¿Cuándo sustituyó el fútbol a los toros? | Ecos del Balón

¿Cuándo sustituyó el fútbol a los toros?


“Somos los trabajadores demasiado cobardes, y somos cobardes porque somos idiotas que no nos gustan más que las tabernas y las corridas de toros”, Ángel Lacort.

El escritor británico J.G. Ballard apuntó durante una entrevista -concedida a la revista especializada Re/Search (1982)– que las corridas de toros habían sido tradicionalmente para los chicos de la clase obrera española, el equivalente al punk para los jóvenes británicos de las décadas de los ’70-’80. J.G. Ballard entendía que existían varias premisas similares en los dos fenómenos, por un lado las corridas de toros habían sido el único modo que tenía un chico de clase obrera española de pasarlo en grande, “con nada más que un poco de coraje”, se deduce que J.G. Ballard se refería al acto de torear y no sólo al de actuar como espectador pasivo en los festejos; y esto le recordaba a los jóvenes de clase obrera británica, desempleados y sin capacitación, que se agenciaban una guitarra y procuraban armar su propia banda, no sólo como una forma de expresar sus deseos y su descontento, sino con la esperanza de hacerse ricos y que la música les sirviera como ascensor social.

El autor de “El imperio del Sol” estaba en lo cierto cuando decía que durante siglos el toreo había sido la principal oferta de ocio para las clases populares españolas. Y prueba de ello son los discursos de Largo Caballero y Pablo Iglesias (el original) en favor de prohibir las corridas de toros durante la “jornada de descanso dominical”, porque pretendían incentivar que los trabajadores dedicasen esa festividad a alternativas de ocio consideradas “morales e higiénicas” en lugar de pasar el tiempo en las corridas de toros o en las tabernas. Sin embargo el toreo había dejado de tener ese papel preponderante en España mucho antes de que J.G. Ballard concediese esta entrevista a Re/Search. Un análisis de la prensa de la época confirma que los años ’20 fueron los de consolidación del fútbol cómo deporte rey, en paralelo al crecimiento de la oferta de crónica deportiva en prensa. Diarios como el ABC, El Heraldo de Madrid, El Liberal o El Sol empezaban a contar con periodistas especializados en deporte. Y también iban apareciendo publicaciones exclusivamente deportivas como España Sportiva, Heraldo Deportivo o Gran Vida, siendo precisamente esta última publicación la que se atrevió a registrar oficialmente que el fútbol había sustituido a los toros en el imaginario colectivo nacional. Por lo menos, entre los más pequeños.

“Los juegos de chicos imitan a los mayores -en la III Guerra Carlista se jugaba a la guerra; con la Restauración, a los toros; y ahora al fútbol”, Fabian Vidal, 1924.

El artículo se titulaba “Rasgo de una España nueva” (1925) y describía casi en tono de cuento como la afición al fútbol se estaba extendiendo entre los niños madrileños. El documento tiene bastante interés, porque la descripción que hace de las características que observa en el comportamiento de los niños prefigura muchas de las dinámicas que hoy en día siguen vigentes. El texto empieza diciendo: “Los chiquillos ya no suelen decir que van a ser toreros (…). Hoy, los chiquillos, apenas saben andar, aprenden de sus hermanos como “se tira” Zamora; dan la pelma en sus casas porque quieren ser del equipo de Los Leones”. Esta forma de expresarse parece que no deja lugar a dudas. La afición a la tauromaquia estaba en recesión. A partir de aquí empieza una descripción pormenorizada y con muchos ejemplos prácticos de como actuan los más jóvenes en relación al nuevo fenómeno.

