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	<title>Ecos del Balón &#187; Alfredo di Stéfano</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito #yomequedoencasa</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2020 09:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”, Étienne Decroux. ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que «hasta donde [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-271856"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
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&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
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		<title>La Quinta del Buitre: futuro, presente, pasado (I)</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Dec 2017 03:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Pocos momentos provocan en el aficionado al fútbol las sensaciones del camino al estadio. Aun más cuando juegan los dos primeros equipos de la clasificación en un <a target="_blank" href ="https://elpais.com/diario/1983/12/03/deportes/439254003_850215.html">partido altamente anticipado</a>. Ochenta mil personas<span id="more-246506"></span> haciendo el mismo peregrinaje, dirigiéndose a <i>su</i> puerta, abarrotando las gradas, animando al conjunto blanco, líder en la Liga, que se enfrenta a su oponente bilbaíno, segundo y pisándole los talones. Los merengues llevan toda la temporada impresionando con su juego, y los leones no le andan a la zaga. El partido es de poder a poder y el Bernabéu, absolutamente lleno, disfruta a pesar de que los locales no cuentan con dos de sus mejores centrocampistas. Esa temporada es mágica para los madridistas, que a 3 de diciembre no solo son primeros sino que ya han eliminado de la Copa del Rey al Betis. Pocas semanas antes el buen juego de los locales metió 60 mil espectadores en el coliseo blanco para un derbi madrileño. En la eliminatoria contra el Betis y en un partido contra el Deportivo la gente también responde en grandes cantidades. El momento clave llega en un saque de falta cabeceado a la red por el menudo delantero madridista, ese del que todos hablan maravillas y que no hace tanto fue muy alabado en la prensa. El equipo vuela y con él la imaginación de una afición que siempre exige cotas mayores. Estos chicos serán clave en el futuro del primer equipo más pronto que tarde.</p>
<p style="text-align: justify">Efectivamente, el futuro. Porque el presente, ese 3 de diciembre de 1983, es un partido de Segunda División. El filial del Real Madrid, el Castilla, finalista de Copa hace tres años, es ahora líder de la categoría y se enfrenta a un Bilbao Athletic repleto de buenos futbolistas que ya alimenta a su equipo mayor, el conjunto dominante del fútbol español en esa época. El Betis, un <i>primera</i>, había caído ante los castillistas en Copa, y sesenta mil almas se juntaron en el Bernabéu para verles jugar ante el Atlético Madrileño, filial rojiblanco. Faltan dos de los mejores centrocampistas del equipo, Sanchís hijo -pasará un tiempo antes de que pueda deshacerse de la coletilla- y Martín Vázquez, que han viajado a Murcia para debutar con el primer equipo, pero todavía está Míchel en la banda derecha, el diablillo Pardeza en la izquierda -recibiendo entradas criminales de Bolaños- y el autor del gol de la victoria, Emilio Butragueño, el Buitre, en la punta del ataque. Apenas tres semanas antes, el 15 de noviembre, <a target="_blank" href ="https://elpais.com/elpais/2013/11/14/icon/1384450140_310238.html">Julio César Iglesias les había bautizado</a> como la <i>«Quinta del Buitre»</i>. Por aquello de tener todos la misma edad, pero al mismo tiempo refiriéndose a esa quinta velocidad que tenía Emilio. En aquella época casi todos los coches tenían cuatro velocidades, así que la quinta era algo así como un extra. Pero ya habrá tiempo de hablar de ese tema.</p>
<h2>¿DÓNDE SE CRIA LA QUINTA?</h2>
<p style="text-align: justify">Los inicios de los 80 en España fueron una época curiosa e interesante en casi todos los ámbitos. El país daba pasitos de recién nacido en su nueva condición de democracia lo que conllevaba, como con todos los bebés, algún que otro tropezón &#8211;<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=5E6fIfTz2d4">¡se sienten, coño!</a>&#8211; y modelitos cuanto menos señalables, como aquellas <a target="_blank" href ="http://estaticos.elmundo.es/assets/multimedia/imagenes/2014/10/16/14134510153047.jpg ">chaquetas de pana</a> que nuestro flamante presidente socialista lucía con el mismo orgullo con que su segundo al mando llevaba las gafas estilo chica del <i>«Un, Dos, Tres»</i>. Son etapas de la vida y hay que pasar por ellas. Futbolísticamente esos primeros años de la década supusieron también una ruptura con lo anterior, ya que dos equipos vascos, la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao se tornaron dominadores del balompié patrio. Con un fútbol aguerrido, físico -no mucho más que la media española, vamos a romper ya ese mito- y no exentos de calidad, los de Ormaetxea y Clemente firmaron cuatro años de impasse en el tradicional dominio madridista, lo que unido a un Atlético de Madrid que ya no era el mismo que en la década anterior creo, una vez mas, un escenario casi inédito en otro ámbito de la vida española. Caso aparte era el Barcelona, a quien nunca faltó el dinero y que bajo la dirección de su nuevo presidente José Luis Núñez estaba dispuesto a hacer saltar la banca y seguir trayendo a las más rutilantes figuras del fútbol internacional, como era tradicional del club. Así pues, desembarcará Schuster y también Maradona, tomándole el relevo a Krankl y Simonsen. Quini, goleador de categoría, cambiará su amado Molinón por el Camp Nou, pero los resultados en Liga no llegarán hasta el mandato de Terry Venables, un técnico británico sin la cabeza de ladrillo de Weisweiler o Lattek. De entrenadores tampoco fueron nunca faltos los blaugranas. Esta época del fútbol español coincidió <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=xp_1I2YtX8o">con nuestro Mundial</a>, donde esta mezcla de caracteres que iban desde el aguerrido Camacho, hasta el pequeño diablo López Ufarte pasando por Arconada, José Ramón Alexanko, Juanito, Santillana, Quini, el inclasificable fenómeno que era Gordillo y la clase de Zamora en el medio del campo, parecieron abocados al fracaso desde el principio, aplastados por la presión de la cita y su propia falta de nivel en un campeonato en el que, precisamente, sobró calidad y equipos de categoría. </p>
<p style="text-align: justify">En este ambiente el Castilla, equipo filial del Real, vivió sus años dorados. Ya en el año 80 sorprendió a propios y extraños con su extraordinaria andadura en la Copa del Rey. Un equipo en el que sólo Ricardo Gallego -y el portero Agustín en cierto modo- llegaría a hacer carrera en el primer equipo se plantó en la final eliminando a cuatro equipos de Primera División. Y no unos cualquiera, además del Hércules, el Athletic de Bilbao, la Real Sociedad que no tardaría en ganar la Liga dos años seguidos y un Sporting de Gijón que contaba con Quini, Maceda, Cundi o Ferrero, un conjunto de campanillas en la época. Así pues, los castillistas <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=vy7w0wAl4ZU">se plantaron en la final</a>, algo que nunca será igualado, donde sucumbieron ante el primer equipo en una fiesta totalmente blanca en el Bernabéu. Aun así, el gran aporte del Castilla durante la década todavía estaba por llegar. Entre el año 81 y el 85 dará a luz a un grupo de jugadores que cambiará el fútbol español, no solo por su manera de jugar sino también a nivel cultural y mental. </p>
<h2>LA QUINTA, EL FUTURO</h2>
<p style="text-align: justify">En aquel horno a fuego lento que era el filial, ninguno de los componentes de esta generación pasó tanto tiempo como Míchel, nombre futbolístico que será pronunciado de mil maneras por locutores de todo el mundo, y que será el primero en debutar en la máxima categoría del fútbol nacional. Fue en circunstancias especiales, durante una huelga de futbolistas que obligó a los filiales a jugar en una jornada de Liga. Como si tuviese que ir marcando territorio, Míchel anotó el gol de la victoria de su equipo. Tardaría algo más de dos años en volver a pisar esos pastos, algo que le frustró, consciente de la calidad que atesoraba. Su pierna derecha era un guante y se sentía en casa jugando como centrocampista diestro, aunque lo veremos de lateral, de interior e incluso de líbero.</p>
<p style="text-align: justify">Con Míchel llegó al Castilla un menudo delantero centro que se convertiría en el yerno ideal de todas las madres de España. Pelo rubio y rizado, ojos claros y, quiero pensar que olía de maravilla, aunque solo fuese porque su padre tenía una perfumería. Estudiante en un prestigioso colegio madrileño y madridista de cuna. Emilio Butragueño, un as dentro del área, capaz de librarse de sus marcadores en los espacios más cortos y con una habilidad natural para rapiñar goles en el área. Con ese apellido y ese don, el Buitre había nacido y ni él mismo se imaginaba lo que representaría durante la siguiente década. Tras marcar 40 goles en el filial, Alfredo di Stefano <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=r18k7-zpwEg">le dio la alternativa</a> en el primer equipo en la temporada 83-84 y ya nunca miró atrás. A Míchel y el Buitre, ya para la posteridad pareja de baile, dúo artístico, se les unió en el 82 un menudo extremo onubense, rápido como él solo y que iba a recibir las peores patadas de todo el grupo. Miguel Pardeza era el complemento de Butragueño en ataque, el recurso del Castilla cuando no había recursos, como lo había sido Paco Gento décadas atrás para el Madrid de las Copas de Europa. <i>«Si no sabes qué hacer, dásela a Miguel, él se irá por velocidad, inventará algo o recibirá una tarascada y forzaremos una falta»</i>. Pardeza nunca se consolidará en el primer equipo, pero tendrá una destacada carrera como jugador profesional.</p>
<p style="text-align: justify">En la 83-84, pasan fugazmente por el filial madridista los otros dos componentes de la futura Quinta. Como un visto y no visto, Manolo Sanchís hijo y <a target="_blank" href ="http://www.libertaddigital.com/deportes/futbol/2014-05-09/martin-vazquez-me-ire-a-la-tumba-sin-saber-por-que-mendoza-me-abrio-la-puerta-de-salida-1276518084/">Rafael Martín Vázquez</a>, llegan, aportan su tremenda calidad a un Castilla histórico, y suben al primer equipo. El primero un centrocampista que también puede jugar de central, con calidad para jugar la pelota y carácter. Siempre con la camiseta por fuera del pantalón, sus subidas al ataque, en el estilo de los mejores líberos, le verán convertirse en uno de los jugadores que más veces se ha puesto la camiseta blanca -y uno de los más laureados-. Será tan grande que conseguirá algo muy poco común: que su padre, famoso jugador madridista y campeón de Europa, pasase a ser simplemente eso, el padre de Sanchís.  Vázquez, que era su nombre futbolístico por entonces, era el jugador del que todos hablaban maravillas. Joven prodigio del mediocampo, demostró su calidad en torneos internacionales con los juveniles del Madrid y las categorías inferiores de la selección española. Con una visión de juego fantástica, aglutinaba también las características de los clásicos centrocampistas de la década anterior, con un buen despliegue en el campo y capacidad para jugar en corto y en largo. Le costó adaptarse, fue discutido, pero su calidad acabó por darle el status que merecía. En el segundo plano se movía con comodidad y así, en segundo plano, quedó el hecho de que también a él fue el mismo Julio César Iglesias el que le cambió el nombre. El periodista recordó que había habido un torero de nombre Rafael Martín Vázquez y le pareció adecuado incorporar el primer apellido. Rafael pasó a ser nuestro <i>Gigiriva</i>. <i>Martinvázquez</i>.</p>
<blockquote><p>El fútbol nunca fue tan físico como en ese comienzo de la década de los ochenta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Como ya habíamos dicho, estos primeros ochenta fueron años de contradicciones para el club blanco. Corto de dinero y de talento en muchos casos, el club no olió una liga durante la época de dominio vasco y, para colmo, tampoco después porque el Barcelona de Venables se impuso en el campeonato del 85. Pero con un equipo en el que destacaban los jugadores raciales como Camacho, Stielike o Juanito -estos dos últimos muy buenos jugadores, debemos añadir, más allá de lo volcánico de su carácter-, el ariete Santillana y el portero que tocase, fuese Miguel Ángel, fuese García Remón, se las arreglaron para llegar a una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8MTkNeEgqik ">final de la Copa de Europa</a>, aquella de 1981, donde plantaron cara al gran ogro europeo de la época, el Liverpool de Bob Paisley. El año anterior solo una desafortunada noche en Hamburgo les había privado de disputar la final en el Bernabeu. El Madrid era un noble de buen linaje venido a menos, pero todavía conservaba uno o dos buenos trajes para las grandes ocasiones. Más decepcionante fue la terrible <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jczRWhlh0ls">final de la Recopa del 83</a>, en Goteborg, donde en un partido malísimo fueron batidos por el correoso Aberdeen de Alex Ferguson. Para el inicio de la temporada 84-85, los madridistas competían en la Copa de la UEFA, un torneo de un nivel tremendamente alto, por la cantidad de equipos competitivos y por la duración del torneo, un mata-mata de seis rondas donde errar normalmente se pagaba con la vida. El Madrid, eso sí, se saltará esta máxima varias veces de manera milagrosa en el siguiente bienio.</p>
<p style="text-align: justify">El fútbol de los ochenta era abrasivo. Invadido por los residuos del fútbol total -todavía había equipos que lo perseguían o que lo habían modificado a su manera-, con una importancia capital del juego sin balón y con una preocupación por el poderío físico como no se había visto nunca. El marcaje al hombre seguía vivito y coleando y la violencia era parte inexcusable del juego. Seguramente el dominio inglés, italiano y alemán ayudó, claro. En todo caso la afición se dividía entre los artistas como Zico, Maradona o Platini con sus regates inverosímiles y su excelente toque de balón y los no menos efectivos y espectaculares Rummenigge, Elkjaer Larsen o Briegel, con su velocidad endiablada, sus cañones en cada pierna y sus pulmones para exportar. En el caso de Chamartín, todo solía acabar en la cabeza de Santillana, previo pelotazo o jugada de Juanito –<i>que la prepara y Santillana mete gol</i>, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oxBLr5tuFnE">tonadilla clásica</a> del coliseo blanco-. Y ahí es donde los chavales de la Quinta, aquellos de los ochenta mil en el Bernabéu en Segunda División, hicieron su entrada.</p>
<p style="text-align: justify">Los blancos iniciaron la temporada con una mezcla de veteranos y noveles, nada más propio, y con intención de recuperar el título liguero. Cuatro de los cinco componentes de la Quinta eran ya miembros del primer equipo -aunque Martín Vázquez, junto a Pardeza, se pasó una parte de la temporada haciendo el servicio militar-. Seguían las viejas glorias en el equipo, Chendo ocupaba el lateral derecho, Gallego se había hecho fijo en un medio del campo donde no se acababa de asentar el talentoso Juan Lozano, y arriba llegaba también ese año un espigado delantero argentino <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9aaFVUnCmbU">llamado Jorge Valdano</a>. En el banquillo Alfredo di Stefano dio paso al padre de la Quinta, Amancio Amaro, que subió del Castilla pero nunca fue capaz de reproducir su éxito del filial. El Madrid empezó mal el año y siguió siendo irregular en el campeonato de Liga, que fue a parar al Barcelona, al que Terry Venables sacó de una sequía de más de una década. El Madrid acabó quinto, incluso superado por un buen Sporting de Gijón. Amancio fue cesado faltando una jornada. Tras un año en el protagonizó unas cuantas anécdotas interesantes, como aquella  de bajarse los pantalones en White Hart Lane, mostrando las cicatrices de las tarascadas que recibió como jugador para infundir valentía a sus jugadores, o el incidente en Milán donde descubrió a Juanito y Butragueño con compañía femenina antes de un partido contra el Inter. El <i>gallego brujo</i> dejó el equipo con la misión cumplida de haber servido de puente para la integración de sus polluelos del Castilla en el primer equipo. El hombre que le sustituyó fue el apagafuegos de la Casa Blanca, Luis Molowny. <i>«El Mangas»</i> llegó a tiempo para levantar el poco prestigioso trofeo de la Copa de la Liga ante el Atlético y también para culminar una histórica trayectoria en la Copa de la UEFA, qué será la gran narrativa de esta temporada merengue.</p>
<blockquote><p>El Real Madrid encontró en la UEFA una forma de revivir y crear sus grandes noches europeas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Tras liquidar al Wacker Innsbruck austríaco y al Rijeka yugoslavo -el día que un jugador mudo fue expulsado del Bernabeu- en los dos primeros cruces, el sorteo puso al Madrid ante un equipo imponente en los octavos de final. El fútbol belga vivía su época dorada y el Anderlecht era su mejor exponente. El Madrid recibió una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IYt5GQ8D6_g">buena lección en el Parc Astrid</a>, especialmente en la segunda parte, donde fueron incapaces de contener a Frank Vercauteren, que fue un puñal en la banda derecha belga y especialmente a un jovencísimo Enzo Scifo, que había tomado el relevo del madridista Lozano como cerebro de <i>«les mauves» </i> y mandó en el partido como si fuese un veterano de mil batallas. El 3-0 parecía liquidar la eliminatoria y casi casi la temporada blanca.</p>
<p style="text-align: justify">Pero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=r0ruiZfGE5U">en el Bernabeu</a>, convertido en una olla a presión, el Madrid salió convencido de la remontada. Atacar, atacar y atacar era la receta y a la media hora la eliminatoria estaba igualada. Sanchís no dio apenas tiempo para asentarse en el campo a los belgas, marcando en el minuto dos. Butragueño, esta noche sí titular, comenzaba su primera gran exhibición con un gol en el 16, mientras Valdano añadía un tercero en el 30. El Bernabéu enmudeció por unos segundos cuando el joven danés Per Frimann marcó el 3-1, dando algo de aire al Anderlecht. Pero apenas cinco minutos más tarde Valdano, que jugaba en un tridente con el Buitre y Santillana, les vacunaba por cuarta vez. En la segunda parte, recital de Butragueño, que añadió dos goles más a su cuenta, cerrando un 6-1 histórico que dio la vuelta a Europa. No es nada exagerado decir que en aquel momento el Anderlecht tenía más caché que el Madrid en Europa y verles caer de esa manera mandó un aviso al resto de conjuntos y al propio vestuario blanco: se podía volver a ganar en Europa. Como ya habíamos dicho, la Copa de la UEFA era un torneo durísimo, y en cuartos de final el campeón en título, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=YQJ4jOQDVGo">los ingleses del Tottenham</a>, con Glenn Hoddle y Osvaldo Ardiles a la cabeza, se cruzaron en el camino del Madrid. Fue una eliminatoria muy cerrada y muy dura, de ahí la anécdota de las cicatrices de Amancio. El Madrid la superó con un solitario gol para llegar a semifinales y medirse con otro hueso, el Inter de Milán. En Italia, los interistas liderados por Rummenigge sometieron al conjunto madridista. Su defensa, con un joven Zenga en la puerta y los rocosos Bergomi, Beppe Baresi, Marini y Mandorlini por delante cerró el partido a cal y canto. Liam Brady y Alessandro Altobelli hicieron el resto. 2-0 y la perspectiva de un cerrojazo en Madrid que había que hacer saltar. Lo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=cbShj4yqJuE">hizo el Madrid</a>, sin Butragueño, y con un Santillana en modo héroe, marcando dos goles con Michel añadiendo el tercero. </p>
<p style="text-align: justify">Tras los últimos cruces, el rival de la final pareció un pequeño regalo. Los húngaros del Videoton, un conjunto sin figuras que se abrió pasó hasta la final -dejando en el camino a Dukla, PSG, Partizan y Manchester United entre otros-, no fueron rivales y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=6sd-WH853lw">el 0-3</a> que el Real Madrid consiguió en la ida en Hungría selló el triunfo en la Copa de la UEFA. El primer título europeo que volaba al Bernabéu desde la lejana Copa de Europa ganada al Partizan.</p>
<p style="text-align: justify">Ese verano de 1985, con Ramón Mendoza ya como presidente, el Madrid da un salto de calidad enorme. El necesario para recuperar la Liga y, viendo la prometedora generación que la cantera le había brindado, aspirar a más en Europa. Con el ascenso de Pardeza al primer equipo, la Quinta jugará completa en Primera y además solo hay una baja importante, la de Uli Stielike. Todos los demás siguen. Pero serán tres fichajes los que acapararán toda la atención: Antonio Maceda, Rafael Gordillo y Hugo Sánchez, tres figurones a los que el mexicano bautizará como la <a target="_blank" href ="http://3.bp.blogspot.com/-LxapSq5KG7U/UzHa12m3fBI/AAAAAAAAAMk/KzHH9qBJDV0/s1600/quintamachos.jpg"><i>«Quinta de los Machos»</i></a>. Sería como fichar hoy a Hummels, Alaba y Lewandowski de una tacada. Maceda venía del Sporting de Gijón, y era un líbero con una clase como había pocos. Se había consagrado en la Euro 84 con su colocación, y su capacidad para sacar el balón jugado e incorporarse al ataque. Estaba llamado a ser el líder de la zaga. Hugo Sánchez venía del Atlético de Madrid y llegó con no poca polémica. Era un goleador de área, genio del remate a un toque. Había comenzado de extremo y le veremos caer hacia esa zona durante el quinquenio mágico del equipo en la segunda mitad de los 80. Tenía una zurda que era un cañón y carácter para enfrentarse a todo y todos. Con él el Madrid completaba un ataque que reunía todos los perfiles imaginables. Sería el mejor complemento para el Buitre. Por último, <i>«el Gordo»</i>, que llegaba del Betis ya con 28 años y mucha experiencia. Un jugador que hizo de la banda izquierda <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9125X_sgXYA">el salón de su casa</a>. Normalmente catalogado como carrilero izquierdo, podía ocupar cualquier posición en esa banda y será, tácticamente, el jugador más especial y decisivo de ese equipo. Llegaremos a eso.</p>
