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	<title>Ecos del Balón &#187; Pedernera</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito #yomequedoencasa</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2020 09:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”, Étienne Decroux. ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que «hasta donde [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-271856"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
Artículos relacionados:<br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
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		<title>Los tiempos de la cometa</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Oct 2017 08:38:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo José Ustaritz]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Camisas de seda, noches de baile, tango y cabaret. En un mundo en blanco y negro, donde los ecos de una guerra ajena llegaban en forma de tinta en los periódicos, una bandera sin color comenzaba a pintarse de celeste y blanco con un sol bisoño asomándose en el centro; y Martín Fierro la miraba [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Camisas de seda, noches de baile, tango y cabaret. En un mundo en blanco y negro, donde los ecos de una guerra ajena llegaban en forma de tinta en los periódicos, una bandera sin color comenzaba a pintarse de celeste y blanco con un sol bisoño<span id="more-241776"></span> asomándose en el centro; y <a target="_blank" href ="https://www.academia.edu/18353629/Mart%C3%ADn_Fierro_y_la_Identidad_Nacional">Martín Fierro la miraba</a> con millones de pupilas, embriagado. Era Argentina, porteña y propia; tan grande que no cabía dentro de sí&#8230; como su fútbol. Y en Núñez y La Boca, Avellaneda y Boedo, un niño no tenía que alzar la vista para ver los astros: solo tenía que ir a la cancha porque en Argentina cada día nacía uno nuevo. Y la gente iba y en los campos de fútbol abarrotados se escribía un relato sin igual: el mejor fútbol del mundo no necesitaba ganar ninguna copa para serlo. ¿Necesitó <a target="_blank" href ="http://www.lanacion.com.ar/150373-por-que-borges-nunca-obtuvo-el-premio-nobel">Borges el Nobel</a> para ser el <i>mejor escritor de siempre</i>?</p>
<p style="text-align: justify">La década de 1940 en Argentina fue como una velada de <i>speakeasy</i> en <i>La Prohibición</i>, <a target="_blank" href ="https://lh5.googleusercontent.com/-4DMZecz9sF4/TY2O0AQrhqI/AAAAAAAABoc/O90c-jd5C5M/s1600/maquina+con+musica.jpg">selecta y ostentosa</a> a espaldas de un mundo gris. Mientras en Europa se lanzaban bombas y en Brasil aprendían a jugar, en Buenos Arias, La Plata y Rosario descosían la pelota más allá de la imaginación: <i>«todo lo que veo ahora ya lo vi, pero lo que veía antes no lo veo más»</i>. <a target="_blank" href ="https://www.diarioregistrado.com/opinion/el-futbol-que-yo-vi-y-este-mundial_a54a7660442b51e2eea0145e8">¿De qué carajos hablaba Pedernera?</a> ¿De qué filigranas perdidas cual Atlántida fueron testigos sus ojos que pronto no habrá nadie que las recuerde? Como si de un secreto que debía ser guardado con celo, finalizada la guerra y llegado el Mundial, Argentina decidió no jugarlo. O no pudo. Otra vez la Atlántida: en 1949, la huelga, un maremoto, se lo llevó todo. Nos quedó <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/12/alfredo-di-stefano-evolucion-como-futbolista-recorrido-river-plate-millonarios-real-madrid-jugador-total/">Di Stéfano</a> como prueba de que existió una vez un lugar en el que &#8216;La Saeta&#8217; no era un dios ni brillaba más fuerte que nadie en el firmamento. </p>
<blockquote><p>No hay grabaciones de fútbol argentino de la década de 1940, solo testimonios</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">O eso es lo que dice la leyenda: ¿Cómo saberlo? Subcampeones en Uruguay 1930, pero reyes de América de el 27&#8242; y el 29&#8242;; primera fase de 1934, pero los suyos bañados de oro y billetes enfundados en la bandera de la <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2017/06/juventus-carcano-historia-quinquennio-de-oro-agnelli/">Italia fascista</a>. Y pasarían veinticuatro años para que quisieran volver a jugar, recelosos de un tesoro que convertía el cuero en diamantes. Quizás tenían razón. Eso también es parte del mito: lo que pasó en 1958 en <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/06/argentina-carasucias-analisis-derrota-mundial-1958-causas-y-consecuencias/">Suecia no debió ocurrir jamás</a>. En el país mundial de los culpables, las sentencias fueron repartidas. Jugadores, cuerpo técnico, la AFA y hasta Perón fueron declarados responsables. La lógica del periodismo era la contradicción: Argentina había perdido porque se había aislado, jugando apenas un puñadito de partidos entre 1949 y 1954, cayendo su fútbol en la obsolescencia y el desfase técnico y táctico, pero también había perdido por abrirse al mundo y no nacionalizar su fútbol como se había pedido tras el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=50HA5Xp1KIw">gol imposible de Grillo</a> a Inglaterra en 1953. Por ello, ni Sívori, ni Angelillo, ni Maschio, ni Domínguez ni el mismo Grillo fueron a la Copa del 58&#8242;, arrebatados por el dinero europeo a quienes eran sus legítimos dueños. Culpables porque sí y porque no. </p>
<p style="text-align: justify">Lo cierto es que <i>&#8216;El desastre de Suecia&#8217;</i> estaba dentro de las cábalas de Stábile, el eterno seleccionador argentino, y las razones para ello no eran ninguna de las citadas por la prensa. Para empezar, el aislacionismo no era tal: si bien la selección sí que se había prácticamente borrado del mapa durante un lustro, los clubes argentinos y Millonarios, colombiano pero argentino en alma y cuerpo, sí organizaron varias giras internacionales en las que su calidad quedó demostrada. <i>&#8216;El Ballet Azul&#8217;</i> cambió para siempre la historia del Real Madrid y meses después, con Di Stéfano, Molowny y Gento en plantilla, <a target="_blank" href ="http://static.unosanrafael.com.ar/adjuntos/213/imagenes/019/075/0019075561.jpg">fue vapuleado 0-6 por el Independiente</a> de Grillo, la gran estrella argentina de la década. Por otro lado, cuando la selección volvió a competir, fue campeona del sudamericano del 55&#8242;, subcampeona del 56&#8242;, campeona inenarrable en el 57&#8242; y campeona otra vez, ahora contra Pelé, en el 59&#8242;. Las décadas de 1930 y 1940 en Argentina habían dado a luz a equipos vanguardistas en lo técnico, en lo táctico y en lo físico, y el fútbol argentino de mitad de siglo era hijo de aquel. Si Argentina no había querido adoptar las doctrinas tácticas europeas, como si hiciese por ejemplo Brasil, <a target="_blank" href ="http://labfutbol.blogspot.it/2007/09/argentina-campen-del-sudamericano-57-el.html">era porque no había querido</a>: veían ese fútbol como un rígido al lado del suyo, ágil, flexible, elástico y alegre. ¿Si era así por qué lo de Suecia era previsible? Porque la AFA y sus manejos interesados, en lugar de darle rienda suelta al místico equipo de Lima, cambió tanto a los jugadores migrantes como a los que se quedaron por uno roído y veterano cuya base era el River Plate crepuscular de la época, y con ellos el fútbol carasucia se veía lento y demacrado incluso ante el más flemático de los europeos. </p>
<blockquote><p>En su regreso a los Mundiales, Argentina perdió 6-1 contra Checoslovaquia</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La debacle en la Copa movió los cimientos del fútbol argentino. Derogó <i>&#8216;La Nuestra&#8217;</i> y los envolvió en una cruzada europeísta por la modernización del juego y la táctica en el país. De España llegó Juan Carlos Lorenzo como científico evangelizador. Discípulo de Helenio Herrera, Lorenzo se convirtió en la cara más visible de una revolución que revolcó la identidad del fútbol argentino, fracturándola hasta nuestros días. El repliegue y el contragolpe no eran conceptos nuevos en Argentina. En <a target="_blank" href ="http://perio.unlp.edu.ar/pd/sites/perio.unlp.edu.ar.pd/files/archivos/file/dantepanzeri.pdf"><i>«Táctica y Estrategia»</i></a>, Carlos Peucelle confiesa que el celebrado River campeón de 1931, del que formó parte, tomó la decisión de jugar de esa manera contra Independiente y Estudiantes porque era la mejor forma de hacer frente a sus portentosas delanteras. En Italia, que dichas estrategias pudiesen ser usadas por los clubes grandes fue una revelación; en Argentina, Perogrullo. La distinción entre lo de Lorenzo y lo de antes radicaba en que antaño ese estilo de juego estaba enmarcado en la escala de valores y virtudes del fútbol argentino clásico y lo de Lorenzo no: con él había una estela especulativa y antitécnica que en otros tiempos era <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">sinónimo de vergüenza</a>. Sin embargo, en 1960, en una Argentina herida en el orgullo, insegura y miedosa, aquello encajó de maravilla y se entendió como una característica vinculante del fútbol moderno.</p>
<p style="text-align: justify">Mientras tanto la AFA, en su afán de reivindicación, había perdido los estribos. Entre 1939 y 1958, el seleccionador había sido Guillermo Stábile. Entre 1959 y 1970, en cambio, diecisiete entrenadores fueron en su momento nombrados como directores técnicos de la selección, con nombramientos múltiples de D&#8217;Amico, Lorenzo y Minella. Fue entonces que jugar para la selección comenzó a verse como una forma de perder prestigio. Mientras los clubes contaban con cierto grado de éxito, que iría a más para finales de la década, la selección era un ente fantasmal. La renovación llevada a cabo por Lorenzo de cara al Mundial de 1962 fue un fiasco y Argentina otra vez se devolvió en primera ronda. Para la Copa de las Naciones de 1964, un torneo amistoso organizado por Brasil en el que querían celebrar su dominio del universo fútbol, invitando a Inglaterra, padres de la criatura, Portugal, madre patria, y a los argentinos, que les habían enseñado a jugar, el cargo de seleccionador recayó en José María Minella, el hombre River, el autor detrás de <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/La_Maquinita"><i>&#8216;La Maquinita&#8217;</i></a> de fútbol brillante campeona de 1947. Argentina fue la ganadora del título del 64&#8242; pero su actuación no fue una remembranza de la gran época de <i>&#8216;La Nuestra&#8217;</i> sino todo lo contrario: con un 4-2-4 que al estilo de la Brasil de 1962 se convertía en 4-3-3 asimétrico gracias al <i>puntero ventilador</i> que retrocedía hasta el mediocampo, el triunfo argentino estuvo marcado por adjetivos como sacrificado, organizado, combativo e inteligente en un sentido que <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/coberturas-historicas/1964-argentina-en--la-copa-de-las-naciones-detalle.php">Osvaldo Ardizzone definiría</a> como <i>«cálculo especulativo»</i>. Lo más celebrado del torneo fue el marcaje de Rattín a Pelé, símbolo de la nueva era: <i>&#8216;La Nuestra&#8217;</i> había muerto.</p>
<p style="text-align: justify">Y de las cenizas nacería una flor. Ermindo <i>&#8216;El Ronco&#8217;</i> Onega era una de las últimas joyas del semillero de River. Apenas unos años menor que Sívori, <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2016/02/26/C-8980-ermindo-onega-el-idolo-que-llego-tarde.php">Onega era un coletazo de entonces</a>. Un delantero con un pique fenomenal, había sido uno de los jugadores más importantes en el título de 1964, pero en enero del año posterior sufrió una lesión que lo dejó meses sin poder jugar y cuando volvió, ya no era el mismo. Había perdido potencia en la arrancada y velocidad en los metros finales, las características que hacían demoledor su fútbol. Renato Cesarini, el mito y director técnico de River entonces, en toda su sabiduría, supo darle la vuelta al tema: retrasó la posición de Onega y lo convirtió en un mediocampista cerebral. En lugar de matar, ahora ordenaba muertes. Y así se inmortalizaría. Ahí jugaría en el renovado equipo de Minella que clasificó al Mundial de 1966 con Onega de enlace en el 4-3-3 asimétrico; y también lo haría en la Copa, con Lorenzo por impostura gubernamental de seleccionador, aunque esta vez bajo un 4-3-1-2 que Argentina acogería como sistema predilecto durante la segunda mitad del siglo XX, y que bien puede ser atribuido como invención gaucha: el primer equipo en jugar bajo esa disposición, aunque entonces no fuese catalogado así, fue el Boca Juniors de Deambrossi de 1963, y paralelamente a la Argentina de Lorenzo, el <a target="_blank" href ="http://www.telam.com.ar/notas/201611/170971-racing-campeon-50-anos-equipo-de-jose-pizzuti-1966.html">Racing de Juan José Pizzutti</a> desarolló su propia versión con Humberto Maschio de enganche. Argentina había encontrado un nuevo tótem. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=h24D87SqaLQ"><i>The Times They Are a-Changin&#8217;</i></a> también debutó aquel año.</p>
<blockquote><p>El enganche personificó el fútbol argentino durante medio siglo</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El enganche no era nada nuevo: en Brasil, de hecho, con el advenimiento de los nuevos sistemas europeos se lo había desechado y en Argentina, ya en la década de 1940, <a target="_blank" href ="https://books.google.it/books?id=BSYBAgAAQBAJ&amp;pg=PT15&amp;lpg=PT15&amp;dq=armando+el+chueco+farro&amp;source=bl&amp;ots=qR6BwjgS8d&amp;sig=bXbBgRtadCfggCUxbs_r3rOSRHM&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;ved=0ahUKEwjh-ve5idnWAhUuS5oKHaTUBpYQ6AEIZDAP#v=onepage&amp;q=armando%20el%20chueco%20farro&amp;f=false">Armando &#8216;El Chueco&#8217; Farro</a>, del San Lorenzo de Almagro, había jugado con maestría en ese rol. Sin embargo, no era en Argentina una figura venerada. Incluso, cuando Pedernera hacía las veces de mediocampista creador por detrás de los delanteros, se lo acusaba de esconderse. Solo hasta Onega fue que la posición alcanzó verdadero prestigio. Y a ella se entregaría Argentina tras los fracasos en el Mundial de 1966 y la Copa América de 1967. El elegido como nuevo seleccionador fue Cesarini, pero no duraría mucho en el cargo. El tumultuoso presente político argentino enmarañaba aun más a la AFA: Renato dirigió cinco partidos. Su reemplazo, de nuevo Minella, seis en 1968 antes de ser reemplazado por Maschio, que se había retirado como jugador a finales de ese año y ya a principios del 69&#8242; fue designado como seleccionador. <a target="_blank" href ="http://www.telam.com.ar/notas/201409/76476-hace-45-anos-argentina-era-eliminada-por-peru-y-quedaba-afuera-del-mundial-70.html">Duró cuatro juegos</a>. Ante el advenimiento de las Eliminatorias para el Mundial de México 1970, la AFA decidió reemplazarlo por Adolfo Pedernera, el mejor futbolista argentino de los 40&#8217;s e ideólogo del Millonarios de 1950 y el Boca de Deambrossi. </p>
<p style="text-align: justify">Con apenas semanas de preparación, Pedernera se entregó a un niño de 18 años que jugaba en Huracán. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=sNSowJSk5CI">Miguel Ángel Brindisi</a>, enganche y artista, había debutado con Maschio en junio y ya para julio era prácticamente un indiscutible en el seleccionado, sentando a jugadores consagrados en el banquillo. Emparejada con Perú y Bolivia, y con las Libertadores del 67&#8242;, el 68&#8242; y el 69&#8242;, y las dos últimas Intercontinentales en el bolsillo, Argentina tenía todo para clasificar y no lo hizo. El primer partido fue en La Paz y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=BKur8OcRF7c">Argentina perdió</a> por 3-1. Cambió medio equipo para jugar en Lima y volvió a peder: 1-0 contra una Perú jovencísima que todavía no sabía que era de oro y haría historia. Un 1-0 en La Bombonera contra Bolivia dio oxígeno a los de Pedernera, aunque sin Brindisi y cuatro delanteros no había habido conexión entre el mediocampo y el ataque. A falta de un partido como local, una victoria en casa de Boca contra Perú obligaba a un desempate tripartirta. Otro resultado dejaba, por primera vez, a Argentina fuera de la cita orbital en contra de su voluntad. Pedernera se la jugó de nuevo por Brindisi, con Rulli y Pachamé de guardianes por detrás de él. Donde antes habían cinco hombres, ahora había un niño. El clima en La Bombonera era de ansiedad, nervios y entusiasmo. De histeria. Y al final hubo silencio: Argentina, jugando mal pero con jugadores brillantes, solo logró, y sobre el final con un golazo de Alberto <i>&#8216;El Toscano&#8217;</i> Rendo, otro de esos jugadores de otro tiempo, un empate. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=6aci-zZYC2U">Perú iba al Mundial y ellos no</a>.</p>