El texto nos informa, con todo lujo de detalles, de que las principales características del aficionado al fútbol, como espectáculo de masas, ya estaban presentes en 1925. Aparecen recogidos los dos tipos de idolatría deportiva, el relativo a futbolistas estelares (Zamora) y el que corresponde a equipos dominantes (“Los Leones”). También se hace mención a la cultura del coleccionismo, puesto que los chiquillos del reportaje dejan de ir al cine para poder comprarse “botas de fútbol y una camiseta de colores”. La demanda de información -que hoy cubrimos abusivamente gracias a Internet- se manifiesta en esta nota con los niños procurando ser los primeros en leer el periódico de la casa, para enterarse de los resultados. Incluso la hostilidad entre aficionados a distintos equipos aparece prefigurada en los “mojicones” (bofetadas) que se propinan en las escuelas por ser seguidores de equipos distintos.

Aunque, como se ve por los mojicones, ya existían indicios de que el fútbol iba a ser terreno abonado para “las manifestaciones más delirantes del personalismo”, por usar una expresión de Josep Pla. El autor del artículo de Gran Vída, Félix Tejedor, defendía en cambio que el virus del fútbol (él lo llama “sarampión”) pese a provocar algunas secuelas negativas como cristales rotos o la ropa de calle deteriorada, compensaba a la sociedad por lo que “ganan” las “piernas y pulmones” de los niños. Hay una crítica a los colegios por ser “cajas de muñecos”, interiores estrechos sin luz ni aire, y una petición por promover el ejercicio como instrumento de cambios sociales. El articulista había planteado el texto como una excusa para proponer que se aprovechase el espontáneo interés de los niños en el fútbol, creando las infraestructuras adecuadas para la práctica del deporte (campos, stadiums…), lo que en su opinión permitiría implementar un nuevo modelo social y educativo en el que las características granujadas infantiles serían sustituidas por la cultura del “ejercicio, fuerza y salud”.

“El público ha respondido y en finales de década es cuando Don Miguel Unamuno, asustado por incidentes en los campos, vaticina que con el tiempo el fútbol enfrentaría personas, clubes y aún ciudades”, Pedro Escartín, 1928.

No obstante, desde una perspectiva del siglo XXI, no parece que el fútbol haya resultado un motor que promoviese ese tipo de cambios socio-culturales, sino que el orden causa-efecto más bien parece el contrario. Los tiempos estaban cambiando y eso se tradujo en nuevos intereses. Un artículo de Fabián Vidal en El Mercantil Valenciano, coetáneo de este que estamos citando y titulado “Juegos de chicos”, señalaba que cada época había tenido su juego infantil a imitación de la vida adulta. Así durante la III Guerra Carlista se jugaba a la guerra; con la Restauración, a los toros; y a mediados de los años ’20, al fútbol. Y esta misma reflexión de Fabián Vidal fue citada por Unamuno, en una columna de signo totalmente opuesto al de Gran Vida, en la que alertaba de que “el público de los partidos de pelotón es aquí el mismo que el de las corridas de toros y no más culto”.

De hecho Unamuno creía que, potencialmente, el fútbol tenía mayor capacidad para hacer daño, puesto que si en los momentos más delirantes de las corridas de toros se habían quemado los tendidos de una plaza, a lo que nunca se había llegado era a desear la muerte de nadie, y eso ya se estaba escuchando durante los partidos de fútbol en los años ’20. Y es que a pesar de que el fútbol de antaño suele ser idealizado por el presente, el texto de Unamuno revela que los aficionados de entonces ya estaban golpeándose por lo que ocurría durante los partidos. Según Unamuno no por “una manifestación de nuestra siempre latente guerra civil”, sino por otra tradición nacional: el localismo mezclado con incivismo. Cabe preguntarse como seguimos de aquello casi cien años después.

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29 comentarios

  • Asier 17 noviembre, 2017

    En relación a lo planteado por Unamuno, me gustó una frase que escuché en el último Boleyn Sound en la que, citando a Cela, Miguel Ángel Ortiz decía que "el fútbol sólo embrutece al que venía embrutecido de casa". En dicho podcast, Ramón Besa también decía que a su parecer el fútbol había "contaminado" otras esferas de la sociedad (el periodismo, la política…) cambiando la forma en que la gente y los medios abordaban estas cuestiones. ¿Tomamos el fútbol como una expresión de lo que es el ser humano de base? ¿Puede tener este deporte un papel como modulador o catalizador de ciertas conductas en la población?

