Con Bélgica las expectativas siempre han parecido desmedidas. Un país con cierta tradición, pero sin ningún éxito reseñable desde las semifinales de México ’86. Una generación con una cantidad de talento evidente, pero aún muy joven como para poder garantizar que dos más dos siempre sean cuatro. Un once lleno de futbolistas que suelen ser protagonistas cada fin de semana, pero que todavía no se han hecho fijos los martes y miércoles de cada mes de abril. Un entrenador que los ha hecho progresar poco a poco, pero que parecía incapaz de potenciar sus virtudes y de tapar sus defectos…
Es decir, dudar de esta selección belga tenía todo el sentido del mundo. Nunca había llegado a jugar bien. No había tenido ni una sola noche de verdadera grandeza. Y además, como colectivo, no estaba creciendo al ritmo de sus individualidades, que seguían dando pasos hacia adelante. Sin embargo, al final, aunque suene irónico, estas dudas también se hicieron desmedidas. Su actuación en Brasil 2014 bien sirve como ejemplo. Durante todo el torneo a Bélgica se la juzgó con el criterio con el que se analiza a otras grandes del torneo. Quizás no como a España, Alemania, Argentina o Brasil, pero sí como a Portugal, Inglaterra, Holanda o Francia. Ese era el nivel de exigencia. Por eso, a pesar de alcanzar los cuartos de final y caer ante Leo Messi, su participación dejó más a deber que otra cosa. Aunque siguieran progresando, seguían decepcionando.
Pese a todo, cada año estaban más cerca de los mejores.
Bélgica seguía con las mismos dudas de 2010El caso es que en el primer partido de esta Eurocopa se vivió la confirmación más absoluta de que dudar de Bélgica no sólo era legítimo, sino también lo razonable. La derrota ante Italia, más inteligente y más grande, exhibió uno por uno los mismos problemas que esta generación viene acarreando desde su nacimiento. La lentitud en la circulación, la sugestión generada por Fellaini, la ausencia de laterales capaces de contribuir en ataque, la falta de un líder que abanderase una reacción ajena a la táctica… Bélgica parecía tan estancada y se la venía venir desde tan lejos que, lo que debía ser uno de los conjuntos más atractivos, refrescantes e ilusionantes de cualquier torneo de selecciones, se había convertido en un equipo que provocaba cierto hastío. La reacción era exagerada. Desmedida. Pero era un sentimiento común tanto en los belgas como en el resto de aficionados al fútbol.
Quizás conscientes de todo esto, a partir de ese partido algo cambió en los dos hombres más importantes de este proyecto. Por un lado, Marc Wilmots racionalizó su alineación titular. Metió a Dembelé para mejorar la calidad de la posesión, dio minutos a Thomas Meunier en el lateral derecho, situó a Kevin de Bruyne en la mediapunta, relegó a Marouane Fellaini al banquillo… Y funcionó. Bélgica comenzó a mejorar. Los espacios estaban mejor ocupados y los roles mejor distribuidos, lo que a su vez contribuyó a que sus defectos estructurales se fueran haciendo cada vez menos visibles. Además, por si esto fuera poco, Eden Hazard, el futbolista llamado a ser la estrella de esta generación, tomó por fin la batuta y empezó a ejercer de líder. No por aptitud, como en Brasil, sino por actitud.
La exhibición de Eden Hazard será inolvidable
No pedía todos los balones, los exigía. Sin gritos ni gestos, sólo con movimientos que insinuaban al resto que el grande era él. Así, Eden comenzó a buscar los partidos hasta encontrarlos. Seguía sin estar del todo entonado, seguía lejos de su mejor nivel, pero Bélgica estaba comenzando a reconocer en él al jugador que todo equipo necesita. A ese Iniesta, a ese Rooney, a ese Kroos. A ese Hamsik, a ese Bale, a ese Cristiano. Y anoche, ante Hungría, rompió a jugar.
Hizo el mejor partido de su ya interesante carrera, completó una de las exhibiciones más impresionantes de las Eurocopas modernas, convirtió a su equipo en una máquina de generar ocasiones y, como consecuencia, devolvió a Hungría el cartel de selección humilde sin recursos, por más que esto no fuera así. Eden Hazard, en definitiva le dio a Bélgica la primera noche que todos estábamos esperando.
Foto: PASCAL PAVANI/AFP/Getty Images






Balleti 27 junio, 2016
Por fin Eden hace un partido a la altura del jugador que es. No entiendo cómo un.jugador de esta talla puede ser tan criticado únicamente por un mal año con el Chelsea, cuando ya ha venido demostrando durante años que es un jugadorazo, entiendo que ahora muchas personas que le criticaron estén más calladas. Esperemos que esta versión de Hazard siga en esta línea o incluso mejore, personalmente pienso que puede dar más de sí todavía. Este jugador está llamado a a hacer grandes cosas.