Aritz Aduriz será por siempre patrimonio del fútbol español. Y su volea ante el FC Barcelona, entre la tijereta y la chilena, en un escorzo que para nada acusó la fecha que figura en su carnet de identidad, pasará a la historia como la primera de sus últimas obras sobre el lienzo. El punta donostiarra, que entró en la recta final en detrimento de Iñaki Williams, se inventó una de las estampas más imponentes de una Liga que arrancó ayer con la presión del Athletic y un Barça demasiado atado a los cuatro costados. En un partido de más dimes que diretes, ya que a los puntos fueron 45 minutos -no siempre seguidos- para cada uno, Garitano consiguió -más allá del resultado final- sacarle los colores al vigente campeón mediante un generoso ahínco defensivo, entre la presión y el repliegue medio.
La vigilancia de Raúl García sobre De Jong le complicó al Barça
La declaración de intenciones por parte del Athletic fue total desde el inicio. Armado en el mismo 4-4-2 que ya empleó la temporada pasada con la llegada del bilbaíno, el cuadro rojiblanco salió a encimar los primeros pases del FC Barcelona con una presión que tenía su inicio en Williams, que corría muy cerca de los dos centrales, su continuación en Raúl García, que se ocupó en todo momento de De Jong -que fue pivote y no interior ante la ausencia de Busquets-, y su final en los dos centrales, Unai Núñez y Yeray Álvarez, que recogían la alfombra ante las recepciones de Luis Suárez. Un escenario de presión muy bien organizado, que Garitano, como es obvio, fue regulando con el paso de los minutos. Y a través del cual consiguió que a los culés no les quedase más opción que jugar hacia fuera con sus laterales, Jordi Alba y Nelson Semedo, que, recibiendo muy abajo y siempre al pie, fueron las dos únicas rutas de pase limpias que encontró en su ‘fase de iniciación’.
Con De Jong perseguido todo el tiempo por Raúl García, el cuadro de Ernesto Valverde acusó en su sistema una rigidez muy excesiva. Con los dos interiores muy alejados de su pivote, tratando de progresar de manera vertical antes de asegurar el primer envío, y con los extremos, Griezmann -izquierda- y Dembélé -derecha- completamente anclados en los carriles exteriores, al FC Barcelona no le quedó más remedio que entregarle una y otra vez el balón a sus laterales para que estos, en una situación de relativa ventaja en el momento que Muniain y De Marcos cerraban cualquier opción por dentro, fueran los encargados de hacer progresar al equipo por donde más le interesaba al Athletic: ya que entre pivote y extremo generaba una situación de 2×1 en la que, nada más recuperar, la intención era siempre la misma: buscar en largo a Iñaki Williams, que amenazaba el ‘aclarado’ entre la espalda del lateral y el central.
La lesión de Suárez situó a Griezmann como ‘9’ en el sistema
Sin Messi, la entrada de Rafinha le permitió al Barcelona ganar una mayor presencia por delante del balón. Apareciendo desde un costado, primero el izquierdo y a continuación el opuesto tras la lesión de Luis Suárez, el futbolista brasileño dotó a su equipo de una línea de pase hasta entonces inexistente. Arrancando a pie cambiado para actuar hacia dentro, pisando mucho carril central y asumiendo una gran responsabilidad creativa, el ‘12’ del Barça consiguió equilibrar las cosas en el último tramo de la primera parte. Pero fue la entrada de Rakitic al descanso la que, al menos durante un tiempo, desequilibró la balanza para los de Valverde con el balón.
El croata, que ingresó por Aleñá, se posicionó en el perfil derecho, a pocos metros -y en ocasiones, incluso, en paralelo- de De Jong, y le garantizó a la pizarra la segunda línea de pase que tampoco había aparecido en la primera mitad. Una línea extra que dividió por momentos las vigilancias más avanzadas del Athletic en su presión, hasta el punto que Garitano prefirió esperar, dar un paso atrás y no ir -como en los primeros 45’- a una presión excesivamente peligrosa para su interés. Y contra las piernas de sus propios futbolistas. Pero esos reajustes que Valverde fue introduciendo a través de la pizarra se quedaron a medias, pues el equipo, a pesar de la voluntariedad de Rafinha, se quedó bastante lejos de la portería de Simón. Y de los ojos de Griezmann, que primero en la banda y después como ‘9’ se pasó todo el encuentro esperando a algo que en realidad, fruto de ese comportamiento tan estático, difícilmente le podría alcanzar.






José Luis 17 agosto, 2019
Pues un Barsa sin Messi, casi sin Suárez, sin Rakitic, sin Vidal, sin Busquets, sin Coutinho… se presenta en San Mamés y en la primera parte, aguanta el tipo perfectamente. Una acción de Williams (esperable por su velocidad) y otra de Raúl García a centro de Capa (qué mal pase raso tiene) fue lo que presentó el Athletic ante ese Barsa. Los culés, solo un par de entradas de Alba (que mal coordinó en ese tramo con Griezmann) y dos acciones fortuitas que acabaron en el poste. Una a fallo del rival y la otra a genialidad propia. Pero vuelvo a decir lo mismo. Tantas bajas, en semejante escenario y vimos a un Barsa muy competitivo.
Particularmente, Dembele me gustó ayer. Lo diferencial del Barsa, junto a Rafinha y luego Rakitic, salía del extremo francés. Ayer con vitola de mando. No está acostumbrado a eso, pero lo intentó y no le salió mal del todo.
Y para terminar Aduriz. Por partes. Saque de banda, pared y el balón le llega en ventaja a Capa qué no había dado un centro o pase en condiciones en zona de ataque. Probablemente porque está acostumbrado a otro tipo de centro. Pero en el 89 sabe que Aduriz está por ahí. Así, que relajado centra por alto. Mucho más fácil que por bajo. Esa tranquilidad en el centro permite que aflore hasta virtudes técnicas que antes no aparecieron. Todo porque dentro del área estaba Aduriz. Pues en esas, mientras el balón vuela, esperaba un salto imponente contra Piqué o Lenglet si es el primer palo. Pero el tipo, 37 años cuenta, ve otra posibilidad, ya que el balón se aleja mucho de los centrales. Ellos, también por miedo a Aduriz se han acercado más a su portero. Media chilena o tijereta, y uno de los goles de la liga en la primera jornada. Pero queda claro que lo que supone Aduriz para compañeros y rivales es increíble. Voy más lejos. Si en esos últimos 5 minutos, el Athletic puede meter a Cristiano Ronaldo, no genera mucha más confianza el portugués entre los suyos o más miedo en los rivales.