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  • Abel Rojas 17 noviembre, 2017

    @ Asier

    A ver, lo que creo que hay que tener claro es que el fútbol no hace peor persona ni una persona peor educada a nadie. ¿Que por su contexto fuera un espacio libre de hipocresía en una sociedad hipócrita? Pudiera ser en algunos casos. Pero una persona con valores sólidos no se convierte en un mamarracho por culpa de ningún deporte. El fútbol, además, fue concebido como algo limpio y sano. Como debe ser.

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  • Luther Blissett 17 noviembre, 2017

    Como siempre un gran artículo con denominación de origen de Don David Mata.
    Yo no sé si es consecuencia o causa pero los años 20, en los que el fútbol comenzó a superar en popularidad a los toros, son años de grandes avances en el fútbol español. No hay más que pensar que en 1920 la selección consigue la plata en los Juegos Olímpicos de Amberes con una gran generación (Zamora, Samitier, Patricio, Pichichi, Belauste…) , en 1928 se crea la liga española, en 1929 España se convierte en el primer seleccionado continental que vence a Inglaterra…todo son avances de un deporte que deja de ser de snobs para encandilar al público en general.
    La llegada de un gran público a los terrenos de juego hizo que llegasen los primeros brutos. En 1925 en una eliminatoria de Copa del Rey Barcelona-Atletico en el partido de ida (Barcelona) el jugador rojiblanco Monchin subió a las gradas a agredir a un asistente que se había tirado todo el partido llamando "hijo de …" al colchonero. A la vuelta los ánimos estaban revueltos y Samitier fue arrestado por la policía cuando se cansó y subió a las gradas.
    En cuanto a Unamuno solo decir que era tío abuelo de un chavalito bilbaíno que respondía al apodo de Pichichi.

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  • Luther Blissett 17 noviembre, 2017

    Por cierto Toni Padilla escribió no hace demasiado de el nacimiento de dos grupos ultras en la Barcelona de los años 20: la Peña Ibérica, del Espanyol, y la Penya Ardévol, del Barça. Como lo explica él mejor de lo que pueda hacer yo dejo aquí el enlace por si a alguien le gusta/interesa. http://www.panenka.org/tiempoextra/hooligans-en-b

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  • Asier 17 noviembre, 2017

    @Abel

    Exacto, a eso iba. De hecho yo creo que se ha probado sobradamente el poder integrador y formador que tiene el deporte en general y el fútbol en particular. Y en este sentido todos los futboleros tenemos la responsabilidad de cuidar fomentar estos aspectos.

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  • Abel Rojas 17 noviembre, 2017

    @ Luther Blissett

    Anecdotaza. No tenía ni idea de ese parentesco entre Unamuno y Pichichi.

    Y qué monstruo es Toni Padilla.

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  • David_Mata_Ecos 17 noviembre, 2017

    @Luther Blissett

    Que se convirtiese en el mayor éxito internacional del país a nivel deportivo suponemos que ayudó. Imagino que por eso en Venezuela el deporte más popular es el concurso de Miss Mundo, porque es donde ganan más frecuentemente. ;P

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  • PabloMese 17 noviembre, 2017

    Bajo mi punto de vista, acertó antes Unamuno que Tejedor. El fútbol ha sido siempre usado como escusa para reivindicar ideales políticos, ejercer protestas contra otros sectores, enfrentarse a otros colectivos con ideología opuesta, etc… Los radicales nacen de ahí, de buscar un espacio de la sociedad para poder mostrarse y expresarse sin censura alguna. Es evidente que las clases populares no iban a las fiestas aristocráticas sino que utilizaban los toros y el fútbol como modo principal de ocio pero también como escusa. No todos los que van al fútbol forman parte de este grupo de la sociedad pero el gran problema es que tienen demasiada visibilidad (lógica, por una parte) por sus terribles actuaciones.