<blockquote><p>La segunda de la Copa de la UEFA selló el final de la primera etapa de la Quinta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Con Molowny al mando, y con un once tipo en el que Ochotorena y Agustín compartieron la meta, con Chendo, Sanchís, Maceda y Camacho por delante, Gallego, Míchel y Gordillo en el medio y Hugo Sánchez, Butragueño y Valdano arriba, el Madrid arrasa en la Liga. Once puntos de ventaja al Barcelona subcampeón de Europa. Hugo es el máximo goleador, Valdano el mejor jugador y Míchel el mejor jugador español. Martín Vázquez entra poco a poco en un centro del campo en el que las posiciones dejan de ser fijas, con Míchel metiéndose muy al medio y Gordillo haciendo un poco de todo, que es lo que sus pulmones y su clase le permitían. Todavía hay muchísimos minutos para Juanito y Santillana se confirma con el revulsivo. Los tres de arriba le cierran el paso al veterano favorito del Bernabéu, y Hugo, Valdano y el Buitre se entienden a las mil maravillas, intercambian posiciones y aparecen desde todos los frentes. Son una pesadilla.</p>
<p style="text-align: justify">En Europa, el campeón de la UEFA elimina a AEK de Atenas y Chernomorets Odessa en las dos primeras rondas. El equipo funciona muy bien, pero una noche de noviembre en Moenchegladbach se da de bruces con la realidad. El Borussia aplasta 5-1 a un Madrid inusualmente timorato, que salió a no perder y lo perdió casi todo. Ese solitario gol de Gordillo valdrá oro, aunque supo a poco ante tal varapalo. Dos semanas después, con el Bernabéu de nuevo encendido esperando una hazaña como las del año anterior, Molowny <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=j0ut9evL3Zk">no se guardó nada</a>. Incrustó a Juanito en medio campo y lanzó a su equipo al ataque. ¿Los héroes?, los mismos que en la remontada contra el Inter seis meses antes: Valdano y Santillana. Dos goles por cabeza y la histórica imagen de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VybNV4BIBZ4">Juanito saliendo de campo</a> a botes de pura alegría. Remontar se estaba convirtiendo en tradición. </p>
<p style="text-align: justify">Pero el equipo gustaba de las emociones fuertes y tras golear al Neuchatel suizo en la Castellana a punto estuvo de ser remontado en la vuelta. A un gol se quedaron los helvéticos de igualar el 3-0 de la ida. De nuevo en semis y de nuevo el Inter era el enemigo a batir. Y como el año anterior había salido una buena película, ¿por qué no repetirlo? El Inter había añadido a Riccardo Ferri a su defensa, un jugador que sería un marcador de élite en Europa durante los siguientes seis o siete años. También a Tardelli en el medio del campo. Y allí seguía el tridente formado por Liam Brady, Alessandro Altobelli y Karl-Heinz Rummenigge. Más el veloz Pietro Fanna en el flanco derecho. Un gran equipo que gracias a dos goles de Tardelli y uno de Salguero en propia puerta se llevaba a Madrid un 3-1 muy positivo. Pero el Bernabéu <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=CHbDmUdyWK8">vivió la enésima noche mágica</a>. Costó abrir el cerrojo italiano, pero Hugo Sánchez lo consiguió al borde del descanso. La segunda parte vio llegar el segundo gol, de Gordillo, que unido al que había marcado Valdano en Milán, clasificaba al Madrid. Pero un penalti de Brady volvía a poner las cosas cuesta arriba. Hugo, de nuevo, marcó para igualar la eliminatoria y llevarla a la prórroga. Ahí surgió la figura de Santillana, que empeñado en ser el protagonista de ambas victorias en la UEFA, se marcó un doblete y liquidó los sueños de los nerazzurri. ¡A la final! Allí esperaba el Colonia alemán, que había llegado a esta instancia mostrando una buena capacidad realizadora, peor sin enfrentarse a ningún rival de verdadera categoría. Tenían cinco internacionales alemanes en el once inicial, entre ellos el gran guardameta Schumacher y los atacantes Littbarski y Allofs. Y a un pequeño diablo saliendo del banquillo, Thomas Hässler. Pero se les cayó el mundo encima en el Bernabéu. Como había hecho el año anterior, el Madrid no les dio opción. Tras curtirse durante todo el año en eliminatorias muy duras, la final fue una fiesta. Hugo Sánchez, Gordillo, un doblete de Valdano y Santillana sellaron <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=eFDs2fW_U-Y ">un 5-1</a> que los alemanes no pudieron remontar en la vuelta. El segundo título sella un bienio mágico para el Madrid. No solo porque se vuelve a ganar sino porque deja unos recuerdos y una experiencia que jamás serán olvidados por el club. Pero con ambas Quintas entendiéndose tan bien y una plantilla fantástica, es momento de pedir más. Hay que aspirar a la tan deseada Copa de Europa. Michel y el Buitre disputan su primer Mundial con España en Mexico y el delantero se consagra como una estrella con sus cinco goles y su sonada actuación ante Dinamarca en Querétaro. España queda eliminada en cuartos, pero las perspectivas son brillantes. El futuro es hoy.</p>
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Próxima entrega:<br />
&#8211; La Quinta del Buitre: futuro, presente, pasado (II) &#8211; 10-01-2018</p>
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		<title>Historia de la camiseta mágica</title>
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		<pubDate>Wed, 10 May 2017 01:50:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Según contó Alfredo di Stefano en su autobiografía del año 2000, la camiseta número nueve original que llevaba durante su etapa cómo jugador era tan grande que le sobraba tela por todos los lados. Cómo estaba harto de tener que arremangarse durante los partidos, un día decidió cortar por lo sano, se armó con unas [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Según contó <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/alfredo-di-stefano/">Alfredo di Stefano </a>en su autobiografía del año 2000, la camiseta número nueve original que llevaba durante su etapa cómo jugador era tan grande que le sobraba tela por todos los lados. Cómo estaba harto<span id="more-231824"></span> de tener que arremangarse durante los partidos, un día decidió cortar por lo sano, se armó con unas tijeras y recortó los puños para ajustarse las mangas a la altura de sus muñecas. </p>
<p style="text-align: justify">El astro argentino quedó satisfecho con el resultado, pero no así el utillero del equipo, Peris, que según parece mandaba bastante en la institución. Peris se quejó a <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/04/preparacion-fisica-real-madrid-alfredo-di-stefano-luis-carniglia-helenio-herrera/">Santiago Bernabéu</a> y este fue a pedirle explicaciones a la Saeta rubia: <i>“Me dicen que estás rompiendo los juegos de la equipación”</i>, dijo Bernabéu. Al principio Alfredo protestó diciendo que ya podrían haber hecho las mangas más cortas, pero entonces cayó en la cuenta de un dato: <i>“Pero bueno, ¿es que aquí hay otro nueve que no sea yo?”</i>. La camiseta no era por tanto propiedad del Real Madrid, sino de Di Stefano.</p>
<p style="text-align: justify">Y esto era tan así que durante años el diario bilbaíno <i>«La Gaceta del Norte»</i> se pudo permitir boicotear el nombre del jugador argentino sin renunciar a su función informativa, limitándose a escribir en la alineación <i>«El Nueve»</i> o <i>«el delantero centro de costumbre»</i>. Algo que seguramente sólo podía funcionar con tan pasmosa efectividad con <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Alfredo Di Stefano</a>. </p>
<blockquote><p>“Y el Santiago Bernabéu, me quedé mirando preguntándome si era de verdad. Lo mismo me pasó con Alfredo di Stefano, para mí era Dios”, Sandro Mazzola.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos años después de que Di Stefano y <a target="_blank" href ="http://blogs.elpais.com/memorias-blanco-negro/2013/04/la-gaceta-declara-non-grato-a-di-st%C3%A9fano.html"><i>«La Gaceta del Norte»</i></a> firmasen la paz se produjo en el vestuario blanco otra reacción furibunda del futbolista, similar a la que le había metido en un lío con los del diario norteño. En aquel día se jugaba contra el Zurich suizo, y Alfredo Di Stefano aprovechó el descanso para meter las muñecas en agua fría porque le dolían. Entonces, el vicepresidente Saporta entró en el vestuario acompañado por un chico joven, muy alto y rubio, al que Di Stefano no hizo ni caso, pero cómo al salir el chaval oyó que este le decía a los jugadores: <i>“Hay que seguir sudando la camiseta”</i>. El argentino se volvió hacia él y le contestó: <i>“Ché, andate a cagar”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">El chico se llamaba Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, y luego le harían Rey de España.</p>
<p style="text-align: justify">A aquellas alturas de la película, la camiseta con el número nueve, la de Di Stefano, parecía estar imbuída de algún poder sobrenatural, pues todo el mundo la quería. <i>“Lo que más me emocionó fue que Don Alfredo Di Stéfano me regaló su camiseta”</i>, <a target="_blank" href ="http://futbol.as.com/futbol/2007/04/04/mas_futbol/1175668059_850215.html">dijo Eusebio</a>, el del Benfica, ya en su vejez y refiriéndose a la final de Copa de Europa de 1962. Y otro tanto intentó el también rival Sandro Mazzola, aunque éste tras la final de Copa de Europa de 1964. </p>
<p style="text-align: justify">Se ve que al pobre Di Stefano, además de ganarle aquellas dos finales, parecía que todos querían quitarle hasta la camiseta, aunque el bueno de Mazzola al final se quedó con las ganas. Por el camino le interceptó otro mito del Real Madrid, <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2010/04/19/deportes/1271628017_850215.html/">Ferenc Puskas</a>, que le ofreció la suya propia diciéndole: <i>“Yo jugué contra tu padre. Tú eres digno de él. Te regalo mi camiseta”</i>. Y ahora esa zamarra del húngaro es <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/live-scores/news/y=2008/m=3/news=sandro-mazzola-inter-una-segunda-familia-707429.html">la favorita</a> de la colección del italiano.</p>
<p style="text-align: justify">Es algo bonito, porque nos podríamos atrever a asegurar que tanta pasión por la camiseta tenía algo de reencuentro con el padre desde el principio. Después de todo, cuando Sandro quiere explicar el cómo jugaba su padre siempre acaba diciendo: <i>“Era más o menos como Di Stéfano”</i>. Incluso el gesto que caracterizaba a Valentino Mazzola <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/live-scores/news/y=2008/m=3/news=sandro-mazzola-inter-una-segunda-familia-707429.html">era arremangarse</a> la camisa cuando iban mal dadas, así que lo del padre y la camisa siempre fue algo que había ido junto.</p>
<blockquote><p>“Para llevar este escudo hay que sudar la camiseta. Di Stefano”. Pancarta enarbolada por la grada de animación del Real Madrid.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Al final con la camiseta de Di Stefano pasó lo que quería Peris: que se la quedó el club. Y los que vinieron a sustituirle, cómo el gallego Amancio, empezaron a decir que Di Stefano les había contado que el secreto estaba en la transpiración; porque según Amancio, si no sudabas la camiseta Di Stefano no te dejaba ponerte una con el <a target="_blank" href ="http://futbol.as.com/futbol/2013/02/23/primera/1361586393_481480.html">escudo del club</a>. Pero estos dos, Di Stefano y Amancio, nunca se ponían de acuerdo sobre esta anécdota, y el argentino le replicaba que lo que había pasado es que Amancio le había tirado un pase al linier -que en aquella época también iba de blanco-, y Di Stefano a voz en grito le había dicho que sus compañeros eran los que llevaban el escudo.</p>
<p style="text-align: justify">Pero ya fuese por efecto del sudor o por darle bien los pases a los compañeros, lo cierto es que la camiseta parecía seguir siendo mágica. Los periodistas hablaban y hablaban sobre la mejoría que experimentaban los jugadores que se la ponían (y que pasaban luego un par de días en el vestuario). Y esas habladurías hoy podrán sonar a cuento chino, pero había algún fondo de verdad en ello. Cuando el jugador <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Antonio_Camacho">José Antonio Camacho</a> se lesionó en 1978 y se lo llevaron para operarse en París con el doctor Judet, recibió la visita de un corresponsal español que se sorprendió mucho al verlo, porque decía que le encontraba mucho más pequeño y frágil que cuando le había visto en el campo. </p>
<p style="text-align: justify"><i>“¿Le parezco más grande en el campo?”</i>, dijo Camacho. <i>“Sí, debe ser una impresión”</i>, contestó el periodista. <i>“No es una impresión. Es la verdad. Todos somos más grandes vestidos del Real Madrid”</i>. Y el periodista quizás no se lo creyó del todo, pero se quedó con la copla, y 10 años después cuando le escuchó al entrenador del Oporto decir que del Madrid lo que le preocupaba era su camiseta le empezaron a encajar todas las piezas. La camiseta funcionaba en dos direcciones. Le daba algún tipo de seguridad a los que la llevaban y, de algún modo, también intimidaba a sus contrincantes. </p>
<p style="text-align: justify">Quizás a un nivel inconsciente todos creían que aún la vestía Alfredo Di Stefano. </p>
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		<title>¿Para qué se inventaron los entrenadores?</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2016 03:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[«Fuimos a Inglaterra y no le interesábamos a nadie. Teníamos a un chico que hacía de entrenador y simplemente nos dijo: &#8216;Salid ahí y no hagáis tonterías&#8217;. ¡Qué coño tonterías! En tres minutos les habíamos metido dos goles, pero el segundo nos lo anularon y a mí se me soltó la lengua y le dije [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Fuimos a Inglaterra y no le interesábamos a nadie. Teníamos a un chico que hacía de entrenador y simplemente nos dijo: &#8216;Salid ahí<span id="more-221113"></span> y no hagáis tonterías&#8217;. ¡Qué coño tonterías! En tres minutos les habíamos metido dos goles, pero el segundo nos lo anularon y a mí se me soltó la lengua y le dije de todo al árbitro». Ferenc Puskas (1995) en una entrevista con el diario <i>«El País»</i> en Budapest.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Cuando el fútbol empezó a practicarse de manera organizada, es decir, siguiendo las reglas de los ingleses, no existía la figura del entrenador. Un gran olvidado del fútbol español, don <a target="_blank" href ="http://deportes.elpais.com/deportes/2014/11/23/actualidad/1416759290_903777.html">Pablo Hernández Coronado</a>, lo explicaba de una forma muy divertida. Él decía que en la época en la que todos los aficionados eran jugadores y, lo que que le resultaba aun más extraño, todos los jugadores aficionados, el jefe del equipo era el capitán; el cual era designado por sus propios compañeros a través de una votación directa. Durante aquel periodo legendario, y siempre según Hernández Coronado, la función del capitán se limitaba a elegir a los jugadores que formarían el equipo y a indicar el lugar que en el ocuparían. Un alineador, vamos.</p>
<p style="text-align: justify">Aunque ya entonces existían discrepancias sobre cómo debía desarrollarse dicha función. Por ejemplo, podemos encontrar una referencia sobre la adecuada dirección técnica de un equipo en un artículo de la revista deportiva madrileña <a target="_blank" href ="http://hemerotecadigital.bne.es/details.vm?lang=es&#038;q=id:0002120681"><i>«Gran Vida»</i></a>, publicado en marzo de 1904 y escrito por el corresponsal francés, aunque residente en Madrid, Ernest Cottart. Monsieur Cottart hablaba de la <i>«homogeneidad»</i> como una de las cualidades más deseables para un team. Su tesis consistía en defender que la superioridad de un equipo se sustentaba en el <i>«respeto, disciplina y obediencia»</i> a su capitán, el cual deberá corresponder a dicha confianza procurando que sus subordinados conserven sus sitios respectivos en defensa y entrenando a sus delanteros para que hagan <i>«muchos passes»</i>. De cara a la elección de los jugadores, Cottart recomendaba hombres ligeros para la delantera y hombres pesados (aunque ágiles) para la defensa. Y también advertía sobre el juego personalista, que solo busca el aplauso fácil del público inexperto. </p>
<p style="text-align: justify">La dinámica autoritaria propuesta por Monsieur Cottart dista mucho de lo que Hernández Coronado cita como lo habitual durante la primera época. Según el ex seleccionador nacional, si a alguno de aquellos capitanes se le hubiese ocurrido, por ejemplo, decirle a sus compañeros que diesen vueltas al campo o que hiciesen flexiones, además de perder el puesto seguramente hubiesen visto peligrar su integridad. </p>
<blockquote><p>Siempre existió la figura del director técnico, pero era elegida democráticamente por el resto del equipo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El cambio de las estructuras de poder en los equipos se produjo de un modo progresivo, conforme aumentaba el numero de ex-jugadores y estos acaparaban los puestos directivos. Según Hernández Coronado, el paso clave fue retirar a los jugadores la capacidad de elegir su capitán, pasando esa atribución a las juntas directivas. Él interpreta que esta decisión se sustentó en dos razones: una explicita y otra implícita. A priori, al institucionalizar dicha elección se consideraba que los capitanes pasarían a tener una mayor autoridad. Pero para Hernández Coronado esta decisión escondía una dimensión política y no deportiva, puesto que lo que facilitaba era que la Junta influyese de un modo más directo en el equipo. </p>
<p style="text-align: justify">El siguiente paso en esa dirección fue la importación de la figura del director técnico a la manera inglesa. Los primeros entrenadores fueron jugadores del propio club que acababan de retirarse, luego llegaron los veteranos de otros clubes y finalmente los técnicos extranjeros. El puesto iba ganando paulatinamente en importancia, cada vez estaba más <i>«tecnificado»</i> y, en consecuencia, mejor retribuido. Hernández Coronado se muestra suspicaz tanto en relación al progresivo empoderamiento de la figura del entrenador, como respecto a los motivos ocultos que entendía que había tras este ascenso. </p>
<p style="text-align: justify">Es interesante contrastar la opinión de Hernández Coronado (1955) sobre el impacto de un técnico en un equipo con las declaraciones que hizo sobre el mismo tema Alfredo Di Stefano (1964), porque son muy parecidas. Di Stefano aseguraba que un director técnico, <i>«sabiendo»</i>, podía colaborar a lo sumo en un <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-cantera-encontrar-y-formar-talento-labor-entrenadores/">diez por ciento</a> para conseguir el triunfo. Pero el técnico que no sabía podía perjudicar al equipo en un cuarenta por ciento. Hernández Coronado estimó, a ojo de buen cubero, que un buen trabajo técnico podía mejorar las posibilidades de un conjunto hasta un quince por ciento. Sin embargo también podría reducir el rendimiento hasta un cincuenta por ciento, si los entrenamientos eran demasiado duros, si contribuía a que hubiese disensiones dentro del grupo o si toleraba la indisciplina. </p>
<p style="text-align: justify">A pesar de que el potencial teórico de mejora era muy inferior al de deterioro, Hernández Coronado consideraba que los entrenadores eran <i>«necesarios»</i>; si bien no tanto por la vorágine tacticista, con la que se muestra muy crítico, sino por motivos sociológicos. Los entrenadores existían, principalmente, para ejercer cierta sensación de control sobre los jugadores; y porque siempre hace falta alguien cuya principal misión sea tener la culpa. Este segundo punto está vinculado a la necesidad de una catarsis periódica en los equipos. La conveniencia de sacrificar un chivo expiatorio que permita transmitir metafóricamente la sensación de <i>«borrón y cuenta nueva»</i>, así como eximir a la Junta de toda responsabilidad por una teórica mala marcha del equipo. Hernández Coronado considera este mecanismo como parte de una <i>«religión del deporte, con sus mitos, sus ritos, sus santos y sus santones»</i>, y a esta esfera pertenecerían, por ejemplo, esas expulsiones solemnes de entrenadores. Si bien él parece apuntar a que considera estas dinámicas como algo necesario. </p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, en el otro lado del océano, el periodista argentino Dante Panzeri habla también sobre esta misma dimensión <i>«espiritual»</i> del fútbol, aunque con un enfoque mucho menos compasivo. Sirva como ejemplo el artículo publicado en el número 6 de la <a target="_blank" href ="http://www.lanacion.com.ar/211841-satiricon-br-aquellos-humores-feroces">revista Satiricón</a> (1973), en donde considera equiparables a la charlatanería política, el curanderismo y al <i>«macaneador»</i> (estafador) religioso con los directores técnicos del fútbol. De hecho Panzeri se muestra aun más despiadado con los entrenadores que con las otras supuestas patrañas, puesto que si bien atribuye a la religión o al curanderismo algún «servicio espiritual», considera en cambio que los directores técnicos son el caso más incomprensible de cuantas <i>«supercherías»</i> (sic) hay en el mundo. Aun cuando en el artículo de Satiricón asegura que el fenómeno le resultaba incomprensible, parte de su obra fue encaminada a sistematizar una teoría coherente sobre cómo funcionaba y a quién servía este fenómeno de los técnicos futbolísticos. </p>
