Sangre de Brujas


Nació como un club de estudiantes de medicina. La aristocracia y las clases altas habían tomado Gimnasia y Esgrima, se abrió un cisma en su seno y se desgajó ese sector de alumnos de la Universidad de La Plata que acabó poniendo las firmas necesarias para fundarlo, darle balones, una cancha y unas camisetas rayadas. Como en Argentina, y aún menos en La Plata, casi nadie llama a las cosas por su nombre, ese nuevo club fue proclamado el Pincharrata, evocando a esos estudiantes de medicina que clavaban bisturís y agujas a los roedores de laboratorio. Estudiantes ya era un club. Un club derecho, cada vez más masivo, pero terciario dentro del entramado argentino. Hubiera pasado de puntillas por la era amateur si no llega a ser por aquella delantera de “Los Profesores”, a finales de los 20, liderada por Alejandro Scopelli. Pero más allá, Estudiantes era uno más, una institución periférica, de La Plata, silenciada por los gigantes de la capital y sin demasiadas cosas que decir en el fútbol argentino. Puede decirse que Estudiantes no existió hasta que el peronismo entró por sus ventanas con su viento populista, las leyes por delante y el justicialismo como argumento. El club fue intervenido por el gobierno de Perón y Argentina descubrió a Estudiantes. ¿Qué ocurrió? La CGT, la central sindical, denunció que en las oficinas de la dirigencia se ocultaban dos mil ejemplares del libro “La razón de mi vida”, la autobiografía de Evita Perón. Como Evita Perón era el corazón de la República, a Estudiantes la cosa se le puso fea. Esa obra era doctrina, material de obligado consumo en las escuelas, y el gobierno le puso la cruz a la entidad. En realidad, el caso de los libros no era lo importante. Lo que escocía en el peronismo eran los vínculos de los dirigentes del club con los movimientos radicalistas. Esta historia le costó el descenso automático a Estudiantes en 1953. Pero al menos, Argentina ya conocía a Estudiantes. Y así llegamos a la edad adulta, al cambio, al giro en el guión. Superadas las zancadillas del peronismo, llegamos a los títulos y a las leyendas. Llegamos al territorio y los dominios de las brujas.

Bajo el apellido Verón, el equipo de La Plata logró una grandeza inimaginable.

En la cima de la gloria de Estudiantes de La Plata hay cinco copas, cuatro Libertadores y una Intercontinental, todas ellas con la letra uve grabada, una uve de voluntad, de vehemencia, de valentía, de veneración, de valor, de virtud, de victoria, y de Verón. El hilo que une a Juan Ramón (1944) y su hijo Juan Sebastián (1975) es el cordón umbilical de la vida del club. El tiempo de ambos ha acabado definiendo el rostro de Estudiantes, su identidad, su carácter como equipo popular, familiar y fuertemente arraigado al sentimiento platense. Los Verón son Estudiantes, ellos han participado en los cinco títulos más importantes de su historia. Ni el salto generacional ni los años de distancia impidieron que, cuando había que levantar una copa, un Verón estuviera allí. Padre e hijo no son gotas de agua. Juan Ramón era un puntero con un olfato goleador bien afinado, corría a zancadas veloces, tenía las piernas flaquitas, la mandíbula de punta, los ojos metidos para adentro y un flequillo que remoloneaba mientras perdía rivales a la espalda. Juan Sebastían se movió por el medio de la cancha, martilleaba la pelota parada, no corría ni ante la policía, tenía las piernas largas, la cara redonda, unos ojos abiertos y una pista de aeropuerto en esa cabeza tan despejada como simbólica. Realmente, el único rasgo físico que unió a padre e hijo fue el balón.

Cuando Juan Ramón, nacido en La Plata, ejercía en los juveniles de Estudiantes, aterrizó en el club Osvaldo Zubeldia, un joven director técnico ex interior izquierdo de Velez Sarsfield, Boca Juniors, Atalanta y Banfield. Ese hombre cambió la historia del club, pero también la del fútbol argentinoZubeldia aprendió de Spninetto el sentido callejero y colectivo del fútbol. De él tenemos la literatura más áspera que se haya podido escribir sobre fútbol: era pragmático, disciplinado, ultracompetitivo, usaba todas las artes humanas para ganar, el engaño, la pelea, la bronca… Mandó un equipo de sabuesos y rompedores de tibias, un grupo de colmillos afilados, miliciano, dispuesto a morir por su líder y por las victorias. Todo eso es cierto. Pero Zubeldia también fue un maestro del fútbol, alguien capaz de inventar un estilo, de ser diferente, marcar su sello y abrir debates en un país tan amigo de ellos como Argentina. Incluso Zubeldía tuvo un padre, Victorio Luis Spinetto, cuando en Velez fue el primero, mucho antes del desastre del Mundial 58 en Suecia, en abrir otra línea de discurso en el fútbol argentino, imbricado en la filosofía de “La Nuestra”, una idea alimentada en la cultura popular y callejera, del potrero, la picardía y la gambeta, y cuya dimensión estética y artística del juego eran la santa escritura en la religión del fútbol argentino. Zubeldia aprendió de Spinetto la fuerza de la colectividad. Catorce años estuvo Spinetto en el Fortín. No ganó nada, pero se desmarcó del arte con un equipo aguerrido, tenaz y con sentido callejero. Spinetto gobernaba los partidos desde la banda agachado, con su codo apoyado en la rodilla derecha y la mano bajo el mentón, una toalla sobre el hombro y una chaqueta azul a la que cosió una enorme letra te, de técnico, a la altura del pecho. Era un hombre estresante, de voz cavernosa y que antepuso la fibra ganadora por encima de todo. Apostó por el juego de espacios y delanteros versátiles, fórmula, como la de la chaqueta con la letra de entrenador, que asimiló Zubeldia de un trago.

