Heredero no es sinónimo de sucesor. El primero adquiere una propiedad por ley o testamento; el segundo, una función o un rol que desarrolla de manera continuísta. El fútbol está lleno de herederos, este deporte no retira dorsales cuando se despegan de la espalda de un ídolo; pero sucesores no hubo tantos.
En enero de 2006 Wenger pagó entre 15 y 18 millones de €uros por un joven de 16 años que 6 meses después viajó a Alemania a disputar el Mundial. Eriksson necesitaba velocidad para una delantera sin ella y se la jugó. Poco tiempo más tarde Henry abandonó vía España el club al que él hizo grande, al que dio carácter de gigante europeo, dejando un hueco que quién sabe si el Arsenal podrá rellenar algún día. Entonces Cesc Fábregas sucedió a Titi como líder. T. Walcott heredó la «14» *.
La sucesión entre Henry y Cesc fue trascendental. Por descontado se perdió nivel, pero no interés, ni energía. A nivel táctico se confirmó la tendencia que se iniciase cuando el español entró por Vieira en el once: el Arsenal pasó de ser un equipo de transiciones a un equipo de ataque posicional. Wenger es un técnico de perfil asociativo y creativo, es obvio; pero sus mejores proyectos atacaron espacios, no hombres alineados. De hecho, sus doble pivotes históricos tienen a Petit, Vieira y Gilberto Silva como jefes. Fábregas es el único centrocampista que convirtió el pase atrás, de verdad, en una parte insalvable de su juego.
Nota: jugar a transitar no implica tener menos balón que el rival.
El proyecto comenzó a derrumbarse cuando Wenger, buscando el gol de Cesc, perdió el soporte por detrás del balón que le daba Fábregas. Fue el principio del último fin. Desde aquel instante, idas y venidas con el inconfundible telón de fondo que conlleva Arsène: competitividad extrema e infravalorada en el largo plazo y ausencia de ésta en las citas de campanillas. Siempre en el TOP 4, hasta cuando parecía imposible. Nunca levantando copas, hasta cuando parecía imposible, también. Pero todo desde la indefinición. Desde el no ser.
Para esprintar hay que saber recibir golpesEl ahora es extraño. No sabemos si el Arsenal juega a atacar fuertes o a atacar espacios. Sus condiciones ofensivas son mixtas, pero tienden a la velocidad. Arteta es muy bueno, pero lanza mejor que espera. Wilshere es genial, pero es un kamikaze. Cazorla en la derecha es sinónimo de dominio, pero Wenger lo pone en el centro, para acelerar y decidir. El enfoque actual parece querer inventar soluciones rápidas, en vez de asentar posesiones calmadas; pero la exigencia defensiva en un ida y vuelta resulta excesiva para un bloque trasero conformado, por ejemplo, por Koscielny, Vermaelen, Arteta y Wilshere. Todos los caminos posibles llevan a la misma conclusión final: el Arsenal no tiene plantilla para jugar un fútbol equilibrado. Así solo hay un remedio que sane: ser mejor que el rival en las dos áreas.
Ayer, ante el Newcastle, Walcott jugó fenomenal como «9».
Descartemos que el Arsenal sea mejor que los mejores en su propio área. Ahí existe un gran déficit cultural y también de calidad. Arriba, sin embargo, no es deshonesto imaginarles creando muchas ocasiones. No transformándolas con la precisión de Messi o el Manchester United, pero sí creando un volumen ofensivo muy importante. Sobre el papel, es el gran don del plantel. Llegados a este punto, quizás la pregunta que resuelva la indefinición sea: ¿cómo puede crear el Arsenal más ocasiones, transitando o con sosiego?
Walcott es esencia de Old Arsenal, sin ser un súper crackWalcott es mejor futbolista que Giroud, que no es mal jugador. Lo que ocurre es que el ariete francés necesita ataques muy masticados, es lento creándose el espacio o la ventaja, y exige un sobreesfuerzo creativo que el Arsenal, por falta de pausa, lee como la necesidad de subir más hombres hacia el área. En cierto modo, la lentitud futbolística de Giroud desnuda a Arteta, sin que compense demasiado. Por su parte, Walcott quiere ser el 9. Y lo quiere de verdad. Él no es un genio, sería absurdo ir por ahí, y no nació para ser la punta de un sistema. Tiene deficiencias técnicas en los apoyos, en el remate y en la definición, recursos básicos para el fútbol de un delantero, en cualquier contexto. Pero quizás rente.
Si Wenger reconquista a Walcott puede convertirlo en algo serio.
En primer lugar, Walcott es una esperanza para cada pase al hueco; el fin de la paradoja de ser un equipo sin velocidad pero de ritmo alto, y de la de tener a Arteta, Wilshere, Cazorla y Oxlade y no a quien tire un buen desmarque. Además, su tendencia a salir del área crea espacios libres en el centro que un sistema de transiciones agradece, y que pueden darle a Cazorla 5 goles más por temporada, que son puntos. Por otro lado, sus rupturas podrían frenar la tendencia a achicar hacia el frente -dar un paso adelante para restar espacio a los mediapuntas- que están desarrollando los rivales de los gunners, y que tantas pérdidas problemáticas están generando. Extraviar el balón habilitando un desmarque al espacio nunca tiene tanto peligro. De hecho, esos pases giran defensas, las vuelven hacia su portero, facilitando el control de la segunda jugada al que ataca, y la creación de ocasiones nuevas, que debe ser la meta. Walcott todo ésto no se lo sabe todavía, pero lo puede aprender. Y la alternativa no es Henry. Ilusiona probar.
* Walcott no heredó el dorsal 14 inmediatamente, sino en la 2008/09, en la segunda temporada sin Henry.







@DavidLeonRon 30 diciembre, 2012
Tengo interés en ver ese Arsenal-Bayern, ida de octavos, en el que los alemanes, que sí o sí van a pretender el balón porque es su estilo, sin Boateng ni Badstuber.
Escenario ideal para Walcott de 9, pudiendo correr y ante no especialistas (¿Javi Martínez?) o centrales definitivamente lentos como Van Buyten.
Dije en su momento que el Arsenal no es la perita en dulce que se ha vendido. Tiene carencias pero también un puñado de jugadores de calidad que si te descuidas te pueden meter gol.
Para mí la eliminatoria de Champions está abierta.