Diego Llorente tiene 22 años, juega como central y está destacando en su curso de estreno en la Liga BBVA. El Rayo se lo facilita; se trata de un defensor de acción y el sistema de Paco le permite actuar de forma constante, tanto con balón como sin él. Por eso se está revalorizando; está pudiendo demostrar sus notables condiciones ante atacantes de élite. Ahora bien, una cosa es un escaparate y otra, muy distinta, una escuela, y no queda nada claro que Vallecas esté curtiendo la base de una promesa cuyo mayor déficit reside, justamente, en esa base en sí.
Sus condiciones no se discutenLlorente pertenece a esa rama de centrales que afronta casi cada reto del juego como si fuera un uno contra uno entre él y el rival que activa su zona. Su mente no piensa en pos de mejorar la estabilidad de su equipo; sino de cara a dificultar el hacer del tipo que le ataca. Este modus operandi le transforma en un futbolista de muchísima presencia en los partidos, con todo lo bueno que ello conlleva, si bien le exige una superioridad total frente al adversario a quien pille en cada instante, pues, cada vez que pierde un duelo, como en lo que único que ha deparado ha sido en este, sus compañeros quedan vendidos al desorden táctico originado.
No se trata de «no fallar», sino de reducir la gravedad de su fallos.
La calidad de Llorente se está viendo presentada precisamente porque supera a casi todos sus oponentes en casi todas estas jugadas. En lo físico y en lo técnico, se halla por encima de la media, y su capacidad de concentración está mejorando. Sin embargo, no existe progreso en lo referido a visualizar este deporte de una manera más compleja, más vinculada al equilibrio que a la acción protagonista. Y para un equipo de dimensión media, quizá no le haga falta, porque lo que aporta es tan tangible y visual que compensa el puñado de goles que pueda regalar al año, pero si su meta es asentarse en un plantel acorde al potencial que él atesora, deberá completarse. En la élite, lo que es hoy no basta. Es casi implanteable ganar a Agüero, Suárez, Benzema, Griezmann o Müller en 10 acciones sobre 10, y ganar en nueve y que la otra no sea un fallo, sino un suicidio con consecuencias mortales a su alrededor, es fracasar. Eso no vale.
Los centrales fallan de por sí, forma parte de su oficio. De ellos está aprender a minimizar los riesgos que asumen y a reducir la gravedad de los errores que, seguro, van a cometer. O el impacto del acierto de los mejores delanteros del mundo, que es diferente pero vale lo mismo.

Seguid así 




sergio morano 30 diciembre, 2015
Recuerda a Bartra.
Suponiendo que nunca corrigieran esos defectos, como veríais una pareja de marcadores así con un libre muy bueno tácticamente detras?