Johan Cruyff]]></category>
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		<description><![CDATA[Al Johan Cruyff futbolista se le han asignado profusas definiciones y lluvias de adjetivos. Lo hemos intentado explicar de mil modos, con cientos de palabras. Pero, como diría Cortázar, las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma. Entonces, es suficiente con sentir. En la final de la Copa del Mundo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i>Al Johan Cruyff futbolista se le han asignado profusas definiciones y lluvias de adjetivos. Lo hemos intentado explicar de mil modos, con cientos de palabras. Pero, como diría Cortázar, las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir<span id="more-202980"></span> desborda el alma. Entonces, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=4WVmlpATJyE">es suficiente con sentir</a>. En la final de la Copa del Mundo de 1974 entre Holanda y Alemania, a Johan le bastó menos de un minuto al comenzar el partido para que su cuerpo de alambre se disolviera y se convirtiera en momento, en 55 segundos en los que se abrevió y se hizo jugada y emoción</i>.</p>
<blockquote><p>En aquella jugada ante la poderosa Alemania, Johan Cruyff fluyó como siempre lo hacía.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El dios naranja toca la primera pelota de esa final, como si ese gesto inaugural, sacando desde centro del campo, ya recogiera el mensaje de que ese partido, ese día y ese torneo eran suyos, de su propiedad. Adora centralizar la escena, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=bQCqw2jpudk">signo de su ascendencia</a> sobre las situaciones, los compañeros y el juego, una descarga continua de rebelde autoridad que recorre el campo con la fuerza de un viento huracanado. Más que un líder, es un jefe: un dominio que aplasta. Y así se entiende él y así lo entienden a él, como si viviera en permanente rebelión con el mundo. Amaga con asaltar líneas y trasladarse a la delantera, un lugar donde nunca está, pero siempre aparece. Pero se frena en el círculo, sin salir de él, mientras los demás tulipanes se mezclan entre un cordel de pases de pelota. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Haan se apartó; era el momento de que todo fuera de Johan Cruyff</span>Holanda digiere ese fútbol hiperbólico y revolucionario como si masticara el tiempo. Lo hace desde sus centrales, trenzando poco a poco, alejando hacia su terreno a esos alemanes de colmillo retorcido, hasta que él irrumpe decidido, descendiendo posiciones, algo escorado en el sector izquierdo. Rijsbergen, entonces, se la cede a Haan y a él lo vemos con una carrera ansiosa y horizontal, activado por un golpe de electricidad: necesita ese balón. Acude a él y se lo arrebata al compañero. Lo aparta. Haan abandona la escena de puntillas, con un pudoroso temor, plegándose así ante la soberanía inflexible <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=e8yCT7xxYOg">del dios naranja</a>. Agarra así la pelota aún metido diez metros en su campo y comienza a gestar su obra panorámica: ordena un pase y lo da. Holanda ya está entera con el cuerpo metido en el territorio enemigo, con él de último hombre. Todos sus compañeros, excepto el portero, se le abren y se le cierran por delante. Es su dimensión preferida, elegir a quién, cuándo, dónde… seleccionando él las respuestas, gobernándolo todo. Es poder absoluto. Y, en ese punto, le devuelven la pelota, y arranca. Emprende una carrera flaca en la que se aprecia ese perfil mágicamente enjuto, unas piernas de mimbre imposible, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=mFkZnttjZh0">un fútbol de ángulos oblicuos y afilados</a>. Cambia el ritmo, porque esa es la firma de sus mejores obras: frenar el reloj y lanzar luego sus manecillas al cielo. Destroza a Vogts. Acelera. Ya es delantero de nuevo. Pisa el área como una manada de búfalos. Y Hoeness le atrapa los tobillos como quien caza a una quimera. Es penalti. </p>
<p style="text-align: justify">En un suspiro, lo ha ejecutado todo y ha demostrado todo: saca de centro como un delantero, baila como una mariposa ingrávida entre los espacios del mediapunta, encuentra el momento de la pelota y la ordena con la puntualidad del mediocentro, comienza las cosas fondeando en su equipo como un líbero transoceánico, desata la zancada, el amago y el escape con los modales de un extremo y acaba invadiendo el área con determinación y furia, volviendo así al aroma del delantero: en 55 segundos, ha reverberado en el césped un futbolista universal. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=dGDZm0z7pMI">Es Cruyff</a>: autoridad, conocimiento, poesía, música y rebeldía. El Leonardo Da Vinci del balón. </p>
<p style="text-align: center;">···</p>
<p><a href="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/analisis-tactico-johan-cruyff-entrenador-dream-team/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/cruyff/02.jpg"  alt=""  align="left" /></a> <a href="http://www.ecosdelbalon.com/2016/04/cruyff-estilo-ofensivo-dream-team-guardiola-koeman/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/cruyff/04.jpg"  alt=""  align="left" /></a></p>
<hr width="45%" align="center" size="1" color="#c9cac8">
<p style="text-align: center;">···</p>
<p style="text-align: center;"><b>HAZ CLICK AQUÍ PARA VER TODAS LAS COLECCIONES DE  <a href="http://www.ecosdelbalon.com/category/blog/origen-articulos-futbol/" target="_blank" ><br />
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		<title>La hoz, el martillo y los guantes</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Mar 2016 03:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Futbolistas]]></category>
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		<description><![CDATA[«Lev Yashin tapaba el arco sin dejar ni un solo agujerito. Este gigante de largos brazos de araña, siempre vestido de negro, tenía un estilo despojado, una elegancia desnuda que desdeñaban la espectacularidad de los gestos que sobran». -Eduardo Galeano- Lev Yashin murió tantas veces como resucitó. En 1962, después de la Copa del Mundo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Lev Yashin tapaba el arco sin dejar ni un solo agujerito. Este gigante de largos brazos de araña, siempre vestido de negro,<span id="more-202273"></span> tenía un estilo despojado, una elegancia desnuda que desdeñaban la espectacularidad de los gestos que sobran».  -Eduardo Galeano-</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lev Yashin murió tantas veces como resucitó. En 1962, después de la Copa del Mundo de Chile, se hundía en el barro de la Unión Soviética, enterrado como héroe nacional después de un atormentado torneo, con pifias inexplicables y tardes nubosas por culpa de goles olímpicos colombianos. Fue acusado de traición con esa ligereza con la que se dictaban las sentencias en la sociedad de Moscú. También más allá del Dniéper. <a target="_blank" href ="http://www.lequipe.fr/">En Francia, L&#8217;Equipe</a> publicó de él que estaba acabado: era el mismo periódico que apenas unos meses después le destinó el título de mejor futbolista del planeta. Apoyado en esa sobrenatural habilidad para resurgir, Yashin levantó toda la majestuosidad de su personaje legendario. Un caso aún aislado en la historia del fútbol: el único portero condecorado con el Balón de Oro y universalmente archivado en las memorias y los libros como el más grande de su posición. No le den más vueltas porque no las tiene. Al contrario que en otras demarcaciones, aquí florece un consenso aplastante: Yashin fue el mejor en lo suyo. </p>
<p style="text-align: justify">Su significado, no obstante, va más allá de lo futbolístico, y su poliédrica figura contiene muchas más caras que las propias de un mito alimentado por la excepcionalidad de su oficio, un portero, raza exclusiva e incomprendida, independiente,<span class="pullquote_right">Yashin contaba con un físico privilegiado: era muy alto y muy móvil</span> vestida con una camiseta distinta, repleta de singularidad y poco dada a los matices. Yashin fue uno de ellos, un <i>&#8216;outsider&#8217;</i> más, pero fue algo más que ellos. La magia de su leyenda es por qué Yashin fue Yashin y por qué lo fue donde lo fue. ¿Que tenía ese portero ante el que una figura totémica en el fútbol mundial como fue el portugués Eusebio debió disculparse por marcarle un gol en 1966? Por ejemplo, tenía todo aquello que ahora se nos asoma indiscutible en un guardameta, pero que entonces escapaba de la ortodoxia. No solo mataba balones en su portería, también definió para siempre los rasgos anatómicos ideales en su posición. Dentro de su estilo sobrio y sereno, destacaban<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=LcOtCxuVgAc"> la potencia, la agilidad, la estatura y la flexibilidad</a>. Un privilegiado perfil atlético poco frecuente hasta principios de los años 60 y que, desde entonces, fue el biotipo de la posición. La carrocería de los porteros nunca volvió a ser igual.</p>
<blockquote><p>Yashin no se conformaba con ser un bendecido por la genética. También era un estudioso de su oficio.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Más que un revolucionario, Yashin fue un reinventor. A sus condiciones innatas, agregaba una interpretación única de los límites reglamentarios que le imponía su demarcación. Esa inteligencia redibujó la concepción de portero: no solo protegía su arco de vida, sino que también controlaba el área, custodiaba los espacios, se animaba a los despejes extraterritoriales (salía, despejaba de cabeza, una de sus genuinas habilidades, y se volvía a colocar la gorra), estudiaba a los rivales, organizaba la defensa y ponía voz de líder a sus intervenciones sobre el juego. Hasta Yashin, nadie se atrevió con esto. Por eso, se le criticó al principio y se le adoró al final. Uno de sus rivales de la época,<a target="_blank" href ="http://www.futbolypasionespoliticas.com/2011/06/nikolai-starostin-fundador-del-spartak.html"> Nikolai Starostin </a>dijo de él: <i>“Fue el primero de los guardametas que comenzó a organizar contragolpes de su equipo aun en un periodo en el que ningún defensa había pensado todavía en tal posibilidad”</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Hay un punto de partida inequívoco en la historia de la Araña Negra: Yashin solo era posible en Rusia. La figura del portero ya se había infiltrado en el imaginario de la ideologizada sociedad soviética como un <span class="pullquote_right">La leyenda de Yashin se divulgó entre los rusos</span>reverenciado símbolo un par de décadas antes del fenómeno Yashin. Que el linaje de porteros rusos sea exquisito y copioso escapa de lo fortuito. Es, en buena parte, consecuencia de un proceso cultural y popular. En 1927, el fútbol entró en contacto con las letras soviéticas por primera vez en <a target="_blank" href ="http://www.toscanaoggi.it/Vita-Chiesa/7.-INVIDIA-Quel-sentimento-doloroso-figlio-della-frustrazione">una novela titulada <i>‘La Envidia’</i></a>. Su escritor, Jurij Olessa, un poeta que había jugado como centrocampista en sus años del liceo, interpretó ese movimiento que, poco a poco, se había despojado de ciertos prejuicios ideológicos (el fútbol como producto burgués e individualista) y de sus radicales fines propagandísticos hasta transformarse en una experiencia de las clases obreras.  </p>
<blockquote><p>«La Envidia», sostenida por la rivalidad entre un portero ruso y un «9» alemán, contenía carga política</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En <i>‘La Envidia’</i>, Olessa construye un relato de disimulada carga política      utilizando como lienzo un partido entre una selección moscovita y un equipo alemán. El conflicto narrativo se plantea sobre las tensiones entre el portero ruso, un joven estudiante de 18 años llamado Volojda Makarov, y el delantero alemán, Hoetzke, descrito en la novela como un atacante <i>«famoso»</i> y <i>«peligroso»</i>, una némesis temible y voraz de Makarov [<i>«Hoetzke aceleraba hacia la portería, dejando a nuestros defensores abatidos, y disparaba a puerta. Volojda abraza el balón a una altura tal que habría que decir que era matemáticamente imposible»</i>].</p>
<p style="text-align: justify">La narración se adentra en este juego de contraposiciones entre Makarov y Hoetzke: el portero le frena todas las acometidas, incluida la decisiva, el desenlace final, una parada <i>«que escapaba lentamente de su</i><span class="pullquote_left">La novela idealizó la figura del portero ante la sociedad soviética</span><i> trayectoria de vuelo, infringiendo las leyes de la física»</i>. Sobre esta descripción de la proeza de Makarov, se desvela por primera vez la naturaleza heroica del portero ruso, convertido ya en <i>‘La Envidia’</i> en una figura relacionada con la épica nacional. La lucha entre Makarov y Hoetzke no es más que la representación de una antitesis social: el portero es exhibido como alguien para quien <i>«lo importante era la victoria de su equipo y el resultado final»</i>, mientras que al delantero germano le importaba ante todo <i>«la demostración de su propia maestría»</i>. En su trasfondo, <i>‘La Envidia’</i> no fue más que un ejercicio de la dialéctica anticapitalista de la Unión Soviética que exaltó al portero como figura entregada al sacrificio por el bien común. Makarov, al fin y al cabo, como expone Mario Alessandro Curletto en su obra <a target="_blank" href ="http://mondocalciomagazine.it/105/"><i>‘I piedi dei Soviet’</i></a>, representaba el proyecto de <i>‘hombre nuevo’</i> propugnado por la educación socialista: un autómata desprovisto de capacidad crítica y sentimientos complejos al que solo el fútbol devolvía las pasiones humanas. </p>
<blockquote><p>La industria del cine ruso también ayudó a agrandar el mito del portero de la Unión Soviética.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Las artes continuaron alimentando la idealización de la figura del portero soviético. La expansión del cine entregó en 1937 al pueblo ruso la película<i> ‘El portero’</i>, basada en la novela <i>‘El portero de la república’</i>, de Lev Kassil. Obra fílmica dirigida por Semën Timosenko, director reconocido por su dramas revolucionarios, <i>‘El portero’</i> fue un fenómeno social en la Unión Soviética en pleno corazón de la batalla ideológica con el nazismo. Su protagonista es Anton Kandidov, un chaval de Astracán, una ciudad a orillas del Volga, que trabaja cargando sandías en una camioneta. Esa habilidad en el manejo manual de la esfera lo convierte en un portero prometedor, en el mejor del país. Pero a Kandidov la vida le reserva golpes: abandona su equipo y lo cambia por otro superior, hasta que un día, un compañero, Karasik, le mete un gol en propia puerta. Kandidov cae abatido, deprimido, arrojado al alcohol y la desilusión. Este descenso a los infiernos comparte trazos con una historia real: la del mismo Lev Yashin. Sus comienzos fueron inciertos. Durante una gira amistosa en el Cáucaso en 1950, sufrió también un gol desgraciado del <a target="_blank" href ="http://www.marca.com/reportajes/2014/02/el_poder_del_balon/2015/04/12/seccion_01/1428867306.html">Traktor Volgogrado</a>. Era su primer partido con el Dinamo Moscú después de destacar en la estructura juvenil. En una salida mal calibrada, colisionó con su defensa Yevgeny Averyanov, y la pelota le castigó al pasarle por un lado. Yashin soportó las bromas de sus compañeros Konstantin Beskov y Vasily Kartsev, los dos jerarcas de la plantilla. Pocas semanas después, debutó en partido oficial contra el Spartak Moscú y sufrió otra desdicha idéntica: chocó con su defensa Blinkov al salir a un centro, se tragó el balón y Parshin lo recibió para marcar. Después, un general de <a target="_blank" href ="http://1y2gm.foroactivo.com/t1029-la-nkvd-mas-que-un-servicio-secreto">la NKVD, la policía política</a>, entró en el vestuario y reclamó: <i>“Hay que borrar del equipo a este idiota”</i>. Cuatro goles encajados en diez minutos en su siguiente partido, jugado a los tres meses, contra el Dinamo Tbilisi clavaron la daga definitiva en el alma de Yashin.</p>
<blockquote><p>La carrera de Yashin no siempre fue triunfal; incluso llegó a probar suerte en otros deportes.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Como le sucedió al ficticio Kandidov, también vivió un momento delicado. Yashin estuvo casi dos años sin jugar un partido más y buscó refugio como portero del equipo de hockey hielo del Dinamo Moscú. Era su otra gran pasión y allí desarrolló parte de sus destrezas, hasta tal punto que llegó a estar convocado para la Copa del Mundo de Suecia 1954. Yashin renunció porque aún se agarraba al fútbol, del mismo modo que hizo <a target="_blank" href ="http://www.futboldepelicula.cl/?tag=union-sovietica">Kandidov en<i> ‘El portero’</i></a>. </p>