<blockquote><p>Cincuenta años después, Argentina, Perú y un Mundial en juego en La Bombonera</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Han pasado casi cincuenta años y ha querido el fútbol que la historia vuelva a encontrarse consigo misma. Otra vez la AFA en ruinas. Otra vez baile de entrenadores. Otra vez Perú. <a target="_blank" href ="http://www.lanacion.com.ar/2069032-argentina-peru-epica-redencion-y-bombonera">Otra vez La Bombonera</a>. Siempre Argentina. Hoy juegan y el Mundial está sobre la mesa&#8230; otra vez. Tras aquel fatídico partido, Argentina tardó casi treinta años en volver a jugar en el estadio de Boca. Hoy, cuando la histeria está a reventar, alguien en la AFA decidió revivir los fantasmas y decidió que el encuentro ante Perú se jugase allí. ¿No le avisaron a Napoleón que Rusia era inconquistable? Y aun así fue. Hace cincuenta años, Perú y La Bombonera fueron para Argentina <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/coberturas-historicas/1969-argentina-afuera-de-mexico-70.php">el epitafio</a>, como escribió Ardizzone, del fútbol de las camisetas de seda. El fin de los tiempos de la cometa. ¿Para Messi podrá ser también el fin? ¿O será un inicio? Esta noche seremos testigos.</p>
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		<title>Evasión o Victoria: «Gracias, viejos»</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jul 2016 06:12:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[1-LOS GENIOS MÁS ANTIGUOS QUE AÚN SOLEMOS RECORDAR. Narrador: A ninguno de los que entren aquí debería extrañarles. El paraíso es un campo de fútbol. Bueno, un campo de fútbol y también un escenario teatral. Aunque también podría ser cualquier concierto musical que hayáis escuchado, todos los restaurantes que os han gustado o los mejores [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h4>1-LOS GENIOS MÁS ANTIGUOS QUE AÚN SOLEMOS RECORDAR. </h4>
<p><span id="more-212993"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Narrador:</strong> A ninguno de los que entren aquí debería extrañarles. El paraíso es un campo de fútbol. Bueno, un campo de fútbol y también un escenario teatral. Aunque también podría ser cualquier concierto musical que hayáis escuchado, todos los restaurantes que os han gustado o los mejores veranos de vuestras vidas. De hecho el cielo contiene todos aquellos lugares que nos permiten expresarnos y -a través de dicha expresión- alcanzar la felicidad. </p>
<p style="text-align: justify;">Nuestra historia comienza con un partido en el cielo. Acababa de terminar un encuentro entre algunos de los mejores futbolistas del siglo XX y un sudoroso <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/04/preparacion-fisica-real-madrid-alfredo-di-stefano-luis-carniglia-helenio-herrera/">Alfredo Di Stefano</a> se dirigía hacia los asientos para ver el siguiente partido, mientras departía con uno de sus rivales, al que tomaba el pelo por su falta de calidad llamándole <i>«gallego con los pies redondos»</i>. Mientras se distraían en estas cuestiones un hombre con bombín empezó a bajar por las escaleras de la grada, dando pequeños saltos a la vez que hacía bailar su bastón.</p>
<p style="text-align: justify;">El compañero de Di Stefano golpeó con el codo a la Saeta rubia y señaló a aquel personaje peculiar. El astro argentino lo reconoció en seguida y saludó: &#8211; <i>«¡Carlitos!»</i> &#8211; con la familiaridad del que ha visto a un conocido de la infancia. Y luego empezó a hacerle gestos para que se acercase hacia ellos.</p>
<blockquote><p>«France Football» catalogó a Alfredo Di Stefano como «la epopeya» por su forma de jugar.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;"><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¿Cómo usted viendo fútbol, Carlitos?</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Sepa usted joven que yo obtuve mi primer rol principal en un sketch titulado <i>«El partido de fútbol»</i> (1908), cuando trabajaba para la compañía de mi mentor Fred Karno. Tendría sobre los 19 años. El deporte siempre me ha interesado como fuente de inspiración. Ahí están mis películas <i><a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film958840.html">«Charlot, árbitro»</a></i> (1914) o<a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film990785.html"> «Charlot, boxeador»</a> (1915). Aunque sin lugar a dudas mi gag deportivo más conseguido lo obtuve con <i><a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film750301.html">«Luces de la Ciudad»</a></i> (1931), en aquel divertidísimo combate de boxeo&#8230;</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Che, pero entonces usted vino aquí para buscar como reírse de nosotros? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Bueno, más bien a buscar cómo hacerles reír a ustedes de sí mismos. ¿Lo que hacen es totalmente serio? ¿No es acaso un juego? ¿Algo que por definición es divertido?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Hay las dos partes, Carlitos, porque empezó en juego pero hoy es profesión. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Pero imagino que su profesión trata de hacer disfrutar al público, lo que incluirá la risa.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Es un poco distinto a lo suyo, maestro. Usted como cómico pretendía hacer reír, y nosotros en cuanto a futbolistas aspiramos a ganar, pero el gol y la victoria se persiguen por la emoción. La gente se emociona porque siente nuestro triunfo como suyo, pero también se emocionan cuando ven una linda jugada o ríen cuando una acción es divertida. Ahí tenemos el caso de jugadores maravillosos que engañaban con el cuerpo al contrario y, a veces, hasta le dejaban en ridículo. Lo que provoca la risa, claro. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entiendo que compartimos varias cosas. En ambos casos la herramienta de trabajo es la habilidad de nosotros, como artistas, en el manejo del cuerpo; y el objetivo que justificará el pago de una entrada será nuestra capacidad para provocar esa emoción de la que usted habla. Tanto la comedia física de <i>«golpe y porrazo»</i> como el juego del fútbol requieren que convenzamos al público de que aquello que está sucediendo en el escenario resulta relevante.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Correcto. El objetivo final es que el público se vaya a casa con la barriga llena de sensaciones. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Pero es que además ese vínculo funciona en ambas direcciones. Porque el <i>«artista»</i> no solo se lleva el dinero, sino el reflejo de la alegría que ha percibido en sus caras y sus voces.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Sí, además la importancia del espectador, en el fútbol, es capital en lo anímico. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/anecdota-periodistas-entrenadores-dante-panzeri-pepe-pena-argentina/">Un periodista amigo mío, Dante Panzeri</a>, escribió una preciosa nota sobre aquel bello fútbol de los años 40, en la que consideraba que la relación con el público fue clave para el desarrollo del fútbol argentino en dos aspectos. Primero, porque la enorme afluencia de espectadores produjo la aparición de los grandes templos del balompié. El estadio de River en 1938 y el de Boca en 1940. Y, en cierta manera, esos estadios de lujo precipitaron el surgimiento de un fútbol también de lujo. Y segundo, y de forma más directa, porque algunos grandes jugadores han necesitado el aliento del público para crecer. Un gran jugador que también fue compañero mío, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/magiares-magicos-honved-wolves-creacion-copa-de-europa/">Pancho Puskas</a>, le decían que era como un actor, necesitaba el afecto del público.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entiendo, por esto que usted me cuenta, que los futbolistas, como nosotros los actores, también construyen un personaje. Yo, por ejemplo, soy famoso por haber interpretado al vagabundo definitivo. Una especie de caballero andante, pero que es más cercano a don Quijote que a Lanzarote del Lago. Se trata de un trotamundos sin destino, pero con la estampa y el alma de un gentleman británico, con su chaqué, su bombín y su bastón.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Algo de eso hay, sí. Yo, por ejemplo, era conocido como la <i>«Saeta rubia»</i>, porque era muy rápido y porque tenía el cabello rubio. Y ese apodo se mantuvo incluso cuando dejé de ser rápido o de tener pelo. Lo que sucede es que, al contrario que usted, de mí no se esperaba que fuese divertido, si no que fuese un héroe. Cuando me dieron mi primer balón de oro, <a target="_blank" href ="https://lamedialunadelarea.wordpress.com/2011/01/11/hanot-el-creador-de-suenos/">el periodista francés Gabriel Hanot</a> me dedicó un artículo muy elogioso donde contraponía mi estilo con el del ganador del año anterior, don Stanley Matthews. A Matthews, casualmente, le comparaba con usted, con Carlitos Chaplin, en el sentido de que era un futbolista que hacía reír a los demás, mientras él permanecía impasible. Aquella nota del France Football concluía diciendo que Stanley Matthews era el humor y Di Stefano la epopeya.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entonces usted sí que era un caballero andante en sentido clásico del término. Se esperaba de su Saeta rubia que fuese invencible, simplemente porque era el más rápido, el más fuerte, el mejor. Mi Charlot en cambio es la inversión de ese concepto. El débil que se burla del fuerte. No obstante, quiero remarcar que existe entre ambos lenguajes una cosa afín que me conmueve. Una vez coincidí con el famoso físico Albert Einstein, y una muchedumbre empezó a aclamarnos. Entonces Albert, que tenía un gran sentido del humor me dijo: <i>“Te están aplaudiendo a ti. ¿Sabes por qué? Porque eres universal, todo el mundo te conoce, comprende y aprecia tu arte. A mí no me entiende nadie”</i>. Yo creo que con ustedes pasa lo mismo. El público entiende lo que sucede en el campo incluso aunque no conozcan a la perfección las reglas o los derroteros del juego. El arte se caracteriza por ser un lenguaje sensible, que opera a un nivel distinto del lenguaje hablado. Busca aflorar emociones y sensaciones. Podríamos decir que es un tipo de poesía escénica, aunque más funcional que la poesía escrita. </p>
<h4>2-TIEMPOS MODERNOS (Argentina)</h4>
<blockquote><p>Charles Chaplin y Alfredo Di Stefano fueron creadores magníficos, pero aprendieron de varios maestros.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Cuanto sabe usted, Calitos! ¿Usted tuvo maestros o todo esto que dice surgió de la universidad de la calle? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Por supuesto que los tuve. El primero de ellos Max Linder, al cual se lo debo todo. Ese hombre fue un hito en la historia del cine mudo. Hubo un tiempo en el que a cualquier actor le bastaba con aplicarse un maquillaje llamativo para hacer reír al espectador. Max Linder es el que rompe con todo eso, creando al primer gran comediante que viste como un caballero elegante. No es un bufón grotesco como el Pierrot de la comedia italiana o el payaso circense Augusto. Su comicidad no se sustentaba en las acrobacias, en las persecuciones o en las peleas. Max Linder no necesitaba recurrir al estilo destructivo del cine cómico original, porque era un creativo de primer orden. Su trabajo consistía en crear situaciones comprometidas, de estilo vodevil, y resolverlas sin perder nunca la compostura. </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Oh! Es muy interesante esto que cuenta y además me recuerda a mi propia trayectoria. Cuando yo era pibe admiraba profundamente a <a target="_blank" href ="http://www.martiperarnau.com/magazine/historias/santoral/arsenio-erico-el-idolo-de-di-stefano/">un gran jugador paraguayo, Arsenio Erico</a>, que era como un artista de circo. Arriesgaba una barbaridad en la cancha. Yo siempre quería imitarle. Luego llegué a las inferiores de River y allí pude disfrutar del mejor equipo de fútbol que yo he visto: La Máquina de River. La Máquina sí que jugaba de puta madre. El delantero centro era Pedernera, que fue uno de los mayores estrategas del fútbol mundial. Para contrarrestar la presión del defensa rival se retrasaba arrastrando a su marcador. Aquel equipo jugaba igual que su maestro Max Linder hacia comedia, Carlitos. Con suprema elegancia.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Me llama la atención que apodasen a su equipo La Máquina. Doy por sentado que usted sabe que una de mis largomentrajes más famosos fue<a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film726746.html"> <i>«Tiempos modernos»</i></a> (1936), una sátira sobre el taylorismo. La película denunciaba como la tecnificación de la industria estaba deshumanizando por completo la actividad laboral. Aunque al final lo que explotaba al hombre no era propiamente la máquina, si no la codicia de otro hombre. </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Bueno, lo de la Máquina de River&#8230; la gente cree que le llamaban así por la precisión que tenían jugando, porque eran un espectáculo, pero la anécdota procede de la antigua distribución del estadio Monumental, que tenía forma de herradura. Aquella tribuna sin edificar, que luego sería la tribuna Sivori, fue conocida como la <i><a target="_blank" href ="http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-298960-2016-05-10.html">«ventana al Río de la Plata»</a></i>. Y entonces los trenes pasaban por allí al lado y los espectadores al verlo decíamos: <i>«ya viene la máquina»</i>. Y de ahí vino el nombre. Precisamente a aquel conjunto también le llamaban <i>«Los caballeros de la angustia»</i>, y eso sí que se ajustaba más a su juego, que era lo contrario del industrialismo del que usted me habla. Seguro que podrían haber marcado más goles, pero con menos belleza. Un equipo de artistas. <a target="_blank" href ="http://i.imgur.com/KevfU.jpg">¡Si hasta teníamos a nuestro propio Chaplin!</a>, el extremo izquierdo Félix Loustau, al que llamábamos así por su físico, por su andar y por su genio. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entiendo lo que usted me comenta, aunque deseo hacer una puntualización sobre un tema que no siempre se ha entendido. Yo no criticaba en <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film726746.html"> <i>«Tiempos modernos»</i></a> a las máquinas si no a la patronal. Lo aclaro porque suficientes disgustos me trajo en su momento. Los críticos se ensañaron cruelmente, acusándome de producir un panfleto de extrema izquierda, porque se entendió que tenía un carácter subversivo y que atentaba contra el modo de vida americano. Los lobbys empresariales presionaron muy duro y de hecho aquella fue mi última película como el vagabundo Charlot.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Hay que ver! A River también se le criticó bastante mientras se establecía aquel juego que algunos llamaron fútbol máquina y otros estilo River. Los espectadores no siempre entendían la genialidad de Pedernera sin balón y le reprochaban alejarse del área. Cuando fui para España yo jugaba de delantero, pero de tanto en tanto bajaba un poquito y ayudaba. Entonces <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/05/carlos-gardel-jose-samitier-historia-amistad-barcelona-futbol-relacion/">Samitier, que era muy amigo mío</a>, me dijo que en España el público quería ver los lunes al delantero saltando en la fotografía junto al portero rival. Pero aun así yo, si veía que uno de mis compañeros estaba cansado, bajaba y le ayudaba en lo que podía. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Ustedes los deportistas de equipo tienen un gran sentido de la solidaridad. Algo admirable en tiempos de rabioso individualismo. Por ejemplo, en los Estados Unidos consideraban que la revolución bolchevique constituía una amenaza para el individualismo norteamericano; y como yo me atreví a decir en una entrevista que me interesaba visitar <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/analisis-carrera-deportiva-lev-yashin-portero-historia/">la Unión Soviética</a> para contemplar sus esfuerzos en la reconstrucción, fui tachado de comunista. Sin embargo el comunismo tampoco valoraba positivamente mi labor y hasta alguno me acuso de individualista nihilista. Esto yo creo que sucedía porque Charlot estaba totalmente al margen de cualquier sistema que pretenda hacerle productivo. Si pasa una vaca frente a su casa él bebe directamente de lo que ordeña. Adopta una actitud lúdica ante todas las cosas que le van sucediendo en la vida. Lo que ocurrió es que como yo consideraba que los gags funcionaban mucho mejor si la persona que tropieza y cae es un rico, existía un cierto runrún sobre mi odio hacia los ricos e influyentes. Así que cuando apareció <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film726746.html"> <i>«Tiempos modernos»</i></a>, que denunciaba las secuelas del trabajo en cadena, el runrún se convirtió en una fanfarria militar. Curiosamente lo único que yo había hecho era plasmar la denuncia que un reportero del diario neoyorquino <i>«The World»</i> había hecho sobre depresiones y crisis nerviosas producto de la monotonía y pesadez de la labor en la industria del automóvil de Detroit. </p>