Zubeldia llegó a Estudiantes en 1965. Por entonces, Argentina sufría un severo deterioro de su personalidad futbolística. El 15 de junio de 1958, en el Mundial de Suecia, la albiceleste fue aplastada 6-1 por Checoslovaquia en Helsingborg. La crisis de identidad se desencadenó de manera imponente. Allí saltó por los aires “La Nuestra”Tras el fracaso del Mundial de Suecia, el estilo de ”La Nuestra” fue cuestionado, abriéndose camino el imperio de la táctica, los atajos hacia el resultado y el fútbol práctico, de pura mecánica colectiva y basado en la cultura del esfuerzo, frente a al valor de la inspiración individual, la técnica, la plasticidad, la belleza y el espectáculo, la imprevisibilidad, la finta y el engaño. En Argentina se comenzó, a raíz de la hecatombe de Suecia, a jugar más lento, se pasó a defender con cuatro hombres y “La Nuestra” había entrado en un proceso de desnaturalización mientras sus mejores exponentes abandonaban el país. Humberto Maschio, Angelillo y Sivori, “Los Ángeles de la Cara Sucia”, rumbo a Italia, componen un ejemplo. El fútbol argentino a finales de los 50 también vivía encapsulado dentro del peronismo y sus subsidios. Esto desapareció, evaporándose los recursos. El escepticismo se adueñó de Argentina y el cambio de mentalidad fue súbito. Se abría así la grieta que ha separado su fútbol entre resultadistas y artistas durante más de 50 años. Surgió el debate entre Labruna, antiguo engranaje celestial de “La Máquina de River”, y Juan Carlos Lorenzo, de postulados reactivos. El fútbol argentino pasó a convertirse más en una cuestión de trabajo que de talento. También influyó el cambio de régimen. La dictadura militar imponía sus valores de disciplina, sacrificio y orden. De esos conceptos iba empapado Osvaldo Zubeldia cuando llegó a Estudiantes dispuesto a diseminarlos en su nuevo club. No llegó solo. Junto a él, Miguel Ignomiriello, encargado de las inferiores, Argentino Geronazzo, ayudante de campo de Osvaldo, y el preparador físico, Jorge Kistenmacher.

El contexto del fútbol argentino parecía propicio para la llegada de Zubeldia.

La primera medida de Zubeldia en Estudiantes refleja bien su carácter firme y resuelto. Evaluó al plantel profesional y lo que vio le disgustó, así que ascendió a los juveniles campeones del tercer equipo al primero. Sin que le temblara un párpado. Pachamé, Flores, Poletti, jovencísimos todos, Aguirre Suárez, Malbernat, Echecopar y, por supuesto, Juan Ramón Verón, a quien ya se le identificaba su rostro anguloso con el de una bruja, de ahí su bautizo.

Ese núcleo, la quinta llamada “La Tercer que Mata”, junto a los fichajes ese mismo 1965 de Carlos Salvador Bilardo y Marcos Conigliaro, conformaría un equipo de mitología durante el siguiente lustro. Zubeldia armó un conjunto severo, ultracompetitivo, eficaz, corajudo, sacrificado y, sobre todo,Zubeldia trabajó a conciencia todos los apartados: el táctico, el físico y el anímico muy inteligente. La disciplina y el trabajo representaban su código alfa. Zubeldia fue pionero en varios aspectos, fruto de su voluntad estudiosa, de su interés por las corrientes europeas y los viajes. Su Estudiantes alicató la estrategia a balón parado como nadie lo había hecho. Fueron los primeros en lanzar los saques de esquina a pierna cambiada y los primeros en idear jugadas específicas para los saques de banda. Su laboratorio fabricó el primer sistema de achique del fútbol sudamericano y el primero que desplazó el foco hacia los espacios y las zonas. Aunque sin desarrollados mecanismos de presión, Estudiantes adelantaba la línea de defensa abriendo un precipicio a los rivales. Este recurso lo tomó Zubeldia de la selección de Checoslovaquia tras una gira europea y no faltan quienes lo enlazan a Viktor Maslov y su sistema soviético de juego zonal. También fue el primero en instaurar especialistas de la marca individual. Su colaborador Jorge Kistenmacher regeneró todos los modelos de preparación: impulsó los entrenamientos planificados, las concentraciones previas, las pretemporadas, las sesiones dobles y los planes nutricionales individualizados. Pero no sólo el segmento físico fue revolucionario. También el psicológico: inventaron su propio lenguaje de signos dentro del campo. Si Bilardo gritaba a Flores que lanzara un desmarque a la derecha, Verón ya sabía que debía buscar el espacio él, que el Narigón realmente estaba diciendo que esa pelota era suya. Tretas y engaños, códigos y mensajes que Zubeldia modificaba en cada partido. Aprendían cualquier debilidad de los rivales, indagaban en sus vidas, en los puntos flacos de sus emociones…

La mezcla del modelo de Zubeldia produjo un equipo avasallador. Además de ganar el Metropolitano 67, convirtiendo a Estudiantes en el primer campeón nacional más allá de Buenos Aires y los cinco grandes (River, Boca, Racing, Independiente y San Lorenzo), jugó cuatro finales de la Copa Libertadores consecutivas (68-71), levantando las tres primeras, y conquistó la Intercontinental 68, cuando la Intercontinental en Sudamérica era el trofeo más sagrado de todos. Palmeiras, Manchester United, Nacional de Montevideo y Peñarol fueron las víctimas en las finales del ciclo. Milan, Feyenoord y, esta vez sí, Nacional los muros.

Fue un equipo joven, vigoroso, efusivo, claramente industrial, pero muy dinámico, capaz de mutar del 4-3-3 al 4-2-4 y de aplicar matices tácticos en función del rival. Todo detalle estaba minuciosamente controlado. Estudiantes redujo la improvisación, armó unas férreas y agresivas estructuras defensivasCon Bilardo a la cabeza, aquel Estudiante era salvaje en lo bueno y también en lo malo, consolidando ese estilo como un potente movimiento de oposición a las costumbres e ideales de “La Nuestra”. Formaban una coraza de soldados y gladiadores. Su secreto fue la convicción de que en sus límites comenzaban sus virtudes. Y luego estaba la otra cara… Su fama universal de equipo sanguinario y visceral. Es célebre la anécdota de los alfileres y Bilardo. Todos los componentes de aquel equipo la negaron siempre. Pero hay muchas otras muestras de ese control psicológico que ejercía Estudiantes. Un jugador de Independiente mató en un accidente de caza a un amigo. Cuando se lo cruzaba Estudiantes, lo llamaban asesino hasta desmoronarlo. No había escrúpulos: un portero de Racing vivía muy vinculado a su madre, quien no deseaba que se casara con una chica. Lo hizo, y a los seis meses la madre murió, fortuitamente, claro, y los de Estudiantes emitieron su sentencia cuando lo tuvieron en el campo: “Felicidades, por fin has matado a tu madre”. Bilardo, médico, se enfrentó con Roberto Perfumo, a quien le recordaba una enfermedad de su esposa, con detallados argumentos clínicos. Y así… así eran los chicos de Zubeldia, salvajes en lo bueno y lo malo.

Estudiantes se convirtió en una pesadilla para todos sus rivales.

