En uno de los actos publicitarios previos al Derbi, Antoine Griezmann reveló que se siente favorito. Esto convalida como prueba fiel del cambio de prisma experimentado no ya en la rivalidad entre el Real y el Atleti, sino entre el proyecto de la BBC en La Castellana y el de Diego Simeone a orillas del Manzanares. Nada que no parezca consecuencia natural de que los rojiblancos estén presentando la versión menos táctica y más talentosa de este ciclo y de que los merengues, desde la llegada de Zidane y la paulatina pérdida de rapidez de Cristiano, hayan ido dejando el riesgo de lado en favor de tics más italianizados. La confianza del referente, a menudo, la esgrime aquel que piensa más en el balón, y Antoine, quizá hoy por hoy el jugador más determinante de la capital de España, sabe que, esta tarde, su entrenador le va a pedir más cosas en ataque que en cualquiera de sus visitas anteriores al estadio Santiago Bernabéu.
Se trata un tema más emocional que tangible desde cualquier punto de vista, ya que ni mucho menos se vaticina un choqueo lineal en el que los visitantes lleven el peso de la posesión como haría un equipo de Guardiola, pero esa diferencia mental ya permitirá a Zidane ponerse el traje que más feliz le hace: el de piel de cordero. En sus propias palabras, su Real nunca es más poderoso que cuando aprieta los dientes y basa su fútbol en el sufrimiento colectivo, que cuando sin el balón en los pies defiende como bloque allá donde él lo ordene, que no tiene por qué ser en su área, y ni siquiera en su campo; también puede elegir presionar en terreno contrario como ya sufrieron -y de verdad- el Sevilla de Sampaoli o el Nápoles de Sarri en sus respectivos mejores momentos de juego. Debe apuntarse que a lo largo de esta temporada, esa versión blanca ha sido menos optimizada que durante la anterior, en la que levantó su Undécima Copa de Europa en virtud de este paradigma, así que debe considerarse su irregularidad. Pero también hay que tener en cuenta que el Madrid de Zidane, en los días grandes, suele comparecer.
El nuevo Atlético es mejor equipo en campo contrario que en el suyo propio, tanto con balón como sin.
Por eso cabe presuponer que Zidane valore muchísimo el talento de Griezmann a la hora de escoger su plan de partido. En este sentido, deben apuntarse los últimos ajustes del Cholo en el dibujo colchonero, consistentes en situar a Saúl en el doble pivote junto a Gabi, a Carrasco abierto a la derecha y a Koke partiendo desde la izquierda en línea de mediapuntas. Dichos cambios han derivado en un Atlético con más presencia y control en la mitad del oponente gracias a cómo están gestionando entre Koke y Griezmann su posesión en los carriles centro e izquierda, con la inestimable ayuda de un Filipe Luis que, con esta configuración, ha multiplicado su rendimiento. Además, al estar consiguiendo mantener el esférico dominado en esa zona de tres cuartos y, durante esas cadenas de pases, subir al equipo junto arriba, han activado la posibilidad de presionar tras la pérdida con Gabi y Saúl, un doble pivote donde ninguno sabe ejercer de mediocentro -con el coste que ello supone en defensa posicional- pero que está dotadísimo en lo físico y en cuanto a intuición para ir a morder y recuperar pelotas por anticipación o agresividad.
El talón de Aquiles de este Atlético estriba en que, para mostrar lo mejor de sí, requiere que el balón llegue en buenas condiciones hasta Koke y Griezmann, algo que ha ocurrido con regularidad ante varios de sus últimos rivales -sobre todo frente al desmoralizado Sevilla FC- pero que no parece ninguna garantía, ya que, de todos sus hombres implicados en la salida desde atrás, sólo Filipe Luis se antoja un especialista, y para más inri, carece del recurso del juego directo que tanto rédito le produjo antaño (no están ni Falcao, ni Costa, ni Raúl García, ni Mandzukic, ni Jackson ni tan siquiera Saúl como interior). Es precisamente por eso que una presión adelantada del Real Madrid podría ser la manera más directa con la que Zidane podría hacerse con el dominio del Derbi. Si logró cortocircuitar los primeros pases del SSC Nápoles, un equipo bastante más dotado en lo individual y mejor orientado en lo colectivo en esa fase del juego, alberga potencial para cortar el flujo de los del Cholo hacia Griezmann y Koke, aunque el contragolpe de Carrasco, Torres y el propio Antoine represente un peligro incluso superior al que acostumbran a promediar Hamsik, Callejón, Insigne y Mertens. Ante el talento, no hay fórmula mágica.
