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	<title>Ecos del Balón &#187; Menotti</title>
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		<title>Defender al otro lado del Atlántico</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Jan 2018 02:49:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo José Ustaritz]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Yerry Mina ha fichado por el FC Barcelona tras casi dos años de seguimiento muy cercano de su evolución desde la casa culé. Ha llegado en enero dado que tanto club como jugador han pensado que era el momento, muy a pesar de un Palmeiras<span id="more-247640"></span> que quería seguir manteniéndolo en sus filas. No era para menos: son muchos quienes afirman que se trata del defensa central más dominante de América en los últimos años. Por lo menos, el mejor del Brasileirao. Con esas credenciales, sin embargo, un velo de duda ha caído sobre el fichaje. No tanto por su nivel, que también es un misterio para gran parte de la crítica, sino por su adaptabilidad al contexto Barcelona, un club bandera táctica europea que ha tardado más de un lustro en volver a contar con una batería de centrales compuesta por jugadores con esa denominación de origen.</p>
<p style="text-align: justify">¿Tiene sentido tanto escepticismo? El trasvase entre las culturas futbolísticas de Sudamerica y Europa siempre fue motivo de discusión. Hay algo entre la experiencia, la genética y la sensibilidad que produce formas muy diversas de expresar y sentir el mismo juego, aun hoy dentro del mundo globalizado. Sudamerica y Europa, como epicentros del fútbol que hemos conocido, separadas por un océano inmenso, durante todo el siglo XX tuvieron un entendimiento disímil del fútbol, más allá de una <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2017/06/evolucion-defensas-marcajes-zonas-mixtas-individuales-futbol-historia/">evolución táctica</a> paralela que los llevó bien por caminos distintos al mismo lugar, o a lugares diferentes a través del mismo camino. En el archivo del blog de este medio, otros articulistas han explorado varias de esas teorías e historias, especialmente centradas en la relación del sudamericano con la pelota y como se diferencia de la que tiene el europeo con el balón. El <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=4MTSOglnSlw">fichaje de Yerry Mina</a> sirve de excusa para revisar cómo en ambas culturas se entiende algo dispar por defender.</p>
<h3>LA MARCACIÓN ELÁSTICA</h3>
<p style="text-align: justify">El fútbol moderno empezó con el cambio de la regla del fuera de juego en 1925, que eliminaba la necesidad de tener por delante a tres futbolistas rivales para no caer en él. Desde allí se desencadenó todo: los repliegues, por ejemplo. Como ya no era tan fácil dejar en offside a los rivales, los equipos comenzaron a retroceder para organizarse cerca de la portería. O los marcajes al hombre. En <i>&#8216;Táctica y Estrategia&#8217;</i>, Carlos Peucelle cuenta como antes del cambio del reglamento, el sistema piramidal funcionaba básicamente con cuatro defensores, un medio-centro que creaba juego y otros cinco delanteros. Era un sistema estándar. Con el <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/deportes/2014/12/22/54973abbca47416d238b457d.html">cambio de reglamentación</a>, los sistemas de juego se diversificaron para afrontar la nueva realidad defensiva. En Inglaterra, y por influencia británica en el resto de Europa, se comenzó a defender con marcajes individuales muy de cerca y comúnmente ordenados por pares numéricos, potenciado esto por la afiliación de la mayoría del continente a la &#8216;WM&#8217; de Herbert Chapman.</p>
<p style="text-align: justify">Pero en Sudamerica las cosas no fueron tan sencillas. El viejo sistema piramidal había convertido a los center-half sudamericanos en jugadores tótem del juego. Ni en Brasil ni en Argentina estuvieron prestos a adoptar el sistema inglés. Entre el orgullo y la razón, se negaron a abrazar la &#8216;WM&#8217;. Sí vieron con buenos ojos quitarle responsabilidades de llegada al mediocentro y se mantuvieron adeptos al 2-3-5, con muchas otras variantes y organizaciones, que incorporaban incluso alineaciones con cuatro defensas, pero siempre partiendo desde esa formación reina. ¿Cómo hicieron entonces en Sudamerica para afrontar los retos defensivos que traía consigo el cambio normativo de 1925? Peucelle, en el mismo libro, da la respuesta: la marcación elástica.</p>
<blockquote><p>Sudamerica encontró sus propias soluciones al cambio de regla</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Del otro lado del Atlántico, se siguió defendiendo en zona y se idearon una serie de ajustes colectivos para defender hombres, pelota y espacio sin que eso implicase perder a la emblemática figura del <i>centrojás</i>. Los jugadores del sistema defensivo no estaban obligados a centrarse en un jugador rival o un pedazo de césped, sino que eran obligados a leer y responder a las exigencias de la jugada, incluso a veces dejando algún hombre libre puesto que su peligrosidad, dadas las condiciones de ese momento particular, eran las menos, y alentando a cuidar a los jugadores más inmediatamente relacionados con la acción y sus posibilidades de tiro y acercamiento al área. En su exposición, <a target="_blank" href ="http://perio.unlp.edu.ar/pd/sites/perio.unlp.edu.ar.pd/files/archivos/file/dantepanzeri.pdf">Peucelle entra en el detalle absoluto</a>: es imperdible.</p>
<p style="text-align: justify">Pero la marcación elástica no solo era la forma de organizarse, hacer permutas y tomar decisiones. También tenía que ver con la aproximación técnica al arte defensivo. Mientras las marcaciones al hombre de Europa promovían un atleticismo acentuado y un juego físico, en Sudamerica se promovía uno más de lectura, inteligencia y gesto técnico. En la apropiación que se hizo en el continente del <i>foot-ball</i>, el dribbling se convirtió en parte idiosincrática del juego sudamericano. Los atacantes sudamericanos eliminaban contrarios con mucha más facilidad que los europeos a través de su arte con el balón en movimiento. Peucelle, por ello, era muy receloso del jugador que iba a buscar al atacante, a riesgo de ser eliminado, y valoraba más aquel que esperaba, llevaba al delantero a una situación de la que no podía salir y así le quitaba el balón o este lo perdía por quedarse sin opciones.</p>
<p style="text-align: justify">En una <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">entrevista recién llegado a España</a> en 1953, Alfredo Di Stéfano es preguntado sobre las diferencias entre los sistemas europeos y sudamericanos, a lo que, tras explicar muy parcialmente el mecanismo de permutas en la defensa zonal, destaca brevemente que el defensor europeo es más rígido y el sudamericano más elástico, pues este dejaba dominar la pelota al contrario. La consciencia del defensor sudamericano de la destreza de sus pares ofensivos lo llevó a entregar algo de espacio y tiempo a costa de no perderlo todo, llevando el juego a un duelo de lectura y engaño antes que a una contienda atlética.</p>
<h3>LÍBEROS Y STOPPERS</h3>
<p style="text-align: justify">Los sonados fracasos de las grandes tradiciones futbolísticas de Sudamerica durante la primera mitad de la década de 1950, más allá del triunfo uruguayo en la final del Mundial de Brasil, abrieron el camino de la importación de conceptos tácticos europeos. En realidad, los popularizaron puesto que ya en la década de los treintas algún centro europeo había llegado a sembrar semillas de europeísmo en ese lado del Atlántico. Si para el ataque se miró el legado húngaro, para defender se buscó el espejo suizo <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/historia-del-catenaccio-antecedente/">e italiano</a>. En Argentina se habla de decadencia por la cada vez más masiva adopción de sistemas defensivistas, los marcajes pierden elasticidad y se hacen más fuertes, desembocando en una era de violencia que en Buenos Aires pone al fútbol como prisionero y que en Brasil corta las carreras de sus mejores jugadores. El defensor sudamericano se volvió duro. Violento y cínico, aunque no por ello abandonó su estilo. Quizás el más brillante defensor argentino de su generación, Roberto Perfumo, fue preguntado en 2002 sobre cuál de los defensas argentinos de entonces veía más parecido a él. Nombró a Walter Samuel y <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2008/03/10/C-108-homenaje-al-mariscal-el-100x100-a-roberto-perfumo.php">subrayó que a él</a> le gustaba <i>«cuando el defensor hace que el delantero vaya a él, cuando se lo chupa»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">A nivel de sistema, las defensas de cuatro se convierten en el marco común. Aunque se siguió prefiriendo la zona, los marcajes al hombre, que antes eran extraños, por influencia extranjera se convirtieron en algo usual. Pero no se tardaría mucho en adoptar el sistema que en Italia y Alemania causaba furor: el del líbero. Un hombre detrás de la defensa que se encargaba de corregir todos los desajustes posibles del sistema de marcaje individual. Seguramente no fue Osvaldo Zubeldía el primero en traer el líbero, pero sí el de más éxito: con Ramón Aguirre Suárez de escoba y Raúl Madero por delante, Estudiantes le dio un giro al catenaccio: ellos tiraban el off-side. Achicaban. Se lo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jR6vLrohxxI">llamó antifútbol</a> y era deplorado, pero creó escuela cuando ganó y no dejó de ganar. </p>
<p style="text-align: justify">La formula del líbero y el stopper se multiplica por Argentina y por Sudamerica. No solo por el éxito de Estudiantes, sino por el de la Holanda de Rinus Michels, que, de uno modo más extremo, <a target="_blank" href ="https://elfutboldegons.wordpress.com/2011/06/21/especial-alrededor-holanda-1974/">aplicaba el mismo concepto</a>: Arie Haan de líbero y Rijsbergen de stopper. Y achicando. En la Colombia de Yerry Mina, donde Zubeldía llegó en 1976 cambiándolo todo para siempre, se usó a rajatabla: el Nacional campeón del propio Osvaldo con el argentino Miguel Ángel López de líbero y, atención, Francisco Maturana de stopper, o más tarde el Deportivo Cali, subcampeón de Libertadores con Bilardo en el banquillo, con Miguel Escobar de líbero y Henry <i>&#8216;La Mosca&#8217;</i> Caicedo, a quien el futuro técnico campeón del mundo apodaría <i>El stopper de América&#8217;</i> por delante.</p>
<blockquote><p>Tanto en Europa como en América, las defensas de &#8216;4&#8217; se popularizaron</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La fiebre del líbero y el stopper en defensas de cuatro estaba en todos lados&#8230; menos en Brasil. Quizá encandilados por sus triunfos mundialistas, los brasileños no tomaron tan a la ligera la nueva disposición estándar. Primero porque el culto al <i>volante cabeça-da-área</i>, el mediocentro, seguía existiendo, y segundo porque dentro del gen brasileño estuvieron desde el inicio los defensas que atacaban. Una de las observaciones típicas de europeos que veían el fútbol brasileño antes de que fuera el emperador del mundo era asombrarse de que en un momento dado alguno de los defensas tomara la pelota, subiera por el campo y terminara la jugada con un trallazo desde treinta metros a la escuadra. ¿Anarquía? Libertad y orden. El sistema del líbero y el stopper daba la opción a solo uno de los suyos de subir por normal general y el brasileño no estaba dispuesto a ello. </p>
<p style="text-align: justify">Es algo que queda realmente claro si se recogen declaraciones como la del genial Mário Sergio, fallecido en la tragedia del Chapecoense, y Fred, jugadores del Botafogo en 1977, quienes en una <a target="_blank" href ="https://books.google.it/books?id=e4Cwkoo6jJcC&amp;pg=PA64&amp;lpg=PA64&amp;dq=libero+futebol+brasileiro&amp;source=bl&amp;ots=_wdXYLsjop&amp;sig=CDOS_91OgHDXGzZI6XMWP3uoaTk&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;ved=0ahUKEwiXnq-m0YDZAhVqDcAKHXgeBAA4FBDoAQhfMAg#v=onepage&amp;q=libero%20futebol%20brasileiro&amp;f=false">entrevista conjunta</a> afirmaron que <i>«Brasil no podía dejar de jugar con el <i>volante cabeça-da-área</i></i> y que aquello sería <i>«como si los europeos aboliesen el líbero»</i>. O las del ex jugador de Barcelona y Real Madrid, Evaristo de Macedo, ya en su época de entrenador, <a target="_blank" href ="https://books.google.it/books?id=B_AVd0iN0jUC&amp;pg=PA25&amp;lpg=PA25&amp;dq=libero+futebol+brasileiro&amp;source=bl&amp;ots=UMOSU4VE72&amp;sig=OLCIEJdOkBKdH8_w7HqCQ9ZZZ7I&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;ved=0ahUKEwjNgumd0oDZAhXIKcAKHV3sBgg4HhDoAQgmMAA#v=onepage&amp;q=libero%20futebol%20brasileiro&amp;f=false">criticó la decisión de Lazaroni</a> de jugar con líbero afirmando que no había ningún equipo en inferiores ni en todo Brasil que usara la figura. Cuando se le confrontó porque él en algún momento lo había hecho en el Fluminense, estuvo rápido en decir que <i>«el equipo que tenía era tan malo que no podía hacer otra cosa»</i> y que apenas pudo reforzarlo, abandonó toda idea de líbero.</p>
<p style="text-align: justify">Los únicos ejemplos prominentes de líberos en Brasil fueron los dos centrales de Brasil durante la Copa de Alemania 74&#8242;, Marinho Peres y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=NuuAtlBPyzE">Luís Pereira</a>. Ambos bajo la dirección técnica de Rubéns Minelli y ambos con un pasado común. Marinho jugó de líbero en el Internacional de Minelli de finales de los 70&#8217;s tras volver de Barcelona donde, en la manera europea, había jugado de líbero. Luis Pereira, el más brillante de los defensas brasileños de la década, vivió una experiencia similar en el Atlético de Madrid, incluso jugando en defensas de tres, y cuando volvió a Brasil en los 80&#8217;s, coincidió con Minelli en el Palmeiras y este lo puso a jugar de líbero.</p>
<blockquote><p>El fútbol brasileño siempre dio espacio a los defensores que atacan</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Marinho y Pereira fueron de los primeros defensores sudamericanos en ir a Europa. La transferencia de delanteros, aunque no era común, tampoco era extraña en la era en blanco y negro, pero la de gastar el dinero en traer defensores era raro. El más destacado fue seguramente José Emilio Santamaría, que dijese sobre su paso por España que <i>«quizá esperaban que fuese más contundente, pero aquella no era mi forma de jugar»</i>. Parecido se pensaría de los brasileños, que impresionaron al público español con sus subidas al ataque, tranquilidad y pachorra para jugar, muy lejos del juego físico y áspero al que asociaban el defender. <a target="_blank" href ="http://ilusion-mundial.blogspot.it/2014/02/testimonios-1974-iv.html">Lo mismo pasó con Ramón Heredia</a>, central en San Lorenzo, pero convertido en líbero a su llegada al Atlético de Madrid, donde sorprendió que <i>«siempre saliese jugando»</i> y de donde destacó una mejora física para darle más contundencia a su juego como única mejora respecto al jugador que se fue de Argentina.</p>