Su portero era el flaco Poletti, muchas veces líbero. En defensa chirriaba el sonido metálico de las cuchillas temperamentales de Aguirre Suárez, durísimo en la marca y poderoso por arriba. Madero era más elegante, el lanzador del achique. Bilardo y Pachamé eran los dueños del centro del campo. Pachamé era kilómetros. Bilardo era limitado en lo técnico, pero manejaba tiempos y distribución. Su personalidad extendía al campo la soberanía de Zubeldia. Conigliaro y Flores percutían en ataque por dentro. Pero el mejor de todos ellos, la mayor fuente de talento brotaba de Juan Ramón Verón. “La Bruja” era otra historia. Jugaba de puntero desde la izquierda, con el 11, con el mismo dorsal que su hijo años después. Manejaba ese perfil de puntero, un extremo más interior que exterior, más goleador que pasador, con una exquisita naturalidad. Era el acelerador del equipo, su clave ofensiva, jugaba rápido, con habilidad y potencia, y resultaba imparable en la diagonal, su movimiento maestro. Además, tenía finalización y remate de cabeza. Su jerarquía sobresalía.

Arrebató el corazón de los Pincharratas gracias a la puntualidad de sus goles. Siempre marcaba en los grandes escenarios. Una chilena a Racing en el partido de desempate en las semifinales de la Libertadores 68Juan Ramón Verón tenía un instinto especial para marcar en los grandes partidos lo convirtió en héroe. También determinó la victoria en la Intercontinental frente al Manchester United. En ese doble partido de la final, Zubeldia dispuso una trinchera, con marcajes personalizados, Malbernat sobre Best, Aguirre Suárez sobre Law y Togneri sobre Charlton, que no sólo fue efectiva sino que provocó un incendio de violencia y provocación en el partido. En Argentina, Law se quejó de tirones de pelo, Best se llevó un puñetazo en el estómago, Charlton necesitó puntos de sutura tras una patada de Bilardo. Y Nobby Stiles recibió un corte en un párpado. ¡Nobby Stiles! Perros mordidos por lobos. En la vuelta, con un 1-0 favorable gracias a un gol de estrategia de Conigliaro, Estudiantes fue recibido en Old Trafford al grito de “Animals! Animals!”, la misma canción que en 1966 había sonado con las patadas de Rattin en los estadios del mundial inglés. Un gol de Verón, de cabezazo tras pelota parada de Madero, hizo imposible la remontada británica. “A la gloria no se llega por un camino de rosas”, dejó escrito Zubeldia en la pizarra del vestuario.

Verón ya había marcado en la final de la Libertadores ante Palmeiras. Su ascendencia sobre el grupo y la institución fue creciendo. “La Bruja” siempre aparecía como freno en las maniobras intimidatorias de sus compañeros. Era otro perfil humano, más moderado, menos agresivo, más futbolista.En la Intercontinental que les enfrentó al Milan de Rocco sucedió de todo en el campo Pudo verse en la Intercontinental 68 contra el Milan de Nereo Rocco. Aquello fue la guerra. Insultos, salivazos, codazos, patadas… una de ellas, del portero Poletti a Rivera, fue escalofriante. Los chicos de Estudiantes eran virtuosos del disimulo. Mordían al árbitro. La batalla contra el Milan provocó incluso un conflicto diplomático. Los italianos llevaban a La Plata una ventaja de 3-0 después de ahogar a Verón en el catenaccio y que Rocco encontrara una fuga en la trampa del fuera de juego de Zubeldia. Aguirre Súarez lesionó a Prati. Pero no se detuvo ahí. Luego, arrasó el tabique nasal de Combín con un doble codazo-rodillazo, como un samurái. Aguirre, de quien se cuenta que pasaba las noches previas a los partidos en vela, saturado de cafeína, acabó expulsado. La tangana posterior fue descomunal. Combín, cuya imagen tendido en el suelo y cubierto de sangre es mítica, fue detenido por la policía. Había nacido en Argentina y emigrado joven al fútbol francés, por lo que las autoridades aprovecharon su paso por La Plata para acusarlo de deserción del servicio militar. No les importó que Combín llevara la cara rota. Le abrocharon las esposas. La diplomacia italiana se arrojó contra el gobierno argentino. Aguirre Suárez, Manera y Poletti fueron condenados a 30 días de prisión en el penal de Devoto por los incidentes. Además, Poletti fue suspendido para jugar de por vida, Aguirre Suárez fue penado con 30 partidos en Argentina (por eso se marchó al Granada) y 5 años para compromisos internacionales, y Manera fue suspendido por 20 partidos y 3 años respectivamente. No obstante, el gobierno los indultó a todos en 1971.

La mala fama de Estudiantes se disparó. No tardaron en nombrarlo el exponente máximo del antifútbol. Zubeldia adoptó el papel de víctima, llevando a su modelo y sus ideas tan al extremo que compuso una caricatura de un equipo al que sus mismos excesos pusieron fecha de caducidad. Nadie se fiaba de Estudiantes, ni de Zubeldia. Quedaron proscritos, marcados por su ferocidad y con numerosos enemigos de su estilo, quienes achacaban a ese Estudiantes el declive global del fútbol argentino, depresión subrayada por la ausencia albiceleste en la Copa del Mundo del 70. Las Cderrotas en la Intercontinental 70 frente al Feyenoord y en la Libertadores 71 cerraron esta página de Estudiantes. Juan Ramón Verón, ídolo del pueblo platense, se marchó a jugar a Grecia y a Colombia. Luego volvió, como capitán. Se retiró y se integró dentro de las estructuras técnicas del club, como asesor, ojeador y coordinador. En su epílogo como futbolista del “Pincha”, “la Bruja” ya caminaba de la mano por las estancias de City Bell, el hogar de Estudiantes, con “la Brujita”, un niño despierto, atrevido y ya agarrado a la pelota. Nadie pensó que ese chico portaba el ADN de Estudiantes, aunque su historia necesitó muchos giros. Estudiantes se había forjado como un gigante en su época dorada. Bilardo aún le haría ganar títulos locales en los 80. El club ya tenía una identidad blindada, con la competitividad, los rigores tácticos y un estilo adusto y rocoso como señales de ella. Pero el calendario corrió y corrió y el sueño de una nueva Libertadores cruzó de siglo. A Juan Sebastián Verón, Estudiantes lo fichó en 2006 para someter Sudamérica. Verón tenía una deuda sentimental, por eso hizo suya esa convicción: como su padre, ganaría la Libertadores para los Pincharratas. Entonces, Verón ya representaba uno de los casos futbolísticos más singulares de la contemporaneidad. Su figura siempre alimentó discusiones de bar. La apreciación de su juego oscila de extremo a extremo. Unos lo maximizan, otros lo minimizan. La realidad es que “la Brujita” fue un jugador especial. Por eso se le adoró y se le odió a partes iguales.

