Pelear por ganar la Premier League vistiendo la camiseta del Liverpool camina entre la ilusión y la angustia. Las casi tres décadas de tierra que han cubierto a leyendas como Steven Gerrard, Robbie Fowler, Michael Owen, Fernando Torres o Xabi Alonso pesan en cada gesto que reclama la primavera de Anfield, y precisamente por eso lo que está haciendo Sadio Mané en el último mes y medio de competición suponen un halo de grandeza particular.
El juego del senegalés está alcanzando su pico de forma más alto en el tramo decisivo del curso 2018/2019, dejando atrás el rol por el que en un principio Jürgen Klopp demandó su presencia como uno de sus hombres de confianza para su proyecto en la Premier League. Con Coutinho como extremo izquierdo de su sistema y Roberto Firmino como nueve, la función del primer Sadio Mané en Anfield era la de proyectar el ataque red de una forma vertiginosa hacia la portería contraria.
El primer Sadio Mané de Jürgen Klopp estaba mucho más alejado del balón
Jugaba además en la banda derecha, por lo que su presencia interior se reducía de forma regular a una diagonal potentísima para aprovechar el espacio que la pareja brasileña abría en el perfil opuesto gracias a sus toques en la izquierda. Sus controles orientados, facilidad para desbordar a su par y su capacidad de resolución ante la portería rival –hizo 13 goles en su primer año con la camiseta del Liverpool- dejaban entrever un potencial que ahora está explotando de forma definitiva, hasta el punto de ser en este momento la principal certeza ofensiva del equipo.
El primer paso de su evolución en Anfield coincidió con la llegada de Mohamed Salah y su paso a la banda izquierda. Desde allí, Sadio Mané sumó presencia interior no sólo para acabar mano a mano con el portero, sino también para combinar con los futbolistas que aparecían en el carril central. Por supuesto el africano siguió siendo un auténtico puñal al espacio –pocos en la élite son capaces de sostener su velocidad en un desmarque de ruptura-, pero jugar a pie cambiado en un equipo que además tenía fases prolongadas de ataque posicional comenzó a engrasar su tobillo y cintura en el espacio reducido.
El paso de Sadio Mané a la banda izquierda ha ido construyendo un jugador mucho más global, capaz de amenazar al contragolpe pero también de ser un recurso clave para abrir defensas cerradas, tanto desde el desborde como desde la finalización
El brutal impacto de Mohamed Salah en el gol red llevó a que Klopp le alejase de la zona de finalización para darle esa responsabilidad al exromanista, y evidentemente los números del egipcio durante el pasado curso daban la razón al entrenador alemán. Esto provocó una variante mostrada de forma regular en el tramo inicial de la presente campaña, que daban a Sadio Mané un papel secundario por la forma de ocupar el espacio: el 4-2-3-1 dejaba a Firmino como gestor de todos los apoyos en el carril central y a Salah como referencia ofensiva, con Shaqiri y el propio Mané teniendo que fijar más su posición por fuera para encarar, acelerar y ser un recurso en las finalizaciones, pero nunca los protagonistas de las mismas.
Sin embargo, en los últimos dos meses de curso, Klopp ha vuelto a trabajar en base a las sensaciones de sus futbolistas, y ha dividido la responsabilidad a la hora de atacar la portería entre un desangelado Mohamed Salah y el torrente de confianza que está siendo Sadio Mané. Fijando de forma más regular tres centrocampistas por detrás de la pelota, estamos viendo al senegalés pisar pasillos interiores en acciones de ataque posicional, recibir y desbordar en el pico izquierdo del área y además mostrar una soltura de crack mundial en sus golpeos para finalizar jugadas. Todo ello manteniendo su condición de atacante de élite para contragolpear. El tiempo dirá si hablamos sólo de unos meses de trance, pero la realidad es que ahora mismo Sadio Mané está jugando como uno de los mejores jugadores del mundo.






Javier Cordero 19 marzo, 2019
Texto muy descriptivo de David. Al final resulta que el futbolista que parecía ser más frío es el que mayor sentido de la responsabilidad tiene. Lo demostró en la final de Champions y en este 2019, ambos momentos en los que peor lo ha pasado el equipo. También destacaba esto en el texto que escribí hace días ( https://twitter.com/CorderoJavi/status/1106594302… ), y me resulta algo interesante trasladar este debate aquí. ¿Puede Mané sacar más partido a sus condiciones? ¿Creéis como yo que tiene atributos que no siente suyos y que por eso no tiene confianza total en su técnica para hacerlos? Sin ir más lejos, por condiciones podría marcar más diferencias en conducción a campo abierto, recibir más balones en carrera y acelerar fuerte para desbordar… Me parece que tiene cosas para ser más global y marcar diferencias desde otras acciones pero domina tan bien la carrera al espacio, el remate al primer toque y el disparo que va a ser difícil alejarle de esas acciones. No le conviene al Liverpool pero es un jugador para dar más incluso.