<p style="text-align: justify">Esa narrativa se seguiría viendo por lo menos durante una década más. Por ejemplo, el brasileño Edinho tuvo un paso fenomenal por el durísimo Calcio italiano de los 80s. En Brasil, jugando con el Fluminense, Edinho se hizo famoso por sus subidas y su vocación goleadora, una fogosidad que incluso era extrema para el paladar brasileño. Tras tres años en Italia, fue <a target="_blank" href ="https://books.google.it/books?id=KRq4rbWlz_4C&amp;pg=PA24&amp;lpg=PA24&amp;dq=Edinho+libero+udinese&amp;source=bl&amp;ots=VY49IUd2KR&amp;sig=21zxa6tGtgvwchjF577TIqO9dzY&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;ved=0ahUKEwiCgNio_4DZAhXLEVAKHTmeD4k4ChDoAQgmMAA#v=onepage&amp;q=Edinho%20libero%20udinese&amp;f=false">entrevistado por Placar</a> y anotó que en Italia lo habían adaptado a la posición de líbero, desde la que seguía incorporándose al ataque, pero ahora era un jugador mucho más <i>«consciente a nivel táctico»</i> y que, no solo se había adaptado al sistema de marcas al hombre, guardando la espalda de los creativos, sino a <i>«guardar energías»</i> para cuando sus idas al ataque tuvieran sentido. </p>
<h3>LA LÍNEA</h3>
<p style="text-align: justify">Habíamos dicho que Sudamerica y Europa avanzaron paralelamente a nivel táctico y quizás no hay ejemplo más claro de ello que la superación de la defensa al hombre. Desde sus inicios, el marcaje individual había causado disgustos. Y aunque la fórmula del líbero y el stopper se hizo regla, hubo quiénes o bien se negaron a ella, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/labor-menotti-a-cargo-seleccion-argentina-exclusion-maradona/">como Menotti</a>, o decidieron partir de allí para trabajar en algo nuevo. </p>
<p style="text-align: justify">La oposición a la marcación individual no podía ser la del marcaje en zona. Esa discusión había tenido su momento treinta o cuarenta años antes y al final había ganado tracción la primera y no la segunda al descubrirse que se podía defender hacia adelante y cuidar los desajustes defensivos que podría causar sin renunciar a ese extra que te daba ese tipo de marcaje. Sin embargo, el ejemplo de Holanda 74&#8242;, dio pie a que promotores de la defensa en zona tuviesen voz. El famoso <i>«la mayoría de los goles son por no achicar»</i> de Menotti no era el grito al aire de un Quijote sino un sentimiento muy generalizado.</p>
<blockquote><p>Sudamerica tuvo sus versiones autóctonas del fútbol total</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La clave la tuvo una escuela de entrenadores uruguayos dirigida por <a target="_blank" href ="http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-7307650">José Ricardo de León</a> y que tendría ramificaciones en Paraguay con Aníbal Ruíz y muy especialmente en Colombia. Entrenado por Zubeldía, el mismo Ruíz y por Luis Cubilla, además de admirar a De León, un muy joven Francisco Maturana se le dio por la dirección técnica en 1986 y tuvo un éxito inmediato. Su discurso de juego, que conectaba la sensibilidad estética del fútbol sudamericano con las necesidades tácticas históricas que este tenía entonces y había tenido en el pasado, lo llevó a las plataformas de Atlético Nacional y la selección Colombia, causando furor. El modelo de juego de Maturana no solo rompía con el molde líbero-stopper, y apostaba por la zona, sino que le daba un nuevo giro: se debía defender en línea. </p>
<p style="text-align: justify">Además de defender teniendo más en cuenta el espacio y la pelota que a los jugadores rivales, Maturana <a target="_blank" href ="http://realvalladolid.elnortedecastilla.es/noticias/2011-09-25/linea-maturana-20110925.html">había diseñado un sistema defensivo</a> que se movía como una coreografía, al unísono, y que daba flexibilidad de presionar más o menos y a diferentes alturas del campo. La que prefería Maturana, no obstante, era la más alta posible&#8230; siempre y cuando tuviera al portero líbero más extremo que había visto el fútbol, y que tardaría veinticinco en años en volver a ver algo similar, en la portería. René Higuita era el complemento ideal para el invento, pues permitía reducir el campo a sus mínimas proporciones sin miedo a dejar mucho espacio activo a la espalda de la línea.</p>
<p style="text-align: justify">En Europa, al mismo tiempo, Sacchi hacía sus cosas con el Milan, en una versión mucho más agresiva en el pressing y de un nivel físico superior. Y quizá por ello el italiano estaba tan maravillado con la obra de Maturana: no necesitaba de las piernas bestiales de sus futbolistas para lograr el mismo efecto. La postal de la célebre Intercontinental de Tokyo, jugada en muchos momentos con ambos conjuntos en un espacio no superior a treinta metros donde los veinte jugadores de campo operaban para hacer caer a su contrario en fuera de juego una y otra, y otra vez. </p>
<p style="text-align: justify">Con la zona en línea, la preocupación del central pasaba menos sobre el duelo individual y más sobre la disciplina táctica y la lectura de juego para llevar a cabo las tareas del sistema. En Colombia, la idea fue rápidamente acogida por todas salvo por los <a target="_blank" href ="http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-138532">discípulos de Bilardo</a> y en Sudamerica tardó entre poco y nada en ser acogida por todos. El dominio de los clubes que la aplicaban en la Copa Libertadores, bien los colombianos o los paraguayos, era notorio. En Europa, el éxito del Milan hizo lo propio. ¿Significaba eso que los defensas europeos y sudamericanos estaban en sintonía táctica por primera vez? <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/09/walter-samuel-trayectoria-virtudes-defectos/">Puede que sí</a>.</p>
<blockquote><p>Maturana fue el nombre bandera de toda una escuela de entrenadores sudamericanos</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Con excepciones, la línea de cuatro se tomó el fútbol de todas las latitudes y en menos de diez años el marcaje al hombre pasó a verse como obsoleto. En relación a la adaptabilidad del defensor sudamericano al juego europeo, significó un alivio: las principales críticas del europeo no aplicaban más: por un lado, la pérdida del marcaje rígido había acabado con la necesidad de excesivo roce con la que el sudamericano no se sentía cómodo, además de que el desembarque de cada vez más atacantes sudamericanos a Europa daba sentido al estilo elástico a la hora de defenderlos; y por otro, la organización sincronizada reducía la sensación de anarquía y desorden que generaba dudas en el europeo. Así, <a target="_blank" href ="http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-138532">jugadores como Lucio</a> eran mejor recibidos porque ya de fábrica traían un mayor sentido de la responsabilidad táctica y la disciplina de cuidar la posición, quedando simplemente en manos de sus entrenadores en Europa el moldear su madurez. </p>
<h3>UN MUNDO NUEVO</h3>
<p>No obstante, la progresiva pérdida de calidad en el fútbol sudamericano producto de la imparable fuga de estrellas que causó Bosman, más pronto que tarde supusieron un cambio en ese status quo adquirido. La baja calidad generó un fútbol en el que la organización inicial desapareció, transformando los campos de fútbol de América en latifundios enormes que nada tenían que ver con los espacios mucho más cerrados con los que se jugaba la Champions League. El ritmo, las edades de los jugadores, la preparación física y un sinfín de factores volvieron a disparar las diferencias culturales. El defensor sudamericano de repente pasó a ser un hombre de área, que sufre lejos de la misma, y nada fiable, per se y en general, dentro del ecosistema europeo.</p>
<p>El caso que mejor puede ejemplificar esa transformación es el de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/04/analisis-empate-2-2-paris-saint-germain-barcelona/">Thiago Silva</a>. Con un talento y un carácter de campeón que lo llevó a ser considerado en algún momento como el mejor central del mundo en la época de Sergio Ramos, Silva tuvo que regresar a Brasil rápidamente tras su primera aventura en Europa por no haberse adaptado. Luego, tuvo que recalar en el fútbol de élite más rezagado del viejo continente para poder brillar, lo que no evitó que un vez salió de allí sus carencias quedasen retratadas cuando fue expuesto a escenarios más modernos.</p>
<blockquote><p>Sudamerica se está comenzando a adaptar a los nuevos modelos de juego</p></blockquote>
<p>Asimismo, las revoluciones europeas de la última década han tocado fieramente el rol del central en Europa y lo que significa la posición. Valores como la anticipación sempiterna y lejana o la salida de balón sistematizada han ganado peso frente a virtudes antiguas como la defensa del área o el mano a mano puro donde los sudamericanos solían ser reyes. Y allá apenas se están poniendo al día.  </p>
<p>&nbsp;<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: right">Foto: David Ramos/Getty Images</p>
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		<title>¿El fútbol empieza en los pies o en la cabeza?</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jan 2018 03:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno de los aspectos más curiosos de la autobiografía de Arrigo Sacchi («Fútbol total: Mi vida contada a Guido Conti»), aparte de que funciona como una especie de oda a sí mismo, es que su argumento podría resumirse diciendo que es la historia de la guerra que el técnico de Fusignano ha mantenido contra la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Uno de los aspectos más curiosos de la autobiografía de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/arrigo-sacchi/">Arrigo Sacchi</a> (<i>«Fútbol total: Mi vida contada a Guido Conti»</i>), aparte de que funciona como una especie de oda a sí mismo, es que su argumento podría resumirse diciendo que es la<span id="more-246822"></span> historia de la guerra que el técnico de Fusignano ha mantenido contra la técnica individual. Otra extraordinaria característica de este asunto es que la secuencia de los episodios que conforman este relato la podríamos organizar en una línea temporal caracterizada por una constante referencia a los pies de los protagonistas. </p>
<h3>El origen de una obsesión</h3>
<p style="text-align: justify">La primera anécdota tiene lugar cuando Arrigo Sacchi apenas cuenta con 18 o 19 años e iba a dejar definitivamente de jugar al fútbol. El entrenador de su equipo, el Baracca Lugo, era Gino Pivatelli, quien había sido un gran jugador pero que, según Arrigo Sacchi, para aquel entonces tenía un ideario futbolístico algo trasnochado. Y esto lo decía Sacchi porque Pivatelli le pedía que cuando entrase en contacto con el balón debía pasarselo a Pollini, el regista, y esto entraba en contradicción con la incipiente ideología que el futuro técnico del Milán ya estaba acuñando y que él resumió en una frase: <i>«Cada jugador es el líder cuando tiene la pelota, y todos deben de ser capaces de jugar»</i>. O al menos esto escribió él en <i>«Fúbol total»</i>. Sin embargo en un laudatorio artículo de 1988, publicado en La Repubblica y a cargo de Gianni Mura, se ofrecen algunos matices interesantes a la versión recogida en el libro. El artículo se titulaba <a target="_blank" href ="http://ricerca.repubblica.it/repubblica/archivio/repubblica/1988/05/04/quanta-strada-signor-nessuno.html"><i>«Quanta strada signor nessuno»</i></a> (Que lejos señor nadie) y allí Gianni Mura dibujaba a un Arrigo Sacchi que <i>«soñaba con ser regista, pero al no tener buenos pies, lo movieron primero al ala derecha, luego al medio de cierre y finalmente al lateral»</i>. El cachondo de <a target="_blank" href ="http://ricerca.gelocal.it/lanuovasardegna/archivio/lanuovasardegna/2000/06/13/KS502.html">Eraldo Pecci</a> remató el tema diciendo que <i>«había roto más cristales con sus pies de banana que un terremoto»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">El segundo episodio sucedió cuando Arrigo Sacchi ya entrenaba -y muy exitosamente- al Fusignano. Disponía entonces de un lateral llamado <a target="_blank" href ="http://ricerca.repubblica.it/repubblica/archivio/repubblica/1988/05/13/alle-radici-dell-arrigo.html">Carles Balestra</a>, al que define como <i>«un jugador de 15 goles por campeonato»</i>, pero que apenas jugaba la mitad de los partidos porque andaba siempre expulsado. Balestra era un jugador muy técnico y además ambidiestro. <i>«Le pegaba bien con el pie derecho y con el pie izquierdo»</i>, dice. No obstante su caso le sirve para ilustrar que dichas virtudes no rinden sin <i>«la seriedad, el amor, la pasión por el propio trabajo, la profesionalidad»</i>. En definitiva, <i>«no basta con la técnica»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">El asunto culminó en forma de un manuscrito titulado <i>«¿Chaval, quieres llegar a ser futbolista?: lecciones de un gran entrenador para aspirantes a campeones a partir de los 8 años»</i> (1984), escrito a pachas junto al periodista Alberto Polverosi, y que sistematizaba todas las intuiciones que el Arrigo Sacchi aun pre-exitoso habia ido acumulando. Allí se hablaba de la creación (sic) de un <i>«jugador universal»</i> que <i>«crea juego en el momento que tiene el balón en los pies y (también) de moverse en el campo sin balón»</i>. Ciertamente no esta descubriendo nada, está describiendo el pressing football holandés de una década antes y que fue caracterizado por disponer de un tipo de jugador denominado polifuncional. <i>«Atacan todos juntos, defienden todos juntos»</i>, dice Arrigo Sacchi. Lo genuinamente interesante aquí es que fue en este pasaje donde aprovechó para introducir la disyuntiva sobre si el fútbol empieza en los pies o en la cabeza. Él consideraba que el fútbol italiano generalmente partía (y parte) del aserto <i>«ha dei piedi buoni»</i> (tiene buenos pies), refiriéndose a la técnica, y él en cambio estima que <i>«ante todo el fútbol se juega con la cabeza y no con el pie»</i>. </p>