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  • Jaime Ratazzi 17 noviembre, 2017

    Que interesante, nunca me había planteado, y muy bien estructurado y contado.
    Muy curiosa la anécdota del parentesco de Pichichi con Unamuno, un placer leeros como siempre :)

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  • MigQuintana 17 noviembre, 2017

    Cómo me gustan los artículos de David Mata y los comentarios de @Luther Blissett.

    Como suelo decir: a sentarse, leer y aprender.

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  • David_Mata_Ecos 17 noviembre, 2017

    @PabloMese

    Es curioso, que yo escuchaba hace poco un vídeo de Julio Velasco donde decía que en Argentina existía, más fuerte que en ningún otro lado, la ideologización del deporte. Lo que antes hacían en política ahora lo hacen en el deporte, decía, y que él se oponía al maniqueismo (este es de mi signo, por tanto este es el bueno) porque la identidad cultural es múltiple, lo que decía Foucault de un yo compuesto por identidades en conflicto.
    https://www.youtube.com/watch?v=_wjixgOIj8k

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  • David_Mata_Ecos 17 noviembre, 2017

    @Jaime Ratazzi

    Gracias Jaime, el placer es nuestro de que lo compartas con nosotros. Y sí, es una anédota curiosa la que explica Luther. También un símbolo del origen social del fútbol, claro.

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  • David_Mata_Ecos 17 noviembre, 2017

    @MigQuintana

    Ficha a Luther, Quintana

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  • Freddy 17 noviembre, 2017

    Saludos a todos. Nuevamente les felicito por la calidad de contenido que generan!

    Solo una apreciación referente al comentario de Venezuela y el Miss Mundo, sé que lo haces en buena lid y quisiera hacer algunos aportes. Primero el deporte de mayor difusión histórica ha sido el béisbol con muy buenos resultados, tanto varios triunfos en las Series del Caribe (campeonato internacional) como incorporando jugadores en la MLB de la cual somos el segundo país que manda por detrás de Dominicana, y en donde el papel de nuestros paisanos es relevante y muchísimos son ídolos para sus equipos y aficionados. Mismamente en la última serie mundial (la final del torneo) metieron «jonrones» importantes varios de nuestros cotérraneos.

    Y un detalle la ganadora del Miss Venezuela va al Miss Universo que es el certamen principal, al Miss Mundo va la segunda.

    Es curioso además que siendo el béisbol la disciplina principal, nunca coló con profundidad en las provincias serranas (andinas) fronterizas con Colombia, donde el fútbol es El Deporte. Lamentablemente el tejido social de mi país está muy deteriorado y eso frena el desarrollo que tenía el Fútbol en nuestra nación.

    Un abrazo, y disculpen lo largo.

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  • David_Mata_Ecos 17 noviembre, 2017

    @Freddy

    Es una broma privada que debí explicar mejor. Un amigo mío casado con una venezolana me decía que por seguimiento e intensidad la Champions allí es el Miss Universo/Mundo.

    Excelente como lo explicaste y el background que aportaste. Un gusto

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  • Caneo 17 noviembre, 2017

    Primero de nada felicitar al autor por el artículo y me gustaría añadir un par de ideas que pueden ser interesantes.
    Con respecto a la llegada del fútbol en España podríamos hablar ya de épocas anteriores, del siglo XIX concretamente. Mientras en Europa se intentaba promover la actividad física siguiendo el modelo prusiano de gimnasia con un toque militarista para aprovechar a esos jovenes como soldados las tendencias más progresistas de la época van a rechazar este modelo con tintes bélicos y van a mirar hacia los deportes de las islas británicas que en el momento se veían como un ideal de modernidad. Esta concepción del futbol como un juego propio de sociedades mas avanzadas va a hacer que u deporte traido por grupos de obreros británicos afincados por toda Europa (de ahi su precocidad en las zonas portuarias) se viese con buenos ojos y se incorporase a la cultura popular.