<blockquote><p>Es un sacerdote de la religión futbolística y el chivo expiatorio que limpia los pecados del grupo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Si ponemos en paralelo el trabajo de Dante Panzeri con los escritos de Pablo Hernández Coronado, constataremos que sus enfoques particulares son bastante compatibles. Ambos dan preeminencia a su función como <a target="_blank" href ="http://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/de-donde-procede-la-expresion-ser-un-chivo-expiatorio/"><i>«chivo expiatorio»</i></a>. La diferencia entre ambos es que Hernández Coronado razona que el funcionamiento es similar al ritualismo religioso, mientras que Panzeri prefiere compararlo con una comedia teatral, pero al fin y al cabo el procedimiento es parecido. Panzeri lo explicó con todo lujo de detalles en otro artículo de Satiricón (1974) dedicado a <i>«Los dirigentes del fútbol»</i>. Allí dice claramente que el director técnico fue un invento de los dirigentes y que su función principal consistía en darle a las masas de aficionados un culpable visible para que los directivos quedasen a salvo. Lo mismo que veinte años antes había razonado Hernández Coronado, si bien éste ahondó más en el fenómeno estableciendo que la catarsis de la destitución también era útil para los jugadores -y no solo para los directivos- y que el advenimiento de un nuevo técnico suponía darle al aficionado una nueva ilusión. Algo necesario porque, según él, las masas <i>«siempre se creen con derecho a los milagros»</i>. Por ejemplo, que de once malos jugadores pueda salir un buen equipo.</p>
<p style="text-align: justify">El segundo aspecto en el que tanto Hernández Coronado como Panzeri coinciden es en la relevancia del entrenador a la hora de asentar el discurso de la tecnificación. Hernández Coronado usó un paralelismo muy interesante para explicarlo. Comparó el fútbol con el ajedrez. Según parece también este juego de tablero ha vivido una época romántica de gambitos y juego abierto, en contraposición con la época <i>«moderna»</i>, en la que se pasó a un juego posicional y en donde primaba el enfoque defensivo. Es decir, proteger la posición propia antes que atacar la ajena. Similar al abandono en el fútbol de la jugada arriesgada y espectacular para evitar desajustes defensivos. El cambio vino ligado a lo que Hernández Coronado llamó la <a target="_blank" href ="http://www.dios.com.ar/notas1/off-line/libros/la_relig/la_religion_de_la_tecnologia.htm"><i>«manía del supercientifismo»</i></a>. La aparición de una apabullante bibliografía teórica sobre aperturas y finales de partida con el análisis de millares de variantes. Lo mismo que estaba sucediendo en el fútbol español desde la década de 1950. Sin embargo, el gran ajedrecista Capablanca ya advertía que la memorización de variantes siempre sería menos eficaz que el talento combinatorio de un jugador que no memoriza, pero conoce el espíritu de cada apertura. El ajedecista, por tanto, nace y no se hace, y lo mismo sucede con el futbolista.</p>
<p style="text-align: justify">Por su parte, Dante Panzeri en el artículo <i>«Traducciones del insecto D.T. (que no es un insecticida)»</i>habla de lo que se despilfarra en el fútbol siguiendo las indicaciones del D.T. sobre supuestas necesidades tecnológicas. Les señala, por tanto, como colaboradores necesarios en la inflación de la manía del supercientifismo. Algo que Hernández Coronado dejaba entrever, pero que no afirmaba con tanta crudeza. Si bien cabe matizar que en su libro <i>«Dinámica de lo impensado»</i>, Panzeri descarta que el entrenador tenga la paternidad de dicho discurso, siendo más bien ellos mismos un síntoma de una dinámica social. Así lo apunta en los primeros capítulos, en donde se dedica a explicar porque el fútbol es <i>«ciencia oculta de imposible enseñanza académica»</i>. Si no se puede enseñar, es lógico que el director técnico o entrenador, que pretende «automatizar la espontaneidad», le parezca parte de un show. Un tocomocho. No obstante, Panzeri matiza que este funcionamiento -él diría comedia- es una adaptación del discurso del progreso moderno, que es el paradigma dominante que ha sustituido al humanismo tradicional. Las raíces de este fenómeno las encontramos en la Revolución industrial y se caracteriza por promover la mistificación de la ciencia y de la tecnología. Lo cual a nivel futbolístico se tradujo en un alud de técnicos y especialistas, algo así como <i>«científicos del instrumento-jugador»</i> según decía Dante. </p>
<blockquote><p>El discurso de la supertecnologizacion exige la sustitución de los artesanos por técnicos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Un antiguo futbolista y periodista uruguayo, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/04/preparacion-fisica-real-madrid-alfredo-di-stefano-luis-carniglia-helenio-herrera/">Diego Lucero</a>, dejó escrito un artículo totalmente compatible con este enfoque y titulado: <i>«Lo más importante es el progreso, por eso ahora importa más el DT que los jugadores»</i>. El texto interpretaba que el fútbol <i>«moderno»</i> se distinguía por querer priorizar la apariencia de progreso y supertecnificación, por encima de los aspectos realmente significativos del juego. La preeminencia del director técnico y de los equipos multidisciplinares (psicólogos, dietistas, etc etc) le parecían por tanto puro marketing. Había que vender la idea de que lo que se hace es <i>«más moderno»</i>. Así que de esto extrapolamos que la creación y empoderamiento del propio rol de entrenador fue una forma de proyectar la imagen de que el fútbol era cada vez más técnico, lo cual estaba de acuerdo con las ansiedades del momento.</p>
<p style="text-align: justify">Panzeri resumió todo esto diciendo que el entrenador era un personaje de <i>«modernización»</i>, en el que el dirigente había visto un <i>«oportuno parapeto de contención de histerias colectivas ansiosas de culpables»</i>. Los entrenadores, por su parte, habrían aceptado este mecanismo perverso porque eran fundamentalmente ex-futbolistas que pretendían <i>«seguir trabajando en el fútbol»</i>. A los <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/08/filogenesis-blanca-vii/">oriundi rioplatenses</a>, jugadores que se repatriaron a América desde Europa, ante la amenaza de la Guerra mundial, les atribuye la importación desde el Viejo continente del discurso tecnológico. Según Panzeri porque habían visto que era un modelo de negocio rentable. </p>
<p style="text-align: justify">Lo que parece cierto es que el jugador latino, ya fuese español, uruguayo o argentino, había sido históricamente suspicaz con la figura del entrenador. Prueba de ello es que hay numerosas citas sobre el tema en autores que no son Dante Panzeri. Pablo Hernández Coronado dice en <i>«Las cosas del fútbol»</i> que los entrenadores son tan necesarios que hasta los jugadores «se han convencido ya de ello», lo que significa que durante mucho tiempo eso no había sido así. Y el entrenador uruguayo <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-creacion-maquina-river-plate-cantera-estilo/">Ondino Viera</a> no dudó en dejar por escrito que la superlativa técnica latinoamericana se desarrolló <i>«sin directores técnicos ni cuerpos de asesoramiento»</i>; lo hicieron los propios jugadores. Y él considera que era una forma de arte a la que llamó <i>«Destreza del fútbol arte de América»</i>. Es más, prácticamente lo considera un deporte distinto al practicado en Europa, al que llama <i>«Fútbol fuerza de Europa»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">La transición del jugador al entrenador es por tanto un derivado del <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/10/inicio-historia-futbol-primeras-normas-fuera-de-juego/">final del amateurismo</a> y de la llegada del profesionalismo. Si bien el amateur original se podía permitir no cobrar, porque disfrutaba de una situación económica desahogada, la llegada del profesionalismo y del fútbol abierto a todas las clases sociales, produjo la necesidad de seguir lucrándose incluso cuando la capacidad de ejercer la actividad futbolística había cesado. </p>
<blockquote><p>La proliferación de ex-jugadores aumentó la necesidad de crear puestos no esenciales.
</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El periodista italiano Gianni Brera escribió en un artículo titulado <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/10/helenio-herrera-catenaccio-brera-armando-picchi/"><i>«Il più bel gioco del mondo»</i></a> el itinerario socio-económico del entrenador en Italia. La invasión de técnicos danubianos entre 1922 y 1930 se había debido a la disolución del Imperio austrohúngaro, lo que llevó a que ex-jugadores o simples conocedores del fútbol de aquella región partiesen a buscar un trabajo en Italia. Y esto se debió a que existía un nicho en el mercado porque los pequeño-burgueses italianos aún no consideraban en esa época que la carrera de técnico fuese lo suficientemente rentable. Durante los años &#8217;40 fue cuando los ex-jugadores italianos empezaron a constatar que resultaba mejor negocio trabajar en la enseñanza del fútbol que hacerlo en calidad de, por ejemplo, contable. Este retraso propició, según Brera, la falta de una escuela nacional hasta 1960 con la apertura del centro de Coverciano. </p>
<p style="text-align: justify">Aunque el puesto de entrenador es una opción de futuro y lo ocupan hombres que han sido parte <i>«de los suyos»</i>; los jugadores suelen mostrarse suspicaces con los que cumplen este oficio. Una anécdota quizás dibujará mejor estas tensiones que cualquier descripción fenoménica. Durante su última campaña como jugador, Bernabé <i>«La Fiera»</i> Ferreyra acompañaba al equipo durante los amistosos, como reclamo para los aficionados del interior que estaban familiarizados con su nombre. Bernabé apenas salía 10 minutos y luego se sentaba en el banco, pero aun era jugador. En cambio un ex-compañero suyo, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/06/partido-imaginario-barcelona-juventus-regalo-moratti/">Renato Cesarini</a>, hacía ya de entrenador. Un día que habían ido a jugar a Córdoba, Bernabé se sentó en el banco a su lado y empezó a decirle a Cesarini: <i>«¡No hay sangre! No son hombres&#8230;»</i> Y Cesarini asentía. Y cuando Bernabé vio que le seguía la corriente, le anduvo calentando un rato y luego le dijo: <i>«¿Y por qué no entrás vos?&#8230; Yo creo que tenés que entrar&#8230; Entrá&#8230; Vestite&#8230;»</i>. ¿Resultado? Cesarini saltó al campo a jugar y Bernabé empezó a gritarle a los cordobeses: <i>«¡A ese!&#8230; ¡A ese!&#8230; ¡Leña a ese que es el entrenador!»</i>. Y a Cesarini le molieron a palos. Al final, cuando salió de la cancha Bernabé le soltó: <i>«¡Vos si que tenés sangre!»</i>. Cesarini había olvidado que quizás podrían tolerarle, pero ya no estaba entre compañeros.</p>
<p style="text-align: center;">···</p>
<p><a href="http://www.ecosdelbalon.com/2017/07/ventaja-entrenadores-haber-sido-futbolistas-aprendizaje-autoridad"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/espresso/03.jpg"  alt=""  align="left" /></a> <a href="http://www.ecosdelbalon.com/2017/11/futbol-sustituyo-toros-ocio-entretenimiento-espana/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/espresso/05.jpg"  alt=""  align="left" /></a></p>
<hr width="45%" align="center" size="1" color="#c9cac8">
<p style="text-align: center;">···</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Evasión o Victoria: «Gracias, viejos»</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jul 2016 06:12:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Evasión o Victoria]]></category>
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		<description><![CDATA[1-LOS GENIOS MÁS ANTIGUOS QUE AÚN SOLEMOS RECORDAR. Narrador: A ninguno de los que entren aquí debería extrañarles. El paraíso es un campo de fútbol. Bueno, un campo de fútbol y también un escenario teatral. Aunque también podría ser cualquier concierto musical que hayáis escuchado, todos los restaurantes que os han gustado o los mejores [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h4>1-LOS GENIOS MÁS ANTIGUOS QUE AÚN SOLEMOS RECORDAR. </h4>
<p><span id="more-212993"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Narrador:</strong> A ninguno de los que entren aquí debería extrañarles. El paraíso es un campo de fútbol. Bueno, un campo de fútbol y también un escenario teatral. Aunque también podría ser cualquier concierto musical que hayáis escuchado, todos los restaurantes que os han gustado o los mejores veranos de vuestras vidas. De hecho el cielo contiene todos aquellos lugares que nos permiten expresarnos y -a través de dicha expresión- alcanzar la felicidad. </p>
<p style="text-align: justify;">Nuestra historia comienza con un partido en el cielo. Acababa de terminar un encuentro entre algunos de los mejores futbolistas del siglo XX y un sudoroso <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/04/preparacion-fisica-real-madrid-alfredo-di-stefano-luis-carniglia-helenio-herrera/">Alfredo Di Stefano</a> se dirigía hacia los asientos para ver el siguiente partido, mientras departía con uno de sus rivales, al que tomaba el pelo por su falta de calidad llamándole <i>«gallego con los pies redondos»</i>. Mientras se distraían en estas cuestiones un hombre con bombín empezó a bajar por las escaleras de la grada, dando pequeños saltos a la vez que hacía bailar su bastón.</p>
<p style="text-align: justify;">El compañero de Di Stefano golpeó con el codo a la Saeta rubia y señaló a aquel personaje peculiar. El astro argentino lo reconoció en seguida y saludó: &#8211; <i>«¡Carlitos!»</i> &#8211; con la familiaridad del que ha visto a un conocido de la infancia. Y luego empezó a hacerle gestos para que se acercase hacia ellos.</p>
<blockquote><p>«France Football» catalogó a Alfredo Di Stefano como «la epopeya» por su forma de jugar.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;"><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¿Cómo usted viendo fútbol, Carlitos?</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Sepa usted joven que yo obtuve mi primer rol principal en un sketch titulado <i>«El partido de fútbol»</i> (1908), cuando trabajaba para la compañía de mi mentor Fred Karno. Tendría sobre los 19 años. El deporte siempre me ha interesado como fuente de inspiración. Ahí están mis películas <i><a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film958840.html">«Charlot, árbitro»</a></i> (1914) o<a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film990785.html"> «Charlot, boxeador»</a> (1915). Aunque sin lugar a dudas mi gag deportivo más conseguido lo obtuve con <i><a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film750301.html">«Luces de la Ciudad»</a></i> (1931), en aquel divertidísimo combate de boxeo&#8230;</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Che, pero entonces usted vino aquí para buscar como reírse de nosotros? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Bueno, más bien a buscar cómo hacerles reír a ustedes de sí mismos. ¿Lo que hacen es totalmente serio? ¿No es acaso un juego? ¿Algo que por definición es divertido?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Hay las dos partes, Carlitos, porque empezó en juego pero hoy es profesión. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Pero imagino que su profesión trata de hacer disfrutar al público, lo que incluirá la risa.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Es un poco distinto a lo suyo, maestro. Usted como cómico pretendía hacer reír, y nosotros en cuanto a futbolistas aspiramos a ganar, pero el gol y la victoria se persiguen por la emoción. La gente se emociona porque siente nuestro triunfo como suyo, pero también se emocionan cuando ven una linda jugada o ríen cuando una acción es divertida. Ahí tenemos el caso de jugadores maravillosos que engañaban con el cuerpo al contrario y, a veces, hasta le dejaban en ridículo. Lo que provoca la risa, claro. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entiendo que compartimos varias cosas. En ambos casos la herramienta de trabajo es la habilidad de nosotros, como artistas, en el manejo del cuerpo; y el objetivo que justificará el pago de una entrada será nuestra capacidad para provocar esa emoción de la que usted habla. Tanto la comedia física de <i>«golpe y porrazo»</i> como el juego del fútbol requieren que convenzamos al público de que aquello que está sucediendo en el escenario resulta relevante.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Correcto. El objetivo final es que el público se vaya a casa con la barriga llena de sensaciones. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Pero es que además ese vínculo funciona en ambas direcciones. Porque el <i>«artista»</i> no solo se lleva el dinero, sino el reflejo de la alegría que ha percibido en sus caras y sus voces.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Sí, además la importancia del espectador, en el fútbol, es capital en lo anímico. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/anecdota-periodistas-entrenadores-dante-panzeri-pepe-pena-argentina/">Un periodista amigo mío, Dante Panzeri</a>, escribió una preciosa nota sobre aquel bello fútbol de los años 40, en la que consideraba que la relación con el público fue clave para el desarrollo del fútbol argentino en dos aspectos. Primero, porque la enorme afluencia de espectadores produjo la aparición de los grandes templos del balompié. El estadio de River en 1938 y el de Boca en 1940. Y, en cierta manera, esos estadios de lujo precipitaron el surgimiento de un fútbol también de lujo. Y segundo, y de forma más directa, porque algunos grandes jugadores han necesitado el aliento del público para crecer. Un gran jugador que también fue compañero mío, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/magiares-magicos-honved-wolves-creacion-copa-de-europa/">Pancho Puskas</a>, le decían que era como un actor, necesitaba el afecto del público.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entiendo, por esto que usted me cuenta, que los futbolistas, como nosotros los actores, también construyen un personaje. Yo, por ejemplo, soy famoso por haber interpretado al vagabundo definitivo. Una especie de caballero andante, pero que es más cercano a don Quijote que a Lanzarote del Lago. Se trata de un trotamundos sin destino, pero con la estampa y el alma de un gentleman británico, con su chaqué, su bombín y su bastón.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Algo de eso hay, sí. Yo, por ejemplo, era conocido como la <i>«Saeta rubia»</i>, porque era muy rápido y porque tenía el cabello rubio. Y ese apodo se mantuvo incluso cuando dejé de ser rápido o de tener pelo. Lo que sucede es que, al contrario que usted, de mí no se esperaba que fuese divertido, si no que fuese un héroe. Cuando me dieron mi primer balón de oro, <a target="_blank" href ="https://lamedialunadelarea.wordpress.com/2011/01/11/hanot-el-creador-de-suenos/">el periodista francés Gabriel Hanot</a> me dedicó un artículo muy elogioso donde contraponía mi estilo con el del ganador del año anterior, don Stanley Matthews. A Matthews, casualmente, le comparaba con usted, con Carlitos Chaplin, en el sentido de que era un futbolista que hacía reír a los demás, mientras él permanecía impasible. Aquella nota del France Football concluía diciendo que Stanley Matthews era el humor y Di Stefano la epopeya.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entonces usted sí que era un caballero andante en sentido clásico del término. Se esperaba de su Saeta rubia que fuese invencible, simplemente porque era el más rápido, el más fuerte, el mejor. Mi Charlot en cambio es la inversión de ese concepto. El débil que se burla del fuerte. No obstante, quiero remarcar que existe entre ambos lenguajes una cosa afín que me conmueve. Una vez coincidí con el famoso físico Albert Einstein, y una muchedumbre empezó a aclamarnos. Entonces Albert, que tenía un gran sentido del humor me dijo: <i>“Te están aplaudiendo a ti. ¿Sabes por qué? Porque eres universal, todo el mundo te conoce, comprende y aprecia tu arte. A mí no me entiende nadie”</i>. Yo creo que con ustedes pasa lo mismo. El público entiende lo que sucede en el campo incluso aunque no conozcan a la perfección las reglas o los derroteros del juego. El arte se caracteriza por ser un lenguaje sensible, que opera a un nivel distinto del lenguaje hablado. Busca aflorar emociones y sensaciones. Podríamos decir que es un tipo de poesía escénica, aunque más funcional que la poesía escrita. </p>
<h4>2-TIEMPOS MODERNOS (Argentina)</h4>
