Desde que Álvaro Morata perseguía la pelota en cualquiera de esos partidos «todos contra todos» tan propios de esos parques que no tienen ni dimensiones ni marcador alguno, probablemente ataviado con alguna camiseta blanca con publicidad TEKA, seguro con las rodillas peladas de ir al suelo, el madrileño ha demostrado tenerlo todo muy claro. Su sueño, su anhelo y su complicación. Porque en su caso no era tanto el deseo de convertirse en el nueve titular del Real Madrid, como sí la consciencia de que esto iba a ser imposible.
Pero esta doble convicción no le frenó, sino más bien al contrario. Morata tenía apenas 21 años en la primera temporada en la que empezó a contar con el primer equipo, y la sensación que transmitía cuando jugaba es que ya llegaba tarde. Que iba a contrapié. Que le faltaba tiempo. Que el tren estaba a punto de arrancar sin él. No obstante, Álvaro Morata, madrileño y madridista, canterano y un habitual del Bernabéu, había visto lo que había pasado con Portillo, Soldado, Negredo o Bueno antes. Jugadores con calidad, futuro y potencial que tuvieron menos opciones que en cualquier otro club del mundo porque, simplemente, en el Real Madrid jugaban Raúl, Ronaldo, Van Nistelrooy o Karim Benzema. Es decir, los mejores.
Este conocimiento del Madrid le pudo penalizar al inicio.
Esto mismo, que ya sintió en sus carnes hasta un recién llegado como G. Higuaín, provocó que los dos primeros cursos de Morata, siendo esperanzadores, parecieran insuficientes. Siempre que salía al campo constaba. Tenía mucha presencia e impacto. Fuera en el Bernabéu, en el Ciutat de Valencia o ante el Barcelona. Perdiendo, empatando o ganando, Morata nunca pasaba desapercibido. Pero a cambio de esto, que era muy positivo, Álvaro exponía todavía más ese carácter agonístico de su carrera. Esa sensación de luchar contra los defensas rivales, contra sus propios compañeros, contra el inexorable paso del tiempo y, por supuesto, contra sí mismo.
Es más, ya con 24 años y tras dos años en un gigante de Europa, cuando Morata regresó este verano al Santiago Bernabéu comenzó transmitiendo algo parecido. Cada ocasión, pase o control fallado parecía una oportunidad desperdiciada. Y así, pese a su calidad y la cantidad de cosas que hace, es realmente complicado jugar bien al fútbol. Sin embargo, una vez pasada la pretemporada y los primeros partidos, y ayudado obviamente por su gran puntualidad en ciertos momentos, Álvaro Morata ha comenzado a parecer otra cosa.
Incluso en momentos de urgencia, Morata está más tranquilo.
Ahora, sea como titular o como revulsivo, el madrileño demuestra un poso y una tranquilidad muy beneficiosas en su juego. Sigue siendo algo impreciso en determinadas acciones técnicas, pero ya es una cuestión meramente futbolística. Y por eso está aportando muchas cosas a su equipo. Cuando sale de inicio, Morata destaca sobre todo por sus apoyos. En banda o en el carril central, siempre trata de ofrecer una vía de desahogo al resto, ayudando así a instalarse al Real arriba. Cuando, por el contrario, sale desde el banquillo, la cosa cambia. Sea por necesidad (el Madrid está arriba) o por lo contrario (hay espacios al contragolpe), Álvaro ve más el fútbol de cara y tiene mucha más presencia en el punto de penalti.
Quizás en base a esto se explique porque en prácticamente la mitad de tiempo Morata ha marcado 4 goles y dado 2 asistencias como suplente y solo ha producido un gol como titular. O quizás solo es una cuestión de rol, momento y oportunidad. El caso es que a día de hoy Zinedine Zidane tiene una combinación activada que se antoja tremendamente productiva. Karim Benzema cada vez más entonado desde el inicio, demostrando una fluidez y calidad en su juego solo alcanzable por él mismo, lo cual repercute directamente en el carril fuerte del Real Madrid; y Álvaro Morata sumando goles y puntos desde el banquillo, sin que esto además le haga retroceder en esa carrera de fondo que sigue teniendo contra su propio sueño.
Su nivel, en cualquier caso, está siendo más que notable.
Hoy, ante el Legia de Varsovia, Morata vivirá otro de sus momentos. Pero esta vez, en vez de verlo como una de sus últimas opciones como canterano, lo afronta como lo que en realidad es: un partido más para un jugador asentado en el Real Madrid. Y a partir de ahí, viene el resto. Porque ya sabe perfectamente que imposible no es.
Foto: Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images






hola1 2 noviembre, 2016
Recurso muy potente, que por ejemplo no se tenia la temporada pasada. Importantisimo tener al canterano de vuelta y mas cuando en UCL es un jugador que se enchufa.