Juan Sebastián Verón volvió para retomar el sueño de levantar la Copa Libertadores.

Cuando salió de Estudiantes en 1995 ya había sufrido un descenso a la B. Se había formado en la camada de los gemelos Barros Schelotto y de un portero llamado Martín Palermo, luego mutado a depredador. En esos inicios, Verón debió luchar contra su apellido. Él eraLa “Brujita” Verón pasó de Bilardo a Menotti con su llegada al Calcio el hijo de Juan Ramón y eso era más un peaje que un empuje. Su talento era evidente, pero Estudiantes había caído, y allí se le medía siempre en clave Verón. Cecilia, esposa de uno y madre de otro, respiró aliviada. Juan Sebastián se fue a Boca, con Bilardo y Maradona y duró lo que duró: no jugó mucho, pero la Sampdoria detectó un mediocampista cerebral, con un rango de pase muy exclusivo y con un mortero en el pie. La carrera de Verón en Italia alcanzó velocidad de crucero hasta 2001. Ese es el año que define a la mejor “Brujita”, cuando atrapó el Scudetto y la Copa de Italia con el Lazio, formando eje con Simeone o Almeyda, apoyándose en los abiertos Sergio Conceiçao y Nedvev, y suministrando vías de gol a Salas y Simone Inzaghi. Por entonces, Verón le discutía a Zidane el dominio individual del Calcio. En Roma, jugaba siempre en punta de rombo, con Sven Goran Eriksson, el entrenador que lo había domado en Génova tras Menotti y Boskov. Porque sí, Verón pasó de Bilardo a Menotti con sólo cruzar el Atlántico. En Parma, en cambio, donde ganó UEFA y Copa, era el enganche, libre y flexible, en el atractivo 3-4-1-2 de Alberto Malesani, aquella escuadra que juntó a Verón, su amigo Hernán Crespo, Buffon, Thuram, Cannavaro, Sensini, Fuser, Benarrivo, Dino Baggio, Boghossian y Enrico Chiesa.

Verón se hizo una autoridad en el calcio. Aún se reencontraría con Valdanito Crespo en su último año en el Lazio. Era 2001 y había vivido muy deprisa en el fútbol: Génova, Parma, Roma… con dos años como máximo en cada club. Entonces, en la cima de su fútbol, de su proyección y de su figura, Verón se equivocó. Dio el paso en falso, y se marchó con Álex Ferguson a Manchester. Ese movimiento mató a Verón. La Premier lo devoró. Nunca se adaptó a lo británico su timing, su paso brasileño, como llaman en Argentina a esa cadencia lánguida, a ese caminar casi de puntillas, tan aristocrático y sutil como desesperante. Verón siempre había presentado ahí su lado débil. Era lento, demasiado. No dominaba la velocidad-espacio, lo suyo era recoger y repartir, con la pelota asegurada antes que las zonas. Su pase en corto era efectivo, lanzaba en largo como pocos, imponía carácter, lideraba, ejecutaba en parado con suavidad o violencia, controlaba el balón como entre algodones, pero el fútbol siempre corrió demasiado deprisa para que Verón cruzara la línea que separa los brillantes, de los inolvidables. Y esa frontera estuvo en su techo de 2001.

Ferguson lo fichó para cambiar el Manchester United. Los resbalones en Europa le descubrieron que debía alejarse del academicismo del 4-4-2 británico y evolucionar. Apoyado ya en Queiroz, su idea era un 4-2-3-1, con Verón formando base junto a Roy Keane y Scholes subido un escalón másSu paso por Manchester United fue un fracaso, nunca se sintió cómodo en el ritmo Premier, cerca de Van Nistelrooy. Sir Álex quería más contenido en su juego, más posesión, especialmente en Europa, en un periodo en el que al Manchester United le descontrolaban los partidos con gran facilidad. Pero la simbiosis con Keane nunca funcionó. A Verón le quitaron influencia. Keane sujetaba, pero también pedía balón. Y “la Brujita” vio cómo un señor que llevaba el escudo del Manchester United impreso en la piel y con cara de marinero bárbaro le privó de balón y jerarquía en la organización. La velocidad y el ritmo Premier hicieron el resto. De hecho, lo mejor del Verón de Manchester se desplegó en partidos de Liga de Campeones. Inadaptado, Ferguson lo inclinó a la derecha y luego al lugar de Scholes, pero “la Brujita” nunca sobrevivió cómoda. Con el club en transición, en uno de esos procesos tan genialmente medido y programado por Sir Álex, Verón cortocircuitó. Y ahí se acabó. El fracaso del Mundial 2002, donde era la bisagra del modelo de Marcelo Bielsa ya lo había sumido en un pozo de desesperanza. La crítica le apuntó. Su fracaso en Manchester acabó por encender las dudas sobre su categoría. Los traspasos de Verón movieron 117 millones de euros. Casi siempre se le midió por eso. En esos términos de valoración, su fútbol nunca estuvo a esa altura, posiblemente. Salvo en un lugar: Estudiantes. Después de un camino errático por Chelsea e Inter cerró el círculo de su aventura europea. Había jugado en varios de los mejores clubes del viejo continente, pero no había ganado demasiados corazones. Y precisamente el corazón lo tenía ya ganado en su casa, donde unos años antes apenas había asomado la cabeza para marcharse. Era ídolo de los Pincha. No había brillado nunca allí, pero era ídolo. Su pedigrí europeo representaba una de las razones de esa pasional admiración. La otra sonaba a música de leyenda: era un Verón, el hijo de Juan Ramón. Era “la Brujita”, quien ya había ayudado a las categorías inferiores y a la institución con algún que otro dólar.

En Old Trafford, al lado de Keane y Scholes, Verón nunca pudo ser él mismo; fracasó

Juan Sebastián volvió diez años después para ganar la Libertadores. Le era todo familiar: su padre al mando de la escuela de técnicos Osvaldo Zubeldia, los mismos utilleros que acariciaban su cabeza cuando iba siendo niño al City Bell, donde consumió su infancia, donde comenzó a jugar a los 5 años y donde le entrenó su progenitor. En el regreso, todo fue veloz. No tardó en hacerse el mejor futbolista del continente, el más dominador y respetado. Ayudó a ello su conexión con el patrón: el emergente Diego Pablo Simeone. Quien fue su escudero en la Lazio ahora construía un equipo sobre él. Costó salir del cascarón, pero Estudiantes se puso a ganar, incluido un 7-0 al Lobo, el gran enemigo Gimnasia y Esgrima. Verón codificaba el juego apoyado en la capacidad recuperadora de Braña. Había claras notas ofensivas. José Ernesto Sosa descubría su magia inicial tirado a la izquierda del ataque. En la derecha, estaba Galván. La punta era del Tanque Pavone, rodeado de Ligüercio o Calderón. Los laterales bullían: Angeleri y Pablo Sebastián Álvarez, con Ortiz y Alayes o Domínguez de centrales. Paraba Andújar. Un 4-4-2 que tocó el éxito en el desempate con el título Apertura 2006 ante el Boca de La Volpe. Verón regresaba ganando. Pero su matrimonio con el Cholo no prosperó y Estudiantes bajaría el nivel en los dos siguientes semestre, alejado de los títulos y con poco recorrido en la Libertadores, el sueño, la misión de “la Bruja”.

