Desde Dortmund hasta Liverpool, Jürgen Klopp montó a un buen puñado de futbolistas en su avión y los llevó, como mínimo y a la espera de lo que suceda el próximo 26 de mayo, a un sólo partido de levantar la competición de clubes más prestigiosa del mundo. La forma de entender el fútbol del alemán, siempre en vertical, prácticamente ha obligado a que el director de orquesta haya sido el jugador más adelantado del dibujo. Klopp, desde la cabina de piloto, ponía a toda pastilla todos los motores de la máquina, y en el último momento alguien mandaba a sus compañeros al aire.
Ese fue el rol que situó a Robert Lewandowski entre los mejores delanteros del mundo, desde que se asentase como delantero titular del Borussia Dortmund un año después de llegar del Lech Poznan y ganarle la partida a Lucas Barrios. El delantero polaco pasó a ser el hombre que le dio sentido a las transiciones del Borussia Dortmund, que con él en el campo pasó a tener dos opciones muy claras y eficaces: su propia diagonal tras un movimiento de ruptura y su posterior capacidad para conservar la pelota, y los toques tras movimientos de apoyo que hacían encontrar a los jugadores de banda o incluso a los interiores en ventaja para correr al espacio. Klopp dejó claro que el hombre más alejado tenía un poder de decisión trascendental en la dirección de sus ataques.
Para Klopp, el delantero centro de sus equipos ha tenido capacidad organizativa
Quizás a partir de ahí puede explicarse que el rendimiento de Lewandowski en el Bayern, a pesar de haber sido excepcional a nivel de remate, no haya tenido un peso de estrella mundial en cuanto a impacto en el juego, que por otra parte le hizo tener una gestión de espacios mucho más reducidos en comparación a su anterior etapa. Incluso la llegada de Aubameyang a Dortmund, que parecía un jugador únicamente destinado a atacar espacios abiertos, definió cómo Klopp puede llegar a educar a su delantero centro, vista la tremenda evolución que el jugador gabonés ha experimentado en su juego de apoyos y toques de espaldas después de su paso por el Signal Iduna Park. El siguiente reto para el alemán era la Premier League, y ahí Roberto Firmino ha acabado siendo un recurso de élite.
La presente temporada representa el, hasta el momento, clímax en la obra de Klopp en Liverpool, y el nivel alcanzado no puede explicarse sin la participación directa del delantero brasileño. Si ya de por sí el entrenador alemán había mostrado su gusto por el ritmo alto, la presión, y llegar a portería en pocos toques siempre que fuese posible, la Premier League le iba a dar el escenario idóneo para desarrollarlo. Por un lado, Klopp aterrizaba en la liga culturalmente más predispuesta al ida y vuelta, y por otro, Anfield era un cortijo perfecto para lanzar a los ‘perros’ a morder la salida de balón del rival; un estadio apasionado y con un bagaje histórico que iba a aceptar de buena tinta el colmillo retorcido que iba a transmitir su nuevo entrenador.
El Liverpool 2017/2018 no se explica sin la figura de Roberto Firmino
Este Liverpool mira siempre hacia delante, tanto a la hora de intentar recuperar la pelota como, y más tras la incorporación de Mohamed Salah, cuando tiene que transitar hacia el ataque. Ahí, Roberto Firmino es el jugador más importante del sistema. Las diferencias entre Lewandowski y el ex del Hoffenheim son evidentes, pero ambos tienen un punto en común que explica por qué encajaron tan bien en el fútbol que Klopp ha desarrollado tanto en Dortmund como en Liverpool: organizan los ataques aunque partan desde la posición más adelantada del equipo. El polaco desde la profundidad y el brasileño desde el apoyo, pero en ambos casos han significado pisar el pedal para que las guitarras pasasen, de una potente distorsión, a un limpio que dejaba respirar la canción.
Es el principal pilar para explicar los brutales números de Mohamed Salah, más allá de la evidente evolución en cuanto al gesto de finalización del egipcio. Firmino, abandonando la posición de nueve y permitiendo la ruptura de ambos extremos del 4-3-3 red, ha dado espacio desde lo táctico y, lo más importante, ha permitido que la jugada saliera bien desde lo técnico, ya que su capacidad de elección es fantástica y su finura tanto para devolver la pelota en la dirección y potencia correctas como para conservar el cuero y atraer rivales, de primer nivel. Firmino ha representado de maravilla la figura de falso nueve que, además, ha encajado de forma milimétrica en lo que el Liverpool necesitaba para potenciar a sus jugadores más profundos.
Un movimiento que se ha convertido en el más importante del ataque red, y sin duda uno de los elementos más importantes que Zidane deberá matizar de cara a la final, ya que será complicado definir de forma precisa la marca sobre un jugador que tiene un rango de movilidad enorme: llega a la altura de Henderson, se mantiene en la línea de ambos extremos o -y quizás este sea uno de los puntos de mayor dificultad para el Real Madrid-, su ocupación de la banda derecha en defensa para dejar a Salah como lanza tras el robo y estar él bien orientado par recibir el pase hacia fuera y lanzarle posteriormente. Veremos cómo afronta el técnico francés esta defensa, que tiene en el ataque posicional red su mayor defecto, al abandonar Firmino el área y no tener el Liverpool, con la baja de Emre Can, un futbolista capaz de compensar ese movimiento.


Ignasi 19 mayo, 2018
Me encantan vuestras publicaciones pero con mas tres ultimas entradas parece que la final fuese Liverpool-Roma y no contra todo un Real Madrid