Dentro de la clase media de La Liga, son varios los equipos cuyos primeros pasos en la nueva temporada han venido marcados por la vulnerabilidad atrás y el desorden de sus sistemas defensivos. Betis, Sevilla, Real Sociedad, Granada, Valencia y Athletic Club son los más claros representantes de esta inconveniente tendencia inicial del campeonato liguero. Valencianistas y leones, que ayer midieron sus fuerzas en el nuevo San Mamés, hasta esta jornada han integrado este grupo desde condicionantes bien distintos: unos casi estrenando proyecto, teniendo que conjuntar prácticamente a once piezas nuevas sobre el césped y con alguna de ellas teniendo evidentes carencias a la hora de aportar seguridad; y los otros con una continuidad inherente, poco menos que identitaria, que dibuja una línea que no albergaba grandes cambios ni en el equipo ni en la dirección del mismo. Por eso lo de los bilbaínos sorprendía más si cabe.
Con Beñat volvió la estructura, y con ella un Athletic Club más reconocible.
Beñat mejoró con y sin balón al Athletic ClubCierto es que a nivel físico el punto de arranque de los de Valverde parece distinto al que lucieron otros veranos, pero más allá de esta importante cuestión, su puesta en escena sobre el césped descubría unas grietas en la estructura que invitaban a pensar más allá de lo circunstancial. El Athletic daba la sensación de ser más nuevo de lo que en realidad es. Algunas piezas, especialmente aquellas encargadas de darle forma, poso y sostén desde los cimientos, estaban respondiendo con mucho menos equilibrio en su fútbol de lo que acostumbraban. Concretamente Laporte y Beñat, primeros pasos y primeros pases de la maquinaria rojiblanca, pesaban poco, mal y, muchas veces, a destiempo. Al Athletic le faltaba el cuajo táctico de dos de sus hombres más ordenados, la firme mesura que ellos dos aportan a una propuesta por otra parte tan extremada. Por eso, ayer ante el Valencia, de la mano de la primera gran versión del curso de Beñat Etxebarria, no sólo afloró el Athletic más reconocible sino también el más sistematizado tanto arriba como abajo. Su transición defensiva, hija del juego con balón que capitaneó el vizcaíno, resultó mucho más solvente de la vista hasta ahora.
Agradeció las pausas que se tomó el cerebro rojiblanco para que, sin disminuir el voltaje, el resto se ordenara, la colocación ventajosa que ofreció a los suyos a partir del pase y el desconcierto que provocó en los valencianistas moviendo a su defensa de lado a lado y seleccionando el momento, el lugar y el compañero que más daño podía causarles. Unas veces fue un abierto Iñaki Williams que con el apoyo del lateral encaraba en superioridad a su par, otras Susaeta que orientándose a pierna cambiada le buscó las cosquillas a Parejo, otras Raúl García en la mediapunta y otras tantas los desmarques de Aduriz contra la descoordinada pareja de centrales ché. Y cuando no un pase al lado, una conservación o un apoyo que aclarara el paisaje. Además, especialmente vistoso y por lo tanto efectivo en un encuentro en el que lo emocional tuvo una incidencia tan grande, adornó su actuación con entradas, recuperaciones e intercepciones gattusianas que contribuyeron a darle a la transición defensiva del Athletic un empaque que, más allá del acierto o desacierto de su oponente, por el momento no había mostrado en este arranque del curso.
Sirviéndose del balón, le dio a las transiciones del Athletic la estabilidad que su zaga necesita.
Los de Valverde, inevitablemente, volvieron a parecerse a lo que son, porque en lo que son tiene mucho que ver Beñat Etxebarria. Lo parecieron, al menos, mientras su mejora fue capaz de impedir a los de Pako Ayestarán enfrentar la penúltima barrera, pues la zaga que abandera Aymeric Laporte se mostró todavía lejana a la estabilidad que sí logró ayer la línea de medios. Mientras no recuperen el nivel de acierto que lucieron antaño, nada agradecerán más los zagueros bilbaínos que una estructura eficaz sólidamente levantada ante ellos. Si Beñat Etxebarria juega como ayer, los rivales les llegarán peor y menos.
Foto: David Ramos/Getty Images






MigQuintana 19 septiembre, 2016
Me gustó mucho el partido de Beñat Etxebarria. Como cuenta Albert, fue clave tanto para instalar al equipo arriba como para mantenerlo a partir de ese tapón que es en transición defensiva. Todo en base al ritmo y la verticalidad, por supuesto, pero con un punto cerebral que este Athletic necesita mucho.