    En segundo lugar, con respecto a la relación del fútbol con los movimientos sociales y a la derivación desde la guerra al fútbol creo que es preciso hablar también de la relación del fútbol con el nacionalismo que vió en este deporte una gran oportunidad para su expansión. La idea de usar un equipo de fútbol como representativo de una nación no puede ser mejor explicada que con las palabras del historiador marxista británico Eric Hobsbawm "la comunidad imaginada de millones de seres (la nación) parece más real bajo la forma de un equipo de once personas cuyo nombres conocemos".
    En las olimpiadas de Amberes de 1920 según la prensa del lugar la selección Española desplegó un juego mas bien brusco que fue calificado como "furia". Lejos de molestar a la opinión pública española del momento se tomó casi como un halago y de ahi viene esa idea de "furia" de la que la selección no se despegará hasta la llegada del buen juego en 2008.

    En relación con este último tema recomiendo encarecidamente la lectura de "Goles y banderas: fútbol e identidades nacionales en España" de Alejandro Quiroga Fernandez.

    Lo siento por el tocho pero me parece que es interesante a veces ver un poco más allá de lo que es el juego para adentrarse en lo que conlleva el fútbol para la sociedad y a su vez para la política y este artículo era la escusa perfecta 😉

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  • Miguel L Pereira 17 noviembre, 2017

    Preciosa analogía que contextualiza perfectamente la evolución social del fútbol en España.

    Es curioso como su proliferación en los años 20 coincide también con la definitiva afirmación de las matrices sociales y deportivas en otras naciones. Es, por ejemplo, en los años 20 que se consolida la pasión del deporte galo por lo individual, sea a través del tenis, de la gesta del ciclismo o de la afirmación del automovilismo con la popularidad superlativa de los Grand Prix y las carreras a partir de Paris. En el caso italiano es, al mismo tiempo, el trasvase de una nueva sociedad, de la mano de la afirmación política tanto a la izquierda como a la derecha, que busca en el fútbol (a la izquierda) y la trepidante velocidad y el elogio a la maquina (a la derecha) la columna vertebral del deporte italiano, el fútbol y el automovilismo. En Alemania ese mismo cambio del toro al fútbol se hace desde la gimnástica como una reacción emocional al espartillo imperial, síntoma del aire nuevo que buscaba la Republica de Weimar y que Hitler, en los años 30, sin éxito, intentó volver a remplazar por la cultura del ejercicio físico.

    En Portugal, tan similar a España, el proceso del toreo al deporte fue también bastante similar aunque con matices, más vincado al sur del duero, donde la cultura del toreo era más fuerte, cuando, en cambio, al norte del Duero, el fútbol ganó como ocupación primordial del universo obrero al universo musical, siendo que la cultura folclórica que arrastraba a la gran parte de la juventud se remplazo por la cultura del deporte. Por eso mismo, por ejemplo, la cultura del Fado, que hasta los años 20 tenia igual difusión en todo el país, con los años siguientes se concentra en Lisboa y Coimbra y no tanto ya en Oporto y alrededores.

    Gracias por otra pieza de conocimiento ilustrado David!