<p style="text-align: justify">En el tramo final de esta película, Kandidov resurge cuando regresa a su antiguo club. El clímax se enciende en un partido en el que la selección soviética recibe a un escuadrón extranjero, los Búfalos Negros, una alegoría de las juventudes hitlerianas. Kandidov triunfa de la forma más heroica posible: parando un penalti y cruzando el campo para marcar el gol de la victoria en la prolongación. La simbología del film refleja, de nuevo, la condena al individualismo y la excitación de los valores colectivos y proletarios. No deja de tener un punto paradójico que la URSS utilizara para ello una figura esencialmente individual, la más personal del fútbol, el portero, al que se esculpió así como un modelo de expiación y entrega al bien común. Al fin y al cabo, en una sociedad tan uniforme como esa, el guardameta era una de las escasas expresiones individuales posibles. A través del cine y la literatura, el portero se enalteció como representación viva del patriotismo soviético y del mapa de valores de la sociedad socialista. En esa misma película, la banda sonora incluye la <i>‘Marcha de los deportes’</i>, cuyo estribillo es aún popular en Rusia: </p>
<p style="text-align: center"><i>Eh, portero, preparado para la batalla<br />
Eres el guardia de la puerta<br />
Imagina que detrás de ti<br />
Está la frontera</i></p>
<p style="text-align: justify">Este verso no es un verso suelto: personaliza en el portero la idea de defensa total. La protección sistémica ante la amenaza de un ataque exterior que se instaló en la Unión Soviética en los años 30 –del nazismo- y durante la Guerra Fría –del bloque occidental-. Un temor a la agresión extranjera que convirtió al portero en la metáfora del<i> ‘último baluarte’ </i>y que elevó su significado dentro del país como un héroe nacional a la altura de los aviadores o los cosmonautas. Gracias a la película que inspiró, la novela<i> ‘El portero de la república’</i> pasó a ser un clásico entre los niños, una herramienta más del realismo socialista, y se fomentó entre los jóvenes a Kandidov como ejemplo a imitar. Rusia ya poseía así un caldo de cultivo ideal para el desarrollo de una de las mejores escuelas de porteros del mundo. Y así nació Yashin en 1929.</p>
<p style="text-align: justify">Huérfano de madre desde los seis años, en la Segunda Guerra Mundial trabajó junto a su padre en la fábrica aeronáutica <a target="_blank" href ="http://l7.alamy.com/zooms/c6af2345d5e94401b664285213a13395/moscow-people-study-in-the-club-of-krasny-bogatyr-red-strong-man-factory-ek2wd7.jpg">Krasny Bogatyr</a>, en Tushino, cerca de Moscú. Creció como un chico riguroso, educado,<span class="pullquote_right">Yashin alcanzó la fama al ganar, como juvenil, la Copa Moscú</span> discreto y disciplinado, cualidades que nunca perdería. Desde muy joven sufrió problemas estomacales –falleció en 1990 debido a un cáncer de estómago-, una acidez que le hacía beber bicarbonato antes de jugar muchos partidos. Aunque también se remojaba con un traguito de vodka en ocasiones, un ritual acompañado de sus diez cigarros diarios.<i> “Mi truco es un cigarrillo para cambiar los nervios, más un sorbo de licor fuerte para tonificar los músculos”</i>, describía Yashin acerca de su fórmula mágica. Conoció el fútbol en esa fábrica de Tushino, jugando como delantero. Pero su altura de 1’87 metros, sus largo brazos y su elasticidad en el salto sedujeron a los jefes de la planta y le impusieron la portería. En 1949, después del servicio militar, fue reclutado por el Dinamo Moscú. Nunca se quitaría esa camiseta, ni siquiera, en numerosas ocasiones, ni para jugar con la Unión Soviética, pues muchos partidos con la selección los disputó con la letra<i> ‘D’</i> bordada en su imborrable jersey oscuro. Ese otoño, solo unos meses antes del salto a la escuadra principal, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=WndclMM1ZzM">el nombre de Yashin</a> se abrió hueco en el fútbol de la capital soviética cuando su primera exhibición impulsó la victoria del juvenil sobre el primer equipo en las semifinales de la Copa Moscú. </p>
<blockquote><p>Alexei Khomich fue su primera gran competencia y, al mismo tiempo, uno de sus mentores.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Aquello disparó su promoción en 1950. Yashin se moldeó a la sombra de Alexei Khomich,<i> el Tigre</i>, otro de los grandes porteros rusos de la historia. Era nueve años mayor y dueño del arco del Dinamo, un dique infranqueable para un Yashin cuyas primeras oportunidades se tiñeron de desgracia. Khomich había marcado ya el patrón de estilo del portero soviético: un perfil completo, sobrio, ágil y rápido en el uno contra uno. Y a ese espejo se asomó Yashin, aunque con una configuración anatómica distinta. Entre Khomich y el joven Lev también se interponía Walter Sanaya en los primeros años.<a target="_blank" href ="http://www.martiperarnau.com/historias/santoral/alexei-khomich-el-mentor-de-yashin/"> Más allá del<i> Tigre</i></a>, Yashin siempre reconoció dos referencias: <a target="_blank" href ="http://www.teinteresa.es/microsite/mundial_brasil_2014/Apostol-Sokolov-genio-bulgaro-palos_1_1167494203.html">Apostol Sokolov</a>, del Levski Sofía y de la selección búlgara de los Juegos Olímpicos de 1952 del que adoptó su tendencia a abandonar la línea de gol, hasta entonces una correa que ataba a los porteros al arco. El segundo modelo fue un contemporáneo suyo, el yugoslavo Vladimir Beara, a quien Yashin siempre consideró mejor. </p>
<p style="text-align: justify">En 1953, Khomich dejó el Dinamo Moscú. Yashin seguía en un segundo plano, alternando el fútbol y el hockey hielo, disciplina que no solo le sirvió como purgatorio de los pecados de sus primeros partidos, sino como una mesa de aprendizaje. Quizá el mito de Yashin no hubiera sido posible fuera de la Unión Soviética, pero quizá el portero Yashin tampoco hubiera sido lo mismo sin el hockey. En esa portería, agudizó la percepción del ojo, ganando una velocidad de reflejos que luego trasladó al fútbol. Con el hockey, pulió también su técnica, su cobertura de ángulos estrechos…</p>
<p style="text-align: justify">Y fue en ese punto, con la salida de Khomich en 1953, cerca de los 25 años, cuando Yashin se decidió por la portería de fútbol. Tardó solo unos meses en alcanzar la selección, en seducir a todo un país y asimilarse como el rostro de una institución como el Dinamo Moscú. Jugó allí 22 temporadas; ganó las ligas de 1954, 1955, 1957, 1959 y 1963; levantó las copas de 1953, 1967 y 1970; fue internacional soviético 73 veces; ejerció de figura clave en el oro olímpico de Melbourne 1956 y en la Copa de Europa de Naciones de 1960; disputó las <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/copa-del-mundo-1958/">Copas del Mundo de 1958</a>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/copa-del-mundo-1962/">1962</a>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/copa-del-mundo-1966/">1966</a> y con 41 años aún fue tercer portero de la URSS en la de 1970. Con el Dinamo dejó la portería imbatida en el 48% de sus partidos. En total, una carrera de 813 partidos (dos con la selección FIFA) y unos 150 penaltis parados.<i> “La sensación de ver a Yuri Gagarín volar en el espacio solo es superior al placer de parar un penalti”</i>, aseguraba. </p>
<blockquote><p>En su mejor momento profesional, traspasó el muro político y fue un héroe mundialmente admirado.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En los Juegos de Melbourne de 1956, Yashin se descubrió al mundo. A la Copa del Mundo de 1958 en Suecia ya llegó subido en una ola de reputación. Hasta 1962, vivió su trienio dorado. Una imponente<span class="pullquote_right">Yashin, sin buscarlo, se erigió en un producto sub-capitalista ruso</span> revelación de talento y dominio en la portería que en la Eurocopa de 1960 le permitió aplastar el torneo con su enorme mano. Por primera vez, un portero se elevaba sobre un equipo. Las semifinales contra Checoslovaquia y la final contra Yugoslavia pervive como su dos mejores cantos internacionales junto al duelo con Hungría en 1966. Su impacto planetario se multiplicó a raíz de entonces. Yashin comenzó a observarse con admiración. Ayudaba a ello su personalidad, un carácter elegante, cordial y honorable. <a target="_blank" href ="http://lev-yashin.blogspot.com.es/2010/06/manos-de-terciopelo-en-guantes-de.html"><i>“La cara sonriente del comunismo”</i></a>, le definieron a este lado del Telón de Acero. La Unión Soviética quizá nunca tomó consciencia de ello, pero Lev Yashin fue su primer subproducto capitalista, una marca de comercio exterior tan potente como el programa espacial Sputnik o los rifles Kalashnikov. En un periodo de tensiones internacionales, el fútbol miró a la URSS a través del filtro afectuoso de Yashin. Y hubo países, como la España franquista, donde la intimidación de su nombre se potenció en clave propagandística, presentándolo como el imbatible mariscal de los<i> ‘temibles rojos’</i>.  </p>
<p style="text-align: justify">A esta fuerza icónica contribuyó una escenificación de la labor de portero hasta entonces impensable. La estética de Yashin galvanizó su figura, utilizando guantes y ropa oscura, una vestimenta que se instalaría como paradigma de la posición en los años posteriores. A Yashin se le ha mitificado como la <a target="_blank" href ="http://colgadosporelfutbol.com/wp-content/uploads/2012/07/Lev-Yashin-el-mejor-portero-de-todos-los-tiempos-620x400.jpeg"><i>‘Araña Negra’.</i></a> Un sobrenombre producido en los escenarios extranjeros, no tanto en la Unión Soviética. La leyenda dice que siempre jugó de negro, que usó solo cuatro suéteres en sus 20 años de carreras y que los devolvía junto a las manoplas al finalizar la temporada al encargado de material del Dinamo Moscú, pero muchas veces, según ha afirmado su esposa Valentina, la camiseta era azul oscura. La fotografía en blanco y negro contribuyó a configurar el mito. Yashin elegía los tonos oscuros porque creía que engañaban a la vista de los atacantes. </p>
<blockquote><p>Quizá su peor momento como profesional fuera tras el Mundial de Chile 62´, pero no se acabó ahí.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Desde la lejanía, recibió la irradiación de Yashin el escrito ruso Vladimir Nabokov, exiliado en Inglaterra tras el incendio bolchevique y quien había comenzado a jugar como portero en su infancia en San Petersburgo. Nabokov expone en su autobiografía <a target="_blank" href ="http://elpais.com/elpais/2016/03/18/eps/1458312501_025620.html"><i>‘Habla, memoria’</i></a>, un psicoanálisis del guardameta. Nabokov, quien conocía también la posición de sus años en Cambridge, escribió muchas líneas sobre los porteros, pero no se le conoce, al menos aquí, una relación literaria íntima con Yashin. Representaron así dos figuras sustantivas en sus disciplinas que se rozaron, pero nunca se tocaron. Nabokov cuenta sus experiencias en la portería y teoriza sobre ellas: <i>“Su jersey, su gorra de visera, sus rodilleras, los guantes que asoman por el bolsillo trasero de sus pantalones cortos, le colocan en un lugar aparte del resto del equipo. El portero es el águila solitaria, el hombre misterioso, el último defensor. Más que un guardián de la portería, es el guardián de los sueños”</i>. Nabokov hablaba de él, pero también, sin quizá saberlo, de Yashin. <i>“Distante, solitario, impasible, el portero famoso es perseguido por las calles por niños en éxtasis”</i>, agrega.</p>
<p style="text-align: justify">Afincado en Inglaterra, Nabokov aún vivió con cierta proximidad la última juventud de Yashin, con 36 años, en el Mundial de 1966, cuando pisó semifinales y puso las manos en las mejores paradas y acciones del torneo. Culminaba así su rehabilitación. Cuatro años antes, en Chile 1962, el gol olímpico del colombiano Marcos Coll, ese empate a cuatro y sus dos errores en cuartos de final contra la selección anfitriona, apuntaron su ocaso. <a target="_blank" href ="http://www.marca.com/reportajes/2010/03/chile_1962/2010/03/16/seccion_01/1268728053.html">Vivió un momento crítico</a>, fuertemente cuestionado al regreso a Moscú, donde incluso lanzaron piedras sobre su apartamento. Pero resucitó: encajó seis goles en 37 partidos y en 1963 le entregaron el Balón de Oro. Nabokov aseveró en cierto momento que <i>“el trabajo de portero es como el de un mártir, un saco de arena o un penitente”</i>. Y así fue la vida de Yashin. Aunque él siempre acabó en pie.</p>
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		<title>El último rey de Hungría</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Nov 2015 03:05:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Las manecillas del reloj del fútbol húngaro se encasquillaron <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=sAsCKurX8-Y">el 9 de junio de 1986</a>, en un mediodía de sol desgarrador en la ciudad de León, México. Aquella tarde, en la última jornada de la fase de grupos de la Copa del Mundo azteca, la<span id="more-187615"></span> selección magiar pisó por última vez un gran torneo. Fue un partido contra Francia en el que el billete de continuidad en la competición quedó cancelado con una derrota 0-3. La historia de Hungría había sido hasta entonces generosa en los escenarios planetarios. No nos perderemos en la excavación arqueológica: los húngaros revolucionaron el fútbol en los 50, rozaron una Copa del Mundo, brillaron en las Eurocopas pioneras, asomaron la cabeza con cierta firmeza en las competiciones europeas originales, parieron primero a <a target="_blank" href ="https://soundcloud.com/radio-38ecos/codigo-cambridge-1x04-el-historico-honved-de-budapest?in=radio-38ecos/sets/codigo-cambridge">Puskas, Bozsik, Kocsis</a> y después a Albert, Bene, Fazekas, Zoltan Varga… Hasta mediados de los 70, Hungría debía clasificarse entre las potencias principales del orden mundial. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Lajos Detari marcó el último gol de Hungría en una Copa del Mundo</span>Pero en México’86 se les arrugó la historia. Cuatro días antes de ese partido en la sartén de León, Hungría había marcado el que sería su último gol en un torneo de alto nivel. Ese canto del cisne lo emitió con un suave golpeo a puerta vacía el centrocampista <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IvGQafWbOGA">Lajos Detari</a> (Budapest, 1963). El gol permanece guardado en la memoria húngara con el mismo polvo y el mismo carácter legendario que envuelven a su autor. A Detari se le reconoce como el último futbolista de clase mundial salido de las orillas del Danubio. Así lo entienden los húngaros, aunque su figura encierre algo de mitológico: en realidad, nunca jugó en clubes o ligas de lujo (aunque sí cobró en tal condición). Tampoco amasó un palmarés imponente más allá de su país. Sin embargo, Detari estuvo y está ahí como uno de los mejores futbolistas europeos de mitad de los años 80, aunque sea como jugador de culto, en parte, también, porque, como tantos otros, fue ensombrecido por ese telón de misterio, incertidumbre y desconocimiento que se proyectaba sobre el fútbol del este de Europa. Al fin y al cabo, a George Hagi, quizá el único jugador capaz de subir a la altura de Detari en aquel entonces en el espacio comunista, lo descubrimos y lo clasificamos como un genio porque lo tuvimos a un metro. A Detari, no. Cuando aterrizó en el calcio, el verdadero Detari ya quedaba atrás: atrapado en las camisetas del Honved de Budapest y la selección de Hungría. Fue común en Occidente asomarse al Este asentándose sobre las referencias totémicas del momento. De este modo, de la misma manera que George Hagi fue el <i>«Maradona de los Cárpatos»</i>, a Lajos Detari lo alumbraron como el <i>«Platini del Danubio»</i>. Hay que reconocer este juego toponímico especialmente con el húngaro: Detari fue <a target="_blank" href ="https://soundcloud.com/radio-38ecos/codigo-cambridge-1x05-michel-platini?in=radio-38ecos/sets/codigo-cambridge">un futbolista ‘platinesco’</a> en toda la dimensión de su juego y en toda la estela de su trayectoria. </p>