<h4>3-LA QUIMERA DEL ORO (Colombia)</h4>
<blockquote><p>La aventura colombiana de Alfredo Di Stefano marcó su carrera y su relación con el fútbol argentino.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Nosotros también acabamos denunciando y enfrentándonos a los ricos y poderosos por los derechos sociales, Carlitos. Fue una batalla tremenda que ocasionó que nos tuviésemos que marchar del país. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Por el fútbol? Yo pensé que ustedes tenían unas condiciones excepcionales.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Todos no, Carlitos. En mi época los equipos pequeños pagaban a sus jugadores los dos primeros meses, luego les dejaban de pagar. La gente aguantaba como podía, pero al final uno había jugado cinco años y cobrado uno. Yo esto lo viví en primera persona en Huracán, donde hicimos un viaje al interior del país y mis compañeros no disponían ni de una muda de ropa o de pasta de dientes. ¡Si no cobraban! Al final los futbolistas de los grandes clubes hicimos una huelga para proteger a los de los equipos chicos. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Situación de película. ¿Y cómo se solventó?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Se llegó a un acuerdo para hacer frente a los pagos atrasados, pero los clubes en represalia rebajaron los sueldos que veníamos cobrando. Los mejores jugadores empezamos a recibir ofertas muy superiores de fuera del país y aunque en aquella época los clubes te firmaban a los 13 o 14 años y te tenían agarrado de por vida, algunos decidimos lanzarnos a la aventura&#8230; ¿Se está usted riendo, Carlitos? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Me sonrío amigo mío, porque su historia me ha hecho recordar otra de mis películas,<a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film811454.html"> <i>«La quimera del oro»</i></a> (1925). ¿La ha visto usted?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Por supuesto. Y algo de eso hay en mi propia aventura, sí. Yo también me fui allí con un gigante bueno, Néstor Pipo Rossi, igual que usted en la película colaboraba con el grandote Mac Kay. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Ustedes también acabaron comiéndose una bota?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Jajaja! ¡No! pero sí que se produjo una anécdota divertida con el calzado de Rossi. El Pipo al principio tuvo problemas para jugar, porque se dejó las botas de fútbol en Argentina y, como tenía un pie gigantesco para la época, un 46, no había manera de encontrarle zapatos de su talla. Luego el tipo llegó a hacer de modelo para una casa de ropa en Colombia. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Pero y el oro? ¿Encontraron el oro?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Por supuesto que lo encontramos. En un año en Colombia ganábamos lo que en diez en Argentina; y con el primer dinero que recibí me pude comprar un campito, pensando en el futuro detrás del fútbol. Además, marchando, le hicimos un gran bien a nuestros camaradas argentinos, porque con la amenaza de un éxodo masivo a <a target="_blank" href ="http://eldoradomagazine.com.co/wp/">El Dorado colombiano</a> -que así le llamaban-, la AFA se replanteó su actitud y retiró el límite salarial. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Y entonces volvieron a la Argentina?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; No. Porque entonces los dirigentes decidieron dar escarmiento con nosotros y nos suspendieron de por vida. La competición colombiana quedó al margen de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA); y esto duró hasta que a los colombianos les entró el miedo y decidieron llegar a un acuerdo según el cual podríamos permanecer allí hasta 1954 y luego regresaríamos a nuestros clubes de origen. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Lo cual no debía de hacerles ninguna gracia. Aunque para entonces ya habrían encontrado ustedes el oro, amigo. ¡Como Charlot en Alaska! </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> ¡Y también el amor! Porque usted al final de la película se besa con la chica en el barco, cuando ella le salva de que lo declaren polizón, y yo me casé con Sara, la madre de mis hijos. Las dos primeras, Nanette y Silvana, nacen en Colombia. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Entonces qué sucedió? ¿Se quedó a vivir en Colombia?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Para nada. A finales de 1952 ya empezaba a haber problemas de cobro en El Dorado, y yo estaba hasta las narices de los aviones. Más de una vez creí que nos pasaba como a los del Torino. Así que decidí volver a Argentina y dejar el fútbol. Había comprado un chalet y planeaba irme a vivir al campo. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Hay un concepto de fondo en su historia que, en lo esencial, es igual que en la Quimera del Oro. La trama me la inspiró<a target="_blank" href ="http://www.dailymotion.com/video/x29z6f6_canibalismo-expedicion-donner_school"> la tragedia de la Expedición Donner</a>, que fue un suceso tan espantoso como tristemente verídico. Una caravana de carretas que, por una serie de contratiempos, se vio obligada a pasar el invierno en Sierra Nevada, en medio de una borrasca de nieve. La mitad de la numerosa expedición falleció por el camino, y pasaron tanta hambre que se comieron a los perros, los arneses, y hasta los zapatos, y luego, finalmente, también a los muertos. Ustedes los jugadores obviamente no han tenido que comerse a nadie, al menos no literalmente, pero tienen una vida laboral útil muy corta, así que se siente impelidos a moverse cuanto sea necesario, para asegurar su bienestar económico y el de sus familias. Ustedes solo pensaban en hacer cuanto más dinero mejor. A su manera tenían tanta hambre como mi Charlot cuando cocinó la bota.</p>
<h4>4-EL GRAN DICTADOR (España)</h4>
<blockquote><p>El dominio de Alfredo Di Stefano sobre su época es algo que nunca se ha repetido en la Copa de Europa.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; A mí ya me pareció en su día que <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film811454.html"> <i>«La quimera del oro»</i></a> era menos cómica que sus otras películas, bueno, no menos divertida, porque los gags son muy fuertes, pero si más oscura, más dramática.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Hombre, supone un cambio en mi filmografía. Yo creo que eso empezó en el largometraje inmediatamente anterior: <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film216630.html"><i>«Una mujer de París»</i></a> (1923), que ya es un melodrama sobre la burguesía, pero a partir de la quimera sí que sentí que ya no me bastaba con la comedia. </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Sin duda la madurez supone un cambio de objetivos. Ahora que lo digo en voz alta, pienso que como futbolista me sucedió lo mismo. Mientras jugué junto a Pedernera, Moreno o Antonio Báez no pensé tanto en bajar a la zona de interiores, porque su calidad me permitía vivir muy a gusto por el centro, además de que en aquella época aún me quedaba algún aspecto técnico por pulir. En cambio cuando llegué al Madrid ya había alcanzado mi madurez táctica, lo que significaba que había integrado que el fútbol era un juego de once jugadores y que todos tenían que trabajar para todos. Durante los últimos años de mi vida me esforcé para no caer en la trampa de lo que yo llamaba el <i>«yo-yo»</i>, pero los periodistas siempre estaban con que si Di Stefano había sido un mandón y un dictador. ¿Sonríe usted de nuevo? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Hombre es que me lo hace usted inevitable. Su vida vuelve a remitirme a una de mis mejores películas: <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film155010.html"><i>«El gran dictador»</i> </a>(1940).</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Tremenda película. Oiga, me surge una curiosidad. ¿Sabe usted si el propio Adolf Hitler llegó a verla?</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Pues mire, sí. Un fugitivo alemán, que había trabajado para el Ministerio de Cultura, me dijo que Hitler se hizo traer una copia de la película y la vio un par de veces en privado. Yo hubiese dado cualquier cosa por saber lo que dijo Hitler cuando la vio. Lamentablemente nunca podremos saberlo porque, como es lógico, él no se encuentra por aquí.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Jajaja! Obvio, a nosotros nos sucede igual con los referís (árbitros). Es difícil que alguno llegue hasta aquí arriba. Y cuando alguno llega y se lo explico, se enfadan; pero es que es normal, nosotros hicimos felices a mucha gente y ellos justo lo contrario.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Buena esa, joven. Sobre este concepto del que usted hablaba antes. Lo de mandar. Yo estudié ampliamente a Hitler y me di cuenta de que su éxito no se basaba en los contenidos de su discurso, más bien todo se sustentaba en su ritmo y en su tono. Adolf Hitler no era pues un político, en el sentido estricto, sino un actorazo espectacular. Uno de los mejores que yo había visto nunca. Así que interpretarlo constituía un reto. Ahora mismo diría que mi <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Z4UhJpviVYg">Adenoid Hynkel</a> tenía algo de uno de mis antiguos personajes, el sinvergüenza de Chas, aunque esencialmente sea una sátira del propio Hitler. Le estuvo bien empleado por copiarme el bigote cuadrado y aprovechar mi carismático aspecto para practicar sus viles fechorías.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Me deja usted anonadado. Nunca pensé que Adolf Hitler le hubiese copiado el estilo ni que usted se hubiese animado a devolvérsela parodiándole en un film. De lo que se entera uno por estos lares. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Me tomé cumplida venganza y encima pude llevar mi estilo individualista hasta su apoteosis. Interpreté al héroe y al villano de la función, y además me permití aparecer como Charlie Chaplin para recitar el discurso final. La película se convirtió en un microcosmos de toda mi trayectoria, porque los personajes principales eran en cierto modo reversiones de mi Chas y mi Charlot. Y por supuesto, me ocupé de la dirección, el guión y la música, como venía siendo habitual.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Me ha hecho pensar. Yo siempre he creído que la historia empuja fuerte. Por ejemplo, yo crezco en River que tenía una característica, que era el gusto por el toque y la elegancia. Cuando estaba en las inferiores me ponían de delantero centro y yo me iba para arriba, pero Peucelle, mi maestro, me decía que para abajo, porque quería que jugara como Pedernera. Al final hice lo mío y lo de Pedernera. Luego llegué al Madrid y todos mis esfuerzos se destinaron a repetir el fútbol en el que ya había participado: El de River y el de Millonarios; y como ya no estaba Pedernera yo tuve que hacer el papel suyo. Procuré buscar los jugadores que mejor encajaban en ese fútbol y darles aliento a los jóvenes, que era lo que yo había mamado <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/07/analisis-ciclo-leo-messi-seleccion-argentina/">en Argentina</a>. Para la táctica lo único que necesitas es tener a tres o cuatro tíos dentro del campo que sepan lo que es un equipo. Los veteranos. Y por ley natural al llegar al Madrid me tocó a mí. Por más que algunos periodistas me acusaran de ser el mandamás del equipo. Yo era uno más. Y si alguien era un marimandón ese era don Santiago. El presidente. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Se llevaron mal?</p>
<p style=“text-align: justify"><STRONG>AD:</STRONG> Al revés. Viviendo en Madrid y faltándome mi familia, que vivía en Argentina, fue como un padre. Eso sí, cuando se enfadaba era terrible, nos soltaba una broncas morrocotudas, y a mandar no le ganaba ni Napoléon. Sucede que cuando llegó la hora de dar un paso al lado lo encajé mal y lo rechacé. Don Santiago, que me quería más que un hijo se lo tomó muy mal, porque encima se enteró de que me había reunido con un directivo y se le metió en la cabeza que había una conspiración contra él. Menos mal que con el tiempo -Mira a su compañero- todo se olvida. ¿No es verdad, Santiago?</p>
<p><strong>Narrador:</strong> Y un Santiago Bernabeu jovencísimo y otra vez jugador de fútbol sonrió ante aquella batallita explicada por su jugador favorito y ambos deportistas abandonaron la compañía de un enternecido Chalie Chaplin para ir corriendo hacia el campo vecino. Se conoce que volvía a haber polémica. Últimamente no ganaban para disgustos desde que había subido Johan Cruyff y cada dos por tres se liaban a discutir con Ladislao Kubala y Pepe Samitier sobre quien era mejor jugador de fútbol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">_<br />
La serie:<br />
<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/evolucion-paralela-cultural-futbol-cine/">Evasión o Victoria. Introducción I:</a> El sueño más grande<br />
<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/tren-de-sombras-cartografa-de-la-luz/">Evasión o Victoria. Introducción II:</a> Tren de Sombras, cartografía de la luz</p>
<p style="text-align: justify">
Episodio I: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/pele-parecido-mickey-mouse-evasion-victoria/"><i>«El poder de la sonrisa».</i></a><br />
Episodio II: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/12/maradona-parecido-bruce-lee-evasion-victoria/"><i>«El furor del potrero».</i></a><br />
Episodio III: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/01/beckenbauer-parecido-rey-arturo-evasion-victoria/"><i>«El rey de los teutones»</i>.</a><br />
Episodio IV: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/02/michel-platini-parecido-darth-vader-anakin-skywalker-evasion-victoria/"><i>«Que la pelota te acompañe»</i>.</a><br />
Episodio V: <i><a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/george-best-parecido-james-bond-007-evasion-victoria/">«La vida agitada (y un poco removida) de Best, George Best»</a></i>.<br />
Episodio VI: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/05/johan-cruyff-neo-matrix-evasion-victoria/"><i>«Ya sé jugar»</i>.</a></p>
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		<title>¿Y si los periodistas entrenasen?</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Mar 2016 01:55:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[«No sé lo que dice la calle, pero me da igual. Yo, con el carnicero, hablo de carne; con el taxista, de taxis. De fútbol, hablo yo. Yo sé más de fútbol que todos los carniceros juntos, que todos los taxistas juntos, que todos los porteros juntos y posiblemente que todos los periodistas juntos». Jorge [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«No sé lo que dice la calle, pero me da igual. Yo, con el carnicero, hablo de carne; con el taxista, de taxis. De fútbol, hablo yo. Yo sé más de fútbol que<span id="more-202789"></span> todos los carniceros juntos, que todos los taxistas juntos, que todos los porteros juntos y posiblemente que todos los periodistas juntos». Jorge Valdano (1995).</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Durante una de las riñas que el periodista argentino Dante Panzeri mantuvo con el seleccionador Juan Carlos Lorenzo se produjo un desafío bastante curioso. Harto de sus críticas, el técnico invitó al periodista a hacerse cargo de la dirección técnica de la selección nacional argentina, <a target="_blank" href ="http://www.megustaleer.com/fragmentos/11975/Text/025_capitulo.xhtml">según Lorenzo</a> «para ver el papelón que hace (&#8230;). Si fracasa, lo tiramos al río». La anécdota data del junio de 1973, fecha en la que fue recogida en un artículo de Panzeri titulado <i>«Foliculario acepta desafío de juglaresco»</i>. Un <a target="_blank" href ="http://dle.rae.es/?id=IAEzJHp">foliculario</a> es un folletista o periodista, y juglaresco remite a juglar, que es la persona que en la Edad Media recitaba, cantaba o hacía juegos y malabares para entretener. Así que Panzeri estaba reduciendo a toda la profesión de Lorenzo, y no solo a él en particular, a una costumbre más folclórica que práctica. </p>
