«Cholismo»: dícese de una actitud deportiva basada en la intensidad y el sentimiento de grupo que ha permitido a Diego Pablo Simeone diseñar una propuesta futbolística que ha conectado al Atlético de Madrid con el éxito y la autoestima dos décadas después. La propuesta en cuestión consiste en un sistema defensivo en 4-4-2 de ayudas constantes y mucho contacto y en un estilo ofensivo basado en el balón dividido. En el fútbol actual, el gran reto de cada ataque reside en la creación de espacios, pues ningún buen rival los regala, y los colchoneros lo consiguen a partir de una rifa en la que su éxito no está garantizado -porque es una rifa- pero que sí resulta mucho más probable que el de su oponente, porque tiene más calidad individual y colectiva para administrar su acción clave: el salto y la segunda jugada. Es simple. El Atlético de Madrid crea un espacio obligando a un defensor contrario a salir y saltar contra un punta-torre. Cuando el balón retorna al suelo, la defensa contraria ha perdido un efectivo, para cubrirlo debilita otra zona y desde ella crece la ofensiva rojiblanca, ya sea de manera muy directa o por mediación del toque de Koke y Turan. Asimismo, en última instancia, la creación de ocasiones se origina, mayoritariamente, por mediación de un centro lateral hacia el corazón del área, con independencia de que el conductor del ataque haya sido el reflexivo Arda o el fajador Raúl García. Da igual el número de toques previos; el penúltimo casi siempre será un centro a la olla.
Nótese también cómo el principio ofensivo de este Atlético de Madrid, lleno de contacto como ningún otro, favorece la provocación de faltas en campo contrario, lo cual potencia el factor de las acciones a balón parado (ABP), materia en la que este proyecto se destaca como uno de los más efectivos de la historia.
Con esta base, tanto el análisis de partidos, como el de trayectorias como el de resultados colocan al equipo de Simeone, sin duda, entre los cuatro mejores de la actualidad. Y como un destino prácticamente inmejorable para el fútbol de Fernando José Torres Sanz, «El Niño».
En este Atlético, la imprecisión penaliza muy poco, da igual fallar.
Por físico está para sumar yaTal y como introduce Alejandro Arroyo en su «Una mente compleja para acortar distancias», el problema deportivo de Torres casi nunca ha sido físico. Salvo en breves periodos post-lesión, el delantero ha sido superior a sus marcas tanto en rapidez como en resistencia de modo muy constante. Tiene 30 años, su cuerpo no es el mismo que al cumplir los 24, pero se cuentan con pocos dedos los «9s» de esa edad en facultad de marcar más diferencias que este Torres a partir de su motor. Fernando sigue siendo capaz de correr y chocar durante 90 minutos a ritmo alto.
Donde se han ido cimentando las decepciones de Torres desde que abandonó Anfield ha sido en el ámbito técnico. Aun siendo un jugador con recursos, a nivel global fue la técnica lo que limitó su potencial desde un primer momento, lo que le impidió ser a España lo que Henry a Francia o Van Basten a los Países Bajos. Y en la hora en la que la duda fue implantada en su mente, su juego se colapsó por ahí. Fernando empezó a fallar goles cantados y, después, a huir del área. Luego empezó a fallar pases fáciles y, seguidamente, a desaparecer de los partidos. Pero en el Atlético se juntarán dos cosas que si bien no garantizan su éxito -se trata de un suplente del Milan-, sí encienden la llama de la esperanza: El reset anímico y que en el sistema de Simeone da igual fallar, no importa la imprecisión, la mera participación ya suma. Si Torres comparece, lo menos que generará será lo que tan bien administra su equipo: un balón dividido. El secreto del éxito de Raúl García -técnicamente incompleto donde las haya- puede rescatar a Fernando. Quizá no para el estrellato, pero sí para la competición.
Encaja tanto con Manduzkic, como con Griezmann como con RG.
En términos de lectura, Torres no encontrará ninguna traba. El talento no desaparece y él siempre sabrá dónde ir y qué hacer. En el caso del Atlético, dónde posicionarse para el salto, hacia qué zona orientar los balones divididos, a qué banda caer para meter un centro o cuándo rellenar el área para postularse como rematador. De hecho no hay quien interprete esas decisiones mejor que el madrileño en el plantel rojiblanco. En cuanto a su compañero ideal, seguramente sea la pieza más versátil del abanico del Cholo, pues es el más capaz de alternar el rol de segunda punta con el de delantero centro. Aunque insistimos, de manera más o menos segura lo único que garantiza este Torres es una respuesta positiva en los quehaceres de Raúl García: caer a la derecha para saltar, chocar con el cuerpo duro contra los defensas cercanos y cargar zona de remate con energía. Si logra acercarse a su cifra de goles, añadirá sus pluses de lectura táctica y velocidad y dará un salto de calidad al Atlético. Y si su recuperación resultara tan óptima que su versión final se acabase pareciendo más al Torres de antes que a un Raúl García con ciertos extras, lo que tocará será escribir un artículo nuevo y de larga extensión. Pero eso ahora mismo, siendo realistas, no parece lo más probable, aunque no sea imposible.






Abel Rojas 7 enero, 2015
Chicos, hemos dedicado este texto a hablar sobre la adaptación de Torres al sistema de Simeone y este otro http://www.ecosdelbalon.com/2015/01/una-mente-par… para tratar su estado de forma actual 😉