El FC Barcelona enlazó una racha de 39 partidos de invencibilidad sin lucir la virtud que tiende a dar base a este tipo de récords: la capacidad de hacer que los adversarios parezcan peores de lo que son. Es cierto que los condiciona y que los fuerza a adoptar planes menos ambiciosos de los que suelen proponer, lo cual recorta su teórico potencial, pero, una vez aceptado ese sacrificio adaptativo, la gran mayoría de ellos ha causado una impresión estupenda. El Levante, Las Palmas, el Deportivo, el Athletic, el Celta o incluso el propio Arsenal, por citar seis colectivos de niveles y estilos diferentes, recibieron valoraciones elogiosas tras medirse a los culés. Se puede jugar contra ellos. Y quien más jugó fue el Atlético de Madrid. Nadie ha ofrecido una imagen más fuerte que los rojiblancos en una visita al Camp Nou en los últimos nueve meses. Pero perdió, y de manera coherente, porque tampoco hubo nadie que sufriera como Simeone el poder que, precisamente, hizo al Barça enlazar 39 partidos sin perder: en sus fases de control, es algo casi imparable.
Filipe Luis, Augusto Fernández y Koke estaban realizando una labor magnífica contra Leo Messi.
“Ante el Barça, un minuto es la vida”. La frase fue pronunciada por el propio Cholo durante la conferencia de prensa que ofreció ayer por la tarde, y es difícil recoger con mayor acierto y amplitud la esencia del coloso de Luis Enrique. Supo plantearle problemas; logró cortocircuitar el fútbol externo de Messi a partir de una jaula compuesta por Koke, Augusto y Filipe que respondió con eficacia. Eso sí, Filipe pareció ir al límite desde que el balón echó a rodar y quizá ello derivase en el nerviosismo que le llevó a ser expulsado al filo del descanso. Pero esta es otra historia. La que nos compite aquí y ahora reside en que, antes de adquirir la superioridad numérica, el Barça ya había remontado el 0-1 inicial. Y de qué forma. Messi leyó la pizarra, llamó al fútbol y provocó un terremoto ingobernable.
Hubo dos movimientos desencadenantes; ambos relacionados con que Leo se escapase de la vigilancia más estrecha de Filipe. El primer consistió en bajar a una posición intermedia entre el lateral y el interior derecho y valerseUn Jordi Alba pletórico fue un oxígeno decisivo para Messi en aquel 2-1 del cambio de orientación hacia Neymar y, en especial, Jordi Alba. El rapidísimo lateral, que se mostró ultra profundo, acaparó una relevancia enorme. Para el Atlético de Madrid era imposible estar tan cerca como buscaba de la pelota si Messi, con su pase predilecto, ensanchaba el campo tanto con le permitían las abisales dimensiones del Camp Nou. El Barça encadenó un puñado de acciones en las que sus dos futbolistas de la banda izquierda atacaron con muchos más espacios y opciones de las que el conjunto rojiblanco puede soportar sin perder seguridad en sí mismo. Así que, para reducir la demografía donde no le interesaba, optó por delimitar el terreno que custodiaba. Dicho de otro modo, abandonó la idea de empezar a defender en campo contrario y regaló muchos, muchos metros; aflojando las complicaciones que afrontaban los locales.
Cuando Messi ocupó sus antiguos espacios de «falso 9″, el Atlético modificó, para mal, todo su plan.
Aunque fue la otra variante trazada la que más daño infringió sobre el Atlético de Madrid: una vez establecido el Barça en la mitad que terminaba en Oblak, Messi fijó su posición casi como mediapunta. Como mediapunta, además, muy adelantado, emulando sus tiempos como “falso 9”. Con dicho ajuste, que destacó y fascinó por el por poquísimo esfuerzo que suponía para el argentino (literalmente caminaba), el Atlético perdió toda su perspectiva. La estrategia que durante 20 minutos había apretado las tuercas incluso a Piqué y Mascherano, de repente pasó a dejar libres y jugando a placer incluso a Busquets, Rakitic e Iniesta. Koke, Augusto, Gabi y Saúl no podían -ni quizá debían- convivir con el hecho de no estar viendo a Messi de frente, de no saber qué estaba intentando ese jugador que no tiene solución ni cuando telegrafía sus intenciones. Fijando a Leo entre las dos líneas de cuatro dibujadas por Simeone, el campeón convirtió un encuentro rítmico y áspero en un cómodo monólogo contra un equipo encerrado y rebosante de tensión.
