Antoine Griezmann se está convirtiendo sin prisa pero sin pausa en uno de los futbolistas más decisivos de Europa. Su carácter pragmático, su sed de victoria y su eficaz ética de trabajo le permiten aunar dos virtudes competitivas muy propias de los cracks: el aprendizaje continuo y la regularidad. No ha habido una temporada en la carrera del francés en la que no haya exhibido recursos que un año antes hubiera sido incapaz de utilizar. Y una vez los incorpora a su repertorio, los usa cada fin de semana. Hace dos cursos depuró el arte del desmarque, hace uno, su olfato goleador, y en el recién empezado, su riqueza asociativa.
Griezmann ha dado un salto como asistenteEn la campaña 2014/15, la de su llegada al Vicente Calderón, Antoine Griezmann repartió la pírrica cifra de una asistencia en 46 partidos sumando Liga y Champions. Cabe señalar que la homogeneidad de sus compañeros arriba, que solían ser Mario Mandzukic o Raúl García, no ponía demasiado fácil servir pases de gol, pero tan rotundo fue el dato de la asistencia aislada como aquel que desvelaba que solo estaba involucrado en 0,5 ocasiones por encuentro si exceptuamos aquellas en las que él era el finalizador. En cambio, en lo que va de 2015/16, ocho partidos, Griezmann ya ha servido tres asistencias acabadas en gol; y lo más importante, promedia la friolera de 2,9 ocasiones creadas por noche sin contar aquellas en las que él ejerce como rematador. Dicho de otro modo, un futbolista que venía de servir una asistencia en todo un año, hoy regala casi tres goles cada 90 minutos.
La mejoría técnica de Griezmann en sus controles y pases no ha pasado inadvertida para nadie.
Por supuesto, un factor que ha dado pie a semejante explosión como asistente ha sido la propia evolución de Griezmann, una evolución tanto técnica como instintiva. Se le están viendo controles al primer toque, maniobras en espacios reducidos y pases con cualquier superficie del pie -sobre todo el exterior del mismo- que delatan un perfeccionamiento de su base técnica evidente ante los ojos de cualquiera; mientras que la velocidad con la que interpreta el fútbol también se ha acentuado debido a la experiencia. Antoine piensa muy rápido, ve las cosas antes que antes. Personalmente, ha progresado. Pero como siempre en el fútbol, la cuestión no se limita a lo individual. Hay un mínimo de dos factores ligados de modo estricto a lo colectivo que están pesando tanto como su propia mejoría, sino algo más, en el boom de sus números asociativos.
La transformación colectiva del Atlético de Madrid también ha potenciado su explosión como pasador.
Para comenzar, Griezmann ya no comparte nunca frente ofensivo con un delantero desprovisto de desmarque de ruptura como Mandzukic o Raúl García. Correa, Ferreira-Carrasco, Vietto, Torres y Jackson Martínez atacan la espalda de la defensa rival con ciertas garantías, hasta el punto de que los tres últimos pueden ser considerados incluso especialistas en la materia. En este sentido, se ha pasado del todo al nada. Y justo en la calidad de sus nuevos acompañantes reside, de forma indirecta, el segundo detonante colectivo de su recién adquirida facilidad como asistente: son tan buenos los puntas de Simeone que este se está viendo forzado a alinear a tres a la vez con una frecuencia que, hasta ahora, había sido impropia de él.
Cuando el Cholo alinea tres delanteros a la vez -llegó a juntar incluso a cuatro en su visita al Madrigal de la semana pasada-, el equipo se parte y el partido se rompe. De un lado, los colchoneros verticalizan su fútbol hasta el extremo, y su tremenda calidad, en especial la de Correa y Griezmann, le permite crear peligro aun asumiendo la precipitación a la que se auto-condena. Pero como contrapartida, la consistencia defensiva del sistema se diluye sin dejar rastro. De ahí el corre-calles, y eso en lo tocante al contexto. En lo tocante a su propia posición dentro de esa nueva realidad, la saturación de delanteros lleva a Antoine a una posición más retrasada, la cual le permite jugar más de cara y con más espacios. Y desde esta, asistir es más fácil.
Recapitulando, Griezmann ha dado un nuevo salto de calidad. En este caso, lo ha localizado en el ámbito asociativo. Pero el impresionante incremento de sus estadísticas no se debe solo a ello, sino también a unas modificaciones tácticas y estilísticas experimentadas por el Atlético de Madrid sobre las que todavía es pronto para discernir si han mejorado o empeorado el rendimiento general del equipo. Las sensaciones son irregulares y a menudo preocupantes. Ahora bien, si vence al Real Madrid esta noche, la clasificación le situará empatado con el Barça y por delante de los blancos tras haberse medido ya a los dos, al Sevilla y al Villarreal. Un bonito lujo considerando el prueba-y-error en el que, de momento, está sumergido Simeone.


@migquintana 4 octubre, 2015
La evolución futbolística de Antoine Griezmann es tan obvia que los datos hablan por sí solos:
– Real 2011/2012: 7 goles y 4 asistencias.
– Real 2012/2013: 10 goles y 5 asistencias.
– Real 2013/2014: 16 goles y 4 asistencias.
– Atlético 2014/2015: 22 goles y 1 asistencia.
Dicho esto, creo que todo lo que estamos viendo de Antoine ya se podía entrever en Donosti. Tenía intuición, demostraba olfato, buena definición, también juego entre líneas, tenía algunos toques mágicos… Le faltaba continuidad, constancia y finura en sus botas, pero creo que el jugador que es hoy en día siempre fue una proyección realista.