Real Madrid y Valencia completaron anoche uno de esos partidos de recuerdo recurrente. Fue tremendo para tratarse de una jornada dos. El remodelado equipo ché jugó con ambición y astucia para ponerle las cosas crudas al actual campeón, que llegaba con bajas claves al choque y se vio obligado a sobreponerse al obstáculo que le supuso la, en apariencia, desacertada reestructuración de Zidane.
Las ausencias de Ramos, Varane y Vallejo llevaron al entrenador blanco a bajar a Casemiro del pivote al central, a Kroos del interior al pivote y a Isco de la mediapunta al interior. Además, cambió el 4-3-1-2 por el 4-3-3 con Bale y Asensio en las bandas. Así, un equipo caracterizado por su capacidad de control, empezó a perderlo. Isco de interior izquierdo tuvo un comportamiento táctico muy similar al que muestra como enganche, moviéndose demasiado sin fijar en ningún sitio, y Kroos, desde el círculo, añoró el punto de apoyo que él supone para Casemiro cuando ocupa dicho lugar. El Madrid no podía estabilizar sus ataques, carecía de continuidad y agigantaba la figura de un imperial Geoffrey Kondogbia, que debutó a lo grande.
Geoffrey Kondogbia coronó su tiránica actuación con un golazo.
La puesta de largo de Kondogbia no pudo dejar más nítido su rol. El Valencia va a lucir un sistema defensivos que priorice la protección del espacio sobre el robo para que sea su superdotado físico quien asuma los riesgos y salga a barrer, robar o morder. Gracias a él, Murillo y Rubén Vezo no salieron más en la televisión. Menos mal para el Valencia, pues Benzema les dominó hasta el punto de que, con un acierto medio, habría podido cosechar incluso un hat-trick.
Pero el buen hacer ché no se limitó a las tareas sin balón. Con él, esgrimieron dos virtudes que resultaron cruciales. La primera, esa que ya se ha anexionado a casi todos los equipos del campeonato: la capacidad para no regalar el balón ante presión. Lato, Gayá, Parejo o Soler representan la escuela española y supieron triangular para cortarle el ritmo a los blancos y mostrar las carencias defensivas de las que adoleció por los cambios en su once y en su esquema. Y en segunda instancia, la actuación de la doble punta formada por Zaza y Rodrigo fue productiva. Sobre todo, cuando caían al sector izquierdo del ataque, que era el custodiado por un Casemiro demasiado fuera de tono en defensa. Permitieron salidas, mejoraron las ofensivas e incluso fueron decisivos con la asistencia en el gol de Kondogbia. Zidane presentaba una pareja de centrales muy ligera y Marcelino la castigó con dos «9s» de contacto y oficio.
Marco Asensio fue un torbellino solitario en el segundo tiempo.
La reacción blanca se advino en el segundo periodo. Los problemas de salud de Isco permitieron a Zidane dar entrada a Kovacic y recuperar la posición de Kroos como interior izquierdo. La posesión del Real Madrid se mantuvo en un 65%, pero el número de disparos se incrementó de siete a 14. El actual momento de forma de Benzema y Bale les priva de la habilidad para crear ocasiones de gol con acciones individuales, lo cual exige al equipo llevar el balón hasta el punto de penalti con mucha claridad y calidad, algo para lo que se requiere esa continuidad en la posesión del balón que el Madrid no tuvo en el primer tiempo por el desbarajuste generado, sobre todo, por lo expuesto sobre Isco. Y en dicho marco, amén de Marcelo y Carvajal como siempre, emergió un Asensio superlativo que encadenó jugadas de futbolista fuera de lo común. Tanto, que al final fue casi milagroso que un Real que había hecho muchas cosas mal ante un rival que había hecho muchas bien no sumara los tres puntos. Aunque dicho sea también de paso que el empobrecimiento goleador de su plantel (perdió dos focos de gol –James y Morata– a cambio de ninguno) le puede costar más de un pinchazo como el de ayer.
Foto: CURTO DE LA TORRE/AFP/Getty Images






roumagg 28 agosto, 2017
Este Benzema, que ya dio señales de muy buen juego entre febrero y mayo, sí compensa, para mí su falta de determinación con buen juego… cuando juega con Ronaldo. Parece que no puede combinar del todo ambas (15-16 con buenos números pero jugando menos y moviéndose en menos metros), cosa rara dada su calidad fuera del área. Aunque, pese a ser poco resolutivo en muchas ocasiones, lo de ayer fue exagerado. De arrastrar un problema psicológico serio con la responsabilidad del gol. Ese semipenalti que tira fuera es de jugador que remata con miedo a fallar.
Qué primera parte de Parejo. De jugador que le mira a la cara a los centrocampistas del Real Madrid. Su irregularidad ya es otra cosa, pero cuando está así es un jugador para arreglarle muchos problemas a equipos candidatos a la Champions.
En el segundo gol del Valencia se ve perfectamente el, para mí, único defecto que tiene Toni Kroos como mediocentro: se desentiende de la corona del área. Defiende hasta allí y el resto se lo deja a los centrales, facilitando la llegada a gol de la segunda línea. En todo lo demás, es excelso, el paradigma del mediocentro que me gustaría tener en mi equipo. El caso es que no debería ser un defecto difícil de solventar, porque no es una carencia técnica o un problema de lectura o esfuerzo (defendiendo hacia delante se lo deja todo), sino una cuestión de enfoque. Pero ahí sigue el defecto, y por ahí creo que empezó a apostar Zidane por Casemiro.
En cuanto el árbitro pitó la falta, sabía que Asensio la metía. Estaba convencido, antes de conocer siquiera quién la iba a tirar. Tal es el nivel de grandeza que inspira Marco (aunque la veía más en la escuadra de la barrera, parecida a la que le metió al Barça B con el Mallorca). Habrá que empezar a pensar si el problema de Bale no es solo de falta de confianza en su físico, y Asensio se lo está comiendo mentalmente. La diferencia entre lo que transmiten ambos a día de hoy es muy grande. Porque en la práctica el RM no perdió dos focos goleadores a cambio de ninguno, sino de uno, Bale, que apenas pudo usar en la 16-17. Pero el galés está que no se puede sacar ni un tiro a puerta.