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	<title>Ecos del Balón &#187; Millonarios FC</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito #yomequedoencasa</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2020 09:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”, Étienne Decroux. ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que «hasta donde [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-271856"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
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&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
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		<title>Evasión o Victoria: «Gracias, viejos»</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jul 2016 06:12:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[1-LOS GENIOS MÁS ANTIGUOS QUE AÚN SOLEMOS RECORDAR. Narrador: A ninguno de los que entren aquí debería extrañarles. El paraíso es un campo de fútbol. Bueno, un campo de fútbol y también un escenario teatral. Aunque también podría ser cualquier concierto musical que hayáis escuchado, todos los restaurantes que os han gustado o los mejores [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h4>1-LOS GENIOS MÁS ANTIGUOS QUE AÚN SOLEMOS RECORDAR. </h4>
<p><span id="more-212993"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Narrador:</strong> A ninguno de los que entren aquí debería extrañarles. El paraíso es un campo de fútbol. Bueno, un campo de fútbol y también un escenario teatral. Aunque también podría ser cualquier concierto musical que hayáis escuchado, todos los restaurantes que os han gustado o los mejores veranos de vuestras vidas. De hecho el cielo contiene todos aquellos lugares que nos permiten expresarnos y -a través de dicha expresión- alcanzar la felicidad. </p>
<p style="text-align: justify;">Nuestra historia comienza con un partido en el cielo. Acababa de terminar un encuentro entre algunos de los mejores futbolistas del siglo XX y un sudoroso <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/04/preparacion-fisica-real-madrid-alfredo-di-stefano-luis-carniglia-helenio-herrera/">Alfredo Di Stefano</a> se dirigía hacia los asientos para ver el siguiente partido, mientras departía con uno de sus rivales, al que tomaba el pelo por su falta de calidad llamándole <i>«gallego con los pies redondos»</i>. Mientras se distraían en estas cuestiones un hombre con bombín empezó a bajar por las escaleras de la grada, dando pequeños saltos a la vez que hacía bailar su bastón.</p>
<p style="text-align: justify;">El compañero de Di Stefano golpeó con el codo a la Saeta rubia y señaló a aquel personaje peculiar. El astro argentino lo reconoció en seguida y saludó: &#8211; <i>«¡Carlitos!»</i> &#8211; con la familiaridad del que ha visto a un conocido de la infancia. Y luego empezó a hacerle gestos para que se acercase hacia ellos.</p>
<blockquote><p>«France Football» catalogó a Alfredo Di Stefano como «la epopeya» por su forma de jugar.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;"><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¿Cómo usted viendo fútbol, Carlitos?</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Sepa usted joven que yo obtuve mi primer rol principal en un sketch titulado <i>«El partido de fútbol»</i> (1908), cuando trabajaba para la compañía de mi mentor Fred Karno. Tendría sobre los 19 años. El deporte siempre me ha interesado como fuente de inspiración. Ahí están mis películas <i><a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film958840.html">«Charlot, árbitro»</a></i> (1914) o<a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film990785.html"> «Charlot, boxeador»</a> (1915). Aunque sin lugar a dudas mi gag deportivo más conseguido lo obtuve con <i><a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film750301.html">«Luces de la Ciudad»</a></i> (1931), en aquel divertidísimo combate de boxeo&#8230;</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Che, pero entonces usted vino aquí para buscar como reírse de nosotros? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Bueno, más bien a buscar cómo hacerles reír a ustedes de sí mismos. ¿Lo que hacen es totalmente serio? ¿No es acaso un juego? ¿Algo que por definición es divertido?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Hay las dos partes, Carlitos, porque empezó en juego pero hoy es profesión. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Pero imagino que su profesión trata de hacer disfrutar al público, lo que incluirá la risa.