Sergio Ramos puede ser la gran respuesta blanca contra el mejor futbolista de un Griezmann inspirado.
La otra posible estrategia de Zidane contra Griezmann podría fundamentarse en reducirle los espacios en lugar de en intentar asilarle el juego. Como todas en el fútbol, sería válida, aunque quizá más difícil. Primero, porque la finura del francés es de pianista y cada vez precisa de menos milímetros para marcar la diferencia; segundo, porque el Atlético es más y mejor como equipo cuando alcanza esa altura del campo; tercero, porque el Real está sufriendo para defender bien el escalón que distancia a su defensa de su medular. El nuevo enfoque otorgado a Modric -mucho más agresivo que el año pasado tanto con balón como sin él- ha desprotegido a Casemiro y provocado un conflicto entre el brasileño y los centrales: Casemiro se está quedando en terreno de nadie y los zagueros, asustados por ello -y porque Keylor Navas tampoco transmite mucha seguridad-, reculan hacia atrás. Este es el motivo por el que el jugador más importante de Simeone será Griezmann y, por parte de los de Zidane, será Sergio Ramos. Con independencia de que el entrenador merengue adopte o no como idea preconcebida un repliegue bajo, el Real no tiene autoridad ni mecanismos con la pelota como para negársela de facto a un grande como el Atlético si este la reclama, así que en mayor o menor medida, este es un contexto al que se va a asistir, y cuando se dibuje, el líder, para mantener su primer puesto en la tabla, va a necesitar que su capitán haga, por ejemplo, lo que ya hizo en sus dos grandes finales de Champions League. No lo de marcar gol ni lo de articular una notable salida desde atrás, sino lo de unir al equipo en defensa dando él, y obligando a dar al resto, un paso hacia delante. Griezmann y Ramos, una vez más, serán decisivos.
Foto: VALERY HACHE/AFP/Getty Images


roumagg 8 abril, 2017
Uff. Sé por la encuesta que hiciste ayer que es la opinión general —y que, por tanto, algún argumento a su favor habrá—, pero discrepo bastante con el fondo de este artículo. Creo que el Cristiano de Zidane, recuperado del bache físico y anímico que sufrió en la segunda parte de la etapa de Benítez, no está siendo valorado en su justa medida. Sobre todo, teniendo en cuenta que el sistema, generalmente, no le potencia: bloque muy bajo, pocos jugadores —y, por tanto, pocas líneas de pase— por delante del balón, poco peso del juego interior, el interior de su lado es Kroos (que es un jugador más de base actualmente) exigencia defensiva como no ha tenido desde la 11/12, inexistencia de un sistema claro y continuista para contraatacar que le exige carreras muy largas, abuso de los centros como discurso aún sin llegar en ventaja, en las ABP trabaja en bloqueos y arrastres para que remate Ramos… No existen, de momento, las facilidades que se presuponen de un equipo de esa calidad, porque su prioridad suele ser asegurar el 0 en la portería. Además, ha lidiado con tramos de un mal Benzema y con Bale de baja mucho tiempo. Y, pese a todo esto, y centrándonos en esta temporada, su nivel de juego me parece muy infravalorado. Quitando los primeros partidos tras reaparecer en septiembre, su octubre-enero es muy positivo, y este año, tras dos partidos malos al inicio de enero contra el Celta en casa en Copa y contra el Sevilla en el Pizjuán, ya desde el siguiente partido, vs Málaga en el Bernabéu, viene creciendo, y cada vez va (y creo que seguirá yendo) a más. Está siendo de lo mejor del equipo desde finales de enero, y su peso en el marcador, vía gol o vía asistencia, está siendo constante. Y, como he dicho, tengo la sensación de que físicamente va para arriba claramente. Tengo mucha confianza para este tramo en la BBC en general y en Cristiano en particular.