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  • David_Mata_Ecos 17 noviembre, 2017

    @Caneo

    Muy interesante, Caneo. Lo de la Furia en realidad parece que siempre ha estado un poquito en discusión. Hay un buen documental de cihefe sobre el tema
    http://www.cihefe.es/cuadernosdefutbol/2011/03/so

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  • Luismadrid1985 18 noviembre, 2017

    Estupendo artículo @david_mata_ecos, la verdad, enhorabuena. Bajo mi punto de vista creo que el triunfo del fútbol sobre el toreo tambien se dio por una razón bastante evidente. En una época, los años 20, en donde los nacionalismos empiezan a tomar fuerza, en donde los distintos ismos, como el fascismo en Italia o el comunismo en Rusia comienzan su andadura imparable ( y en España estábamos con Primo de Rivera), una expresion internacional, que pudiera confrontarse con el resto de naciones, tenia mucho mas allanado el camino que una expresion puramente nacional como los toros. En los toros no habia confrontación entre paises, no habia manera de comparar y tampoco de desarrollarse ( y creo que Bernabeu años mas tarde dijo algo parecido en esta comparacion de fútbol y toros), por lo que no habia manera de ganar al resto. Ejemplo: a la propaganda nacionalista, con los periodicos como altavoz, le venia mucho mejor un deporte que se pudiera comparar con el resto de naciones que un espectaculo que solo se practicaba en territorio nacional ( a grosso modo) y eso le vino de maravilla al fútbol y a su desarrollo en este país.

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  • David_Mata_Ecos 18 noviembre, 2017

    @Luismadrid1985

    Lo de los nacionalismos era también la teoría de George Orwell:
    "En el nivel internacional el deporte se trata francamente de una mímica del conflicto armado. Pero lo importante no es el comportamiento de los jugadores, sino la actitud de los espectadores"

    "Entonces, principalmente en Inglaterra y en los Estados Unidos, los juegos se concibieron como una actividad altamente financiada, capaz de atraer a audiencias grandes y de despertar pasiones salvajes, y la infección se transmitió de país a país."

    Es la visión digamos más negativa e hija de sus circunstancias, claro.

    Muy interesante lo que comentas de Bernabéu. La anécdota suya que yo recuerdo a este respecto es lo que le contestó a Cesar González Ruano:

    – ¿Qué es más interesante, los toros o el fútbol?
    – Creo que son perfectamente compatibles. Es como el helado, que está hecho para el verano, y el café caliente, para el invierno. Los toros quieren calor. Nosotros necesitamos frío. El fútbol esta prohibido en julio y en agosto

    De hecho él tomo como ejemplo el componente de espectáculo masivo de los toros y lo extrapoló al fútbol defendiendo que "no pasará nada" por tener cientos de miles de espectadores. Y el Bernabéu actual atiborrado de turistas y sin polarización nacionalista le da la razón. De hecho ahora lo que alguno critica es la falta de energía de ese público.

    Un saludo

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  • David_Mata_Ecos 18 noviembre, 2017

    @Miguel L Pereira

    Gracias por complementarlo con esta aportación, Miguel. Un abrazo

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  • danityla 18 noviembre, 2017

    Y en el norte de la España, David?

    Si exceptuamos plazas muy localizadas como Bilbao o Gijón, y que funcionaban más bien como receptoras de toreros de otras partes, la pasión juvenil del toreo no era tal y los jóvenes de clase obrera practicaban deportes más autóctonos como los bolos en Asturias o la pelota vasca en Euskadi. El enorme desarrollo industrial de estas zonas trajo enseguida esa influencia británica en forma de ingenieros y comerciantes y el fútbol arraigó en una juventud digamos más virgen.

    Es decir, los sueños de mejora y escapismo de los críos que iban para mineros, obreros o marineros no estaban tan definidos. Los deportes propios eran más una socialización y diversión que una esperanza de futuro.

    Vamos, que no veo que el fútbol ocupase el lugar de algo, si no que aquí llenó un vacío.

    Enorme David y enormes todos.