<p style="text-align: justify">Todo aquel que esté familiarizado con la obra de Dante Panzeri sabe que despreciaba a los entrenadores y que no creía en tácticas colectivas que no proviniesen de los mismos futbolistas. Panzeri lo justificaba diciendo que para dirigir en un juego de <i>«oposición e imprevistos»</i> había que intervenir directamente, es decir, ser jugador de campo. Así que, aparentemente, era absurdo proponerle ser director técnico. Más aun cuando él llamaba a este colectivo los <i>«ladrones de azul»</i> y consideraba que eran un invento de los presidentes: <i>«Antes de existir los DT, la paliza iba a los dirigentes»</i>, decía. </p>
<p style="text-align: justify">Pero contra todo pronóstico, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/dante-panzeri/">Dante Panzeri</a> aceptó el reto y se puso a disposición de la AFA como una forma de demostrar, paradójicamente, sus teorías, es decir: que <i>«ningún director técnico es director ni técnico»</i>. Su propuesta consistía en actuar como <i>«seleccionador»</i>, lo que se resumía en escoger según su criterio, y nombrar un director técnico entre los mismos jugadores. Según Panzeri fuera de la cancha la máxima sabiduría a la que uno puede aspirar es saber elegir. Y eso le parecía un tema de opiniones en el que la suya era tan valedera como la de Lorenzo.</p>
<blockquote><p>Antes de la anécdota de Panzeri y Lorenzo, en Argentina hubo un precedente muy cercano.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lo que posiblemente animó a Juan Carlos Lorenzo a lanzar aquel desafío fue que existía un precedente de periodista de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">corte panzerista</a> que se había estrellado tras tomar a su cargo la dirección técnica de un equipo argentino: el célebre caso del Huracán de Pepe Peña. Corría el año 1961 y José Gabriel González Peña, alias Pepe Peña, era uno de los más conocidos redactores de la revista <i>«El Gráfico»</i>, por aquel entonces bajo la dirección de Dante Panzeri. La revista había inaugurado un nuevo modelo de escuela crítica que primaba el análisis del juego por encima de la información: <i>«La revista no informa. Comenta y critica»</i>, escribió Panzeri en respuesta al correo de un lector. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Peña prefería contar y analizar el juego que sólo dar más noticias</span>Aquel modelo de periodismo trajo consigo un vocabulario creado para la ocasión, giros y expresiones novedosas, y en ese terreno destacó Pepe Peña por su sarcasmo y gracejo. A él se le debe una de las imágenes que más han perdurado en el inconsciente colectivo del aficionado argentino: jugar con <a target="_blank" href ="http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-42591-2004-10-21.html"><i>«un balde en la cabeza»</i></a>; que fue la forma más gráfica que se le ocurrió a Pepe Peña para criticar a «Motoneta» Raúl Nardiello, un wing derecho muy rápido que cuando arrancaba en carrera ya no miraba a nadie. Independientemente de lo simpática que resulte como ocurrencia, la metáfora pretendía señalar una deficiencia de tipo táctico, una falta de <i>«asimilación de conceptos»</i> y de <i>«ejecutar maniobras predeterminadas»</i>, que diría <a target="_blank" href ="http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-42591-2004-10-21.html">Juan Sasturain</a>. La anécdota del balde no es por tanto un episodio aislado. De hecho es parte de un proceso de difusión de la jerga futbolística entre el público argentino, que se le debe en gran medida a la tertulia radiofónica que Dante Panzeri y el propio Pepe Peña compartieron con el ex-futbolista Adolfo Pedernera. Se llamaba <i>«Fútbol al centímetro»</i> (1956), aunque muchos radio-aficionados la conocían como <i>“Las tres P”</i>, por la coincidencia entre la letras iniciales de los apellidos de sus tres tertulianos. Si bien a Pepe Peña, por su estilo vitriólico, también le llamaban <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2014/10/05/C-5774-anatomia-de--un-delirio-futbolero.php"><i>«Pepe Leña»</i></a>.</p>
<p style="text-align: justify">Podemos encontrar una breve descripción del talante de Peña como periodista -y de su breve desempeño al frente de Huracán-, en uno de los clásicos manuales ofrecidos por el diario argentino Olé: el <i>«Diccionario Olé de Primera»</i>. Se constata ahí que el estilo de sus intervenciones era <i>«sarcástico»</i>, así como <i>«suficiente y a menudo exagerado para valorizar o desmerecer rendimientos»</i>. Lo que podemos interpretar como prepotente y por ende, molesto. También se indica que Pepe Peña practicaba un tipo de análisis periodístico: <i>«sin hibrideces, orientado a descubrir cuestiones técnicas y tácticas»</i>. Aunque inmediatamente se vuelve a insistir en que lo hace mediante un estilo satírico, a través de: <i>«cierta ridiculización del personaje cuando su crítica era adversa»</i>. Por tanto, se puede leer entre líneas que muchos profesionales tenían cuentas pendientes con Pepe Peña cuando este accedió al cargo de director técnico de Huracán. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Boca ya le había querido contratar como asesor</span>Su prestigio como conocedor del juego y adalid del buen gusto era tan grande que Alberto José Armando, presidente de Boca Juniors, ya le había ofrecido a finales de los &#8217;50 un puesto como asesor del equipo xeneize, aunque en aquella ocasión no hubo acuerdo. Lo que se materializó fue la oferta que le hizo Luis Seijo, presidente de Huracán, quien llevaba tiempo con la idea de armar un gran equipo. Podemos encontrar referencia a aquella etapa en la autobiografía de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/la-sociologia-mediocentro-5-argentino-centrojas-historia/">Nestor <i>«Pipo»</i> Rossi</a>. El gran centrojás argentino había llegado a Huracán en 1959 en calidad de jugador y entrenador del equipo. Pipo Rossi destacó dos cosas sobre aquel proyecto: la llegada junto a él de otras figuras y la vocación por jugar un buen fútbol. La temporada 1961 iba a ser su despedida como profesional, pero aunque Rossi cita en el libro todos los fichajes que se produjeron durante sus tres campañas en el equipo, e incluso un hecho tan peculiar como la coincidencia de su retirada con las tres vueltas a la Tierra del cosmonauta ruso Gagarín, no hay en sus páginas ni una sola mención a Pepe Peña como técnico a pesar de que sí cita un partido contra San Lorenzo en el que el periodista, efectivamente, ejerció como entrenador.</p>
<blockquote><p>Nestor Rossi no casaba ni casó muy bien con lo que iba a simbolizar Pepe Peña.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La ausencia de menciones a Pepe Peña no parece casual. Rossi se había acostumbrado a hacer y deshacer en el equipo, como muestra lo que contaba su compañero <a target="_blank" href ="http://www.agepeba.org/Lectura.asp?id=16970">Emilio <i>«Negro»</i> Melón</a>: <i>«Rossi no podía con su molestia en la cintura, fuertes dolores de lumbago y otras lesiones; pero no quería largar (&#8230;) Jugamos juntos en River y en el 59 en Huracán. Nos gritaba a todos cuando no pasábamos la pelota o la perdíamos»</i>. Pipo Rossi se llevó consigo al jugador porque, decía, <i>«necesito a alguien que me corra a los rivales»</i>, y ubicó a aquel extremo izquierdo de volante en lo que luego se ha conocido como <a target="_blank" href ="http://www.agepeba.org/Lectura.asp?id=17838"><i>«doble cinco»</i></a>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Quiso introducir nuevas técnicas en bastantes aspectos del equipo</span>La llegada de Pepe Peña a Huracán suponía por tanto colisionar con Rossi, que ya estaba encauzando su carrera a la dirección de equipos, pero es que además Pepe Leña entró como un elefante en una cacharrería y concedió una entrevista al también periodista Bernardo Neustadt en la que no dejó títere con cabeza. Para empezar volvió a atizar a José Sanfilippo, un famoso delantero del San Lorenzo <a target="_blank" href ="http://www.pasionfulbo.net/fulano-juega-con-un-balde-en-la-cabeza/">del que había dicho en su momento</a> que <i>“jugaba dentro de una cabina de guardabarrera y con una caña de pescar”</i>, es decir, que vivía de explotar el juego de los demás. Cuando le preguntaron por Pipo Rossi y la nueva estrella del Huracán, Norberto <i>«Beto»</i> Menéndez, les saludó diciendo: <i>“Los voy a corregir. Tengo más admiración por mí que por ellos“</i>. Al diario <i>«La Nación»</i> le explicó que estaba <i>«dispuesto a establecer la mística del quehacer futbolístico»</i>. Una combinación entre recuperar el clásico «pechazo» (golpe de pecho contra pecho) a modo de saludo, como una forma de recuperar la virilidad deportiva, al tiempo que anunciaba clases teóricas para mantener a los futbolistas informados de <i>«las novedades (que) se originen en el campo de la estrategia»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Algunas de sus demandas resultaban pasmosamente visionarias. Por ejemplo, solicitó un dietista y dijo que los servicios médicos, más que la clásica ficha topométrica de los jugadores (el registro de sus medidas), debían procurar valorar mediante tests los reflejos de sus futbolistas. Cuando por fin dio inicio la pretemporada sus rutinas de entrenamiento resultaron tan innovadoras como su manejo del lenguaje. Una de estas prácticas, según recoge el <i>«Diccionario Olé de Primera»</i>, consistía en <i>«colgar una rueda de automóvil en la alambrada y hacer práctica de remates para embocarle con la pelota»</i>, actividad que es considerada en el manual como <i>«extravagante»</i>. La revistas <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2014/10/05/C-5774-anatomia-de--un-delirio-futbolero.php"><i>«El Gráfico»</i></a> y <a target="_blank" href ="http://revistauncanio.com.ar/mister-dt/la-aventura-de-un-sabelotodo/"><i>«Un Caño»</i></a> han recogido en sendos artículos algunas de estas prácticas de entreno -a las que consideran <i>«estrambóticas»</i>&#8211; y que incluyen el uso de sillas a modo de conos para ejercicio de dribbling; o el uso de sogas para hacer entender al portero cómo reducirle el espacio al delantero contrario a través de explicaciones geométricas. </p>
<p style="text-align: justify">Su debut como entrenador se produjo el 16 de abril de 1961 contra el San Lorenzo de Almagro, entrenado por Juan Carlos Lorenzo y con <a target="_blank" href ="http://old.ole.com.ar/diario/2001/10/27/r-02201e.htm">José Sanfilippo</a> como estrella. Los cuervos de Almagro le endosaron un 5-2 con doblete del jugador de la <i>«caña de pescar»</i>. La siguiente jornada Huracán empató por 2 a 2 contra Vélez Sarsfield, dirigido por el ex-seleccionador nacional Victorio Spinetto. Y en su último partido recibió un 4-2 del Atlanta, equipo que dirigía un futuro seleccionador que recién empezaba: <a target="_blank" href ="http://revistauncanio.com.ar/sic-sic/memorias-del-maestro/">Osvaldo Zubeldía</a>. Tras esta derrota Pepe Peña dimitió y nunca más volvió a dirigir un equipo de fútbol.</p>
<blockquote><p>Los tres partidos oficiales de Pepe Peña eran el mejor referente posible para Lorenzo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Su caso se convirtió en el paradigma del charlatán que queda expuesto al tener que asumir el trabajo sobre el que pontifica, motivo por el que seguramente Juan Carlos Lorenzo ofreció en 1972, tal y como se ha explicado al principio de este artículo, un reto análogo a Dante Panzeri, máxime aun cuando el mismo Lorenzo había sido uno de los implicados en aquella historia. No obstante, existen numerosos matices que conviene sopesar a la hora de emitir un juicio en lo relativo al caso de Pepe Peña. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pedernera siempre le tuvo en mucha estima</span>Pipo Rossi confía en sus memorias que San Lorenzo ya les había goleado la temporada anterior en la segunda vuelta, así que aquel era un resultado perfectamente lógico en un enfrentamiento entre los dos equipos. Del mismo modo, Rossi en ningún momento aprovecha la inexperiencia del técnico para justificar la derrota y, a pesar de su dimisión, el presidente Luis Seijo le ofreció a Peña el puesto de entrenador de las divisiones inferiores, lo que significa que seguía teniendo confianza en él. El artículo de Andrés Burgo en <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2014/10/05/C-5774-anatomia-de--un-delirio-futbolero.php"><i>«El Gráfico»</i></a> es de largo el mejor documentado sobre el tema: menciona, por ejemplo, que tras su dimisión el periodista participó en los inicios del programa televisivo <i>«Polémica en el fútbol»</i>, o que volvió a la radio como comentarista para Radio Rivadavia, en el programa de deportes de José María Muñoz; omite, en cambio, que Peña trabajó para Boca Juniors como asesor cuando entrenaba Adolfo Pedernera. Él fue, por ejemplo, quien elaboró el informe sobre Peñarol para la semifinal de la <a target="_blank" href ="http://www.rsssf.com/sacups/copa63.html">Copa Libertadores de 1963</a>, e incluso estuvo sentado en el banquillo como parte del staff técnico. De hecho acabó abrazando tras un gol a su antiguo enemigo, el Nene Sanfilippo, que ese año había sido traspasado a Boca.</p>
<p style="text-align: justify">Difícilmente tres únicos partidos pueden dar la medida de la valía o el conocimiento de un técnico, sea cual sea el resultado, pero lo que seguro que no pueden valorar es su calidad como periodista deportivo, que es algo totalmente distinto y que por ello requiere de una forma de evaluación diferente. Por otro lado, si aquel hombre era meramente un embaucador, sorprende que Adolfo Pedernera, que lo había sido todo como futbolista, le confiase un trabajo de aquella envergadura. El propio Pepe Peña dejó alguna pista sobre cómo interpretar la naturaleza de su fracaso aludiendo al espíritu con el que sus jugadores aplicaron sus ideas: durante una práctica habían planificado una estratagema que requería que el wing derecho se dejase caer. La jugada ocurrió más o menos como lo habían planeado, pero el jugador no se tiró. Según Pepe Peña, cuando le pidió explicaciones al extremo este le contestó: <i>“Atrás había unos abrojos bárbaros, mirá si me voy a tirar”</i>. Si leemos entre líneas quizás podamos intuir una falta de compromiso con su liderazgo, pero es que el propio Pepe Peña no había contribuido precisamente a generar una alianza adecuada con la plantilla, si tenemos en cuenta que su estrategia fue la de ir lanzando bravatas por los diarios. </p>
<p style="text-align: justify">Y difícilmente se puede extrapolar desde su caso lo que hubiese sucedido si Dante Panzeri hubiese dado el salto a los banquillos, tal y como le propuso Juan Carlos Lorenzo. Como periodistas, Pepe Peña y Dante Panzeri quizás habían sido parecidos, pero como técnicos seguro que hubiesen sido distintos. Panzeri, por ejemplo, nunca se hubiese permitido diseñar jugadas a los futbolistas. Su fútbol era <a target="_blank" href ="http://librofutbol.com/producto/futbol-dinamica-de-lo-impensado.html/22546">dinámica de lo impensado</a>, así que nunca les habría escrito un guión.</p>
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<p><a href="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/lenguaje-futbol-discusion-umberto-eco-gianni-brera"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/espresso/01.jpg"  alt=""  align="left" /></a> <a href="http://www.ecosdelbalon.com/2017/07/ventaja-entrenadores-haber-sido-futbolistas-aprendizaje-autoridad"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/espresso/03.jpg"  alt=""  align="left" /></a></p>
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		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Dec 2014 03:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-148494"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
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&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
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		<title>Platinismo: La mística del masajista (VII)</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Nov 2014 03:00:51 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“El fútbol es una ensalada de muchas cosas (&#8230;) Es un juego, pero es una lucha, es un hecho social pero es un azar, y entre esas muchas cosas es también un asunto del espíritu”</i>, Carlos Peucelle.</b><span id="more-146925"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">E</span>nrique Anaut, periodista deportivo mudado en escritor, describió en su coqueta trilogía <a target="_blank" href ="http://www.deportelauquen.com.ar/joomla/index.php?option=com_content&#038;view=article&#038;id=26769:anaut-presento-simplemente-historias-de-vida&#038;catid=124:otros&#038;Itemid=146"><i>“Historias de Vidas”</i></a> el clásico botiquín de un masajista de los de antaño: <i>«Aceite verde para los masajes, alcohol para mitigar algún golpe artero, algodón, cinta adhesiva, gasas, algunos «genioles», y el resto lo hacía la voluntad de seguir jugando, en caso de algún golpe. Ah, y la infaltable toallita sobre el hombro»</i>. Apenas humo y espejos, pero parte indeleble del valioso ritual socio-afectivo encaminado a la preparación psicológica del partido. Osvaldo Soriano también se hacía eco de ello en su cuento <i>«Gallardo Pérez, Referí»</i>, consignando que antes de vestir <i>«las desteñidas camisetas celestes»</i> los demás muchachos y él se habían aplicado un masaje con el pseudo milagroso aceite verde.</p>
