El Madrid no goleó en Vallecas por su turbado primer tiempo y porque los once jugadores del Rayo, seguramente inspirados por el carisma de Jémez, se salieron a nivel individual. En lo táctico, sin embargo, otra vez mudaron su piel, asumieron más riesgos que ante los humildes y regalaron todo tipo de facilidades a un gigante.
El Rayo dibujó cosas bonitasPor norma, en la iniciación de cada jugada, el Rayo ponía entre siete y ocho futbolistas muy por delante de la línea de la pelota. Y eso apenas fue el riesgo menor. El mayor consistió en que, tanto los de arriba como los de abajo, abrieron muchísimo sus respectivas posiciones. Si solo hubiera habido locales sobre el verde, Casillas hubiera podido mirar a los ojos de Cobeño ininterrumpidamente durante los 90 minutos. Por supuesto, de esa forma el Rayo creaba un montón de espacio, así como líneas de pase tan fértiles como numerosas, y como se atreve a combinar, conseguía circulaciones harto llamativas. A cambio, cada vez que el Madrid robaba el balón, con un solo toque podía quedarse en mano a mano para el gol.
El Madrid se confunde demasiado. Cualquier detalle o actitud del rival le lleva a dejar de hacer su fútbol. Como si no confiase en él.
Como suele suceder, el anti-competitivo fútbol rayista provocó que su poderoso rival jugase mal también. Al ver tan claro que con dos toques podía marcar, el Madrid abandonó cualquier intención racional y se transformó en una catapulta obtusa que no daba tres pases seguidos. Quien recuperaba la bola intentaba asistir sin más, desde donde fuera. Como plan carece de calidad, pero en la práctica, como el espacio que deja el Rayo es tan sideral, entre el minuto 15 y el 30 ya llega el tanto. En esta ocasión, el Real, con Marcelo y Modric a la cresta, estuvo tan, tan impreciso que los envíos nunca llegaron a buen puerto. Y entre fallo y fallo, los de Jémez seguían disfrutando con la pelota, sin darse cuenta de los riesgos de su propuesta. Ramos, colosal, neutralizó sus cuantiosas llegadas. Las mejores, por cierto, cosa de Embarba. Brilló.
Tras la reanudación, el choque tuvo poca historia. El Madrid se juntó más sin balón, lo recuperó más arriba, pensó qué hacer antes de hacerlo y permitió a Cristiano Ronaldo y James Rodríguez, ambos en estado de gracia, marcar la diferencia. Apetece mucho ver al luso y al cafetero contra el Atlético de Simeone. Hay que contrastar sus niveles.






unifutbolero 9 abril, 2015
A mi me pareció expectacular, no increible, el planteamiento de inicio de los de Jémez, mejor dicho lo que provocó este. Fue muy energizarte para los rayistas ver que siempre se encontraban con una línea clara de pase, gracias a las tres variantes de pase que tenía el jugador que conducía o poseía el balón al haber siempre tres o dos jugadores pivotando ante él. La mejor defensa en la primera parte para el Rayo fue su posesión principalmente.
Todo esto anuló a un Madrid que solo derrochó físico en la presión desordenada de balón y que se vió salvado por un Ramos a la altura de su mejor nivel, defensivamente hablando, y un Casillas que no tembló a la hora de atajar. Vimos a un centro del campo muy separado de la defensa, sin James ni Modric ejerciendo de puentes, pasó ante el Schalke. Vimos a un Carvajal muchas veces superado por un excelente Embarba como bien reflejaba @Abel. El Madrid solo se sirvió de los cambios de orientación, esta vez muy imprecisos, a la hora de hacerle peligro al Rayo en la primera parte.