<blockquote><p>El dilema de los pies o la cabeza, la piedra angular de la ontología futbolística de Sacchi.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La cuestión no es baladí y de hecho el dilema cabeza/pie aparece frecuentemente citado por el técnico bicampeón de Europa. Por ejemplo, durante una entrevista que concedió al diario argentino <a target="_blank" href ="http://www.lanacion.com.ar/1923350-menotti-fue-un-ejemplo-para-todos">La Nación</a> (2016), cuando el periodista Cristian Grosso le preguntó si había algún entrenador sudamericano que mereciese ser considerado uno de los <i>«revolucionarios modernos del fútbol mundial»</i>, Arrigo Sacchi, tras citar algunos nombres, apostilló: <i>«En Sudamérica, durante muchos años, se creyó que el fútbol debía nacer de los pies de los jugadores, y no es así. De los pies no nace nada, el fútbol nace de la cabeza. La inteligencia es lo importante»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Otro tanto sucedió <a target="_blank" href ="https://as.com/futbol/2010/09/01/mas_futbol/1283292049_850215.html">cuando valoró</a> para la cadena COPE (2010) el relativo fracaso de Zlatan Ibrahimovic en el FC Barcelona: <i>«Lo de Ibrahimovic y el Barça era una boda difícil, yo lo sabía desde el principio. Un solista no puede tocar en una orquesta. Ibra es un gran solista, pero le cuesta amoldarse a los otros. El Barcelona es una orquesta y él no se encontró. Tiene talento pero no aprovecha la sinergia de los otros»</i>. Y remató diciendo: <i>«Es más fácil mejorar el pie que la mente»</i>. Ibrahimovic en este caso es <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/09/arrigo-sacchi-relacion-con-van-basten-historico-milan/">Van Basten</a>, claro. Tiene el pie, pero no la cabeza. Y su éxito sólo puede entenderse en el marco del subdesarrollado fútbol italiano. <i>«En Italia se juega un fútbol raro -dice- prima la individualidad sobre el colectivo»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">La apreciación de Arrigo Sacchi sobre que el fútbol sudamericano -y en especial el argentino- había ubicado tradicionalmente la técnica individual (el pie) en el corazón del juego tiene una base de verdad, aunque, cuando él concedió la entrevista a La Nación, hacía bastante tiempo que el debate pie/cabeza se había extendido al Nuevo Continente. Renato Cesarini, un entrenador italo-argentino con vocación de europeista, ya dijo en 1965 que <i>“el fútbol entra por los ojos, pasa por la cabeza y baja a los pies. De los pies a la cabeza, nunca”</i>. Y mucho más recientemente (2016) <a target="_blank" href ="http://www.gacetadeportiva.com.ar/notas/105227/">Osvaldo Ardiles</a> añadió: <i>«El fútbol nace en la cabeza y estoy convencido de que hay muchos que no conocen el juego en sí, sus secretos, por qué se juega y para qué»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">No obstante, el debate existe. Hay una preciosa referencia en el libro de Ángel Cappa <a target="_blank" href ="http://cappafc.blogspot.com.es/2007/02/la-intimidad-del-ftbol-grandeza-y.html"><i>«La intimidad del fútbol»</i></a> (1996) a que este tema había sido fuente de una de sus escasísimas polémicas con Jorge Valdano sobre teoría del fútbol. Valdano opinaba que <i>«el fútbol es sobre todo inteligencia, empieza en la cabeza»</i>. Mientras que Cappa considera que <i>«si no partimos de una técnica adecuada, es imposible hablar de tácticas, de planes, de sistemas o inclusive de conceptos. La ejecución de todo eso sería defectuosa y por lo tanto todo lo demás no tendría valor alguno. O sea, empieza en los pies»</i>. Al final ambos admitían que <i>«para ser un gran jugador de fútbol hay que reunir las dos teorías. Ser grande en fútbol, implica tener una gran técnica y saber usarla»</i>. Aunque Cappa terminaba diciendo que, si bien asumía esa realidad, seguía jerarquizando el pie como más importante que la cabeza, puesto que <i>«el fútbol es la ejecución de una ocurrencia (&#8230;) por más que conozca el juego, ese conocimiento no me sirve si no puedo realizarlo»</i>. En las antípodas de Sacchi, vaya. </p>
<h3>El jugador «pié»</h3>
<p style="text-align: justify">Llegados a este punto sería totalmente lógico preguntarse: ¿Tiene esta inquina de Sacchi con la técnica -especialmente con la sudamericana- algo que ver con Maradona? Y la respuesta es: probablemente. Obviamente podemos especular que la opinión de El Diego sobre este asunto pie/cabeza sería afín a la de Ángel Cappa. Por si hubiera alguna duda citaremos una anécdota que el propio Cappa explicó durante una interesante conversación <a target="_blank" href ="https://ivanero9.wordpress.com/2011/03/04/la-preparacion-fisica-no-existe/">con Paco Seirul·lo</a>. Parece ser que Maradona y Cappa estaban una vez viendo un partido de basket de Michael Jordan y Cappa le dijo: <i>«Diego, qué gran jugador es, ¿verdad?»</i>. Y Maradona contestó: <i>«Sí, es un grande, yo lo admiro, pero no te olvides de que juega con la mano, ¿eh?»</i>. Mentes menos preclaras se centrarían en suponer que el jugador también conocido como D10S no podía soportar ningún otro tipo de idolatría en su presencia -porque ya dice la Biblia que <i>«Soy un Dios celoso»</i> (Ex 20,5)-, en cambio Seirul·lo no tuvo problema en reconocer la verdad tras las palabras de El Diego: <i>«Claro, esa es la dificultad del fútbol: los pies. Y eso acarrea muchas obligaciones motrices que, a su vez, complican la percepción y las relaciones interpersonales del atleta»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">La cuestión es que Maradona simbolizaba en los ochenta la técnica individual, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/11/el-diego/">el jugador <i>«pie»</i> por antonomasia</a>, lo que a su vez significaba que para Sacchi se convirtió en un archienemigo no sólo deportivo si no filosófico. Cuando en <i>«Fútbol total»</i> el técnico recuerda como Careca y un Maradona sin preparación, recién regresado de la Argentina, les marcaron un gol a los 9 minutos de un superclásico Napoles &#8211; AC Milan, no tuvo problemas en reconocer que le provocó una explosión de rabia y cólera porque <i>«Maradona y Careca habían tirado por el suelo todas mis teorías sobre el fútbol»</i>. No cabe duda de que El Diego ponía muy nervioso a Sacchi. Otra vez contaba que habían coincidido Maradona y él en una cena, tras un amistoso organizado por Unicef, y que El Diego sin ningún pudor le dijo que si se ponían a seis o siete puntos de ventaja él se iba un poco a la Argentina. Cuando Sacchi regresó a Milanello para el entrenamiento, explicó la anécdota a sus hombres como el máximo ejemplo de falta de ética y respeto que había visto. Se puede suponer que para él era similar a lo que deploraba de Carles Balestra pero en su versión más extrema. </p>
<blockquote><p>Borghi fue un muñeco de vudú que permitió a Sacchi descargar una frustración llamada Maradona.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Teniendo en cuenta estos antecedentes, el fichaje de Claudio Borghi en 1987 no podía ser más que la crónica de una muerte anunciada, como finalmente fue. Al <i>«Bichi»</i> Borghi, que tuvo un rol marginal en el Milan, le dedica Sacchi unas buenas líneas en <i>«Fútbol total»</i> que sólo pueden ser entendibles como parte de su ajuste de cuentas contra la técnica individual. Borghi fue un caso de enamoramiento de Silvio Berlusconi, acaecido durante el visionado de la final de la Copa Intercontinental de 1985, en la que se enfrentaban Argentinos Juniors contra la Juventus de Turín. El propio Platini, entonces estrella de la Juventus, dijo que Borghi había sido ese día <i>«el Picasso del fútbol»</i>, y el Bichi pasó a ser uno de los primeros herederos de Maradona. Sacchi no cita en <i>«Fútbol total»</i> el tema de la teórica heredad de Maradona, limitándose a llamarle el Picasso del fútbol, pero sin citar la autoría de Platini; sin embargo Carlo Ancelotti, que <a target="_blank" href ="https://books.google.es/books?id=XmtyCQAAQBAJ&#038;pg=PT49&#038;dq=sacchi+borghi&#038;hl=es&#038;sa=X&#038;ved=0ahUKEwj3ytmnprfXAhUDrRQKHZUWAtEQ6AEIRTAE#v=onepage&#038;q=sacchi%20borghi&#038;f=false">también se detuvo en este episodio</a> en <i>«Preferisco la Coppa: Vita, partite e miracoli di un normale fuoriclasse»</i>, describe con bastante retranca que <i>«Lui -Él, en mayúscula, para referirse a Silvio- sostenía haber encontrado al nuevo Maradona»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Podemos especular que Berlusconi sentía una gran admiración y deseo por el perfil de jugador del que Maradona era el máximo exponente y que esto molestaba enormemente a Sacchi. De hecho Ancelotti escribe que Sacchi contestaba a Berlusconi sobre el tema Borghi <i>«con la nausea pintada en la cara»</i>. El jugador nunca tuvo la más mínima opción de formar parte del equipo, entre otras cosas porque la hostilidad de Sacchi era manifiesta. Según Ancelotti, quien supuestamente refiere estas anécdotas de forma simpática y jaleando al de Fusignano, Borghi jugó dos amistosos lesionado (1988) y aun así se las arregló para marcar gol en ambos, <a target="_blank" href ="http://www.calciomercato.com/news/verso-real-milan-ecco-i-precedenti-in-amichevole-619509">contra el Real Madrid</a> en San Siro (2-1) y dos veces <a target="_blank" href ="http://www.magliarossonera.it/198788_amichevoli.html">contra el Manchester United</a> en Inglaterra (2-3). Y, siempre según Ancelotti, Sacchi hizo jugar a Borghi en Manchester con el tobillo como una bota para hacerle hacer una <i>«grandissima figura di merda»</i>, aunque Carletto también insiste en que los jugadores estaban todos de acuerdo en que no querían a Borghi en el equipo. Un dato que a la luz de todo esto resultará particularmente funesto es que en <i>«Fútbol total»</i> Sacchi para definir a Borghi dice: <i>«buen pie»</i>. Aunque esa no es la justificación oficial a su inquina, claro, según él Borghi no era receptivo a los entrenamientos, donde lo adelantaba hasta Vincenzo Picolini, el preparador físico, y además se peleó con Ancelotti y después con Virdis. En definitiva y según Sacchi, <i>«perezoso y jugaba un fútbol individual, se movía poco y mal (&#8230;). Poseía buena técnica, pero sin cultura de trabajo y de grupo»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando Borghi fue interrogado por El Gráfico para analizar la comparación con Maradona o la relación con Sacchi, las respuestas, lógicamente, presentaron algunas discrepancias con la versión del técnico transalpino. Según Borghi su talento estaba a años luz del de Diego: <i>«Yo no era muy talentoso, si alguien encuentra una jugada mía en que me pasaba a tres en una baldosa, que me la haga ver. Yo tenía una habilidad en velocidad interesante, nada más»</i>. De hecho él cataloga el partido de la Intercontinental como algo casi accidental: <i>«Si yo jugaba 10 partidos como aquel contra Juventus, hubiera sido más que Maradona, pero esos partidos se dan muy de vez en cuando»</i>. Lo cual contrasta con lo que dice Sacchi de que Borghi era un <i>«fenómeno»</i> capaz de rabonas y driblar dos adversarios. Además, cuando a Borghi le toca valorar la experiencia en Milan lo primero que hace es recordar que a él no le fichan con Sacchi, <a target="_blank" href ="https://books.google.es/books?id=I4o7pnnghnUC&#038;pg=PT128&#038;lpg=PT128&#038;dq=Claudio+Borghi+liedholm&#038;source=bl&#038;ots=nNmCGxCGnp&#038;sig=aStg-agZ6KUEbgMKX7dCVbwQBUk&#038;hl=es&#038;sa=X&#038;ved=0ahUKEwiMkr69pr_XAhXFVhQKHZptBOAQ6AEIQzAH#v=onepage&#038;q=Claudio%20Borghi%20liedholm&#038;f=false">sino con Liedholm</a>, el cual aun así prefirió quedarse a Hateley y Wilkins como extranjeros. </p>
<p style="text-align: justify">Borghi remarca que nunca tuvo una oportunidad real ni tan siquiera cuando lo hizo bien, como durante el <a target="_blank" href ="http://www.rsssf.com/tablesm/mundialitoclubs.html">Mundialito de Clubs de 1987</a>. <i>«Son los pequeños hechos que por ahí te cambian la carrera»</i>, dice Borghi. <i>«El gusto de un entrenador te caga la vida, salvo que seas un fenómeno»</i></i>. Sacchi quizás diría que tampoco jugó en el Como, pero el Como, él mismo Sacchi lo reconoce, era un equipo que jugaba un catenaccio a ultranza para ver si evitaba el descenso. Y su fútbol era calificado por Borghi de <i>«antifútbol»</i>. No era el entorno ideal para él. La única pequeña venganza que el argentino se permite con Sacchi llega cuando se refiere a la falta de habilidad con los pies del italiano: <i>«Un fenómeno Sacchi. Como no había jugado al fútbol, no podía mostrar los ejercicios. Si alguien lo hacía mal me llamaba y me decía: <i>“A ver, Borghi, haga esto”</i>. Y yo lo hacía para todos, pero después no me ponía. Un monstruo»</i>. Es llamativo que Borghi encadene un comentario sobre la falta de técnica de Sacchi con otro en el que habla de como a él le usaba para dar ejemplo en los ejercicios de técnica individual. Se diría que establece algún tipo de conexión entre ambos hechos. Es difícil que esto no traiga a la memoria los anteriores comentarios de Gianni Mura sobre la torpeza de Arrigo Sacchi con los pies y de como esta condicionó su interpretación del fútbol como fenómeno. </p>
<h3>La visión de Cruyff y Guardiola</h3>
<p style="text-align: justify">La cuestión es que si tomamos por buena la teoría del juego de <a target="_blank" href ="http://hemeroteca.mundodeportivo.com/preview/1977/01/10/pagina-16/1027741/pdf.html?search=olivos%20arroyo#&#038;mode=fullScreen">Ricardo Olivos</a> (1977), hemos de pasar a considerar que, a raíz del cambio en la regla del offside de 1866, el fútbol quedó subdividido en dos actividades yuxtapuestas. Una es la individual y artística, la ejecución de la jugada, que es arte. La otra es la metódica y colectiva, la de organizar el juego de compañeros, que es la que se puede estudiar y aprender. En lo que a Arrigo Sacchi se refiere, la jerarquía empieza por esta. Hasta el punto de que <a target="_blank" href ="https://as.com/futbol/2014/11/21/primera/1416536878_195660.html">él presume</a> de que en su Milan <i>«¡sólo había dos o tres jugadores capaces de regatear!»</i>. Un concepto que en cierto modo le sitúa en las antípodas de Pep Guardiola, pese a que ambos compartan la querencia por un fútbol de ataque y la herencia táctica de la escuela holandesa. A diferencia de Sacchi, Guardiola ha dicho: <i>«Yo quiero jugadores que driblen. Nada más, es la principal pregunta que hago. Quiero laterales que driblen y centrales y mediocentros e interiores y extremos que driblen. Porque lo de control y pase se puede aprender&#8230; Ahora bien, que driblen y se vayan, eso es clave»</i>. Es decir, que Guardiola antepone el pié (la técnica individual) a la cabeza. El comentario es justo el opuesto ideológico al que hizo Sacchi sobre Ibrahimovic, cuando el transalpino aseguró: <i>«Es más fácil mejorar el pie que la mente»</i>. Esta discrepancia parece sugerir que aunque Guardiola pueda considerar el caso particular de Ibrahimovic un no éxito, a diferencia de Sacchi él no consideraría que ficharlo supusiese un error ideológico o de concepto futbolístico. </p>
<p style="text-align: justify">Además el contexto en el que Guardiola pronunció la frase es absolutamente procedente para el caso que nos ocupa, dado que fue en respuesta a Juanma Lillo cuando este teorizaba sobre características a observar en un jugador al que queramos fichar. Lillo se centraba en aspectos del lenguaje gestual ante situaciones de presión. Guardiola en cambio optó por reducir cualquier otra consideración al dribbling cómo base óptima sobre la que edificar su juego. Es decir, cualquier versión de lo que Sacchi llama <i>«técnica de juego»</i>, <i>«técnica colectiva»</i> o <i>«técnica relativa al juego»</i> se subordina para Guardiola a la <i>«técnica individual o artística»</i> de Ricardo Olivos. Recientemente <a target="_blank" href ="http://www.marca.com/futbol/premier-league/2017/05/06/590de0d3e2704ec52f8b4585.html">Guardiola dijo</a>: <i>«La gran cualidad de los clubes realmente grandes tiene que ver con que cuando se acercan al área rival, los jugadores no pierden la pelota. (&#8230;) Los grandes equipos no pierden la pelota»</i>. Lo que significa qué <i> «los mejores jugadores son los que no pierden la pelota cerca del área rival»</i>. Y puso como ejemplo de este concepto a Silva, del que dijo: <i>«Me gusta ese tipo de jugadores en pequeños espacios. Él es un jugador vital»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/09/arrigo-sacchi-relacion-con-van-basten-historico-milan/">Sacchi</a> seguramente hubiese dicho que los interpretes son intercambiables, y que lo que realmente importa es la trama (cabeza), en cambio con Guardiola la unidad básica parece que sería el pie. Como sucedía con Valdano y Cappa este diagnóstico no es excluyente, no es una cosa o la otra, pero si que da a pensar que el concepto de partida es distinto, por más que luego sus equipos hayan podido encontrarse evolutivamente por el camino. Guardiola se formó en una metodología que es puro <i>«pie»</i>. <a target="_blank" href ="https://as.com/futbol/2004/08/28/mas_futbol/1093644008_850215.html">Cruyff</a>, por ejemplo, decía que actualmente <i>«triunfa el fútbol defensivo porque la técnica individual ha bajado»</i>. Es decir, no lo consideraba un subproducto de las tácticas o de la preparación atlética, como dice el discurso dominante. Así que para jugar al futbol ofensivo, el que a él le gustaba, se precisa de técnica individual. </p>