<p style="text-align: justify">Lo psicológico, lo anímico era el hueso del tema. Di Stefano recordaba en sus memorias que durante la temporada de su debut se había torcido el tobillo en la cancha de Chacarita, justo el día en que el Charro Moreno le había preguntado: <i>«Nene, ¿no te vendás el tobillo?»</i>, advirtiéndole durante aquel intervalo de que el campo estaba poceado, plagado de pequeños pozos, y que por tanto era peligroso. La <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">futura <i>«Saeta»</i></a> se negó y a los 15 o 20 minutos de la segunda mitad le tuvieron que sacar porque no podía ni caminar. Un caso de lo que los psicólogos llaman <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Profec%C3%ADa_autocumplida">profecía autocumplida</a>. Así que a partir de ahí empezó a vendarse, o al menos así lo hizo hasta que jugó en Colombia. Allí un compañero le sacó la venda desproveyéndola de su mística. <i>«Alfredo, la venda elástica, ¿qué te hace si te duele el tobillo adentro? No te va a hacer nada eso, es una cosa mental»</i>, le dijo Báez en un ataque de pragmatismo criollo. </p>
<p style="text-align: justify">Más adelante, ya retirado, Di Stefano se vanagloriaba de que en sus once años como madridista jamás entró el masajista <i>«a echarme esa <a target="_blank" href ="http://futbol.as.com/futbol/2009/10/11/mas_futbol/1255242407_850215.html">«agua bendita»</a> que en seguida parece calmar el dolor mas intenso a cualquier jugador»</i>. Reivindicaba así el amor propio aprendido del <i>«Fanfa»</i> (por fanfarrón) Moreno, pero implícitamente también se reconocía una dinámica futbolística más psicológica o mística que sanitaria. La administración del agua que cura por parte de su clérigo secular: el masajista. </p>
<blockquote><p>La labor del masajista iba mucho más allá de aplicar la tradicional «agua bendita».</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">River gozó durante mucho tiempo de uno de los más famosos santones de ese negocio, Aureliano Gomeza alias <i>«Machín»</i>, personaje humano tremendamente querido por los distintos integrantes del<span class="pullquote_right">Para River, Machín era más que el masajista</span> plantel millonario durante sus más de tres décadas de servicio al club. Contaban que había sido un hincha de los de toda la vida (época amateur) y que incluso había probado alcanzar una plaza en el equipo practicando el puesto de <i>«los gordos y los bobos»</i>, el de portero, pero sin ser capaz de alcanzar con su fútbol a las estrellas de primera. Lo consiguió en un rol teóricamente menos lucido pero que él reinterpretaría asumiendo atribuciones esenciales. A su alrededor se idearon las más famosas de las bromas, pero también fue el confidente de los peores ratos. Siendo el único factor constante del plantel y en virtud de sus enormes cualidades humanas, devino en el epicentro emocional del equipo. Numerosas veces los futbolistas le sacaron en andas para reconocerle de esa guisa lo trascendental que era su acción en el triunfo. Por dar un ejemplo, la <a target="_blank" href ="http://2.bp.blogspot.com/-x_2zmxqqbLI/UzSvdiGTh3I/AAAAAAAABTk/AQukXGHg3G4/s1600/002.JPG">famosa vuelta olímpica</a> en la Bombonera de 1942 contó con un Machín visiblemente emocionado. </p>
<p style="text-align: justify">Su función fue la de hilo invisible, amalgamador de carácteres, y también la de atento padre y lustrador de mística. Se sabía hacer querer y fomentaba la amistad entre los jugadores, sinergia básica para la futura lucha, y lo hacía cuidando preciosamente de lo que el paraguayo Antonio González llamaba el <i>«entrenamiento invisible»</i>, la vida privada, ya fuese sacando a los muchachos de las concentraciones <i>«para ir a comer un lomito a la costanera»</i> o advirtiéndoles por las noches, si es que los descubría trasnochando, con un escueto pero certero: <a target="_blank" href ="http://www.turiver.com/foros/historia/81842-machin.html"><i>«Noches alegres, mañanas tristes»</i></a>. Suponemos que en la época dorada lo tendría que pronunciar muchos veces, habida cuenta de que los dos mejores hombres, Pedernera y Moreno, eran disparatadamente juerguistas y mujeriegos, hasta el punto de que ya retirado e interrogado sobre el tema, Adolfo Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/1997/04/20/r-06401d.htm">aseguró que</a> <i>«no es cierto que anduviéramos por ahí corriendo mujeres. Nosotros no las corríamos: ellas se dejaban agarrar»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Pese a todo ese cariño que se le profesó y que aun se le profesa, quizás una de las mayores contribuciones de Machín bordea excesivamente el anonimato. Se dice que cuando en alguna conversación se empleaban halagos exagerados respecto al talento de algún jugador no millonario, el masajista <a target="_blank" href ="http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-153716">repetía</a>: <i>«Quiero verlo acá, en el verde césped y con el manto sagrado»</i>. Se producía así <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/07/filogenesis-blanca-recopilatorio/">una hierofanía</a> en el sentido que le daba Mircea Eliade, un objeto (camiseta) se transforma en algo sagrado sin dejar de ser él mismo. A su vez la expresión del <i>«verde césped»</i> devino suprema sentencia en disputas periodísticas o tertulias de pizarra técnica, por mor de haber acreditado el único juzgado serio de fútbol.</p>
<blockquote><p>Al igual que en River, los masajistas de Boca se convirtieron en piezas fundamentales del vestuario.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Los homólogos de Machín en Boca tampoco es que fueran cortos de lo que llamamos mística. De hecho tres de ellos refulgieron con brillo especial durante la primera mitad del siglo XX. </p>
<p style="text-align: justify">Victoriano «Toto» Caffarena, nativo del barrio de la Boca, de familia genovesa y estudiante de notaria, que decidió contra el criterio paterno no solo acompañar al equipo en la histórica gira europea de 1925, si no que además ayudó a sufragar los gastos del viaje. Pese a su elevada extracción social, durante aquellos cinco meses se puso al servicio de sus ídolos, hombre de origen humilde, actuando en calidad de masajista, utilero, asistente, técnico y delegado. Lo que provocó que la plantilla le tomase verdadero afecto y le bautizase como <i>«el jugador número doce»</i>. Ese mismo año, el diario Crítica comisionó al escritor y periodista <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Pablo_Rojas_Paz">Pablo Rojas Paz</a> para que cubriese los partidos de Boca, pese a no ser este muy entusiasta del balompié. Sin embargo, Rojas Paz quedó tan conmovido por la euforia del hincha de la Bombonera que, al serle presentado Caffarena, consideró que su historia era arquetípica del sentir del aficionado xeneize y le dedicó una crónica titulada <i>«El Jugador Número Doce»</i>, que convirtió el concepto en mitología para el aficionado. Durante la primera presidencia de <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Jos%C3%A9_Armando">Alberto J. Armando</a> (1955) se le concedió a Toto una placa oficial que le reconocía institucionalmente como ese <i>«Jugador Número Doce»</i> que ahora toda la afición reclama para si.</p>
<p style="text-align: justify">Si bien Caffarena no era técnicamente masajista, el club le acreditaba como tal para abrirle las puertas del vestuario en cualquier estadio en que Boca jugase, no obstante por aquellas fechas existía un kinesiólogo genuino trabajando para la institución, el afamado japonés Kanichi Hanai. A los 19 años (1904)<span class="pullquote_left">En la Bombonera aún se recuerda al «Japonés»</span> había perdido a su padre en la guerra ruso-japonesa, así que optó por emigrar a Europa y desde allí llegó a Buenos Aires. Tenía estudios de anatomía, jiu-jitsu y gimnasia, y se especializó en dar clases de esto último a la policía de las dos orillas del Río de la Plata. Una vez que viviendo en Dock Sud le llevaron a ver un partido entre el local y Huracán, cayó lesionado uno de los delanteros y Hanai se ofreció a darle remedio allí mismo, mientras aun se estaba disputando el encuentro. Tanto sorprendieron sus habilidades que ese mismo día fue contratado para las funciones de masajista y recuperador de lesionados. Posteriormente se incorporaría a la AFA y de allí pasó a Boca donde llegó a ser una figura popular. De hecho todos le conocían como <i>«el Japonés de Boca»</i>. Pese a ser un gentleman que llegaba a atender con el mismo rigor a los de su propio club que a los rivales, figura entre los participantes del primer episodio mortal de una <i>«barra brava»</i> del equipo. <a target="_blank" href ="http://canchallena.lanacion.com.ar/1188735-socios-de-la-violencia">Pepino el Camorrero</a>, antigua mascota y líder de la afición, asesinó de un disparo al hincha uruguayo Pedro Demby durante el último partido del Campeonato Sudamericano de 1924 celebrado en Montevideo. La mayoría de los jugadores de la selección eran boquenses y amigos suyos, así que les solicitó asilo en su hotel y Kanichi Hanai hizo desaparecer el revólver tirándolo por el water. Luego se pergeñó un plan para salvarle. Los futbolistas saldrían a la calle a desafiar a los aficionados uruguayos, que acordonaban el hotel, y propiciarían una pelea para que Pepino pudiese alcanzar el barco a la carrera. El plan funcionó a la perfección y puesto que el delito nunca pudo ser demostrado, dado que su hermano mellizo fue visto en su localidad de origen a la hora de autos, pudo seguir yendo a ver los partidos de Boca.</p>
<p style="text-align: justify">Kanichi había importado las técnicas de la tradición oriental, en la línea de masaje restaurador que con raíz en el jiu-jitsu iba a desarrollarse durante el S.XX, lo que le valió la amplia confianza de todos, así como distinguidos piropos, por ejemplo cuando <i>«Pancho»</i> Varallo decía que sus manos eran mágicas. Lo que no<span class="pullquote_right">Garasini fue jugador, el masajista e, incluso, técnico de Boca Juniors</span> pudo o no supo hacer fue dirigir al equipo a ganar un título, honor que si que le cabe al también masajista <a target="_blank" href ="http://www.historiadeboca.com.ar/jugadores/alfredo-garasini/7121/1919/1919/1005/0/0.html">Alfredo Garasini</a>. Jugador y ocasional linier durante la gira europea, <i>“Garassa”</i> adoptó cualquier función que el club le encomendó. Surgido del semillero de la institución, circuló por todos los puestos durante el periodo amateur. Debutó como defensa (1916), se empleó luego en todo el frente de ataque (ariete, wing o interior) e incluso le llegó a dar el relevó al portero Tesorieri. Solo le fue infiel al equipo una temporada (1921), luego regresó a su casa y permanecería en el conjunto hasta el día de su muerte. Su condición de muchacho querido del club y del barrio se la granjeaba Garasini con sus cualidades de <i>«showman»</i>, saludando a los genoveses en dialecto de la Liguria (<a target="_blank" href ="http://it.wikipedia.org/wiki/Lingua_ligure">zeneize</a>), provocándose hemorragias para demostrar que su sangre era azul y oro, o disfrazándose de las maneras más variopintas cuando el equipo conquistaba un título. Tras su retirada pasó a desempeñarse como mascota y masajista, lo que le emparentaría con el Machín de River salvo por la parte en la que de un salto acabó sentado en la poltrona <a target="_blank" href ="http://www.historiadeboca.com.ar/tecnicos.php?CodTec=6&#038;AnioInicial=1930&#038;AnioFinal=2012&#038;OpTipoTorneos=6&#038;Buscar=Buscar">de técnico</a> (1943). No obstante su labor en ese campo era bastante apócrifa. Durante la semana trabajaba en las oficinas de un banco, y los domingos se reunía con los muchachos para animar el ambiente en base a canciones, bromas&#8230; y lo que Panzeri calificaba de <i>«otros medios de vida espiritual»</i>. La dirección técnica real recaía en <i>«los cuatro o cinco jugadores con mayor predicamento»</i> y la preparación física se le encomendaba al muy experto Pablo Amándola. Garasini se ponía el traje de Director Técnico porque así lo quería la directiva. Según Panzeri como una forma de que la afición percibiese que existía <i>«organización»</i> e, hipotéticamente, un chivo expiatorio o responsable. Se ganó un bicampeonato (1943-44) y esta anécdota se convirtió en piedra de toque para las teorías panzeristas más extremas sobre la futilidad del técnico en relación a lo que él llamaba la <i>«camarilla»</i> o líderes de vestuario. Otro masajista, Sobral, también había sido campeón en 1940 con el mismo equipo y en funciones de supuesto D.T. </p>
<blockquote><p>Muchos años después, Diego Armando Maradona seguía teniendo como confidente a su masajista.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Luego los masajistas han dejado de hacer de técnicos, pero han seguido siendo maestros espirituales y confidentes. Es notorio el caso del italiano <a target="_blank" href ="http://deportes.elpais.com/deportes/2012/02/20/actualidad/1329771548_915356.html">Salvatore Carmando</a>, las otras manos de Diego Maradona, quien le hacía víctima de sus travesuras y se lo llevaba hasta a la selección. También el de Miguel Ángel Di Lorenzo <i>«Galíndez»</i>, que se autodefinía como <i>«un tipo muy alegre, muy chistoso; (que) vengo a darle alegría al grupo y a alentar a los muchachos»</i>, pero que además resultaba muy carismático por las numerosas cábalas (supersticiones) que ejecutaba mediante extraños movimientos rituales realizados al costado del campo. A Diego le conoció con 15 años y prendado de su juego le dijo que sería mejor que Pelé. Se hicieron grandes amigos. O Juan Gregorio Pacheco <a target="_blank" href ="http://www.losandes.com.ar/article/deportes-386744"><i>«Pachequito»</i></a> que en los 70 inventó su propio aceite verde, con el que dejaba las piernas brillantes a los jugadores, y luego cantaba para amenizar la llegada a las canchas. Todos ellos fueron emisarios de la alegría y trabajadores de la mística del vestuario. </p>
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Artículos publicados:<br />
1- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">¿No te da vergüenza?</a><br />
2- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Felix Roldán y otros héroes anónimos</a><br />
3- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">Mito y folklore de la escuela millonaria</a><br />
4- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">El Ángel de la Bombonera</a><br />
5- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-creacion-maquina-river-plate-cantera-estilo/">Notas para la confección de un semillero estilo Máquina</a><br />
6- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-cantera-encontrar-y-formar-talento-labor-entrenadores/">Notas para la confección de un semillero estilo Máquina (II)</a><br />
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Próximos artículos:<br />
8- La semilla de albañil que llegó a arquitecto (05-12-2014)<br />
9- El negro argentino (12-12-2014)</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Platinismo: Mito y folklore de la escuela millonaria (III)</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 02:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Conocí a una señora de unos 40 años, soltera, que iba de una aldea a otra cantando, con voz muy fina, mitos que ella interpretaba sobre la marcha de un modo muy personal. Tuve la sensación de estar asistiendo al principio de la literatura. Era como un teatro primitivo”, J.M.G. Le Clézio. uando el rumano [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“Conocí a una señora de unos 40 años, soltera, que iba de una aldea a otra cantando, con voz muy fina, mitos que ella interpretaba sobre la marcha de un modo muy personal. Tuve la sensación de estar asistiendo<span id="more-143924"></span> al principio de la literatura. Era como un teatro primitivo”</i>, J.M.G. Le Clézio.</b></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">C</span>uando el rumano <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Mircea_Eliade">Mircea Eliade</a> se proponía definir <i>«el mito»</i> para la introducción de uno de sus trabajos de una forma que resultase aceptable para los eruditos y asequible al común del aficionado -que era el que hacía rentable la publicación de dicha obra-, sorteaba el trámite recurriendo a dos coartadas. Calificaba su definición de <i>«personal»</i> (opinión) y de imperfecta. Arreglado el trámite la descripción es la que sigue: <i>«el mito (&#8230;) relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos. Dicho de otro modo: el mito cuenta cómo, gracias a las hazañas de los seres sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia, sea ésta la realidad total, el cosmos, o solamente un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una institución. Es, pues, siempre el relato de una «creación»: se narra cómo algo ha sido producido, ha comenzado a ser»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Si consideramos el fútbol como un corpus mitológico, podemos observar un par de características llamativas. Primero, que su principio (1925) [1] es bastante reciente, por lo que en teoría disponemos de abundante información de primera mano; y segundo, que posee una característica que podríamos definir de <i>«ciclado rápido»</i>. El tiempo de origen de todos los mitos <a target="_blank" href ="http://fr.wiktionary.org/wiki/in_illo_tempore">es el illo tempore</a> o Edad de Oro, básicamente el momento sagrado de la creación o de una creación sagrada. La particularidad del fútbol es que estas edades se va desplazando en ciclos míticos de intervalo bastante corto. </p>