<blockquote><p>Detari fue uno de los pioneros de la mediapunta, acercándose más al origen que al final de las jugadas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Desde su aparición en el primer equipo del Honved en 1980, ya se le distinguió como un jugador de posiciones modernas, insinuándose como uno de los pioneros de la mediapunta. Su dinamismo y su técnica le dieron vuelo para moverse como centrocampista ofensivo o como falso delantero. Poco a poco, fue consolidándose como un volante creativo, más cerca del origen de las jugadas que de su final. Esto no le impidió pulirse la figura de un centrocampista artillero: ganó tres veces consecutivas el trofeo de máximo goleador de la liga húngara (85,86 y 87) sin ser delantero gracias a su arrolladora llegada, su inopinada habilidad para el remate de cabeza, su destreza en la frontal del área, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=gVETOdIr49w">su mortífero lanzamiento de falta</a> y sus certeros penaltis. No termina ahí su esencia platinesca. Sazonaba su fútbol con visión de juego, rapidez mental y talento pasador. Lanzaba los ataques y los liquidaba. Y también le definía su gesto físico: era frágil y con una pisada perezosa en el campo. De rebelde cabello rubio eslavo, tenía un tronco ancho, una anatomía que con el paso de los años y las nóminas fue expandiéndose, hasta tal punto que en Italia lo conocieron también como el sobrino de Puskas, con quien Detari compartió raíces: el barrio de Kispest. A los diez años probó para entrar en el Honved, pero le cerraron las puertas por tener el pelo demasiado largo. Estaba enamorado del ping-pong, una pasión que casi le cuesta el fútbol, pero que ayudaría a explicar la velocidad mental con la que procesó luego las jugadas. A los 12 años, finalmente, accedió a las categorías inferiores del club capitalino. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">La baja de Tibor Nyilasi debilitó a una Hungría que pintaba muy bien</span>Su explosión en la temporada 84/85 coincidió con el renacimiento del Honved en la entrada de la década. De las mano del histórico Lajos Tichy y su ayudante Imre Komora, el viejo club del ejército (ahora ya en una Hungría más desapegada que nunca del fútbol estatalizado) implantó un nuevo periodo de dominio con seis título de liga y un par de copas. La luz de neón era Detari, pero el equipo reunió una esperanzadora generación de futbolistas que establecería la osamenta de la selección húngara del ciclo mundialista de México 86. Hasta siete titulares magiares, portaban el sello del Honved, un oligopolio compartido con el Videoton <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=hg43qSrpnw0">subcampeón de la UEFA de 1985</a> que resucitó recuerdos del pasado: Imre Garaba era el bravo central, Antal Nagy, el polivalente defensor y capitán nacional, Jozsef Varga ejerció de lateral izquierdo y Sandor Sallai, de lateral derecho. Marton Esterhazy era su batallador extremo izquierdo. Laszlo Dajka un centrocampista ofensivo de amplio recorrido y llegada, con Detari de líder creativo. Además, dos de los suplentes de la selección también representaban al Honved: el portero Jozsef Andrusch y joven delantero o extremo Kalmar Kovacs. Aunque el club de Budapest jugaba con un 4-3-3 que concedía a Detari libertad posicional desde la posición de interior y sus extremos se fijaban más a ese sector, la selección, armada por Gyorgy Mezey, seguía algunas de las modas de la época y se organizaba en un 5-3-2 con líbero y con algunas particularidades: los dos delanteros, Kiprich y Esterhazy eran extremos, jugaban abiertos, liberando un espacio desocupado en el centro del ataque. Una zona de alternancia en la que durante el ciclo mundialista entraban y salían, intercambiando posiciones, Detari y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=buE2X7oHre0">Tibor Nyilasi</a>, un exquisito e imaginativo falso delantero criado en el Ferencvaros. Ambos configuraron una de las parejas más estimulantes del fútbol europeo, pero una operación de columna impidió que Nyilasi acudiera a la Copa del Mundo de México, erosionándose así el poder creativo de una Hungría que llegó al torneo como potencial ‘outsider’. </p>
<p style="text-align: justify">Había sido la primera selección europea en clasificarse después de batir en su grupo a la incipiente y transitoria <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/06/el-rival-mas-fuerte/">Holanda de Gullit, Van Basten y Rijkaard</a> con Leo Beenhaker de director, y a Austria, el viejo e íntimo enemigo. Una victoria a finales de 1985 en casa de Alemania Federal alimentó un tanto más la expectativa. Y en marzo de 1986 se acabó por encender la mecha de los fuegos artificiales. Hungría le ganó 3-0 a Brasil en el Nepstadion en un partido en el que el más brasileño fue Detari, autor de un gol. A los sudamericanos les faltaban Falcao, Zico, Muller o Careca en su primera visita de la historia a Hungría (nunca han ganado a esta selección) ni tampoco les ayudó el frío del marzo danubiano, pero los magiares jugaron a un elevado nivel. Detari estaba en su mejor momento, camino de una temporada con 27 goles, entre los votados en el Balón de Oro y convertido en un ídolo de la juventud húngara de los 80, en un tiempo de transformaciones políticas, despertar democrático y cultural, y reivindicaciones nacionales. Al fútbol húngaro se le dilataba la sonrisa: el Videoton había rozado la Copa de la UEFA unos meses antes en aquella final contra la Quinta del Buitre. Detari encarnaba esa ilusión, esa recuperación de los años de oro. Sin embargo, el sorteo de la Copa del Mundo de México cruzó a los húngaros con las dos mejores selecciones europeas del momento: Francia y la Unión Soviética. Los rusos les ganaron 6-0 en el debut. Luego, vendría el gol de Detari a Canadá y la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UFY6Qe96r9g">derrota contra Francia</a> en León. Y, después, el vacío. Hungría se estampó con su realidad social, económica y política. </p>
<blockquote><p>Desde aquel Mundial de México en 1986, el fútbol húngaro permanece en un tercer plano.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Su fútbol se le indigestó en su proceso histórico hasta desaparecer del mapa europeo. Ningún otro país del viejo bloque del Este ha sufrido una crisis de tal alcance en su transición democrática. Mientras que otras naciones como Polonia, Rumania o <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=cJX_ePu2_48">República Checa</a> fueron despertando su potencia competitiva después del desmantelamiento comunista, en Hungría no se asimilaron igual las novedades (privatizaciones de clubes y empresas públicas, retirada de financiación…). Todo esto no deja de constituir una paradoja: la caída del Muro de Berlín comenzó en Hungría, con la apertura de las fronteras con Austria, y el país vivió un proceso de cambio ordenado, con una apertura impulsada desde dentro de la dictadura de partido, al contrario que otros estados del Este, donde fue la oposición o las fuerzas populares las que propiciaron transformaciones más o menos agitadas. </p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, en Hungría, el fútbol se dispersó como una subcultura exclusiva dentro del nuevo país: mafias, irregularidades, clientelismos, endogamia, aislamiento, amaños… Por eso, en el marco de la agonía comunista y el camino hacia esta nueva realidad, la selección húngara del ciclo 82-86 y celebridades como Lajos Detari quedaron fijadas en el tiempo pasado como una ilusión fallida, como la descorazonadora puerta hacia un vacío existencial.  El caso de Detari y su salida a Occidente simbolizan bien este fenómeno. Puede decirse que Detari fue uno de los primeros productos capitalistas de Hungría. Una empresa nacional que fue exportada y cuya venta advierte de cómo se comenzaban a hacer las cosas en esa época de vuelcos sociales. A Detari, los jefes de la Federación Húngara (MLSZ) y del Honved lo vendieron en 1987 <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=qe_hQQ-gBOg">al Eintracht de Frankfurt</a>. Tenía aún únicamente 24 años, lo que nos habla de la precocidad con la que había confirmado su fútbol. Hungría ya había encendido la luz verde a los traspasos nacionales algunas temporadas antes, especialmente hacia destinos como Grecia y Turquía. La operación con el Eintracht se cerró por 3 millones de marcos (unos 2,8 millones de euros), pero los poderes húngaros se reservaron casi todos los derechos sobre una futura operación. Su año en la Bundesliga fue notable. Condujo al Eintracht a su último título, la Copa alemana, gracias a un gol de falta en la final contra el Bochum. Debajo de estas operaciones con Detari comenzaron a tejerse dudosas relaciones. Por ejemplo, Imre Komora, el entrenador del Honved, se convirtió entonces en su representante y correa de transmisión. Además, era su suegro. En mayo de 1987, en Viena, según reconoce Detari en su biografía, el hijo de José Luis Núñez llegó a un acuerdo con los directivos húngaros para comprarlo por 2 millones de marcos. El futbolista firmó un precontrato, pero se canceló: los húngaros lo movieron por Alemania y surgió el Eintracht. Otro equipo con dinero en abundancia había preparado incluso una oferta mayor: era el Mónaco que acabaría contratando a Glenn Hoddle. Pero el destino de Detari estaba escrito. En el mes de agosto de 1987, Detari fue suplente de Lineker, Maradona, Platini y Futre <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Jzy25DQJdeE&#038;feature=youtu.be">en el célebre partido</a> entre la selección de la Football League inglesa y un combinado de los mejores futbolistas del mundo (reemplazó a Platini: otro guiño más, pero no el último). En esos niveles se movía Detari. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Grecia se interpuso entre Detari y la Juve</span>Al final de esa temporada en el Eintracht, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/05/rivalidad-enfrentamientos-historicos-entre-real-madrid-juventus/">apareció la Juventus</a>. Platini se había apagado y buscaban un heredero. A Agnelli le hablaron de Detari y preparó una oferta de más de 10 millones de marcos. Y entonces explotó una de las operaciones más memorables de la historia del fútbol: Olympiacos puso 13 millones de marcos y metió un sueldo de un millón en el bolsillo de Detari, convertido así en el tercer traspaso más caro de la historia (tras Maradona y Gullit) y en el futbolista mejor pagado del mundo (superando al holandés). La negociación dinamitó el sueño de Agnelli. Nadie parecía entender nada. Pero Detari era un preso de Hungría. El Eintracht tenía derecho a seis millones de marcos y no se opuso. Y el resto lo cocinaron los federativos magiares: 7,1 millones a repartir entre la MLSZ y el Honved. </p>
<blockquote><p>La Juventus estuvo muy cerca de firmarle como sucesor de Platini hasta en dos ocasiones, pero&#8230;</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Detari ya era un producto mercadotécnico en manos de novatos que descubrían el jugo del capitalismo. En Alemania, le había reclutado Puma y le había calzado con uno de los primeros modelos de botas que no eran negras. Estaban pintadas con los colores de la bandera húngara. En Atenas, fue exhibido como la pieza de caza mayor del presidente de Olympiacos. Pero el hombre que le hizo millonario fue el hombre que le costó el fútbol: Detari ya no fue el mismo después de que una bronca con él le obligara a dejar el club del Pireo en 1990. En sus dos años allí, ganó la copa griega y un hueco entre las leyendas de Olympiacos. Agnelli volvió a por él sin éxito en el verano que contrató <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=J_M9cVKHFHQ">a Roberto Baggio</a>. A Detari lo fichó el Bolonia, pero en Italia se le apoderó la irregularidad. Acabó en la Serie B. Por entonces, se acentuó su habilidad con la botella. Fue involucrado en algunos asuntos de amaños de partido en Hungría. Y terminó dejándose llevar. Aún sacaría una buena temporada (92-93) en el Ancona, con nueve goles, poco después de que Agnelli volviera a la tercera carga: se lo llevó a una gira de la Juventus en América y fue descartado. El último rey de Hungría había quedado atrás. Detari se perdió entre clubes húngaros, suizos y austriacos, ganando kilos y tirando paredes con la bebida, mientras la nostalgia magiar congelaba aquel gol suyo a Canadá en México. <i>«Un amigo y yo siempre bromeamos diciendo que probablemente voy a ser la última persona que marcó un gol de Hungría en la Copa del Mundo. Pero yo moriré. Así que tal vez un día como ese vuelva a suceder»</i>. Hungría ya tiene su testamento. Firmado: Lajos Detari.<br />
&nbsp;<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">_<br />
<iframe width="100%" height="160" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/228578236&amp;color=00bcf2&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false"></iframe></p>
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		<title>General a los 18</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jul 2015 02:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Futbolistas]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Europeo Sub19 2015]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Vallejo]]></category>
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		<category><![CDATA[Víctor Muñoz]]></category>

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		<description><![CDATA[l día que el Real Zaragoza se burló de las utopías del fútbol remontando un 0-3 al Girona con un 1-4 a más de 400 kilómetros de su estadio, a sus futbolistas se les inflamó el corazón. En cierto modo, ese torbellino de euforia hundía sus raíces en una de las proezas más imponentes que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">E</span>l día que el Real Zaragoza se burló de las <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=DqukeDudKDE">utopías del fútbol</a> remontando un 0-3 al Girona con un 1-4 a más de 400 kilómetros de su estadio, a sus futbolistas se les inflamó el corazón. En cierto<span id="more-172807"></span> modo, ese torbellino de euforia hundía sus raíces en una de las proezas más imponentes que muchos de ellos han vivido o vivirán en el fútbol. Quienes asistieron a los instantes posteriores a ese desenlace, rozando el júbilo desatado en el túnel del vestuario, comprobaron cómo, uno a uno, los jugadores aragoneses desfilaban con una expresión de explosivo entusiasmo. Fueron saliendo. Empapados de adrenalina, relataban la épica con la energía emocional de quien ha derribado un imposible. Lo hacían los veteranos, la clase medía y los jóvenes. Los técnicos. El entrenador. Los directivos. A todos les recorría el mismo río de apasionadas cataratas. Hasta que apareció <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=llSmCRRHiG8">Jesús Vallejo</a> (Zaragoza, 1997) por la puerta, agarró un micrófono y arrojó un vagón de hielo sobre ese volcán eufórico: subrayó su felicidad, pero no tardó en girar el discurso hacia la prudencia, la voz reposada y el partido de unos días después contra Las Palmas camino de Primera División. Eso era lo que le importaba de veras a Vallejo: ascender. El encargado, así, de serenar al Real Zaragoza fue un chico de 18 años. Su capitán.</p>
<blockquote><p>Jesús Vallejo transmite calma tanto dentro como fuera del terreno de juego.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">En Vallejo destaca su mentalidad profesional y su gran voluntad de aprendizaje constante</span>Para descifrar el juego de Vallejo hay que conocer <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=dXIr8z0NmLw">a la persona</a>. Su irrupción en el fútbol profesional escapa de todos los parámetros lógicos. <i>“Un jugador así surge cada 40 años”</i>, aseguran de él en el Real Zaragoza, un club consciente de que maneja entre sus manos un filón ante el que solo le debilita su precaria situación deportiva y sus amarguras económicas. Desafiando cualquier teoría sobre la precocidad, Vallejo se ha consolidado como un central exclusivo, de esencias mágicas. Hay que estar construido de una madera muy especial para configurarse en la adolescencia como un defensa de ese aplomo, seguridad, frialdad y fiabilidad. A esas edades, una promesa con talento puede ejercerlo en el centro del campo o en la delantera, pero demostrarlo en las posiciones defensivas, administrando riesgos y la sobreexposición al error, reúne diferencias, otro tipo de matices que tienen mucho que ver con la madurez.  Y así ocurre en cierto modo en el caso de Vallejo. No estamos ante un chico de 18 años al uso. Destaca en él su mentalidad profesional y su voluntad de aprendizaje. Lo pregunta todo. Busca respuestas a todo lo que le ocupa en su posición. Ha crecido al lado de <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Abrante">Mario Álvarez</a> o Rubén González, veteranos que han facilitado su adaptación y proyección, desde los que le han llovido consejos y correcciones. La ascendencia y vigilancia de Mario ayudan también a explicar el fenómeno Vallejo.  </p>
