Khedira vuela y nos encanta. Cuando el misil tierra-aire alemán sube a toda velocidad y plena potencia y luego baja sin perder un ápice de exuberancia física, quien más y quien menos acepta estar ante un centrocampista muy por encima de la media. Además el jugador lo disfruta, hasta el punto de que parece haber necesitado que en su club le rompan la cadena para transformarse en el futbolista que hoy es; algo tan complejo y dominante que merece un artículo para sí mismo, sin duda. Pero no es él el tema de este texto, sino lo que ha sido y es para Alemania el hecho de no tener nada que ejerza un poco de tapón en su inhabitado centro del campo.
Con Schweinsteiger siempre hubo una excusa. Bastian es un jugador de ataque, enganche o incluso extremo en su origen, hasta que Louis Van Gaal dejó claro, por última vez hasta hoy, que es un entrenador excepcional. Su reconversión a mediocentro fue intachable, el único alemán vivo con aroma de clásico subió sus prestaciones como muy pocos presagiaron, pero, para bien y para mal, nunca olvidó lo que hacía de pequeño. Tanto en el Bayern Münich como en la Selección de Löw uno de sus movimientos predilectos ha sido la diagonal dentro-fuera hacia la banda derecha; abandonar el centro, irrumpir presto en el espacio del extremo, sorprender y desbordar. Con Schweinsteiger a tope, el mal juego de Robben fue lo único que en el Bayern frenó el potencial de la jugada. En la Mannschaft, con Müller como falso 7, todo era seda. Hasta que perdían el balón; que, por su juego, era a menudo.
Gündogan tampoco dio demasiada consistencia a Alemania.
I. Gündogan no fijó su posición atrás nuncaEn esencia, el problema mayor es de incomparecencia. Es decir, de que no hay nadie por detrás del balón cuando Alemania, en uno de sus arriesgados pases al hueco, pierde la posesión. Es la consecuencia de que todos los suyos, a excepción hecha de un Toni Kroos sin titularidad garantizada (es ni más ni menos que el Luka Modric de Alemania) ofrezcan lo mejor de sí buscando el área. Por eso ayer era un día interesante. Schweinsteiger causó baja y su puesto lo ocupó Gündogan, interior de posesión de los que gozan recibiendo el primer pase hasta tal punto que hay quien opina que es mediocentro puro, y puede que lleve razón. Por naturaleza, lo lógico era que el fino Ilkay estuviese un paso por detrás de todos, que siempre fuese una opción de pase atrás para cualquiera y que, cuando Francia le robase el balón a los suyos, él separase al enemigo del gol. Que estuviese en medio, por lo menos. El 1-1 de Müller mostró que no fue así. Si hasta Gündogan sube y sube es que a Löw, simplemente, no le pesa caerse desde muy alto. No aspira a la solidez total. Acepta el gran descontrol.







@javimgol 7 febrero, 2013
Hay pocos equipos más estéticos (desde mi punto de vista de la estética, es decir, crear oportunidades y sumarse al ataque) que Alemania. Y eso que ayer se enfrentó a un medio campo de 3 hombres que me gustó y se lo puso difícil.
Ribery cortaba con mantequilla en las transiciones. Esta Alemania da la sensación de ser muy potente arriba, pero le cuesta abrigarse. Al menos tiene un porterazo: ayer Adler dejó un par de intervenciones bastante notables.