Sergio Canales todavía no ha cumplido un cuarto de siglo, pero cuesta imaginar que en lo que le queda de carrera pueda llegar a cumplir las altas expectativas que generó su más que famosa actuación en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Aquel inolvidable 9 de enero de hace cinco años, el joven santanderino rajó en dos al Sevilla de Manolo Jiménez sin que nos fuera posible acordar qué era lo que más había impresionado de su performance: si su velocidad en conducción, su calidad para tocar el balón, su sentido del juego o su clase a la hora de definir. La melena rubia del Racing ya había hecho acto de aparición en Cornellà un mes antes, pero fue en la capital hispalense donde Canales se anunció como «the next big thing» del fútbol español, que dirían los anglosajones.
Y no sólo no lo ha sido, sino que además la sensación es que nunca tuvo la opción de demostrar si podía serlo. En el Real Madrid, pese a su ilusionante pretemporada, su experiencia fue tan fallida como los más agoreros pudieron pronosticar. Y en Valencia, donde sí tuvo confianza y espacio, las lesiones fueron acabando con cada uno de sus picos de forma. Era recuperarse, jugar, gustar y volver a caer. Un deja vu constante que le atrapó durante sus dos primeras temporadas, y que propició su marcha a mitad de la tercera.
En Anoeta ha encontrado continuidad. Y está gustando.
Poco a poco, está logrando ser importanteDonosti parecía el destino perfecto para un futbolista, para una persona, que necesitaba la confianza, paciencia y estabilidad que puede dar un paseo por La Concha, una terraza en la que sentarse al lado de la Catedral del Buen Pastor o un partido de Liga en Anoeta. Porque la Real Sociedad venía de estar en Champions y tenía su cuota de exigencia, pero ni por asomo la presión podía compararse con la de sus anteriores hogares. Además, aunque en este caso en concreto incluso pudiera parecer secundario, la identidad de la plantilla donostiarra y la idea de Jagoba Arrasate casaban a la perfección con su fútbol pausado pero a la vez vertical.
Es el jugador diferente de la Real SociedadUn pronóstico que se está cumpliendo punto por punto. Sin mucho ruido, con poca resonancia, alejado de los focos mediáticos, sin muchas expectativas que cumplir y en medio de una gris Real Sociedad, es cierto, pero la temporada 2014/2015 de Canales sólo se puede definir como muy positiva. Ha logrado la continuidad necesaria en forma de partidos (37, récord de su carrera), ha reclamado el peso en el juego que merece su talento (desde la banda) y, en la ausencia de Carlos Vela, se ha convertido en el jugador más diferente del «escarabajo pelotero» de David Moyes.
Se ha convertido en el organizador de la Real Sociedad.
Lo ha logrado, simplemente, jugando. Apareciendo. Sumando. En un equipo que sabe tener el balón, pero al que le cuesta verticalizar sin ser previsible, Canales está haciendo gala de su sentido del juego, el cual unido a su calidad da por muy buena la libertad que le da Moyes. Porque Sergio suele comenzar en banda, pero sólo la pisa cuando quiere. O, mejor dicho, cuando debe hacerlo. Viene a la mediapunta, ofrece una línea de pase, hace aparecer al Chory Castro, minimiza el impacto de la baja de Vela y logra que el año de Prieto no parezca tan intrascendente. Es, en definitiva, el verdadero organizador y creativo de la Real por delante de Rubén Pardo.
Por todo esto, contextualmente hablando, su 2015 no puede ser mejor e invita al optimismo. Sergio Canales, un lustro después de lo del Pizjuán, parece haber encontrado su lugar en Primera División. Seguramente nunca sea la estrella que todos quisimos imaginar, pero lo que sí es -y debe seguir siendo- es un notable futbolista.






sobris 9 mayo, 2015
Te veo demasiado optimista porque para mi es un jugador que se ha estancado, si bien es verdad que la continuidad te da seguridad y quizás el año que viene,yo tengo fe en que se recupere el canales del Racing.
Pero el problema es que yo ahora lo veo como un jugador con un poco como de miedo. Antes se atrevía a todo y ahora parece que tenga miedo a equivocarse y no confía en su enorme calidad. Es una sensación, tal vez equivocada.