<blockquote><p>Topo López: ¿Qué opina del trabajo de formación que se hace en Argentina?<br />
Laureano Ruiz: No conozco bien el trabajo de cantera actual. Pero cuando en Europa predominaba el físico, en Argentina reinaba el balón, la técnica. Luego aquí se impuso la calidad y allá imperó la fuerza.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Irónicamente el caso de Messi sería paradigmático de todo esto, pese a que no haya otro como él. Cierta vez Guardiola les dijo <a target="_blank" href ="https://www.clarin.com/deportes/futbol-internacional/guardiola-plantel-bayern-alusion-messi_0_BkxpY4KwQx.html">a los jugadores del Bayern</a> que <i>«sólo hay un jugador en todo el mundo que no tiene que hacerme caso, Messi»</i>. Uno podría pensar que el motivo es que Guardiola considera que la capacidad de análisis del juego de Messi es superior a la suya, y que por tanto siempre mejorará a un nivel técnico sus propias consignas. Sin embargo, cuando le preguntaron a Messi en 2006 si trabajaba los regates durante la semana dijo: <i>«Nunca. Agarro la pelota y salen. Así, en un momento. No imagino los partidos ni pienso las jugadas. Sale lo que sale en el momento, cuando tengo la pelota»</i>. Alguien podría suponer que la actitud y la respuesta eran producto de su juventud e incultura táctica, pero en 2009 le preguntaron si pensaba en lo que iba a hacer en el césped y respondió otra vez: <i>«Nunca pienso en regates ni en lo que voy a hacer, ni practico nada. Hago lo mismo que en la calle, lo que me sale en el momento. Es inspiración: si tengo un problema lo resuelvo al momento, no hay nada predeterminado»</i>. Los periodistas aun le concederían otra oportunidad de retractarse, esta vez fue Orfeo Suárez en 2011, en un intento de darle sentido a su juego, pero Messi autodefinió su estilo como <i>«El juego de un niño»</i>, y dijo: <i>«Me dejo llevar por mi instinto. Ni planifico, ni imagino antes ninguna acción»</i>. Según <a target="_blank" href ="https://elpais.com/diario/2008/02/17/deportes/1203202813_850215.html">Di Stefano</a> si había un secreto para lo de Messi, pero este no estaba en la cabeza: <i>«Yo lo estoy estudiando ¿Qué cree? Lleva el balón así, cortito, tic, tic. El secreto es el toque cortito y la fuerza. Es potente. Es como Gento. Es más fuerte que Maradona»</i>. Es decir, balón pegado al pié y velocidad. Técnica en velocidad. </p>
<p style="text-align: justify">Si bien Messi es siempre una excepción y por ello difícil de emplear cuando se trata de explicar un concepto general, supone un buen ejemplo de que el planteo en cuanto a escalafones de un Sacchi versus un Cruyff/Guardiola es distinto, cuando no contrario. Por ejemplo, Ibrahimovic se quejaba de que Guardiola priorizó a Messi, su mayor talento, sin importarle un impacto negativo en jugadores como él. Existe por tanto una jerarquización del talento a la cual se subordina todo lo demás. Otro ejemplo sería <a target="_blank" href ="http://www.eumd.es/2016/09/repaso-temporada-romario-barca-johan-cruyff/">el caso del brasileño Romario</a>, 15 años atrás. Su talento era tal que el entonces técnico Cruyff no tuvo problema en supeditar a él a sus compañeros e incluso alterar la disposición del equipo. Lo cual contravendría la lógica sacchiana. Fuera ya de excepciones, incluso la unidad básica de juego conceptualmente heredada del mito del Fútbol Total, ese todocampista del que hablaba Sacchi (cabeza), no es igual que el de Cruyff (pie). Podemos especular que el concepto de base es distinto. Quizás esto se viese bien con la generación de la <a target="_blank" href ="https://www.sport.es/es/noticias/barca/que-fue-quinta-del-mini-mas-perica-5110043"><i>«Quinta del Mini»</i></a>. Los jugadores con los que Cruyff había ganado títulos, tuvieron que sufrir un periodo de adaptación a su enfoque. Un Goikoetxea, por ejemplo, podía pasar del ataque a la defensa, lo cual seguramente debía resultar chocante para él. En cambio para los miembros de la Quinta del Mini, que ya habían crecido dentro de ese paradigma, era lo normal, porque ellos eran promovidos en base a unas competencias técnicas generales que luego les permitirían interpretar las premisas de su entrenador más allá de posiciones fijas. A los Junyent, Velamazán o Celades luego les costaría encajar con entrenadores más convencionales, pero para Cruyff en cambio eran el perfecto mínimo común denominador de sus equipos. Si el holandés necesitaba un talento especifico (regate, gol) lo podía fichar, pero la base de sus equipos requería de un tipo de jugador polifuncional y con una técnica básica adecuada, que permitiese la adecuada circulación del circuito asociativo: un jugador <i>«pie»</i>. </p>
<p style="text-align: center;">···</p>
<p><a href="http://www.ecosdelbalon.com/2017/11/futbol-sustituyo-toros-ocio-entretenimiento-espana/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/espresso/05.jpg"  alt=""  align="left" /></a> <a href="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/archivo-articulos-espresso-historias-futbol/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/espresso/00.jpg"  alt=""  align="left" /></a></p>
<hr width="45%" align="center" size="1" color="#c9cac8">
<p style="text-align: center;">···</p>
]]></content:encoded>
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		<title>De tulipanes y gauchos</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jul 2014 01:59:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[n balón larguísimo, un control estratosférico seguido de un quiebro imposible y una definición quirúrgica. Para toda una generación de aficionados al fútbol, los Holanda-Argentina son esto. El golazo de Dennis Bergkampen aquellos cuartos de final de Francia 98, en un partido que estaba destinado a ser el que consagrase mundialmente a Ariel Ortega y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">U</span>n balón larguísimo, un control estratosférico seguido de un quiebro imposible y una definición quirúrgica. Para toda una generación de aficionados al fútbol, los Holanda-Argentina son esto. El <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=XsZkCFoqSBs">golazo de Dennis Bergkamp</a><span id="more-131639"></span>en aquellos cuartos de final de Francia 98, en un partido que estaba destinado a ser el que consagrase mundialmente a Ariel Ortega y que acabó como la prueba de la vuelta a la élite del tulipán que no quería volar.</p>
<p style="text-align: justify">Desde aquel día en Marsella, no ha vuelto a haber un enfrentamiento oficial entre holandeses y argentinos. Ni lo había habido en los anteriores veinte años. Sin embargo, fueron sus dos partidos en la década de los 70 los que marcaron esta rivalidad como algo a tener en cuenta. Efectivamente, ambos estuvieron ausentes del Mundial de Mexico. Los argentinos, una potencia, sorprendentemente eliminados por Perú. Los holandeses, cuyos clubes había llegado ya a <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=KSL46HeVu2w">dos finales de Copa de Europa</a> seguidas, seguían creciendo hasta lo que sería el fútbol de referencia a lo largo del decenio. La cosa cambió en el 74 y el 78, y ambas selecciones estuvieron presentes –y con presencia- en los campeonatos disputados en Alemania Federal y en la propia Argentina.</p>
<blockquote><p>Una rivalidad no tradicional que fue forjada en los años setenta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Holanda había cambiado mucho desde 1970. Se había convertido en la gran potencia del fútbol europeo, con su juego radical y moderno, encabezado por el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=1MSyqyTFKcE">Ajax de Amsterdam</a>. Llegaron al Mundial 74 con la etiqueta de aspirante y desde el inicio no defraudaron. El <i>«Fútbol Total»</i> <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=gaWHo6zFdJU">demolió a Uruguay</a> en el primer partido. No fue el resultado, un 2-0, sino la impresión de que ambos equipos jugaban fútbol de distintos siglos. Los suecos frenaron el ímpetu holandés con un empate sin goles pero, como si hubieran cogido impulso, los tulipanes <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=2nUo4V-boLM/">arrasaron</a> a Bulgaria para ganar el grupo y llegar a la segunda fase.</p>
<p style="text-align: justify">Por su parte, Argentina había sobrevivido a un grupo muy difícil, con la sorprendente y espectacular Polonia de Kazimierz Gorski como capo principal. La diferencia de goles dio el pase a los albicelestes ante una Italia envejecida y con un vestuario roto, que quizá dio su peor<span class="pullquote_right">Holanda no presentaba la mejor de las listas que podían realizarse</span> imagen en los Mundiales. Así pues, Argentina se iba al grupo de segunda fase con Brasil, la Alemania Oriental y los holandeses. Argentina no iba escasa de talento a pesar de ser considerado un equipo agresivo y tosco. Roberto Perfumo seguía siendo uno de los grandes defensores del globo, Quique Wolff era un jugador en alza, el duro Heredia y el veloz Ayala habían impresionado a Europa con el Atlético de Madrid. Y luego estaba <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=pp_exG1-S9U">René Houseman</a>, un pequeño genio de gambeta imposible que había conquistado Argentina con el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/huracan-campeon-1973-menotti-houseman-estetica-futbol/">Huracán de César Luis Menotti</a>. Holanda, por su parte, a pesar de notables bajas, ya fuesen por lesión –Barry Hulshoff, uno de los mejores centrales del mundo-, o por dudosas decisiones técnicas y de vestuario –el gran portero Jan van Beveren, el cañonero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=_HHhiwuW1Xk">Willy van der Kuijlen</a>, y los extremos Coen Moulijn y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/willi-lippens-rivalidad-holanda-alemania/">Willi Lippens</a>&#8211; estaban encandilando al mundo. La permanente movilidad de Cruyff, el despliegue de Neeskens, el descubrimiento de Rijsbergen, el fútbol cerebral de van Hanegem o la confirmación de Suurbier y Krol eran sus avales.</p>
<p style="text-align: justify">Y lo que ocurrió en aquella lluviosa <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/analisis-supercopa-2012-atletico-chelsea-falcao/">tarde-noche en el Parkstadion</a> de Gelsenkirchen fue una masacre. La muerte del fútbol <i>clásico</i>, que Holanda se encargaría de refrendar ante Brasil pocos días más tarde. Los holandeses no se cansaban de presionar, como una manada de lobos, tirando la línea del fuera de juego a una altura suicida, volando sobre los indefensos argentinos. Cruyff y Krol ya habían adelantado a los tulipanes antes de la media hora. En la segunda parte, cuando el cielo se abrió sobre el estadio, la tormenta no fue solo un espectacular fenómeno meteorológico. Los goles cayeron como martillazos estratégicamente asestados a la moral albiceleste. Rep en el 73 y Cruyff con el golpe de gracia en el 90, llegando de la nada, sobre un auténtico mar de agua y fusilando a un desesperado Carnevali.</p>
<p style="text-align: justify">Argentina estaba liquidada, y se fue a casa con un solo punto, mientras los holandeses caminaron con paso firme hasta que se toparon con <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Ua3qVuID6fc">un equipo tan bueno como ellos</a> y que tenía una despensa de talento todavía mayor. Los alemanes no renunciaron a nadie ese verano. Al menos a nadie que no pudiesen sustituir.</p>
<blockquote><p>El escenario había cambiado mucho cuatro años después.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">No poca polémica suscitó la celebración del Mundial de 1978 en tierras argentinas. El país vivía desde hacía dos años bajo el control de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=akz67SkzyrI">una Junta Militar</a> golpista que desconocía –como todas ellas- el significado de los Derechos Humanos. Pobreza camuflada, gasto desorbitado en infraestructuras, desapariciones diarias de personas… el panorama no parecía el ideal para celebrar un evento global. Pero la FIFA, siempre tan preocupada por estos asuntos, tiró para adelante y permitió que Videla y sus compinches siguieran adelante con esta abominación. Las reacciones no se hicieron esperar, y figuras como <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/04/historia-bayern-munich-breitner-rummenigge-matthaus/">Paul Breitner</a> –el activista comunista-maoísta amante del dinero, a la par que genio del fútbol mundial-, y Johan Cruyff renunciaron a jugar el campeonato. Otras muchas selecciones se vieron envueltas en situaciones dantescas, desde malísimos lugares de concentración, problemas de transporte e incluso incidentes con las Madres de la Plaza de Mayo –la visita que les hizo Jongbloed levantó ampollas entre los militares-.</p>
<p style="text-align: justify">Futbolísticamente, el torneo fue bastante mediocre. Terrenos de juego en malísimo estado, frío, decisiones arbitrales dudosas y un ambiente enrarecido que lo impregnaba todo. Los holandeses, que venían sufriendo problemas de vestuario durante los últimos cuatro años, no se quedaron atrás en Argentina tampoco. Habían perdido la semifinal de la Eurocopa dos años antes con una actitud vergonzosa, y en Sudamérica un complot contra Ernst Happel fue el pan de cada día durante la primera fase. Cuando <a target="_blank" href ="http://www.worldsoccer.com/blogs/jan-zwartkruis">Jan Zwartkruis</a> se hizo de facto con el poder del equipo –él los había llevado al Mundial-, la selección renació en la segunda fase, se tomó venganza <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Q9h12QD7ykI">eliminando a los alemanes</a> y alcanzó la final brillantemente. Neeskens, Rensenbrink y Rep, junto a Krol y Haan seguían liderando la manada de lobos. Hacía bastante que el segundo Johan había abandonado la sombra de Cruyff.</p>
