En el fútbol existen muy pocas casualidades. Y que la mejor versión de Íñigo Martínez haya surgido siempre en presencia de su gran amigo Asier Illarramendi no es ni mucho menos una de ellas. Dicho esto, en su caso, aunque seguro que la buena sintonía personal ayuda, pues hay que recordar que desde niños ambos iban juntos hasta Zubieta, la explicación de este buen rendimiento del central es 100% futbolística.
Ya en la etapa de Montanier, con quien empezaron como promesas y acabaron como certezas, su conexión sobre el campo fue fundamental en el despegar de la Real. Aquel equipo, no obstante, era bastante diferente al que está dirigiendo Eusebio en la actual campaña. La Real Sociedad del francés dominaba las cuatro fases del juego, incluyendo el ataque posicional, pero cómo mejor competía era a través del repliegue más contragolpe. En esas, se podría decir que Illarramendi se encargaba de derivar los ataques del rival a las bandas y que Íñigo Martínez, por su parte, aceptaba la misión de despejar todo en el punto de penalti. Además, junto a Claudio Bravo, tanto el de Mutriku como el de Ondarroa protagonizaban los primeros pases de una Real que mezclaba la salida en corto con el envío largo hacia Agirretxe o Prieto.
Illarra e Íñigo son los ¡máximos! recuperadores de la Liga.
Pero como decimos, este año el modelo de juego de la Real contiene ideas algo diferentes. Todo se podría resumir en la intención de pasar mucho tiempo en campo rival, lo cual afecta tanto a la salida de balón como a la circulación o, por supuesto, la presión tras pérdida. Y esto, que podría suponer un problema para Íñigo Martínez, un central clásico de área al que le cuesta recorrer largas distancias, que prefiere marcar o anticipar antes que corregir, como tanto se estila ahora. Pero no es así. Como la Real está ejecutando de forma muy acertada su plan con balón, sobre todo en cuanto a ritmo y sentido se refiere, la gestión de la pérdida está siendo muy sencilla. Por eso, aunque esté comenzando las jugadas a cuarenta metros de su portería, Íñigo está tan cómodo como si estuviera en la frontal. Siempre va hacia adelante, achica espacios y barre lo que sobrepasa a Illarra+Zuru. Y, como consecuencia, la Real gana tres cosas que se entrelazan: un mayor punto de agresividad, metros al rival y mucha continuidad con balón.
En este sentido, además, el central vizcaíno está brillando. Porque no es sólo robar, sino prolongar el ataque previo con el equipo rival descolocado. En esta función Íñigo sobresale. Tanto cuando puede conectar directamente con Illarra como cuando, por capacidad de pase, encuentra al más alejado. Una cualidad que, evidentemente, también tiene su utilidad en salida. Como Eusebio, al contrario que Montanier, busca salir siempre que se pueda en corto, pero esto en ocasiones no es posible, la variante de Íñigo buscando y conectando con Willian José tiene un gran valor, como se pudo ver en Butarque.
Hoy, sin Íñigo, Eusebio deberá adaptar/matizar su plan.
El impacto de Íñigo Martínez en el más que notable juego colectivo de la Real Sociedad es tan alto como lo puede ser el de Asier Illarramendi o David Zurutuza. Porque, al igual que le pasó a Billy Crystal con Meg Ryan en la célebre película, por más que los caminos de la vida sean inescrutables, la mejor versión de Íñigo siempre llega con Asier al lado.
Foto: Jeff Holmes/Getty Images






Andrés 5 noviembre, 2016
Podría decirse que Illarra y Iñigo representan para la Real lo que en su día fueron Xabi Alonso y Ramos en el Madrid? Un central y un mediocentro que solos asientan a su equipo en campo rival?