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Es un poco distinto a lo suyo, maestro. Usted como cómico pretendía hacer reír, y nosotros en cuanto a futbolistas aspiramos a ganar, pero el gol y la victoria se persiguen por la emoción. La gente se emociona porque siente nuestro triunfo como suyo, pero también se emocionan cuando ven una linda jugada o ríen cuando una acción es divertida. Ahí tenemos el caso de jugadores maravillosos que engañaban con el cuerpo al contrario y, a veces, hasta le dejaban en ridículo. Lo que provoca la risa, claro. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entiendo que compartimos varias cosas. En ambos casos la herramienta de trabajo es la habilidad de nosotros, como artistas, en el manejo del cuerpo; y el objetivo que justificará el pago de una entrada será nuestra capacidad para provocar esa emoción de la que usted habla. Tanto la comedia física de <i>«golpe y porrazo»</i> como el juego del fútbol requieren que convenzamos al público de que aquello que está sucediendo en el escenario resulta relevante.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Correcto. El objetivo final es que el público se vaya a casa con la barriga llena de sensaciones. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Pero es que además ese vínculo funciona en ambas direcciones. Porque el <i>«artista»</i> no solo se lleva el dinero, sino el reflejo de la alegría que ha percibido en sus caras y sus voces.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Sí, además la importancia del espectador, en el fútbol, es capital en lo anímico. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/anecdota-periodistas-entrenadores-dante-panzeri-pepe-pena-argentina/">Un periodista amigo mío, Dante Panzeri</a>, escribió una preciosa nota sobre aquel bello fútbol de los años 40, en la que consideraba que la relación con el público fue clave para el desarrollo del fútbol argentino en dos aspectos. Primero, porque la enorme afluencia de espectadores produjo la aparición de los grandes templos del balompié. El estadio de River en 1938 y el de Boca en 1940. Y, en cierta manera, esos estadios de lujo precipitaron el surgimiento de un fútbol también de lujo. Y segundo, y de forma más directa, porque algunos grandes jugadores han necesitado el aliento del público para crecer. Un gran jugador que también fue compañero mío, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/magiares-magicos-honved-wolves-creacion-copa-de-europa/">Pancho Puskas</a>, le decían que era como un actor, necesitaba el afecto del público.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entiendo, por esto que usted me cuenta, que los futbolistas, como nosotros los actores, también construyen un personaje. Yo, por ejemplo, soy famoso por haber interpretado al vagabundo definitivo. Una especie de caballero andante, pero que es más cercano a don Quijote que a Lanzarote del Lago. Se trata de un trotamundos sin destino, pero con la estampa y el alma de un gentleman británico, con su chaqué, su bombín y su bastón.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Algo de eso hay, sí. Yo, por ejemplo, era conocido como la <i>«Saeta rubia»</i>, porque era muy rápido y porque tenía el cabello rubio. Y ese apodo se mantuvo incluso cuando dejé de ser rápido o de tener pelo. Lo que sucede es que, al contrario que usted, de mí no se esperaba que fuese divertido, si no que fuese un héroe. Cuando me dieron mi primer balón de oro, <a target="_blank" href ="https://lamedialunadelarea.wordpress.com/2011/01/11/hanot-el-creador-de-suenos/">el periodista francés Gabriel Hanot</a> me dedicó un artículo muy elogioso donde contraponía mi estilo con el del ganador del año anterior, don Stanley Matthews. A Matthews, casualmente, le comparaba con usted, con Carlitos Chaplin, en el sentido de que era un futbolista que hacía reír a los demás, mientras él permanecía impasible. Aquella nota del France Football concluía diciendo que Stanley Matthews era el humor y Di Stefano la epopeya.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entonces usted sí que era un caballero andante en sentido clásico del término. Se esperaba de su Saeta rubia que fuese invencible, simplemente porque era el más rápido, el más fuerte, el mejor. Mi Charlot en cambio es la inversión de ese concepto. El débil que se burla del fuerte. No obstante, quiero remarcar que existe entre ambos lenguajes una cosa afín que me conmueve. Una vez coincidí con el famoso físico Albert Einstein, y una muchedumbre empezó a aclamarnos. Entonces Albert, que tenía un gran sentido del humor me dijo: <i>“Te están aplaudiendo a ti. ¿Sabes por qué? Porque eres universal, todo el mundo te conoce, comprende y aprecia tu arte. A mí no me entiende nadie”</i>. Yo creo que con ustedes pasa lo mismo. El público entiende lo que sucede en el campo incluso aunque no conozcan a la perfección las reglas o los derroteros del juego. El arte se caracteriza por ser un lenguaje sensible, que opera a un nivel distinto del lenguaje hablado. Busca aflorar emociones y sensaciones. Podríamos decir que es un tipo de poesía escénica, aunque más funcional que la poesía escrita. </p>
