La intensidad está muy bien vista sobre un terreno de juego. Rara vez se duda de un futbolista que corre a todas, que mete la pierna siempre que hay opción de arrebatársela al rival, que va al suelo con la determinación de Kevin Costner o que tiene presencia en ambas mitades del campo. A fin de cuentas, la intensidad se relaciona con la pasión, la energía y, sobre todo, con la cantidad. Por eso parece que nunca sobra y que siempre suma, aunque no sea del todo así.
Dani Carvajal es el mejor ejemplo de todo esto.
Dani siempre ha destacado por su intensidadEn torno a esta cualidad, Dani Carvajal ha sentado las bases de lo que puede ser una carrera como lateral derecho del Real Madrid. De hecho, es que parece predestinado a ello desde que en 2002 fuera elegido para poner la primera piedra de Valdebebas junto a Don Alfredo di Stefano. Esta efeméride seguramente tenga mucho de casual, pero en el fondo viene a hablar tanto de la figura y personalidad de Carvajal como lo hace el lugar donde nació. Para quien no lo conozca, Leganés es un municipio del sur de Madrid de 190.000 habitantes en el que para tener una opción de destacar hay que llegar antes, más fuerte y con más determinación que el que está al lado. Y esto a Carvajal jamás le ha supuesto un problema.
Es más, no ir al límite es lo que en realidad le cuesta. Le hace sufrir. Le incomoda. Desde que despuntara en «La Fábrica» hasta que destacara en el Real Madrid de Carlo Ancelotti, previo paso exitoso por la Bundesliga, Carvajal ha jugado con un embrague de dos únicas marchas: la quinta y la sexta. En estos años, Dani ha podido ir rápido o muy rápido y fuerte o muy fuerte. A todo, no sólo en defensa. Porque aunque esta forma de proceder evidentemente le costaba ser desbordado más veces de la cuenta cuando en el fútbol actual casi no hay regates, también le restaba en campo rival al quitarle precisión en todas sus acciones técnicas. Al final sumaba por puro nivel, pero también era el que más restaba del equipo.
En los partidos más exigentes siempre compiteUn hecho éste que en un equipo de Ancelotti no casa nada bien. El italiano es un técnico de control, y un jugador como Dani Carvajal está destinado a provocar todo lo contrario, lo que en los partidos más complicados podía representar la fuga por la que el barco comienza a naufragar. Sin embargo, Dani rara vez fue una debilidad. Incluso se podría decir que, cuanto más difícil era el rival, mejor competía el canterano. Y como muestra se puede tomar el doble enfrentamiento ante el Bayern Munich de Franck Ribéry. Pep Guardiola quiso empotrar al Real Madrid, Carlo Ancelotti aceptó encantado y, sin tampoco cambiar de estilo, Dani Carvajal superó una y otra vez al francés, dándole así tiempo a Karim Benzema y a Sergio Ramos para que pusieran rumbo a la famosa final de Lisboa.
Esta temporada estamos viendo a un Carvajal diferente.
“Quien me conozca sabe que soy competitivo al 100%. Soy un jugador muy intenso defensiva y ofensivamente”, se definía él mismo poco después de renovar por cinco años más. Su rendimiento en la etapa Ancelotti fue muy bueno. Notable. En cambio, esto nunca es suficiente para un club que siempre ambiciona el sobresaliente, lo que a veces es virtud y otras defecto. Y, por ello, llegó Danilo.
La competencia le ha llevado a mejorar másEl lateral brasileño había demostrado en Porto que podía ser el lateral de un equipo aún más grande. Despliegue físico, capacidad ofensiva, fortaleza para enfrentarse a todos… Su llegada a Madrid parecía coherente tanto para su nivel como para su trayectoria, por más que ahora pueda parecer lo contrario. Dicho esto, lo interesante aquí es pararnos a analizar cómo Carvajal ha vuelto a aprovechar su momento. Es evidente que el de Leganés, desde el banco, vio en el bajo rendimiento de Danilo la oportunidad de refrendar su posición en el imaginario madridista, pues para eso conoce el club desde dentro. Lo que sucede es que cuando un jugador quiere reivindicarse tiende a hacer más cosas de lo habitual, y esto en el caso de Carvajal, ya de por sí proclive a ello, podía convertirse en una peligrosa hipérbole para un Real Madrid que tácticamente viene tolerando muy mal cualquier precipitación en el juego. En cambio, no está siendo así, sino más bien al revés.
El chico que reconocía que con el Lemans, su primer equipo, debía jugar con rodilleras porque siempre iba al suelo y se lastimaba las rodillas ha respondido a la competencia con una evolución en su juego realmente inesperada. De una forma muy parecida a lo que está haciendo Jordi Alba en la banda opuesta del bando contrario, Carvajal le ha sumado un punto de poso y de reflexión a su fútbol más que evidente. Ahora en defensa está más tranquilo, se mueve menos y no mete la pierna tantísimas veces. Es decir, está más ordenado. Y en ataque, más de lo mismo: como mide mejor, suma más. Sigue haciendo muchas cosas a una gran velocidad y con una gran convicción, pero no porque sí. No de forma automática. Ahora sus acciones técnicas son mucho más limpias, está eligiendo mejor cuando romper hacia línea de fondo (que le pregunten a Isco o a Modric) y, una vez llega, es capaz de pararse cuando el resto se está moviendo, lo que viene a ser como apostar al 1X2 en una quiniela. Ahora Carvajal presume de una intensidad controlada, y esta suma de conceptos resume precisamente la idea de Zidane.
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Segundo Asalto: El Real Madrid de Zinedine Zidane.






sergio morano 13 febrero, 2016
Recuerdo a ribery dándole una colleja en un córner porque se lo estaba comiendo por los pies.