<p style="text-align: justify">Todos los días, él aparece el primero en la Ciudad Deportiva para trabajar en el gimnasio y suele ser de los últimos en abandonar. Comenzó a madrugar más que nadie para litigar unos problemas de rodilla ocasionados por su último estirón anatómico. Ahora, ha acabado cincelando un poderoso tren inferior. En la personalidad de Vallejo residen varias de las claves de su registro futbolístico. Es un joven humilde, con inquietudes intelectuales, reflexivo, con una dialéctica coherente, crecido en un ambiente de estudio y sacrificio. Su padre es camionero y su madre auxiliar de enfermería. Nadie le ha regalado nada, ni espera que así sea: mientras se jugaba el ascenso a Primera, <a target="_blank" href ="http://deportes.elpais.com/deportes/2015/06/16/actualidad/1434476954_618228.html">completaba los exámenes de selectividad</a>. Después de finalizar impecablemente el Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales, ahora pretende enfocar su futuro académico hacia la rama deportiva del Derecho. Si Vallejo ha sorprendido por el tamaño adulto de su fútbol, por jugar como un joven viejo, como si tuviera el doble de años, es porque él es así.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Con 18 años es capitán de todo un Zaragoza</span>Vallejo es fruto de la osadía y la convicción de un entrenador como Víctor Muñoz. Del mismo modo que el técnico zaragozano maniobró hace once años con Alberto Zapater, gestionó el verano pasado su gran legado en la actual plantilla aragonesa: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=5m2aueUrd7U">promocionó a Vallejo</a> directamente desde el juvenil. Con 17 años, se saltó con pértiga su última temporada en la categoría y también el filial. Desde entonces, su crecimiento ha descrito una línea fabulosa. Vallejo no ha progresado continuando la lógica de su edad, sino escalando de modo exponencial: cada día que ha jugado al fútbol lo ha hecho con mejor nota que en el anterior. De esta imparable mejora, sobre la que nadie se hubiera arriesgado a pronosticar en septiembre, cuando debutó en Huelva en un Zaragoza que apenas tenía aún plantilla después de un verano en el que regateó la liquidación y armó un equipo en cuatro semanas, ha salido un central de aires mayores. El asombroso ritmo de su carrera cabe en una enumeración: en julio de 2014 pisó los entrenamientos profesionales, un mes después debutó en el primer equipo en Segunda, en diciembre se ganó la renovación, en enero se asentó definitivamente de titular después de superar una lesión muscular, en febrero dejó su primera exhibición, en El Sadar, sacándole a Osasuna todos los balones del área y minimizando a un zorro como Nino. A las pocas semanas, en marzo, se estrenó en la selección española Sub-21 con tan solo 18 años, en abril se puso <a target="_blank" href ="http://www.heraldo.es/noticias/suplementos/2015/05/11/jesus_vallejo_esta_siendo_ano_fantastico_para_359804_314.html">la cinta de capitán</a> del Real Zaragoza por primera vez en el partido en el que también marcó su primer gol, en mayo ya era el capitán, también, de la Sub-19 con la que ahora busca reinar en Europa, y en junio casi se mete en Primera División.</p>
<blockquote><p>Fue uno de los grandes activos competitivos del Zaragoza en su lucha por el ascenso.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Su impacto, en Zaragoza, va más allá de lo deportivo. El club intenta escapar del periodo más negro de su historia. Ha vivido tiempos de grave decadencia, descapitalizándose en lo deportivo, en lo económico, en lo institucional, en lo social y lo sentimental. Uno de los efectos de su caída ha sido la pérdida de referentes populares, alguien que firmara un pacto emocional con la afición. El Zaragoza no es un club de fértil cantera, por lo que nunca ha sido sencillo, en su era moderna, encontrar, además, un modelo de la tierra con el que enlazarse. Vallejo ha venido a revertir todo eso. Ha emergido con una atronadora fuerza simbólica <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=0TXC0fXyT4c">en La Romareda</a> y representa, mejor que nadie, el renacimiento del club después de escapar de la desaparición. La gente pide camisetas con el nombre de Vallejo. Hay mucho de identidad recuperada en su aparición: todos los zaragocistas se reconocen en Vallejo como el futbolista que alguna vez quiso o querrá pisar La Romareda con el escudo del Zaragoza. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Su ídolo era un Gaby Milito con el que sí que comparte virtudes</span>José Rebolledo de Palafox y Melci fue el jefe militar cuya obstinación, liderazgo y audacia estratégica actuaron de referente popular durante los Sitios de Zaragoza, en la Guerra de la Independencia contra los franceses de 1808. Esa heroica defensa de la ciudad conforma una de las leyendas sobre las que se asienta la identidad zaragozana, incluida, también, la del Real Zaragoza. Palafox discutió los límites de la resistencia contra un enemigo superior en número y armamento, pero no en orgullo. Así se forjaron mitos locales a los que el equipo de fútbol se ha abrazado en varios de sus rasgos representativos: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/04/the-great-escape/">su espíritu irreductible</a>, su capacidad para combatir imposibles o la fuerza de su fe. El general Palafox se trasladó a la historia aragonesa gracias a su homérica defensa. En el caso del Real Zaragoza, hay valores de su fútbol que van más allá: siempre fue un equipo de ciclos de juego apasionado y ofensivo. No tuvo la defensa entre sus virtudes, aunque si contó con soberbios defensores. Desde José Luis Violeta, de la casa, como Vallejo, un central o mediocentro al que el Madrid nunca pudo arrancar de su ciudad; a otros más cercanos en el tiempo, como Xavi Aguado o Gaby Milito. Este patrimonio histórico del club encarna la tradición de Palafox: defensores, caudillos, aguerridos, inteligentes y omnipotentes. Jesús Vallejo creció <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=A2BafFiLq94">viendo a Gaby Milito</a> en La Romareda y confiesa que no tiene una referencia mayor. De esto apenas hace nueve años. </p>
<p style="text-align: justify">El tiempo pasa rápido, pero Vallejo manifiesta en su fútbol muchos de los rasgos legados por Gaby, un tipo que también era capitán de su primer equipo, Independiente de Avellaneda, a los 18 años. En Zaragoza, por proximidad y, principalmente, por nostalgia suele explotarse esa semejanza. No obstante, el perfil de central de Vallejo es ese, un Milito o <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/03/ricardo-carvalho-carrera-defensa-portugues-evolucion-mourinho-parejas-centrales/">Ricardo Carvalho,</a> aunque en diestro. Ranko Popovic, el actual entrenador del Zaragoza, dijo algo muy interesante sobre Vallejo hace un par de meses, al tiempo que definía su capacidad para teclear el juego desde la defensa: <i>“No es normal ver a un central jugar como lo hace él. Siempre está activo. Es agresivo. Pero también está saliendo más de su sitio. Estamos acostumbrados a que los centrales jueguen pegados y cubriéndose. Y, cuando tienen que salir con la pelota, parece que tiren una bomba en vez de un balón. Vallejo es un central como los de antes, inteligente saliendo, lleva el juego y es peligroso arriba. Un central así, viniendo de atrás, desequilibra las defensas rivales, rompe todos los sistemas porque en estos tiempos nadie espera un central atacando. Vallejo representa a centrales como Baresi o Lucio, de esos que ya no existen porque los entrenadores los hemos extinguido, como si fueran dinosaurios”</i>. <a target="_blank" href ="http://www.marcadorint.com/futbol-asiatico/perfil-ranko-popovic-real-zaragoza-fc-tokyo-cerezo-osaka/">Popovic</a> cree que Vallejo camina hacia ese perfil de central creador y, en sus conversaciones sobre el caso, lo arrima a Piqué: <i>“Pero Jesús tiene algo distinto, es más veloz, más activo”</i>.</p>
<p style="text-align: justify">En todo caso, no es la función creativa la que mejor distingue a Vallejo. Lo sobresaliente en él es que es un central que defiende. No es cualquier cosa en la España de ahora. Las prioridades formativas han inclinado las tendencias hacia un modelo de central de buen pie, alto rango de pase y animado con el balón, hasta el punto de descuidarse otras cualidades básicas de la demarcación. La influencia de la generación de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/02/analisis-gerard-pique-barcelona/">Piqué</a> y Ramos ha sido abrumadora. Esta deformación confluye con otra: los registros posicionales en las etapas formativas. La factorías española sufre una severa insuficiencia de defensas centrales. La España de los centrocampistas ofensivos y los mediapuntas centrales o invertidos han desequilibrado la producción posicional. Salen muchos jugadores de ese tipo. La superpoblación en esas parcelas está provocando también un fenómeno natural, durante décadas, de Brasil: el exceso de talento en ciertas áreas adelantadas del campo acaba decantándose hacia los laterales. Por eso, ahora España es la gran potencia planetaria en el puesto. Los efectos de este proceso son la crisis de delanteros y, sobre todo, de centrales, centrales que defiendan con espada o bayoneta. Apenas se observa nada consistente debajo de Ramos y Piqué. Y mucho menos de ese nivel: Bartra, Íñigo Martínez, Fontás, Álvaro González, Sergi Gómez, Derik Osede, Borja López, Ignasi Miquel… ¿Quiénes salvarán la posición? Por potencial, los dos mejores proyectos coinciden en la Sub-19: los compañeros de habitación y amigos <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Mer%C3%A9">Jorge Meré (Sporting)</a> y Jesús Vallejo, ambos aún con los 18 recién cumplidos. </p>
<blockquote><p>Su increíble concentración en el juego, termina determinando y facilitando el resto de acciones.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Pero, ¿cómo juega Vallejo? Todo parte de su principal virtud: una mentalidad de acero. Su nivel de concentración es impropio de la edad. Apenas comete errores. Lee al rival con la misma suficiencia y rapidez con la que se decía que J.F. Kennedy leía los libros, en diagonal. En la defensa frontal apunta a ser un referente titánico. Por alto y por bajo. Reúne intuición, gestión brillante de espacios y distancias, <a target="_blank" href ="http://www.heraldo.es/noticias/deportes/futbol/real_zaragoza/2015/03/25/vallejo_nino_hombre_347551_611027.html">sentido de la anticipación</a> y presteza en la acción. Esto le permite una notable capacidad de robo, sobre todo, destaca el dónde: línea de mediocampo o campo rival, lo que le convierte en una preocupación de primer orden al adversario gracias a su juego con balón. No solo tiene alcance de pase, sino que lo detecta rápido. Aunque a campo abierto no goza de un punto elevado de velocidad, Vallejo llega casi siempre el primero en distancias medias o pequeñas. Al corte es imbatible, se maneja con una agilidad y un equilibrio que hace que casi nunca vaya al suelo. Un central que casi nunca cae abajo marca diferencias.  Su serenidad, su liderazgo… nada de eso colisiona con su agresividad: en un central fuerte, con colmillo, que acomete cada defensa como si fuera lo último que hace en la vida. Tiene margen de mejora en el cuerpeo y contra delanteros hábiles y rápidos sufre en la intercepción del regate, este punto débil se magnifica sobre todo cuando ha jugado en el lateral derecho –donde ha acumulado también minutos-, contra extremos muy desbordantes. La defensa de tres centrales y carrileros que armó Popovic al final de temporada terminó de desvelar todo el talento de Vallejo. Su manejo de la pelota, su atrevimiento comedido y puntual, le facilitó al Zaragoza un futbolista ideal para empujar al equipo hacia arriba desde atrás, ganando un centrocampista ‘fantasma’, muchas veces indescifrable. Así tomó Vallejo el campo del Valladolid. También se coronó en El Sadar, en un duelo de máxima rivalidad. Su otra exhibición del año fue contra el Sporting. Es decir, cuanto mayor ha sido la exigencia, más notable fue la respuesta. En todo caso, no debe descuidarse una cuestión: Vallejo ha dominado en Segunda División. Le falta un escalón más para que podamos creerlo como lo que despunta. Ese escalón quizá aún sea temprano. Quizá le falten 40 partidos más en Segunda. Más cocción. No escasean las sospechas, observando su casi irreal evolución, de que es un futbolista que puede que haya tocado ya su techo. Pero, a veces, se olvida que tan solo es un chico nacido en 1997. Solo hay una certeza con Vallejo a la altura de la grandeza que transmite con su fútbol: aún se ha equivocado demasiado poco. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=RL1qa1izlWY">Solo desde el error será posible su mayor progresión</a>. Solo así lo podremos recordar como aquel que fue general a los 18. Mucho más joven de lo que lo fue Palafox. </p>
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		<title>El corazón rubio</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Jun 2015 02:00:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">H</span>asta el final, hasta la despedida, persistió en Jürgen Klopp el punto de resignación trágica que se le ha adherido al alma en los últimos meses. Perdió la Copa de Alemania <a target="_blank" href ="http://www.marcadorint.com/dfb-pokal/final-2015-wolfsburgo-3-1-borussia-dortmund-adios-klopp-retirada-kehl-primer-titulo-hecking-langerak-fallos/">contra el Wolfsburgo</a> porque,<span id="more-169704"></span> en realidad, no podía ganarla. Su Borussia Dortmund hace tiempo que dejó de pertenecerle. Su equipo marcó, se adelantó, se le agrietaron las defensas como tantas tardes desde el último verano, se le doblaron las manos una vez más a uno de sus porteros, se vació de mente antes que de piernas, lo abrasaron a goles, sintió la derrota tan próxima como irreversible… Y, aun así, Klopp nunca apagó la sonrisa, como si conociera que esa capitulación se redactó hace mucho tiempo. Al fin y al cabo, ese partido le resultaba demasiado familiar en <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/02/analisis-situacion-crisis-borussia-dortmund-jurgen-klopp-marco-reus-futuro/">una temporada</a> gobernada por los signos del fatalismo y la desesperanza. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Su sonrisa invadió la ciudad de Dortmund</span>Hasta en esa derrota del adiós, exhibió Klopp brochazos del universo de volcánicos personajes de Dostoievski. A la vez desenfrenado como Alexei Ivanovich, a la vez rebelde, romántico, perturbador o divertido, y a la vez tan ingenuo como Devuskhin o tan orgullosamente osado como Raskólnikov. Un Klopp que, mientras asumía sus desdichas, sacó su <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oEPOG1erkE0">expansiva y victoriosa sonrisa</a> incluso en medio de una tristeza amarilla que no lo era tanto por la copa recién marchitada como por la puerta que cerraba. Él era feliz. Klopp se había ganado aquello a lo que más alto se puede aspirar en su oficio: la eternidad de un club. </p>
<blockquote><p>Su Borussia Dortmund fue reconocido y reconocible. Gustó, convenció y ganó.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Han sido siete años en los que Klopp ha sacado al Borussia Dortmund de un corredor de la muerte de 150 millones de euros de deuda y quiebra para instalarlo en el panteón del fútbol europeo. Fue un electroshock para la crisis terminal de la institución. En este tiempo, pocos equipos como el suyo se han apoderado de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/05/recuerdo-borussia-dortmund-jurgen-klopp-trascendencia-historica/">la emoción de la gente</a>. Su fútbol excitado, juvenil, optimista, eléctrico, dinámico, seductor y enérgico se ha ejecutado con el corazón más que con los pies. Galvanizando ese juego, Klopp le transfirió a su escuadra sus rasgos de personalidad. Consiguió que ese fútbol emitiera su vibrante temperamento, su espíritu subversivo, su acentuado vitalismo, su conducta carismática y apasionada, e incluso su rubia mirada. El Borussia Dortmund jugaba como era Klopp. </p>
<p style="text-align: justify">En la historia del fútbol, residen pocos entrenadores capaces de crear un vínculo tan personal con el estilo de su obra. Muchos encontraron la satisfacción en que sus formaciones transmitieran con entusiasta exactitud las ideas y los modos que ellos pretendían. Un fútbol de autor. Klopp es uno de ellos, pero también ha sido algo más, logrando, asimismo, que su equipo expresara cómo era él, cómo sentía o cómo se comportaba. Un fútbol de personalidad. El <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/borussia-dortmund/">Borussia Dortmund</a> asimiló de tal modo el carácter de Klopp que convirtió a su entrenador en una razón de ser. <i>“Si el público viene a buscar emociones fuertes y el entrenador propone una partida de ajedrez sobre la hierba, uno de los dos debe cambiar”</i>, asegura. Y, ambos, equipo y entrenador, crecieron así de la mano. Quizá en esa inercia compartida descanse la fórmula del secreto de esta historia.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Su eliminatoria ante el R.Madrid de Mourinho fue su punto álgido</span>El juego del Dortmund ha sido tan fogoso como Jürgen, en lo bueno y en lo malo, por eso apenas se distinguía una embestida relámpago de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/04/analisis-ilkay-gundogan-borussia-dortmund-klopp/">Gundogan</a>, Götze, Reus y Lewandowski de una tarde del técnico en la banda, vestido con un chandal de poliéster y algodón y una inevitable gorra que recalcaban cómo entiende Klopp la profesión de entrenador: si a las guerras se acude con traje de camuflaje, a los banquillos se entra con tejidos atléticos, para desbocarse, para gritarle al árbitro, para explotar con los goles y para que, en resumen, los futbolistas observen que corres tanto como ellos. También la lava de Klopp bañó los micrófonos. Antes de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/05/analisis-tactico-real-madrid-borussia-dortmund-casi-remontada/">las semifinales</a> de la Copa de Europa de 2013, Jose Mourinho visitó Alemania para escudriñar al Dortmund. Jugaban en casa del Greuther Fürth y barrieron 1-6. Enterado del espía, Klopp sacó su simpática acidez: <i>“Una llamada telefónica de Jose hubiera bastado para que le dijera que somos un equipo muy fuerte. Se habrá llevado algunas impresiones que no sé si serán válidas para dentro de dos semanas. Pero si él quería observar al Fürth, es bienvenido”</i>. Entonces, a Klopp le desvelaron que Mourinho solo aguantó hasta el descanso, con 0-5: <i>“Bien, así él no pudo ver nuestras debilidades”</i>. </p>
