Este Barça –antes de Pep, ahora de Tito y siempre de Messi, Xavi e Iniesta– cumple su quinto año de vida. Desde su nacimiento, la dirección técnica se ha preocupado por hallar nuevas fórmulas de juego que refresquen la aplicación de una idea invariable. El Triplete fue velocidad y el inicio del falso punta. Con Zlatan se pretendió un 2.0, a la postre fallido. Se buscaba un doble 9 y una solución directa a los primeros problemas que surgían en la salida desde atrás. No funcionó, por lo que rápidamente se volvía a los orígenes: Messi como gestor del carril central en la delantera y dos “extremos” muy agresivos en la diagonal hacia portería. Tras tocar techo en Wembley, el Barcelona acudía al mercado para, esta vez sí, abordar un proceso de renovación. Un cambio de ciclo. Alexis y Cesc, excelentes piezas por sí mismas, sufren síntomas de incompatibilidad con el entorno. Demasiadas zonas en común con Leo Messi y Andrés Iniesta. El reto de Tito es enorme: seguir compitiendo y, por fin, dar paso a un nuevo equipo. No le va a ser nada fácil.
Pellegrino se vio intimidado de entrada por el escenario. No tanto en la puesta en escena (4-4-2 habitual, con Albelda por el renqueante Gago) como en las intenciones colectivas. Sin balón, el Valencia no buscaba arriba al Barça. La presión, siempre a partir de campo propio, originaba recuperaciones tardías. Mala noticia para un conjunto che que necesitaba hacer de la transición su arma arrojadiza. En posicional les sería imposible durante los 45 minutos iniciales. La baja de Gago (mejor orientación para recibir y mayor capacidad de soltarla con marca encima que su recambio) no exime de crítica: El Valencia no implicó nunca a sus dos mediocentros. Salida lateral (frustrada de inmediato por la presión de los extremos culés) o juego directo. Con Pellegrino los centrales no filtran por dentro si hay riesgo.
Poder llegar a mediocampo “gratis” es el regalo que el Camp Nou le hace a su equipo. Ahí Xavi gira y aparece el orden. Tito repitió con él en el doble pivote, acompañado por el novato Song. Gustó el africano. Confirmar su agilidad a un toque y sin balón le fue suficiente. La novedad llegó con la actitud de los extremos, que perdían su condición reciente de chincheta para acabar por dentro al poco de entrar en contacto con la pelota. De esa manera, el Barcelona desplegaba a los laterales y empujaba a Feghouli y Guardado contra su portería. Alexis no es extremo, pero el sector izquierdo le relaja. La suelta con su pierna buena (aumenta su confianza), la diagonal a portería está presente y el regate interior le fluye. Lo de Cesc es otro tema. Ocupando la posición de interior, la gestación le aterra. Tuvo que ser Messi quien se acercara nuevamente a la base a recibir, mientras el de Arenys revoloteaba entre centrales. Eso sí, creando líneas de pase es un artista. Albelda no logró detectarle.
Los extremos, Alexis y Pedro, tuvieron de nuevo un rol interior
La primera jugada de la segunda mitad fue ilustrativa. Un bloque de presión más adelantado y agresivo por fin entregaba al Valencia asociaciones en campo contrario, al tiempo que encontraban recursos puntuales para saltar la presión azulgrana (centrales muy abiertos y alguna incorporación lavolpiana de Albelda para iniciar con superioridad). Aparecían espacios centrales para Tino Costa, que podía darse la vuelta y verticalizar con la amplitud de su brutal pierna izquierda. El castigo del notable esfuerzo realizado en la Supercopa hacía acto de presencia, y el Barcelona cedía impropias fases defensivas. En la inferioridad, la carta de siempre: Messi.
Son estos contextos los que revelan uno de sus problemas actuales: cuando Leo tiene que venir demasiado abajo a incidir, la relevancia de su slalom decae. El oponente siente el pánico, pero alcanza a prepararse. La demanda técnica es demasiado alta y los pases son anunciados a gritos. Y el fútbol es sorpresa. La dimisión de Cesc allá donde se cuece el juego complica el trasvase de poderes en Can Barça. De un modo u otro, Fábregas choca con Iniesta, Messi o el propio Alexis, al que indirectamente lleva a terrenos regateadores que detesta. Tito tiene un papelón. Sin evolución no hay triunfo. Pellegrino, por su parte, deberá enseñar a sus jugadores a sacar la pelota. No siempre encontrará un rival fundido en la media hora final.






@Citizen_Ecos 3 septiembre, 2012
Pues la verdad, a mí Song ayer me gustó poco y Cesc muchísimo más que todos los partidos que le he visto desde el principio de temporada.
Es curioso que el año pasado Guardiola adelantara a Xavi porque adelantó la línea de interiores y Tito lo haya retrasado para situarlo como en la primera temporada de Guardiola. Curioso porque aquella temporada Messi partía desde la punta izquierda y uqe Xavi bajará a la base provocaba un espacio propicio para aquel Alves-Messi que sólo empezó a funcionar correctamente a partir del segundo mes de competición (más por la falta de adaptación de Alves).
Es curioso que en aquella temporada, aquel movimiento de vuelta de Xavi para bajar a la base dejara un espacio en el carril interior derecho para las conducciones de, entonces, Touré, ahora de Piqué y Mascherano. Curioso que aquellla temporada se usara la diagonal larga de Márquez y este princpio de temporada Mascherano la esté usando mucho.
Curioso también que Alba y Alves no coincidan (aunque Alves esté jugando como si la fallara un pistón al motor).
En fin, yo voy a esperar los tres meses de rigor para buscar análisis más profundos porque de momento el Barça me parece una ensalada de déjà vu.
Lo que me arruga un poco la nariz es que hasta ahora la pelota ordenaba al equipo, la pelota mandaba y ahora da la impresión de que es al revés, de que es el posición la que manda a la pelota y ésta frena y pocas veces encuentra el entorno para moverse con velocidad. de todos los jugadores que hay en el campo, sólo Pedro para olvidar que es así.
De todas maneras, como todo esto que digo no son más que sensaciones, dudo que tenga algún rigor.