<h4>2-TIEMPOS MODERNOS (Argentina)</h4>
<blockquote><p>Charles Chaplin y Alfredo Di Stefano fueron creadores magníficos, pero aprendieron de varios maestros.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Cuanto sabe usted, Calitos! ¿Usted tuvo maestros o todo esto que dice surgió de la universidad de la calle? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Por supuesto que los tuve. El primero de ellos Max Linder, al cual se lo debo todo. Ese hombre fue un hito en la historia del cine mudo. Hubo un tiempo en el que a cualquier actor le bastaba con aplicarse un maquillaje llamativo para hacer reír al espectador. Max Linder es el que rompe con todo eso, creando al primer gran comediante que viste como un caballero elegante. No es un bufón grotesco como el Pierrot de la comedia italiana o el payaso circense Augusto. Su comicidad no se sustentaba en las acrobacias, en las persecuciones o en las peleas. Max Linder no necesitaba recurrir al estilo destructivo del cine cómico original, porque era un creativo de primer orden. Su trabajo consistía en crear situaciones comprometidas, de estilo vodevil, y resolverlas sin perder nunca la compostura. </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Oh! Es muy interesante esto que cuenta y además me recuerda a mi propia trayectoria. Cuando yo era pibe admiraba profundamente a <a target="_blank" href ="http://www.martiperarnau.com/magazine/historias/santoral/arsenio-erico-el-idolo-de-di-stefano/">un gran jugador paraguayo, Arsenio Erico</a>, que era como un artista de circo. Arriesgaba una barbaridad en la cancha. Yo siempre quería imitarle. Luego llegué a las inferiores de River y allí pude disfrutar del mejor equipo de fútbol que yo he visto: La Máquina de River. La Máquina sí que jugaba de puta madre. El delantero centro era Pedernera, que fue uno de los mayores estrategas del fútbol mundial. Para contrarrestar la presión del defensa rival se retrasaba arrastrando a su marcador. Aquel equipo jugaba igual que su maestro Max Linder hacia comedia, Carlitos. Con suprema elegancia.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Me llama la atención que apodasen a su equipo La Máquina. Doy por sentado que usted sabe que una de mis largomentrajes más famosos fue<a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film726746.html"> <i>«Tiempos modernos»</i></a> (1936), una sátira sobre el taylorismo. La película denunciaba como la tecnificación de la industria estaba deshumanizando por completo la actividad laboral. Aunque al final lo que explotaba al hombre no era propiamente la máquina, si no la codicia de otro hombre. </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Bueno, lo de la Máquina de River&#8230; la gente cree que le llamaban así por la precisión que tenían jugando, porque eran un espectáculo, pero la anécdota procede de la antigua distribución del estadio Monumental, que tenía forma de herradura. Aquella tribuna sin edificar, que luego sería la tribuna Sivori, fue conocida como la <i><a target="_blank" href ="http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-298960-2016-05-10.html">«ventana al Río de la Plata»</a></i>. Y entonces los trenes pasaban por allí al lado y los espectadores al verlo decíamos: <i>«ya viene la máquina»</i>. Y de ahí vino el nombre. Precisamente a aquel conjunto también le llamaban <i>«Los caballeros de la angustia»</i>, y eso sí que se ajustaba más a su juego, que era lo contrario del industrialismo del que usted me habla. Seguro que podrían haber marcado más goles, pero con menos belleza. Un equipo de artistas. <a target="_blank" href ="http://i.imgur.com/KevfU.jpg">¡Si hasta teníamos a nuestro propio Chaplin!</a>, el extremo izquierdo Félix Loustau, al que llamábamos así por su físico, por su andar y por su genio. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Entiendo lo que usted me comenta, aunque deseo hacer una puntualización sobre un tema que no siempre se ha entendido. Yo no criticaba en <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film726746.html"> <i>«Tiempos modernos»</i></a> a las máquinas si no a la patronal. Lo aclaro porque suficientes disgustos me trajo en su momento. Los críticos se ensañaron cruelmente, acusándome de producir un panfleto de extrema izquierda, porque se entendió que tenía un carácter subversivo y que atentaba contra el modo de vida americano. Los lobbys empresariales presionaron muy duro y de hecho aquella fue mi última película como el vagabundo Charlot.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Hay que ver! A River también se le criticó bastante mientras se establecía aquel juego que algunos llamaron fútbol máquina y otros estilo River. Los espectadores no siempre entendían la genialidad de Pedernera sin balón y le reprochaban alejarse del área. Cuando fui para España yo jugaba de delantero, pero de tanto en tanto bajaba un poquito y ayudaba. Entonces <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/05/carlos-gardel-jose-samitier-historia-amistad-barcelona-futbol-relacion/">Samitier, que era muy amigo mío</a>, me dijo que en España el público quería ver los lunes al delantero saltando en la fotografía junto al portero rival. Pero aun así yo, si veía que uno de mis compañeros estaba cansado, bajaba y le ayudaba en lo que podía. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Ustedes los deportistas de equipo tienen un gran sentido de la solidaridad. Algo admirable en tiempos de rabioso individualismo. Por ejemplo, en los Estados Unidos consideraban que la revolución bolchevique constituía una amenaza para el individualismo norteamericano; y como yo me atreví a decir en una entrevista que me interesaba visitar <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/analisis-carrera-deportiva-lev-yashin-portero-historia/">la Unión Soviética</a> para contemplar sus esfuerzos en la reconstrucción, fui tachado de comunista. Sin embargo el comunismo tampoco valoraba positivamente mi labor y hasta alguno me acuso de individualista nihilista. Esto yo creo que sucedía porque Charlot estaba totalmente al margen de cualquier sistema que pretenda hacerle productivo. Si pasa una vaca frente a su casa él bebe directamente de lo que ordeña. Adopta una actitud lúdica ante todas las cosas que le van sucediendo en la vida. Lo que ocurrió es que como yo consideraba que los gags funcionaban mucho mejor si la persona que tropieza y cae es un rico, existía un cierto runrún sobre mi odio hacia los ricos e influyentes. Así que cuando apareció <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film726746.html"> <i>«Tiempos modernos»</i></a>, que denunciaba las secuelas del trabajo en cadena, el runrún se convirtió en una fanfarria militar. Curiosamente lo único que yo había hecho era plasmar la denuncia que un reportero del diario neoyorquino <i>«The World»</i> había hecho sobre depresiones y crisis nerviosas producto de la monotonía y pesadez de la labor en la industria del automóvil de Detroit. </p>
<h4>3-LA QUIMERA DEL ORO (Colombia)</h4>
<blockquote><p>La aventura colombiana de Alfredo Di Stefano marcó su carrera y su relación con el fútbol argentino.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Nosotros también acabamos denunciando y enfrentándonos a los ricos y poderosos por los derechos sociales, Carlitos. Fue una batalla tremenda que ocasionó que nos tuviésemos que marchar del país. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Por el fútbol? Yo pensé que ustedes tenían unas condiciones excepcionales.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Todos no, Carlitos. En mi época los equipos pequeños pagaban a sus jugadores los dos primeros meses, luego les dejaban de pagar. La gente aguantaba como podía, pero al final uno había jugado cinco años y cobrado uno. Yo esto lo viví en primera persona en Huracán, donde hicimos un viaje al interior del país y mis compañeros no disponían ni de una muda de ropa o de pasta de dientes. ¡Si no cobraban! Al final los futbolistas de los grandes clubes hicimos una huelga para proteger a los de los equipos chicos. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Situación de película. ¿Y cómo se solventó?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Se llegó a un acuerdo para hacer frente a los pagos atrasados, pero los clubes en represalia rebajaron los sueldos que veníamos cobrando. Los mejores jugadores empezamos a recibir ofertas muy superiores de fuera del país y aunque en aquella época los clubes te firmaban a los 13 o 14 años y te tenían agarrado de por vida, algunos decidimos lanzarnos a la aventura&#8230; ¿Se está usted riendo, Carlitos? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Me sonrío amigo mío, porque su historia me ha hecho recordar otra de mis películas,<a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film811454.html"> <i>«La quimera del oro»</i></a> (1925). ¿La ha visto usted?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Por supuesto. Y algo de eso hay en mi propia aventura, sí. Yo también me fui allí con un gigante bueno, Néstor Pipo Rossi, igual que usted en la película colaboraba con el grandote Mac Kay. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Ustedes también acabaron comiéndose una bota?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Jajaja! ¡No! pero sí que se produjo una anécdota divertida con el calzado de Rossi. El Pipo al principio tuvo problemas para jugar, porque se dejó las botas de fútbol en Argentina y, como tenía un pie gigantesco para la época, un 46, no había manera de encontrarle zapatos de su talla. Luego el tipo llegó a hacer de modelo para una casa de ropa en Colombia. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Pero y el oro? ¿Encontraron el oro?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Por supuesto que lo encontramos. En un año en Colombia ganábamos lo que en diez en Argentina; y con el primer dinero que recibí me pude comprar un campito, pensando en el futuro detrás del fútbol. Además, marchando, le hicimos un gran bien a nuestros camaradas argentinos, porque con la amenaza de un éxodo masivo a <a target="_blank" href ="http://eldoradomagazine.com.co/wp/">El Dorado colombiano</a> -que así le llamaban-, la AFA se replanteó su actitud y retiró el límite salarial. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Y entonces volvieron a la Argentina?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; No. Porque entonces los dirigentes decidieron dar escarmiento con nosotros y nos suspendieron de por vida. La competición colombiana quedó al margen de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA); y esto duró hasta que a los colombianos les entró el miedo y decidieron llegar a un acuerdo según el cual podríamos permanecer allí hasta 1954 y luego regresaríamos a nuestros clubes de origen. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Lo cual no debía de hacerles ninguna gracia. Aunque para entonces ya habrían encontrado ustedes el oro, amigo. ¡Como Charlot en Alaska! </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> ¡Y también el amor! Porque usted al final de la película se besa con la chica en el barco, cuando ella le salva de que lo declaren polizón, y yo me casé con Sara, la madre de mis hijos. Las dos primeras, Nanette y Silvana, nacen en Colombia. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Entonces qué sucedió? ¿Se quedó a vivir en Colombia?</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Para nada. A finales de 1952 ya empezaba a haber problemas de cobro en El Dorado, y yo estaba hasta las narices de los aviones. Más de una vez creí que nos pasaba como a los del Torino. Así que decidí volver a Argentina y dejar el fútbol. Había comprado un chalet y planeaba irme a vivir al campo. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Hay un concepto de fondo en su historia que, en lo esencial, es igual que en la Quimera del Oro. La trama me la inspiró<a target="_blank" href ="http://www.dailymotion.com/video/x29z6f6_canibalismo-expedicion-donner_school"> la tragedia de la Expedición Donner</a>, que fue un suceso tan espantoso como tristemente verídico. Una caravana de carretas que, por una serie de contratiempos, se vio obligada a pasar el invierno en Sierra Nevada, en medio de una borrasca de nieve. La mitad de la numerosa expedición falleció por el camino, y pasaron tanta hambre que se comieron a los perros, los arneses, y hasta los zapatos, y luego, finalmente, también a los muertos. Ustedes los jugadores obviamente no han tenido que comerse a nadie, al menos no literalmente, pero tienen una vida laboral útil muy corta, así que se siente impelidos a moverse cuanto sea necesario, para asegurar su bienestar económico y el de sus familias. Ustedes solo pensaban en hacer cuanto más dinero mejor. A su manera tenían tanta hambre como mi Charlot cuando cocinó la bota.</p>
<h4>4-EL GRAN DICTADOR (España)</h4>