<blockquote><p>Siempre ha habido dos maneras de jugar: jugar bien o jugar mal.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En <i>«Fútbol Todotiempo»</i>, libro respuesta de Carlos Peucelle al <i>«Fútbol Total»</i> (totaalvoetbal) del campeonato de 1974, se refiere a un par de conceptos que él considera que presentan un funcionamiento análogo: el llamado <i>«fútbol moderno»</i> y las <i>«épocas de oro»</i>. Según<span class="pullquote_right">En fútbol parece que las épocas de oro se van sucediendo siempre</span> sus escritos, los libros de táctica y estrategia del fútbol a los que él tenía acceso distinguían entre <i>«fútbol moderno»</i> y <i>«antiguo»</i>, sin embargo él disponía de manuales de 1929, 1935, 1940, 1945, 1955, 1960 y todos se adjudicaban dicho título repudiando al anterior ostentador. Así que Carlos solucionó la paradoja diciendo que la única división posible era <i>«fútbol bien jugado»</i> o <i>«mal jugado»</i>; con buenos jugadores o malos jugadores. Curiosamente, durante <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2010/03/entrevista-a-antoni-ramallets/">la entrevista concedida</a> por Antoni Ramallets (QDEP) a Ecos del Balón, el <i>«antiguo»</i> portero enunció exactamente el mismo concepto <i>«siempre ha habido dos maneras de jugar: jugar bien o jugar mal»</i> a la par que se «disgustaba»cuando se ponía en duda el fútbol que ellos jugaron (<i>«todo el mundo sabe y los que menos sabemos somos los que hemos jugado»</i>). Sobre las <i>«épocas de oro»</i>, termino que consideraremos sinónimo del <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Edad_de_oro">de la Edad de Oro</a>, Peucelle teorizaba que se ubica en la juventud personal de cada uno. Para él fue la del Alumni (1908) y cuando escribió <i>«Fútbol Todotiempo»</i> se situaba -a nivel de opinión pública- en la década de los &#8217;40, así que conjeturaba que en <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Vintage">20 años</a> iban a decir que era la de los &#8217;60. </p>
<p style="text-align: justify">Pese a que el propio <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Carlos Peucelle</a> era parte de la mitología rioplatense, siguiendo la definición de Eliade en calidad de uno de los <i>«seres semidivinos (&#8230;) que han creado el mundo»</i> o que se comportan <i>«de una manera ejemplar»</i> (Mitos, sueños y misterios), en vida solía ser bastante desacralizador con todo esto. A él le tocaba una parte -mayor o menor según la fuente de consulta- en la fundación del mito de <i>«la escuela de River»</i>. Sorprendentemente, él no solo rechazaba haber dado <i>«clases en ninguna escuela de fútbol»</i> si no que negaba también que hubiese existido jamás tal cosa como una «escuela millonaria».</p>
<blockquote><p>La escuela de River Plate nunca existió.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La escuela de River es el nombre atribuido al modelo educativo que engendró a la mítica Máquina de River (1941-46), y como definición presenta similitudes -aunque no sea estrictamente lo mismo- con <a target="_blank" href ="http://www.reflexioncientifica.com.ar/08_GIRC_006.pdf"><i>«la nuestra»</i></a>, el estilo criollo o el <i>«alma del potrero»</i>. Todos ellos eslóganes periodísticos y por tanto destinados a vender periódicos. El concepto de la «escuela» está tan ampliamente extendido que hace poco lo utilizaba <a target="_blank" href ="http://www.jornadaonline.com/Deporte/78076-Cappa:-Cuando-era-DT-hablaba-de-la-escuela-de-River-y-me-dec%C3%ADan-que-estaba-loco">Ángel Cappa</a> refiriéndose a su pasada etapa en el club. </p>
<p style="text-align: justify">Generalmente cuando se emplea dicho apelativo se busca la resonancia con <i>«el estilo de fútbol que salió con <i>«La Máquina»</i> y que no pudo transmitirse a ninguna otra generación»</i>, según<span class="pullquote_left">Pedernera era la clave de la mítica Máquina</span> comentaba Carlos Peucelle en aquel testamento literario titulado <i>«Fútbol Todotiempo e Historia de La Máquina»</i>. De hecho tanto Peucelle como Dante Panzeri insistían en que en cuanto se fue Pedernera a Atlanta se acabó el fútbol Máquina, puesto que su ausencia en River <i>«no admitía reemplazo (&#8230;) dentro de ese funcionamiento»</i> y en Atlanta, <i>«rodeado de constructores de juego afines a él»</i>, tampoco pudo reproducirlo Pedernera. Lo que para Peucelle era la prueba inequívoca de que de escuela de fútbol no se puede hablar. <i>«Hay jugadores o no hay jugadores»</i>, sentenciaba, <i>«hay una corriente de jugadores o un cortocircuito de jugadores»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">La otra evidencia fehaciente que Carlos solía indicar es que la supuesta escuela de River, aun habiendo tenido superabundancia en varias demarcaciones, también tuvo que comprar algunos elementos cuando estos no aparecieron de manera natural en el semillero. Hablamos de los <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Enrique_Rodr%C3%ADguez">Eduardo Rodríguez</a> (zaguero izquierdo), Giúdice (centrohalf), Soriano (portero), Eusebio Videla (centrohalf) o, más tarde, el propio <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Walter_G%C3%B3mez">Walter Gómez</a> cuando se perdió a Di Stefano. Pese a todos estos esfuerzos por parte de Peucelle y Panzeri por depurar el concepto, el mito de la escuela de River ha prevalecido. Uno de los principales beneficiarios del uso de esta nomenclatura escolástica fue el técnico <a target="_blank" href ="http://www.ole.com.ar/river-plate/historicos/Sarmiento-River_0_486551599.html">Renato Cesarini</a>, que aparece frecuentemente referenciado como <i>«creador»</i> o fundador de <i>«la escuela»</i>. Aunque existen discrepancias sobre su papel y peso tanto en la evolución de las divisiones inferiores como en la ejecución de los equipos campeones. </p>
<blockquote><p>El desmedido lucro que se hace de lo extrafutbolístico es el fermento de la comedia del fútbol.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2013/05/12/C-4744-bambino-veira-100x100-muchas-veces-me-iba-del-telo-al-entrenamiento.php">Bambino Veira</a>, futbolista, entrenador y ocasional humorista, señalaba a Renato Cesarini como la persona del fútbol que más le cautivó en una charla: <i>«Estábamos de gira por México, y el Tano vino un día a charlar con los más jóvenes. Me quedé congelado de lo que sabía de fútbol, nos anticipó lo que se venía en lo táctico y en la preparación física. Un sabio. Otro que me cautivó fue el Toto Lorenzo, un adelantado»</i>. Ambos técnicos habían sido particularmente denostados por Dante Panzeri y acusados de falsarios. Del primero calificó su estilo discursivo de <i>«vapores de seducción»</i> y <i>«verborragia»</i>, a la vez que le culpaba de apropiarse de méritos ajenos por medio de la hábil manipulación de los que no habían vivido aquella época, y del segundo echaba pestes por detalles como entregar papelitos a los jugadores de la selección con instrucciones escritas sobre cómo debían jugar. A Panzeri este tipo de prácticas -los papelitos o el uso de un balón de rugby-, le parecían pura superchería y las explicaba desde un enfoque publicitario orientado a hacer negocio.</p>
<p style="text-align: justify">Se da la curiosidad de que el Bambino Veira reconoce haber sido de escuelas opuestas como entrenador y como futbolista, sin que esto aparentemente le suponga ningún conflicto interno. ¿Fue por un proceso madurativo o es que, como decía Panzeri, entró en el negocio del fútbol? Contextualicemos que sus excesos y travesuras cuando era jugador habían sido tan ostentosos que, al dar inicio a su carrera como técnico, se sintió forzado a intentar quitarse el estigma diciendo en una entrevista con Ardizzone que <i>“le tengo que pegar dos tiros al Bambino, tiene que aparecer otro”</i>. No obstante cuando le preguntó El Gráfico que por que no había ido nunca <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/resumen-analisis-mundial-brasil-2014-tactica-trascendencia-futuro/">a un Mundial</a>, aludió a la calidad de los compañeros que le disputaban el puesto, los Onega, Willington o Rojas, y no a una supuesta falta de profesionalidad o al trasnochar. Así que cada cual extraiga de aquí sus propias conclusiones. </p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] Desde mis primeros artículos asumo como fecha de inicio del «fútbol» el 13 de junio de 1925, momento en el que se produce el cambio en la ley del offside. Ha habido otras modificaciones posteriores, pero considero que nunca tan profundas como aquella, por lo que desde esta fecha hasta el actual 2014 considero que se está disputando el mismo juego. Opinión personal e imperfecta.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">
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Artículos publicados:<br />
1- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">¿No te da vergüenza?</a><br />
2- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Felix Roldán y otros héroes anónimos</a><br />
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Próximos artículos:<br />
4- El Ángel de la Bombonera (07-11-2014)<br />
5- Notas para la confección de un semillero estilo Máquina (14-11-2014)</p>
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		<item>
		<title>Platinismo: Felix Roldán y otros héroes anónimos (II)</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Oct 2014 01:55:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana”, Napoleón Bonaparte. na de las consecuencias de la carrera militar de Bonaparte es habernos descubierto a un sensacional fabricante de citas. O al menos ha provocado que se le atribuyan una cantidad exagerada de ellas y que además abundan en cuestiones de todo tipo. La [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana”</i>, Napoleón Bonaparte.</b><span id="more-143124"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">U</span>na de las consecuencias de la carrera militar de Bonaparte es habernos descubierto a un sensacional fabricante de citas. O al menos ha provocado que se le atribuyan una <a target="_blank" href ="http://es.wikiquote.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte">cantidad exagerada</a> de ellas y que además abundan en cuestiones de todo tipo. La que atañe a la paternidad del éxito quizás sea la más famosa de todas y dado que el fútbol es una parte de la vida le resulta perfectamente aplicable [1].</p>
<p style="text-align: justify">Tomemos, por ejemplo, una brillante disertación que escribió <a target="_blank" href ="http://www.riverplate.com/Verde-Cesped/Homenajes/12868-a-veintidos-anos-de-la-muerte-de-carlos-peucelle.html">Carlos Desiderio Peucelle</a> en 1959, titulada <i>«La Espiral de los Esquemas»</i>. Allí introdujo una anotación a pie de página, tras citar a la llamada WM de Chapman, aclarando que no simpatizaba con darles nombres propio a los conceptos tácticos puesto que el mundo estaba <i>«lleno de invenciones que no fueron otra cosa que bautismos de lo ya creado»</i>. Según su entrañable amigo Panzeri no era por <i>«demagogia de la modestia y la humildad»</i>, si no porque no creía en arrogarse <i>«este tipo de méritos»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Aceptaba Peucelle reconocimiento en lo tocante a su actividad <i>«dentro de la cancha»</i>, es decir como futbolista. E incluso habiendo señalado Pedernera que siendo jugador ya se le consultaban a él las cuestiones<span class="pullquote_right">Cuando era futbolista, Peucelle ya mandaba</span> tácticas, como si del director técnico se tratase, Carlos jamás permitía que se le otorgasen paternidades ni de equipos ni de jugadores. Durante la década de los sesenta su ex-compañero <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Renato_Cesarini">Renato Cesarini</a>, en connivencia con determinada prensa, había presentado su candidatura como genuino <i>«hacedor de La Máquina»</i>. Sin embargo Peucelle nunca entró a darle pública réplica sobre esto, pese a considerar que aquellas declaraciones eran <i>«circenses»</i> y propias de la <i>«comedia actual del fútbol»</i> que él tanto denostaba. Si la paternidad no puedes ser individual puesto que, en palabras de Peucelle, <i>«son cosas que se dan por muchos»</i>, no puede haber quien reclame la autoría sin estar faltando a la verdad. O a la ética. </p>
<blockquote><p>«Yo no hice nada y no hay nadie que lo pueda hacer. Son cosas que se dan por muchos motivos. Y se dan, no se preparan», Carlos Desiderio Peucelle.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><i>«A La Máquina no la inventó nadie. Existió porque se dieron circunstancias en un mismo tiempo y en un mismo club»</i>, exponía Pedernera cuando le tocaba opinar sobre el tema. (Sencillamente) <i>«Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total»</i>. Adolfo desproveía de alquimia el debate y lo exponía <a target="_blank" href ="http://old.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">desde una perspectiva orgánica</a>. <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Una aproximación que por naturalista pudiera parecer desmitificadora, además de instigarnos a hacer una pregunta que casi aparece implícita en su respuesta. ¿Hubo alguna particularidad en la reunión y disposición de aquellos jugadores o fue todo un hecho casual? Tras la consecución del campeonato de 1945 se publicó en la revista <i>«River»</i> un artículo del propio Peucelle que resulta clarificador sobre el proceso de llegada al club de aquellos jugadores: <i>«Dentro de esta gran familia que es River (&#8230;) cabe señalar que la <a target="_blank" href ="http://riverlujoypueblo.blogspot.com.es/2009/12/campeonato-afa-1945.html">obtención del título 1945</a> tiene una relación directa con el cuidado y fomento del fútbol amateur. A él se le debe la mayor parte del éxito. Labor ímproba, difícil (&#8230;) la tesonera y delicada tarea de descubrir, perfeccionar y formar los futuros cracks»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Dicha función durante <i>«la primera etapa de vida de un jugador»</i> recaía en los generalmente anónimos delegados de las divisiones inferiores del club. Peucelle les agradecía en aquella carta pública la búsqueda de jugadores <i>«de casa en casa»</i>, <i>«esperándolos en una esquina»</i>, <i>«llevándolos a la cancha»</i> o <i>«viéndolos en el baldío»</i> realizada bajo las inclemencias del tiempo estacional -ya fuese lluvia, frío o fuerte calor-, sin más recompensa que la de haber sido útil al club. Es decir, sin retribución económica de ningún tipo. Luego los domingos, a mayor gloria, acudían a supervisar a su equipo de división en partidos con apenas <i>«una veintena de espectadores»</i>.</p>