<blockquote><p>Batió varias veces al poderoso -y campeón de todo- Bayern Munich.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Klopp fue el primero en lanzar pistas sobre el futuro de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/01/guardiola-mision-bayern-munich-entrenador-champions-league/">Guardiola en Alemania</a>, algo que escoció en los orgullosos despachos del Bayern. Fue antes del legendario cruce entre los bávaros y el Barcelona en la Copa de Europa, con Pep de año de reposo en Nueva York. <i>“Apuesto mi culo a que Matthias Sammer llama a Guardiola</i>”, acometió Klopp. Karl Heinz-Rummenigge contestó desde la otra orilla: <i>“Él debería apostarse mejor su cabello, así se lo podrá trasplantar más veces. Su culo es más difícil… porque su culo va a terminar en nuestro museo”</i>.  Sobre estas tensiones, Klopp siempre se ha recostado con la comodidad que le confiere haber desafiado y derribado el <i>&#8216;establishment&#8217;</i> de la Bundesliga. Se ha sabido mosca cojonera de los bávaros, una de las razones por las que el Bayern acudió a Guardiola para reforzar su primacía nacional aun con una Copa de Europa recién estrenada, obligándoles así a progresar y perfeccionarse. A volver a ser el Bayern. </p>
<p style="text-align: justify">Quién sabe si dentro de un tiempo, nuestros nietos hablarán del <i>gegenpressing</i> con la misma admiración nostálgica con la que ahora recordamos <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/historia-del-catenaccio-antecedente/">el <i>catenaccio</i></a>. Ese fútbol de contrapresión es el legado cultural de Klopp. Su defensa alta, su juego de emboscada y galope, a todo gas, como si media docena de bandoleros se descolgaran de un desfiladero para asaltar un carruaje y huyeran con las bolsas del oro, ha sido su sello. Un modelo también con su punto de inconsciencia. Un fútbol que ha animado un momento decisivo en la transformación contracultural del estilo alemán. Klopp ha tenido mucho que ver en eso y la Bundesliga actual y su área de influencia sirven de axioma, con un entrenador llamado <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/bayer-leverkusen-nuevo-proyecto-roger-schmidt-kiessling-son-calhanoglu/">Roger Schmidt</a>, aunque él tan clínico y frío como un dentista, como reservorio de ese <i>gegenpressing</i>, la fórmula germana para atacar defendiendo en el rancho del rival.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Su plan fue mejorando gracias al acierto de Zorc con los fichajes</span>No importaron las versiones de sus equipos, porque a Klopp siempre se le advirtieron las intenciones. Desde los principios, se observó en sus formaciones una ambiciosa efusividad. Una refrescante alegría. Entonces, el Borussia Dortmund jugaba como si nada importara, con una inocente ligereza. Tenía entre sus hombres al húngaro Hajnal o a los delanteros Frei y Valdez. Aquello queda tan lejos como hondos son los cimientos de una catedral. Más tarde vendría el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/04/analisis-duelo-sahin-modric-madrid-dortmund-semejanzas-gundogan-mourinho/">equipo de Sahin</a>, Zidan y Lucas Barrios. El conglomerado de talento de Klopp crecía, hasta que en 2011 aparecieron las tres figuras que dieron sentido definitivo a su plan vertical y agresivo: Piszczek, Kagawa y Götze. Aquella constelación absorbió toda la luz de la Bundesliga, pero Europa se levantaba como una muralla con sus exigencias competitivas, un terreno adulto aún para la vivaz sangre del equipo. Para solucionarlo, Michael Zorc -un hombre indispensable en cualquier retrato de Klopp- se sacó de los despachos a Gundogan, Reus y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/05/la-salida-de-lewandowski-en-el-dortmund-de-klopp/">Lewandowski</a>. Con ellos, el Borussia Dortmund rozó el cielo continental y redactó lo versos más redondos del <i>‘kloppismo’</i>.</p>
<blockquote><p>Jürgen Klopp disparó a varios jugadores (Sahin, Kagawa, Gotze&#8230;) a los grandes clubes de Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Con todos, estableció el técnico una íntima conexión humana. Muchos llegaron entre las sombras, y Klopp fabricó con ellos casi una decena de estrellas mundiales, piezas de alta costura. Ninguno, después de salirse de esa fraternidad, ha repetido aún el fútbol del Westfalenstadion. Tampoco Klopp ha revivido sus mejores partituras. Así, el agotamiento del ciclo dorado ha seguido un curso natural, más aún en Alemania. El Bayern encendió la aspiradora y atrajo a Götze, Lewandowski y quizá también Gundogan. La tasa de reposición no alcanzó esos umbrales de calidad. Una cólera de lesiones arrasó al equipo en los dos últimos años. A sus centrales los secuestró la vulgaridad. Y sucedió algo lógico en este negocio: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/03/victoria-contundente-de-la-juve-0-3-en-dortmund/">las cosas se terminan</a>. Simplemente, el reloj pasa y ejerce un caudillaje inapelable. La confianza se rompe mientras todos los actores toman consciencia de ello. Klopp no se siente agotado, pero conoce que con su continuidad arriesgaba la paz del club. Había más malo por hacer que bueno. Así que Klopp renunció a encapsularse en el Borussia Dortmund por ese escudo y el muro humano que puebla de color y fiesta las gradas del Westfalenstadion. Subió las persianas una mañana y entendió algo al alcance de pocos entrenadores: su incapacidad para entrenar a su equipo, a su otro yo: <i>“Una gran cabeza tiene que rodar y es la mía”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Cuesta imaginar que, ahora, Jürgen Klopp se encierre durante un año en una habitación sabática y no arranque hasta el marco de las puertas. Posee, incluso, la <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/05/jurgen-klopp-imagen-proyecto-borussia-dortmund/">dentadura perfecta</a> para ello. Cuesta creer que, durante un tiempo, no escuchemos los latidos del corazón rubio que nos ha subrayado la lección de que el fútbol tiene muchos padres, pero, solo, una madre: la pasión. </p>
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		<title>La cuna del Lobo</title>
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		<pubDate>Wed, 27 May 2015 01:57:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">E</span>l Octubre Rojo del fútbol soviético estalló en el Dnipro de Dniepropetrovsk en 1969, a orillas del río Dniéper, entre la mastodóntica arquitectura del estalinismo de una ciudad de alma ucraniana (ahora discutidamente rusa)<span id="more-169295"></span>, de piel grisácea y hormigonada, y con tradición de hermética y silenciosa porque entre las factorías de su tejido industrial se escondían los secretos de la industria aeronáutica, del programa espacial y de la balística nuclear de la URSS. Hubo un tiempo en el que para acceder a ella se le exigía a los extranjeros un visado extraordinario. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Dnipropetrovsk">Dniepropetrovsk</a> fue así una ciudad cerrada durante casi 40 años, desconocida y protegida, restringida a los miles de trabajadores de las plantas de la megafábrica Yuzhmash y a una concentración de físicos, matemáticos, técnicos, ingenieros y diseñadores (de cohetes, satélites, misiles…) que configuraron su alma científica. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Dniepropetrovsk era la ciudad perfecta para él</span>Era un ecosistema exacto para el intercambio de información, la experimentación y el desarrollo de ideas innovadoras: oculto, impenetrable y custodiado. También imbuido de valores ideológicos del socialismo como la fuerza del trabajo colectivo, la relativización del logro individual o la exaltación del espíritu proletario. Por todo esto, apenas debe extrañarnos que un joven de 29 años, recién retirado después de <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Valeri_Lobanovsky">una carrera</a> en la que sobresalió por su técnica, pero, sobre todo, por un individualismo obsesivo que incluso definió los goles olímpicos como su jugada de marca, implantara en el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/fc-dnipro-dnipropetrovsk/">Dnipro Dniepropetrovsk</a> su primer laboratorio táctico. Una experiencia que no solo cambió la concepción individual del fútbol que él había jugado para convertirla en una expresión absoluta del colectivo, sino con la que también escribió las líneas originales del estilo soviético moderno. Un juego vertiginoso, incesante, enérgico, científico, acentuado por la potencia, la técnica y la fuerza de sus futbolistas y por la organización milimétrica de un caos ficticio, la universalidad posicional y el sistema de presión zonal de sus equipos. </p>
<p style="text-align: justify">Ese Octubre Rojo en el fútbol de la URSS lo desató Valery Lobanovskiy en Dniepropetrovsk antes de exaltar la revolución que le abrió el panteón de los entrenadores <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/10/dinamo-de-kiev-blokhin-lobanovskiy/">en el Dynamo de Kiev</a>. Antes de eso, lo que hizo el viejo Lobo entre 1969 y 1973 fue instalar en el mapa del fútbol soviético al Dnipro, ascendiéndolo a la Top Soviet League por primera vez, clasificándolo sexto en liga y semifinalista en copa en la temporada del debut.</p>
<blockquote><p>Antes de llegar al Dynamo de Kiev, Valery Lobanovskiy ya revolucionó el fútbol en Dniepropetrovsk.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La historia del futbol ha memorizado a Lobanovskiy como el padre del Fútbol Total del lado oriental del Telón de Acero. En una época de aislamiento, sin lazo alguno con la escuela holandesa, el entrenador ucraniano moldeó un juego con muchos rasgos comunes con el impulsado <a target="_blank" href ="http://www.marca.com/2011/07/08/futbol/1310115918.html">por Rinus Michels</a>. Compartían trazas de identidad: el ritmo frenético, el compromiso colectivo, el intercambio posicional, el registro atlético…, aunque Lobanovskiy concedía menos libertades, admitía ciertas posturas especulativas y el armazón táctico habitual era el 4-4-2. Sin embargo, nada le distinguió tanto como el contenido científico de sus postulados. Lobanovskiy, más que agitar el fútbol, revolucionó toda las metodologías de entrenamiento. Comenzó a hacerlo en el Dnipro.</p>
<p style="text-align: justify">Allí, trasladó parte de la herencia recibida de <a target="_blank" href ="http://www.thehardtackle.com/2013/viktor-maslov-one-of-the-greatest-tactical-minds-to-ever-grace-football/">Viktor Maslov</a>, uno de los padres de la zona y la presión organizada, en el Dynamo de Kiev. La relación entre ambos siempre fue sulfúrica. Lobanovskiy abandonó el club de su corazón y marchó al Chornomorets Odessa y al Shakhtar Donetsk, siempre escoltado de Oleg Bazilevich, fiel compañero primero y escudero más tarde en los banquillos del Olímpico de Kiev. Lobanovskiy nunca se adaptó al mandamiento de Maslov de que <i>“un equipo estrella es siempre mejor que un equipo de estrellas”</i>. Esto sonaba muy soviético y convenía asumirlo, pero el futbolista Lobanovskiy siempre renunció, fue reacio cuento menos a hacerlo, a las influencias de Maslov, aunque es evidente que no fue así. A Valery siempre se le entendió como un hombre terco, demasiado orgulloso y rígido. Pero al Dnipro llegó con una formación que le delató: el 4-4-2 de Maslov, uno de los pioneros de este sistema en los años 60. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Tampoco parecía estar destinado a ser el entrenador que fue</span>Lobanovskiy se había retirado solo unos meses antes, en 1968, en el Shakhtar Donetsk, entonces un equipo de segunda categoría. Nunca dejó claro qué le condujo a convertirse en entrenador porque parecía destinado a ejercer de fontanero, pero cabe encontrar respuestas en una personalidad, en el fondo, muy analítica. Fue un hombre de inquietudes, tremendamente despierto. En su adolescencia había ganado premios de matemáticas en la escuela secundaria, estudió una ingeniería y creció en una época de entusiasmo científico en la URSS y, especialmente, en Kiev, centro de la incipiente industria informática soviética y sede del Instituto de Cibernética. Quién sabe cuánto influyó en la conversión de <a target="_blank" href ="http://es.uefa.com/memberassociations/news/newsid=2246006.html">esta vocación a entrenador</a> que su primera misión como ideólogo de un equipo fuera en una ciudad tan dominada por la investigación y la creación como Dniepropetrovsk. Nunca estuvo claro quién le reclutó de verdad ni por qué. Se conoce que fue Aleksander Makarov, el director general de la planta Yuzhmash (la entidad pública que controlaba el Dnipro entonces) y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Ucrania, quien le convenció, pero no quién le sugirió el nombre a él. </p>
<p style="text-align: justify">Unos años antes, durante la <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Copa_Mundial_de_F%C3%BAtbol_de_1966">Copa del Mundo de Inglaterra 1966</a>, la primera que se televisó en la URSS, Lobanovskiy y su inseparable Bazilevich trasnochaban reflexionando sobre los partidos de su país. La Unión Soviética fue uno de los mejores equipos de la primera fase y alcanzó las semifinales, pero la derrota ahí contra Alemania y frente a Portugal en el tercer y cuarto puesto les generaron preguntas. Apreciaron que la URSS estaba armada de notables talentos individuales como Valery Voronin, Slava Metreveli o Igor Chislenko (además del totémico Lev Yashin en la portería), pero el conjunto desafinaba. Descubrieron que selecciones como la alemana, la portuguesa y, sobre todo, la campeona, la inglesa, que causó un notable impacto en Lobanovskiy, poseían diferente cuajo colectivo, además de futbolistas de mayor velocidad y resistencia Comprobaron, según palabras de Bazilevich recogidas en la biografía de Lobanovsky [<i>“Chetyre zhyzni v futbolye”</i> (<i>“Cuatro vidas en el fútbol”</i>), de Vitaly Galinsky], que los sistemas de entrenamiento de la URSS <i>“eran obsoletos y no cumplían con el espíritu de los tiempos. Había que cambiar radicalmente el trabajo educativo y la preparación de los entrenadores”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Este fue el primer paso del Lobo hacia los banquillos. Aquellos análisis de Inglaterra 66 fueron el chispazo eyector. Comenzó a estudiar libros, artículos y conferencias de monumentos como <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/10/dinamo-de-kiev-blokhin-lobanovskiy/">Helenio Herrera</a>, Alf Ramsey, Helmut Schön y Vicente Feola. Lobanovskiy creía que el fútbol soviético era arcaico, que estaba muy determinado, según entendía él, por la respuesta equivocada a un dilema que entonces casi nadie se planteaba: ¿Cuál es la prioridad para un entrenador? ¿Construir un equipo desde la idea de juego o desde las capacidades técnicas y funcionales de los futbolistas? El Lobo creía que los equipos de la URSS se edificaban desde la segunda  y que ese enfoque era incorrecto y rancio. Conversando con Bazilevic, le dijo, citando a Marx: <i>“Un esclavo que es consciente de su esclavitud es un revolucionario”</i>.</p>
