Antaño, los técnicos que eran contratados a mitad de temporada con el único objetivo de sacar a un equipo del descenso recurrían a soluciones bastante parecidas: bloque muy bajo, riesgos mínimos e intensidad máxima. Unas veces salía bien y otras no tanto, como con cualquier propuesta, pero el hecho es que la mayoría coincidía en que todo comenzaba por proteger tácticamente al equipo. Más tarde, cuando el impacto por el cambio en el banquillo se diluía y el vestuario perdía esa activación emocional, muchos entrenadores decidían añadir nuevos matices o, incluso, apostaban por un estilo diferente, pero lo que -casi- siempre resultaba innegociable era que primero había que sobrevivir. Y antes se sobrevivía esperando atrás.
La mayoría de técnicos decidían replegar para sobrevivir.
Una fórmula que se sigue repitiendo hoy en día (Lucas Alcaraz en el Levante 2015 o Joaquín Caparrós en el Mallorca 2012), pero que prácticamente ha quedado relegada a una excepción cada vez más puntual. Es más, actualmente se podría decir que ese estilo ha evolucionado por otro lado, adelantando el bloque bastantes metros hasta, incluso, apostar por la presión como principal vía de defensa y ataque. Así fue el caso de Javier Aguirre en el Espanyol 2013, de Cosmin Contra en el Getafe 2014 o, de forma más paradigmática, de la mayoría de equipos de Abel Resino, que con su defensa adelantada como antídoto se ha convertido en un especialista en estas lides -aunque en sus últimas experiencias se fue matizando-.
El sentido de la posesión lo ha cambiado todoSea como fuere, esto simplemente parece una mera transformación. El planteamiento principal, la génesis del mismo, sigue siendo parecida a la que había hace unos cuantos lustros. Lo verdaderamente interesante es cómo, de forma totalmente opuesta, en la actualidad muchos técnicos que afrontan esta situación no sólo evitan protegerse, sino que deciden exponerse. O mejor dicho, dándole la vuelta, buscan proteger a sus equipos de una manera diferente a la que dictaba la tradición: teniendo el balón en los pies. Una decisión que, mismamente, han tomado los dos técnicos que han llegado con el curso 15/16 empezado: Quique Setién y Rubi.
Los nuevos tiempos requieren soluciones diferentes.
El primer en llegar fue Quique Setién. El cántabro se encontró a un equipo que navegaba sin rumbo desde que había perdido a su brújula. Los evidentes esfuerzos de Paco Herrera, que terminó despidiéndose con Wakaso de mediocentro, no habían dado resultado y la UD Las Palmas estaba mostrando su cara menos competitiva. Para corregir dicha situación, Setién cambió de sistema y dio entrada a nuevos nombres: 4-2-3-1 con Roque Mesa al lado de Hernán/Vicente, Tana como mediapunta y El Zhar en banda derecha. Esto, per se, ya resulta reseñable, pero no deja de ser bastante superficial. Al final, un equipo no depende del qué, sino del cómo. Y el sentido que iban a tener todos estos cambios era uno muy claro: mejorar la calidad de la posesión para luego hacerse fuertes por dentro. Roque & Vicente iban a ayudar a dar una salida de balón más rasa que con Herrera, que habitualmente utilizaba el envío directo a Sergio Araujo. A partir de ahí, sin prisa y con buena letra, Tana daría superioridad en el centro, tanto con como sin balón. La idea, de momento, deja alguna duda. ¿Jonathan Viera en la izquierda no está infrautilizado? ¿Cómo de sólidos serán Roque & Vicente cuando su colmillo no esté tan afilado? ¿El Zhar encaja con Simón? El tiempo dará respuestas a estas preguntas, pero por lo pronto, ante la Real Sociedad, el equipo canario ha comenzado a demostrar que está entendiendo las directrices de su entrenador.
Rubi cambió por completo la idea de AlcarazMás reseñable si cabe ha sido el cambio que ha dado el Levante UD desde que Joan Francesc Ferrer cogiera las riendas del equipo granota. Con Lucas Alcaraz, el ataque y la defensa se explicaban, entre comillas, a partir de la figura de los carrileros de su 5-3-2. Estos debían estar atrás y adelante casi que al mismo tiempo, pero al final sólo permanecían en posiciones defensivas y así el Levante rara vez pudo alejarse de la portería de Rubén. Quizás el partido ante el Villarreal, con la zaga más adelantada y una mejor presión, era lo que estaba buscando Lucas, pero lo cierto es que al final sólo lo encontró aquel día. Dicho esto, Rubi le ha cambiado el paso por completo al equipo. Ahora el Levante quiere la pelota, por eso la cuida cuando la tiene y la busca cuando la pierde. Una intención que casa bastante bien con el 4-3-3 que está dibujando el equipo, sobre todo con esa línea de medios compuesta por Simao Mate, Víctor Camarasa y Jefferson Lerma. Tres jugadores muy diferentes entre sí, pero que forman parte de un mismo plan y que, con Rubén García y José Luis Morales por fuera, más las ayudas de Toño o Roger, han conseguido que el Levante transmitiera mejores sensaciones que Valencia y Deportivo, sus dos rivales, pese a únicamente sacar uno de los seis puntos posibles.
Los nuevos tiempos requieren soluciones diferentes.
Los tiempos cambian, los futbolistas cambian, los entornos y las aficiones cambian. Esto no es ni mejor ni peor, es simplemente fútbol. Y los entrenadores de la Liga BBVA están demostrando que no sólo entienden dichos cambios, sino que quieren protagonizarlos y darles el mejor de los sentidos posibles para alcanzar sus objetivos. De cómo de adecuadas sean sus ideas, de cómo sepan transmitirlas y de cómo decidan adaptarse dependerá el éxito de Setién y de Rubi, pero su ejemplo ya ha servido para confirmar que hay nuevas soluciones para resolver la misma crisis de siempre.






Abel Rojas 10 noviembre, 2015
Interesante lectura. Pero diría que en esto hay un aspecto que es clave: los nuevos entrenadores que se tratan en el artículo han llegado muy, muy pronto. Casi con el 75% del por disputarse. Hay tiempo para construir.
El prototipo de entrenador de resistencia que se describe «contrastándolo» con Rubí y Setién suele llegar en el último tercio de Liga. Me parece que es un detalle importante. No porque anule el texto, con el que coincido, sino porque creo que la inercia, de darse un cambio de entrenador en la jornada 30, será la de casi siempre.
El año pasado cuando llegó Víctor al Depor, probó muchas cosas y al final la que funcionó fue la ultra-defensiva.