<blockquote><p>Charles Chaplin y Alfredo Di Stefano fueron creadores magníficos, pero aprendieron de varios maestros.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Cuanto sabe usted, Calitos! ¿Usted tuvo maestros o todo esto que dice surgió de la universidad de la calle? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Por supuesto que los tuve. El primero de ellos Max Linder, al cual se lo debo todo. Ese hombre fue un hito en la historia del cine mudo. Hubo un tiempo en el que a cualquier actor le bastaba con aplicarse un maquillaje llamativo para hacer reír al espectador. Max Linder es el que rompe con todo eso, creando al primer gran comediante que viste como un caballero elegante. No es un bufón grotesco como el Pierrot de la comedia italiana o el payaso circense Augusto. Su comicidad no se sustentaba en las acrobacias, en las persecuciones o en las peleas. Max Linder no necesitaba recurrir al estilo destructivo del cine cómico original, porque era un creativo de primer orden. Su trabajo consistía en crear situaciones comprometidas, de estilo vodevil, y resolverlas sin perder nunca la compostura. </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Oh! Es muy interesante esto que cuenta y además me recuerda a mi propia trayectoria. Cuando yo era pibe admiraba profundamente a <a target="_blank" href ="http://www.martiperarnau.com/magazine/historias/santoral/arsenio-erico-el-idolo-de-di-stefano/">un gran jugador paraguayo, Arsenio Erico</a>, que era como un artista de circo. Arriesgaba una barbaridad en la cancha. Yo siempre quería imitarle. Luego llegué a las inferiores de River y allí pude disfrutar del mejor equipo de fútbol que yo he visto: La Máquina de River. La Máquina sí que jugaba de puta madre. El delantero centro era Pedernera, que fue uno de los mayores estrategas del fútbol mundial. Para contrarrestar la presión del defensa rival se retrasaba arrastrando a su marcador. Aquel equipo jugaba igual que su maestro Max Linder hacia comedia, Carlitos. Con suprema elegancia.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Me llama la atención que apodasen a su equipo La Máquina. Doy por sentado que usted sabe que una de mis largomentrajes más famosos fue<a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film726746.html"> <i>«Tiempos modernos»</i></a> (1936), una sátira sobre el taylorismo. La película denunciaba como la tecnificación de la industria estaba deshumanizando por completo la actividad laboral. Aunque al final lo que explotaba al hombre no era propiamente la máquina, si no la codicia de otro hombre. </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Bueno, lo de la Máquina de River&#8230; la gente cree que le llamaban así por la precisión que tenían jugando, porque eran un espectáculo, pero la anécdota procede de la antigua distribución del estadio Monumental, que tenía forma de herradura. Aquella tribuna sin edificar, que luego sería la tribuna Sivori, fue conocida como la <i><a target="_blank" href ="http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-298960-2016-05-10.html">«ventana al Río de la Plata»</a></i>. Y entonces los trenes pasaban por allí al lado y los espectadores al verlo decíamos: <i>«ya viene la máquina»</i>. Y de ahí vino el nombre. Precisamente a aquel conjunto también le llamaban <i>«Los caballeros de la angustia»</i>, y eso sí que se ajustaba más a su juego, que era lo contrario del industrialismo del que usted me habla. Seguro que podrían haber marcado más goles, pero con menos belleza. Un equipo de artistas. <a target="_blank" href ="http://i.imgur.com/KevfU.jpg">¡Si hasta teníamos a nuestro propio Chaplin!</a>, el extremo izquierdo Félix Loustau, al que llamábamos así por su físico, por su andar y por su genio. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entiendo lo que usted me comenta, aunque deseo hacer una puntualización sobre un tema que no siempre se ha entendido. Yo no criticaba en <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film726746.html"> <i>«Tiempos modernos»</i></a> a las máquinas si no a la patronal. Lo aclaro porque suficientes disgustos me trajo en su momento. Los críticos se ensañaron cruelmente, acusándome de producir un panfleto de extrema izquierda, porque se entendió que tenía un carácter subversivo y que atentaba contra el modo de vida americano. Los lobbys empresariales presionaron muy duro y de hecho aquella fue mi última película como el vagabundo Charlot.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Hay que ver! A River también se le criticó bastante mientras se establecía aquel juego que algunos llamaron fútbol máquina y otros estilo River. Los espectadores no siempre entendían la genialidad de Pedernera sin balón y le reprochaban alejarse del área. Cuando fui para España yo jugaba de delantero, pero de tanto en tanto bajaba un poquito y ayudaba. Entonces <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/05/carlos-gardel-jose-samitier-historia-amistad-barcelona-futbol-relacion/">Samitier, que era muy amigo mío</a>, me dijo que en España el público quería ver los lunes al delantero saltando en la fotografía junto al portero rival. Pero aun así yo, si veía que uno de mis compañeros estaba cansado, bajaba y le ayudaba en lo que podía. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Ustedes los deportistas de equipo tienen un gran sentido de la solidaridad. Algo admirable en tiempos de rabioso individualismo. Por ejemplo, en los Estados Unidos consideraban que la revolución bolchevique constituía una amenaza para el individualismo norteamericano; y como yo me atreví a decir en una entrevista que me interesaba visitar <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/analisis-carrera-deportiva-lev-yashin-portero-historia/">la Unión Soviética</a> para contemplar sus esfuerzos en la reconstrucción, fui tachado de comunista. Sin embargo el comunismo tampoco valoraba positivamente mi labor y hasta alguno me acuso de individualista nihilista. Esto yo creo que sucedía porque Charlot estaba totalmente al margen de cualquier sistema que pretenda hacerle productivo. Si pasa una vaca frente a su casa él bebe directamente de lo que ordeña. Adopta una actitud lúdica ante todas las cosas que le van sucediendo en la vida. Lo que ocurrió es que como yo consideraba que los gags funcionaban mucho mejor si la persona que tropieza y cae es un rico, existía un cierto runrún sobre mi odio hacia los ricos e influyentes. Así que cuando apareció <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film726746.html"> <i>«Tiempos modernos»</i></a>, que denunciaba las secuelas del trabajo en cadena, el runrún se convirtió en una fanfarria militar. Curiosamente lo único que yo había hecho era plasmar la denuncia que un reportero del diario neoyorquino <i>«The World»</i> había hecho sobre depresiones y crisis nerviosas producto de la monotonía y pesadez de la labor en la industria del automóvil de Detroit. </p>
<h4>3-LA QUIMERA DEL ORO (Colombia)</h4>
<blockquote><p>La aventura colombiana de Alfredo Di Stefano marcó su carrera y su relación con el fútbol argentino.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Nosotros también acabamos denunciando y enfrentándonos a los ricos y poderosos por los derechos sociales, Carlitos. Fue una batalla tremenda que ocasionó que nos tuviésemos que marchar del país. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Por el fútbol? Yo pensé que ustedes tenían unas condiciones excepcionales.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Todos no, Carlitos. En mi época los equipos pequeños pagaban a sus jugadores los dos primeros meses, luego les dejaban de pagar. La gente aguantaba como podía, pero al final uno había jugado cinco años y cobrado uno. Yo esto lo viví en primera persona en Huracán, donde hicimos un viaje al interior del país y mis compañeros no disponían ni de una muda de ropa o de pasta de dientes. ¡Si no cobraban! Al final los futbolistas de los grandes clubes hicimos una huelga para proteger a los de los equipos chicos. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Situación de película. ¿Y cómo se solventó?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Se llegó a un acuerdo para hacer frente a los pagos atrasados, pero los clubes en represalia rebajaron los sueldos que veníamos cobrando. Los mejores jugadores empezamos a recibir ofertas muy superiores de fuera del país y aunque en aquella época los clubes te firmaban a los 13 o 14 años y te tenían agarrado de por vida, algunos decidimos lanzarnos a la aventura&#8230; ¿Se está usted riendo, Carlitos? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Me sonrío amigo mío, porque su historia me ha hecho recordar otra de mis películas,<a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film811454.html"> <i>«La quimera del oro»</i></a> (1925). ¿La ha visto usted?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Por supuesto. Y algo de eso hay en mi propia aventura, sí. Yo también me fui allí con un gigante bueno, Néstor Pipo Rossi, igual que usted en la película colaboraba con el grandote Mac Kay. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Ustedes también acabaron comiéndose una bota?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Jajaja! ¡No! pero sí que se produjo una anécdota divertida con el calzado de Rossi. El Pipo al principio tuvo problemas para jugar, porque se dejó las botas de fútbol en Argentina y, como tenía un pie gigantesco para la época, un 46, no había manera de encontrarle zapatos de su talla. Luego el tipo llegó a hacer de modelo para una casa de ropa en Colombia. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Pero y el oro? ¿Encontraron el oro?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Por supuesto que lo encontramos. En un año en Colombia ganábamos lo que en diez en Argentina; y con el primer dinero que recibí me pude comprar un campito, pensando en el futuro detrás del fútbol. Además, marchando, le hicimos un gran bien a nuestros camaradas argentinos, porque con la amenaza de un éxodo masivo a <a target="_blank" href ="http://eldoradomagazine.com.co/wp/">El Dorado colombiano</a> -que así le llamaban-, la AFA se replanteó su actitud y retiró el límite salarial. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Y entonces volvieron a la Argentina?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; No. Porque entonces los dirigentes decidieron dar escarmiento con nosotros y nos suspendieron de por vida. La competición colombiana quedó al margen de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA); y esto duró hasta que a los colombianos les entró el miedo y decidieron llegar a un acuerdo según el cual podríamos permanecer allí hasta 1954 y luego regresaríamos a nuestros clubes de origen. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Lo cual no debía de hacerles ninguna gracia. Aunque para entonces ya habrían encontrado ustedes el oro, amigo. ¡Como Charlot en Alaska! </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> ¡Y también el amor! Porque usted al final de la película se besa con la chica en el barco, cuando ella le salva de que lo declaren polizón, y yo me casé con Sara, la madre de mis hijos. Las dos primeras, Nanette y Silvana, nacen en Colombia. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Entonces qué sucedió? ¿Se quedó a vivir en Colombia?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Para nada. A finales de 1952 ya empezaba a haber problemas de cobro en El Dorado, y yo estaba hasta las narices de los aviones. Más de una vez creí que nos pasaba como a los del Torino. Así que decidí volver a Argentina y dejar el fútbol. Había comprado un chalet y planeaba irme a vivir al campo. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Hay un concepto de fondo en su historia que, en lo esencial, es igual que en la Quimera del Oro. La trama me la inspiró<a target="_blank" href ="http://www.dailymotion.com/video/x29z6f6_canibalismo-expedicion-donner_school"> la tragedia de la Expedición Donner</a>, que fue un suceso tan espantoso como tristemente verídico. Una caravana de carretas que, por una serie de contratiempos, se vio obligada a pasar el invierno en Sierra Nevada, en medio de una borrasca de nieve. La mitad de la numerosa expedición falleció por el camino, y pasaron tanta hambre que se comieron a los perros, los arneses, y hasta los zapatos, y luego, finalmente, también a los muertos. Ustedes los jugadores obviamente no han tenido que comerse a nadie, al menos no literalmente, pero tienen una vida laboral útil muy corta, así que se siente impelidos a moverse cuanto sea necesario, para asegurar su bienestar económico y el de sus familias. Ustedes solo pensaban en hacer cuanto más dinero mejor. A su manera tenían tanta hambre como mi Charlot cuando cocinó la bota.</p>
<h4>4-EL GRAN DICTADOR (España)</h4>
<blockquote><p>El dominio de Alfredo Di Stefano sobre su época es algo que nunca se ha repetido en la Copa de Europa.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; A mí ya me pareció en su día que <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film811454.html"> <i>«La quimera del oro»</i></a> era menos cómica que sus otras películas, bueno, no menos divertida, porque los gags son muy fuertes, pero si más oscura, más dramática.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Hombre, supone un cambio en mi filmografía. Yo creo que eso empezó en el largometraje inmediatamente anterior: <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film216630.html"><i>«Una mujer de París»</i></a> (1923), que ya es un melodrama sobre la burguesía, pero a partir de la quimera sí que sentí que ya no me bastaba con la comedia. </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Sin duda la madurez supone un cambio de objetivos. Ahora que lo digo en voz alta, pienso que como futbolista me sucedió lo mismo. Mientras jugué junto a Pedernera, Moreno o Antonio Báez no pensé tanto en bajar a la zona de interiores, porque su calidad me permitía vivir muy a gusto por el centro, además de que en aquella época aún me quedaba algún aspecto técnico por pulir. En cambio cuando llegué al Madrid ya había alcanzado mi madurez táctica, lo que significaba que había integrado que el fútbol era un juego de once jugadores y que todos tenían que trabajar para todos. Durante los últimos años de mi vida me esforcé para no caer en la trampa de lo que yo llamaba el <i>«yo-yo»</i>, pero los periodistas siempre estaban con que si Di Stefano había sido un mandón y un dictador. ¿Sonríe usted de nuevo? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Hombre es que me lo hace usted inevitable. Su vida vuelve a remitirme a una de mis mejores películas: <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film155010.html"><i>«El gran dictador»</i> </a>(1940).</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Tremenda película. Oiga, me surge una curiosidad. ¿Sabe usted si el propio Adolf Hitler llegó a verla?</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Pues mire, sí. Un fugitivo alemán, que había trabajado para el Ministerio de Cultura, me dijo que Hitler se hizo traer una copia de la película y la vio un par de veces en privado. Yo hubiese dado cualquier cosa por saber lo que dijo Hitler cuando la vio. Lamentablemente nunca podremos saberlo porque, como es lógico, él no se encuentra por aquí.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Jajaja! Obvio, a nosotros nos sucede igual con los referís (árbitros). Es difícil que alguno llegue hasta aquí arriba. Y cuando alguno llega y se lo explico, se enfadan; pero es que es normal, nosotros hicimos felices a mucha gente y ellos justo lo contrario.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Buena esa, joven. Sobre este concepto del que usted hablaba antes. Lo de mandar. Yo estudié ampliamente a Hitler y me di cuenta de que su éxito no se basaba en los contenidos de su discurso, más bien todo se sustentaba en su ritmo y en su tono. Adolf Hitler no era pues un político, en el sentido estricto, sino un actorazo espectacular. Uno de los mejores que yo había visto nunca. Así que interpretarlo constituía un reto. Ahora mismo diría que mi <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Z4UhJpviVYg">Adenoid Hynkel</a> tenía algo de uno de mis antiguos personajes, el sinvergüenza de Chas, aunque esencialmente sea una sátira del propio Hitler. Le estuvo bien empleado por copiarme el bigote cuadrado y aprovechar mi carismático aspecto para practicar sus viles fechorías.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Me deja usted anonadado. Nunca pensé que Adolf Hitler le hubiese copiado el estilo ni que usted se hubiese animado a devolvérsela parodiándole en un film. De lo que se entera uno por estos lares. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Me tomé cumplida venganza y encima pude llevar mi estilo individualista hasta su apoteosis. Interpreté al héroe y al villano de la función, y además me permití aparecer como Charlie Chaplin para recitar el discurso final. La película se convirtió en un microcosmos de toda mi trayectoria, porque los personajes principales eran en cierto modo reversiones de mi Chas y mi Charlot. Y por supuesto, me ocupé de la dirección, el guión y la música, como venía siendo habitual.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Me ha hecho pensar. Yo siempre he creído que la historia empuja fuerte. Por ejemplo, yo crezco en River que tenía una característica, que era el gusto por el toque y la elegancia. Cuando estaba en las inferiores me ponían de delantero centro y yo me iba para arriba, pero Peucelle, mi maestro, me decía que para abajo, porque quería que jugara como Pedernera. Al final hice lo mío y lo de Pedernera. Luego llegué al Madrid y todos mis esfuerzos se destinaron a repetir el fútbol en el que ya había participado: El de River y el de Millonarios; y como ya no estaba Pedernera yo tuve que hacer el papel suyo. Procuré buscar los jugadores que mejor encajaban en ese fútbol y darles aliento a los jóvenes, que era lo que yo había mamado <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/07/analisis-ciclo-leo-messi-seleccion-argentina/">en Argentina</a>. Para la táctica lo único que necesitas es tener a tres o cuatro tíos dentro del campo que sepan lo que es un equipo. Los veteranos. Y por ley natural al llegar al Madrid me tocó a mí. Por más que algunos periodistas me acusaran de ser el mandamás del equipo. Yo era uno más. Y si alguien era un marimandón ese era don Santiago. El presidente. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Se llevaron mal?</p>
<p style=“text-align: justify"><STRONG>AD:</STRONG> Al revés. Viviendo en Madrid y faltándome mi familia, que vivía en Argentina, fue como un padre. Eso sí, cuando se enfadaba era terrible, nos soltaba una broncas morrocotudas, y a mandar no le ganaba ni Napoléon. Sucede que cuando llegó la hora de dar un paso al lado lo encajé mal y lo rechacé. Don Santiago, que me quería más que un hijo se lo tomó muy mal, porque encima se enteró de que me había reunido con un directivo y se le metió en la cabeza que había una conspiración contra él. Menos mal que con el tiempo -Mira a su compañero- todo se olvida. ¿No es verdad, Santiago?</p>
<p><strong>Narrador:</strong> Y un Santiago Bernabeu jovencísimo y otra vez jugador de fútbol sonrió ante aquella batallita explicada por su jugador favorito y ambos deportistas abandonaron la compañía de un enternecido Chalie Chaplin para ir corriendo hacia el campo vecino. Se conoce que volvía a haber polémica. Últimamente no ganaban para disgustos desde que había subido Johan Cruyff y cada dos por tres se liaban a discutir con Ladislao Kubala y Pepe Samitier sobre quien era mejor jugador de fútbol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">_<br />
La serie:<br />
<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/evolucion-paralela-cultural-futbol-cine/">Evasión o Victoria. Introducción I:</a> El sueño más grande<br />
<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/tren-de-sombras-cartografa-de-la-luz/">Evasión o Victoria. Introducción II:</a> Tren de Sombras, cartografía de la luz</p>
<p style="text-align: justify">
Episodio I: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/pele-parecido-mickey-mouse-evasion-victoria/"><i>«El poder de la sonrisa».</i></a><br />
Episodio II: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/12/maradona-parecido-bruce-lee-evasion-victoria/"><i>«El furor del potrero».</i></a><br />
Episodio III: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/01/beckenbauer-parecido-rey-arturo-evasion-victoria/"><i>«El rey de los teutones»</i>.</a><br />
Episodio IV: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/02/michel-platini-parecido-darth-vader-anakin-skywalker-evasion-victoria/"><i>«Que la pelota te acompañe»</i>.</a><br />
Episodio V: <i><a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/george-best-parecido-james-bond-007-evasion-victoria/">«La vida agitada (y un poco removida) de Best, George Best»</a></i>.<br />
Episodio VI: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/05/johan-cruyff-neo-matrix-evasion-victoria/"><i>«Ya sé jugar»</i>.</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Los hijos de la leyenda</title>
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		<pubDate>Thu, 26 May 2016 02:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Superar a un padre que lo ha sido todo en su campo es una tarea hercúlea. Oír los comentarios despectivos, las constantes comparaciones y la lista de éxitos de tu progenitor cada día, en cada momento que tú practicas la misma actividad, no es fácil. Más cuando tu padre no ha sido sólo bueno, sino [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Superar a un padre que lo ha sido todo en su campo es una tarea hercúlea. Oír los comentarios despectivos, las constantes comparaciones y la lista de éxitos de tu progenitor cada día, en cada momento que tú practicas la misma<span id="more-208962"></span> actividad, no es fácil. Más cuando tu padre no ha sido sólo bueno, sino el mejor.  ¿Qué presión soportaban Edinho o <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=J8w2YNND78Y">Jordi </a>cada vez que pateaban un balón? ¿Qué más prueba de carácter hay que el hecho de que siguiesen haciéndolo aún a sabiendas de que la etiqueta de “hijo de” nunca los abandonaría? Esa misma presión la vivió toda una generación de jugadores españoles a mediados de los 60, sucesores del equipo más exitoso de la historia de la Copa de Europa. Un grupo de chavales que, a pesar de su aspecto serio y maduro, apenas tenía experiencia y se tenía que vestir con las legendarias y pesadas camisetas blancas del Real Madrid C.F., teniendo la responsabilidad de pasearlas por Europa sin manchar la leyenda de sus <i>padres</i>.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Bernabéu, Chamartín, la Champions y Di Stefano</span>El Real Madrid, sombrío y mediocre club de la posguerra española, había crecido a finales de los 50 en base al genio de un presidente adelantado a su tiempo, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/04/preparacion-fisica-real-madrid-alfredo-di-stefano-luis-carniglia-helenio-herrera/">Don Santiago Bernabéu</a>, y de la valentía que su figura irradiaba. Bernabéu asentó el renacimiento del club en base a una faraónica estructura de hormigón que pronto llevaría su nombre. De las repletas gradas del enorme estadio de Chamartín, donde más de cien mil fieles se agolparían religiosamente cada domingo y fiesta de guardar en los siguientes 50 años, salió el oxígeno que permitió al club respirar y recuperarse de las miserias de la guerra, la autarquía y un Régimen que prefería hacer ojitos a <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ogFC9Z0UxAI">equipos de aviadores</a> y de fugados del Telón de Acero. </p>
