«Queremos ser parte de la historia del Porto», anunció sin dudar un Julen Lopetegui que tenía muy claro que su primera aventura en la élite del fútbol europeo iba más allá de dirigir, competir y ganar. Su llegada al club luso suponía romper con una gran tradición cultural, futbolística y emocional que se había demostrado ganadora en lo deportivo y rentable en lo económico. Era un modelo ejemplar; envidiado y elogiado a partes iguales desde que José Mourinho levantara su segunda Copa de Europa en 2004. A partir de entonces, quizás con la excepción de Víctor Fernández, todos los técnicos fueron representantes de una misma escuela futbolística. Jesualdo Ferreira, André Villas-Boas y Vítor Pereira, con sus matices y diferencias, eran ese FC Porto intenso, físico, agresivo y vertical que comenzó a dominar el fútbol portugués ante el Benfica de Jorge Jesús, mucho más creativo y liviano, y que se fue haciendo un hueco entre los clásicos del continente. Pero algo cambió en el curso 2012/2013.
Julen Lopetegui representaba el cambio del FC Porto.
Fuera por la marcha de João Moutinho, el motor del equipo y guardián del estilo, o por encontrarse en un «valle» generacional, aumentado por ventas como las de Hulk o James Rodríguez, lo ciertoEl Porto 2013 ya no se parecía a los anteriores es que el Porto de Paulo Fonseca se fue dejando de parecer a aquel que fue campeón de la Europa League en 2011. Ni el centro del campo era tan físico, ni la presión era intensa ni su fútbol era tan vertical. ¡Ni siquiera dibujaban su ya típico 4-3-3! Era un equipo diferente, con un alma menos definida, con aparentemente menos calidad y cuyos malos resultados no se detuvieron ni con Luis Castro al frente. Y Jorge Nuno Pinto da Costa decidió cambiar. Pero de verdad. «Hemos puesto en él nuestra total confianza y es por ello que le hemos firmado para los próximos tres años, así podrá construir una sólida plantilla que nos dará un futuro brillante”, decía en la presentación de su nuevo técnico.
Y no mentía. Desde el 6 de mayo, Lopetegui ha tenido total libertad de movimientos para adecuar el club a la idea de fútbol por la que fue contratado. Sin grandes dispendios, mientras se iban yendo jugadores que parecían ser el futuro del Porto como Carlos Eduardo o Josué, fueron llegando futbolistas de su cuerda. De su gusto. Adrián López, Cristian Tello, Oliver Torres, Yacine Brahimi, Casemiro… Todos tenían un perfil parecido: juventud, calidad, desparpajo y experiencia en la Liga. A ellos se les sumaron Martins Indi, Daniel Opare o Vincent Aboubakar con la intención de mantener dicha apuesta de futuro y, de paso, cubrir el vacío que habían dejado Mangala y Fernando. Todos estos fichajes, unidos a rumores con cierto crédito como los de Illarra y Darder, representaban la primera fase del cambio. El Porto seguía fichando talento a bajo coste, pero había modificado su procedencia. Sólo Otávio, futbolista del año 95 procedente del Internacional de Porto Alegre, parecía un fichaje propio del Pinto da Costa que conocíamos.
«Para mí no hay nacionalidades en el Porto. Los jugadores, sean de donde sean, son tratados, calificados y exigidos por igual. A partir de ahí, hay una serie de circunstancias que hace que haya más futbolistas o un cuerpo técnico que sea, como es lógico, afín a mí, y que proceda de nuestro país», explicaba el propio Julen. Estos jugadores, además, compartían la intención con la que viajaban a Oporto. «Éste es el equipo perfecto para demostrar lo que valgo», decía Tello. «El Porto me va a servir para crecer y aprender», hacía lo propio Óliver. Sin duda, para todos ellos la presencia de Julen Lopetegui convertía al FC Porto en el mejor escaparate posible para brillar. Pero primero, evidentemente, había que entrar en la Champions League.
El Porto comenzó de forma magnífica el curso.
Después de debutar con victoria en Liga (2-0 al Maritimo), el club luso debía disputar ante el Lille la primera final a doble partido de la temporada. Y le fue bien. Muy bien. Tras traerse un 0-1 de Francia, en Do DragãoNeves fue la gran aparición del arranque confirmaron su superioridad con un justo 2-0. Siempre con la posesión (59% y 57%), formando con un 4-1-4-1 sobre el campo (un 4-3-3 matizado) y presentando en sociedad a Ruben Neves, un centrocampista con más talento que primaveras. Además de para el resultado, su presencia fue clave para batir un registro increíble: con 22’8 años de media, el Porto formó con el once más joven de la historia del torneo. «La juventud no es ningún pecado, creo que es una circunstancia que puede aportar aspectos muy positivos. Vamos a tratar de sacar el máximo partido a esa juventud, tratando de que nos afecte lo menos posible esa posible falta de experiencia», comentaba el vasco al ser preguntado por este dato.
En esta eliminatoria, además de en las victorias ante el Paços de Ferreira (1-0) y el Moreirense FC (3-0), se fueron confirmando varios detalles importantes sobre el equipo. El primero y, quizás el más significativo, fue la suplencia de Helton, relegado ya a ser el tercer portero tras Fabiano Freitas y Andrés Fernández. Su salida del once, aunque esperada por la mayoría, es un aspecto notable a nivel de grupo, pues era uno de los jugadores más respetados por cuerpo técnico, compañeros y afición. Otro aspecto a señalar es el de la defensa, la línea más fija del equipo con Danilo, Maicon, Martins Indi y Alex Sandro como titulares. A partir de ahí, todo ha ido cambiando a excepción del mediocentro (Casemiro), un interior (Héctor Herrera) y el delantero (Jackson Martínez). El puesto de centrocampista restante parece destinado a Neves u Óliver, cuando se recupere de la lesión, pero ante el BATE Borisov (6-0) vimos a Brahimi marcar un hattrick desde dicha posición y en el último partido, ante el Boavista (0-0), por allí apareció Evandro. Julen tiene muchas variantes para su medular, aunque no tantas como para los costados. Quaresma, Quintero, Tello, Adrián, Brahimi, Óliver… todos han tenido minutos. Hablar de titulares y suplentes es todavía una incógnita y, por las palabras de Lopetegui, todo parece indicar que así continuará siendo durante todo el año.
Los dos pinchazos en Liga han parado la progresión.
Los dos últimos tropiezos ligueros frenaron la gran racha de victorias que comenzaba a acumular el equipo de Julen Lopetegui, pero no empañan un arranque de temporada mucho más que positivo. Con la confianza de la directiva, la ilusión renovada de la afición, la ambición de los jugadores y los excelentes resultados en Europa, el técnico español tiene margen para poder ser el gran símbolo del nuevo Porto. «Tenemos una filosofía y queremos transmitirla a los jugadores. Queremos competir en todas las competiciones, en todos los partidos. Y queremos futbolistas que compartan este deseo”, decía en su presentación. Parece que, al menos todo lo relacionado con el primer mes de trabajo, lo tiene. Ahora es el momento de crecer y evolucionar.






Monopandillero 26 septiembre, 2014
Estoy sorprendido con Maicon. No lo tenía controlado y la verdad es que dejando cosas muy buenas, especialmente esa eliminatoria vs Lille. Habrá que ver cómo rinde contra equipos de más nivel, pero por lo pronto, me está gustando mucho.
También me está gustando Fabiano. Veniendo de Helton, me parece un salto de calidad muy importante. Portero sobrio y de notas muy regulares.