El Cholo se fue a River en 2008. Sosa a Munich. Voló Pavone. Marchó Calderón. Pero quedó “la Brujita”, porque renunció a los dólares de la Major League Soccer. Verón apadrinó la llegada de Néstor Sensini, su capitán en Parma. Pero ni Sensini ni su reemplazo Leo Astrada impulsaron el relevo generacional del “Pincharrata”. AunqueEstudiantes recuperó la Libertadores y, por poco, no hizo lo propio con la Intercontinental se rozó la Sudamericana 08, perdida en la final contra Internacional de Porto Alegre, seguía faltando un rumbo. Y un delantero capaz de desnivelar y enganches con los que se asociara Verón. Todo quedaba, en el arranque de 2009, en manos de Alejandro Sabella, quien reedificó un equipo campeón sobre la figura ya casi mística de Verón. A Estudiantes le falta instinto y Boselli se lo dio en la punta de la delantera. Gastón Fernández se convirtió en ese eslabón para que el flujo de “la Bruja” verticalizara. El Pincha se puso a ganar. Y como si la historia fuera una amiga y los devolviera a muchos años antes, a cuando el pulso se aceleraba, como la electricidad, en las gradas del viejo estadio Jorge Luis Hirschi, Estudiantes puso encima de un podio a Juan Sebastián Verón, carne de su carne, para levantar la Copa Libertadores de nuevo, casi 50 años más tarde. Habían ganado 2-1 a Cruzeiro. “La mística está viva y va de generación en generación”, dijo Juan Sebastián, apelando al embrujo de su apellido con Estudiantes y la gloria sudamericana. Alejandro Sabella había sido uno de los alfiles de Bilardo en el Pincha de los 80. Conocía la idiosincrasia de la casa, sus rasgos genéticos y su ambición campeona. Formado como mano derecha de Pasarella, llegó a Estudiantes y armó un conjunto triunfador. Andújar seguía parando. Cellay y Germán Ré (hasta la llegada de Clemente Rodríguez) recubrían de trabajo los laterales más que estirarlos. Desábato y Juan Manuel Díaz daban ciertas garantías como centrales. Pero el epicentro de juego de un equipo práctico, no muy vistoso, pero sí compactado por pegamento ganador y que aleteaba veloz en ataque, lo formaban Verón y Braña, con Gastón ‘La Gata’ Fernández de vértice combinativo hacia Boselli. Por fuera, la inspiración de Enzo Pérez y Leandro Benítez contenía un claro poder de desequilibrio. Marcelo Carrusca, el lesionado Angeleri, el regreso del Principito Sosa o Schiavi también gozaron de sus momentos. La prueba de altura era el Barcelona, en la final del Mundialito de Clubes 2009, donde Sabella acudió con la misma base. Aquello fue imposible, pero el Pincha obligó a la prórroga al palacio de Guardiola. Verón, brújula y mapa del juego, era nombrado mejor jugador de Sudamérica y suya era la piel de ese equipo. El desgaste en la relación con Sabella no impidió el último grito, el Apertura 2010, tras un subcampeonato anterior. Estudiantes arrasó en ese semestre: Agustín Orión; Gabriel Mercado, Fede Fernández, Leandro Desábato, Germán Ré y Marcos Rojo; Enzo Pérez, Rodrigo Braña, Juan Sebastián Verón y Leandro Benítez; Gastón Fernández y Leandro González. Era el mejor equipo de Argentina, un bloque combativo e inspirado por “la Bruja”.

Veintinueve años después, un Verón levantaba la Liberadores con Estudiantes.

Fue el último rugido de Verón. Su timón seguía funcionando. No había falta en la que no se estremeciera el portero rival. Bordaba córners y pelotas paradas. Aún acudiría al llamado de Maradona para el Mundial 2010, su tercera Copa tras su buen despunte en Francia 98 y el drama de Corea y Japón 2002. Seguía teniendo el fútbol metido en la cabeza, como si fuera una senda imposible de olvidar. Durante esos últimos años, “la Brujita” apenas necesitó unos metros cuadrados. El resto era pecho henchido y mirada autoritaria. Él se hizo dueño de Estudiantes y así se retiró, tocaba hacerlo, con 37 años, siendo un Verón, en 2012. Su padre lloró abrazado a él. Lloró la grada y lloraron las ratas en los laboratorios. Se habían ido los Verones de las canchas, ya no había padre ni hijo. Sólo quedaba leyenda, un club que, con ellos, alcanzó siempre los cielos. Leyendas, y también canciones: “Si ve una “Bruja” montada en una escoba, ese es Verón, Verón, Verón que está de joda”. No retumba en 2012. Está usted en 1968, en la vida misma, guerrera y triunfal, del Club Estudiantes de La Plata.


35 comentarios

  • @Joanbarriach 28 marzo, 2013

    Que partidazo hizo Verón en la final del Mundial de clubes ante el Barcelona, sin correr era el faro de su equipo para pausar a su equipo, pararlo y lanzar. Un rival angustiado y que necesitaba recuperar rápido y que terminaba corriendo hacia atrás para evitar el desastre. Y ya no tenía piernas la brujita, pero de talento siempre fue sobrado

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  • @DavidLeonRon 28 marzo, 2013

    @Joan

    En la jugada del gol de pecho de Messi fue el momento justo donde se le notaron los 34 años. Si alguien coge ese gol, Messi inicia el desmarque hacia el área y Verón no le sigue hasta el final, un poco por instinto y un mucho por el desgaste previo.

    Por otro lado, antes de comentar más a fondo:

    "Ferguson lo fichó para cambiar el Manchester United"

    Qué tiempos en los que Ferguson se la jugaba por centrocampista de gestión y pase… ^^ Y hasta argentinos!!

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  • @migquintana 28 marzo, 2013

    Espectacular texto, Chema.