<p style="text-align: justify">Otro personaje que arrimó el hombro, y de qué manera, fue un tal <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IOcbxP2-mdc">Alfredo Di Stefano</a>, argentino, futbolista total, amante del dinero y no tanto de los contratos firmados. Tras la saga que trajo a Di Stefano a Madrid después de darle todas las vueltas posibles al <a target="_blank" href ="http://es.tinypic.com/a/a1pggp/4">Pacto de Lima</a>, la Saeta Rubia lideró con mano de hierro a un equipo que jugaría siete de las primeras nueve finales de la Copa de Europa, competición nacida de la soberbia de unos Lobos ingleses, la cabeza de un periodista francés y los arrestos de, entre otros <i>popes</i> del fútbol europeo, Don Santiago Bernabéu. Bernabéu, como poco tenía que perder, decidió arriesgar todo.</p>
<blockquote><p>La renovación del equipo Pentacampeón de Europa fue un reto formidable.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lo cierto es que tras ganar las cinco primeras ediciones de la Copa de Europa, el Madrid vivió el primer lustro de la década de los 60 con la angustia de ver a sus más rutilantes figuras, Di Stefano, Puskás o Santamaría ganar kilos y años. El resto del fútbol europeo les había pillado y, ora <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=BOAIYoxYp3Y">Eusébio</a>, ora <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VlKDzKgKBSg">Mazzola</a>, los viejos monstruos madridistas ya no tenían gasolina suficiente para volver a ganar la Copa de Campeones. Poco a poco, exprimiendo unas arcas que se iban quedando vacías, Bernabéu fue trayendo savia nueva, y sobre esta nueva generación caía la responsabilidad de mantener al club en el trono al que se había aupado durante la década anterior.</p>
<p style="text-align: justify">La cabeza visible de la nueva camada llegó de La Coruña, era extremo derecho y se llamaba <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=a2gXFOrT7DU">Amancio Amaro</a>. Con las medias a media tibia, valga la redundancia, hasta que sus marcadores se las bajaban a la altura del tobillo, el gallego brujo compartirá los últimos años de  Di Stefano en el Madrid y hará diabluras desde su costado. Amancio será referencia antes de la salida de la Saeta, ganará la Eurocopa del 64 con España y también los galones que los perros viejos le habían instado a merecer antes de <a target="_blank" href ="http://www.realbernabeu.com/2015/10/amancio-el-gallego-habilidoso.html">lucir el escudo del club en la camiseta</a>. <i>“Ante la duda, pelota a Amancio”</i>, se convirtió en un mantra del madridismo, que sabía que en la banda derecha tenía un seguro de vida. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Pirri fue una absoluta referencia del fútbol español y del Madrid</span>Junto al coruñés aparecerán un ceutí, José Martínez –al que Bernabéu se negaba a llamar Pirri- y un navarro, Ignacio Zoco. Los tres se convertirán en las referencias no solo futbolísticas, sino también anímicas del Real Madrid. Zoco se convertirá en el sucesor de Santamaría por su tranquilidad en la zona defensiva. Será capitán del club y baluarte de la retaguardia blanca por una década. Poco tiempo si se compara con el volcánico Pirri, que llegó como interior y acabó siendo lo que él quisiese. Futuro doctor, hizo sus primeros pinitos en el Granada antes de dar el salto, y sería el líder del equipo hasta su salida camino del fútbol mexicano tres lustros más tarde. Pirri actuaba como interior, como mediocentro y hasta como líbero, tenía un despliegue físico fuera de serie y no iba corto de técnica. En un período bastante oscuro para el fútbol español, el que va desde el Mundial del 66 hasta el del 78, Pirri es una referencia del balompié europeo, ganándose incluso el apodo de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=FR_x8OEvqHc"><i>«Capitán Coloso»</i></a> a mediados de los 70 por sus grandes actuaciones de la Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify">Tras la derrota en la final de Viena de 1964, contra un Inter de Milan que fue muy superior al veterano cuadro madridista, la renovación se aceleró. Sin Di Stefano mandando en el campo –y el vestuario-, la sangre joven comenzó a correr por el Bernabéu: Pedro de Felipe, rocoso central, Manuel Sanchís, tragamillas inclasificable, la clase de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=XzLIZbbCGak">Manuel Velázquez</a> y la finura de Ramón Moreno Grosso, que heredó un número nueve que hubiese aplastado a muchos otros. Todavía seguía Gento, perfecto nexo de unión entre ambas generaciones, y aún en plenitud de facultades, y también el abuelo de todos, el incomparable <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=rZfCDHegItE">Puskás</a> que seguía estirando su <i>segunda</i> carrera en la capital de España. Con estos mimbres el Madrid completó su primer quinquenio de títulos de liga, prolongando su estadía en la Copa de Europa por más de diez años ya a esas alturas.</p>
<blockquote><p>El reto para la nueva generación era hacerse respetar en Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mantenido el trono en España, había que dar el do de pecho en la competición europea, donde los mayores de edad realmente demostraban su talla. En aquel momento el continente estaba dominado por los italianos, que enlazaba ya tres entorchados consecutivos. Primero el Milan y posteriormente, en el 64 y el 65, el Inter de Helenio Herrera, que era la auténtica bicha del concierto europeo.</p>
<p style="text-align: justify">El primer obstáculo sería el Feyenoord holandés, que en Rotterdam fue capaz de dar la vuelta al tanto inicial de Puskás, poniendo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kUUzQzMJKOY">un marcador de 2-1</a> que sembraba dudas sobre la competitividad del equipo. Pero el húngaro, como queriendo proteger a sus jóvenes discípulos, dejó en la vuelta su última exhibición antes de dar paso a la nueva camada. A la tierna edad de 38 años, Puskás destrozó a los campeones holandeses con cuatro goles, opacando la gran actuación de un Grosso que, luciendo la 9, bajaba al medio campo a asociarse con Velázquez y Pirri, creando el caldo de cultivo perfecto para que el veterano magiar gozase de espacios para machacar las redes contrarias. Fue esta una ronda eliminatoria en la que los grandes favoritos no tuvieron piedad de sus humildes rivales, como bien lo atestiguan los dieciocho goles del Benfica al Dudelange luxemburgués, los diez del Werder Bremen al APOEL chipriota o los nueve del Manchester United al HJK finlandés.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Eusebio y el Inter iban avanzando en el cuadro</span>La segunda ronda, y sin el caprichoso bombo europeo haciendo de las suyas, dejó como enfrentamientos más importantes el del <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IbDUq_a-KlY">Partizan y el Werder Bremen</a> y el duelo entre dos de los mejores atacantes de Europa, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=s3-q483iLSs">Georgi Asparukhov</a> con su Levski de Sofía contra Eusébio y su Benfica. Del primero salieron vencedores los yugoslavos, que empezaban a ser considerados como un claro outsider al título. La agilidad de Soskic en la puerta, la seguridad y experiencia de Jusufi y el líbero Velibor Vasovic en defensa y el poderío de Hasanagic y Galic en el centro del ataque les convertía en un rival peligroso para cualquier equipo. Por su parte, los benfiquistas arrancaban un empate en Sofía para rematar la faena en casa, ganando por un total de 5-4. Eusébio y Asparukhov dejaban su duelo en tablas, con tres goles cada uno en la eliminatoria. </p>
<p style="text-align: justify">Por su parte, el Inter empezaba la defensa de su título sufriendo una derrota en Bucarest contra el Dinamo, que remontaría en los últimos instantes del partido de San Siro. Susto grande, pero los de HH seguían adelante, como también lo hacía el United, los talentosos húngaros del Ferencvaros –con Florian Albert al mando de las operaciones- o el Anderlecht de Paul van Himst, sensación del fútbol europeo. No hubo mayores problemas para el Madrid, que tras un empate a dos en tierras escocesas, le metía cinco al Kilmarnock en el Bernabeu.</p>
<blockquote><p>Los cuartos de final van a ser un choque total de estilos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mientras seguía progresando en Europa, el Madrid estaba metido totalmente en la lucha por el título de liga en España. Su rival era el Atlético de Madrid, que trataba de evitar el sexto entorchado madridista consecutivo. La lucha se prolongará hasta el final de temporada, con el Atlético lanzado gracias a los goles de un Luís Aragonés que terminará como Pichichi, ganando el título por un solo punto. Estrenarían su flamante nuevo estadio al año siguiente en Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">El Madrid era una rara unión de finura y garra</span>Para entonces el estilo de juego del Madrid ya estaba bien definido, con <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Ldh4QocaGq8">Grosso</a> ejerciendo de falso nueve y sin un delantero centro de referencia una vez Puskás dejó de jugar.  Velázquez, que era el cerebro del equipo se había asentado con la camiseta número diez, con Gento y Amancio en los costados –aunque este también jugó bastante como interior, intercambiado con Serena- y Pirri guardando el medio del campo y llegando desde segunda línea a la zona de gol. Atrás, Zoco y De Felipe, con Sanchís y Pachín formaban la línea de cuatro delante del guardameta. El Madrid era una rara mezcla de finura y garra, de individualismo y trabajo colectivo, no siempre en ese orden, no siempre en las mismas proporciones.</p>
<p style="text-align: justify">Para los cuartos de final el rival sería el Anderlecht. Campeón de Bélgica, había eliminado al Madrid varios años antes, en una eliminatoria en que el fuera de juego tirado por los de Pierre Sinibaldi fue un enigma que los madridistas no supieron resolver. Ahora, con el joven <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=lkYk8bMjxZY">Paul van Himst</a> como máxima figura, los de Bruselas se veían con opciones de dar la campanada. Y fue el brillante van Himst, un torbellino que aparecía por todo el frente de ataque, muy rápido, habilidoso y con gran sentido del gol, el que marcó la diferencia en el Emile Versé. Una victoria fuera de casa eran palabras mayores en la Copa de Europa, toda una odisea. Cómo han cambiado los tiempos. La vuelta supuso la gran confirmación de Amancio como figura europea, autor de dos goles que remontaban la eliminatoria para el Madrid, a los que se sumó un tercero de Gento casi al final del encuentro. Pero los belgas eran duros de pelar y tenían dinamita arriba. Con van Himst bien marcado por la defensa española –imaginamos que se pasaría un par de noches con sacos de hielo en las tibias, aunque lo mismo pudo decir Amancio-, fueron Puis y Jurion, internacionales belgas, quienes recortaron en el 87 y el 90, metiendo el miedo en el cuerpo a la parroquia madridistas, que suspiró aliviada cuando Monsieur Barbéran pitó el final y confirmó el billete de los blancos a semis.</p>
<p style="text-align: justify">Esa misma noche de marzo el Partizan destrozaba al Sparta de Praga por <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oEPhlUr7yHk">5-0 en Belgrado</a>, sellando la remontada del 4-1 recibido en tierras checoslovacas. Fue una eliminatoria caliente, con los yugoslavos clamando venganza por el trato recibido en la ida. Mientras el equipo del ejército yugoslavo culminaba su hazaña ante sus homónimos checos, una bomba atómica estallaba en Lisboa. Se llamaba <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jkAmpIvMOvk">George Best</a>, tenía diecinueve años y acaba de tomar al asalto el Estadio da Luz. Lideró a un United desmelenado que le hizo cinco goles en su templo al altivo campeón portugués. Así pues, el panorama no pintaba demasiado bien para el Madrid, que no pasaba de ser un equipo ordenado y con ciertas individualidades ante el poderío del Machester United de la Santísima Trinidad, el inabordable Inter campeón y los talentosos yugoslavos del Partizán.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Amancio sería decisivo en cada eliminatoria de la Copa de Europa 1966</span>Para el Madrid quedaría el desafío de acabar con el reinado de los italianos, mientras los ingleses pasarían el mal trago de volver a Belgrado ocho años después de la tragedia vivida tras jugar en la capital yugoslava. Helenio Herrera declaró temer al Madrid como a la peste, y los blancos le dieron la razón, crecidos, ya que hasta la lesión de su portero Betancort atacaron sin tregua la meta defendida por Sarti. Un caudal de ocasiones de gol de las que solo una materializada por el omnipresente Pirri subió al marcador. Tras ello, el Madrid contemporizó guiado por la batuta de un Manolo Velázquez magistral. En los últimos minutos, viendo que el Inter no buscaba crear peligro, Miguel Muñoz tocó a rebato en busca del segundo gol, pero este no llegó. Faltaba la vuelta en el Giuseppe Meazza, lo que suponía la encerrona más grande de Europa en aquella época. Muñoz no se cortó diciendo que el Madrid <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kvUd30KANs0"><i>«jugaría a la italiana»</i></a>, obligando al Inter a salirse de su guión más habitual. Así lo hizo: férreos en defensa –controlando la violencia, que podía dejarte con varios jugadores menos en aquel estadio- y saliendo como diablos al contragolpe. Y así llegó el gol de Amancio, decisivo una vez más. El Inter estaba muerto y sólo tras el gol de Facchetti inquietó la meta de Araquistáin. Contra todo pronóstico, el Madrid había matado a la bicha.</p>
<p style="text-align: justify">En la otra semifinal, con Charlton, Foulkes y Gregg atenazados por los recuerdos, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=nAdq_QyZlfE">el Partizan cimentó su victoria en la ventaja conseguido en casa</a>. El dos a cero fue suficiente para defender en Old Trafford. El United estaba sin Best, lesionado en la rodilla, y el Partizan sin Kovacevic y Galic, quienes estaban cumpliendo el servicio militar y no obtuvieron permiso para poder viajar al partido –una vez más, otros tiempos-. Ingleses y yugoslavos se pegaron de lo lindo, pero fueron estos quienes se salieron con la suya. Tocaba viajar a Bruselas.</p>
<blockquote><p>Bruselas esperaba a Inter e United, pero se encontró a dos invitados sorpresa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Madrid volvía a Bruselas, donde ya había jugado ese año contra el Anderlecht, y donde ya los padres del invento habían ganado la Tercera Copa de Europa ante el Milan ocho años antes. Sin Best presente, los once españoles que conformaban el equipo más habitual de los blancos pasaron a la historia al fotografiarse con pelucas estilo Beatles. Nacían así <a target="_blank" href ="http://as01.epimg.net/futbol/imagenes/2016/05/19/primera/1463617214_041909_1463617289_noticia_normal.jpg"><i>«los Ye-yes»</i></a>, apodo que haría fortuna y les acompañaría por el resto de sus carreras. Eran un grupo de amigos, jóvenes, que por casualidades de la vida habían hecho una gira por Europa todo ese año. Faltaba el gran concierto. El once sería el habitual, con Amancio ya asentado en el centro del ataque junto Grosso y Serena ocupando la banda derecha. A cada partido intercambiaban menos sus posiciones. Gento estaría en la izquierda, jugando su octava final, mientras Araquistáin seguía siendo titular en la portería tras la lesión de Betancort. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Vasovic fue clave en el Ajax de Johan Cruyff</span>Los yugoslavos, que habían entrado en la competición sin hacer ruido, pero que avanzaron rondas a ritmo de carga, sí contaban esta vez con Kovacevic y Galic, a quien los generales habían dado un permiso para viajar a Bruselas. Allí estarían, en el mediocentro y la delantera respectivamente. También estaba Soskic, portero de nivel mundial que había jugado con el XI FIFA en el Centenario de la Federación inglesa y por supuesto estaban también Jusufi, que intentaría controlar a Amancio y uno de los mejores líberos de todos los tiempos, Velibor Vasovic. Este era un jugador de tremenda inteligencia, que tras la final fichará por el Ajax y se convertirá, junto a Cruyff, en la piedra angular en la construcción del <i>«Fútbol Total»</i>. Casi nada. </p>
<p style="text-align: justify">Soskic, que ya se había enfrentado a Gento diez años antes, en la primera edición de la Copa de Europa, tuvo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=QqADeZSHjTQ">una primera parte plácida</a>. Ambos equipos se medían y había bastante miedo. El guardameta yugoslavo solo tenía que estar atento a los balones colgados sobre su área, algo en lo que era muy bueno. Kovacevic, seguramente por no perder sus costumbres castrenses, aplicó todo un curso de llaves y técnicas cuerpo a cuerpo al pobre Velázquez, que hubiese disfrutado de su compañía incluso si hubiera decidido ir al baño. Galic fue un dolor de muelas para De Felipe y Zoco, pero la primera parte acabó sin goles. Poco duró, ya que apenas empezado el segundo tiempo, Galic ganaba el enésimo duelo aéreo y Vasovic, quien si no, adelantaba al campeón de Yugoslavia y ponía las cosas muy cuesta arriba para el Madrid. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Gentó dejó su último gran acción en el Real</span>El gol pareció aturdir al conjunto blanco, que tardó varios minutos en reaccionar, mientras los yugoslavos se venían arriba. Alrededor del minuto 70, y aprovechando un córner lanzado por el Partizan, Manolo Sanchís se hacía con la pelota y la enviaba para Grosso, quien habilita a Amancio. El gallego, asumiendo la responsabilidad como llevaba haciendo todo el año, avanzó con el esférico hacia dos defensas yugoslavos, superando al primero y volviendo del revés al segundo con dos recortes en medio metro y batió a Soskic, que había iniciado la salida, con un disparo raso y cruzado. Era el golpe que el Madrid necesitaba para cambiar el encuentro. Apenas sin tiempo para retomar su ritmo, Gento protagoniza la enésima internada por su banda, su centro lo despeja de puños Soskic, pero el balón cae al borde del área, donde Serena lo recoge y suelta un zapatazo que se cuela por la escuadra del equipo de Belgrado. </p>
<p style="text-align: justify">Era la Sexta. La única para esa generación. </p>
<p style="text-align: justify">Suficiente para tener al menos una copa para brindar con papá.</p>
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		<title>Rivalidad en blanco y negro</title>
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		<pubDate>Tue, 05 May 2015 01:59:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">C</span>uando el bombo europeo empareja a Juventus y Real Madrid seguramente el primer recuerdo que venga a la mente del aficionado neutral sea el de la final de 1998, con la conquista de la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VJrINxvXX-s">Séptima Copa de Europa</a><span id="more-166378"></span> de los madridistas. Pero la Vecchia Signora y los blancos se han medido en muchas más eliminatorias en la máxima competición continental. Recientemente, los italianos han salido muy bien parados en sus enfrentamientos con los españoles, tanto en la liguilla de la primera fase como también en los duelos a vida o muerte. Las dos últimas eliminatorias estuvieron marcadas por la actuación de un héroe inesperado, el uruguayo Marcelo Danubio Zalayeta, y la de un futuro Balón de Oro, Pavel Nedved.</p>
<blockquote><p>En 2003 la Juventus sorprendió al Real Madrid en semifinales.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">A inicios del siglo XXI, el Madrid de Florentino Pérez era el más lujoso transatlántico del fútbol europeo. Tras conquistar la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=wM9dsqdMdTY">Novena Copa de Europa</a> en Glasgow ante el Bayer Leverkusen, el conjunto dirigido por Vicente del Bosque, con Ronaldo como gran novedad, caminaba con paso firme hacia la reedición del título. Hasta las semifinales, cuando el emparejamiento con la Juventus de Turín deparó un duelo de altura. Los madridistas contaban con el ya mencionado Ronaldo como punta de lanza de un conjunto con Luis Figo, Zidane, Raúl, Roberto Carlos, etc… Pero las semifinales llegaron en un momento en que el Madrid sufría la baja de Raúl en el primer partido –la famosa apendicitis-, y la de Ronaldo y Zidane, tocados, para la vuelta. Era un equipo poderosísimo en ataque, que además contaba con Makelele y Cambiasso –Flavio Conçeiçao- en la zona de mediocentros. Pero la pareja de centrales, con un veteranísimo Hierro y un Paco Pavón que, obviamente, no era un defensa de élite.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Trezeguet y Nedved se convirtieron en los verdugos Galácticos</span>La ida, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=bS6L6N6HHEc">en el Bernabeu</a>, con Guti al lado de Makelele y Helguera de pareja de Hierro, el Madrid pasó apuros ante una Juventus solídisima. Aún adelantándose gracias a un gol del inspirado Ronaldo, Trezeguet empató, dando un valiosísimo gol fuera de casa para la Juve. Finalmente, Roberto Carlos daba a los madridistas una victoria por la mínima con la que ir al partido de vuelta en Turín. Allí, sin Makelele –Flávio y Cambiasso en el doble pivote-, y con un Raúl recién <i>recuperado</i> de la operación de apendicitis, el Madrid se presentó con Ronaldo en el banquillo. La intención de Del Bosque era asegurar atrás, pero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oWY5rXQslt8">Trezeguet tenía otros planes</a>. A los doce minutos ya la Juve estaba por delante en el partido y la eliminatoria. Antes del descanso, Del Piero rompía la cintura de Hierro y marcaba el 2-0. La cosa se complicaba aún más, y peor aún cuando mediada la segunda parte, un Nedved desbocado, finiquitaba la carrera en el fútbol de élite del de Vélez Málaga y con un disparo lejano ponía un 3-0 que parecía inalcanzable. Apenas 5 minutos antes Figo había desperdiciado un penalti que hubiera metido al Madrid de lleno en la eliminatoria. El gol de Zidane en el 89, dio emoción a los últimos minutos, pero la Juve consiguió su merecido pase a la final de Old Trafford, donde perdería contra el Milan de Carlo Ancelotti. Pero con su victoria en esas semis, la Signora ponía la primera carga de demolición en el suntuoso proyecto Galáctico. Zalayeta pondría otra más algún año más tarde.</p>