Aparte, el tema no quedó ahí. Fabricado el contexto, los azulgranas lo exprimieron con una fluidez, una sorpresa, una precisión y una agresividad que no se les ha visto en ningún otro momento de la campaña.Luis Suárez, como casi siempre, exprimió a tope la ventaja surgida La continuidad ataque-defensa-ataque facultada por Busquets, la delicada improvisación de Iniesta, las caídas de Rakitic a la derecha y la constante de que los dos laterales subían sin parar como si la contra del Atlético no les suscitase ni la menor intimidación, terminó recreando un marco de “sálvese quien pueda” en las filas visitantes del que nadie se salvó. Aunque todos lo hicieran un poquito más que Godín y Giménez, quienes fueron maniatados hasta un punto incómodo para la vista por su insistente compatriota Luis Suárez. Además, fuese cual fuera la iniciativa del crack charrúa. Lo mismo daba que radicase en una ruptura al espacio ante una línea alzada que en un juego de ariete puro dentro del área al estilo Kun Agüero con esos micro-desmarques y esas micro-maniobras que atentan contra la paz de los centrales atacados.
Es muy difícil que el Barça no tenga un tramo a favor, y ningún equipo los rentabiliza como el de Messi.
Fueron 20 minutos. No hubo más. 20 minutos de fútbol desatado culé en un choque en el que el Atlético dominó durante 40 y donde no se jugó durante los otros 30. Pero Simeone regresó a su casa de Madrid sabiendo que había perdido con coherencia. Sin poder culparse de nada, porque lo había hecho casi todo perfecto -quizá salvo dar estabilidad anímica a la actuación de Filipe Luis-, pero consciente de que no había sido suficiente porque en ese tramo tan recortado no había sido rival. No le será fácil rectificarlo. En primera instancia, porque quizá se requiere de un talento y poso defensivo en el área y la frontal propias que ni su central derecho -previsiblemente el canterano Lucas Hernández- ni su mediocentro coleccionan entre sus repertorios. Y, para terminar, porque tampoco puede caer en el error de desviar el grueso de la atención y sus recursos al carril central; ya que durante la temporada pasada, al igual que durante esta, el Atlético tampoco puntuó contra el FC Barcelona, y la vía de escape, en aquella ocasión, fueron los costados, por donde Neymar y el propio Messi desbordaron sin impedimento. El Barcelona tiene demasiadas soluciones y una estrella demasiado inteligente. Antes o después, genera el temporal. O eso parece. Hasta hoy, nadie ha demostrado lo contrario. A ver qué intenta Cholo esta noche y qué tipo de alternativas se saca de la manga el número “10”.


@DavidLeonRon 5 abril, 2016
Antes pensaba que, en realidad, en noches como la de hoy, Madrid o Atlético tienen suerte de ser españoles y compartir liga con Messi. Es más complicado que Messi les casque a estos dos equipos en 2016 un momento de magia e inspiración como el del Bayern de hace un año. No por nada, sino porque esos equipos conocen más al futbolista y se sienten más habituaos a él, y el propio Messi puede que no sienta como "Copa de Europa" esos partidos, o al menos, no con el mismo roce. En 2011 es cierto que el Madrid lo sufrió, pero desde entonces ha habido horas y horas de práctica anti-Leo. Y ayer Simeone, curiosamente, habló de que él desea jugar mucho contra el Barça para poder aprender.
No sé cómo poner en palabras esto que digo. Messi para un europeo debe ser la muerte. Para un español, también pero un pelín menos.