<blockquote><p>«¡Yo no fui maestro de nadie! ¡El jugador se hace jugando!», Peucelle a Néstor Rossi.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Las raíces de aquella <i>«gigantesca obra»</i> (sic) <a target="_blank" href ="http://4.bp.blogspot.com/-rfEkO2agZw8/TeV5_e2DfoI/AAAAAAAAM_8/gwpNco87qmk/s1600/RIVER-PLATE-1931.jpg">se habían gestado en 1931</a> con la llegada de Peucelle a River en calidad de jugador. A Carlitos le acompañaba el quiosquero Félix Roldán, quien había sido su orientador futbolístico en sus días juveniles en el potrero. Decía Ernesto Lazzatti que existen dos tipos de aficionados: El que va a ver a un equipo, así que va a verlo ganar; y el que va a seguir un partido, y por tanto va a ver jugar. Félix Roldán era de los segundos [2]. Un enamorado del fútbol y especialmente del que jugaban los muchachos habilidosos. Peucelle propuso a la sociedad aprovechar la particular habilidad y predisposición de Roldán para la selección y orientación técnica de los jóvenes, aspecto en el que le consideraba <i>«el más grande (&#8230;) que yo conocí»</i> (sic), y River aceptó la propuesta. Félix Roldán pasó a desempeñar la función de delegado de las inferiores, articulándose alrededor suyo aquel semillero del equipo al que el diario <i>«Crítica»</i> denominaba en 1931-1932 los <i>«cebollitas»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Por mediación de Roldán llegan a River los <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Adolfo_Pedernera">Adolfo Pedernera</a> (su mayor éxito), Eduardo Correa, José Ramos, Mario Filippo, Fernando Sánchez&#8230; Jugadores que en palabras de Carlos Peucelle <i>«llegaron en gran cantidad a primera»</i>. Sin embargo durante su etapa formativa, cuando jugaban en las quintas o sextas divisiones, <i>«rara vez ganaron campeonatos»</i>. De hecho es famosa la anécdota de que frecuentemente aparecía Roldán eufórico y le decía a Peucelle:</p>
<p style="text-align: justify">&#8211; <i>«Ayer jugaron los pibes. Mirá&#8230; salí con la panza «así», llena de fútbol. ¡Qué baile, qué milonga!»</i> </p>
<p style="text-align: justify">Roldán lo pregonaba además por todo su barrio (Constitución), orgulloso de aquello, pero cuando le preguntaban por el resultado la respuesta podía llegar a ser sorprendente:</p>
<p style="text-align: justify">&#8211; «<i>Y&#8230; perdimos 1-0, ¡pero qué baile dimos!&#8230;»</i> </p>
<p style="text-align: justify">Aquellas divisiones inferiores estaban articuladas en el juego, o siendo aun más precisos, en los chicos que juegan (bien) [3]. Peucelle estaba fascinado por esta labor pedagógica porque además conocía de primera mano los resultados. De la efectividad del trabajo amateur de Roldán tenía innumerables pruebas puesto que durante su periplo como <i>«delegado»</i> por clubes como el Futbol SanTelmo o Sportivo Buenos Aires, había descubierto a los <a target="_blank" href ="http://www.bdfa.com.ar/jugadores-BONIFACIO-MARTIN-12024.html">Bonifacio Martín</a>, Cilento, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Arcadio_L%C3%B3pez">Arcadio López</a> o al propio Peucelle, que tampoco había sido nunca campeón en las inferiores. La valiosa lección que <i>«Barullo»</i> Peucelle aprendió de aquel bohemio vendedor de periódicos fue la de la paciencia. Los resultados deportivos, el dinero y el éxito serán consecuencia de que se haya formado un buen jugador y para eso se necesita <i>«estar con la cabeza bastante fría para quedarnos con el que juega, aunque no gane»</i>. </p>
<blockquote><p>«Orientamos y enseñamos técnica (no juego). El juego no se puede enseñar», Peucelle.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Durante sus últimos años como jugador Carlos ya colaboraba de forma extraoficial con las divisiones inferiores de River, sin embargo una serie de sucesos precipitaron que en 1942 pusiese fin a su carrera como profesional<span class="pullquote_left">Antes de fallecer, Felix Roldán le implicó en las labores de formador</span> y pasase a coordinar las divisiones inferiores. Irónicamente en 1941, el año en que brotaba el fruto más brillante de la semilla plantada una década atrás, la Máquina de River (1941-46), fallecía su jardinero, <a target="_blank" href ="http://4.bp.blogspot.com/-Gr2y5RwrHHI/UJMo2-KzERI/AAAAAAAADFg/OUW12T6v-fQ/s1600/1.jpg">Félix Roldán</a>. Peucelle se hace cargo entonces de continuar su tarea, mientras aun ocupaba el rol de puntero (extremo) derecho titular del equipo. De hecho él estuvo en las primeras alineaciones de la genuina Máquina. Sin embargo la transición fue más natural de lo que a simple vista pudiera parecer por dos motivos. Roldán llevaba tiempo implicando a Peucelle en la toma de decisiones y en la inserción de los nuevos elementos en el equipo [4], y existía una estructura de delegados perfectamente integrada <i>«desde esa temporada»</i> (1932) como decía el propio Carlitos en la carta de celebración anteriormente mencionada: <i>«Las divisiones inferiores ocuparon dentro del engranaje del club el lugar que lógicamente les correspondía. Alentados por jugadores profesionales que transmitían sus enseñanzas, se tuvo una visión de lo que significaría el aporte de estos equipos con el correr de los años, si sabía conducírselos con inteligencia y sobretodo con paciencia. (&#8230;) El periodo de selección hasta la consagración, dura cinco años (14-19 años). Este trabajo es cumplido con toda eficiencia por personas que generalmente permanecen en el anonimato»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Estos héroes anónimos a los que hacen referencia Peucelle y nuestro título son los Juan Manitto, Antonio Suárez, Roberto Sonzini, Osvaldo Pertini, Miguel Angel Festenesse, Eduardo Vidal, Marcos Boin, Pablo D&#8217;Argento, Domingo Adami, Angel Dimeo y tantos otros que tristemente debemos omitir por desconocimiento. Ninguno de ellos cobró nunca por sus servicios, si no que entregaban sus horas libres a esta actividad. Consciente Carlos del tamaño de la deuda moral del club para con ellos, quiso darles reconocimiento a los ojos del aficionado, desglosando en aquella carta del &#8217;45 la importancia de los jugadores <i>«hechos en el club»</i> en equipos campeones desde 1932 a 1945. </p>
<p style="text-align: justify">En 1936 habían jugado Wergifker, Moreno y Pedernera, pertenecientes a la primera camada de 1932. Luego hubo cuatro titulares del semillero y numerosos suplentes en el campeonato de 1937. Finalmente llega el salto de calidad, durante la primera temporada de la Máquina (1941), con siete titulares procedentes de las divisiones inferiores, y luego hasta 18 jugadores que habiendo surgido de dichas categorías participaron en el bicampeonato de 1942. Durante el torneo de 1945, que en su opinión <i>«consagra definitivamente la política»</i>, hubo 8 titulares dentro del 11 habitual y 18 <i>“cebollitas”</i> en un plantel de 22 componentes. Lo que Carlos consideró, a modo de corolario de su artículo: <i>«El triunfo <a target="_blank" href ="http://eldoradomagazine.com.co/2014/09/18/historia-el-dorado-origenes-huelga-argentina/">del fútbol amateur</a> en plena época de profesionalismo»</i>. Lamentablemente sus bellas reflexiones iban erradas en un aspecto. Aquella política no iba a ser eterna. </p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] De hecho José Mourinho reinventó la frase diciendo: “Las responsabilidades son mías. Ya sabéis que las victorias tienen muchos padres, pero las derrotas sólo uno y ese soy yo”, al quedar eliminado el Real Madrid en los cuartos de final de la Copa del Rey del 2012 ante el Barcelona.</p>
<p>[2] Félix Roldán era un «enamorado del buen fútbol», pero en aquella época también se consideraba aficionado al Racing Club. Sin embargo la dirigencia de River no lo consideró un impedimento para darle la llave de las divisiones inferiores. Posteriormente Roldán renunciaría a su afecto por «La Academia» al sentirse traicionado por el fichaje de un jugador que le disgustaba: Evaristo Barrera. Fue durante la época en la que el gran éxito de Bernabé Ferreyra, alias el «Mortero de Rufino», alentó al resto de equipos a firmar artilleros de características similares a las suyas. Roldán consideró que «por principios éticos» no podía seguir alentando al equipo.</p>
<p>[3] Aclaremos que con esto no se estaban refiriendo a lo que Peucelle llamaba los superhabilidosos o «genios precoces». Estrellas fugaces de las categorías inferiores que a aquellas edades parecen «fenómenos» pero que al pasar el tiempo «se quedan en la habilidad y no configuran al jugador».</p>
<p>[4] Roldán reubicó al defensa izquierdo procedente de Racing, Félix Loustau, como extremo y lo mandó debutar contra la tercera de Rosario. Luego no viajó hasta allí para valorarlo personalmente, si no que encargó a Peucelle verlo y juzgarlo. El informe positivo del todavía jugador permitió al equipo hacerse con una futura leyenda del campeonato. A su vez Adolfo Pedernera, en su autobiografía coescrita junto al periodista Alejandro Yebra y titulada «El fútbol que viví &#8230; y que yo siento», cita que tanto él como Moreno recibieron lecciones técnicas de Peucelle en cuanto empezaron a alternar con el primer equipo.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">
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Artículos publicados:<br />
1- <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">¿No te da vergüenza?</a><br />
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Próximos artículos:<br />
3- Mito y folklore de la escuela millonaria (31-10-2014)<br />
4- Notas para la confección de un semillero estilo Máquina (07-11-2014)</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Platinismo: ¿No te da vergüenza? (I)</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Oct 2014 02:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“En Persia vi que la poesía está hecha para incorporarse a la música y para entonarse o cantarse -por una sola razón- porque funciona”, Hakim Bey. urante el verano de 1957 la revista deportiva El Gráfico reunió para una nota de prensa a tres de los principales académicos del fútbol argentino. Dos de ellos, Adolfo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“En Persia vi que la poesía está hecha para incorporarse a la música y para entonarse o cantarse -por una sola razón- porque funciona”</i>, Hakim Bey.</b><span id="more-142056"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">D</span>urante el verano de 1957 la revista deportiva El Gráfico reunió para una nota de prensa a tres de los principales académicos del fútbol argentino. Dos de ellos, Adolfo Pedernera y José Manuel Moreno, habían sido una pareja futbolística habitual. Primero formando una genuina ala <i>«siniestra»</i> en las dos acepciones del adjetivo, esto es tanto por jugar por el perfil izquierdo como por las graves averías que le causaban a los entramados defensivos ajenos. Posteriormente inmortalizaron su fama en calidad de componentes de la genuina <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/06/filogenesis-blanca-i/">Maquina de River</a>, aunque ahí se ubicaba Adolfo de falso nueve y no de exterior zurdo, mientras que el <i>«Charro»</i> siguió desempeñando funciones de <i>«insider»</i> pero esta vez circulando por la derecha. </p>
<p style="text-align: justify">El tercer hombre presente en la entrevista era Enrique <i>«El Chueco»</i> García, también conocido como el <i>«Imparable»</i>, el <i>«Mago»</i> o el <i>«Poeta de la zurda»</i> y que fuera gloria en Rosario Central, Racing y la Selección Nacional, si bien en la actualidad es casi más recordado por una anécdota, tan ilustrativa de su talento como de su sarcasmo, y que refirió el que fuera masajista de plantel de Racing Club, Ponciano Souto. Supuestamente, tras marcar uno de esos goles bíblicos en los que una carrera repleta de gambetas dejaba a sus rivales convertidos en estatuas de sal, <i>«el Chueco»</i> había hecho el camino de vuelta hacia media cancha borrando las huellas de sus pasos. Como los compañeros le contemplaban extrañados, él les miró sonriente y <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2014/04/04/C-5113-garcia-el-poeta-de-la-zurda.php">espeto divertido</a>: <i>«Es para que nadie me copie la jugada, muchachos»</i> [1]. <i>«El Chueco»</i> no ganaba títulos en su club, carente de más figuras, pero se resarcía en la Albiceleste jugando bien con Antonio Sastre, bien con José Manuel Moreno, y formando con este último una suerte de dúo cómico por los ingenioso diálogos que establecían mientras se pasaban la pelota. </p>
<blockquote><p>Pedernera definía el fútbol en un bar con claridad similar a cuando las acometía desde el césped.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Reunidos aquel día bajo el convencimiento del autor del artículo (<a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2013/07/08/C-4834-panzeri-anatomia-de-un-periodista.php">Dante Panzeri</a>) por resumir <i>«lo más brillante y perfecto que haya producido el fútbol argentino de todas las épocas»</i> (1939-50), se les planteó como tema de conversación la decadencia del fútbol. Un debate precoz dado que aun no se había producido la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=gXVvUUEfJoo">debacle mundialista del 58</a>. Pedernera tomó la palabra, destacando que existía una condición del fútbol argentino más importante que las -añoradas- individualidades, que es la de ser connaturalmente <i>«alegre»</i>. Interrogado por los presentes sobre la naturaleza del juego <i>«alegre»</i> el maestro respondió con un oxímoron: </p>
<p style="text-align: justify">&#8211; El juego más serio que se puede jugar. </p>
<p style="text-align: justify">Pasó luego a glosar las cualidades seculares <a target="_blank" href ="http://www.efdeportes.com/efd88/jogo.htm">del criollismo</a>, a saber: <i>«mezcla de creaciones»</i> <i>«religión por la pelota baja y amasada»</i>, <i>«capacidad de improvisación»</i> o <i>«lo contrario del fútbol regimentado»</i>. Sin embargo, Adolfo añadió un matiz a su haiku porteño. De nada sirve la condición alegre, ya sea la individual como la colectiva, sin la sensación de vergüenza: </p>
<p style="text-align: justify">&#8211; La sensación de vergüenza por la pelota tirada a cualquier parte (&#8230;) lo importante -decía- es que dentro de la cancha haya quien lo recrimine. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideraba que el fútbol <i>«de pelota controlada»</i> estaría a salvo en tanto que en un equipo hubiese al menos un jugador [2] que además de jugarlo se lo impusiese a los demás por jerarquía, citando a los Néstor Rossi, Julio Cozzi (¡desde la portería!), José Nazionale o Antonio Báez como eximios ejemplares de este tipo. Se aprovechó la coyuntura para comentarle que días antes alguien de River había rifado una pelota por el aire y Néstor <i>«Pipo»</i> Rossi le había gritado:</p>
<p style="text-align: justify">&#8211; ¿No te da vergüenza?</p>
<p style="text-align: justify"><i>«Rossi era el que dirigía las maniobras del equipo. El que ponía las cosas en su lugar en el centro del campo»</i>, según comentó <a target="_blank" href ="http://www.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-86523-2007-06-14.html">Ángel Labruna</a> en alguna ocasión. Poseía además una gran personalidad y un famoso vozarrón que le valió el sobrenombre de la Voz de América [3], así que el equipo solía gravitar a su alrededor en lo que hoy se vendría a denominar liderazgo. <i>«El fútbol es un sentimiento -decía el Pipo-, un juego que tiene como eje a la pelota y, por lo tanto, hay que tratarla siempre bien»</i>.</p>
<blockquote><p>«Nene, al pie, si no dedicate a otra cosa», el Mono Alfredo Obberti a un novel Jorge Valdano.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Según la teoría de Pedernera un <i>«buen jugador»</i> con personalidad <i>«puede llegar a hacer jugar bien a los demás»</i>, porque <i>«crean el temor de jugar mal, o la obligación de jugar bien»</i>. Y en ese aspecto las anécdotas con Pipo resultan inmejorables. Federico Vairo (River) contaba que una tarde que Pascasio Gilberto Sola, half izquierdo del equipo, hizo una mala entrega, el Pipo <i>«se puso furioso»</i>. Dado que <a target="_blank" href ="http://agepeba.org/lectura.asp?id=9537"><i>«Sola se le plantaba»</i></a>, el también conocido como el Patón (calzaba un 44) <i>«se puso duro en el vestuario»</i> y le sentenció diciéndole delante de todo el equipo que <i>«el que entrega mal la pelota pasa a ser una mala persona».</i> Todos se rieron mucho pero con aquella actitud se ganaron tres campeonatos. Al propio Vairo, que se la pasó muy alta durante una práctica en el Monumental le demolió diciéndole: </p>
<p style="text-align: justify">&#8211; Buena, muy buena Federico, ahora alcanzáme la escalera.</p>
<p style="text-align: justify">Nunca se perdía el humor, precisamente por estaban tratando un tema muy serio.Por esto se hace imprescindible la condición alegre en interacción con la sensación de vergüenza. Porque la alegría sin la vergüenza es terreno abonado para <a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/Egomania">la egomanía</a> y la vergüenza sin la alegría para el temor o el comportamiento fóbico. Porque la alegría sin la vergüenza jugará para si misma y la vergüenza sin la alegría no jugará a nada. La alegría te predispondrá a buscar la novedad y la vergüenza te exigirá la sabiduría en su empleo. No hay que tener miedo, lo que hay que tener es vergüenza. Impagable válvula del fútbol bien jugado.<br />
&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] Los uruguayos aseguran que la anécdota pertenece o al menos le es afín a Pedro Lago, ‘El Mulero’, el primer charrúa campeón del profesionalismo en la orilla vecina.</p>