<blockquote><p>El dominio de Alfredo Di Stefano sobre su época es algo que nunca se ha repetido en la Copa de Europa.</p></blockquote>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; A mí ya me pareció en su día que <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film811454.html"> <i>«La quimera del oro»</i></a> era menos cómica que sus otras películas, bueno, no menos divertida, porque los gags son muy fuertes, pero si más oscura, más dramática.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Hombre, supone un cambio en mi filmografía. Yo creo que eso empezó en el largometraje inmediatamente anterior: <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film216630.html"><i>«Una mujer de París»</i></a> (1923), que ya es un melodrama sobre la burguesía, pero a partir de la quimera sí que sentí que ya no me bastaba con la comedia. </p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Sin duda la madurez supone un cambio de objetivos. Ahora que lo digo en voz alta, pienso que como futbolista me sucedió lo mismo. Mientras jugué junto a Pedernera, Moreno o Antonio Báez no pensé tanto en bajar a la zona de interiores, porque su calidad me permitía vivir muy a gusto por el centro, además de que en aquella época aún me quedaba algún aspecto técnico por pulir. En cambio cuando llegué al Madrid ya había alcanzado mi madurez táctica, lo que significaba que había integrado que el fútbol era un juego de once jugadores y que todos tenían que trabajar para todos. Durante los últimos años de mi vida me esforcé para no caer en la trampa de lo que yo llamaba el <i>«yo-yo»</i>, pero los periodistas siempre estaban con que si Di Stefano había sido un mandón y un dictador. ¿Sonríe usted de nuevo? </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Hombre es que me lo hace usted inevitable. Su vida vuelve a remitirme a una de mis mejores películas: <a target="_blank" href ="http://www.filmaffinity.com/es/film155010.html"><i>«El gran dictador»</i> </a>(1940).</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Tremenda película. Oiga, me surge una curiosidad. ¿Sabe usted si el propio Adolf Hitler llegó a verla?</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Pues mire, sí. Un fugitivo alemán, que había trabajado para el Ministerio de Cultura, me dijo que Hitler se hizo traer una copia de la película y la vio un par de veces en privado. Yo hubiese dado cualquier cosa por saber lo que dijo Hitler cuando la vio. Lamentablemente nunca podremos saberlo porque, como es lógico, él no se encuentra por aquí.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; ¡Jajaja! Obvio, a nosotros nos sucede igual con los referís (árbitros). Es difícil que alguno llegue hasta aquí arriba. Y cuando alguno llega y se lo explico, se enfadan; pero es que es normal, nosotros hicimos felices a mucha gente y ellos justo lo contrario.</p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Buena esa, joven. Sobre este concepto del que usted hablaba antes. Lo de mandar. Yo estudié ampliamente a Hitler y me di cuenta de que su éxito no se basaba en los contenidos de su discurso, más bien todo se sustentaba en su ritmo y en su tono. Adolf Hitler no era pues un político, en el sentido estricto, sino un actorazo espectacular. Uno de los mejores que yo había visto nunca. Así que interpretarlo constituía un reto. Ahora mismo diría que mi <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Z4UhJpviVYg">Adenoid Hynkel</a> tenía algo de uno de mis antiguos personajes, el sinvergüenza de Chas, aunque esencialmente sea una sátira del propio Hitler. Le estuvo bien empleado por copiarme el bigote cuadrado y aprovechar mi carismático aspecto para practicar sus viles fechorías.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Me deja usted anonadado. Nunca pensé que Adolf Hitler le hubiese copiado el estilo ni que usted se hubiese animado a devolvérsela parodiándole en un film. De lo que se entera uno por estos lares. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; Me tomé cumplida venganza y encima pude llevar mi estilo individualista hasta su apoteosis. Interpreté al héroe y al villano de la función, y además me permití aparecer como Charlie Chaplin para recitar el discurso final. La película se convirtió en un microcosmos de toda mi trayectoria, porque los personajes principales eran en cierto modo reversiones de mi Chas y mi Charlot. Y por supuesto, me ocupé de la dirección, el guión y la música, como venía siendo habitual.</p>