    El hecho de que Estudiantes lleve cuatro Libertadores y ”únicamente” seis títulos ligueros argentinos… no es casualidad, ¿no? Por todo lo que comentas en el artículo se puede entender perfectamente, pero aquí en Europa dudo que haya un caso mínimamente parecido a éste. Quizás también porque antiguamente sólo se clasificaba el campeón liguero para la Copa de Europa… pero aún así es muy llamativo.

    @Joanbarriach

    Qué bien jugó Verón… y qué bien jugó Estudiantes. El gol de Pedro dio más brillo a la última leyenda europea, pero lo que tuvo que doler aquel gol en la mitad de hogares de La Plata no está escrito. Significaba taaaaanta gloria…

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  • @DavidLeonRon 28 marzo, 2013

    "El fracaso del Mundial 2002, donde era la bisagra del modelo de Marcelo Bielsa ya lo había sumido en un pozo de desesperanza. La crítica le apuntó"

    Esta es una de mis historias favoritas argentinas. La locura post-2002 alrededo de Verón es algo que aquí no podemos entender:

    Supongo que todos lo habréis visto, pero para los que no, "disfruten" estos vídeos:
    https://www.youtube.com/watch?v=G-_kpB87fUo

    La verdad es que el Mundial 2002 de Verón fue algo difícil de explicar, no se entiende que jugara tan, tan mal.

    Pero claro, luego llegó esto: https://www.youtube.com/watch?v=Ec1xS_zoRrM

    Es brutalxDxD "¿Jugaste mal a proposito?". Tras Corea y Japón, gran parte de Argentina pasó a odiar a Verón. Odiar es la palabra, y fue su vuelta a Estudiantes y su enorme rendimiento (en el país) el que logró regenerar el respeto hacia su figura. No era fácil y es un gran mérito.

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  • @Joanbarriach 28 marzo, 2013

    Bueno, ese gol al Barcelona le daba la puerta a la historia definitiva. El objetivo en modo obsesivo era el sextete, y el Barça estaba seguramente en un bajón de juego bastante pronunciado (el peor año a nivel de juego en la era Pep, y sin Iniesta) y fue cuando más sacó a pasear su competitividad para agarrarse al césped y a los partidos. Y se apeló a la épica absoluta en esa final.

    Estudiantes fue mejor en varias fases del encuentro. Verón mataba a su rival y le daba vida al suyo, un centro suyo a Boselli adelantó a los pincharratas e Ibrahimovic naufragaba en esa telaraña. Pero salió Pedro (el de los goles épicos y el que marcaba en todas las competiciones) y el partido cambió. Estudiantes sacó a pasear su cancherismo para mantener el resultado y la suerte le fue esquivo.

    Y con 1-2 Boselli la tuvo en un cabezazo en el último minuto de la prórroga.

    Tras la final de París y Roma creo que es el partido que más he celebrado como culé. La intercontinental ya era una obsesión, era lo que le faltaba al club y era el sextete. Palmar entonces era asumir que siempre nos quedaría algo pendiente.

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  • Abel Rojas 28 marzo, 2013

    Lo de Chema es impresionante.

    Pregunta alternativa: ¿Hasta qué punto pudo influir el fracaso de Verón en Manchester en el futuro deportivo del club? Ojo, que hay miga.

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  • @DavidLeonRon 28 marzo, 2013

    Muchísimo. Pastizal gastado + fracaso en intento contracultural = "Moriré británico".

    Al rato de marchar Verón llegó el United vertical de Ronaldo… y Fletcher y Carrick. Si Fergie tenía dudas, ahí murieron para siempre.

    No volveremos a ver otro Verón en Old Trafford en mucho tiempo.

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  • Abel Rojas 28 marzo, 2013

    Joé, releído el texto, es que es impresionante todo. El texto en sí y la impresionante historia que narra.

    Recuerdo perfectamente la Libertadores de 2010, que es mi favorita de las modernas, en las que Coco Nazar y Nicolás Nardini empleaban bastante tiempo en hablar del por entonces campeón, y me enamoré de la cultura Pincharrata.

    En cierto modo, me recordaron a un equipo del que he escuchado muchas historias por parte de mis amigos del basket: los Pistons de Isiah Thomas. El otro día me decía David Mata que por encima de los Lakers del Showtime y los Bulls de Jordan, fueron el equipo que legó el actual modelo de basket de la NBA, porque era lo único imitable. Yo le preguntaba si eso era una mala noticia, que hasta cierto punto me lo parece, y él me decía que no con motivos contundentes: la mayoría de las plantillas puede alcanzar un nivel más alto jugando como los Pistons que jugando como los Lakers.

    Hoy Argentina y la Liga argentina juegan más como Estudiantes que como los River más históricos. Pero hasta cierto punto creo que esto sí ha sido una mala noticia, porque por el camino el jugador argentino ha perdido el orgullo de ser la nación de la pelota, y sólo conservó el orgullo del amor por la camiseta.

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  • @Chemaerrebravo 28 marzo, 2013

    @Abel

    El fiasco de Ferguson con Verón tuvo sus consecuencias. Lo primero a nivel de gestión, si no me equivoco, no ha vuelto a fichar ningún futbolista del Calcio (salvo Rossi, una promesa). Lo segundo, Álex recicla el United con un enfoque europeo, imponiendo un sistema más continental, con doble eje y un mediapunta. Priorizó ahí. Vio que necesitaba cosas como el control y el dominio de la pelota para competir en Europa, descuidando los aspectos vertebrales del juego Premier. Tuvo que corregirse y volver a priorizar en casa, con futbolistas más adaptados a esas exigencias locales.

    El fichaje de Verón condicionó, se puede decir, cuatro años de Manchester United (de ganar 7 títulos en 9 años, a ganar 1 en 5), hasta que Ferguson tocó de nuevo una fórmula dominante de verdad, impregnada de modernidad Premier, con Cristiano, Tévez y Wayne Rooney, más Carrick, Park y demás. Un equipo equilibrado para competir en las Islas y en el continente.

    En este proceso de tránsito, es para mí el paradigma de lo que es el Ferguson evolutivo. Su genialidad es esa, adaptarse y actualizarse siempre.

    La verdad es que Álex confío a muerte en Verón, realmente, la apuesta tenía sentido para sus intenciones. Verón era el mejor tiempista del fútbol europeo en 2001-2002, había lógico, pero no midió que era la Bruja quien debía ajustarse a Inglaterra y no Inglaterra a él. Quizá ese fue su fallo, querer cambiar algo más que el propio Manchester United.

