No es normal que el Real Madrid haya llegado a este 4 de mayo con posibilidades factibles de ganar la Liga y la Champions. Tras la debacle sufrida después de coronarse como campeón del mundo ante San Lorenzo de Almagro, tomó decisiones arriesgadas y la Ley de Murphy respondió a su manera. Todo lo que podía salir mal, que era bastante, salió mal. En un club normal, un “fallo” de este calibre cuesta una temporada sin ilusiones, que es incluso más dura que una sin resultados; sin embargo, el madridismo va a encarar los partidos decisivos del curso con ese cosquilleo que la mayoría de aficiones sólo siente durante el mejor año de cada uno de sus lustros. El motivo se reparte entre no pocos factores, varios ajenos a sus actos y otros labrados a pulso, y cada cual ha resultado indispensable para resucitar esta primavera que se perdía, pero hay uno, concreto y destacado, que fue el que permitió florecer al resto: la BBC.
Gareth Bale y, sobre todo, Cristiano Ronaldo ganan muchos partidos sin necesitar que su equipo supere a su adversario. Karim Benzema, además de resolver otros tantos, potencia a sus dos compañeros y se crece en las noches más grandes. La BBC es un argumento que, por sí mismo, quizá no dé títulos pero sí el distinguido derecho a soñar con levantarlos. No obstante, esta noche, Zinedine Zidane no contará con ella: el francés es baja fija y el luso, de participar, lo hará en condiciones presuntamente mermadas.
Cristiano Ronaldo de extremo izquierdo es el germen del fútbol ofensivo del Real Madrid.
Edificaremos el análisis partiendo del supuesto de que Lucas y Bale ocuparán los costados y de que Ronaldo ejercerá de “9”. Con esta base, lo primero a valorar radica en que el futbolista más decisivo de esta edición de la Champions no ocupará su zona predilecta, que es la banda izquierda, y esto el Real lo paga empeorando.
Cuando Ronaldo inicia su juego en calidad de extremo izquierdo, sus movimientos más naturales reordenan al equipo tácticamente de manera muy favorable. Facilita el intercambio de posiciones y, con este, ofreceEl desmarque al primer palo de Ronaldo agita a toda la defensa rival mayores posibilidades a su centro del campo en forma de líneas de pases intermedias, defensas cruzadas y la posición desmarcada de Gareth o Karim, dependiendo de quién sea el amigo que haya caído a su espacio. Del mismo modo, cuando arranca desde el costado, Cristiano consolida un automatismo que condiciona el fútbol mundial como sólo una recepción de Messi en la zona de peligro puede igualar: su desmarque al primer palo -es decir, al que queda más lejos de su casilla de salida-. En el fútbol que practica la masa, el gol habitual se produce tras centros al área que superan a uno o dos adversarios y luego son rematados; en el fútbol que practica el máximo artillero de la historia de la Champions, el servicio más sencillo, el tocado al primer palo, el que se lanza cuando el centrador llegado fundido o está bien tapado, se transforma en tanto con frecuencia. Dicha colosal amenaza azota los partidos a título táctico otorgando la iniciativa al Madrid. A Ronaldo, literalmente, se le defiende con la línea de cuatro entera.
No hay grandes partidos de Cristiano como «9» en equipos que tuvieron la posesión del balón.
Su juego sin balón cuando actúa como referencia suele verse muy empobrecido. Se trata, por encima de todo, de un hombre que busca el gol, y el hecho de empezar las jugadas allá donde su instinto le pide acabarlas le vuelve un jugador más inmóvil y desactiva buena parte de su talento. Considerando que, encima, y tomándose al pie de la letra las palabras de su entrenador en la rueda de prensa previa al envite, recién superó una lesión muscular, el panorama redobla esa llamada al pesimismo moderado.
Contado esto, en el Etihad Stadium, el propio Zidane aplicó un ajuste que encontró continuidad y éxito en la visita a Anoeta: Bale en el pico izquierdo del área. El galés es un futbolista autosuficiente de notable lectura del juego que necesita contacto con el balón y perspectiva goleadora; motivo por el cual afirma que la banda izquierda es la que menos bien sienta a su fútbol. Las estadísticas, como el juego, respaldan su parecer. De ahí que, entre tanta baja, Zidane le mantuviese en la derecha y cambiase de lado al joven Lucas, a quien la izquierda, en teoría, le viene mal, pues desactiva, en su caso sí, la única acción ofensiva en la que marca la diferencia con constancia: obtener la línea de fondo y colgar un buen centro. Se insistía en mandarle para allá porque, al fin y al cabo, perjudicar a Lucas era un precio que se pagaba a gusto por tal de que Bale siguiera brillando.
Gareth Bale ha recuperado el movimiento más relevante de Ronaldo durante la baja del luso.
Sin embargo, el movimiento maestro del Real, el de Cristiano Ronaldo, el arrastre del extremo izquierdo hacia el palo contrario de la portería con amenaza seria -y tan seria- de remate, desaparecía de esa guisa, borrando ipso facto la principal ventaja táctica del ataque merengue. Y para recuperarlo, Bale y Lucas intercambiaron sus posiciones, pasando el canterano a su derecha predilecta y el galés a su izquierda original. Pero no en el sentido original: no está ejerciendo de extremo, apenas pisa la banda. Su rutina de desmarques sitúa su nacimiento en el pico del área ofensiva, como si fuera un mediapunta ligeramente escorado, lo que le sigue permitiendo activar un fútbol de 360º a la vez que, como prueba el gol de la victoria en San Sebastián, ha recuperado el automatismo que siempre inspira Cristiano.
De en cómo vincule Bale su fútbol con la posición de ariete del emblema del Madrid dependerá, en gran medida, la fluidez del ataque organizado blanco. Si Ronaldo no libera ningún espacio y fuerza a sus compañeros a mantener siempre el mismo reparto de carriles, se impondrá la espesura. Si, en cambio, muestra movilidad suficiente para que el galés siga interpretando el último de sus guiones asignados, el Manchester City podría sufrir. Benzema es el facilitador de esta delantera colosal: sin el número “9”, el gran reto de Zidane consistirá en que los números “7” y “11” se aproximan lo máximo posible al nivel que alcanzan cuando los tres juegan a tope. Con la dificultad añadida de los problemas físicos del astro.


Demian 4 mayo, 2016
No veis a Jese de 9 y CR en la izquierda?