<p style="text-align: justify">Si seguimos mirando hacia atrás, apenas dos años antes del famoso gol de Mijatovic que marcó a toda una generación de madridistas, la Juventus se había vuelto a vestir de coco para el equipo blanco. Por primera vez en los 90, el equipo del Bernabeu participaba en la Copa de Europa –el dominio del Barça de Cruyff había sido tiránico durante la primera mitad de la década- y se topó con una Juve en alza en los cuartos de final. Raúl se presentaba a Europa con la victoria en la ida en Madrid. Pero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kpEDgRtY5Yw">Delle Alpi fue demasiado para los blancos</a>, y la Juventus continuó su andadura camino de su segunda Copa de Europa. La ganaría en Roma, contra el Ajax, con un tridente de ataque que todavía los buenos futboleros recuerdan: el joven Del Piero, y los arietes Ravanelli y Vialli.</p>
<blockquote><p>En los 80 vivimos el fin de una gran generación juventina y el nacimiento de otra madridista.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En la segunda ronda de la Copa de Europa de 1986/87, Real Madrid y Juventus se vieron las caras. Los españoles, dirigidos por el holandés Leo Beenhakker, habían goleado al campeón suizo, el Young Boys, por 5-1 al Young Boys, no sin cierta sorpresa, ya que el conjunto madridista tuvo que remontar en el Bernabeu su derrota por la mínima en Suiza. Santillana, Valdano, Hugo Sánchez y Emilio Butragueño en dos ocasiones evitaron la sorpresa y consumaron la goleada blanca. Sólo viendo la relación de goleadores ya se da uno una idea de la excelente mezcla de veteranos y noveles de la que hacía gala el Real Madrid. La Quinta del Buitre estaba asentada en el primer equipo, se había fichado a la Quinta de los Machos –Hugo Sánchez, Gordillo, Maceda y Buyo- y los Camacho, Juanito o Santillana todavía daban mucha guerra. Era un equipazo.</p>
<p style="text-align: justify">La Juve, por su parte, había acabado la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zYXNNPqak1M">gloriosa etapa de Trapattoni</a> –la mejor de su historia-, y con el mítico entrenador sentado ahora en el banquillo del Inter, los turineses miraron hacia la figura de Rino Marchesi, quien tuvo una temporada bastante irregular, abrumado por la hercúlea tarea que tenía entre manos. Laudrup era ahora la gran esperanza juventina, tomando el relevo <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/04/historia-juventus-turin-obsesion-copa-de-europa-trapattoni/">de un Platini</a> que jugaba su última temporada como profesional. El ariete Serena, destacadísimo el año anterior, era el sucesor de Paolo Rossi como nueve bianconero. Scirea o Cabrini seguían como estandartes de un equipo que había perdido en las anteriores temporadas la personalidad de Marco Tardelli y Zbigniew Boniek. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Paco Buyo detuvo a la Juve en su propia casa</span>En la ida, ante cien mil enfervorecidos madridistas, que por fin volvían a ver fútbol de Copa de Europa, Butragueño <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=5LXEYfucyDc">marcó el único gol</a> tras recibir un excelente pase de Chendo, en una de sus subidas por la banda. No tuvo su día Laudrup, sustituído a la hora de juego, y tampoco el horrendo trencilla Valentine, que anuló un gol a la Juve. Pero en Turín, como pasaría muchas veces en el futuro, la Juve marcó pronto y al Madrid le tocó apretar los dientes y sufrir. Cabrini, inconmesurable lateral izquierdo, fue <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=S_ePdYDCSCQ">el autor del gol</a>. El marcador continuó así hasta el final prórroga incluída y lo que se venía era la gran noche de Paco Buyo. Primero, el de Betanzos mantuvo al Madrid vivo parando un penalti a Sergio Brio. Esto suponía que el cero a cero siguiese en el marcador, ya que sorprendentemente Hugo Sánchez había marrado el primero de la tanda. Posteriormente Buyo detendría otro a Lionello Manfredonia, decisivo para el pase a cuartos de final.</p>
<p style="text-align: justify">Para la Juve, esta eliminación supuso el final de una época inigualable y el inicio de una sequía que duraría hasta 1994-95. La próxima vez que la Vecchia Signoria volviese a pisar la Copa de Europa ya ni siquiera se llamaría así. Y lo hizo para volver a ganar la Copa de las grandes orejas y, esta vez sí, poder celebrar por las calles de Turín. Para el Madrid, supuso el renacimiento de una ilusión, la de la Séptima, alimentada por una fantástica generación de canteranos. Al mismo tiempo, sería fuente de contínuas decepciones, ante la imposibilidad de hacerse con el ansiado trofeo, que llegaría doce años después, como no, ante la Juve.</p>
<blockquote><p>30 años atrás, la Juve fue protagonista en la llegada de Di Stefano al Madrid.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Más de tres décadas antes de la gran noche de Buyo, con el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/12/alfredo-di-stefano-evolucion-como-futbolista-recorrido-river-plate-millonarios-real-madrid-jugador-total/">fichaje de Di Stefano</a> por Barcelona o Real Madrid empantanado en las diversas cláusulas del Pacto de Lima, los culés intentaron recuperar el dinero pagado a River Plate por unos derechos que el club argentino aún no tenía vendiendo a Di Stefano a la Juventus. El argentino no tuvo nunca intención de jugar en Italia, y este fue uno de los motivos –junto al cese de su amigo José Samitier como director deportivo del Barcelona- por los cuales la Saeta viajó a Madrid a intentar forzar su pase definitivo al club blanco. Cuánto hubiese cambiado la historia del fútbol europeo de haberse consumado la vuelta de Alfredo a la tierra de sus antepasados.</p>
<p style="text-align: justify">El caso es que esto nunca pasó, y <i>L’Omnipresent</i>, como lo bautizó la prensa gala tras la final de la primera Copa de Europa, cambió al Madrid y lo convirtió en una fuerza imparable en la Copa de Europa. A finales de los 50, la Juve seguía intentando plasmar su dominio italiano también en Europa, y para ello, a su genio nativo, un tal Giampiero Boniperti, talento ofensivo de clase mundial, le unió a un gigante galés, tan fuerte como noble, mito del fútbol británico y referente absoluto de los juventinos en el futuro: John Charles. Completando el puzzle, un genio rioplantense, como Di Stefano, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=72BNyaQ3Fqg">Enrique Omar Sívori</a>, un genuíno representante de los Ángeles Carasucias, la mítica Argentina que ganó la Copa América del 57. La Juve consolidó su supremacía en el fútbol transalpino, pero Europa se le resistía. En el 62, el Madrid ya no era el indiscutible rey de Europa y, en cuartos de final, la Juventus por fin se encontraba con la eliminatoria que podía cimentar su posición continental de manera definitiva. Los de Miguel Muñoz contaban con una defensa tosca, aún liderada por el veterano Santamaría, y la delantera seguía viviendo de Di Stefano y Puskás, más el imparable Gento por la izquierda. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Aquella fue la primera derrota del Madrid en el Santiago Bernabéu</span>En Turín, el Madrid dio un golpe en la mesa, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=e9qfVNvoMoQ">ganando 0-1</a>, lo que parecía señalar un nuevo fracaso juventino.  Di Stefano marcó el único tanto y Del Sol encandiló al Comunale y a los Agnelli, que le firmarían ese mismo año. Sería fundamental en la Juve y todavía reverenciado en Turín. El caso es que los turineses vinieron a Madrid con la misión de lavar su imagen, no contando que sería Di Stefano quien lo haría. La Juve, vestida totalemente de negro, apenas se distinguía del árbitro. El nueve madridista, indignadísimo, y aplicando algunos juegos mentales de los que era un maestro, se pasó la primera parte amenazando al árbitro de que si la Juventus no se cambiaba de colores, el Madrid no jugaría la segunda parte. Seguramente sería un farol, pero lo cierto es que la Juventus ganó en el Bernabeu vistiendo de morado con una camiseta ¡del Real Madrid! <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VK-pOeC99N0">Sívori estuvo inspiradísimo</a>, muy motivado por el enfrentamiento con su paisano, y más aún el guardameta Anzolin, auténtico muro para el ataque blanco. Era la primera derrota del Madrid en el Bernabeu desde el inicio de la Copa de Europa en 1955.</p>
<p style="text-align: justify">Se daba paso a un <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=_7bG80Ryd6I&#038;list=PLwlsCxxjY2A-ehXRtgiGQJz1arFc6H_Gr">partido de desempate</a>, que se jugó una semana después en el Parque de los Príncipes de París. En el estadio parisino, el Real Madrid se impuso por 3-1, con goles de Felo, Del Sol y Tejada, mientras Sívori marcaba el de los turineses. El Madrid perdería la final en Amsterdam contra el Benfica, el día que un joven mozambiqueño destrozó sin piedad a sus ídolos, sólo para luego <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/05/historia-benfica-campeon-europa-guttmann-eusebio/">llorar como un niño</a> cuando esos inmortales, un argentino y un húngaro, le regalaron sus camisetas. La Juve, por fin, presentaba cara de equipo gran en Europa. Una cara que ya nunca cambiaría.</p>
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		<title>Un café en casa de Bernabéu</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Apr 2015 01:56:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[os primeros años de Di Stefano en el Real Madrid se vieron sacudidos por una bestia negra, una implacable amenaza, surgida de la mente de un antiguo preparador del Atlético de Madrid: el Sevilla de Helenio Herrera. Cuando el propio HH quiso explicar en sus primeras memorias («Yo») las virtudes que le habían permitido obtener [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">L</span>os primeros años de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/12/alfredo-di-stefano-evolucion-como-futbolista-recorrido-river-plate-millonarios-real-madrid-jugador-total/">Di Stefano en el Real Madrid</a> se vieron sacudidos por una bestia negra, una implacable amenaza, surgida de la mente de un antiguo preparador del Atlético de Madrid: el Sevilla de Helenio Herrera. Cuando el<span id="more-163601"></span> propio HH quiso explicar en sus primeras memorias (<i>«Yo»</i>) las virtudes que le habían permitido obtener tan buenos resultados ante un contrario teóricamente de clase superior, determinó que ellos habían opuesto un fútbol <i>«basado en el nervio y la rapidez»</i>, y por tanto <i>«más moderno»</i>. Aparentemente, Helenio valoraba la velocidad por encima de cualquier otra cosa, hasta el punto haber pronunciado, según su entonces amanuense <a target="_blank" href ="http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/cronicas/mgirard-29-abr-94.pdf">Girard</a>, el siguiente axioma: <i>«El fútbol moderno es velocidad. Juega rápido, corre rápido, piensa rápido, marca y desmárcate con rapidez»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Si tomamos en consideración que la fuerza y la rapidez eran, precisamente, las dos virtudes que más destacaba Herrera de su propio juego -cuando se refería a su periplo como jugador-, y que estas le parecían cualidades más <i>«oportunas para el juego defensivo»</i>, podemos especular con que había una cierta proyección de sus propias características personales en las que luego iban a ser sus propuestas. </p>
<p style="text-align: justify">A raíz de este detalle, incluso se había permitido bromear en su autobiografía [1], respecto a su alta predisposición a jugar en puestos defensivos, comparándolo con lo que le había sucedió cuando el alto mando francés le ubicó en las Ardenas (1939), ante la amenaza de una hipotética invasión alemana. Sabedor de que el ejercito alemán había roto el frente (1918) precisamente por ese punto, Helenio porfió y porfió para que la empresa de espejos y vidrios para la que trabajaba le reclamase en calidad de empleado civil útil. El futuro técnico, con mucho gracejo, explicaba la anécdota como un intento de los militares de que jugase <i>«en punta»</i>, mientras que él desesperadamente intentaba que le alineasen <i>«atrás»</i>. Su criterio demostró ser el correcto puesto que los alemanes volvieron a utilizar <a target="_blank" href ="http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/batallas/francia.html">el Bosque de las Ardenas</a> como punto de entrada para la invasión de Francia y ningún hombre de la compañía a la que había sido asignado Helenio Herrera sobrevivió al asalto. </p>
<p style="text-align: justify">A través de este suceso, quizás también podemos olfatear el origen de otra de las claves de su metodología de preparación de equipos. La obsesión por la información. Helenio quería conocer los puntos débiles de todo el mundo. Ya fuesen los de <a target="_blank" href ="http://web.archive.org/web/20101225154233/http://www.ecosdelbalon.com/?p=3008">sus rivales</a> como los de sus subalternos, a los que llegaba a poner detectives para luego airear sus intimidades en el vestuario. Había nacido, según Helenio, el fútbol superprofesionalizado. </p>
<blockquote><p>«La escuela francesa para preparación de atletas y futbolistas, si no es la mejor se la considera entre las primerísimas», Yiyo Carniglia.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Durante el conflicto bélico, <a target="_blank" href ="http://www.artehistoria.com/v2/contextos/3904.htm">el régimen de Vichy</a> organizaba el campeonato de fútbol francés y exigía que cada profesional actuase en un colegio, un par de veces a la semana, en calidad de profesor de educación física. A Helenio la experiencia como docente le encantó y le serviría para encontrar su verdadera vocación. Mientras aun jugaba con el Stade Français hizo el cursillo de entrenador, esmerándose hasta alcanzar la secretaria de la comisión técnica de la <a target="_blank" href ="http://www.fff.fr/">Federación Francesa de Fútbol</a>, y también se titularía como practicante (actual enfermería) y masajista. Todas estas maestrías iban destinadas a fortalecer su propuesta futbolística, caracterizada desde el principio por <i>«el juego de desmarque y la preparación física de mi equipo»</i>. Las cualidades que, según Herrera, impresionaron en Madrid cuando visitó la capital para medirse contra el Atlético con el Stade. Y que precipitaron su llegada al equipo rojiblanco junto a Ben Barek y Marcel Domingo. </p>
<p style="text-align: justify">Si bien tenemos indicios para creer que la inclinación de Herrera era conatural a su talante, también habría que precisar que estaba en el lugar idóneo para desarrollar sus inquietudes. Según recogió Alejandro Scopelli en su primer manual para técnicos (1957), era precisamente un francés, <a target="_blank" href ="http://biblioteca.figc.it/72/">Maurice Baquet</a>, quien más había contribuido a definir un <i>«sistema de preparación adaptado especialmente al fútbol»</i>, lo que nos permite identificar a la escuela francesa de preparación atlética como una de las más cualificadas en aquel momento, y a Herrera como su discípulo más famoso.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">La rapidez seguía siendo la clave de H.Herrera</span>A través de los años y en todos los equipos españoles por los que Helenio transitó, hubo un mantra repetido hasta alterar las conciencias: <i>«¿De que les valdrá su técnica si vosotros sois siempre los primeros en llegar al balón?»</i>. Hubo obviamente otros factores, el propio HH destacaba sus virtudes como animador, motivador, y obviamente como estratega, con especial atención a cerrar líneas y no ofrecer huecos, según se le pudo leer <a target="_blank" href ="http://www.kaisermagazine.com/retroblog/muerte-eduardo-teus-san-mames/">al crítico Eduardo Teus</a>. No obstante, la velocidad seguía siendo su piedra filosofal y cuando llegó al equipo sevillista se encontró con que nadie tenía más de esta que el central asturiano Campanal II, sobrino de uno de los componentes de la célebre delantera <a target="_blank" href ="http://www.sevillacf.com/100anyosdevida/capitulo7.htm">de Los Stuka</a>, y en palabras de Herrera <i>«el mejor atleta-jugador que he conocido»</i>. Según el propio Campanal, que en realidad se apellida Vaquero, en aquellos tiempos fue capaz de batir varios récords de atletismo nacional, si bien estos nunca fueron homologados. Por ejemplo, corría tan rápido como el plusmarquista de cien metros lisos, Javier Llana, quien cubría ese espacio en 10&#8217;8 segundos. Y en una exhibición celebrada en Sevilla (1957) fue capaz de superar a los campeones nacionales de longitud y de triple salto. </p>
<p style="text-align: justify">La cruz del proyecto, igual que en Barcelona sería para Kubala y en el Inter para Angelillo, la iba a acarrear <a target="_blank" href ="http://sevilla.abc.es/hemeroteca/historico-01-07-2001/sevilla/Deportes/ramoni-un-toque-de-balon-increible-en-el-sevilla-de-los-50_5474.html">el melillense Ramoní</a>, un jugador dotado de una clase excepcional con el que HH no contaba. Ramoní pasó al banquillo, según explicó en una entrevista, porque lo suyo no era <i>«pegar patadas»</i>. <i>«A mí tenían que marcarme»</i>, decía Ramoní, recurriendo a un argumento que presupone, como decía Czibor, que en el fútbol hay obreros e ingenieros, y que los primeros deben trabajar para los segundos. Una concepción del fútbol que chocaba radicalmente con las ideas de Herrera, para quien todos debían trabajar sin jerarquías, y que preconizaba la fuerza, la rapidez y la buena voluntad como valores esenciales. </p>
<blockquote><p>La sustitución del modelo de preparación física español por el famoso training francés.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Aun cuando Helenio quiso, en el cenit de sus triunfos, diferenciar su metodología de trabajo de la madridista, aduciendo que el conjunto blanco representaba un <i>«fútbol retórico»</i> de pases cortos (muchos inútiles), técnica magnífica, táctica floja y preparación física mediocre, en comparación con el <i>«fútbol moderno»</i> que pregonaba HH, lo cierto es que el Real si había procurado estar bien preparado en el aspecto atlético, disponiendo para ello de buenos profesionales. </p>
<p style="text-align: justify">Si partimos del primer técnico que tuvo Alfredo Di Stefano en el club, el uruguayo Enrique Férnandez, veremos que este había contado con el eximio José Villalonga como preparador físico del equipo. Pepe Villalonga ya había desempeñado dicho cargo la temporada anterior, bajo las ordenes de Juan Antonio Ipiña, y suponía una autoridad en la materia, hasta el punto de ser elegido como coautor del <i>«Manual del preparador»</i> de la F.E.F. (1951) en el apartado de preparación física y atlética del jugador de fútbol. El libro se completaba con un tratado técnico, táctico y estratégico a cargo del célebre <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/11/real-sociedad-epoca-dorada-anos-80-semifinales-copa-de-europa-ormaetxea/">Benito Díaz</a> y un apartado de medicina deportiva por el eminente traumatologo <a target="_blank" href ="http://www.mapfre.com/fundacion/html/revistas/trauma/v22n4/eponimos.html">don Joaquín Cabot Boix</a>, lo que nos da una buena medida de la dimensión que se le atribuía como especialista al propio Villalonga. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Villalonga abandonó el Real Madrid en 1957</span>Tras ganar su segunda Copa de Europa, Villalonga abandonó el club para pasar a servir en la Escuela Nacional de Educación Física en Toledo, en un giro sorprendente de acontecimientos, que lejos de ser un cese se consumo en la forma de una renuncia. Aunque se habló <a target="_blank" href ="http://hemeroteca.mundodeportivo.com/preview/1957/07/03/pagina-4/642964/pdf.html#&#038;mode=fullScreen">de contactos avanzados</a> para renovar su contrato por una temporada más, poco después se desencadenó un conflicto interno, según parece por la voluntad del club de que el entrenador supeditase sus decisiones a la autoridad del delegado (Ipiña), cosa a la que Villalonga se opuso. Hubo una contraferta por parte del técnico, ofreciéndose a recuperar su rol original como preparador físico, pero esta no fue aceptada por la directiva. </p>