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  • Francesc Marco 18 noviembre, 2017

    Ya que se habla de lo que hay entorno al juego y no del juego en sí, me permito compartir una anécdota. Hace una década fui a ver un partido del recien ascendido Nástic. Sorprendido por la cantidad de insultos que se profesaban al minuto, dedicados mayoritariamente al árbitro y al portero local, decidí hacer una prueba. Esperé a que no pasase nada en el campo, y en un momento de silencio, me levanté y grité con todas mis fuerzas "hijo de puta!". Me senté y vi que nadie se había percatado de nada, ni mucho menos reaccionado. Lo que había hecho en cualquier otra situación pública habría sido escandaloso y amenazante, pero era ordinario en la grada de un campo de primera división. Se puede valorar como se quiera, habrá quien dice que permite una válvula de escape social, lo cual a su vez será bueno o malo según las tendencias políticas de cada uno, o se podrá decir que es espacio poco cívico que normaliza comportamientos agresivos.

    Y yo me pregunto si hay algúna figura en el mundo del ocio, espectáculo u otro que reciba tanto odio y tanta agresión como un árbitro. Siguiendo la comparación taurina, parece que se remplazó la corrida por el fútbol y el toro por el árbitro.

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  • Luismadrid1985 18 noviembre, 2017

    @David_Mata_Ecos yo me refería a otra frase, que ahora me es imposible encontrar y que juraria que leí algun día en el que Bernabeu explicaba que la diferencia entre el fútbol y los toros era que estos ultimos no se habian podido desarrollar, ni mejorar, debido a la falta de competencia en el resto del mundo. No evolucionan. El fútbol sí gracias a que se juega en todo el planeta.
    @Frances Marco, yo no soy muy entendido en toros, pero la violencia verbal hacia el arbitro no es comparable a los toros. A estos se les “respeta”. (Todo lo maximo que se puede respetar a un animal al que se lo tortura) pero bajo el punto de vista de los aficionados a los toros, a estos se les respeta.
    Un saludo

    Respond
  • David_Mata_Ecos 22 noviembre, 2017

    @danityla

    Bueno, partamos de que no soy un experto en historia de la tauromaquia, más allá de lo que he estudiado para el artículo, así que para curarme en salud en cuanto a particularidades locales ya digo que “Rasgo de una España nueva” habla exclusivamente de los niños madrileños, que son los que el autor ha podido ver. Es prensa madrileña. Luego pude comprobar por un artículo de José Antonio Adell y Celedonio García que los juegos taurinos infantiles aparecen en varias obras pictóricas y también se refiere que "En Andalucía y Extremadura los niños y las niñas jugaban al “toro enmaromado”". Había parece juegos distintos según la región.

    De los otros autores que menciono, "Fabián Vidal", es el seudónimo de Enrique Fajardo Fernández, un granadino que escribe para El Mercantil Valenciano, el cual es considerado en "Història de la comunicació: València, 1790-1898" como uno de los pilares de la redacción. Es un corresponsal afamado (estuvo en la WWI) y cronista político. Él parece dar por extendido lo de los juegos taurinos. aunque, claro, puede haber particularidades. Unamuno es vasco y antitaurino, claro. Y él da por buenas las explicaciones de Fabián Vidal.

    Hay por cierto un cuadro en el Museo de Bellas Artes de Bilbao titulado "Niños jugando a los toros" (1863). Es del pintor vasco Eduardo Zamacois y Zabala. aunque creo que él se crió en Madrid y cuando lo pintó residía en París.

    Desgraciadamente apenas tengo información concreta sobre juegos infantiles del norte en S.XIX y principios del S. XX. Sería muy interesante que nos compartieses tus fuentes. Sobre toros sólo me suena la mención que hace Baroja en "Los Vascos", cuando cita la "Corografía" de Larramendi y dice que los toros, las sortijas o las corridas de gansos a caballo y las de los zomorros o mozorros eran habituales en Guipuzcoa hasta que se empieza a legislar contra ellas en 1915.

