Lionel Messi se fue con el balón a su casa, un regalo costumbrista que se concede cuando se marcan tres goles pero que de modo tácito también le pertenece cuando concurren partidos como el que Levante UD y FC Barcelona protagonizaron para cerrar el domingo en el Ciutat de Valencia. El líder del campeonato español, capitaneado por el argentino, actualizando récords de goles y asistencias en pleno 2018, resolvió el problema que las bajas primero y el Levante después obligaron a Ernesto Valverde a convertir su visita al equipo de Paco López en una prueba cuanto menos novedosa y circunstancial.
El Levante 2018-2019 ha conseguido crear un ritmo de partido que le permite tener espacios a sus atacantes y tiempo a sus centrocampistas para poder atacar continuadamente. Desde que pasó a defensa de tres centrales, que alterna con zaga de cuatro, Paco López suele producir un ida y vuelta, o un escenario, secundario, de posesión divida y transiciones rápidas que le concede la oportunidad de tener superioridad en área propia y lanzar a sus jugadores más determinantes sobre la frontal del rival, a través de conexiones directas o conducciones prolongadas. Y ante el Barça, que además tuvo que ajustar su dibujo a pocos minutos de arrancar el partido, el Levante quiso redoblar esos esfuerzos y ser todavía más directo, tanto en su presión como en su transición.
El Levante quiso buscar un ida y vuelta que le costó caro
El Barça, por su parte, arrancó la noche con la baja de última hora de Nelson Semedo, que obligó al ‘Txingurri’ a dibujar una defensa de tres centrales y colocar a Ousmane Dembélé como carrilero derecho. Eso desnaturalizó su sistema y la ocupación del campo, lo que llevó a sus hombres a reducir las posibilidades de dominar de manera más natural los ritmos del partido. Tocaba competir más que gestionar. El Levante, además, fue atacando esos posibles puntos débiles en el balance defensivo y en la circulación de balón que potenciaran su cambio de ritmo tras robo. Lo que ocurrió hasta que apareció Messi fueron dos cosas.
La primera es que el conjunto culé, al carecer de la estructura que le ordena en campo contrario, laterales doblando, un extremo natural y Messi incidiendo con naturalidad, tuvo siempre la sensación de andar cojo en campo contrario. No podía tener superioridad en bandas y por dentro pedía esfuerzos importantes a Vidal y/o Suárez en zonas intermedias para compensar la no aparición de diagonales, con o sin balón, de los externos, con los que entregar el carril a los laterales. La fluidez, como bien se refirió Valverde al término del choque, no fue posible. El Levante, vistos los problemas culés, se lanzó sobre la salida blaugrana, generando mucha disputa, juego directo y poco control culé en campo contrario, el escenario más probable y que más satisface al técnico extremeño.
Messi incidió como puñal ante los espacios dejados por el levante
Así, los granotas mordían arriba y se la jugaban a un ida y vuelta que Démbélé con sus eslalons y Messi con sus paredes en la frontal, acompañaban para terminar de acelerar un encuentro algo descontrolado. Pero, como es ley no escrita, al intercambio de golpes, Messi tiene las de ganar, por lo más elemental y, también, por el efecto psicológico que producen cada una de sus apariciones. Es bien sabido que si a Messi no le defienden dos líneas coordinadas en ayudas y escalones defensivos, sus conducciones van creando amagues y amenazas que crean espacios por sí mismos. Y así pasó. El argentino cazó un error en salida y una transición a la espalda de la zaga formada por Cabaco, Postigo y Rober Pier. Campaña, Bardhi y Rochina jugaron siempre mirando hacia delante en lugar de mirar a Messi de frente, y el rosarino se cobró su parte.
Para mayor colmo, y alivio de Valverde, Messi no castigó en soledad. El nivel de inspiración técnica y calma posicional de Luis Suárez y el vibrante partido de Gerard Piqué en lo numérico y lo sensorial, dejaron tres lecturas individuales que el Barcelona sumó de un partido del que poco pudo rescatar en lo colectivo, pues la formación era meramente puntual y obligada, y el Levante, medido más por su ímpetu que por su calidad comparativa, impidieron categorizar niveles colectivos. Acompañado esta vez por dos guardianes de primer orden, Leo Messi fichó otros tres puntos tras otro domingo en su oficina.






Luis Restituyo 17 diciembre, 2018
No se pero Suárez, Messi y Piqué me dan un aroma a 2015 muy fuerte, no se si soy muy optimista pero creo que el equipo lo va asimilando mejor, hace 3 meses atrás y ante la circunstancia actual (sin lateral derecho minutos antes del partido y cambio de planes) se pinchaba seguro, estuve viendo las semis contra el Bayern de Pep del 2015 y he entendido que cuando Messi y Busquets juegan bastante entre si en ese eje vertical, Piqué esta en buena forma en el área propia y en la contraria, y que Luis Suárez esté en un momento de inspiración técnica y en buena forma física… ojito que si llegan los meses importantes y los pilla así…..