<p style=“text-align: justify;”><STRONG>AD:</STRONG> &#8211; Me ha hecho pensar. Yo siempre he creído que la historia empuja fuerte. Por ejemplo, yo crezco en River que tenía una característica, que era el gusto por el toque y la elegancia. Cuando estaba en las inferiores me ponían de delantero centro y yo me iba para arriba, pero Peucelle, mi maestro, me decía que para abajo, porque quería que jugara como Pedernera. Al final hice lo mío y lo de Pedernera. Luego llegué al Madrid y todos mis esfuerzos se destinaron a repetir el fútbol en el que ya había participado: El de River y el de Millonarios; y como ya no estaba Pedernera yo tuve que hacer el papel suyo. Procuré buscar los jugadores que mejor encajaban en ese fútbol y darles aliento a los jóvenes, que era lo que yo había mamado <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/07/analisis-ciclo-leo-messi-seleccion-argentina/">en Argentina</a>. Para la táctica lo único que necesitas es tener a tres o cuatro tíos dentro del campo que sepan lo que es un equipo. Los veteranos. Y por ley natural al llegar al Madrid me tocó a mí. Por más que algunos periodistas me acusaran de ser el mandamás del equipo. Yo era uno más. Y si alguien era un marimandón ese era don Santiago. El presidente. </p>
<p style="text-align: justify; margin-left: 15px; color: #000000;"><STRONG>CC:</STRONG> &#8211; ¿Se llevaron mal?</p>
<p style=“text-align: justify"><STRONG>AD:</STRONG> Al revés. Viviendo en Madrid y faltándome mi familia, que vivía en Argentina, fue como un padre. Eso sí, cuando se enfadaba era terrible, nos soltaba una broncas morrocotudas, y a mandar no le ganaba ni Napoléon. Sucede que cuando llegó la hora de dar un paso al lado lo encajé mal y lo rechacé. Don Santiago, que me quería más que un hijo se lo tomó muy mal, porque encima se enteró de que me había reunido con un directivo y se le metió en la cabeza que había una conspiración contra él. Menos mal que con el tiempo -Mira a su compañero- todo se olvida. ¿No es verdad, Santiago?</p>
<p><strong>Narrador:</strong> Y un Santiago Bernabeu jovencísimo y otra vez jugador de fútbol sonrió ante aquella batallita explicada por su jugador favorito y ambos deportistas abandonaron la compañía de un enternecido Chalie Chaplin para ir corriendo hacia el campo vecino. Se conoce que volvía a haber polémica. Últimamente no ganaban para disgustos desde que había subido Johan Cruyff y cada dos por tres se liaban a discutir con Ladislao Kubala y Pepe Samitier sobre quien era mejor jugador de fútbol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">_<br />
La serie:<br />
<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/evolucion-paralela-cultural-futbol-cine/">Evasión o Victoria. Introducción I:</a> El sueño más grande<br />
<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/tren-de-sombras-cartografa-de-la-luz/">Evasión o Victoria. Introducción II:</a> Tren de Sombras, cartografía de la luz</p>
<p style="text-align: justify">
Episodio I: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/pele-parecido-mickey-mouse-evasion-victoria/"><i>«El poder de la sonrisa».</i></a><br />
Episodio II: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/12/maradona-parecido-bruce-lee-evasion-victoria/"><i>«El furor del potrero».</i></a><br />
Episodio III: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/01/beckenbauer-parecido-rey-arturo-evasion-victoria/"><i>«El rey de los teutones»</i>.</a><br />
Episodio IV: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/02/michel-platini-parecido-darth-vader-anakin-skywalker-evasion-victoria/"><i>«Que la pelota te acompañe»</i>.</a><br />
Episodio V: <i><a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/george-best-parecido-james-bond-007-evasion-victoria/">«La vida agitada (y un poco removida) de Best, George Best»</a></i>.<br />
Episodio VI: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/05/johan-cruyff-neo-matrix-evasion-victoria/"><i>«Ya sé jugar»</i>.</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Dec 2014 03:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”, Étienne Decroux. ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que «hasta donde [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-148494"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
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<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
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<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
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&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
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