    Un abrazo

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  • David_Mata_Ecos 22 noviembre, 2017

    @Francesc Marco

    Jaja, me parece excelente la comparación del árbitro con el toro. Por lo que entiendo, y aquí aprovecho para responder también a @Luismadrid1985, los equipos en este caso son los toreros. Es decir, creo que nadie apoya al toro contra el torero, se apoya a toreros distintos y las polémicas extrapolables al fútbol serían entre aficionados a toreros enfrentados. El toro más bien equivale a la pelota. Es el objeto sometido a la técnica. El árbitro también podría ser el clown Augusto, el que recibe los palos en los espectáculos teatrales

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  • Larios84 23 noviembre, 2017

    Fantástico artículo como siempre don David y de nivel espectacular los comentarios al respecto.

    Solo quería dar mi particular opinión sobre la comparativa hecha en cuanto al trato dado a árbitros y al toro. Yo creo que más que al toro, la acittud del público en una plaza se asemeja al trato que se le suele dar a los Picadores, ya que es el tercio menos apreciado por la mayoría de aficionados. No soy aficionado muy muy entendido pero por cultura familiar he visto desde muy temprana edad muchas corridas por televisión y tengo amigos bastante más entendidos sobre tauromaquia que yo, y debo decir, que mi perspectiva es que al "picador" se le trata como al árbitro.

    Luego esta la disyuntiva de que aquí no juegan 2 equipos enfrentados, puede haber enfrentamientos pero sin ser frontales entre toreros que estén arriba en el escalafón y cuyos estilos sean opuestos o forma de tratar a cada una de las suertes del toreo. Pero eso ya se sale del ámbito de la conversación en cuestión

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  • David_Mata_Ecos 23 noviembre, 2017

    @Larios84

    Muy interesante.Ojalá pudieras hablarlo con tus familiares y transcribirnos su visión sobre parecidos y diferencias entre una y otra cultura. Desconocía lo de los picadores. Entiendo que el arbitro es una figura que tiene algún tipo de control sobre lo que sucede en el escenario, en cuanto a si se ajusta o no a unas reglas previamente establecidas. No se si los picadores tienen algún tipo de influencia sobre el espectáculo, por ejemplo, si deciden cuando debe pararse o continuar. O si existe alguna figura análoga en el toreo.

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  • Larios84 23 noviembre, 2017

    @David_Mata_Ecos

    Lamentablemente los más taurinos no estan conmigo, pero si tengo amigos que podría preguntarles al respecto sobre el tema. No es que todo aficionado a la tauromaquia, odie la figura del árbitro digamos. Si alguien puede tener el papel de árbitro, es realmente el presidente, que es quien decide las orejas a dar, en virtud a cuantos pañuelos se saquen tras la muerte del toro, pero que hay algunos que son más reacios a dar orejas, amén de que hay plazas de 1ª, 2ª y 3ª categoría. Es decir, que buena "faena" en una plaza histórica (240 años) pero de 3ª categoría como la de mi pueblo, Almadén, si la proyectamos en una plaza de 1ª (bien sea La Maestranza o Las Ventas por ejemplo) podría variar de dar 2 orejas y Rabo en mi pueblo, a solamente 1 oreja y en ocasiones ni eso en las plazas nombradas. O yéndonos al quid de la cuestión, el indulto al toro, donde se piensa que es más fácil en una plaza pequeña, donde no es real eso, ya que digamos que los toros enviados a plazas menos importantes tienen menos bravura y casta, y por ende caerán antes y darán menos al lucimiento.

    De ese lucimiento tienen mucha "culpa", según lo popular (ya que los más puristas no lo verán exactamente así) los picadores, que es el tercio que va después de la faena inicial de capote y anterior al tercio de banderillas y el de muleta y posterior muerte del toro. El picador, pica ante la embestida pero normalmente regula la brabura, pero es el torero (que digamos que es el superior de todos sus subalternos) el que le indica que afloje o siga. Todo eso con la teatralización que muchas veces existe al respecto.

    Siento desviarme del futbol, y espero no herir sensibilidades, que se que el mundo de la tauromaquia no esta bien visto, y yo pese a haberlo visto muchos años de mi infancia, tampoco soy el más firme defensor en cuestión.

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