A finales de los 90 y principios de los 2000, Stefan Effenberg aliñó la Copa de Europa. Provisto de un toque de balón fantástico y armado por un carisma que representaba al ultra ganador espíritu germano como sólo igualaba su compañero Oliver Kahn, supo condicionar los mejores partidos de sus días desde incluso antes del inicio de los mismos. Eso nunca se lo quitará nadie y, por mucho que cambie este invento, su logro quedará intacto, pero viendo hoy cómo él jugaba entonces, resulta imposible no elucubrar que la copia de ese futbolista, trasladada a la Champions de hoy, ofrecería serias dudas.
Para empezar, hay una connotación extradeportiva que, ipso facto, reduciría su impacto a la mitad: los futbolistas ya no dan miedo. La omnipresencia del deporte en los medios ha humanizado el carácter de sus protagonistas tanto o más que sus abanicos técnicos. O sea, de igual modo que ya ningún regate sorprende, hoy sería imposible deducir e interiorizar que Effenberg se come a los niños que se encuentra por la calle porque lo habríamos visto decenas de veces disfrazado con toque gracioso en las fiestas del Oktoberfest, lo que, aunque parezca un detalle escaso, transforma el escenario general. En el fútbol, la sobredosis de información terminó con la mitología.
Tácticamente, el fútbol de hoy difiere muchísimo del de los 90.
Por otro lado, tácticamente se han producido alteraciones que han girado 180º el contexto en el que se mueve un mediocampista del tipo que era Effenberg. Esto es algo que, visto con perspectiva, fue anunciado precisamente en los duelos entre el FC Bayern Múnich y el Real Madrid, pues hubo un Stefan -grandioso- antes de Zidane, y otro Stefan -bastante menos brutal- tras la llegada de Zinedine.
Zidane evoca nostalgia porque su lenguaje corporal parece basado en los ballets rusos de la época más esplendorosa de Moscú, pero su fútbol fue transgresor. En la Champions previa a su aparición, el mediapunta era un armador de juego que bajaba hasta la zona del mediocentro para desde abajo, con espacio, crear y organizar. Pero Zidane no hacía eso. El genio francés alternaba esos apoyos con recepciones entre líneas tras las que protegía el esférico con inmunidad desatando una consecuencia que, más tarde, modificaría todos los patrones del juego: la bola se podía mantener controlada en el último tercio de campo. O sea, el último tercio de campo, las inmediaciones del área rival, no estaban sólo para acelerar y matar, sino que se podía seguir jugando y edificando ventajas futbolísticas que luego se aprovechasen, por ejemplo, para defender. Y cuando Zidane comenzó a escribir ese nuevo guion que lustro y pico después supo finalizar Xavi, a Effenberg se le notaron las costuras del sobrepasado por el tiempo: gracias a Zizou, los Makelele, Flavio, Helguera y compañía empezaban a defender mucho más arriba de lo habitual, porque el Real la pelota la perdía allí -y con muchos jugadores propios alrededor- y Effenberg, bajo presión, reducía sus prestaciones; carecía de recursos técnicos para aguantar o superar la presión y luego conservar su precisión media; se empequeñeció.
¿Ha tenido siempre el mismo significado la palabra «talento»?
Por supuesto, de haber nacido en el siglo XXI, Effenberg habría sido pulido de otra manera que le habría dotado de otra comprensión del juego y de recursos técnicos distintos, porque a la par que el fútbol, también han evolucionado sus escuelas. Pero también es cierto que la materia prima habría sido la misma, y quizá unos moldes están hechos para sobresalir en unas épocas y otros, en otras diferentes. Esa es la pregunta a la que se pretendía llegar: en fútbol, ¿ha tenido siempre el mismo significado la palabra «talento»? ¿O un futbolista nace o no con talento según, justamente, la época en la que nazca?
Foto: Alexander Hassenstein/Bongarts/Getty Images

Me parece por ejemplo muy el tipo de delantero por el que suspiraría Simeone para su Atlético de Madrid a día de hoy. Además en Champions funcionaba muy bien. 




plaentxi 31 marzo, 2017
Buff…Brutal artículo. Enhorabuena. Al leerlo he pensado que Toshack fue un visionario. Me he acordado de un partido de 1994 en Anoeta contra el Barcelona del dream team en su apogeo donde Oceano hizo una presión adelantada brutal a Guardiola aprovechándose de las características un tanto Xavistas de Bittor Alkiza que era capaz de aguantar y jugar el balon en la zona de tres cuartos. Victoria de la Real Sociedad y quizá el principio del fin del dream team donde ya más equipos se atrevieron a presionar muy encima a Guardiola y Koeman cortocircuitando así la salida del balón del Barcelona