Visto desde cualquiera de las cuatro gradas de Anfield, desde el sofá de casa o desde la cámara cenital de la retransmisión, el Liverpool ofreció una de sus versiones más sólidas y lúdicas ante un Arsenal que no opuso ninguna resistencia reconocible, sin rumbo en ninguna fase del juego y sin señales de reacción colectiva: cada jugador jugó su partido, lo que fue aprovechado por un equipo, el de Klopp, que precisamente atesora rasgos grupales nada dubitativos. Puede tener defectos tácticos o falta de calidad en algunos puestos, pero todos van de la mano. Marcada la diferencia, lo abultado del marcador podría explicarse por las variantes ofensivas de su trío atacante, que ahondó en la herida gunner con una precisión incontestable.
Wenger fue castigado por la velocidad de Salah y Mane.
Lo que sucedió en Anfield Road fue una suma de virtudes red, potenciadas por la falta de ideas de un sistema, el 3-4-2-1 de Wenger, que nació con Oxlade en derecha, Bellerin en izquierda y ninguna señal de fluidez, coherencia, seguridad o profundidad. El cuarteto Xhaka, Ramsey, Özil y Alexis fue el código elegido por el técnico francés para desactivar la asfixiante presión de Klopp, que esta vez no fue sobre la zaga ni sobre los medios como tal, sino que estrechó sus líneas y mordió por dentro y en banda. Ahí, en los costados, volvió a naufragar el Arsenal, pues continúa viendo como sus hombres abiertos reciben sin compañía. Nadie se acerca ni rompe por delante para dividir atenciones y crear una trangulación.
Tras esto, el robo red, plácido y activado por el espacio que Ramsey dejaba a su espalda tras buscar el quite. Con Bellerin y Oxlade tan arriba en las jugadas, los nombres de Mané y Salah retumbaban en Anfield. Sin embargo, fue Roberto Firmino quien empuñó la batuta de director y llevó a los suyos al ritmo más adecuado. Se vio al Liverpool muy cómodo a la hora de juntarse y esperar a Wijnaldum y Can tanto como en decidir separarse y desequilibrar en el tres contra tres. La excelente lectura y técnica del punta brasileño permitió al Liverpool dominar el encuentro y asestar golpes determinantes que favorecieron situaciones de ventaja. Muchas de ellas, de máxima ventaja. Los goles explican las diferentes caras que puede ofrecer el Liverpool cuando mental y tácticamente supera a su rival.
Firmino realizó un partido sensacional desde la pausa
La falta de ajustes del sistema de Wenger a la hora de sumar con balón y protegerse sin él en los costados está costándole demasiadas transiciones favorables del rival. La circulación de los gunners es excesivamente estática entre los hombres que no tienen la pelota, lo que activa espacios vacíos fácilmente visibles para montar un contragolpe por bandas y zona central. Ante Salah, Mane, Can o Moreno, cada pérdida gunner, forzada o no forzada, comprometía su competitividad dentro del partido, sin adaptar su propuesta a los peligros ofensivos más evidentes de su oponente, un compendio que Wenger no supo atar en corto.
Foto: ANTHONY DEVLIN/AFP/Getty Images

algún día le vemos haciendo el arquero en Anfield 




Abel Rojas 28 agosto, 2017
Hay que reconocer que lo de Sadio Mané está siendo impresionante. Yo , de verdad, sigo pensando que no es un futbolista como para ser el número uno de un equipo candidato a títulos, pero su estado de forma actual se está empeñando en, como poco, parecerlo. Además, es para disfrutar. Me está pareciendo muy divertido verle jugar.