España y el fútbol inglés viven un marcado contraste. Nuestra Selección levantó su reinado sobre una batería de centrocampistas de sobra conocidos. El fondo de armario es tal, que nombres como los de Javi Martínez o Mata apenas aspiran a un papel residual, mientras que otros como Javi García, Beñat o Thiago son afortunados si el entrenador se acuerda de ellos. Inglaterra es el reverso de la moneda. Tras la caída definitiva de Paul Scholes, allá por 2009, y el declive progresivo e inevitable de Gerrard y Frank Lampard, no están naciendo en las islas auténticos peloteros de élite. Mikel Arteta conecta estas dos historias. Perdido en el exilio hace ya muchos años, no haber debutado en la absoluta le ha hecho permanecer oculto al gran público. Al español, claro. Figura e ídolo en el Everton durante más de un lustro, su prestigio en la Premier es notable. Nadie le regaló nada, pero es innegable que la ausencia de gestores de juego de primera línea ha contribuido a potenciar su imagen. En estas circunstancias, no es de extrañar que todas las partes planteen una mudanza. Hodgson sería feliz.
Arteta llegó al Emirates con la misión de sustituir a Cesc Fábregas, al menos mediáticamente. El de Arenys hacía tiempo que había cambiado los goles por los pases. Mikel, a pesar de alguna temporada de 9 tantos y ciertos momentos donde hasta llegó a pisar la banda, no era eso. A punto de entrar en la treintena, el guipuzcoano pedía tiempo, metros y espacio. Wenger se lo concedió, retrasándolo a la base junto a Song. El ahora culé no pisaba su radio de acción, a pesar de compartir la etiqueta de “mediocentro”. Esta campaña, eso sí, su comodidad es mayor todavía. Diaby, más allá de debates acerca de qué futbolista resulta superior al otro, es de tendencia aún más ofensiva. Abandona el círculo central para lanzarse a la aventura. Arteta, tan contento. Pero no nos confundamos; no es el francés la principal causa del ineperado salto de calidad del cinco vasco.
Un mediocentro necesita líneas de pase. Su posición de partida le hace mirar a los compañeros de cara, y esa es una ventaja que hay que aprovechar. Construir esas conexiones ya es más difícil. Requiere un fuerte trabajo táctico y mucho talento individual.Santi Cazorla ha sido una bendición para el fútbol de Mikel Arteta Por eso Santi Cazorla, digan lo que digan sus traspasos, vale bastante más de 19 millones de euros. El asturiano es una mina para cualquier elemento de gestión de juego. Su actividad es enfermiza y la sencillez con la que recibe en zonas muertas (siempre por delante del balón) solo la iguala Andrés Iniesta. Además, Santi cada vez la toca más atrás, con lo que la influencia general crece. Y no acaba aquí el asunto: No hay en toda Europa un interior que, en 90 minutos, cambie tantísimas veces el sentido y la dirección de los ataques. Cazorla no tiene pierna mala ni sector preferido. Si no hay camino por la derecha, se sale por la izquierda, en corto o a cincuenta yardas. Ni que decir tiene que para un mediocentro esto es la vida. Si se añade la más que correcta capacidad de Arteta de moverse lateralmente en busca de rendijas para iniciar, rápidamente se comprende el amor de Mikel hacia el ex-malaguista. Con Cazorla, Arteta juega de cara casi constantemente. Un sueño.
Cazorla se encarga de que no falte nunca una línea de pase cercana y accesible
Diaby y (sobre todo) Cazorla explican en gran medida el inesperado boom que ha rodeado a su figura, pero no conviene obviar unas condiciones más que interesantes. Es curioso. En la nómina de centrocampistas de este país encontramos algo parecidoNo es Busi, Xavi o Alonso, pero tiene un poquito de cada uno a la perfección en cada tipología de pase. El supercorto apostaríamos a que no puede ejecutarse con más velocidad y precisión de lo que lo hace Sergio Busquets; el corto-medio es terreno de Xavi. Verle fallar uno era noticia. El largo, por supuesto, para Alonso. Pues bien, Mikel Arteta tiene una mijita de cada, aunque queda lejos de marcar diferencias con alguno, como sí hacen sus compatriotas. Su envío a banda es fino en dirección pero no tanto en firmeza. En balones profundos y diagonales, su gesto vuelve a ser bueno, pero va un segundo por detrás de lo que dicta su cabeza. Tácticamente se suma un detalle, y es que la banda derecha del Arsenal, al contrario de lo que ocurre con Podolski en la izquierda, a menudo presenta una cara más interior y menos fija (incluso con hombres como Gervinho u Oxlade). Arteta se siente más cómodo lanzando pelotas hacia el carril derecho, pero allí no siempre hay alguien. No sorprende que su descarga más habitual sea con el lateral, Jenkinson.