<p style="text-align: justify">A partir de ahí empezaron a sonar distintos nombres para optar a la dirección del campeón, empezando por el brasileño Otto Gloria (Benfica) y continuando por Helenio Herrera, que tras la muerte de Sánchez Pizjuán había discutido con la directiva sevillista y se enfrentaba a una sanción federativa por incumplimiento de contrato. Helenio confirmó en su autobiografía que el interés (recíproco) existió, pero que aquello contribuyo a que la directiva andaluza se opusiese a su marcha. Se le ofreció entonces el puesto al capitán del equipo, <a target="_blank" href ="http://hemeroteca.mundodeportivo.com/preview/1957/07/17/pagina-4/637079/pdf.html#&#038;mode=fullScreen">Miguel Muñoz</a> -que estaba de viaje de novios- y este tampoco aceptó las condiciones que había rechazado Villalonga. </p>
<blockquote><p>Luis Carniglia, yuxtaposición de la técnica y carácter sudamericano con la atlética europea.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El ¿codiciado? trabajo fue a parar finalmente, de forma harto sorpresiva, a manos de <a target="_blank" href ="http://hemeroteca.mundodeportivo.com/preview/1957/08/07/pagina-4/637556/pdf.html#&#038;mode=fullScreen">Luis Carniglia</a>, que técnicamente no podía ocupar la posición por carecer del título de entrenador expedido por la Escuela Nacional de Preparadores de Fútbol. De esta manera se produjo al fin el ansiado mestizaje técnico y, mientras Ipiña aportaba el título de entrenador, figurando como delegado y preparador del equipo, el argentino actuaba en calidad de <a target="_blank" href ="http://hemeroteca-paginas.mundodeportivo.com/EMD02/HEM/1957/10/18/MD19571018-003.pdf"><i>«asesor técnico y físico»</i></a>. Si bien la logística interna era otra distinta. </p>
<p style="text-align: justify">Carniglia llevaba pocos tiempo entrenando, pero se había formado en la prestigiosa Escuela Gimnástica Aix-le-Provence (1953), mientras aun jugaba con el Niza, y alardeaba de su doble condición como Director Técnico y simultáneamente preparador físico, algo que según su biógrafo, <a target="_blank" href ="http://www.nacionalypopular.com/index.php?option=com_content&#038;task=view&#038;id=4533">Diego Lucero</a>, puso él de moda. Al <i>«Yiyo»</i>, variante del diminutivo «<i>Gigi»</i>, le iba a tocar trabajar en Madrid en unas condiciones particularmente complicadas, aquellas que el propio Diego Lucero definió como <i>«el furioso trajín del equipo más viajado de Europa»</i>. En efecto, el Real Madrid se sometía cada temporada a un alud de compromisos (75-80) que incluían no solo las competiciones oficiales, sino también a una larga ristra de amistosos internacionales, que resultaban indispensables para sostener económicamente a la sociedad. Además, había que lidiar con el temor a la decadencia de Alfredo Di Stefano, que ya tenía 31 años y al que la temporada anterior habían firmado un teórico sucesor, el francés Kopa. </p>
<p style="text-align: justify">La clave de todo estaba en la velocidad. Según el cotidiano Marca: <i>«Di Stéfano es un jugador de facultades que sostiene sobre su propia velocidad todo el armazón de virtudes auxiliares. (&#8230;) Hace falta saber solamente a qué edad semejante perfección futbolística perderá la velocidad que hoy le convierte en irresistible»</i>. Así que Kopa, que ocupaba su mismo rol como <i>«delantero ambulante»</i>, presuponía tanto una hipotética solución como un interrogante táctico: ¿Se podía hacer coexistir a dos jugadores de características distintas pero conceptualmente similares? <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1956_5.html">La propuesta del diario</a> era que Alfredo sacrificase su juego <i>«metiéndose en el área para dejar su brillante papel de la última temporada al recién llegado Raymond»</i>. Si bien la solución finalmente propuesta por Carniglia iba a ser otra distinta. </p>
<blockquote><p>«Los partidos del domingo se ganan en la semana. Que esto se lo graben bien los profesionales», Yiyo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Carniglia era el primero en realizar la carrera</span>Lo primero era diseñar un plan de entrenamiento que se ajustase al apretado calendario, esta vez utilizando la escuela francesa de training, la misma que empleaba como base, por ejemplo, Helenio Herrera. Los jugadores se quejaron de la dureza de los entrenos y, a través <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">de Alfredo Di Stefano</a> [2], que había sido el padrino de Carniglia en el club, le llegó el recado de que tenían pensando <i>«quemar las maderas»</i>, refiriéndose a las vallas. No era una situación fácil, pero Yiyo tenía una larga experiencia como jugador y conocía bien la psicología del vestuario. Sabía que era importante no acarrear fama de hipócrita o <i>«vendedor de humo»</i>, así que tenía por costumbre <i>«ponerse al frente del pelotón corriendo a la par que los jugadores»</i> La convivencia con los futbolistas, siendo uno más en el gimnasio, en la cancha y en las concentraciones, le parecía esencial por dos motivos. Obviamente como fuente de primera mano del valor de cada uno de los elementos del equipo, que es algo necesario para tenerlos a punto cuando llega el periodo crucial, pero también como un modo de que el jugador se sienta cercano al técnico. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de que el preparador se gane el ser autorizado por el jugador, la ilustraba Yiyo con una de esas anécdotas tempranas que quedan grabadas indeleblemente. Formando parte de Boca Juniors tuvieron un entrenador que, una vez por semana, les convocaba para darles una clase teórica de fútbol, que a ellos les aburría soberanamente. El hombre, armado con una tiza, disertaba sobre los caminos para hacer gol, hasta que un día <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Arico_Su%C3%A1rez">Arico Suárez</a>, seguramente harto, se levantó y le preguntó que en esa pizarra donde estaban los contrarios. Un balde de agua fría. Lo siguiente fue que los jugadores, que habían detectado que ese <i>«técnico»</i> nunca tocaba la pelota con el pie, le tiraron una pelota <i>«con mucho efecto»</i> y al intentar pararla este con el pie le dio de punta ante el regocijo de la plantilla. Un mes después tuvieron que relevarlo. </p>
<p style="text-align: justify">El entrenamiento de base propuesto por Yiyo era la carrera en sus cuatro versiones (souplesse, sostenida, alargando progresivamente y sprint) con el objetivo de trabajar los tres aspectos fundamentales: pique (cambio de ritmo), velocidad y resistencia. Su escolarización francesa le había convencido de que el fútbol era un juego basado en <i>«aspectos atléticos sobre la carrera»</i>, es decir <i>«no se puede jugar parado»</i>. Aunque seguía concediendo a la parte técnica la mayor percentual de importancia en el juego (60%), Carniglia se desmarca del modelo argentino, considerando que existía un defecto reiterado en su fútbol, lo que él llama <i>«paseítos intrascendentes que algunos quieren confundir, alegando que es técnica»</i>. Cuando el Yiyo desglosaba la planilla de actividades semanales que proponía a sus futbolistas, hacía hincapié en que la intensidad no podía decaer en ningún momento. Por ejemplo, cuando se refiere a la hora de técnica individual con la pelota, incide en que esta debe siempre realizarse <i>«con mucho movimiento y sin respiro»</i>. </p>
<blockquote><p>«Las vidas extraordinarias merecen ser noveladas para sacar provecho de sus experiencias», D.Lucero.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existen un par de episodios de la biografía de Luis Carniglia que bien pudieran ayudarnos a comprender esa enorme fe en el ejercicio y la transpiración. Mientras jugaba con Boca Juniors, durante un partido contra Rosario Central (1941), el salvaje de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Rodolfo De Zorzi</a> le segó entrando con los pies por delante y provocándole una fractura múltiple en la pierna izquierda, más un acortamiento de 12 centímetros de la extremidad. Hubo riesgo, primero de amputación, luego de cojera permanente, y ya de lo de volver a jugar ni se hablaba hasta que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">su amigo Gandulla</a> le llevó a ver al doctor Augusto Covaro, hincha y doctor de River Plate, y este le aseguró que sí podría volver a hacerlo. A pesar del acertado desempeño de los doctores implicados, todos reconocieron que solo la enorme fuerza de voluntad y pasión por el fútbol del jugador hicieron posible el milagro de volver a jugar. Tras un duro entrenamiento en solitario, durante el verano de 1945, consiguió volver a hacerlo profesionalmente, aunque en esta ocasión con Chacarita. El primer partido, como no, contra Rosario Central, rival contra el que se lesionó, y aun así el Yiyo consiguió marcar un gol y arrancar un empate.</p>
<p style="text-align: justify">Tras un periplo accidentado que incluyó salir campeón en el campeonato pirata mexicano, enrolarse como jugador-entrenador en Tigre o participar en la huelga que propició <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">El Dorado colombiano</a>, a Luis Carniglia le llegó la oportunidad tardía de jugar en Europa. Llevaba un año sin competir profesionalmente, tenía sobrepeso y él mismo dudaba de que a sus 35 primaveras pudiese volver a engrasar la maquinaria que le había convertido en un atleta. Al comenzar los partidos de prácticas enseguida comprobó que no podía coger el ritmo. Los jóvenes franceses le resultaban inalcanzables y su talento con la pelota no le alcanzaba. «Había perdido la noción de lo que era la velocidad en una cancha» dijo el Yiyo, lamentándose de su falta de flexibilidad en la cintura. Hubo no obstante una espoleta que inflamó su espíritu competitivo, cuando el director deportivo, Lardi, le preguntó si él había jugado alguna vez al fútbol como profesional. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">A Carniglia</a>, que había sido internacional en el Panamericano de Dallas (1937) y campeón con Boca, cuando el campeonato argentino andaba cuajado de cracks, aquello le debió de doler en el alma. Se compró una sudadera, un jersey de punto y unas zapatillas, y se iba todas las mañanas a correr entre nueve y diez kilómetros, luego quince minutos de gimnasia y por la tarde a entrenar con el resto del equipo. Acabó jugando y conquistando Liga y Copa [3], lo que él agradeció a la escuela francesa de preparación. </p>
<p style="text-align: justify">Estas experiencias ayudaron a componer la fe de Yiyo Carniglia en su metodología de entrenamiento, a la francesa, y compusieron la base de sus críticas a la preparación argentina. No obstante, en lo que al Real Madrid respeta, destacaron de manera más fulgurante las decisiones que tomó para regenerar el juego del equipo que los ejercicios y sacrificios propuestos para sostener el ritmo. </p>
<blockquote><p>«Es indispensable arremeter contra esos monstruos de los equipos campeones y suplantarlos por elementos más jóvenes», Diego Lucero.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Yiyo recibió una invitación a tomar café en casa de <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Santiago_Bernab%C3%A9u">Don Santiago Bernabeu</a>. El patriarca blanco le preguntó sobre como se iba desarrollando su estancia en el club, y tras comprobar que todo iba bastante bien, le preguntó por como veía al equipo. Carniglia le contestó con absoluta sinceridad que lo notaba falto de fuerza de conjunto. Había, sí, buenas individualidades, pero no un equipo. Bernabeu le señaló, usando una pintoresca metáfora taurina, que <i>«allí estaba el toro»</i> y dio por terminada la entrevista. Al Yiyo le creció una inmensa admiración por la forma en la que el presidente le había puesto frente a su responsabilidad y decidió tomar las medidas que entendía necesarias. Había que cambiar a un equipo campeón de Europa. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Miguel Muñoz suponía un pequeño problema para el plan del técnico</span>Uno de los problemas que Carniglia señaló como freno del equipo era el juego en el mediocampo que realizaban Muñoz y Kopa. Según el preparador, Kopa se retrasaba para apoyar a Muñoz, ya muy lento, y ambos se encerraban en una pequeña parcela, haciendo un juego de pases intrascendentes que apagaba a todo el conjunto. Muñoz, al que ese mismo año habían ofrecido la dirección del equipo, aseguraba que todavía estaba bien para jugar, pero las hemerotecas documentan que a principios de temporada se estaba intentando <a target="_blank" href ="http://hemeroteca-paginas.mundodeportivo.com/EMD02/HEM/1957/10/18/MD19571018-003.pdf">firmar a Nestor Rossi</a>, según comentó Carniglia en Mundo Deportivo. El astro argentino, compañero de Alfredo en River y Millonarios, había manifestado su deseo de incorporarse al club, pero River Plate no consintió. El teórico puesto de Pipo en el módulo 2-3-5 era mediocentro, posición que en el Madrid ocupaba originalmente Marquitos, un jugador de características bien distintas.  Esto se debe a que la aplicación argentina de las marcas a lo WM determinaban que fuera el antiguo defensa derecho de la pirámide invertida (2-3-5) quien tomase al delantero centro, mientras que el defensor izquierdo se corría un poco más hacia su banda y el medio derecho -que siempre tuvo competencias a la hora de perseguir a los interiores y a los punteros-, retrocedía un poco más. A diferencia de la aplicación de la marcación europea, el mediocentro sudamericano quedaba exento de la tarea gris de policía del área y conservaba la función de <i>«ser un hombre de empuje, de aguante, (que) cubre una gran zona»</i>, según <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">la explicación</a> que dio Alfredo Di Stefano cuando le preguntaron sobre el tema. </p>
<p style="text-align: justify">Un dato este que nos permite especular con que seguramente el interés por Pipo Rossi estaba dirigido, desde el principio, a ubicarle en el rol del veterano Miguel Muñoz. De hecho, durante la temporada 1957-58, el rol de mediocentro lo acabó cubriendo el uruguayo Emilio Santamaría, que había actuado en Uruguay principalmente <a target="_blank" href ="http://hemeroteca.mundodeportivo.com/preview/1957/05/29/pagina-3/640863/pdf.html#&#038;mode=fullScreen">como defensa central</a>, lo que resultaba compatible con el rol del mediocentro en la aplicación de la WM a la europea. </p>
<blockquote><p>El difícil ejercicio de la osadía, la conciencia y la honestidad profesional.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">A falta del jugador argentino, Carniglia apostó por un elemento de las inferiores, Santisteban, <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1957_6.html">al que Moleiro</a> había reclutado del juvenil del Bétis y reubicado en el puesto de medio derecho. El experimento fue un éxito y para muestra un botón, cuando Didí llegó al Real Madrid, dos temporadas después, comparó a Santisteban con su compañero Zito en la Copa del Mundo de 1958. </p>
<p style="text-align: justify">Por su parte, Kopa, continuaba con su tendencia a jugar junto a Di Stefano en posición retrasada, que era el espacio que él ocupaba en el Reims y en la selección francesa. Carniglia tuvo que realizar un gran esfuerzo de sugestión para convencerle de que su juego, de regate y finta, se iba a explotar mejor jugando como extremo derecho. Una proposición a la que el francés se había resistido incluso cuando nominalmente vestía el siete. El definitivo pase de Kopa a dicha posición suponía además la exoneración de otro veterano, <a target="_blank" href ="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1956/11/14/041.html">Joseíto</a>, que generalmente ocupaba ese rol, y en su lugar se le daba chance a un joven interior, Marsal, que según el Yiyo tenía en contra al 99% de la hinchada. La prensa, las tribunas y las peñas protestaron. El diario ABC se chanceaba de los técnicos a los que apodaba <a target="_blank" href ="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1958/01/08/046.html"><i>«el binomio»</i></a>, proponiendo todo tipo de sobrenombres a los distintos cambios en la configuración del once. Así pudimos conocer la <i>«Operación polvora mojada»</i> o la, también operación, <i>«Cambio caprichoso»</i>, e incluso se temían que llegase la <i>«Operación número nueve»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Diego Lucero describe en la biografía de Carniglia esta necesidad de regeneración como una encrucijada característica del técnico, cuando <i>«el cuadro campeón se va anquilosando y las grandes figuras se enquistan y adquieren carácter de inconmovibles»</i>. Las sustituciones se justificaban por motivos estratégicos, y el Yiyo va desgranando en su comentarios las verdaderas razones de cada uno. Marquitos era desde el mediocentro una <i>«representación de la furia»</i>, un <i>«jugador motor»</i>, pero <i>«desordenado»</i>. <a target="_blank" href ="http://www.sefutbol.com/que-es-jose-emilio-santamaria">Santamaría</a> en cambio era más cerebral y tenía más calidad. Kopa se explotaba mejor yendo <i>«al frente junto a Alfredo»</i>, porque reforzaba el ataque <i>«en tromba»</i> de la Saeta. Y a ambos les resultaba más eficaz tener un peón alimentador como Marsal, que tenía habilidad y dinamismo. </p>
<p style="text-align: justify">Aquella renovación del equipo permitió sumar una Liga y dos Copas de Europa más, incluyendo partidos inolvidables como la final contra <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/10/ac-milan-decada-50-copa-de-europa-rivalidad-real-madrid/">el Milán</a> o las celebres semifinales <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/04/historia-atletico-de-madrid-copa-europa-tres-semifinales/">contra el Atlético de Madrid</a>. El Atlético&#8230; que era, precisamente, el primer club español que se interesó por Carniglia, cuando este aun estaba en Niza, y que a su vez es el equipo que acabó fichando al año siguiente, como técnico, al anterior entrenador del Real Madrid, don José Villalonga. Casi como si el fútbol quisiese demostrar la vigencia de aquella sentencia del religioso indio Ramakrishna: <i>«Los hombres, aunque ellos lo ignoren, hagan lo que hagan, sigan los caminos que sigan, inevitablemente llegará el día en que quedarán apresados dentro del círculo rojo»</i>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] La firmaba HH pero la escribió Martín Girard/Gonzalo Suárez.<br />
[2] Alfredo confirmó en su biografía «Gracias, vieja» que Bernabeu le preguntó por Carniglia. Ambos habían coincidido en la Asociación de Futbolistas Argentinos durante la Huelga.<br />
[3] Su último título como jugador es la Copa de Francia de 1954 conquistada contra el OM de Ben Barek.</p></blockquote>
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		<title>Platinismo: Platinismo en 8 milímetros (X)</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Dec 2014 03:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Si puede ser escrito, o pensado, puede ser filmado”, Stanley Kubrick. uando se habla de fútbol y cine argentinos, el espectador europeo piensa en «El secreto de sus ojos». Curioso, porque la película de Campanella no es un film sobre el juego, ni sobre el vestuario, ni sobre sus protagonistas. Pese al precioso plano secuencia [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“Si puede ser escrito, o pensado, puede ser filmado”</i>, Stanley Kubrick.</b><span id="more-149611"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">C</span>uando se habla de fútbol y cine argentinos, el espectador europeo piensa en <i>«El secreto de sus ojos»</i>. Curioso, porque la película de Campanella no es un film sobre el juego, ni sobre el vestuario, ni sobre sus protagonistas. Pese al precioso <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=pczdwTr_7zg">plano secuencia</a> en el estadio, que sí es juego y ambiente, la principal función del fútbol en la trama es <a target="_blank" href ="http://www.eldiario.es/libero/Futbol-Libero-Futbolin-Argentina-Cine_6_208989106.html">servir de puerta</a> a los grandes temas evocando la pasión, el sentimiento que le es más natural a este deporte al que, habitualmente, se le ha acusado de no <a target="_blank" href ="http://www.cultura.elpais.com/cultura/2012/08/26/actualidad/1345975244_734856.html">ser cinematográfico</a>. Sin embargo, una de las más antiguas y exitosas producciones cinematográficas deportivas ya incluía el fútbol entre sus imágenes. Cierto es que era un documental y no una película al uso, pero pocas veces se ha alcanzado el nivel de belleza estética del <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film822674.html"><i>«Olympia»</i> de Leni Riefenstahl</a>. </p>
<p style="text-align: justify">De hecho el deporte, en general, siempre estuvo vinculado al cine, ya desde los hermanos Lumiere cuando introdujeron el boxeo en <i>«Scene de pugilat»</i> (1895), y pasando por las tempranas filmaciones de ciclismo, lucha o polo. Sin duda había un componente estético en este interés primerizo, pero con la sofisticación del propio cine como género, el deporte multiplicó su atractivo como tema al establecerse como una nueva forma de mitología, caracterizada por su extraordinario acervo de historias, valores y anécdotas, así como por su enorme popularidad; lo que a la postre le convertiría en un óptimo vehículo narrativo por su facilidad para conectar sentimentalmente con el espectador y lo mucho que estimula <a target="_blank" href ="http://www.primeraedicionweb.com.ar/nota/suplemento/10317/de-goles-pasiones-y-palabras-28i29.html">la cohesión social</a>. </p>
