Pellegrino tiene una idea y ha ido insistiendo en ella a lo largo de estos primeros meses de competición. Su plan otorga un papel fundamental a la agresividad sin balón de una línea de cuatro centrocampistas que se siente cómoda en este registro. Intensos en la presión sobre el arranque de la jugada rival, Feghouli, Gago, Tino Costa y Guardado deben recuperar el balón muy arriba y articular a partir de ahí un ataque rápido que aproveche la dinámica de los dos puntas, principal innovación de Pellegrino sobre los esquemas de Emery. Está bien tirada. Pillando el rival a contrapié el Valencia es muy peligroso al son de Soldado, cuyos movimientos llevan tiempo siendo un factor dominante alrededor del cual se orquestan las cualidades complementarias de sus acompañantes.
Cuando la línea de presión se ve superada Pellegrino reclama un repliegue generoso a sus jugadores, pero nunca antes. De entrada el argentino quiere llevar la batalla lejos de su portería, una elección coherente con las características defensivas del equipo y con la cual pretende generar el contexto propicio para forzar transiciones ofensivas más cortas y certeras. Pero el plan es arriesgado y exigente. Requiere de una defensa precisa cubriendo los espacios a la espalda del mediocampo y agradecería la existencia de un plan B que ofreciera al equipo un control más reposado de algunos tramos de partido. Pellegrino no ha logrado implementar ni una cosa ni la otra y su equipo se ha mostrado frágil ante rivales que solo necesitan algo de tiempo, y cada vez menos, para desbordar la presión de un Valencia al que además le cuesta establecer un control sólido sobre los marcadores favorables. Sin embargo el mayor problema del entrenador argentino no es ninguna de las dificultades inherentes a su propuesta, sino una elección menos evidente que tiende a desdibujarlo todo.
El sentido de la posesión es la gran cuestión del Valencia.
El Valencia prioriza una salida en corto en la que Gago asume una responsabilidad enorme ya que no cuenta con socios adecuados a su alrededor.Gago necesita un socio más adecuado en salida de balón Los centrales siguen lejos del excelente estado de forma que demostraron hace ya muchos meses y su acompañante, Tino Costa, tan productivo cuando se le habilita para el golpeo frontal, encuentra en la asociación corta una de sus mayores carencias. Por su parte Gago es un jugador con cualidades en la gestión del balón pero resulta insuficiente como referente para un primer pase tan expuesto. Jonas y Guardado son su apoyo más deseable en caso de necesidad, pero que uno de ellos se acerque tanto al mediocentro debilita el juego de complementariedades que el equipo desarrolla en ataque. Ante las bajas de Banega y Canales, el pobre rendimiento de Parejo y la ausencia de cualquier otro mediocentro funcional (el club no cubrió la baja de Topal y el veteranísimo Albelda también arrastra problemas físicos) la pareja que conforman Gago y Tino Costa admite poca discusión y encaja bien con lo expuesto en el primer párrafo. Lo que Pellegrino les pide que hagan con el balón ya es una cuestión más discutible.
Al insistir en una salida en corto tan vulnerable el Valencia se arriesga a renunciar a todo su plan en cada inicio de jugada, pues si el rival desbarata ese primer pase la disputa nunca sobrepasa el círculo central.No se recurre a la salida en largo pese a su gran utilidad Puede aducirse que en el mejor de los casos el regreso de Banega supondría contar con mejores prestaciones en este capítulo, pero no está nada claro el reordenamiento que exigirá su inclusión en el equipo. ¿Jugarán Gago y Banega? ¿Banega y Tino Costa? ¿La firme apuesta por el sistema actual era solo temporal? No existe una justificación evidente para un tipo de salida que no viene marcada por las características de la plantilla y que tampoco es imprescindible para desarrollar un mayor control sobre los partidos, que quizá es hacia lo que apunta el entrenador argentino. La alternativa de un primer pase más directo está ahí y no hace falta acudir a la larga sombra de Unai Emery para justificarla: esta misma temporada se ha observado en determinados momentos un rendimiento satisfactorio en la búsqueda en largo de Soldado o Jonas y se insinuó una interesante diagonal hacia la recepción interior de Guardado. Son formas eficaces de ganar metros sin exponerse en campo propio que los jugadores del Valencia saben aprovechar, facilitan la búsqueda del rechace y la presión adelantada y no impiden administrar cierta horizontalidad con balón una vez ya se ha iniciado la jugada. Al fin y al cabo a Pellegrino la pelota debería interesarle más como medida de control que como argumento ofensivo, algo que los rivales se empeñan en demostrar.
Al Valencia ya le han negado el balón. Lo hizo por ejemplo el Celta en su visita a Mestalla, imponiendo una presión sobre el primer paseIncluso sin ser presionado, el Valencia tiene problemas ché que aniquiló toda posibilidad de salida en corto por parte de los locales. Pese a la incomodidad del que debe acatar un contexto que no tenía previsto, el Valencia respondió con un repliegue sólido y solidario que concedió poco al ataque gallego. Aunque los de Pellegrino tardaron en acudir a la salida en largo como respuesta a las líneas adelantadas del rival, cuando lo hicieron generaron peligro. El Valencia ganó un partido que no dominó y que pudo habérsele escapado, pero el signo del marcador no fue caprichoso sino consecuente con un escenario más incómodo para el planteamiento de Pellegrino que para las cualidades de su equipo. También conocemos la situación inversa: últimamente algunos rivales se han encerrado en su campo regalándole al Valencia una salida limpia. No ha sido una buena noticia para el equipo de Pellegrino pese al notable empeño de Soldado por pesar ante defensas posicionales. El ataque valencianista prefiere correr, es su hábito y el registro en el que mejor se explotan sus características, un factor que hasta ahora ha demostrado ser más relevante que la apuesta por una construcción pausada de la jugada que condiciona mucho y a cambio ofrece muy poco.
Hemos visto al Valencia con problemas con balón y sin él.
El Valencia genera confusión. Absorbe balón donde no parece conveniente y no logra masticarlo cuando le resultaría útil; tira de la salida lavolpiana cuando nadie presiona su primer pase y quiere correr en ataque pero facilita el repliegue del rival; le gusta morder en el mediocampo pero le cuesta generar un contexto favorable para hacerlo. A Pellegrino no se le pueden negar las ideas pero sí cabe discutirle su implementación. Aclarar para qué quiere el balón sería un primer paso para sacar mayor partido de un equipo que da para mucho más.
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Abel Rojas 20 octubre, 2012
Cosillas, Marc, a ti que me permites la crítica:
Para mí no puede estar mal tirado defender arriba para transitar desde cerca de portería rival cuando en ataque posicional eres el equipo ¿más lento de la Champions? (¿hay alguno más espeso en la construcción?). Esa incoherencia rítmica, ése cambio de guión tan, tan, tan importante… a mí no me parece lo ideal…
Afortunadamente, Banega ya entró en la lista. No es el típico jugador que pille rápido el ritmo, de estos tipo Robben o Pepe, que en el primer partido tras lesión vuelven como una moto y marcando diferencias. Pero es que Pellegrino no se puede permitir alargar demasiado su puesta a punto -le vendrá bien la Copa-.
Coincidimos todos en que Banega y Gago no se pisan, ¿no?