Desde que el FC Barcelona dejó de tiranizar los partidos a partir de ese 70% de posesión que le otorgaba el control de prácticamente todo lo que sucedía en el duelo, el equipo catalán basó su sistema defensivo en el talento individual de sus tres piezas centrales -y de todo lo que supone Leo Messi, por supuesto-. Cuando estas no estuvieron a su máximo nivel, sobre todo en el caso de Gerard Piqué, el equipo sufrió cada minuto que no tenía el balón, lo cual además cada vez iba siendo más habitual. Pero cuando volvieron a su plenitud, como sucedió a comienzos de 2015, el conjunto culé pasó a defender mucho mejor de lo que su sistema aventuraba.
Este curso el Barça depende menos de PiquéEs decir, en este caso fue la calidad individual de estos futbolistas, sobre todo, repetimos, de Gerard Piqué, la que mejoró y potenció la estructura colectiva, y no al revés. Por esto mismo, lo que estaba ocurriendo a comienzos de este curso resultaba muy curioso. Aunque Sergio Busquets venía siendo uno de los tres jugadores más destacados, el nivel de la pareja de centrales estaba lejos del de meses anteriores. Por no hablar del de sus sustitutos, que venían a representar más un problema que una oportunidad. En cambio, pese a esto, el Barça no se resintió tanto colectivamente. Su nivel defensivo se mantuvo estable, hasta el punto de que Bravo, aunque haya encajado más goles, está siendo menos protagonista que antes. Resumiendo: el Barcelona 2.0 de Luis Enrique parece menos dependiente del nivel de sus zagueros.
Masche cada vez está mejor esta temporadaAdemás, a esto hay que sumarle el hecho de que ambos cada vez están más cerca de ser lo que fueron en la primavera del año pasado. Y aquí el sobre todo sí que hay que dedicárselo a Javier Mascherano, pues ha sido el argentino el que ha tirado de Piqué conforme iban llegando los problemas. Es más, no es muy atrevido suponer que hay una relación de causa – consecuencia entre el hecho de que el Barcelona comenzara a ser dominado en ciertos partidos y que su «Jefecito», el cual estaba emitiendo alguna sensación extraña perdiendo más de una batalla que antes no solía perder, ofreciera una respuesta tan clara y contundente como la que vimos en el Emirates. Porque fue en el regreso de la Champions, en la prueba del algodón, donde Mascherano volvió a demostrar su valor competitivo como futbolista y, en definitiva, como central.
Javier Mascherano vuelve a ser un argumento de peso.
Al final, por noches europeas como la vivida hace tres semanas, cuando toque hacer balance global del paso de Javier Mascherano por el centro de la defensa barcelonista habrá que diferenciar muy explícitamente entre lo que planteaba la teoría y lo que supuso en la práctica. En lo referente a lo primero, a lo que sucede antes de que pite el árbitro, el argentino representa varios problemas muy obvios. No tiene ni formación ni cuerpo de central, lo que viene a ser como tocar bien un instrumento sin práctica ni oído. Sin embargo, lo que ocurre durante los mismos sugieren una valoración diferente. Sí, evidentemente Mascherano ha sufrido ambas carencias en ciertos encuentros, sobre todo ante el Madrid -¿y quién no?-. Y sí, estos fallos eran fácilmente previsibles y difícilmente subsanables. Pero, al final, el recuento general deja estas acciones en meros detalles circunstanciales. En un simple peaje que el Fútbol Club Barcelona viene pagando gustosamente. Porque quizás en la teoría había centrales más apropiados para acompañar a Gerard Piqué, pero en la práctica cuesta muchísimo imaginar a uno que hubiera podido sustituir a Carles Puyol (!) como lo está haciendo Mascherano.






DOCTORSOCRATES 16 marzo, 2016
El artículo me genera una duda
¿Por qué no se dan más casos de futbolistas reconvertidos?
Considero que cada equipo debería formar a sus jugadores en varias posiciones para sorprender a los contrarios y para tener más opciones a la hora de crear los onces. No es algo habitual y daría unas variantes magníficas a cada técnico. Ejemplos como Mascherano, Sergi Roberto o Guardado debería haber tres o cuatro en cada equipo.