París plasmó un abismo de diferencia entre su club y el FC Barcelona. Una distancia que ata de pies y manos a Ancelotti porque no depende del presente, sino que fue forjada en las últimas décadas y, en especial, durante el cuatrienio de Guardiola. Los franceses no saben lo que es ganar, y la ilusión del ignorante no iguala a la dependencia del adicto. Todos hemos dicho alguna vez eso de «No sé cómo he podido vivir sin x». Pues el azulgrana es un grupo de chavales de entre 25 y 30 años que viene alzando una copa cada cuatro meses. La experiencia adquirida y el respeto labrado completan el perfil del competidor perfecto. Al Paris SG, ya de por sí peor equipo, no le bastaría con lograr jugar mejor. Eso no es ni empezar.
La Champions muta porque dura 180 minutos, hay goles que valen doble y todo el mundo tiene miedo. Con dicho cóctel no se puede pedir total continuidad a una eliminatoria, está sujeta al cambio de forma perenne. Tener el don de sacar provecho de cada una de esas perturbaciones hace del FC Barcelona un candidato impresionante. Sobre todo si tiene a Messi, que es el rey del detalle. Hoy podría causar baja, dibujando un escenario distinto. Sin el argentino, un envite bien encarrilado se abre, pero al ser una ausencia de tan poco tiempo incluso puede tener un ligero lado positivo. No compensaría, pero ahí estaría. Sin Leo, Tito Vilanova recupera el factor sorpresa que Guardiola extravió hace más de un año. El Barça volvería a ser inesperado.
Cesc Fábregas como delantero es una novedad que el Paris SG no se sabrá de memoria.
En lo táctico Messi es una traba que sin él, como sus goles, regates y pases, desaparece. Sin balón no se mueve. Es una estatua. Su quietud tranquiliza a los nerviosos, y su aplomo ralentiza el ataque posicional del Barça. No es complicado interpretar cómo hay que defender en el Camp Nou, todos conocen la teoría, si bien la genialidad termina llegando y decidiendo. Normalmente, por mediación del propio Messi. Suplirlo con Fábregas es un giro de 180º. El catalán nunca para el esférico y nunca se para sin él, intenta compensar su déficit técnico -perdón por decir esto, la culpa es del Barça- con una hiperactividad anárquica que enriquece y que exige al contrario tomar un número de decisiones muy superior y, muy importante, más inciertas de lo habitual en el casi invencible feudo azulgrana. Cesc Fábregas es buenísimo y nuevo. Ya lo querría Ancelotti.
Pastore no hizo nada contra Daniel AlvesEsa movilidad de más se acentuaría si A. Sánchez fuese otro de los de arriba, aunque este tema ya sabemos cómo va. El chileno crea más fútbol que Pedro y, sobre todo, Villa, pero su tendencia al fallo puede generar pesimismo e incluso histeria en una noche como la de hoy. Sea como sea, Iniesta, que sin Messi es el rey, tendrá opciones por delante y las va a aprovechar, porque con Andrés sucede una cosa: heredera el cetro del «10» pero no sus marcajes. En principio atacará la zona de Jallet, Lucas y Motta, y tendría que compensar lo insípido que se mostró en el Parque de los Príncipes. Iniesta debe dar ese paso al frente. El Paris Saint-Germain, sin Matuidi, no puede defenderle.
Sin Blaise Matuidi, Ancelotti no tiene ninguna solución sostenible contra un buen Iniesta.
A medida que las acciones de Iniesta vayan ganando peso en el partido las facilidades a Dani Alves se irán multiplicando. Ya encontró bastantes en la ida, de hecho, aunque durante el primer tiempo, aquel en el que compitió el Paris SG, Thiago Silva lograse inutilizarlas. Ancelotti ha declarado recién que quiere hacer de Pastore su nuevo Clarence Seedorf (…), pero, por más que aprecie al mediapunta argentino, en la ida fue una debilidad manifiesta: ni impidió a Daniel ni aprovechó su espalda. El perfil derecho del FC Barcelona acostumbra a ser una autopista, pues está defendido por el interior débil, el lateral más loco y el central que no sabe salir a la banda. Cualquier equipo, sin necesidad de mucho, ha creado problemas por ahí. En el Parque de los Príncipes sin embargo todas las preocupaciones le llegaron a Vilanova por el lado de Lucas. Ezequiel Lavezzi, por entrega, velocidad y calidad, sería la variante más peligrosa para Alves, Xavi y Piqué.
