Hace tres temporadas, al pasar de 2013 a 2014, el Real Madrid de Carlo Ancelotti era un equipo indefinido, insípido e ineficaz. Y tras muchas pruebas y varias lesiones, el italiano determinó conservar el esquema 4-3-3 pero tomando dos decisiones importantes: la reconversión de Di María a interior izquierdo y la mudanza de Luka Modric del sector siniestro al derecho, desde donde dominaría el fútbol contemporáneo y aceleraría la adaptación al equipo merengue de Gareth Bale. Finalmente, ganó la Copa de Europa.
Luis Enrique rescató al equipo en invierno radicalizando su plan.
Hace dos cursos, el Barça arrancó 2015 con una derrota en Anoeta que hizo que hasta el más optimista creyese que el ciclo del (longevo) proyecto de Messi estaba acercándose a su final. Desde el debut del «10», nunca han transmitido los azulgranas menos que en aquel instante, ni siquiera en la última campaña con Rijkaard en el banquillo y aquel Ronaldinho tan contraproducente. Entonces, Luis Enrique no sólo mantuvo su apuesta de poner a Suárez en el centro y a Messi en banda derecha sino que la acentuó otorgando tanto al argentino como a Neymar auténticos roles de extremos, desatando las versiones más regateadoras de ambos y regalando al charrúa en el medio todo el espacio que requería. Aquella versión del Barcelona no sólo conquistó la Champions League, sino que se paseó hasta llegar a la Final.
Zidane, de la manera más inesperada, creó un equipo campeón.
Aunque hablando de valles de rendimiento, quizá uno de los más graves fuese el del Real Madrid justo de que arrancase su histórico 2016. Tanto fue así que hubo de cambiar incluso de entrenador, un recurso que parecía propio de otra época en la casa blanca tras seis temporadas empezando y acabando con el mismo jefe. De la mano del inexperto Zidane, el Real recuperó la autoestima y propuso un estilo de juego conservador y comprometido que, pese a no dotarle de gran brillo, le convirtió en una máquina de ganar partidos… y de minimizar oponentes. El triángulo compuesto por Casemiro, Kroos y Modric, por tanto por tres centrocampistas capaces de ejercer de pivote en cualquier momento, definió ese sello de martillo pilón con pocas fisuras que levantó la ya denominada Undécima.
En clave 2017, los candidatos potenciales al máximo título continental cuyos presentes animarían a descartarles serían el Atlético de Madrid, el Manchester City, el Paris Saint-Germain y, hasta cierto punto, el Bayern Múnich. Así que habrá que vigilarles.
Foto: GUENTER SCHIFFMANN/AFP/Getty Images






James McArthur 2 enero, 2017
Hola amigos,
Qué interesante este fenómeno. No había reparado en él. Seguro que buscando encontramos más casos.
Respecto al City, parece que está involucionado más que otra cosa. Lo veo difícil que Guardiola lo convierta en un semifinalista de Champions, aunque tienen "la ventaja" de que la Liga les queda muy lejos y pueden competir con "menos presión".
Atlético y Bayern, yo no dudo que cuando lleguen las rondas estos van a competir. Lo que no veo es al Atlético compitiendo la Liga. Se les ha escapado en cuanto se han caído los goles de Griezmann.
Luego, estaría bien escribir sobre lo mucho y muy negativamente que afecta el Mundial del Clubes. Creo que es uno de los responsables de que no se haya repetido campeón de Champions, ni siquiera estando Messi en activo.
La resurrección del Barça 2015 coincidió con un bajonazo del Madrid de Ancelotti que venía como un tiro por fechas post Diciembre. El Barça 2016 tenía pinta de arrasar, y pierde la Champions y se complica la Liga después del Mundialito + una jornada de selecciones que siempre sientan mal. A ver el Madrid de Zidane este año, que de los 3 equipos es el que menos fútbol tiene, pero también el que menos ha necesitado para ganar.