<p style="text-align: justify">Argentina, por su parte, sufrió en un grupo de primera fase durísimo. Italia, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=lGQ2W0MEdDE">Francia</a> y Hungría eran sus compañeros de viaje y, aún jugando decentemente, es probable que los argentinos no hubiesen pasado ese grupo en un Mundial disputado en cualquier<span class="pullquote_left">El famoso y discutido 6-0 a Perú eliminó a Brasil</span> otro país. La <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=41GCmqDEnPI">derrota ante una Italia</a> que jugaba de maravilla los hizo pasar segundo de grupo y, por lo tanto, los hizo abandonar Buenos Aires. Era algo que no entraba en el guión. En Rosario, Argentina dio <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=JEOqm6BfJ98">buena cuenta</a> de Polonia, donde la falta de goles de Mario Alberto Kempes, la gran figura albiceleste, llegó a su fin. Un lamentable empate a cero contra Brasil, donde el miedo y la violencia de ambos conjuntos se hizo patente, dejó todo por resolver en la última jornada. Obviamente, los brasileños tuvieron que jugar antes contra los polacos, y así Argentina podía saber qué margen de victoria necesitaba ante una selección peruana que estaba dejando una buena imagen en el torneo. El gol de Nelinho de falta y el doblete de Roberto Dinamite obligaban a Argentina a ganar por 4-0 o más. Parecía una empresa casi imposible, pero tras unos inicios titubeantes donde Perú hasta tiró un balón al poste, los albicelestes empezaron a marcar todo lo que tiraban a puerta. El <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=x74qjazOp-I">6-0 final</a> levantó no pocas sospechas en aquel momento –y aún más a posteriori-, pero el caso es que los hombres de Menotti volvían a Buenos Aires para disputar la gran final.</p>
<blockquote><p>El Monumental de River vivió una explosión patriótica ante la perspectiva del título mundial.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Holanda se encontraba <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IDQSnt-6e1k">de nuevo en la final</a> y, una vez más, tenía que enfrentarse a la peor perspectiva: la de tumbar al equipo anfitrión. Y en esta ocasión, además, era un equipo anfitrión que jugaba con <i>«25 millones de jugadores»</i> y que DEBÍA ganar tanto como Italia en la preguerra. Jongbloed, Poortvliet, Krol, Brandts, Jansen, Neeskens, Haan, Willy van der Kerkhof, René van der Kerkhof, Rensenbrink y Rep se aprestaron a hacer la gran machada. Con Videla en el palco y los jugadores <i>«mirando a la grada, que era donde estaba el pueblo»</i>, como les había dicho Menotti, Argentina salió con un once que todo buen aficionado argentino recita de memoria: Fillol, Galván, Olguin, Passarella, Tarantini, Gallego, Bertoni, Ardiles, Ortiz, Kempes y Luque.  El del Valencia era la gran figura del conjunto y se había destapado en el grupo de la segunda fase. Ardiles era el director de orquesta, Bertoni un ida y vuelta constante, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=h-jkSNlhiJA">Passarella</a> el líder absoluto del conjunto y el guardaespaldas del mejor guardameta del Mundial, el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=607Fl8vf71Y">Pato Fillol</a>.</p>
<p style="text-align: justify">En un césped alto, mal cuidado y cubierto por los famosos papelitos de la hinchada argentina, ambos equipos se midieron <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=298RObH1YRc">de tú a tú</a>, con ciertas dosis de violencia desmedida gracias a la lamentable actuación de un Sergio Gonella terriblemente parcial. Poco antes del descanso Kempes abrió el marcador y el estadio se vino abajo. Argentina controló como pudo el partido en la segunda mitad y cuando ya saboreaban el título, un cabezazo del suplente Dick Nanninga batió a Fillol y empató el partido. El Pato estaba haciendo un partido soberbio, con intervenciones de tremendo mérito, pero el medido centro de René van der Kerkhof fue medio gol para el espigado delantero del Roda Kerkrade. La cosa pudo ser aún peor, ya que en el último minuto, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=N1lIy6dzEwg">Rensenbrink</a> estrelló una oportunidad clarísima en el poste de Fillol. El Mundial de Holanda estaba ahí. No quedaba tiempo de reacción para Argentina.</p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, como luego comentarían los propios Kempes, Passarella o Gallego, ninguno de los argentinos se dio cuenta de lo cerca que estuvieron de perder. Sólo pensaban en la prórroga, en sacar fuerzas y ganar. Ya con Houseman en el campo, Argentina fue mejor en el tiempo suplementario. Ahí llegaron primero el gol del incansable Bertoni y luego el definitivo de Mario Alberto Kempes, que se proclamaba máximo goleador del certamen y hacía que <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=KJbOEA-hI9s">el Gordo Muñoz</a>, el mejor locutor de la Argentina, y 25 millones de compatriotas se volviesen locos y saliesen a la calle a celebrar sinceramente algo por primera vez en años.  </p>
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		<title>El loco y el globo</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Dec 2013 03:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[abían escuchado muy poco acerca de él. Apenas, que tenía un apellido de sonido alemán, inglés o quizá eslovaco, que había marcado 16 goles en la C con Defensores de Belgrano, que los había convertido con 19 años, que era puntero derecho y que el Flaco lo había pedido a la dirigencia como regalo navideño [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">H</span>abían escuchado muy poco acerca de él. Apenas, que tenía un apellido de sonido alemán, inglés o quizá eslovaco, que había marcado 16 goles en la C con Defensores de Belgrano, que los había<span id="more-99141"></span> convertido con 19 años, que era puntero derecho y que el <i>Flaco</i> lo había pedido a la dirigencia como regalo navideño en ese comienzo de 1973. Decía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/labor-menotti-a-cargo-seleccion-argentina-exclusion-maradona/">el <i>Flaco</i></a> que con ese chico el equipo se redondeaba. De pronto, se abrió la puerta de la caseta de Huracán y apareció. Y lo vieron entrar: huesudo, con los ojos vivos, juguetones y saliéndose para afuera, el pelo arremolinado, la piel parda, desgastada de la calle, y un aspecto desordenado. ¿Y el <i>Flaco</i> lo había pedido? ¿A ése? El <i>Flaco</i> se había metido media primavera austral persiguiéndolo por las canchas porteñas, donde exhibía un juego pícaro, descarado, irreverente y tempestuoso. A <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=RHcrbVlkSVg">René Orlando Houseman</a> le abrieron la puerta de la caseta por primera vez ese día. Cuando se la abrieron siete años después para despedirle, la cruzó como una leyenda de Huracán, como la mejor expresión individual del juego rebelde que expuso ese equipo, como el extremo derecho más divertido y espectacular de la historia del fútbol argentino, como un mito de la calle y como un alma melancólica para la que el fútbol solo tenía un significado: la felicidad. </p>
<blockquote><p>René Orlando Houseman se convirtió en leyenda del fútbol argentino con un brillante CA Huracán campeón en el 73.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Houseman fue la guinda de ese Huracán del 73, un equipo que fue <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=j_-G4toov9o">campeón del torneo Metropolitano</a> con un vendaval de juego ofensivo, goleador, emocionante, fluido, solidario, libertario y armonioso, y que se ha sacado boleto en la historia del fútbol no por sus largos triunfos, que no los tuvo, ni por un dominio extenso y tiránico, que tampoco, sino porque fue un canto romántico en medio de un periodo en el que Argentina necesitaba<span class="pullquote_right">Aquel Huracán no fue un equipo tiránico, pero fue clave en la historia del fútbol argentino</span> exactamente eso: una señal. Sin embargo, había mucho más que Houseman en aquel Huracán. A René en su primer día en el barrio de Parque Patricios, entre Boedo y La Boca, le dieron la bienvenida los demás futbolistas que conformaron el coro del <i>Flaco</i>, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=19Zo0DG9oYU">César Luis Menotti</a>. Estaba el portero, Roganti, eficaz y templado. El lateral derecho le correspondía a Nelson <i>«Buche»</i> Chabay, bueno por arriba y con nervio. El <i>Buche</i> había fichado también esos días desde Racing Club, igual que recién llegado era, pero de Rosario Central, el lateral izquierdo, Jorge <i>«el Lobo»</i> Carrascosa, elegante y con buen pie.  De centrales titulares cabe hablar algo más despacio. A Buglione le tenían por el duro en la marca. Típico central de aquella época en Argentina: cumplidor, pegajoso y disciplinado. Pierna o pelota. El otro era el de calidad. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=9N8POkVWCUk">Alfio <i>«Coco»</i></a> Basile operaba de líder de la línea. Mandaba en el campo y afuera. Ya era veterano, había lanzado su carrera en Racing Club. La rodilla ya le apretaba de dolor. Defendía sereno, con anticipación y quite. Y cuidaba de todos. Su voz cavernosa avisaba de un entrenador. Para sus compañeros era una vitamina esencial: se atendían sus consejos y órdenes, funcionaba como un seguro confidente y  velaba por la salud del grupo, organizando asados o discutiendo las primas. Por eso lo llamaron el <i>Manija</i>. </p>
<p style="text-align: justify">El centro del campo, de tres hombres, guardaba la fórmula mágica de aquel equipo. Francisco Russo era el guardaespaldas: corte y confección. Todo sencillo y con cobertura a todo riesgo. Siempre estaba en el sitio, corriendo y llegando. Por eso lo llamaron <i>Fatiga</i>. Los volantes decodificaban el juego ideado por Menotti. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=KdCQclXFsG8">Brindisi era el derecho</a>. Uno de los más grandes de la historia del fútbol argentino también. Era creativo, habilidoso, con pisada al área y gol, un despliegue oceánico y profundidad. Le acompañaba el volante izquierdo, el único zurdo del equipo, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Feu2WH8gAOY">el <i>«Inglés»</i> Babington</a>, más talentoso, elegante, fino, contenido en lo posicional y con una precisión sobresaliente en los pases cortos, medios y largos. Arriba, por la izquierda, arrancaba Omar Larrosa, un falso extremo con muchos litros de sudor, inteligencia táctica y puntualidad en el gol. Por el centro, Roque Avellay era el delantero, aunque marcaba menos que Larrosa o Brindisi. Y en el <i>wing</i> derecho estaba Houseman, a quien todos conocieron ese mismo día, antes de cambiarse para el primer entrenamiento. En esa práctica, Houseman tiró quiebros y caños a todos. Y esto relata el articulista Elías Perugino en <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2013/10/12/C-4946-disparador-el-equipo-del-quijote.php">El Gráfico del pasado octubre</a>, cuando se cumplieron 40 años del título de Huracán en 1973, que dijeron sus nuevos compañeros después: <i>“¿Cómo puede ser que a este no lo haya visto nadie antes?”</i> Y Perugino recuerda la sentencia de Babington: <i>“Llegó René y explotó todo”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">La mecha venía encendida. Cuando Houseman se subió al <i>Globo</i>, Huracán ya había firmado un tercer puesto en el Metropolitano del 72 con Brindisi (21) y Avallay (17) como  máximos artilleros del torneo. Menotti había llegado un año antes. Había cogido al equipo en la jornada 11 de la campaña del 71. Tenía 34 años y su experiencia<span class="pullquote_left">El club había pasado de las manos de Zubeldia a las del &#8216;Flaco&#8217; Menotti en cuestión de días</span> en los banquillos no pasaba de haber sido ayudante y tutelado en Newell’s Old Boys de Miguel <i>«Gitano»</i> Juárez. Luis Seijo, el presidente de Huracán, había despedido a Osvaldo Zubeldia, el gran entrenador argentino de la década anterior con el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">multicampeón Estudiantes de La Plata</a>. Seijo era un dirigente particular, ambicioso, y que apuntaba todo lo alto que los sueños y el dinero le permitían. Lo de Zubeldía había salido mal, diez partidos duró, y viajó a Rosario a por Menotti. Este tipo de decisiones dice mucho de Seijo, pero más dice aún sobre la coherencia con la que las tomaba. Menotti era a Zubeldia lo que el día a la noche. O a la inversa. Pero el disparo al aire salió bien. Hasta entonces, Huracán apenas había dicho nada en el profesionalismo argentino. Había gozado de cierto éxito en la era amateur, con buenos futbolistas, como <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=GmGll8w7bJg">Guillermo Stabile</a> (primer pichichi de una Copa del Mundo) y algunos títulos en los años 20, algo después de la fundación, cuando lo bautizaron en honor a <i>‘Huracán’</i>, el célebre globo aerostático con el que el aviador y aventurero Jorge Newbery emprendió varias de sus travesías y epopeyas. El club le cogió el nombre y también el apodo: <i>el Globo</i> o <i>el Globito</i>. También los llaman los <i>Quemeros</i>, una herencia de la época en la que en Parque Patricios se alojaba uno de los mayores vertederos de basura de Buenos Aires. </p>
<p style="text-align: justify">Menotti fue armando el equipo en las campañas del 71 y del 72, en permanente evolución, explorando, probando y desmarcándose cada vez más del discurso imperante en Argentina. Al <i>Flaco</i> se le han discutidos <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/labor-menotti-a-cargo-seleccion-argentina-exclusion-maradona/">muchas cosas</a> en su carrera y no hablaremos aquí de ellas. Es un personaje controvertido y tan singular que necesita su enciclopedia. Más allá de filias y adhesiones, de cuáles, cuántos y cómo fueron sus éxitos, Menotti siempre ha contado con dos ojos privilegiados para detectar el buen fútbol y sobre todo el talento. Quizá lo entrenara peor o mejor, pero su intuición para encontrarlo es indudable. Ahí está Houseman y todos sus compañeros del equipo: excepto Brindisi y Babington, que eran del barrio y de la casa, a todos los demás los fue reclutando por Argentina para que se sumaran a su idea. Huracán fue creciendo hasta que rompió el cascarón con el título del 73. Pero no fue esa copa la que le dio eternidad, sino cómo la ganó y en qué contexto.</p>
<blockquote><p>Tan importante como el triunfo fue el significado con el que se acogió en el fútbol argentino.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Estamos en la Argentina futbolística a la que tanto se opuso Dante Panzeri. La Argentina del Estudiantes de Zubeldia, del Racing de Juan José Pizzutti, de la selección de Juan Carlos Lorenzo, de futbolistas soldado como Rattin o Bilardo… Aquellos equipos y jugadores fueron la reacción alérgica a <i>La Nuestra</i>, la ideología de juego predominante en Argentina hasta que en la Copa del Mundo<span class="pullquote_right">Argentina vivía un periodo con un acento en lo táctico y, sobre todo, en lo práctico</span> de Suecia 1968 la albiceleste encajó <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=gXVvUUEfJoo">un 6-1 de Checoslovaquia</a>. Aquella derrota despertó las pasiones revisionistas dentro del fútbol argentino y se giró en sentido contrario a <i>La Nuestra</i>, la filosofía de juego criollo que había nacido en las páginas de la revista <i>El Gráfico</i> como contraposición al estilo inglés que se jugaba en varios clubes argentinos del primer cuarto de siglo pasado, un fútbol rígido, académico y previsible.  ¡<i>La Nuestra</i> fue la bandera de los mejores equipos argentinos de la época, como <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/08/filogenesis-blanca-vii/">La Máquina de River en los 40</a> o la selección de los Carasucias en los 50, y defendía el juego como una manifestación artística: la picardía, la gambeta, la imaginación individual, la libertad, la cultura callejera y del potrero… La debacle de Suecia arrasó ese modo de entender el juego y Argentina abrió paso a un periodo de fútbol regresivo, con acento en lo táctico, en lo práctico, en la mecánica colectiva, en los atajos hacia el resultado, el cinismo, la intimidación, la provocación… Los valores de disciplina, orden y sacrificio que impuso la dictadura militar durante los años 60 también influyeron en esa reinterpretación del juego. Los clubes se hicieron menos ricos al terminar de recibir los subsidios del peronismo. Y los mejores futbolistas se fueron a Europa, casi todos a Italia, como Maschio, Sívori o Angelillo. Pasó a jugarse más lento, se reforzó la defensa con un cuarto hombre y la cultura de <i>La Nuestra</i> acabó diluyéndose.</p>
