Seydou Keita terminó siendo un futbolista muy infravalorado. Aquel centrocampista de dinámica constante, despliegue impactante y optimismo ante el gol, quedó sepultado por el virtuosismo general. Las cosas ocurrían demasiado rápido a su alrededor y solo los elegidos podían sobrevivir sin sudar sangre. Como su estampa cantaba, pronto se olvidaron las muchas tardes donde su concurso resultó incluso determinante. Con la marcha del africano, la medular culé pierde un perfil de jugador muy definido. ¿Cómo afecta esta baja al Fútbol Club Barcelona? ¿En qué situación queda el centro del campo blaugrana?
Los dos aportes diferenciales de Keita llegaron a ser importantes en la etapa Guardiola. Por un lado, no había interior en la plantilla que vigilara mejor su espalda. La naturaleza del fútbol de Iniesta (titular en su puesto) es vivir por delante de la pelota. La de Xavi, acabar arriba. A la espalda de ambos, un ancho exigente de administrar para el mediocentro. Con Seydou, el Barça la perdía (mucho) peor, pero ganaba todas las bolas muertas. Además, saltando era élite. Quizás su mayor contribución competitiva se localiza en aquel duelo de semifinales de Champions ante el Real Madrid, en el que los de Mou buscaron la ventaja desde su superioridad en el juego directo, siendo el de Mali la respuesta permanente al plan madridista.
Ningún elemento de los que dispone a día de hoy Tito Vilanova está en condiciones de ofrecer las prestaciones de Keita como interior. La adaptación al juego de posición y al espacio reducido en esta tipología de futbolistas es muy costosa, y ya casi nadie visualiza el invertir esfuerzos ahí. El Barça pierde esa carta. Encima, en los últimos tiempos, Seydou venía actuando como “cinco”, de sustituto de Busquets, con éxito más que discutible. Mascherano, ya afincado en la defensa, no recuerda su último partido como pivote. Busi no es tan intocable como Messi, pero poco le falta. No hay recambio.
La titularidad de Busquets es peligrosamente indiscutible
El sector privilegiado también pasa por dudas. Relativas, claro. Xavi, emperador del estilo, cumple años y siente el castigo de tanta competición. Se sabe que le quedan un par de partidos legendarios en la mochila, pero la regularidad que acercó a su equipo a la perfección ya no existe. Se busca jefe. Thiago sigue cursando la carrera en la Universidad del Camp Nou pero, aunque aplicado (demasiado), aún le quedan un par de añitos para licenciarse. Iniesta vuela libre y Cesc no quiere oír hablar de Busquets. Su amigo es Leo y anhela estar junto al argentino. El todocampista de Arenys reivindica su singularidad, rechaza volver a jugar con disfraz. Mientras Tito piensa cómo encajar el puzzle, Messi sigue bajando metros. Estén atentos; esta temporada tirará alguna pared con Víctor Valdés.
PD. Un año más, el Barça parte sin la amenaza del disparo de media distancia en su centro del campo. Planteamientos como el del Chelsea se legitiman en base a esta carencia.






@PauFarras 16 agosto, 2012
Aciertas de pleno en las carencias. La de Keita creo que está localizada y se busca solucionarla (Song), pero la de Xavi parece que lleva pareja una ceguera que, personalmente, me alucina. Solo la entiendo por el miedo al cambio. Perarnau entiende que se está trabajando en una transición de la mano de Cesc y Thiago y que nos llevará a un juego más vertiginoso. Se vio en algunos partidos de la temporada pasada.
Opinión: hace un año que vengo barajando que el futuro del once tipo viene por un cambio a pelo de Xavi por Neymar viendo el gusto del brasileño por bajar a asociarse y a construir. Lo que predices de Messi con Valdés tendría un sentido pleno con el brasileño. Igual como en la época de Rijkaard eran Deco y Xavi quienes se turnaban para apoyar la salida (todos recordamos el balancín que resultaba: uno subía, el otro bajaba), ahora se podría producir una variación con más jugadores involucrados a la hora de construir desde campo propio: Cesc – Iniesta – Neymar – Messi.