El fútbol sería peor si fuera lógico, si el azar no tuviera su lugar reservado. La realidad es la que es: nada tiene más peso en un partido que un gol, y el gol puede llegar de cualquier modo, en cualquiera momento. El Betis maneja mecanismos para acercarse a ese tanto sea cual sea el discurso del encuentro, y además tiene a Rubén Castro, uno de los delanteros de la Liga. Ayer su 0-1 cambió la inercia de un choque cerrado a cal y canto que estaba condenado a decidirse a balón parado si Pepe Mel no movía ficha.
Que estuviese cerrado no quiere decir que fuese aburrido, sino que la última línea defensiva de cada equipo se imponía de forma regular al ataque rival. La técnica de los béticos metiendo el pie es superior a la de los maños definiendo. Además, el Real Betis es frío como el acero cuando está cerca de su portero, y el Zaragoza es consciente de que no es hábil en el último toque, y lo paga con ansiedad. En el otro área, la superioridad con respecto a Castro se basaba en la desigualdad numérica: el Zaragoza cerraba con tres (ambos centrales y un lateral) y Rubén lo intentaba en solitario. Es por esto que se viesen tan pocas ocasiones en juego durante el primer tiempo.
Oriol, Montañés y Víctor no funcionaron ayer como tripleta.
La estrategia casi decantó el partido prontoAfortunadamente, los instantes previos al último eran más vistosos. El repliegue del Betis topaba contra un grupo de muy buen manejo de balón, en el que prácticamente los diez jugadores de campo están dotados en lo técnico, lo cual es agradecido para el ojo. Jiménez, sabedor de la consistencia sevillana, optó por alinear a sus tres mediapuntas más hábiles, buscando el desborde individual que ganase el fondo y, desde el pase de la muerte, aclarase ocasiones, pero Montañés, Víctor y Edu Oriol no tuvieron su día. No obstante, la tremenda presencia ofensiva se tradujo en bastantes pelotas paradas a favor que debieron adelantarle. El Betis no podía parar la estrategia maña, eficiente tanto en el golpeo como en el trabajo de área.
Pepe Mel reventó el partido con el Jorge Molina x Nosa.
Pese a estar metido muy atrás, el Betis a Rubén lo encontraba bien. Es decir, no tenía problemas para salir; la dificultad la hallaba una vez Rubén recibía, porque nadie se sumaba con él. La transición defensa-ataque que ha diseñado Mel es de alabar. Los tres primeros pases de cada contragolpe le salen al primer toque, producto de su superioridad posicional. Mucho tiene que ver aquí Salva Sevilla, que jugó como «10», y que es más que sensible detectando dónde debe colocarse para que el compañero que sale le encuentre y hacia dónde debe descargar él luego para acelerar la jugada. Es quien completa los circuitos de pase en esta fase del juego, siempre en zona laterales, que son las limpitas. El lado fuerte, sin duda, es el izquierdo, por tener al lateral más hábil y, sobre todo, porque hacia allí caen Beñat y Rubén. En cuanto Mel sumó a la ecuación a Jorge Molina para lograr equidad numérica de puntas contra centrales, el día se acabó para los maños. A propósito, quedará la duda sobre qué fue lo que buscó Mel con la inclusión de Nosa como falso extremo izquierdo en el once titular. «38 Ecos» vuelve el lunes.






@adricapi 5 enero, 2013
¿Cuantos partidos ha reventado (o como mínimo, mejorado para su equipo) Pepe Mel metiendo en el campo a Jorge Molina?
Para mi el delantero está bastante infravalorado, debe ser por eso de que en este país no gustan demasiado los "tronconueves", pero es que un tipo como Jorge le aporta mucho a su equipo en muchas situaciones, diría que es rara la vez que el Betis no mejora cuando entra Molina…