<p style="text-align: justify">A la larga, los resultados se resintieron. Argentina no fue a la Copa del Mundo del 70 y aquello fue visto como un punto crítico. Pensadores del fútbol del país, como el periodista Dante Panzeri reclamaron una batalla al <i>antifútbol</i> desde dentro de las estructuras del fútbol argentino. Y así<span class="pullquote_left">El Huracán de Menotti fue un equipo que conectó muy rápido con el futbolero argentino</span> apareció Menotti, rebelado contra esa mentalidad decadente y considerada contranatural. El <i>Flaco</i> le puso el rostro al intento por devolverle al juego argentino las esencias de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/analisis-crisis-futbol-argentino/"><i>La Nuestra</i></a>: lo impensado, lo ofensivo, lo atractivo, lo emocionante, lo estético, lo artístico… Huracán fue esa primera tabla de ensayo, aunque en los años 60 algunos equipos como San Lorenzo, el rival histórico del <i>Globito</i>, había formulado apuestas similares. Así que el Huracán coronado en 1973 no fue solo la manifestación de un estilo diferente y reformista, de un grito en el cielo, sino que significó algo más: una actitud contrarrevolucionaria, casi intelectual, lo que Menotti proclamó como <i>“una bandera ideológica”</i>. <i>“Nuestro juego estaba en sintonía con el gusto popular de los argentinos”</i>, dijo también Babington. Y es cierto, el fútbol nacional no solo se había recogido sobre sí mismo y se había encapsulado, sino que se había alejado del paladar lujosamente educado durante tantos años en el público. Por eso, a Huracán lo aplaudían en su estadio y en los demás, como en la cancha de Rosario Central después de meterle un 0-5. Las otras aficiones se identificaron rápido con <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=j_-G4toov9o">ese equipo divertido</a>, travieso y apasionante. Era la fórmula tantas veces repetidas por Menotti: la capacidad de emocionar a través del juego. </p>
<p style="text-align: justify">Ese Huracán recuperó, con fuerza y sentido, el camino perdido. Tuvo ese aroma de ángel salvador. ¿En qué vigas se apoyaba su fútbol? Menotti potenció el 4-3-3 de sello holandés, con Russo de clásico 5, Brindisi de 8 y Babington de 10. Aunque en el desarrollo del juego Brindisi era más 10, más cercano al área, más habilidoso, que Babington, más 8 por la izquierda, más retrasado y volanteador. Abierto a la derecha, cerca de la cal, de 7, estaba Houseman. De 11, aunque no como <i>wing</i> puro, sino más diagonal quedaba Larrosa, apoyo cercano en el sector de Babington, por quien solía salir el juego. Y el 9 era clásico punta, Avallay, más bregador que rematador. Algunos de los fundamentos principales que convirtieron ese equipo en algo diferente fueron sobre todo la marca zonal, el achique de espacios y la presión alta. De Huracán se recuerda su <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=4KPmDdA7cmw">dimensión estética con la pelota</a> o su inteligencia coral, pero impuso, desde luego, algunas novedades históricas en el plano táctico. Luego, venía la letra gorda: velocidad de toque, pases cortos, cambios de ritmo, escrupulosa circulación, futbolistas muy juntos, apoyos constantes para avanzar el juego y lo más genuino, la libertad creativa, la imprevisibilidad, la inspiración, las cadenas sueltas para el talento de cada uno. La catequesis de Panzeri. <i>“Orden y aventura”</i>, lo resumía Menotti. </p>
<blockquote><p>El Loco, un apodo preciso y certero para definir la forma de sentir el juego de Houseman.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Houseman era la mejor expresión de esto. El <i>Loco</i> jugaba como era. Y Huracán jugaba en cierto modo como jugaba y era el <i>Loco</i>. Siempre fue un espíritu libre y rebelde, indisciplinado y opuesto a los regímenes de mando de los entrenadores. Houseman no jugaba al fútbol para vivir, sino que vivía para jugar al fútbol. El profesionalismo y todo lo que exigía y lo rodeaba le resbalaba por la piel. Buscaba, básicamente, la alegría y la delicia. Por eso su juego desde el extremo derecho coleccionaba gambetas, fintas, paradas y arrancadas, quiebros, pisadas y túneles. Nadie ha tirado los caños jamás en el fútbol como Houseman. <a target="_blank" href ="http://www.teaydeportea.edu.ar/houseman-a-pele-lo-enfrente-y-le-hice-un-cano/"><i>“Pelé no fue tanto: yo lo enfrenté y le hice un caño”</i></a>, ha recordado alguna vez. A René habían comenzado a llamarle sus compañeros <i>Hueso</i> por la flaqueza de sus piernas. Se lo puso Russo. Pero no tardaron en rebautizarlo como <i>Loco</i> por ese juego irreflexivo, instintivo, extravagante y espontáneo. Al extremo derecho que le discute a Houseman los poderes de la posición en la historia del fútbol argentino, Orestes Omar Corbatta, también le habían puesto <i>Loco</i>.</p>
<p style="text-align: justify">La genialidad de Houseman se había alimentado de las villas, las barriadas de chabolas de Buenos Aires. El <i>Loco</i> creció así, entre miseria, suciedad, despreocupaciones… Siempre dice que su profesión favorita era la vaguería. Era y es un villero. Una anécdota que cuenta Ángel Cappa en uno de sus libros lo define bien. Huracán estaba concentrado<span class="pullquote_right">Houseman sentía placer por el fútbol de barrio</span> en su hotel, pero faltaba René. La gente se espantó porque faltaba poco para el partido. Pero no era la primera vez que se escapaba por las ventanas. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/labor-menotti-a-cargo-seleccion-argentina-exclusion-maradona/">Menotti, el entrenador</a>, calmó a todo el mundo porque sabía adónde estaba. El <i>Flaco</i> y su ayudante Poncini subieron desde Parque Patricios al Bajo Belgrano, en la otra punta de Buenos Aires, y donde el <i>Loco</i>, pese a los consejos para que se mudara cerca de Huracán a una residencia mejor, había crecido y seguía viviendo. Llegaron y vieron que se había organizado un picado, un partidillo barrial, pero el <i>Flaco</i> no reconoció al <i>Loco</i>. Pensó que al menos esta vez se había equivocado él. Pero no. Allí estaba. Sentado en el banquillo, esperando, olvidado de Huracán. Menotti se acercó a Houseman y le regañó. Y el <i>Loco</i>, más loco que nunca, pensando que el <i>Flaco</i> le amonestaba por ser suplente, lanzó: <i>“¡Viste cómo juega el 11!”</i>. Aquellos partidos callejeros, con los <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/labor-menotti-a-cargo-seleccion-argentina-exclusion-maradona/">amigos del barrio</a> y en los que se ponían varios pesos en juego, como siempre se había hecho, eran los partidos que de verdad le daban placer a Houseman. Ese era su modo de sentir suyo el fútbol, como un villero. Y por eso jugaba en los campos como en los potreros: sin ataduras, con la libertad del perro callejero. </p>
<p style="text-align: justify">Aquel Huracán quizá no hubiera florecido igual sobre otra tierra. En la identidad de ese equipo estaba también almacenada la genética de Parque Patricios, un barrio de tradición tanguera, muy frecuentado por Gardel en sus orígenes y donde pasó su adolescencia Santos Discépolo, un barrio de vida bohemia, rebeldes, poetas y poesías… Durante el histórico Metropolitano del 73, las clases bajas<span class="pullquote_left">Aquel Huracán del 73, la más fiel representación del sueño que tenía Cesar Luis Menotti</span> de Parque Patricios se montaron en el <i>Globo</i> de sus sueños. El Palacio, el estadio Tomás Adolfo Ducó, acunó a un equipo que en los cinco primeros partidos del campeonato marcó 21 goles. Su potencial ofensivo durante la primera vuelta fue asombroso: marcó 46 en 16 jornadas, recibiendo 20 y solo perdiendo 2 encuentros. Los festines guiaban la agenda: 6-1 a Argentinos, 5-2 a Atlanta, 5-0 a Racing, 0-5 a Rosario Central, 5-2 a Ferro… En la segunda vuelta, bajó el pistón. Convirtió menos –sólo 16 goles-, pero apenas encajó: únicamente 10. Huracán tenía coartada; durante más de un mes, entre septiembre y octubre, su juego se resintió porque perdió a los internacionales que debían disputar el torneo eliminatorio para la Copa del Mundo del 74 y entonces el fútbol nacional no frenaba. Menotti no contó con Brindisi, Avallay y Babington y el fondo de armario no tenía el destello de los once fijos. Aun así, resumiendo: 46 puntos, sólo cinco derrotas, 62 goles anotados y 30 encajados. Todo un campeón del Metropolitano. Argentina celebró esa conquista por la forma y por el fondo. El Gráfico tituló: <i>“El campeón al que todos debemos aplaudir”</i>. Y una nota del <a target="_blank" href ="http://www.telam.com.ar/notas/201307/25385-10-cuentos-del-negro-fontanarrosa-para-escuchar.html">Negro Fontanarrosa</a> describió el alcance de ese juego heroico: <i>“Nos alegra el triunfo de Huracán por la manera que lo consiguió y por el ejemplo que deja. Que es volver, un poco, a una verdad más antigua que los 45 años que debió esperar (Huracán para campeonar): jugar con alegría”</i>. <i>La Nuestra</i> estaba de vuelta.  Aquel equipo constituye la obra mejor acabada por Menotti. Fue la primera y última vez que consiguió que un colectivo plasmara con tanta exactitud y fidelidad todos sus postulados. El lirismo de Menotti, toda su literatura, no volvió a cuajar tanto y tan bien en ningún equipo, ni siquiera en la Argentina que ganó el Mundial del 78. Si alguien quiere descubrir al Menotti romántico, poético, al Menotti de verdad, hecho fútbol debe acudir a ese Huracán.</p>
<blockquote><p>Tras la marcha de Menotti, Huracán no volvió a ganar nada más pese a sus buenos futbolistas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Apenas un año después, tras <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/ghana-cruyff-beckenbauer-cronologia/">el Mundial de 1974</a>, a Menotti le dieron la selección. Huracán no volvió a ganar nada más, ni alcanzó las notas sublimes de ese año 73. Aun así, se mantuvo un tiempo arriba, mientras incorporaba, además, futbolistas como Osvaldo Ardiles o Héctor Baley. Fue semifinalista de la Copa Libertadores 74 y subcampeón de los Metropolitano 75 y 76. Aunque ese Huracán del 73 queda como un rugido solitario, su legado se extendió en forma de internacionales argentinos: Carrascosa, Brindisi –mejor futbolista sudamericano de 1973, por delante de Pelé-, Babington y Houseman en el Mundial 74. Y Ardiles, Baley, Houseman y Larrosa (ya jugador de Independiente) en el triunfal Mundial 78. Esa Copa, en casa, en Argentina, fue la meta de la carrera iniciada por Menotti siete años antes en Parque Patricios. Otro juego fue posible de nuevo y gozó del mayor reconocimiento al que se aspira: la Copa del Mundo. Y quedó el <i>Loco</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Huracán convirtió a Houseman en un personaje de leyenda. Su vida más allá del fútbol jugaba tanto o más. Se agarró a la botella, absorbía garrafas de café, fumaba <a target="_blank" href ="http://2.bp.blogspot.com/_pWSS_g2uXbc/TKMw64QjL5I/AAAAAAAAC_c/x-8I7p00Wm4/s1600/Gitanes.jpg">Gitanes, unas bombas cilíndricas</a> de alquitrán, y nunca se separó de la vida callejera. Le salieron canciones en las gradas: <i>“Olé, olé, olé, ¿cómo lo paran a René?”</i>. Afloraron las fábulas sobre sus adiciones, la bebida, las fiestas y las borracheras. Ésta refleja lo más genuino del <i>Loco</i> y la narra él mismo, ya sanado del alcoholismo: <i>“Una tarde me presenté en el estadio para jugar el partido directo desde un cumpleaños de la noche anterior, con, por supuesto, un estado de ebriedad total. Cuentan que me hicieron duchar como una decena de veces… y tomar varios litros de café. Jugábamos de local <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/01/river-plate-boca-juniors/">contra River</a>. Entre lo que más o menos recuerdo y lo que me contaron… Cero a cero el partido, cuarenta y un minutos del segundo tiempo: parece que fui a buscar una pelota, proveniente de un pase de Russo… avanzando en diagonal de derecha a izquierda eludí a uno (a Héctor Osvaldo López), la tiré larga entre los dos defensores centrales (uno era Perfumo y el otro Ártico), y cuando desde el arco me salió Fillol, en el mano a mano, amagué, lo eludí y la crucé suavemente con la pierna derecha. Modestamente, un golazo. Luego dicen que quedé tirado en el piso riéndome. Tras eso me hice el lesionado, pedí el cambio y me fui directo a dormir a mi casa. Comentan que la gente (ignorando incluso mi situación de ese momento) me despidió con su tradicional: “Y chupe, chupe, chupe… / No deje de chupar… / El <i>Loco</i> es lo más grande / del fútbol nacional”… ¡Hice un gol borracho!”</i>.</p>
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		<title>El hombre y el olvido</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Dec 2013 02:55:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo José Ustaritz]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">E</span>n algún lugar está ahora mismo César Luis Menotti, treinta y nueve años, afiliado del partido comunista, campeón del mundo, abrazado con un miembro de la junta militar. La imagen es totalmente casual. Argentina entera está de fiesta<span id="more-99162"></span> y la gente ha dejado de ser gente para unirse en una impersonal celebración en la que nadie es militar, peronista, comunista, rico, pobre, enfermo, sano, joven o viejo. Veinte años antes, el país asumía lúgubre la <a target="_blank" href ="http://humanismoygoles.wordpress.com/2013/10/07/la-perdida-de-la-inocencia/">humillante derrota</a> del combinado que fue a jugar el Mundial de Suecia. Diez años antes, Menotti, el hombre que abrazó el testigo de una identidad que el fútbol argentino había perdido en Escandinavia, observaba extasiado <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/analisis-supercopa-2012-atletico-chelsea-falcao/">el fútbol de Pelé</a>. Treinta años después, la selección argentina sigue olvidando todo.</p>
<p style="text-align: justify">El Monumental abarrotado enardecía con la exhibición atlética que veía. Holandeses y argentinos corrían sin parar por el césped del Vespucio Liberti. En las gradas está la naciente hinchada de la selección argentina y no la de River, que está acostumbrada a ver las bellas jugadas del equipo de Labruna y Alonso, símiles a las que en el 73&#8242; conjuraban <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/12/huracan-campeon-1973-menotti-houseman-gran-delantera">Russo, Brindisi, Babington y Houseman</a>. El nuevo equipo de Menotti triunfa en la copa del mundo, pero no enamora a nadie. César había prometido conectar el juego argentino con su esencia fundacional, vista por última vez con la camiseta albiceleste enfundada en el Sudamericano de Lima 1957, mas la selección es la viva imagen del Kempes extraordinario: todo potencia y embestida.</p>