<blockquote><p>Las dudas asaltaban la formación de Lobanovsky como futuro entrenador de élite.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Y así fue. Tiempo después, la obra de Lobanovskiy en el Dynamo de Kiev o en la selección soviética confirmó esa percepción del estratega ucraniano, ante todo, un dogmático implacable. Quizá ninguno de los grandes entrenadores de la historia del fútbol haya sido tan doctrinal: los futbolistas debían amoldarse a sus principios y esa ley regía sobre todo lo demás, desde los singulares procesos de reclutamiento a las decisiones sobre una alineación. Esa ley fue la ciencia. Y esa visión explica lo que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/10/dinamo-de-kiev-blokhin-lobanovskiy/">sucedería luego en Kiev</a>: la concentración de datos, los sistemas de selección (y alineación) basados en la psicología, las pruebas de aptitud conductual…</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Su cambio fue, sobre todo, metodológico</span>No tardó Lobanovskiy en instalar en el Dnipro las bases de los que se convertiría algunos años más tarde en un imponente movimiento ideológico en en el Dynamo de Kiev y en todo el fútbol soviético. El primer ladrillo fue su apuesta táctica. <i>“Cualquier sistema es bueno, si encaja. No me importan las modas –confesó el Lobo-. No quiero imitar al Dynamo de Kiev (entrenado por Maslov) solo porque sea campeón con un 4-4-2. Las lesiones de los futbolistas pueden hacer que el equipo y el estilo sean inestables. Solo una cosa es segura: el Dnipro no divide sus líneas entre quienes atacan y quienes defienden. Aquí no tenemos diferenciación entre delanteros y centrocampistas. Todos deben llegar en posiciones cómodas a la punta del ataque, así que me lo planteo como un carrusel”</i>. Fue en el Dnipro donde Lobanovskiy pronunció uno de sus memorables aforismos: <i>“La forma de alcanzar el objetivo es la preparación de atletas polivalentes, preparados atléticamente en los sincronismos con o sin pelota, de manera que cada jugador sepa siempre dónde pasarla antes de recibirla y el equipo sepa cómo, dónde y cuándo atacar y defender. A veces la gente dice que el significado del fútbol es sólo el ataque, pero está más cerca de la verdad decir que cuando poseemos la pelota, estamos atacando, y cuando nuestros oponentes tienen la pelota, estamos defendiendo. A partir de este fundamento, la estrategia de fútbol se deriva: ¿cómo, dónde y cuándo atacar o defender? Lo más importante en el fútbol es lo que un jugador está haciendo en el campo cuando no está en posesión de la pelota, no al revés. Así que cuando decimos que tenemos un excelente jugador viene del siguiente principio: 1% talento y el 99 % trabajo duro”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">El cambio fue imponente y, aunque el Dnipro estaba en la tercera categoría, las innovaciones tácticas de Lobanovskiy abrieron una brecha generacional que, a largo plazo, provocó que la vieja escuela soviética asumiera los postulados del técnico ucraniano. Referentes como Beskov, Sevidov o Yakushin debieron reciclarse mientras una corriente juvenil, desencadenada por Lobanovskiy desde Dniepropetrovsk, cristalizaba en poco tiempo en figuras como <a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/Oleh_Bazylevych">Bazilevich</a>, Malofeyev, Sadyrin… En una década, entre 1970 y 1980, el fútbol de la URSS regeneró sus sistemas de preparación y esculpió una nueva cultura nacional, reconocible, con sus facciones y un patrón de estilo. </p>
<p style="text-align: justify">El nombre del joven <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/lobanovskiy/">Lobanovskiy</a> se expandió y ganó reputación. Su Dnipro hacía cosas que nadie había intentado en el campo metodológico. Allí se comenzaron a grabar en vídeo los partidos para su análisis. El equipo empezó a concentrarse en las primaveras en Sochi, para unas pretemporadas modernas. Y se alimentó un sentimiento de pertenencia a un vestuario, como si fuera una hermandad: en cada cumpleaños, el futbolista del Dnipro recibía del Lobo un bonito pastel, flores y una carta de felicitación. En dos años, un doble ascenso puso al Dnipro de Lobanovskiy en la elite soviética, la Top League. En su debut de 1972, acabó sexto, semifinalista de Copa y se confirmó como la alternativa ucraniana que acabó inclinando, a partir de entonces, el eje Moscú-Kiev hacia el occidente. Ese año ganó su única liga el <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/FC_Zarya_Lugansk">Zarya de Voroshilovgrado</a> (ahora Lugansk) y el Dynamo de Kiev fue subcampeón. Al contrario que sucedió con los clubes moscovitas, el fútbol se centralizó en Kiev con propósitos regionalistas y el Partido Comunista de Ucrania establecería una red en la que el Dynamo era el epicentro y los demás clubes, casi todos con sugerentes centros de formación, como el Dnipro, pasaron a actuar como sucursales. El mejor material ucraniano debía vigorizar al Dynamo en esas tensiones futbolísticas entre Kiev y Moscú que durarían casi 20 años. </p>
<blockquote><p>La disciplina y meticulosidad táctica de Lobanovskiy comenzaron a ser famosas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En esa temporada magnífica del debut, el Dnipro reunió, entre otros, al potente centrocampista Román Szniejdierman o al combativo delantero Valeriy Porkujan, hombre de confianza de Lobanovskiy (ex compañero de equipo suyo en Odessa). Con ellos, Lobanovskiy articuló un equipo levantado sobre los tres pilares de su método: la meticulosidad táctica, la disciplina y la preparación física. Ningún sistema de entrenamiento de la época ponía el acento tan exhaustivamente en el aspecto físico. Fue aquí donde el carácter científico y objetivo de su metodología adquirió toda su relevancia, con Dniepropetrovsk como cuna. Un hombre apareció en la vida de Lobanovskiy: <a target="_blank" href ="http://www.kaisermagazine.com/retroblog/dinamo-kiev-historia-lobanovsky-cosmonautas-blokhin/">Anatoliy Zelentsov</a>, profesor decano del Instituto de las Ciencias Físicas de la ciudad, un experto en bioenergética y psicología que había destacado en el lanzamiento de jabalina en sus tiempos juveniles. Si Lobanovskiy fue el corazón del nuevo fútbol soviético, Zelentsov fue el cerebro. Después de conocerse, presentados por Bazilevich, ya nunca se separaron.</p>
<p style="text-align: justify">En sus primeros contactos en el Dnipro, Zelentsov animó a Lobanovskiy a implantar todo tipo de sistemas evaluables de control, previsión y gestión. Le recomendó recortar el tiempo de las sesiones de entrenamiento: como en todas las áreas productivas de la URSS, en el fútbol también se confundía cantidad con calidad. Lobanovskiy comenzó a aplicar así en 1972 el <i>‘método Zelentsov’</i> en el Dnipro al mismo tiempo que lo hacía el históricamente olvidado Bazilevich en el Shakhtar. Al año siguiente del ascenso de Lobanovskiy a la Top League, llego el suyo. Y cuando el Lobo se marchó a Kiev incorporó a su viejo amigo al cuadro técnico. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Postulaba que el error del rival era clave para jugar como quería</span>Poco a poco, en el Dnipro, ya con Zelentsov de apoyo teórico y práctico, Lobanovskiy fue configurando los principios de su método. Diseñó así tres teorías del pressing: la falsa presión, la media presión y la presión total. Su secreto fue coordinar las tres. La presión total consistía en lanzarse contra el rival en su campo, la media la aplicaba cuando el oponente entraban en su terreno y la falsa consistía en vigilar pasivamente al hombre del balón para animarlo al pase sencillo y proyectar entonces sobre los receptores la presión. Esa mecánica de presiones definiría luego al Dynamo de Kiev, donde Lobanovskiy <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/04/25-aniversario-del-milan-5-0-real-madrid-arrigo-sacchi/">adelantó los relojes casi 20 años</a>: la presión no funcionaba como un arma defensiva sino ofensiva. El robo avanzado descorchaba el libreto de jugadas de ataque. <i>“Lo primero que tenemos en mente es luchar por nuevas acciones que no permitan al oponente adaptarse a nuestro estilo de juego. Si un rival lo consigue y encontraremos una ‘contrajugada’. Esa es la dialéctica del juego. Tienes que evolucionar de tal manera y con una gama de opciones de ataque que obligue al oponente a cometer un error. En otras palabras: es necesario forzar al rival a hacer aquello que queremos. Una de las herramienta más importantes para hacerlo es variar el tamaño de la zona en la que juguemos”</i>. Esto lo escribió Lobanovskiy hace 40 años. Junto a Zelentsov, elaboraron <i>‘The Methodological Basic of the Development of Training Models’</i>, la obra fundacional del fútbol soviético moderno. </p>
<p style="text-align: justify">Un manual que conjuga táctica, biología (temas como las reacciones en la corteza cerebral de un futbolista creativo, los valores sanguíneos óptimos para el esfuerzo según demarcación, las respuestas metabólicas), psicología, sistemas de formación, áreas de entrenamiento (fuerza, velocidad, resistencia, coordinación), algoritmos a aplicar en función de los partidos, técnicas de memorización para automatizar el juego… Lobanovskiy y Zelentsov calcularon incluso el número ideal de jugadas para cada modelo de juego: cuántas acciones de pase corto o largo adelante o atrás, cuántos regates, cuántas recuperaciones, cuántos cabezazos… Fue la robotización del fútbol. Todo estaba cuantificado, otorgando un coeficiente en función de cada acción (pérdida, pase, recuperación, distribuciones…). Esto ayudaba a crear perfiles técnicos objetivos que determinaban desde los fichajes y las salidas a las alineaciones. </p>
<p style="text-align: justify">Este intensivo método no se perfeccionó hasta los años de Kiev, ya con la ayuda de la computación. Zelentsov sintetizó allí el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/media/artic/entrenamiento-lovanovskiy.jpg">fútbol en diagramas</a>, tablas comparativas, juegos de probabilidades, conclusiones estadísticas, esquemas aritméticos y fluctuaciones analíticas. Todos los aspectos clínicos se filtraban por los primitivos ordenadores de Zelentsov en los años 70: los disparos a puerta, los robos, los centros desde un sector, los pases adelante, atrás, a tal compañero, en tal dirección, los tackles, los porcentajes de seguridad en las entregas, los metros recorridos, las veces que tocaba la pelota un central, un lateral, el delantero centro… También, los modelos psicológicos actualizados de cada futbolista, las variables de su estado físico… Fichar y jugar para Lobanovskiy era como pasar las pruebas del carné de conducir. <i>“Hay muchas maneras de medir el estado físico de un futbolistas. Análisis de sangre, cuánto corre, cómo salta… yo prefiero un ordenador”,</i> opinaba Zelentsov. </p>
<blockquote><p>Su revolución causó impacto por los métodos&#8230; y los resultados.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Todo se medía a través de números y tablas</span>Para Lobanovskiy, este cientificismo exagerado resultaba irrebatible. Entendía el juego como un aparato colectivo basado en las pequeñas coaliciones y asociaciones que se dan en los diferentes subsistemas englobados dentro de un gran bloque táctico. <i>«Cuando yo era futbolista era difícil evaluar a los jugadores. El entrenador podría decir que alguien no estaba en el lugar correcto en el momento adecuado, y el jugador podría estar en desacuerdo con sencillez. No hubo ningún video, no hay métodos reales de análisis. Pero hoy en día los jugadores no pueden oponerse. Ellos saben que la mañana después del partido la hoja muestra todas las cifras que caracterizan su obra. Si el centrocampista ha cumplido sesenta acciones técnicas y tácticas en el transcurso del partido, entonces él no ha estado en forma. Está obligado a hacer un centenar o más”</i>, defendía. Sus fríos cálculos no dejaban escapar nada. Si un partido debía empatarse, se empataba. Deshuesaba datos, situaciones posibles y escenarios futuros que le permitían inducir incluso el resultado óptimo: Tenía la fórmula: <i>“Un equipo capaz de mantener su tasa de errores por partido en un 16-18% resulta prácticamente imbatible”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Lobanovskiy renunciaba a los futbolistas lentos y estáticos, creía que, en función del oponente, podía ejecutar un golpe maestro adelantando a un central al centro del campo, instalando a un mediocentro defensivo como central o volcando al extremo a un delantero con poca finalización, pero buen ritmo. También creía que la educación táctica debía graduarse, desvinculaba fluidez de anarquía, dividía el terreno en nueve sectores (tres por carril) para estudiar las frecuencias posicionales, y los solapamientos, los ataques en oleada que tanto caracterizaron su obra (jugadas con hasta cuatro pases horizontales en carrera, como si fuera rugby, que empezaban en una banda y acababan con el gol en la otra y transformaban el 4-4-2 en un 2-2-4), debían limitarse para minimizar riesgos de contras…. En su libro <a target="_blank" href ="http://editorialcontra.com/producto/futbol-contra-el-enemigo/">‘Fútbol contra el enemigo’</a>, cuenta Simon Kuper: <i>«Zelentsov tenía la premisa de que invertir una fracción de segundo en pensar era excesivo en el fútbol moderno, así que el jugador debe saber a quién y dónde pasar antes de recibir el balón. Con este fin, los jugadores del Dynamo tuvieron que memorizar jugadas, como si fueran jugadores de fútbol americano”</i>. No obstante, todos estos postulados no fueron redondeados hasta la época de Kiev. </p>
<p style="text-align: justify">En sus conversaciones del año 1972 con Bazilevich, Lobanovskiy le aseguró que su Dnipro asimilaba bien el ‘método Zelentsov’: <i>“Somos superiores a los rivales en movimiento, volumen e intensidad de las acciones técnicas y tácticas. Lamento que el nivel intelectual y técnico de los intérpretes sea limitado”</i>. Y, antes de colgarle el teléfono, añadió: <i>“¿Cómo sería trabajar con buenos futbolistas?”</i>. No tardaría en descubrirlo, cuando los jefes del Partido Comunista de Ucrania acordaron que era el hombre ideal para <a target="_blank" href ="http://www.diariosdefutbol.com/2009/09/29/lobanovskyi-el-mito-que-surgio-del-frio/">poner a Kiev en la geografía europea del fútbol</a>. Dejó atrás Dniepropetrovsk, la ciudad en la que vivió rodeado de científicos y del sentido marxista del trabajo. Una experiencia que constata hasta qué punto el contexto sociopolítico puede determinar algo más que el modo de entender el fútbol que tenía. También, la misma evolución histórica de este deporte. Kiev sería la estación central para eso. </p>
<p style="text-align: justify">Y, allí, fue donde el Lobo lanzó el telúrico aullido que aún retumba en cada esquina de una cancha. </p>
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		<title>El hombre viento</title>
		<link>http://www.ecosdelbalon.com/2015/05/thomas-muller-continua-adaptacion-atacante-bayern-munich-alemania/</link>
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		<pubDate>Tue, 12 May 2015 02:05:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[abemos de su inteligencia, astucia, ferocidad, sigilo, determinación, fiabilidad, viveza. De la devastación de su diagonal, de su puntualidad en el remate y su interpretación de los espacios. De cómo se mueve entre la sombras, fantasmagórico, silencioso, letal, como si te esperara a la salida de un callejón. Pero, cuanto más creemos saber de él, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">S</span>abemos de su inteligencia, astucia, ferocidad, sigilo, determinación, fiabilidad, viveza. De la devastación de su diagonal, de su puntualidad en el remate y su interpretación de los espacios. De cómo<span id="more-167226"></span> se mueve entre la sombras, fantasmagórico, silencioso, letal, como si te esperara a la salida de un callejón. Pero, cuanto más creemos saber de él, menos lo conocemos. Cuando lo vimos las primeras veces creímos que su afilada zancada concentraba todo el jugo de su fútbol. Louis Van Gaal <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/09/historia-louis-van-gaal-entrenador-bayern-munich-lahm-schweinsteiger-robben-ribery/">se asomó a la incubadora de talentos</a> como en tantas otras ocasiones y detectó en <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/muller/">Thomas Müller</a> (Weilheim, 1989), nuestro hombre, un secreto oculto. Aquella apuesta nos dio otra pista: ese futbolista debía reservar algo más que los rasgos propios de la caballería ligera germana. Lo desvelamos rápido. La raíz del fútbol de Müller no nacía ni en el tensado de su pisada ni en el motor de su ingeniería, sino en el mapa neuronal de su cerebro. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Müller es un goleador que no vive en el área y un extremo sin regate</span>Han pasado el tiempo y los partidos. Müller se especializó en asaltar las Copas del Mundo armado con goles nacionales, en conjugar remates y asistencias en el Bayern de Múnich de la Copa de Europa y la Bundesliga, y en configurarse como uno de los futbolistas con el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/08/thomas-muller-pep-guardiola-sistema-bayern-munich-supercopa-chesea-mourinho/">reloj competitivo más exacto </a>de nuestros tiempos. Sin embargo, seis temporadas después de su consolidación en el primer equipo del cíclope alemán, hay algo inmutable en él. Continúa siendo el mismo futbolista indescifrable de los primeros días: es un goleador que no vive en el área; sobresale como extremo sin la electricidad del regate y la erupción de un desborde; y luce en la mediapunta pese a que carece de la sensibilidad técnica y las inspiraciones naturales de los jerarcas de la posición. </p>