El mero hecho de que Carlo pueda elegir habla de la calidad de su plantilla. Eliminando a Messi, el potencial ofensivo del Paris SG supera al que hoy esgrimirá Tito. Bueno, para ser justos digamos que los atacantes franceses en París están rindiendo mejor que los catalanes en Barcelona, porque con Ibrahimovic ya vimos lo que pasó. Hoy Zlatan volverá a ser la gran amenaza, y encima Piqué estrenará compañero. En principio, o Busquets o Song. Ambas soluciones empeoran la presentada en la ida. Que Song saque 10 centímetros a Mascherano no importa, detener a Ibra no es una cuestión de altura. Hay que ser un auténtico especialista del cuerpo a cuerpo para incordiarle, y Song está muy lejos de serlo. Por ahí no hay ningún plus, así que la experiencia y la velocidad de Mascherano no encontrarían compensación. En el caso de bajar a Sergio, el margen de error se minimizaría, pero a costa de perder a la, quizás, segunda pieza más determinante del sistema. ¿Adriano? ¿Bartra? Podría ser, si se asume la derrota contra el sueco y se piensa más en Lucas.
Con marcador a favor casi todos los defectos culés se convierten en virtudes.
El gol de Matuidi abrió la eliminatoria. Preparó el terreno para que el FC Barcelona vuelva a dar una clase de cómo se maneja una eliminatoria de Champions, arte que domina como ningún otro. Con marcador a favor, además, se muestra especialmente invencible, pues el tiempo pasa a ser un amigo que convierte cada uno de sus mil pases, como mínimo, en un pellizco al oponente. Les otorga un verdadero sentido. Por su parte, el Paris Saint-Germain creará peligro por talento y competirá o no según le sonrían los detalles, pero seguro que aprenderá mucho. Y es positivo, porque el proyecto de Ancelotti posee mimbres para sumarse, a corto o medio plazo, al grupo de los que más suman. Jugar contra el Barça del profesor Xavier ayuda a madurar.


Alejandro 10 abril, 2013
Hombre, Abel, con todo respeto y guardando las formas, no estoy de acuerdo para nada en varias de las cosas que apuntas sobre Messi.
1. Leo en ningún escenario resta al equipo; siempre suma. El ataque posicional del FC Barcelona no se ralentiza, simplemente adquiere matices que se fundamentan en la capacidad de aceleración y conducción en corto de un elemento específico. La apuesta por ubicar un número de jugadores absurdo por delante de la línea de la pelota, generando superioridades, se explica precisamente en ese punto.
2. Aunque soy muy de Cesc, no puedo aceptar bajo ninguna premisa que el catalán inste a los planteamientos rivales, y en concreto a los defensores, a tomar un número mayor de decisiones durante un mismo partido. No hay un futbolista más impredecible que Messi. Va por dentro, ahora por fuera también -miren como domina el perfil exterior con su regate desde hace un tiempo-, te filtra pases inverosímiles y te marca desde la frontal o desde el área, con un dominio brutal en ambos apartados. Cesc a esas cotas ni si asoma.
3. Que Messi sin balón es una estatua no es cierto, aunque se haya vuelto costumbre repetirlo. Leo general líneas de pase todo el partido, sea a espalda de los medios rivales o por delante de ellos. Se recuesta a banda para tomar mayor contacto con la pelota cuando son pocos los espacios por el medio, ofreciendo siempre una salida más limpia de la bola. Incluso recuerdo que a principios del año, en el cuadrado diseñado por Vilanova, giraba como interior adelantado cuando Xavi caía al doble pivote.
En apoyos en corto va sobrado, aunque no deba desmarcarse para ellos, al serle sencillo recepcionar con los mismísimos centrales del Real Madrid a la espalda.
Su nueva marca de la casa, que ya no parece ser esa diagonal infernal, es el remate desde la frontal luego de abrir la jugada y cargar el área. Para eso suele pegarse carreras de hasta 20 y 25 metros, en las que siempre, y no por azares del destino, llega libre.
4. En marcajes de ruptura si va muy corto, pero es que el mismo juego del FC Barcelona lo complica. Sin el elemento de aceleración y conducción que es él, no tiene mucho sentido hacerlo cuando el repliegue es intensivo e incluso medio. Solo si Iniesta es el que toma la batuta, encuentra algún sentido que el arrastre, porque sí que es un imán. Y aún así queda para la muestra el gol de París, que no fue precisamente otra cosa que un ataque al espacio.
Saludos.