Más allá del pase, fundamental en su análisis, hay otros aspectos relevantes. Su control orientado (básico para un pivote) es magnifico. Se quita presiones con gran energía, gracias a un giro muy físico (recuerda vagamente a Wesley Sneijder en este apartado) y suele elegir con acierto por dónde salir. Pese a no ser lo más común, no se asusta a la hora de afrontar pequeñas conducciones si la jugada lo pide. Goza de ese recurso. En última instancia aparece su juego sin balón, poco significativo a día de hoy. Solo la querencia de Aaron Ramsey a caer a la base cuando arranca por fuera, unida a la ya comentada de Cazorla, obligan a Arteta a flotar entre rivales, sin derivar en nada demasiado productivo la mayoría de las ocasiones.
Técnicamente, Arteta es muy completo, aunque no élite absoluta
Es fácil deducir que, con sus trazos técnicos y asociativos, la fase defensiva no es su principal virtud. Tampoco es malo. Ha aprendido a sufrir, herencia de una década de Premier League. Su voluntad supera a su clase en pelotas divididas y basculaciones. En el origen de la defensa posicional, reparte los espacios horizontalmente con Diaby, no viéndose forzado a abarcar excesivos huecos o a tomar decisiones por todo el ancho del campo. Cuando se rompe la línea, es Diaby quien, con mayor frecuencia, sale a combatir los apoyos. La relación defensiva se asemeja algo al Maduro-Medel que hoy proyecta Míchel en su Sevilla. El “toro” encima, el cerebral (y más limitado físicamente) permanece.
Sin duda alguna, Mikel Arteta es un futbolista muy apreciable, al que el aterrizaje de un crack ha servido para potenciar aún más. Es evidente que la liga inglesa anda canina de cerebros. Por el único de máximo nivel que tenían se pegó medio campeonato. No quita. En Arteta tenemos, efectivamente, otro gran centrocampista. ¿Jugador de Selección? Dejémoslo en que ni sobra ni falta.
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@migquintana 29 septiembre, 2012
Hace unos 18 meses, servidor comentaba con algún que otro twittero el gran potencial y teórica complementariedad -cosa que nunca mostraron Gerrard y Lampard- que tenía una ficticia línea de tres formada por Rodwell como mediocentro y Wilshere+McEachran de interiores. El primero se fue cayendo poco a poco, el segundo se lesionó lastimosamente tras mirar cara a cara a la élite y el último no llegó a tener una verdadera oportunidad en su Chelsea. Inglaterra no va sobrado precisamente de centrocampistas como apunta David al comienzo del artículo, pero ciertamente esta generación apuntaba -o apunta- muy alto. Sea como fuere, lo que está claro es que si fuera necesario Roy Hodgson haría encantado el tedioso papeleo para que Arteta pudiera jugar con Inglaterra. Y él se lo merecería.
De la conexión entre Arteta y Cazorla poco se puede añadir a lo reflejado en el artículo. Debe ser muy fácil ser mediocentro con un jugador como Santi por delante de la línea del balón y debe ser bastante fácil administrar esas ventajas con el excelso repertorio en el pase que tiene Mikel. El partido contra el Liverpool fue fascinante, suena a discurso chauvinista pero es cierto que se notaba donde estaba el talento diferencial y a que escuela pertenecía.Será interesante comprobar como encaja en todo esto Wilshere, pues si vuelve a ser el jugador que fue por un instante… el techo gana altura considerablemente. A mí me encantan Cazo+Arteta, que conste, pero Jackie es/era un jugador más grande.
P.D: Sé que Podolski no es el jugador más »ecos» del mundo ni el más divertido para ver, pero ya en su momento me pareció un muy buen fichaje para el Arsenal y creo que es gran momento para ratificarlo. Engranajes como el de Wenger a veces necesitan un poquito del pragmatismo extremo alemán en vez tanto »charme» francés.