<p>[2] Panzeri le llamaba a esto «la camarilla», «por lo general, un núcleo de tres o cuatro jugadores, los de mayor predicamento espiritual y mayor capacidad futbolística dentro del equipo, que señala normas -por cierto que muy sanas- al resto de sus compañeros gustosos, a su vez de ser en alguna medida comandados por aquellos que ellos reconocen más capaces o más experimentados».</p>
<p>[3] Sobrenombre ganado durante el Sudamericano de Perú porque su voz se imponía al sonido ambiente.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">
_<br />
Próximos artículos:<br />
2- Felix Roldán y otros héroes anónimos (24-10-2014)<br />
3- Mito y folklore de la escuela millonaria (31-10-2014)</p>
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		<title>Di Stefano</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jul 2014 02:10:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Futbolistas]]></category>
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		<description><![CDATA[«¿Quién es este hombre? Toma la pelota del guardameta; le dice a los zagueros qué tienen que hacer; donde quiera que esté en el campo está en condiciones de recibir el balón; se puede ver su influencia en todo lo que sucede&#8230; Nunca había visto un futbolista tan completo. Era como si hubiese establecido su [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«¿Quién es este hombre? Toma la pelota del guardameta; le dice a los zagueros qué tienen que hacer; donde quiera que esté en el<span id="more-131524"></span> campo está en condiciones de recibir el balón; se puede ver su influencia en todo lo que sucede&#8230; Nunca había visto un futbolista tan completo. Era como si hubiese establecido su propio centro de mando en el corazón del juego. Él es tan fuerte como sutil. La combinación de cualidades resulta hipnotizante». <a target="_blank" href ="http://www.bbc.co.uk/blogs/timvickery/2009/02/pele_or_maradonna.html">Bobby Charlton</a>, semifinal de Copa de Europa 1957.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">D</span>el ubicuo Di Stefano se decía como de Dios en el Testamento, que estaba en todas partes, cuando en realidad lo que se pretendía explicar es que nunca paraba. Quizás fue porque intuyendo la frase de Teresa de Calcuta de que <i>«solo se tiene lo que se da»</i>, Di Stefano se empeñó en darlo todo. Impenitente patrón de las causas perdidas, no consintió jamas que un partido cayese sin haber obligado a su equipo a regarlo hasta con la ultima gota de su sangre [1]. Un maestro de la épica donde su archienemigo, Helenio Herrera, lo fue de la intriga y, como buen americano, fue el western (western pampa) su género de redacción preferido para el tono que mejor conjugaba: la epopeya. Los jugadores del Real, como el <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film256070.html">Grupo Salvaje</a> de Peckinpah, fueron <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film750953.html">forajidos de leyenda</a> conscientes de que algún conjunto más joven acabaría baleándolos, pero dispuestos a obligar a cualquiera que lo pretendiese a que menos que a tener que convertirse en mitología. Décadas después, las disputas entre los bandido madridistas supervivientes en relación a sus dos finales europeas perdidas seguían siendo particularmente cruentas.</p>
<p style="text-align: justify"><i>«Ese partido a nosotros no se nos podía escapar»</i>, vociferaba Alfredo Di Stefano, perpetuamente enfurruñado y sin descontarles nada a sus compañeros por la talla de sus dos rivales, los históricos Benfica e Inter, que fueron campeones europeos en fila (1961-62 y 1964-65), algo que en nuestra época sería una conquista legendaria. A cuenta de la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Oo9sGMkeNOQ">final de Amsterdam</a> (1962), le enfurecía la ventaja dilapidada (2-0), incluso jugando con un hombre de menos, debido a <i>«nuestra experiencia»</i> [2]. Sin embargo lo que realmente le amargaba era la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=qHpJGCKlmgc">final de Viena</a> (1964), en donde no había impuesto su criterio técnico sobre el de Muñoz, según había sido siempre su costumbre hasta esa fecha. </p>
<p style="text-align: justify">Y es que en aquella banda Alfredo fue el cerebro, Ferenc Puskas el ejecutor y Paco Gento el caballo [3]. <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film591096.html">Centauros del campo</a> que bien pudieran haber hecho suponer a más de uno que también disponían de cuatro piernas, como zooantropos mitológicos a caballo entre lo humano y lo divino. Los jugadores de aquella etapa fueron mayoritariamente mortales corrientes, pero Alfredo actuaba para ellos como una comunión y el espíritu del Río de la Plata descendía entre aquellos hombres de una España más cercana al tercer mundo que al primero. </p>
<blockquote><p>Alfredo Di Stefano demostraba de dónde había venido y qué había aprendido antes de llegar a Madrid.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Considerado el emperador de los centrodelanteros retrasados, aquellos jugadores (Viviam Woodward, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2008/09/puro-futbol-vintage-especial-pioneros-latinoamericanos/">José Piendibene</a>, Matthias Sindelar, Gilbert Oswald Smith, Nándor Hidegkuti, Peter Palotás&#8230;) con marchamo de interior que colonizaron los altares europeos y americanos -conviviendo junto a los<span class="pullquote_right">En River hacía una labor de delantero que, en realidad, era interior</span> <i>«nueves»</i> a la inglesa (WM)-, fue sin embargo un goleador puro en su etapa inicial. Sucedió nominalmente a Pedernera dos veces. En la primera (River) se ganó el título, pero se malogró el <i>«fútbol máquina»</i>, puesto que con Adolfo era rotación de cinco y rematador incógnita y con Alfredo -como anteriormente había sucedido con Roberto D&#8217;Alessandro- cuatro jugaban para que uno rematara, lo que vulgarizaba aquel fútbol de orfebrería, haciéndolo más previsible y menos preciso, aunque no menos efectivo [4]. En Colombia fue distinto. Entró Di Stefano haciendo en realidad la función de Labruna en River, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zmNYt94YAyI">con Pedernera</a> coordinando en el eje del juego, y se produjo el <i>«ballet azul»</i>. Alfredo hacía un trabajo de centrodelantero que, en realidad, enmascaraba a un interior o puntero (falso extremo) de función volante (rotativa) y lateral (interior-exterior) [5]. Fue junto a él que Alfredo aprendió el imposible arte de dar juego a todos desde el puesto de delantero. Función para la que se requería dominar todos los puestos para así poder actuar como eje del movimiento sincronizado de todos. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando llegó a España con Millonarios de Bogotá ya era el centro de ataque, pero no dirigía, si no que el equipo explotaba su velocidad y sentido del gol. Ya lo había hecho en River el Charro Moreno, quien pese a haber acaudillado al equipo enseña de la posesión durante la primera mitad del siglo XX (<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zCyZnuu-qHk"><i>«La Máquina»</i></a>), diseñó para él una jugada en tres toques que finalizaba con tiro de Alfredo apenas diez segundos después del saque inicial. Su prestigio entonces ya era enorme pero inferior al de Adolfo. El diario ABC le presentaba en 1952 como <i>«el mejor centro delantero argentino»</i> pero al Frentudo Pedernera lo catalogaba como «el más grande jugador argentino de todos los tiempos».</p>
<p style="text-align: justify">Existen numerosas anécdotas, muchas apócrifas, sobre los prolegómenos al fichaje de la Saeta. Se ha extendido que Bernabéu al que estaba interesado en reclutar era al <a target="_blank" href ="https://www.google.es/url?sa=t&#038;rct=j&#038;q=&#038;esrc=s&#038;source=web&#038;cd=8&#038;cad=rja&#038;uact=8&#038;ved=0CEEQFjAH&#038;url=http%3A%2F%2Fwww.martiperarnau.com%2Fhistorias%2Fsantoral%2Fpedernera-%25E2%2580%2598el-maestro%25E2%2580%2599-de-di-stefano%2F&#038;ei=zBm7U5e_DIic0AWWlIDoAg&#038;usg=AFQjCNGmZRY1L3f_qrOI9xc2v4QewXQBHA&#038;sig2=F89fO9SIhZ22_vzKfhigbQ&#038;bvm=bv.70138588,d.d2k">Maestro Pedernera</a>. Lo habría empezado a valorar durante el Real Madrid vs Millonarios de Bogotá correspondiente a las Bodas de Oro del club (30 de marzo de 1952), partido que finalizó con resultado<span class="pullquote_left">Sobre su fichaje por el Madrid hay muchas y muy variadas historias</span> favorable a los colombianos por cuatro goles a dos. Durante el mes de julio de ese año ambos conjuntos se enfrentarían en cuatro ocasiones más. Las dos últimas con ocasión de la primera edición de la Pequeña Copa del Mundo de Caracas (15 y 27 de julio de 1952). Ambos encuentros finalizaron con empate a uno y el conjunto español se adjudicó el torneo. A don Santiago Bernabéu le acompañaba en Venezuela el arquitecto y antiguo secretario del club (1926-27) José Lino Vaamonde que se sugiere fue quien le insistió en que fichase a la Saeta rubia en lugar de a Pedernera. También el diario Clarín publicó en 2010 una hermosa nota titulada <i><a target="_blank" href ="http://www.clarin.com/deportes/futbol/biPlaneta-RedondobibrEl-goleador-fumaba-dolares_0_368963366.html">«El goleador que fumaba dólares»</a></i> donde se recuperaba a un ilustre olvidado del Dorado colombiano y del campeonato argentino, Valeriano López <i>«El Tanque de Casma»</i>, asegurando que fue la primera opción que barajó don Santiago Bernabéu como nueve y que el rechazó del peruano le obligó a plantearse el fichaje del argentino. </p>
<p style="text-align: justify">La anécdota es imposible dado que López regresó al Perú en 1951 y la visita del Madrid a Colombia se produjo el año siguiente. Sin embargo nadie debería atreverse a asegurar que el patriarca blanco no pronunció las palabras del artículo dado que pese a su aspecto aparentemente malhumorado disfrutaba tomándole el pelo a los plumillas inventando datos falsos que hoy en día aun inundan sus biografías. Los antecedentes nos llevan a pensar que los argentinos fueron su principal opción. La secretaría técnica (Pepe Echaniz y Héctor Scarone) había firmado a los también argentinos Imbelloni y Olsen la temporada anterior, fue Bernabéu quien sugirió décadas antes (1927) el fichaje del genial extremo de Racing Natalio Perinetti y el fútbol rioplatense gozaba de gran prestigio en España por aquellas fechas. Parece sólido suponer que hubo interés en trasplantar un mayor número de engranajes de <a target="_blank" href ="http://www.goal.com/es-co/news/4573/internacional/2012/09/25/3402606/el-d%C3%ADa-que-el-millonarios-de-alfredo-di-st%C3%A9fano-bail%C3%B3-al">Millonarios</a> dado que estaba considerado el mejor equipo americano del momento.</p>
<blockquote><p>En Madrid se convirtió en todo lo imaginable, tanto dentro como fuera de la cancha.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Luego en Madrid, más maduro y sin Adolfo, la <i>«Saeta rubia»</i> se convirtió <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=5On90SBNllQ">en <i>«todacancha»</i></a>, paso previo a finalizar -como diría él en 1966- en la <i>«carreta rubia»</i>. El recorrido fue similar al de su maestro. La marcación al hombre de Ignacio Díaz (San Lorenzo) llevó a Pedernera a alejarse del área<span class="pullquote_right">En el club blanco fue retrasando su posición cada temporada</span>, moviéndose hacia los laterales, generando así el espacio libre y la rotación de puestos para aprovecharlo. Después las lesiones de meñisco le restaron velocidad y se <i>«acomodó»</i> a jugar lejos del área. Alfredo recibió en Valencia un marcaje severísimo pero muy limpio de Mangrinán. No le dejaba recibir y la saeta se fue al medio campo indicándole a Muñoz que debía subir puesto que iba a producirse un desfase al seguirle a él un jugador. El futuro seleccionador se negó a ello aduciendo que el técnico no le había dado ninguna indicación ese ese aspecto ¡&#8230;!. Jugando contra el Niza, durante las eliminatorias por la segunda Copa de Europa (1957), fue cuando empezó a jugar más retrasado contraviniendo las ordenes <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/07/fotos-en-sepia/">del técnico Villalonga</a>. Aburrido por no tocar balón comenzó a retrasarse formando una línea media con Muñoz, Zárraga y Rial. Dado que se ganó el partido y el entrenador le felicitó, nació una forma de jugar en la que se primaba el dominio la posesión del balón con 4 o 5 jugadores y Alfredo de superintendente con derecho a gritarle a todo el mundo. </p>
<p style="text-align: justify">De carácter agrio. Sonreía lo estrictamente necesario, acaso emulando a su idolatrados <i>«vaqueros»</i>. Su predilección por el género quizás viniese de su infancia, puesto que viviendo en el campo era factible que hiciesen acto de presencia un grupo de hombres armados y te birlasen el ganado <i>«como en las películas de cuatreros»</i> (sic). Más adelante él mismo interpretaría a un sheriff en aquella película que fue su fichaje. En lugar de reforzar al más fuerte (F.C Barcelona) salvó al débil (Real Madrid). Su ejemplo modeló a Cruyff, patrón del <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/magiares-magicos-honved-wolves-creacion-copa-de-europa/"><i>«fútbol total»</i></a>, como el de Facchetti hizo con Beckenbauer, cuarto trasero del mismo fútbol. ¿Convierte esto a Di Stefano en el padre del fútbol moderno? Quizá en el padrino. En todo caso en un eslabón muy bello. Hijo, hermano, sobrino [6] y maestro de futbolistas, casualmente no alumbró a ninguno, como si <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=b8-Vem_3BhI">la reserva de talento disponible</a> se hubiese atorado en su sangre, permitiéndole ser decisivo a la edad en que otros hubiesen empezado a olvidar sus partidos. Él en cambio disponía de una memoria soberbia en relación a los encuentros que había disputado. Recordaba escrupulosamente minutos, jugadas y golpes recibidos con la precisión de un reloj suizo. Luego como técnico jamás abjuró de lo que sabía ni insultó nuestra inteligencia ni su honradez: <i>«¿Lo han visto bien? Pues hagan lo contrario, pero ganen»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.eldiariomontanes.es/deportes/futbol/201407/07/stefano-traves-frases-20140705193515-rc.html">les decía</a> a sus futbolistas mientras señalaba las indicaciones que él mismo había dibujado en la pizarra. El juego es de los jugadores y sus éxitos como entrenador pasaron por localizarlos. </p>
<blockquote><p>El último partido que vio del Real Madrid fue la final de Lisboa. La ansiada Décima.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Hoy muere el dios blanco cuando su equipo ha conseguido sumar sin él otro pentacampeonato. Si bien ha necesitado -más de- cincuenta temporadas (1964-2014) en lugar de cinco. Es un buen promedio de la distancia entre su conjunto y los posteriores equipos madridistas. Apenas sombras en el mito de la caverna, figuras proyectadas por la llama de la leyenda original que reflecta la forma, razón y dirección del madridismo. Durante una conversación de la Saeta con el maestro de periodistas <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/historia-del-catenaccio-antecedente/">Gianni Brera</a>, justo después de acabar su etapa como entrenador en Boca Juniors, el bardo italiano le espetó en su desprólijo español: <i>«Lei, señor Alfredo, que ha arruinado al Real»</i>. <i>«¿Por qué?»</i>, protestó el divo. <i>«Porque usted es Piero della Francesca, no hace escuela, está demasiado arriba»</i>. Y así acabó con el Real Madrid. Un conjunto que puede soportarlo todo salvo no ser el Real Madrid de Alfredo Di Stefano. </p>
<p>&nbsp;<br />
&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] Alusión a la frase de Paco Peña: «Alfredo no suda los campos de fútbol, los riega con su sangre»<br />
[2] Nunca perdonó a Araquistáin por haber encajado 5 goles. La temporada siguiente jugó Vicente.<br />
[3] Paco fue para el Madrid lo que Loustau para River. El ventilador del equipo.<br />
[4] Tampoco Adolfo repitió su éxito en Atlanta debido a lo que Panzeri calificó de cortocircuito de jugadores análogos a él (constructores de juego). De hecho descendieron.<br />
[5] Las anotaciones tácticas pertenecen al periodistas Dante Panzeri y son producto de su relación con observadores tan cualificados como, por ejemplo, Carlos Peucelle y Adolfo Pedernera.<br />
[6] Alfredo Di Stefano senior había sido amateur con River (1910-12) aunque una lesión de rodilla le decantó por la agricultura, en cambio su tío Dante Pertini si hizo carrera en Boca y tuvo un paso testimonial por River. El hermano menor de Alfredo, Tulio, jugó y brilló junto a la Saeta en el Club Progresista de Los Cardales, en campeonatos regionales, y luego en las inferiores de River, pero se fracturó los ligamentos de la rodilla.</p></blockquote>
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