<p style="text-align: justify">Todo esto nos pone delante de un jugador tan poco ortodoxo y tan exclusivo que se escapa de los límites de lo convencional. Es inimitable. No hay taller capaz de fabricar una copia de alguien cuyo fútbol desconcertante y contradictorio representó, desde el principio, un anguloso desafío <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/05/emotivo-regreso-pep-guardiola-a-barcelona/">para Josep Guardiola</a> en su desembarco en el Bayern Múnich. Nadie como Müller dentro de la elite de la plantilla bávara escondía un contenido tan poco compatible con la filosofía y el ideario del entrenador catalán. Aunque el fútbol de Pep tiende a licuarse y expandirse como si no hubiera leyes geométricas que lo soporten, como si en ese escenario de aparentes libertades Müller residiera en un paraíso espacial, todo el patrón de Pep tiene un <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/11/pep-guardiola-barcelona-charles-xavier-x-men-parecidos-heroes/">insobornable ordenamiento cartesiano</a>, donde la fijeza de las posiciones funcionan como un íntimo catecismo. </p>
<blockquote><p>En cierta medida, Müller era un reto para Guardiola. Y Pep para Thomas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Guardiola creyó observar en Müller un potencial interior de juego de posición. No tardó en cambiar de plan para un futbolista cuyo peso específico dentro de la cultura popular del club bávaro era tal que sería complicado encontrar sólidos argumentos ante un eventual sacrificio. A Müller había que encontrarle un sitio. Y en realidad, la pasada temporada, lo tuvo. Aunque siempre reinó la impresión de que las lesiones le ahorraron embarazos a Pep en <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/04/analisis-tactico-guardiola-contra-el-real-madrid-bayern-munich/">la <i>‘cuestión Müller’</i></a>, nunca transmitió el atacante alemán las certezas de un titular. La tendencia a la anarquía y ese instinto salvaje que gobierna cada uno de sus impulsos sobre el campo cortocircuitaron el programa de Pep para adecuarlo como un volante interior. A ello, se le unía un problema atávico: Robben y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/01/frank-ribery-daredevil-parecidos-heroes/">Ribery</a>, el rey y la dama en el Bayern, nunca mezclaron con el alfil Müller en el mismo tablero. Ya desde tiempos de Van Gaal este rechazo a la reunión de los tres astros fue una astilla clavada en las carnes del Bayern. </p>
<p style="text-align: justify">En definitiva, Müller acabó con Pep en un extremo o como escudero de Mandzukic. Es complejo, tanto como nuestros protagonistas, identificar las causas del experimento fallido. ¿Cómo un futbolista como él, con su sabiduría táctica, colisionaba con Pep? En alguien tan paradójico como Müller debía guardarse las respuestas: ni tenía la exactitud en el pie ni la contención en el alma para moverse en esas zonas de peso creativo en el Bayern de Guardiola. O volaba o dormía. Conocimos así finalmente que Thomas tendría detalles de centrocampista pero nunca sería uno de ellos. </p>
<p style="text-align: justify">Aunque parezca lo contrario, Müller tiene mucho de indomesticable, como si ejerciera de espíritu impulsivo encerrado dentro de un cuerpo racional. Sin embargo, la capacidad imprevisible de Müller es inagotable. Esto lo eleva como un futbolista fascinante: en los últimos meses, hemos asistido a cómo Thomas gana peso dentro de los postulados de Guardiola. Marca goles como siempre, pero asiste y participa como nunca. La cosa ha sido así: Pep ha matizado su equipo en clave alemana, subiéndolo de revoluciones, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/05/analisis-tactico-luis-suarez-luis-enrique/">y al Bayern llegó Lewandowski</a>, un delantero de fragmentación. El socio ideal para la vocación exploradora de Müller. </p>
<p style="text-align: justify">Así vivimos unos días en los que Thomas ha confirmado aquello que sospechamos de él: es un producto de la evolución. Un monumento darwinista. Capaz de adaptarse para sobrevivir incluso dentro de un ecosistema tan hostil para él como los construidos por Pep Guardiola. Esto es lo que hace original a este futbolista, ahora cómodo cerca de Lewandowski, jugando más que nunca como un segundo delantero con ciertas exigencias estratégicas (<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/05/analisis-tactico-fc-barcelona-3-bayern-munich-0-messi/">como observamos en el Camp Nou</a> con su misión de garantizar la amplitud de su equipo en la derecha). O formando con el polaco una doble punta abierta cuando Pep ha probado su diamante utópico: Alonso, Ribery, Robben y Gotze. </p>
<blockquote><p>Su evolución táctica, desde Van Gaal a Guardiola pasando por Low y Heynckes, es compleja.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Fue fundamental en el gol de Mario Gotze con una asistencia fantasma</span>Un día le preguntaron a Müller si sería capaz de definirse. Nadie ha sido capaz aún de encontrarle la página adecuada en el catálogo del fútbol, pero Joachim Löw, el seleccionador de Alemanía, se aproximó en una ocasión: <i>“No es un futbolista creativo, aunque es un creador”</i>. Hay un gol que resume esta acepción de Müller. Y no lo marcó él. Fue en la final de la Copa del Mundo entre Alemania y Argentina. La pelota le cayó a Schürrle en el flanco izquierdo. Götze se alejó de él y, entonces, un relámpago recorrió el cuerpo de Müller. Lo interpretó todo como las personas que leen los libros en diagonal: Müller <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=2mTLO2F_ERY">se convirtió en viento</a> como tantas veces, corrió hacia Schürrle en dirección contraria a la lógica y arrastró entre la hojarasca a Demichelis. Cuando el central argentino comprendió que es imposible perseguir al viento, ante Götze se abrió el espacio que almacenaba un Mundial. En dos segundos de prodigiosa lucidez, con un par de zancadas, Müller había desarmado <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/analisis-tactico-final-mundial-2014-alemania-1-argentina-0-gotze/">el partido más importante</a> que tiene el fútbol. Comprendimos en ese momento, con una de esas asistencias fantasmas, pues el pase lo dio Schürrle aunque el gol lo fabricó Müller, que Thomas no solo es el viento invisible, furioso y juguetón que recorre los espacios imposibles, aquellos que nadie ve, los terrenos intermedios en los que solo él sabe aparecer. También es la corriente ventosa que todo lo derrumba y arrastra: detecta los espacios para él (su infalible diagonal es su mejor autógrafo), pero también para los demás. Un huracán. </p>
<p style="text-align: justify">A este futbolista compuesto de aire en movimiento, decíamos que le solicitaron en una entrevista que se concretara como futbolista. Para alguien con un juego tan insólito no significó demasiado esfuerzo encontrar una respuesta insólita: Müller se inventó el nombre de su propia demarcación, un privilegio al alcance de casi nadie en la historia de este deporte. Müller se autoproclamó <i>‘raumdeuter’</i>. Una traducción libre nos habla de un <i>“intérprete del espacio”</i> o <i>“investigador del espacio”</i>. Ahora, el videojuego Football Manager incorpora entre sus roles el <i>“buscador de espacio”</i>, el <i>‘raumdeuter’</i>, la posición parida por Thomas Müller: un delantero que se mueve como una ventisca, invisible, volando entre los territorios despoblados, barriendo todo el frente del ataque, soplando imprevisible cuando gira una esquina, que grita gol entre el silencio de sus pasos, el rey del segundo palo, alguien a quien nadie advierte, pero todos sienten. Así es Müller, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=sc2zI1VCGbM">el bicho más raro</a> de una lujosa y contracultural generación germana, pero en la que él es el más alemán de todos: con una mentalidad de acero, una rubia mirada, determinante como un martillo, eficiente como la vieja maquinaria del fútbol nacional, incansable en el desgaste y tan frío en las celebraciones de los goles que parecen un castigo. Como si congelara la felicidad con el soplo de una gélida ráfaga de las cumbres de Baviera. Al fin y al cabo, posee el apellido más alemán y mejor sinónimo de gol: Müller, el mismo que comparte con el hombre de piernas macizas que le entregaba chocolatinas en las instalaciones de Säbener Strasse cuando él tenía diez años. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/04/historia-gran-bayern-munich-anos-setenta-beckenbauer-muller-maier-hoeness-rummenigge/">Su nombre era Gerhard y lo llamaron Torpedo</a>. Y no estaba hecho de viento, sino de goles. </p>
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		<title>El campeón soy yo</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Dec 2014 02:55:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Los sueños se van con la noche. Y tan solo queda una bruma lejana e inatrapable”, O. Soriano. n armario ropero con pocos trajes, un surtido infinito de gorras, cachuchas y viseras, y el chandal como manifestación textil de su vocación obrera y esforzada nos puede servir para acercarnos a la persona y leyenda de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong><i>“Los sueños se van con la noche. Y tan solo queda una bruma lejana e inatrapable”</i>, O. Soriano.</strong><span id="more-149567"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">U</span>n armario ropero con pocos trajes, un surtido infinito de gorras, cachuchas y viseras, y el chandal como manifestación textil de su vocación obrera y esforzada nos puede servir para acercarnos a la persona y leyenda de <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Timoteo_Griguol">Carlos Timoteo Griguol</a>, el viejo que ya era tal cuando fue joven por su carisma paternal, el respeto de su voz y la caudalosa sabiduría de las ideas. Cuando uno observa al Griguol de hace cuarenta años y al último, al que se bajó del fútbol hace un tiempo escaso, casi no aprecia contrastes. Es lo mismo: un padre, un viejo, un sabio. Y una gorra. Alguien que con su Ferro Carril Oeste, a principios de los ochenta, le metió un pulso rotundo a los poderes del fútbol y del periodismo de Argentina, construyendo un equipo alejado de todos los dogmas, que salió dos veces campeón, que implantó una tercera vía en el juego y que de tan chico que era debió combatir contra su historia y contra la de todo el fútbol de un país resistente a esas osadas ambiciones. Argentina siempre fue River, Boca, Independiente, Racing y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/12/recorrido-analisis-san-lorenzo-edgardo-bauza-campeon-libertadores-participante-mundialito-clubes/">San Lorenzo</a> hasta que los amagos rebeldes y breves de Estudiantes, Newell’s, Rosario Central, Quilmes, Huracán o Chacarita rompieron ese <i>‘status quo’</i> ancestral. La epopeya de Ferro Carril Oeste entre 1981 y 1985 con Griguol como piloto de la locomotora fue otro grito eventual, pero permanece agarrado en la memoria porteña por la profundidad de su significado: el Ferro de Griguol forjó su época triunfal a su manera, desmarcándose de las corrientes y tensiones de las antonimias tan comunes en el fútbol argentino. Griguol, en definitiva, abrió su propio espacio. No fue un lírico ni un resultadista: fue todo ello sin nada de eso. Y le bastó para alzarse campeón del Nacional ’82 y del Nacional ’84 o derribar los dominios de River y Boca con un club austero, barrial y con alma, durante ese tiempo, de perseguido por el periodismo.</p>
<blockquote><p>El Ferro Carril Oeste de Griguol abrió una tercera vía en el anquilosado fúbol argentino.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El relato es capital en el fútbol argentino</span>Argentina ha moldeado la identidad histórica de su fútbol a través del relato. La palabra escrita ha pesado tanto como las pelotas redondas. En las primeras décadas del siglo pasado, las páginas sepia de <i>«El Gráfico»</i> contribuyeron a romper con la escuela inglesa, académica y rígida, y suplantarla por una cultura nacional del juego, La Nuestra, la ley del engaño, la improvisación, las inspiraciones personales y los códigos del potrero. Las letras fueron su mejor refugio. La inflexible catequesis de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">Dante Panzeri</a> defendió esa escuela. Surgieron mitos alados, como La Máquina de River o la selección de los Carasucias. Más tarde, los cuentos y viñetas de Fontanarrosa colorearon de popularidad y literatura esa identidad. Y Osvaldo Soriano le dio carácter inmaterial a esas historias con sus párrafos de marfil. Hasta que explotó la dinamita que dividió el país en dos: el debate entre lo romántico del lirismo y la eficacia de un resultado confirmó lo complicado de entenderse con un argentino si no suelen ser capaces de conseguirlo entre ellos. Así, el fútbol argentino avanzó movido y determinado por la lucha de facciones, impecablemente representada por los dilemas filosóficos <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=DhFOmGEn9yA">entre Menotti y Bilardo</a>. Argentina fue siempre fútbol relatado y su narrativa se encapsuló entre esas indisociables posturas, excluyendo sus actores (los entrenadores, los dirigentes, el periodismo…) a cualquier intento renovador y alternativo. Las letras, por lo general, decían qué estaba bien o qué estaba mal. </p>
<p style="text-align: justify">A la entrada en los años 80, venía Argentina de un periodo entusiasta en el fútbol. La década de los años 70 había traído la primera Copa del Mundo, con Menotti de seleccionador. Aunque ese equipo no fue una representación viva y luminosa de los ideales de La Nuestra, conservaba algunos de sus rasgos y se alimentaba de futbolistas criados en clubes que sí había exhibido ese <i>“regreso a las fuentes”</i> durante esos años: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/huracan-campeon-1973-menotti-houseman-estetica-futbol/">el Huracán de Menotti</a>, el River Plate y el Rosario Central de Labruna o el Boca Juniors de Rogelio Domínguez. Todos ellos conformaron un periodo de reciclaje, en lo que se llamó la <i>“etapa del lirismo”</i>, un giro contrarrevolucionario con el que retomar el hilo perdido en los años 60, cuando Argentina abandonó La Nuestra y sufrió el zarandeo de la crisis de pensamiento provocada por el desastre de la Copa del Mundo de Suecia 58. Habían sido los tiempos de dominio del Estudiantes de Zubeldia, el Racing de Pizzuti, la selección de J.C. Lorenzo y futbolistas telúricos como Rattin, Aguirre Suárez o Bilardo, diferentes modos de reacción alérgica a los valores que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/01/river-plate-boca-juniors/">La Nuestra</a> había expresado antes en los 40 y 50. El fútbol argentino tomó en ese periodo el camino del juego restrictivo, pragmático, con acento en lo táctico y lo premeditado, con hueco para el cinismo, la provocación o la intimidación, para los atajos hacia el resultado…</p>
<p style="text-align: justify">El Ferro de Griguol fue uno de los equipos que cerró la puerta a los líricos años 70 junto <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">al Estudiantes de Bilardo</a>. Sublimó la idea del juego como una exposición colectiva y práctica. Griguol no se opuso a los atrevimientos creativos –Ferro producía ataques dinámicos, ligeros y con cierto arrebato estético-, aunque esas declaraciones debían partir de una respuesta coral, compartida. <i>“Los jugadores son la base. Y para alcanzar los más altos niveles ya no sirve solo con el talento individual. Creemos en la gambeta, en el toque, en la marca, en el cabezazo, en el pique, la pausa, en todo lo que implica el fútbol, pero todos unidos detrás del objetivo mayor: el equipo”</i>, resumía Carlos Timoteo al poco de desembarcar en el club. </p>
<blockquote><p>La idea del técnico cordobés era colectiva, marcado en parte por las condiciones de sus jugadores.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Ante todo, el <i>verdolaga</i> de Griguol fue un equipo de estructuras robustas, compacto, con una insobornable apuesta por el gregarismo y el blindaje defensivo. Ferro fue el equipo menos goleado del fútbol argentino en el 90% de los campeonatos que se celebraron entre 1981 y 1985, con un promedio de menos de un gol encajado por partido. Su portero, <a target="_blank" href ="http://www.diariopopular.com.ar/notas/202370-el-record-barisio-ya-cumplio-33-anos">Carlos Barisio</a>, nada del otro mundo (<i>“un portero sin manos”</i>), cerró su portería en el torneo Metropolitano ’81 durante 1.075 minutos seguidos, una marca aún récord en la Primera División argentina y una de las diez mejores de la historia del fútbol mundial.</p>