<blockquote><p>¿Puede un gargantuesco manantial de historias ser incompatible con la expresión cinematográfica?</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La literatura también adivinó estas virtudes, con los uruguayos como precursores del relato con motivos futbolísticos. Es significativo que el primer caso conocido de cuento de fútbol de la literatura hispánica sea aquel <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2008/05/31/babelia/1212190755_850215.html"><i>«Juan Polti, half-back»</i></a> (1918) de Horacio Quiroga, una fábula inspirada en el suicidio del futbolista Abdón Porte y que Quiroga trató con tacto, pero sin sensiblería. La tragedia de Porte, que podría haberse enfocado como una terrible secuela de la patología mental, acabó siendo recogida a posteriori como la anunciación de que el fútbol pasaba a ser uno de esos grandes temas de vida o muerte. Existía un misterioso dios del fútbol y Abdón Porte había sido el primer mártir de su causa. Lógicamente vendrían más, tanto de los reales como de los narrativos, y buen ejemplo de ello es la <a target="_blank" href ="http://manuelmazon.wordpress.com/2012/04/20/notas-sobre-un-poeta-futbolero-miguel-hernandez-el-barbacha/"><i>«Elegía al guardameta»</i></a> que Miguel Hernández le dedicaría a Manuel Soler <i>«Lolo»</i>, portero del Orihuela FC, que se abrió una buena brecha en la cabeza tras golpearse contra el poste durante un partido, y al que Hernández acabó asesinando en su poema para dotar a este de mayor carga dramática. Otro tanto hizo <a target="_blank" href ="http://hemeroteca-paginas.mundodeportivo.com/EMD02/PUB/2006/02/15/EMD20060215020MDG.pdf">Roa Bastos</a> en el cuento titulado <i>«El Crack»</i>, aunque esta vez el futbolista ajusticiado por el choque contra una portería, volvería de la tumba para replicar su último gol. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Roberto Fontanarrosa ha sido inspiración de unas cuantas películas </span>No obstante, los primeros cuentistas argentinos en los que, a nivel temático, el fútbol es una parte destacable de su obra, serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Osvaldo_Soriano">Osvaldo Soriano</a> y Roberto Fontanarrosa. Al <i>«Negro»</i> Fontanarrosa le adaptaron recientemente uno de sus relatos futbolísticos, <i>«Memorias de un wing derecho»</i>, en formato de animación y además con un binomio creativo de auténtico lujo: dirección de Juan José Campanella y guión adaptado por Eduardo Sacheri, la pareja responsable de <i>«El secreto de sus ojos»</i>. Previamente, el director madrileño Roberto Santiago había adaptado, con resultados discretos, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/El_penalti_m%C3%A1s_largo_del_mundo"><i>«El penal más largo del mundo»</i></a> (2005) del <i>«Gordo»</i> Soriano, autor al que el cine viene adaptando desde la década de los ochenta, y al que recientemente y rizando el rizo de lo metaficticio se le ha vuelto a llevar a la pantalla mediante un falso documental que adapta un cuento sobre un Mundial que nunca se produjo. Los autores lo presentaron en el Festival de Cine de Venecia bajo el sugerente título de <a target="_blank" href ="http://cultura.elpais.com/cultura/2014/06/30/actualidad/1404152391_534333.html"><i>«El Mundial olvidado»</i></a> (2011) y la prensa mexicana, peruana, española y también la argentina volvió a caer en la vieja treta a lo Orson Welles. Ni tan siquiera lo delirante del argumento impidió que los medios suspendiesen su incredulidad y aceptasen que un hijo natural del vaquero Butch Cassidy hubiese arbitrado un torneo fantasma en 1942, celebrado en la Patagonia argentina, bajo la supervisión de los revólveres, y con los indios mapuches jugando contra los alemanes del III Reich, quienes además jugaban con cascos y armados con alfileres.</p>
<p style="text-align: justify">La historia de <a target="_blank" href ="http://www.don-patadon.com/2013/10/el-hijo-de-butch-cassidy-de-osvaldo.html"><i>«El hijo de Butch Cassidy»</i></a>, cowboy, filósofo y árbitro ocasional de fútbol, se le había ocurrido a Soriano durante su primer encuentro con Diego Armando Maradona. Ambos jugaron a no prestar atención al otro, hasta que Diego empezó a hacer magia con una naranja y Soriano se encontró con que no podía dejar de mirarlo. La fruta iba bailando por todo el cuerpo del número 10 de Argentina, sin llegar nunca a caer al suelo, y cuando por fin la detuvo y les preguntó si sabían cuantas veces la había tocado con el brazo, los espectadores aullaron: <i>«¡Nunca!»</i>, pero Diego sonrió y les dijo <i>«sí, una vez, pero no hay referí en el mundo que pueda verme»</i>. La anécdota impactó tanto al Gordo Soriano que esa misma noche escribió su relato sobre un referí vaquero. </p>
<p style="text-align: justify">Los autores del documental pretendían confundir <a target="_blank" href ="http://canchallena.lanacion.com.ar/1406008-el-mundial-olvidado"><i>«leyenda, memoria y fantasía»</i></a> y, para facilitar el tránsito, contaron con el sociólogo y periodista Sergio Levinsky, en calidad de protagonista y conductor, entrevistas con gente del fútbol como Roberto Baggio, Gary Lineker, Jorge Valdano, Víctor Hugo Morales o Darwin Pastorin. También inventaron un mecenas a lo Jules Rimet y un cineasta a lo Leni Riefenstahl. Procuraban con esto que cada espectador <i>«trazara sus propios límites, que experimentaran con la percepción»</i>. Habían entendido que tanto el cine como el cuento no se construyen desde lo literal, si no desde lo literario. Borges escribía en el final de <a target="_blank" href ="http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v32/schaer.htm">Emma Zunz</a> que <i>«la historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta»</i>. De igual modo una cartografía del cine fútbol argentino nos ilustraría tanto o más sobre la historia y espíritu del fútbol, que una fría recopilación de datos, porque nos habla de un lugar imaginario donde lo que importa no son los hechos, sino el sentido profundo de las cosas.</p>
<blockquote><p>Una cronología fílmica del fútbol argentino durante sus dos décadas más gloriosas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">El pase de Ferreyra también llegó al cine</span>El cine fútbol argentino no empieza con un equipo, sino con un jugador. Se llamaba Bernabé Ferreyra, natural de Rufino (Santa Fé), y la gran estrella que redimensionó al River Plate. El equipo franjirrojo, antes de su fichaje, era uno de los conjuntos más populares, pero estaba lejos de los que tenían un mayor número de aficionados. Sin embargo, con la llegada de Bernabé se convirtió en un imán para las masas y las pasiones. Su pase había sido récord del fútbol nacional, treinta y cinco mil pesos pagados a Tigre, cifra que triplicaba la plusmarca anterior y un dispendio que provocó que la escuadra pasase a ser conocida como <a target="_blank" href ="http://www.lapaginamillonaria.com/Noticias/Varios/la-efemeride-de-la-semana/20737-aniversario-nacimiento-bernabe-ferreyra-river-millonario-titulos.html">la de <i>«Los Millonarios»</i></a>. No obstante, no existía ni sombra de duda sobre lo acertado de la política. El jugador debutó contra Chacarita el 13 de marzo de 1932 y marcó dos goles. La fuerza de su <i>«shot»</i> impresionó tanto al periodista Hugo Marini que le describió en su crónica diciendo que <i>“no es un hombre, es una fiera”</i>; y así se empezó a forjar un nuevo apodo, uno de los muchos que se ganó durante su brillante trayectoria. Le llamaron <i>“Ñato”</i>, <i>“Cañonero”</i>, <i>“Balazo”</i>, <i>“Romperredes”</i>, y también <i>“el Mortero de Rufino”</i>. Durante la década de los treinta fue una de las principales personalidades de la Argentina, con una dimensión social solo equiparable a la del tanguista Carlos Gardel, el boxeador Justo Suárez y el jinete uruguayo <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Irineo_Leguisamo">Irineo Leguisamo</a>. Su enorme popularidad provocó que la industria cinematográfica se interesase por adaptar su historia. </p>
<p style="text-align: justify">La primera producción fue <i>«La barra de Taponazo»</i> (1932) una de las precursoras del cine sonoro argentino y seguramente la primera película dedicada al fútbol. No fue una adaptación propiamente biográfica, sino que se empleaban los aspectos humanos más populares de Bernabé: su sencillez, la nostalgia de su tierra o el itinerario de cuento de hadas que le había llevado del pueblecito a la gran ciudad y de la pobreza a la extrema riqueza. Resulta llamativo que este film haya sido rodado durante la temporada de su debut en River, pero esto supone una buena muestra del interés que suscitaba su figura. Por ejemplo, ese mismo año, un diario vespertino había ofrecido dar una medalla de oro al primer portero que impidiese marcar a <i>“La Fiera”</i>. Una prueba de que su presencia mediatizaba toda la competición. </p>
<p style="text-align: justify">Bernabé no aparecería en <i>«La barra del Taponazo»</i>, pero sí lo hizo 5 años después en <i>«El cañonero de Giles»</i> (1937), una comedia de situaciones hecha a medida del famoso cómico bonaerense <a target="_blank" href ="http://www.telam.com.ar/notas/201302/8286-10-peliculas-inolvidables-de-luis-sandrini.html">Luis Sandrini</a>. El título parodiaba uno de los apodos de Bernabé y el guión empleaba aspectos de su biografía tamizados por medio de un humor surrealista. Así pues el protagonista, un pueblerino futbolista, cobraba una fuerza milagrosa al escuchar los ladridos de un perro y acababa triunfando en el River Plate. A Bernabé le acompañaron en la película varios de sus compañeros de equipo, principalmente <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2014/05/07/C-5264-idolos-de-la-seleccion-angel-bossio.php">Ángel Bossio</a> y Pepe Minella, que hasta tienen un diálogo, y también dos de sus jóvenes protegidos, Jose Manuel Moreno y Adolfo Pedernera. Hasta la escena del gol de la victoria del final de la película, falsamente atribuida al protagonista, contó con un doble de categoría, Luís María Rongo, furibundo shoteador al que apodaban desde las inferiores el <a target="_blank" href ="http://casosycosasriverplatenses.blogspot.com.es/2012/10/el-canonero-de-giles-cine-y-river.html"><i>«pequeño Bernabé»</i></a>. </p>
<p style="text-align: justify">Aquella no había sido la primera incursión de Sandrini en el cine fútbol, ya que previamente había rodado <i>«Los tres berretines»</i> (1933), adaptación de una obra de teatro sobre una familia bonaerense de clase media, en la que el padre se queja constantemente de los «berretines» (aficiones) que llevan a los hijos a desatender el negocio familiar. Los tres simbólicos hobbies porteños a los que alude el título, y que les hacen perder el tiempo, serían el tango, el fútbol y el cine. Sandrini había estrenado poco antes <i>«Tango»</i> (1933), el primer film sonoro nacional, y su participación en ambas cintas le granjeó una gran fama. El papel del hijo futbolista, Lorenzo, recayó en Miguel Ángel Lauri, que era uno de los componentes de la célebre delantera de <a target="_blank" href ="http://martinestevez.blogspot.com.es/2008/01/blog-post.html"><i>«los profesores»</i> de Estudiantes de La Plata</a>. La gracia estaba en que el padre, un emigrante gallego apellidado Sequeira, insistía en que el hijo perdía el tiempo aspirando a deportista, pero el público sabía que Lorenzo iba a triunfar puesto que el actor que lo interpretaba era un futbolista de renombre. Al final de la película el padre, que ha tenido que ver al hijo jugar subido a un poste telefónico, en clara metáfora de lo masivo del fútbol, observa como Lorenzo brinda con los dirigentes del club celebrando que gracias a su rendimiento se va a construir un nuevo estadio. Profético, porque pocos años después el presidente de River, Antonio Liberti, se plantearía la construcción de una cancha más adecuada para poder albergar las multitudes que congregaba el gran Bernabé Ferreyra. </p>
<blockquote><p>El éxito de “Pelota de trapo” convirtió en realidad lo que, hasta entonces, sólo era ficción.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El director de <i>«Tango»</i>, el reconocido Luis José Moglia Barth intentó hacer su propia versión de la comedia balompédica con <i>«¡Goal!»</i> (1936), siguiendo el típico argumento de los equívocos producidos por dos desconocidos, de aspecto idéntico, que intercambian sus vidas, y que en este caso eran una opaco oficinista y un exitoso futbolista. El papel de jugador corría a cargo de Pedro Quartucci, olímpico argentino pero en calidad de boxeador. Quizás por eso la historia corrió mejor suerte cuando un año después la productora la volvió a adaptar, aunque esta vez el deportista interpretado por Quartucci si era un púgil. </p>
<p style="text-align: justify">La siguiente producción dedicada al fútbol tardaría en llegar pero sería la más exitosa de todas. Se titulaba <i>«Pelota de trapo»</i> (1948) y dispuso de un elenco representativo de los principales jugadores del momento, así como un guión basado en un trabajo de uno de los principales responsables de la identidad futbolística del país, Ricardo Lorenzo <i>«Borocotó»</i>. El libreto adaptaba <i>«El diario de Comeuñas»</i>, una de <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/05/30/C-1559-recorrida-por-los-90-anos-de-el-grafico.php">las famosas <i>«Apiladas»</i></a>, la célebre sección de columnas que escribía en la última página de <i>«El Gráfico»</i>. Su mérito fue representar a la perfección el concepto del potrero como alma y crisol del fútbol argentino. La cinta poseía indudables valores cinematográficos, de hecho fue considerada el modelo <a target="_blank" href ="http://www.argentina.ar/temas/historia-y-efemerides/32470-armando-bo">del neorrealismo</a> de posguerra latinoamericano, y contó con sólidas interpretaciones, como la de Armando Bo o la de Andrés Poggio, el niño <i>«Toscanito»</i>, que se convirtió en una estrella. También desfilaron futbolistas de la talla de Tucho Méndez, José Marante, Vicente de la Mata, Juan Carlos Salvini o Saúl Ongaro; así como el seleccionador Guillermo Stábile o dos monstruos del periodismo nacional como fueron Fioravanti y Enzo Ardigó.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El Sacachispas terminó cobrando vida gracias a Juan Domingo Perón</span>Su éxito fue tal que provocó que el ficticio equipo de la película, el Sacachispas, cobrase vida el 17 de octubre de 1948, bajo la supervisión del propio Borocotó y con el mismísimo presidente de la nación, Juan Domingo Perón, haciendo gestiones para que la Municipalidad les cediera un terreno en donde construir un estadio. De su semillero surgiría varios futbolistas de primer nivel como Poletti, Manera, Néstor Martín Errea, Oscar Pezzano, Brookers, Menéndez o Periotti. Otro rotundo caso en el que la realidad superaría a la ficción. Es importante señalar que existía un subtexto político y social que explica las causas de su óptima recepción por parte del público. La cultura peronista imperante había establecido un discurso de expectativas optimistas, comúnmente conocido como <i>«el sueño del pibe»</i> en honor de un célebre tango homónimo, y que <i>«Pelota de trapo»</i> representaba a la perfección. Se habla del ascenso social desde el mérito, pero sin perder de vista el origen humilde o el deber para con la patria. Comeuñas, como futbolista, saca a su madre de la pobreza y financia los estudios de su hermano, pero también pone en riesgo su vida cuando le es detectada una afección cardíaca, y pese a ello acepta jugar una final sudamericana entre Argentina-Brasil <a target="_blank" href ="http://www.efdeportes.com/efd10/pamr101.htm">porque</a> <i>«hay muchas formas de dar la vida por la patria, y ésta es una de ellas»</i>.</p>
<blockquote><p>A «Pelota de trapo» le siguieron numerosas producciones con motivos balompédicos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Aprovechando el enorme tirón del fenómeno <i>«Pelota de trapo»</i> surgieron varios <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Ficci%C3%B3n_de_explotaci%C3%B3n"><i>exploitation</i></a> de menor mérito y similares atributos. La primera fue <i>«Con los mismos colores»</i> (1949), hoy principalmente recordada por la presencia de la Saeta rubia, Alfredo Di Stefano, en su primer papel en el cine, y aquí acompañado por otros dos protagonistas estelares del campeonato argentino, Mario Boyé y Tucho Méndez. La película narra las hipotéticas trayectorias de tres muchachos del potrero que alcanzan el campeonato profesional y la selección nacional. Alfredo y Mario son de origen humilde y Tucho de clase media, pero las relaciones entre ellos así como el interés romántico por Nené, ilustra que las fronteras entre las clases sociales se iban diluyendo por acción y efecto del peronismo. Según el escritor Pablo Alabarces, el defecto de la historia, pese a ser también obra de Borocotó, es que carece de los conflictos que conferían dramatismo a <i>«Pelota de trapo»</i>. En su lugar <a target="_blank" href ="http://tangosalbardo.blogspot.com.es/2012/06/con-los-mismos-colores.html"><i>«Con los mismo colores»</i></a> supone una interpretación maníaca del mismo argumento. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">River Plate siguió con su relación cinéfila</span>Al año siguiente sus productores repetirían concepto con <i>«Bólidos de acero»</i> (1950), también con guión de Borocotó pero esta vez ambientado en el mundo del automovilismo. Lo que no significa que el escritor uruguayo se alejase del deporte rey, porque también escribiría el libreto de una pseudosecuela de <i>«Pelota de trapo»</i> titulada <i>«Sacachispas»</i> (1950), dirigida por Jerry Gómez y otra vez protagonizada por Armando Bó. El tanguista Homero Manzi respondió escribiendo <i>«Escuela de campeones»</i> (1950), un biopic que narraba la historia del legendario club Alumni, primer gran dominador del fútbol argentino, en base a los escritos de <a target="_blank" href ="http://www.lanacion.com.ar/1212077-todos-son-campeones">Ernesto Escobar Bavio</a>. Mientras tanto River, que ya había perdido a la genuina Máquina, servía de telón de fondo a los Cinco Grandes del Buen Humor (Rafael Carret, Jorge Luz, Zelmar Gueñol, Guillermo Rico y Juan Carlos Cambón) y así se filmaron la mayoría de las escenas de <i>«Cinco Grandes y una chica»</i> (1950) en el Monumental de River, con jugadores del primer equipo como <a target="_blank" href ="http://elgraficodiario.infonews.com/2013/12/28/elgraficodiario-116572-amadeo-el-dueno-del-arco.php">Carrizo</a> o <a target="_blank" href ="http://soylapuerta.blogspot.com.es/2010/06/futbol-y-cine-segunda-parte-la-conexion.html">Labruna</a>, y con la bellísima rumana Laura Hidalgo luciendo palmito. Su argumento tenía cierto paralelismo con <i>«El cañonero de Giles»</i>, pero en el fondo resultaba algo más siniestro. A Rico, el que hacía el rol de galán de los Cinco, le drogaban la pierna y sus compañeros debían desacreditar esta turbia conspiración mediante la habitual ristra de gags. </p>
<p style="text-align: justify">Los estertores del peronismo aun traerían a <a target="_blank" href ="http://laplumaenelojo.wordpress.com/2014/03/29/711/"><i>«El hincha»</i></a> (1951), primera película que ponía el acento en el fenómeno fan rioplatense, y con el reputado tanguista Enrique Santos Discépolo oficiando como guionista y protagonista. Ya empieza a hablarse de la corrupción en el deporte, lo que no puede ser ajeno a las voces que alertaban de las presiones políticas de Perón y Eva Duarte con vistas a decidir el campeonato, pero salvaba la pureza conceptual del potrero y la autenticidad de la vida de barrio. La película es una sátira casi en las antípodas de <i>«Pelota de trapo»</i>, pero aun se considera políticamente cercana al peronismo. Lo mismo se podría decir de <i>«El cura Lorenzo»</i> (1954), libérrima adaptación de la vida del sacerdote que sirvió de inspiración al San Lorenzo de Almagro y centrada en la infancia marginal de clase popular, o <i>«El hijo del crack»</i> (1953), <a target="_blank" href ="http://leacontento.wordpress.com/2010/03/17/un-encuentro-entre-dos-grandes-pasiones-populares/">un dramón</a> donde repetían subgénero el actor Armando Bó y los futbolistas Mario Boyé, Tucho Méndez y Ángel Labruna. Todo sonaba a visto porque, de hecho, era otra versión de <i>«Pelota de trapo»</i> desde la óptica del hijo de un futbolista decadente. Al final de la película el jugador interpretado por Bó consigue volver a realizar un gran partido pero caerá muerto por el esfuerzo casi como un aviso de que la época de sueños de Perón tocaba a su fin (1955). </p>
<p style="text-align: justify">Seguirían produciéndose películas con argumento futbolístico, pero ni el discurso volvió a ser tan optimista ni el imaginario nacional tan cohesionado. Se había dado fin a la era de las maravillas. </p>
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Artículos publicados:<br />
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2- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Felix Roldán y otros héroes anónimos</a><br />
3- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">Mito y folklore de la escuela millonaria</a><br />
4- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">El Ángel de la Bombonera</a><br />
5- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-creacion-maquina-river-plate-cantera-estilo/">Notas para la confección de un semillero estilo Máquina</a><br />
6- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-cantera-encontrar-y-formar-talento-labor-entrenadores/">Notas para la confección de un semillero estilo Máquina (II)</a><br />
7- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-masajista-boca-river-figura-clave/">La mística del masajista</a><br />
8- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/12/platinismo-futbol-argentino-inicio-carrera-ricardo-bochini-pareja-con-bertoni/">La semilla de albañil que llegó a arquitecto</a><br />
9- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/12/platinismo-futbol-argentino-el-negro-en-argentina-jugadores-negros-uso-del-apodo/">El negro argentino</a></p>
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		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Dec 2014 03:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-148494"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
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&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
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