<blockquote><p>Argentina no estaba siendo lo que se esperaba de ella con la llegada de Menotti.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">¿Dónde están Bochini y Alonso, Maradona y Houseman? ¿Dónde están Sívori, Maschio, Angelillo, Cruz y Corbatta? Cuarenta años después del Huracán que desafió tres lustros de dudas argentinas, el fútbol del río de La Plata sigue buscando lo que <a target="_blank" href ="http://mundod.lavoz.com.ar/futbol/cesar-luis-menotti-el-futbol-y-la-teoria-de-las-ideas">Menotti</a> iba a recuperar y no trajo de vuelta. Aunque esté grabada a fuego en cada uno de sus hombres de corto, <i>La Nuestra</i> sigue siendo una pesadísima carga para el fútbol de la Argentina, un <a target="_blank" href ="http://www.efdeportes.com/efd121/copa-del-mundo-1978-la-construccion-mediatica-de-un-estilo.htm">enigma sin resolver</a> que lastra todos los procesos futbolísticos que el país intenta.</p>
<p style="text-align: justify">¿Fue traición lo de Menotti? En absoluto. El rosarino prometió devolverle el alma al combinado albiceleste. Al hacerlo, Menotti no se comprometía a que su conjunto jugara tal y como<span class="pullquote_right">Argentina ya no podía ser la de Omar Sívori</span> <a target="_blank" href ="http://labfutbol.blogspot.com/2007/09/argentina-campen-del-sudamericano-57-el.html">los <i>carasucias</i></a>, si acaso eso fuese posible cuando el fútbol planteaba problemas distintos en el 78&#8242;, sino que pactaba que la selección argentina recuperaría la memoria. El alma de un equipo de fútbol está compuesta por recuerdos y estos no son otra cosa sino remembranzas de actos que han definido la existencia del equipo como ser en sí. Argentina ya no podía ser la de las pisadas del &#8216;Cabezón&#8217; de Sívori porque desde Suecia <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">hasta <i>The Animals</i></a>, campeones del mundo en Old Trafford, el fútbol argentino había acumulado recuerdos nuevos que habían cambiado el significado de su juego. </p>
<p style="text-align: justify">El equipo de Menotti practicó el fútbol que tenían dentro los jugadores más preparados para ganar en aquel momento. Improvisaron y eso, la adaptación astuta y creativa a las dificultades cotidianas, es parte de la idiosincrasia del argentino. Se trató de algo que ninguna selección gaucha tuvo en los mundiales anteriores, y de lo que en realidad revivió César en su periplo por la albiceleste. El objetivo nunca fue que en el mediocampo se juntaran <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/05/ricardo-bochini-el-embrujo-copa-libertadores/">Bochini</a> con Alonso, y que en la banda René Houseman desatara su vesánica gambeta, quizás <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/11/el-diego/">con Diego Armando</a> en la otra orilla. La misión de Menotti era lograr que el pueblo volviera a sentirse representado por su selección.</p>
<p style="text-align: justify">¿Era tarea de Menotti luchar contra el aún hoy evidente olvido existencial del fútbol argentino? La mejor respuesta posible es no y si en algún momento Menotti pensó lo contrario fue un acto irresponsable. Si Argentina<span class="pullquote_left">Es normal que en el 78 no se viera «La Nuestra»</span> sigue empecinada en olvidarse a sí misma es porque, quizás, el recuerdo es tan borroso que se ha vuelto más fantástico que mitológico. En ese caso es normal que el argentino de 1978 no recordara <i>La Nuestra</i> de la forma en la que Panzeri, Lucero y Ardizzone añoraban puesto que aquello, como tal, ya no representaba nada para las nuevas generaciones. En todo caso, lo que sí pudo y debió influenciar el entrenador rosarino, al igual que Bilardo, Basile, Passarella, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/06/marcelo-bielsa-abandona-athletic-club-bilbao/">Bielsa</a> y Pekermán, fue la redefinición de lo argentino en el fútbol. </p>
<blockquote><p>Menotti creía que su centro del campo debía modernizarse tácticamente para competir.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lo intentó, no cabe duda. Para ello apartó a todos aquellos que jugaban por fuera del país, salvo a Kempes, a quién consideraba el mejor jugador argentino, y promulgó un discurso en que las palabras <i>«identidad»</i>, <i>«valores»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/analisis-crisis-futbol-argentino/"><i>«argentinidad»</i></a> y similares predominaban. Conociendo lo orgulloso de sus compatriotas, en ningún momento Menotti fue explícito en su deseo de solidificar un nuevo fútbol, pero, combinado con toda su disertación sobre <i>La Nuestra</i>, sí fue muy enfático con la necesidad de modernizar tácticamente el medio para poder ser competitivos. Bajo esa modernización estaba disfrazada la unión de lo producido en Argentina tras el mundial del 58&#8242; con la noción clásica del fútbol criollo. El resultado fue el dinámico 4-2-4 de Ardiles y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=4SzuoEi9e0I">Kempes</a> con el que se coronó campeón mundial. </p>
<p style="text-align: justify">Ahora cabe preguntarse por qué si la modernización fue un éxito y, además, Argentina ganó el mundial, el legado de fondo de Menotti se esfumó y hoy la selección está en el mismo punto muerto. Aunque suene a locura<span class="pullquote_right">Maradona apareció con una idea ya formada</span>, quizás la solución esté en que Menotti llegó muy temprano. Dos años después de que fuera contratado como seleccionador, debutó Diego Maradona y cuatro meses y una semana más tarde, Menotti alineaba por primera vez a <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=416bVMZXHiM">Diego con la albiceleste</a>. Maradona entraba como pieza exótica en un proceso que ya había decidido su curso. Diego, sin importar la edad, lo absorbía todo. Era imposible que él fuese una pieza auxiliar en el equipo de Kempes y Ardiles. A Menotti le tocó lidiar con la brillantez de un Maradona todavía inmaduro, que le pedía que se entregara a él sin contemplaciones y César nunca quiso o nunca pudo. </p>
<blockquote><p>Pocas decisiones más polémicas que no contar con Maradona para la Copa del Mundo de 1978.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La polémica exclusión de Maradona de la convocatoria final al Mundial del 78&#8242; no fue un capricho. Menotti era consciente de lo peligroso que era entonces Diego para sus planes, sin embargo el ostracismo era imposible de mantener.<span class="pullquote_left">Argentina no jugó bien tras el Mundial del 78</span> Tras el mundial del 78&#8242;, Maradona pasó a ser parte íntegra del equipo. Menotti continuó al mando a pesar de haber anunciado su despedida. El proceso 78-82 tenía como principal objetivo introducir al novel mejor jugador nacional en el exitoso conjunto campeón. No era fácil pues Menotti no jugaba con enganche, la mayor cuota de balón <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=KODLqZktiXE">era para Ardiles</a>, imprescindible en el mecanismo, y, dentro del sistema, la posición que mejor le venía a Diego era la que ocupaba Kempes. Al final, la decisión fue mantener la conexión en la que siempre confió Menotti y aislar a Maradona todo lo que se puede aislar a Diego Maradona en la posición de delantero centro. Argentina no volvió a ser un buen equipo de fútbol, nunca resolvió los problemas que tenía y fracasó con estrépito tanto en el mundialito de 1980 como en el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=-NpioZg2lUo">Mundial de España 82&#8242;</a>.</p>
<p style="text-align: justify">Menotti, <a target="_blank" href ="http://www.semana.com/deportes/articulo/la-era-menotti/2041-3">derrotado</a>, perdió el crédito que había logrado. La elección de su sucesor no pudo ser más diáfana en ese sentido. Carlos Bilardo era adalid de un discurso que, al menos en la superficie, contradecía las ideas del seleccionador saliente. Las diferencias, que llegaron incluso al plano personal, partieron para siempre la historia del fútbol argentino. La confusión entre los a priori discordantes <a target="_blank" href ="http://www.planetabocajuniors.com.ar/foro/threads/2505-Bilardismo-y-Menottismo-las-dos-caras-del-eterno-debate-del-F%C3%BAtbol-Nacional">menottismo y bilardismo</a> polarizó Argentina durante décadas de fracasos. Aunque fue campeón del mundo y cambió para siempre la relación de la selección argentina con los argentinos, Menotti falló como encargado de conciliar las definiciones que Argentina había dado al problema de su identidad futbolística. Su historia es la del hombre y el olvido, la del delantero que anota dos goles la noche en la que su equipo es eliminado.</p>
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		<title>Argentinidad</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jan 2013 02:55:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo José Ustaritz]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">L</span>a argentinidad es un estado mental. La Argentina es, como muchas otras naciones, una ficción, un mito, una invención que desde los anales de su creación ha ido conjugando una multitud de elementos diferenciadores.<span id="more-42190"></span> A pesar de que el gobierno central en su afán de materializar la argentinidad invirtió muchísimos esfuerzos propagandísticos, fue la masa poblacional de principios del siglo XX, ya con las adiciones culturales que supuso la masiva inmigración europea, la que terminó forjando la verdadera identidad del país. La literatura, los medios de comunicación (que hasta los 40’ estuvieron alejados de la influencia estatal), el cine, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ZgcqijaUxdg">el tango</a> y el fútbol fueron parte fundacional del imaginario colectivo más rocambolesco de Sudamérica. </p>
<blockquote><p>«Si Oscar Wilde fue el primer escritor francés nacido en Irlanda, se puede afirmar también que el fútbol es un deporte argentino practicado por primera vez en Inglaterra. No se trata por cierto de una modalidad impresa a un juego o de una adaptación. Es algo más. Es la recreación de un deporte bajo el espíritu y la personalidad de un demiurgo porteño” José Marial.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El fútbol adoptó a la nación argentina, y no lo contrario, porque el fútbol, que es sabio y escoge, sabía que aún no había encontrado la quintaesencia de su ser. Aquello a lo que jugaban los ingleses y sus hijos era atractivo, pero carecía de los aditivos que hoy le hacen el deporte más popular. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Composición_étnica_de_Argentina">Los <i>‘criollos’</i></a>, es decir, los argentinos, y los hijos de italianos y españoles nacidos en argentina, tomaron el juego y lo reinventaron. El fútbol criollo ayudó a labrar la idiosincrasia nacional porque, básicamente, el argentino se retrató a si mismo en él. Cuando los británicos lo trajeron a tierras porteñas, la practica era bastante símil a la del rugby: Un juego muy brusco, de pases largos y mucho choque; sin embargo, cuando los criollos lo tomaron le añadieron aspectos que definían su personalidad. La gambeta, la improvisación, la individualidad pasaron a ser parte esencial del juego. A la larga, todo se trataba de engañar al rival y a los espectadores, de hacer lo inesperado y sorprender. No hay nada más argentino. <a target="_blank" href ="http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/teatro/Bernardo-Cappa-La-Verdad-Teatro_0_723527834.html">El engaño es la expresión</a> metafísica por excelencia de esa colectividad. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Argentina es urbana. El fútbol argentino, por tanto, también</span>El fútbol como espejo y fuente de la argentinidad, símbolo del pueblo, empezó a desatar pasión en la arrebatada población criolla. Argentina es un país de clarísima y marcada orientación al mega centro urbano que es Buenos Aires. Tanto es así que muchas veces, y quizás no es un error, se entiende por argentino todo aquello que en realidad es porteño. Argentina es urbana y el fútbol, por tanto, también lo es. <a target="_blank" href ="http://k07.kn3.net/6B56A3D17.jpg">La nostalgia habla del potrero</a> (aunque en la urbe argentina típica, el potrero tiene cabida), pero el verdadero fútbol es el que se respira en las callecitas, el que se escucha y se baila en los tangos, el que se juega en adoquines y se siente en los colosales templos que albergan las canchas. No es de extrañar, dadas las dos afirmaciones inmediatamente anteriores, que el fútbol argentino tenga como epicentro a la capital y sea de carácter barrial, ni que sea precisamente eso lo que convierta la pasión desbordante del argentino en rivalidad.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">River y Boca nacieron hermanos, pero luego se separaron para ser distinguidos</span>La Boca, ese barrio pequeñito, colorido y tradicional, hogar perpetuo de criollos e inmigrantes, sirvió como punto de ebullición de lo que hoy es un signo de identidad de Argentina para todo el mundo. Más que el tango mitológico y legendario de Gardel, La Boca debería ser reconocida culturalmente por albergar el primer superclásico del, entonces amateur, fútbol argentino. Allí nacieron primero <a target="_blank" href ="http://www.cariverplate.com/">River Plate</a> en 1901 y luego <a target="_blank" href ="http://www.bocajuniors.com.ar/home/sitio">Boca Juniors</a> en 1904. A principios de siglo eran casi siameses y hoy pareciera que volvieron a serlo. En el intermedio, sin embargo, River y Boca se separaron lo suficiente para crear el marco ideal de una confrontación, sin perder el vínculo fraternal que los unirá hasta que el balón esté tan manchado que ya no ruede por el césped fulgurante.</p>
<p style="text-align: justify">Con el paso del tiempo quedó claro que La Boca era muy pequeña para albergarlos a ambos. Si ese fue el motivo o no por el que River decidió marcharse del puerto y buscar refugio en Sarandí como escala a Nuñez, barrio rico y oligarca, no es importante. Las razones que nos hacen tomar decisiones determinadas no siempre tienen que ver con el motivo exacto que desencadenó la acción en ese momento, sino que hay que revisar luego con perspectiva holística para encontrar el verdadero por qué. Si River como institución se hubiese mudado a un barrio similar a La Boca y no precisamente a Nuñez, los condimentos literarios de esta rivalidad hubiesen sido más bien pocos. En Nuñez, River comenzó a afincar la contraparte ideológica de Boca Juniors. River, <a target="_blank" href ="http://lahistoriaderiverplate.blogspot.com.es/2009/05/por-que-les-dicen-millonarios.html">el equipo millonario</a>, de la clase alta de la sociedad bonaerense, y Boca, el equipo popular del barrio que inundaba y olía a bosta; River, el equipo de la banda cruzada y Boca, el equipo de la banda horizontal; River, el equipo del paladar negro y Boca, el equipo cuya hinchada corea “webo, webo, webo” cada partido.</p>