<p style="text-align: justify">Sus jugadores eran poliédricos, ajustables a varias funciones y dibujos, con un acusado perfil colectivo, pero no suprimía la inspiración de talentos técnicos individuales como Márcico o Miguel Juárez. El Ferro de Griguol bordó el orden y la solidez, se movió con unos automatismos internos inéditos en el fútbol argentino. Era una <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2002/10/12/d-01601.htm">maquinita práctica y eficiente</a>, de envoltorio adusto y metálico, aunque con unos engranajes conmovedores, bien engrasados y con instantes de fútbol apasionado. Esto último apenas se le tomó en cuenta a Ferro. Al equipo de Griguol se le colgó una etiqueta injusta de escultura del bostezo, fútbol de plomo y aburrimiento dominical. Ese fue el otro partido que jugó Griguol: el combate <a target="_blank" href ="http://somosriverparatodos.blogspot.com.es/2014/03/en-clarin-no-se-podia-elogiar-al-ferro.html">contra el Grupo Clarín</a>. La gran lanza periodística del país cuestionó el <i>‘antifútbol’</i> de Ferro, un equipo cuyas victorias no alcanzaban el valor comercial de los éxitos de Boca o River, masas sociales amplias, hambrientas de triunfos y buenas letras sobre sus colores. Griguol siempre aceptó ese juego con el periodismo, aunque lo entendió como desproporcionado, impertinente y vengativo. Tenía parte de razón.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Cuando apareció Ferro, los grandes estaban viviendo tiempos duros</span>Los años de oro de Ferro coincidieron con la crisis de los grandes. Fue una época en la que Boca sufrió severidades económicas y debió vender <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/11/el-diego/">a Maradona</a> al Barcelona. Una huelga de futbolistas asfixió River, también con angustias financieras y forzado a traspasar a Ramón Díaz al Nápoles, a Passarella a la Fiorentina y a devolverle al Valencia a Mario Kempes. Los Millonarios rozaron el descenso en 1982: les salvó la imposición de los promedios, una regla ajustada a la medida de los grandes de esa época con el objetivo de sujetarlos a Primera. Aun así, Racing y San Lorenzo bajaron. Los gigantes temblaban. Solo Independiente se mantuvo con regularidad arriba desde 1981. Junto a Argentinos Juniors, ejercía de bandera del <i>“fútbol bien jugado”</i>, mientras que Ferro y Estudiantes quedaban como guardianes del <i>‘tacticismo’</i> y las prioridades defensivas. Las atávicas divisiones. Tampoco el país vivía días serenos. Antes de la <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2010/01/por-que-brasil-82/">Copa del Mundo de 1982</a>, Argentina era un volcán: la guerra de las Malvinas, la convulsión social, una devaluación del peso del 30%, una inflación del 131%&#8230; El deterioro social, político y económico envolvieron el tiempo en el que el Ferro de Griguol cogió impulso. </p>
<blockquote><p>Griguol llegó a Caballito con el objetivo de mantener en Primera al equipo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Al Viejo lo llamaron en 1980 desde Caballito, céntrico barrio donde Ferro plantó su estación en 1904 y donde se levantó su cancha, la más antigua aún vigente en Buenos Aires, El Templo. Venía de Kimberley sin mucho aval reciente. Había ganado el Nacional del 73 entrenando a Rosario Central, con un equipo al que llamaron <a target="_blank" href ="http://www.arribacentral.com/index.php?go=a&#038;id=103"><i>‘Los Picapiedras’</i></a> por su fútbol rugoso y combativo. Pero su elección fue ante todo una cuestión de carácter. Ferro tenía tradición de club austero y el presidente Santiago Leyden buscaba alguien de perfil bajo, con buena ascendencia en las políticas de cantera y con un talante frugal, riguroso y pedagógico. Griguol cumplía eso. En este lustro apoteósico, las inferiores fueron bandera de Ferro: Saccardi, Óscar Garré (campeón mundial en el 86), Carlos Arregui, Cúper, Crocco, Marchesini, Noremberg&#8230; Varios ellos se vistieron de internacionales con la albiceleste. </p>
<p style="text-align: justify">Fue clave en la llegada de Griguol a Caballito el entrenador de la sección de baloncesto, <a target="_blank" href ="http://www.solamentebasquet.com/a-15-anos-del-adios-de-leon-najnudel/">León Najnudel</a>, quien sugirió el nombre y quien se convertiría en una figura esencial en la fabricación de una de las armas que identificaron a ese Ferro: el balón parado. Griguol se trajo a Caballito a uno de sus fieles compañeros de su época de centrojás en Rosario Central, cuando también el Trinche Carlovich jugaba con ellos: <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Aimar">Carlos Aimar</a>. Él fue su ayudante de campo, un hombre con el temperamento ideal para compensar las relaciones humanas con el vestuario. El triángulo de trabajo lo completaba el profe Luis María Bonini, un preparador físico de cuyo método salió otra de las claves de ese equipo: su fortaleza y su resistencia. </p>
<p style="text-align: justify">Venía para no descender y Griguol solicitó que no se vendiera a nadie. Rápido, consiguió una sintonía exacta con el plantel. No hay exfutbolista del Viejo de aquella época que hable mal de él. Cuidaba a los jugadores como a un hijo. Si alguno llegaba al predio de entrenamiento con algún vehículo de alta gama a prueba, le recomendaba que mejor invirtiera en viviendas su dinero. Sugería a los futbolistas que leyeran, que estudiaran, que vigilaran sus ahorros&#8230; <i>“Yo les exijo a los chicos que hagan un curso de algo, que aprendan algún oficio. No acepto que vengan y me digan que lo único que saben es jugar al fútbol. Hay que estar preparado para la vida”</i>, reflexionaba el Viejo. </p>
<p style="text-align: justify">En 1981, Ferro ya era el equipo argentino con mejores números, sumando todos los torneos. A calendario corrido hubiera ganado un campeonato de dos vueltas. Sin embargo, Boca y River –plagados de estrellas como Maradona, Brindisi, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/argentina-holanda-rivalidad-mundiales-1974-1978/">Kempes</a>, Passsarella, Díaz, Gallego&#8230;- se repartieron el Metropolitano y el Nacional, con Ferro doblemente subcampeón. Fue el aviso. Los de Griguol ya se definían por su juego. En su identidad, había tres cuestiones innovadoras para Argentina: la sistematización del ‘pressing’, los entrenamientos con pesos y lastres, y las jugadas de pelota parada. Esto último fructificó de las conversaciones de Griguol con León Najnudel, de quien importaba conceptos del baloncesto como los bloqueos o los arrastres para aplicarlos a su pizarra de la estrategia. La presión, no obstante, era la piedra angular de su ideario y <a target="_blank" href ="http://revistauncanio.com.ar/sic-sic/simplemente-el-viejo/">así la entendía</a>: <i>“En el fútbol de ahora hay que hacer maravillas en un metro cuadrado. En el fútbol de antes había espacio para tirar para el techo. En la época en que yo jugaba, un futbolista solo quedaba encerrado en un metro cuadrado cuando entraba al baño”</i>.</p>
<blockquote><p>La versatilidad y la polivalencia definían al Ferro Carril Oeste de Griguol.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Su equipo tenía una exactitud táctica poco vista en Argentina</span>Entre 1981 y 1984, Ferro ganó 105 partidos, empató 75 y perdió 32. Anotó 312 y lamentó 152. Uno de los méritos capitales de Griguol fue <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=NaHl3Po52OQz/">ganar el Nacional de 1982</a> (invicto, como pocos equipos han logrado en Argentina) y repetir dos años después a pesar del desmantelamiento del equipo antes campeón. Cambiaron los jugadores, pero no las esencias. Griguol perdió al goleador Miguel Ángel Juárez –su gran apuesta al fichar por Ferro en 1980-, a una institución como ‘Cacho’ Saccardi, a Crocco y a Rocchia. Cuatro titulares de primer orden. Aunque el equipo decayó algo en 1983, un año después volvía ser la misma máquina de competir, con sus valores y su estilo: no era un equipo con una vistosidad continua, pero carburaba como una obra de ingeniería. Todo movimiento tenía un registro en la memoria del equipo. Las coberturas y los relevos posicionales eran seda pura. <i>“A los jugadores que no tienen talento hay una sola manera de respaldarlos: haciéndoles sentir la confianza de la mecanización. Nuestras razones eran orden, respeto, disciplina. El lema siempre era mejorar lo anterior”</i>, analizaba Griguol. Su equipo era cartesiano, equilibrado, con una exactitud táctica poco convencional en Argentina, de físico distinguido y con unas contras imponentes. Desde luego, fue un equipo que defendía y acentuaba esa faceta, pero lo hacía más por calidad que por cantidad. <i>“Ferro en los 80 se destacó por tener un sistema de juego diferente al resto. Para nosotros era algo normal correr y jugar los 90 minutos, mientras que para los otros era un sacrificio”</i>, <a target="_blank" href ="http://revistauncanio.com.ar/sic-sic/simplemente-el-viejo/">explicaba</a> el Viejo.</p>
<p style="text-align: justify">Griguol alternaba varios sistemas, fruto de su elasticidad como técnico y las condiciones versátiles de sus futbolistas. En el campeonato de 1982, el once tipo fue: Barisio en la portería. Mario Gómez en el lateral derecho. El <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%A9ctor_C%C3%BAper"><i>«Cabezón»</i> Héctor Cúper</a> y Rocchia formaban una pareja de centrales muy poderosa por arriba en ambas áreas. Garré era el lateral izquierdo. Saccardi era todo un tótem de Ferro, un centrojás fuerte y solvente con la pelota, buen cabeceador. Le acompañaban volanteado Carlitos Arregui, otro buen rematador arriba, como Saccardi, muy inteligente en los apoyos defensivos y en el juego de espacios; y Adolfino Cañete, paraguayo, el timón que dirigía desde el sector izquierdo. Arriba, a la derecha, jugaba Crocco, veloz y goleador; por el centro, lideraba la ofensiva Miguel Ángel Juárez, un punta móvil, de amplio radio y voraz remate (fue artillero ese año); y en la izquierda el otro extremo, el uruguayo Jiménez. El esquema base se articulaba en un 4-3-3, aunque flexible gracias <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=EXuKQuj3QWw">al comodín táctico de Saccardi</a>. Era el futbolista contextual. Griguol solía retrasarlo desde el pivote y lo instalaba entre centrales, creando una intimidatoria cortina defensiva. Otro signo táctico de ese equipo, a veces, era el cuadrado que formaban en el medio Saccardi, Arregui, Cañete y Juárez, quie se descolgaba. La final se la ganaron a Quilmes (0-0 y 2-0).  </p>
<blockquote><p>La prensa la tomó con Ferro porque no vendía lo suficiente. No era el Boca de Maradona.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Con el Beto Márcico en punta, Ferro volvió a campeonar en 1984</span>La versión campeona del Nacional ’84, por su parte, introdujo a Basigalup en la portería y a Agonil en el lateral derecho. Marchesini reemplazó a Rocchia; Brandoni a Saccardi; Noremberg a Crocco; Gargini a Jiménez; y el Beto Márcico a Juárez. Márcico es uno de esos tantos futbolistas argentinos de quien se ha escrito menos de lo ganado. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=4SlBM_qUzuA">Márcico era un especie de Maradona</a> de club chico. Fue un delantero con un talento infinito. Para muchos, el mejor de la historia de Ferro. Jugaba por donde quería. Caía abajo, a la zona del enganche, afilaba la punta, se ahuecaba a las bandas&#8230; Inspirado, era una lluvia torrencial de magia. Pura clase. Un fogonazo de luz. Inolvidable en Caballito. Nadie pudo frenarlo cuando rompió a jugar en 1984. Tampoco River, la víctima en la final del Nacional. Ferro <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=-7MLgalXNpc">ganó en el Monumental por 0-3</a>, uno de los partidos más memorables del fútbol argentino. Los de Griguol arrasaron al River de Francescoli o el Beto Alonso. En Caballito, con 1-0 arriba, el partido se suspendió y se decretó la victoria de Ferro: la hinchada visitante reventó a pelear en las gradas. <i>“Ferro es el campeón Nacional, pero eso no significa que seamos la verdad del fútbol ni que yo tenga la fórmula mágica. No es el momento de pontificar, no es mi estilo. Tuve la suerte de caer en un club que dejó trabajar al técnico y eso me permitió reordenar ideas, tirar mi librito y empezar a escribir otro”</i>, sentenciaba Griguol al término de ese campeonato. Luego, Ferro sería subcampeón del Metropolitano, en un pulso con Argentinos Juniors durante el que se recrudeció el conflicto de Griguol con el Grupo Clarín. </p>
<p style="text-align: justify">Las críticas venían cargadas desde Horacio Pagani, el jefe de la sección de deportes. Ferro no vendía y ya en 1981 se abrió la brecha. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=MwhdbraVnMU">Maradona estaba en su punto de ebullición</a>, no había rincón del planeta que lanzara sus ojos sobre Argentina. Boca y el Pelusa componían un matrimonio ideal en la cultura popular porteña: había miles de hinchas ávidos de párrafos triunfales. Había un negocio oceánico. Pero ahí se coló Griguol. Durante esos años, no faltó quien minimizó y arrinconó los logros de Ferro. Pagani prefería abrir los deportes de <i>«Clarín»</i> con turf a hacerlo con una victoria de Griguol. Aún se recuerda en Caballito cuál era la posición del periódico: <i>“Ser fuertes con los débiles y débiles con los fuertes”</i>. Era sencillo pegarle a Ferro. Tres marcas lo definían: defensivo, aburrido y antifútbol. Es cierto que fue un equipo de rigores, con prioridades tácticas, con pocos goles marcados y pocos recibidos. Pero había algo de belleza prohibida en sus cargas, sobre todo, cuando Márcico jugaba como cerca de las nubes. </p>
<p style="text-align: justify">Desde luego, no fue Ferro un equipo de tópicos. Estudiantes, por ejemplo, resultaba más áspero. Juvenal, una de las fecundas plumas de <i>«El Gráfico»</i>, nos dejó escritas después de la victoria contra River en el Nacional ‘84 algunas palabras que se acercan mejor a la dimensión real del Ferro de Griguol: <i>“Cuando la pelota es propiedad del rival, lo de Ferro no encierra ninguna sorpresa, aunque igual sorprende. Porque parece que sus efectivos se reprodujeran. Su escalonamiento, sin necesidad de marca al hombre pero tomando invariablemente la zona y con cobertura cercana, es admirable. Tanto que en los últimos 55 minutos del partido de ida y en los 70 que duró el segundo, cuando River intentaba armar avances y desplegarlos, teníamos la sensación de que no podía generar peligro de gol ni aunque jugara tres días seguidos. Sus cortinas defensivas, el funcionamiento de sus ´pequeñas sociedades, la multiplicidad ordenada con que todos revelan a todos, puede parecer rutina”</i>. Y así <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2010/04/20/m1/C-2577-ferro-1984.php">completaba la radiografía</a>: <i>“La rutina desaparece, se hace creación, cuando la pelota es recuperada. En ese preciso momento comenzamos a entender que detrás de esa apariencia de equipo simple y sin misterios, tan denso en su telaraña de pases anunciados, dando la impresión de moverse siempre en el mismo ritmo, en Ferro hay algo más. Ese algo más nos explica por qué este campeonato que ganó es un triunfo rotundo del fútbol que nos gusta a todos”</i>.</p>
<blockquote><p>En Caballito reinó la felicidad mientras por allí estuvo Carlos Timoteo Griguol.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En Caballito, aún se habla de los años de la persecución de Clarín y otros cañones mediáticos. En la grada de El Templo, se agolparon entre 1981 y 1985 los cánticos de trinchera: <i>“Dicen que somos un equipo aburrido/y que jugamos la pelota para atrás/ me chupa un huevo todo el periodismo/ a Caballito cada vez lo quiero más”</i>. Griguol intentó resbalar entre las críticas. Le decían –aún se hace- que los éxitos de Ferro solo fueron posibles en aquellas circunstancias del fútbol argentino, con la crisis de los grandes, las penas económicas, el bajón competitivo&#8230; Quizá sea así, aunque quizá también el país nunca vivió años de tanta igualdad en Primera. <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/1999/09/20/andalucia/937779729_850215.html">Griguol era consciente</a> de su conquista. Un pequeño milagro, desligándose de bandos y saliéndose de la caldera de dilemas del fútbol argentino. Abrió un nuevo camino. Le pintó la cara de cierta modernidad al juego. Dejó huella como el que pisa en la eternidad, signo de esto, del poder de sus ideas y métodos, lo tenemos en sus hijos: Mario Gómez, Rocchia, Saccardi, Garré, Brandoni y, sobre todo, Héctor Cúper, el mejor exportador del legado del ‘griguolismo’. </p>
<p style="text-align: justify">A Griguol nada le importó más que sus jugadores y su Ferro. Vivió a su aire, con los oídos tapados mientras crecía su obra. Pero cuando tocó el cielo por primera vez, en los vestuarios de Caballito, después de ganarle a Quilmes, mojado de agua y gloria, sacó su raquetazo de revancha con ese aire cáustico que muchas veces se gastaba. Estaba allí un chico con su bloc de notas. Varios plumillas lo tenían complicado <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=GQcryMmRUdI">en Caballito</a>. No era raro que la gente los apedreara. Algunos tenían prohibida la entrada. Griguol atendía a una nube de entusiasmados periodistas. Había uno, en cambio, algo reservado. El Viejo lo miró y le tiró:</p>
<p style="text-align: justify">-Oye, Pibe. ¿vos de dónde sos?<br />
-De Clarín<br />
Y Carlos Timoteo, maestro, viejo, ganador, hombre y argentino, le soltó:<br />
-Decile a Pagani que el campeón soy yo. </p>
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