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  • Ramiro 28 marzo, 2013

    Feinmann es el periodista mas asqueroso de Argentina,grande Veron. Siempre me he peleado con mis familiares por el Mundial 2002,decir que Veron jugo mal aposta contra Inglaterra o Suecia es una estupidez…Tuvo un mal mundial como la mayoría,eso si,creo que es la mayor decepción que me he llevado junto con perder la Copa America vs Brasil con Bielsa también(pobre hombre,de verdad..),que les pegamos un baño espectacular y Adriano nos empato al final :(

    Me alegre muchísimo por la Libertadores que ganó igual que el campeonato con el cholo,fueron una forma de callar a muchísima gente que le dio muy duro desde el 2002.

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  • Abel Rojas 28 marzo, 2013

    Otro tema bestial al que me traslada Verón es al del dominio económico del Calcio sobre el resto de Ligas. Cuando Verón estaba en la Lazio, por ejemplo, me parecía imposible que el Barça o el Madrid se hicieran con él. Es brutal y suena a coña ahora, pero es tal cual.

    Italia llegó a tener 4 o 5 equipos, Lazio, Roma, Inter, Milan y Juventus, incluso con la Fiore y el Parma por ahí molestando, que en cualquier momento podía eliminar a cualquier equipo del extranjero. Era verdaderamente factible. Y como encima tienen el gen competitivo que tienen… Eran puro dominio.

    @ Chema

    Tal cual lo veo yo. La fórmula Premier en Europa ha funcionado pocas veces, salvo ese periodo de tres años que coincidió con el Calciopoli, el Bayern pre-Van Gaal y el Madrid de Calderón. En el resto de etapas, aunque desde el 99 hayan ganado 4 títulos, sus modelos se han estrellado contra la Liga y el Calcio. La eliminatoria del 2000 contra el Madrid tuvo que ser durísima para Ferguson, por ejemplo. Y como esa, muchas. Quería intentar cambiar… pero se dio cuenta de que la Premier que él mismo creó no se lo permite.

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  • @Chemaerrebravo 28 marzo, 2013

    Comparto este documento, para su discusión. Lo escribió Segurola, en España, tras ese Mundial 2002 que comenta David, cuando acribillar a La Brujita era la medida más sencilla: http://www.lalibretadevangaal.com/2005/12/no-diga…

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  • Lucas 28 marzo, 2013

    Uno de los mejores jugadores argentinos de los últimos 15/20 años, aunque no sea uno de mis favoritos. Y un tipo que al menos tuvo la voluntad de volver al club de sus amores todavía vigente y poder ganar una Copa.
    Y soy de los que piensa que simplemente tuvo un mal Mundial, fue medio roto a la Copa..(hay una entrevista en el Gráfico donde incluso dice que hasta no debería haber ido, pero quería jugar), igual que el Cholo, Bati..(luego Ayala se lesiona, ya en Japón y no juega).
    Quedó muy pegado la Brujita con ese fracaso, (los argentinos necesitamos cabezas de turco). Que Mundial ese, cuántas lágrimas..

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  • Abel Rojas 28 marzo, 2013

    Lo leí, Chema. Lo leí. No me parece del todo afortunado el texto.

    @ Lucas

    En realidad en todas partes. Es verdad que vosotros sois un poquito más intensos ^^, pero en realidad en todas partes se tiene la insana costumbre de buscar culpables en las derrotas. Me parece algo contra la propia naturaleza de este juego…

    @ Joan

    Madre mía los testarazos de Boselli ^^

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  • @DavidLeonRon 28 marzo, 2013

    @Lucas

    "Uno de los mejores jugadores argentinos de los últimos 15/20 años"

    No diré la palabra mejor pero sí que planteo una cuestión que nunca he sabido resolver: entre Verón y Riquelme, ¿cuál resulta un futbolista más amplio y completo para cualquier estilo y contexto?

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  • El cautivo 28 marzo, 2013

    Pues a mi se me ocurren pocos jugadores menos Ferguson que Verón. Vamos, ni antes ni después.

    Yo admito que a la Brujita siempre la he acompañado con la siguiente frase: "la gran mentira del fútbol moderno." y si, se que es excesiva, pero para mi ha sido uno de los jugadores mas sobrevalorados de este siglo. ¿Toque de balón? Excelso. ¿Desplazamiento largo? Sublime. ¿Conducción y pausa? Enormes. Pero tenia un déficit enorme, abismal en la velocidad. En sus piernas, si, pero eso es en lo de menos. No tenia velocidad mental y eso le mataba para la elite. Necesitaba cinco segundos para tomar cualquier decisión y eso el fútbol moderno, lo siento, no te los da. (si en Argentina, por eso volvio y mando) Ademas como no era Roman, nunco tuvo habilidad para jugar de espaldas, lo que le alejó de l mediapunta, y como mediocentro tenia evidentes lagunas defensivas.
    Que seré múy injusto por el por su Corea 02 o las sobredimensionadas comparaciones con Zidane. Seguramente. Pero el que tenia que haber sido faro de la albiceleste en una década paso sin pena ni gloria. Vamos, hasta considero que el error de Maradona no era no tener plan como muchos le atacan, es que su plan pasaba por Verón en 2012. Inaudito.

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  • @DavidLeonRon 28 marzo, 2013

    @El cautivo

    "No tenia velocidad mental"

    Yo creo que mental sí, gestual y rítmica, no tanto.

    "Vamos, hasta considero que el error de Maradona no era no tener plan como muchos le atacan, es que su plan pasaba por Verón en 2012. Inaudito"

    La cosa es que el debut de Verón ante Nigeria fue ilusionante. Argentina se mostró con ideas y activa en ataque. El plan era bueno, aunque tuviera una vida de… 90 minutos.

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  • Lucas 28 marzo, 2013

    David

    Probablemente Verón. Riquelme es un jugador muy especial, demanda un equipo que juegue para él y a su ritmo. Quizá Verón es más versatil. Con Bielsa jugaba de enganche, jugó algún amistoso de 5, solo (dentro del 3-4-3 de aquella selección) de doble 5..,
    Lo de Riquelme y su no convocatoria al 2002 también es para debatir horas…

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  • Abel Rojas 28 marzo, 2013

    Yo estoy con Cautivo. Creo que la velocidad mental no era un fuerte en Verón. De hecho, no creo que lo sea en casi ningún argentino. Los dos fenómenos argentinos del momento, Kun y Leo, se dan tiempo a sí mismo con su sobrenatural técnica, y lo mismo diría de los anteriores, los Riquelme, Redondo y cía.

    Creo que ahora mismo los que piensan más rápido son los españoles y los alemanes.