<blockquote><p>La rivalidad entre River y Boca es uno de los orígenes de la cultura argentina moderna.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Era el marco perfecto para la rivalidad porque no sólo se trataba de equipos en apariencia antitéticos, sino que esa contracultura era también reflejo de movimientos contraculturales, o mejor, movimientos creadores o reivindicadores de culturas encontradas, que Argentina vivió y vive social, política y futbolísticamente. El encuentro superó las barreras del Monumental y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Vb-6R4bWuj8">La Bombonera</a> y se trasladó a toda la nación, se convirtió en patrimonio cultural porque era una expresión más de lo que es la argentinidad.</p>
<p style="text-align: justify">River-Boca es la construcción más estructurada que ha logrado crear el movimiento cultural argentino. Tiene todas las características necesarias para serlo. Es emocionante y es bello; es fiesta, es música y es ingenio; es pasión y es frenesí; es altivo y soberbio; es urbano y es del campo; es fútbol. Es todo eso, sí, pero sobre todo, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Superclásico_del_fútbol_argentino">el superclásico</a> es un engaño. Es una gambeta, una ficción como la Argentina misma. </p>
<p style="text-align: justify">La imagen que existe es la de dos enemigos a muerte. Una imagen de odio entre aficiones y de contraposición en todo aquello que resulta importante. El duelo por la supremacía, una medición de grandeza y habilidad que no es tal, o por lo menos eso quedó claro hace diez años con el fin de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/12/carlos-bianchi-vuelve-boca-juniors/">la era Bianchi</a> que catapultó a Boca Juniors a la escena mundial como el equipo número de Argentina. </p>
<blockquote><p>El clima bélico en los superclásicos es ruidoso y famoso, pero no mayoritario.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Nada es tal y como parece. En primer lugar, la relación que existe entre los dos conjuntos más grandes de Argentina, y quizás los de mayor trascendencia del continente, es, antes que nada, una relación de hermandad antes que un vínculo de enemistad. Nacidos bajo el seno de la misma sociedad, crecieron juntos y unidos le dieron forma a la hegemonía futbolística del país. Por otro lado, la contraposición de clases oligarcas y populares dejó de existir con la profesionalización del fútbol, la expansión social y la obtención de títulos. Por último, el clamor con tintes de <a target="_blank" href ="http://www.rosario3.com/deportes/noticias.aspx?idNot=120770">Menottismo vs Bilardismo</a> es más una invención colectiva que una realidad recalcitrante. Al final, ambos equipos buscan lo mismo en el juego y poseen el mismo paladar futbolístico (<i>La Nuestra</i>). En el mejor de los casos, Boca y River representan la clásica figura de dos hermanos opuestos, Caín y Abel o el Ying y el Yang, pero el carácter amoral del fútbol impide, de plano, esta comparación. River y Boca son dos iguales, uno es el espejo del otro. Se necesitan el uno al otro, y el éxito de uno repercute positivamente en su rival. </p>
<p style="text-align: justify">¿Es un defecto que el superclásico sea esto y no una batalla de antagonismo? Absolutamente no. Sostenerse de la realidad es depender del vaivén cíclico de la vida. Vivir de una ficción tan bien construida y arraigada, en cambio, le significa al superclásico estar siempre a la vanguardia, ser una referencia constante e indiscutible aun cuando no lo merezca. Y, claro, está el hecho de que serlo la erige como una latente expresión de argentinidad. La mejor, la más grande.</p>
<blockquote><p>Nota del autor: Está tan magníficamente concebida, a nivel literario, la relación Boca-River, que una vez los de Nuñez confirmaron el regreso de Ramón Díaz, los de Boca movieron ficha y trajeron a Bianchi. Ya está. Gambeta, pisada y gol.</p></blockquote>
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		<title>Solo queda el potrero</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Sep 2012 02:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David León]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[rgentina no es Brasil. Nunca pretendió serlo. En la tierra que vio crecer a Gardel, el fútbol no es un motivo de fiesta y alegría. A la pelota se juega con responsabilidad y dientes apretados. Curiosamente, esto no ha impedido que del país surgieran tres de los cuatro más grandes de la historia, un dato [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">A</span>rgentina no es <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/centrocampistas-brasilenos-mauro-silva-mazinho/">Brasil</a>. Nunca pretendió serlo. En la tierra que vio crecer a Gardel, el fútbol no es un motivo de fiesta y alegría. A la pelota se juega con responsabilidad y dientes apretados. Curiosamente, esto no ha impedido que del país surgieran<span id="more-25872"></span> <a target="_blank" href ="http://www.resultados-futbol.com/maradona-messi-distefano-rf_25824.jpg">tres de los cuatro más grandes</a> de la historia, un dato que, por sí solo, habla de la potencia cultural y la relevancia de <i>la</i> Argentina para con este deporte. Un análisis rápido de estas tres figuras nos sirve para validar las características mencionadas: Maradona y Messi, las zurdas más sensibles y virtuosas, jamás tiraron una bicicleta. En sus regates no existía artilugio. Don Alfredo, por su parte, además de legar un porrón de títulos al Real Madrid, dejó en la <i>Casa Blanca</i> una personalidad única e imperecedera. El futbolista argentino es sobrio, altivo y déspota, así lo quiere su gente. Asimismo, tiene rasgos exclusivos, posiciones <i>“propias”</i>. O tenía. Porque Argentina, la de siempre, la del <i>Diez</i>, la del <i>Cinco</i>, la del central de taco afilado y rostro demacrado&#8230; se nos va. O peor; quizás <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/07/en-alma-cuerpo/">ya no existe</a>.</p>
<p style="text-align: justify">No era fácil para el orgullo albiceleste ver a su vecino y rival con tres cetros mundiales, conseguidos en apenas una década. El subcampeonato de 1930 quedaba ya muy lejos, y la (increíble) cifra de 12 Copas América no llenaban la tripa del hincha.<span class="pullquote_right">La victoria del 78 fue la semilla para las dos décadas siguientes</span> Así se plantaba Argentina en su Copa del Mundo. Dimes y diretes a un lado, aquel triunfo se cimentó en la superior categoría de dos de sus hombres; Mario Kempes (de apodo, <i>El Matador</i>) y Daniel Passarella, <i>el Gran Capitán</i>. Aunque nuestro dominio continental no era comparable, resulta sencillo imaginar el efecto que tuvo esta conquista internacional sobre la autoestima del jugador argentino. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/07/brasil/">Hoy lo vivimos nosotros</a>. Toda una generación de <i>pibitos</i> crecía al calor del primer Mundial. La melena del Matador tendría su réplica en Batistuta, mientras que el salto vertical con el que Passarella humillaba contrarios aparecería mimetizado dos décadas después en Roberto Fabián Ayala. La semilla futura estaba más que sembrada. Lo siguiente en llegar se llamaba <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/11/el-diego/">Diego Armando Maradona</a>.</p>
<p style="text-align: justify">Con la estrella en el pecho, la egolatría (sin duda alguna, una virtud) azul y blanca pudo por fin encontrar su razón de ser. Es posible que la cosa se fuera de madre en España 82. Menotti no supo aprovechar el potencial de una selección que sumaba a Maradona con respecto al equipo del 78. Su relevo, Bilardo. <i>El Narigón</i><span class="pullquote_left">Diego y el ganar hacían buenos a centrales de nivel medio</span> logró transmitir su esencia al colectivo, amén de entender la figura de Maradona. Dicen (sobre todo el propio Bilardo) que nadie enseñó mejor al <i>Pelusa</i> cómo superar la marca individual. En cualquier caso, el peso del técnico en esta historia es muy menor. El huracán se llamaba Maradona. Su ascendencia requiere una lectura diferente a la habitual. Puede parecer extraño, pero lo que más amaba el pueblo argentino de Diego no era su juego, su zurda o sus goles; lo principal era su liderazgo. Su cuerpo erguido, <a target="_blank" href ="http://www.eltiempo.com/deportes/futbol/IMAGEN/IMAGEN-9159666-2.jpg">su pecho para fuera</a>, ese que a medida que su fútbol envejecía, más grande se hacía, ocultando la debilidad. Así, se daba un fenómeno irrepetible; los compañeros de equipo, tanto en el Napoli como en la Selección, eran <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=pybAcKZt2kg">poco menos que fanáticos de <i>D10S</i></a>. Jugar para él los llevaba a otro nivel. Si Diego era golpeado, ellos respondían con otra patada aún más fuerte. Si el genio hacía goles legendarios, qué menos que poner la vida. Las carreras del <i>Tata</i> Brown y Oscar Ruggeri no estuvieron nunca a la altura de su rendimiento en la albiceleste. A Argentina se iba a competir y a ganar. El contexto era vencedor, hasta el punto de salir campeones de las Copas América de 1991 y 1993 incluso sin la presencia de Maradona. A partir de ahí, el goteo de centrales sería extraordinario: Ayala, Sensini, Cáceres, Chamot, Samuel. Grandes trayectorias que, sin embargo, no encontrarían el éxito. El escenario victorioso se desvanecía, se sumaban años en blanco y el aura ganadora terminó siendo un cuento incómodo para los jóvenes. La camiseta que antes hacía volar se había vuelto de plomo. <a target="_blank" href ="http://3.bp.blogspot.com/-6OFVyp00Dqw/Tu0I2V-K00I/AAAAAAAAmEs/hTeo6xVDNHg/s1600/heinze%2Bseleccion.jpg">A Argentina ahora se iba a sufrir</a>.</p>
<blockquote><p>Central de Argentina, una de las posiciones más desagradables en la actualidad</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Hay que aclarar que, más allá de consecuencias históricas, el fútbol argentino pasa por una más que visible crisis global. Los motivos son conocidos y redundantes: descenso en la inversión en cantera, ventas ridículamente precoces, torneos cortos que lastran proyectos a largo plazo&#8230; La producción ha bajado en todas las posiciones, aunque en una alcanza cotas paranormales: el puesto de lateral. Excepción hecha del correcto Zabaleta, Argentina lleva una década sin producir <a target="_blank" href ="http://3.bp.blogspot.com/_TYyXeP69HpQ/TMMC2PCJizI/AAAAAAAAAFU/u4OhcV7K5fg/s1600/sorin+y+zanetti.JPG">carrileros con nivel de Selección</a>. Tanto es así que Maradona solo convocó para la pasada cita de Sudáfrica… ¡¡a uno!! Volantes como Jonás o centrales como Otamendi ocuparon los roles exteriores. La respuesta a tan grave crisis quizás hay que buscarla en la etapa de Marcelo Bielsa al frente del bicampeón mundial.</p>
<p style="text-align: justify">Seis años es tiempo más que suficiente para consolidar una tendencia. Durante este período, con muy contadas excepciones, Marcelo Bielsa desarrolló en el combinado argentino su adorado 3-4-3, herencia del <a target="_blank" href ="http://i45.tinypic.com/ddlz41.jpg">Ajax de Van Gaal</a>. Este sistema tiene la peculiaridad de que no da espacio a los laterales convencionales. Mejor dicho, los reubica. Zanetti y Sorín, futbolistas que, si bien no eran Cafú y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/08/homenaje-a-roberto-carlos/">Roberto Carlos</a>, sí eran élite, actuaban bajo las órdenes del <i>Loco</i> como interiores de recorrido con querencia hacia dentro. Los menos dotados, caso de Placente, bajaban un escalón, para formar parte de la línea de tres, como pasara con Reiziger o Bogarde en el conjunto holandés. Tras la salida de Bielsa, Pekerman volvía a la defensa de 4… para tirar casi todo el Mundial 2006 de Coloccini o Burdisso. Entre 1998 y 2004 no entró un lateral en la Selección. Por el camino, al país se le olvidó producirlos.</p>
<blockquote><p>Javier Zanetti debutó en la Selección en 1994; <i>Juanpi</i> Sorín, en 1995. Desde entonces, Argentina no produce laterales de primer nivel</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">No debemos falsear el debate: ni antes ni después existió algo como Fernando Redondo. Ni en Sudamérica ni fuera de ella. El <a target="_blank" href ="http://kundera-centrojas.blogspot.com.es/2010/08/el-centrojas.html">centrojás</a> argentino (que hay que decir que mantuvo una tormentosa y cuestionable relación con la camiseta de su país) fue una joya, una pieza de coleccionista entre los mediocentros. Sin embargo, no es menos cierto que <i>El Príncipe</i> no fue sino la evolución cualitativa de una demarcación en la que destacaron otros como Checho Batista, campeón en el 86 (y al que Diego quiso llevar a su Napoli). Hallar las causas de la pérdida de jerarquía del <i>cinco</i> clásico es bastante más fácil que en otros aspectos. La popularización mundial del doble mediocentro, la tendencia general a derivar responsabilidades en el interior de posesión (o el enganche)&#8230; todo mutaba lenta pero inexorablemente. Futbolistas como Verón o Juan Román Riquelme fueron puntualmente los capos del balón en la Selección. Tras asumir como fallida la <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/07/gago-guardiola/">irrupción de Gago</a>, han sido nombres  como los de Cambiasso y especialmente Mascherano los que han logrado asentarse en la base de la jugada del Seleccionado. El primero escondía un llegador con toques asociativos. El segundo siempre fue limitado en talento (comenzó como volante derecho de ida y vuelta), pero evocó como pocos el recuerdo de <a target="_blank" href ="http://www.as.com/futbol/articulo/maradona-argentina-mascherano/20090306dasdasftb_58/Tes">ese gladiador pasional que se dejaba el alma</a> al lado de Maradona.</p>
<p style="text-align: justify">Con <i>el diez</i> hay menos problemas. El fútbol local sigue dejándole espacio al mediapunta talentoso, siempre y cuando aparezca. Lo malo es que da la sensación de que la maquinaria puede tardar en sacar otro Aimar, no digamos otro Riquelme. Toda la fábrica anda dando recortes. <a target="_blank" href ="http://www.rtve.es/imagenes/messi-da-goles-victoria-argentina/1310482421631.jpg">Se mantiene lo salvaje</a>, porque todavía quedan potreros y piedras con las que jugar, pero el futbolista de escuela se pierde. El jugador conceptual ya no es argentino. El central que maneja el área, el mediocentro con ideas, el lateral que aglutina pelota… se marcharon. Ojalá regresen, por el bien del propio juego. Argentina es un tesoro que todo futbolero está en la obligación de amar u odiar, que al fin y al cabo, no es sino otra forma de querer.</p>
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<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/08/ariel-ortega/">Entre Maradona y Messi</a><br />
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<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/06/una-vez-en-la-vida/">Una vez en la vida</a><br />
<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/defectos-argentina-messi-sabella/">Conducción temeraria</a></p>
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