Un gol de Cristiano Ronaldo puso de manifiesto lo que durante todo el Rusia-Portugal fue una sensación palpable y difícil de cambiar, la de una superioridad lusa gestionada en esfuerzos y ritmos, que no se despegó con autoridad pero que en todo momento compitió sin verse forzada, a excepción de 10 minutos en la segunda mitad, a cambiar de marcha para solucionar un nuevo punto de inflexión que nunca se dio. Fernando Santos vio desde el banquillo un partido en el que el juego de Ronaldo, acompañado de la sociedad Cedric-Bernardo Silva, volvió a destacar por encima de las virtudes ya conocidas, sobrias y constantes, del campeón de Europa.
Exponiendo brevemente la superioridad lusa, la banda derecha fue el segundo pilar en el que se apoyó Portugal para acompañar a Cristiano, principal sustento de su equipo en situaciones de transición. La altura, lectura y toques de Cedric, omnipresente, junto a la libertad y arrancada de Bernardo Silva, significaron la primera ventaja de los portugueses con la pelota en campo contraria, circunstancias que hicieron retrasar a las filas rusas, dispuestas en defensa de cinco, redundando en la carencia de los de Cherchesov para generar peligro. Para rodear con la pelota y defender de cara tras la pérdida, Portugal abrió al propio Cedric y liberó a Silva para, desde la cal, bajar a zona de pivotes, y generar una superioridad numérica y un ritmo ofensivo calmado, acelerado una vez Cristiano caía a un costado, el izquierdo, y encaraba. Sanos tenía lo básico: atacaba con control y cerca de Akinfeev.
Bernardo y Cedric gestionaron el dominio luso con balón
Logrado el gol que supuso la victoria, Rusia se dedicó a proponer, o a intentarlo. Su circulación, defectuosa por la falta de calidad de sus futbolistas, insalvable en casi todas las zonas del campo, permitió a Portugal replegar, relajarse momentáneamente y defender llegando siempre a las ayudas, sin la obligación de corregir desajustes, sin ver comprometido su bloque por algún lance individual, un 2×2 en las bandas o algún centro al área y posterior rechazo que contagiara a la grada.
Únicamente cuando los carrileros rusos, y más tras la entrada de Poloz, pudieron llegar arriba, dejar atrás a los hombres de banda lusos y generar situaciones de peligro, sentidas en un tramo de presencia ofensiva y llegadas al área, a la postre tímidas y sin resultado. Los rusos se fueron sin tirar a puerta en un choque que vio a Ronaldo como el hombre tranquilo. El de Madeira volvió a dejar una de esas actuaciones de enorme sensibilidad en la toma de decisiones y en la capacidad para darle soluciones al balón. La naturalidad del crack portugués emergió sobre los demás.
Foto: YURI KADOBNOV/AFP/Getty Images






Pedro Lampert 22 junio, 2017
No ha sido el partido más sobresaliente de André Silva, pero qué importante es el delantero para Cristiano Ronaldo. Tener a un 9 que cumpla en un día regular individualmente es la paz para el crack del Madrid. Con André en el área, Cristiano puede moverse entre líneas y a las bandas sin que el equipo acuse una falta de calidad en zona de remate. Ayer, un ejemplo muy claro. Cristiano, que estuvo pletórico como ya había estado contra Hungría en marzo (con André le liberando para jugar entre líneas), se sumó a Cédric y Bernardo para creer un flujo ofensivo por este costado que ha sido incontrolable para Rusia.
Me quedo con el mapa de pases del equipo en este sentido – https://pbs.twimg.com/media/DC3mOk_XgAAT-52.jpg