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  • @SharkGutierrez 28 marzo, 2013

    Muchas de las impresiones que comenta El Cautivo, las comparto yo también. Eso también te da cierta idea de lo que era el Calcio a principio de siglo en cuanto a ritmo y lo que terminó convirtiéndose (aunque en la propia Lazio se sigue jugando lento, con Hernanes en el papel más veronista).

    Está claro que Estudiantes era Verón y Verón, Estudiantes. Heredó la genética que pedía Zubeldia para el balón parado y de ahí su golpeo de balón. Pero Verón era de ritmo lento, no, lo siguiente. Pese a esto (como comenta Lucas) a mi me parece algo más versátil como Riquelme. Riquelme fue "10" siempre y de ahí nadie lo sacaba. Lo intentaron de sacar en Barcelona situandole en la izquierda y era nulidad. Hay ritmos y ritmos, que a su vez crean vinculaciones.

    Por eso que un argentino triunfe en el Calcio es bastante frecuente, porque su fútbol no están tan alejados uno de otro (en líneas generales, luego hay excepciones obviamente).

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  • @SharkGutierrez 28 marzo, 2013

    Dicho esto, aquí os dejo una pieza que hice no hace mucho para una conocida revista digital sobre la maldición del "10" argentino. No incluí a la Brujita Verón, porque no me pareció en ningún caso, un 10: http://promesadefutbol.com/2013/03/26/el-tango-ma…

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  • El cautivo 28 marzo, 2013

    Me quedo siempre con Riquelme. Roman te condiciona el equipo a su ritmo, pero a cambio te aporta una genialidad en tres cuartos que Verón ni huele. Riquelme es un jugador especial, técnicamente sobredotado y que es IMPOSIBLE quitarle la pelota. La Brujita no deja de ser Gago con desplazamiento en largo.

    Por cierto ¿Que fue mas duro e inesperado en Corea? ¿La caída de Argentina o la de Francia? Para mi, por cierto, el mundial con menos calidad de los que he vivido.

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  • @DavidLeonRon 28 marzo, 2013

    @Shark

    "Pero Verón era de ritmo lento, no, lo siguiente"

    No nos olvidemos que el Verón pleno físicamente tenía mucha llegada en potencia, tenía vuelo hacia la portería…

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  • @Chemaerrebravo 28 marzo, 2013

    @David León

    13 goles en el gran año del Lazio. El Verón 2000-2001 era el mejor futbolista del Calcio junto a Zidane, Totti y Crespo.

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  • @migquintana 28 marzo, 2013

    En vuelo, tú lo has dicho. En espacios cortos, giros, orientándose… ahí necesitaba que los segundos duraran minutos.

    @El Cautivo

    Hombre, pese a que Argentina llegaba como una de las grandes favoritas y había hecho méritos para tener a la gente ilusionada, yo creo que lo de Francia impresionó más. Al fin y al cabo, eran los actuales campeones del Mundo y de Europa, ”tenían” a Zinedine Zidane que había roto la escuadra en Glasgow… y quedan últimos, si no me equivoco, en un grupo con Dinamarca, Senegal y Uruguay. La leche es mayúscula.

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  • Borja 28 marzo, 2013

    ¿ Alguien me podría explicar a que os referís cuando habláis de velocidad mental ? Al sacar del término a Messi me habéis confundido un poco.

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  • Abel Rojas 28 marzo, 2013

    @ Borja

    A velocidad a la hora de tomar decisiones. Esto que pasa con Busquets que tú dices "3 segundos antes de que recibiese ya sabía lo que iba a hacer". Eso es parte de la cultura europea, todo viene de los 70, cuando el pressing football de los holandeses y los alemanes.

    En Sudamérica siempre se ha dado un papel más romántico a la pausa y la técnica -protección del balón, regate, etc, y se desarrolla menos esta otra virtud.

    También tiene que ver el tema del ritmo. Por eso a los jóvenes latinoamericanos les cuesta adaptarse a Europa. Aquí se juega mucho más rápido.

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  • El cautivo 28 marzo, 2013

    @ Borja
    Básicamente a pensar que hacer la décima de segundo antes de tener el balón. Iba a decir que Abel se habia pasado negandoselo a Messi, pero si es cierto que si uno piensa en la forma de jugar de Leo si que parecería toma la decisión adecuada en el momento adecuado. Lo que pasa es que Messi hace trampas con la capacidad técnica omnipotente que atesora que le da el tiempo que otros no tienen.
    A mi siempre me surge el nombre de Guardiola en este aspecto. No tenia nada para ser jugador de elite, excepto su cabeza.

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  • zas 30 marzo, 2013

    veron es uno de los mejores futbolistas que eh visto, y no es un tópico, de verdad está entre mis favoritos. En cierta forma es una mezcla de xavi y busquets(sin llegar en algunos aspectos al nivel de ellos), combinaba cualidades físicas grandiosas con una calidad técnica extraordinaria y una visión de juego única.

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  • jorge 2 abril, 2013

    muy buena nota

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  • @Lisbm1993 2 abril, 2013

    Juan Sebastián Verón, es uno de los mejores mediocampistas que he visto en mi vida. Gran nota.

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  • Italo Severini 8 abril, 2013

    Bastante para opinar. Estudiantes debe ser, junto con Boca, los clubes menos queridos en Argentina, por el hecho de lo que acá denominamos Anti-futbol. Hay una Copa que ganan sin meter goles!
    Con respecto a la final con Barcelona hay que recalcar la genialidad de Sabella para plantear ese partido, como podran ver en el video adjunto.

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  • Italo Severini 8 abril, 2013

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  • @DavidLeonRon 8 abril, 2013

    @Italo Severini

    Ese vídeo lo conocía, es muy bueno. Además Sabella tiene golpes de humor muy destacables ^^

    Muy interesante el apunte del ritmo de juego, para mí fundamental y la vía con la que el Barça destrozó al Santos en Japón la última vez. En general el europeo ahí tiene la gran ventaja, porque la Champions League es inhumana a nivel de ritmo.

    Aquí hay otra explicación del Pachorra sobre la final de 2009:
    http://www.youtube.com/watch?v=8r0rXULIpYA

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  • Italo Severini 8 abril, 2013

    Sabella aparte de ser un técnico élite, es una excelente persona, durante la tragedia de las inundaciones, alojó a todo el barrio en su casa, y mandó a muchas familias que habían perdido todo, al predio de Ezeiza de AFA. Un gesto sin parangón en horas aciagas. Y todo esto sin mostrarse ante la prensa como heroe.

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El recuerdo de un pasado cuyo aroma no debería, ni aunque sea un poquito, abandonarnos nunca. El balón es el protagonista. Y ésta, su casa.