El Barça cerró en Ipurua una semana de impacto. Tras un febrero de sesteo relativo que, pese a este, le sirvió para casi finiquitar la Liga, cabía esperar que mantuviera o acentuase esa baja tensión, pero, de repente, ha sorprendido con dos partidos cuyo denominador común ha sido la importancia capital que el propio Barça les ha concedido; ha afrontado las visitas a Jémez y Mendilibar como si el Atlético estuviera a un punto y el Real, a dos: Luis Enrique estudió y configuró ambos encuentros a consciencia y sus jugadores aplicaron el plan específico para cada uno desde una concentración total. Radiante FC Barcelona.
El Barcelona fue muy anchoSi la base del planteamiento de Vallecas fueron los desmarques en apoyo de Neymar, Messi y, sobre todo, Suárez para hacer de boyas de un juego súper directo y castigar la espalda de zaga local con tres pases (el largo, la descarga y el profundo), ayer ante el Eibar encaraba el reto de superar una presión muy buena que, además, controla la segundas jugadas en su propio campo cuando el oponente opta por salir en largo. Esto en un verde de dimensiones acotadas y en un estadio cuya arquitectura, sensorialmente, achica todavía más el rectángulo de juego. Y lo que pretendió y logró Luis Enrique fue expandirlo. El Barça fue anchísimo.
El triángulo Piqué-Alves-Busquets fue la base de la estrategia.
Alves, Alba, Rakitic, Turan, Messi y Munir ocuparon, de inicio, zonas súper abiertas. Aparte, Suárez lanzaba con insistencia un desmarque hacia la derecha por si Leo, que es el menos aplicado tácticamente, dejaba de ensanchar por su perfil. Cabe señalar también, porque fue crucial, que Alves y Alba esperaron a una altura más retrasada que de costumbre, casi siempre o siempre inferior a la de Busquets, pues la idea consistía en que ellos recibieran el primer pase de los centrales y que hicieran de vértice intermedio en el triángulo que completaba el propio Sergio. Así pues, la mecánica era central-lateral-pivote, lo que obligaba a la presión local a acudir a la zona más alejada posible: la esquina de arriba. Así, el Barça imprimió un ritmo plus a su circulación, recortando la enorme distancia que había entre sus piezas con pases de excelso nivel, y el Eibar se desfondó sin recompensa. Fue brutal cómo el líder empleó su talento para hacer ver inútil la que es una de las fases de juego más trabajadas y eficaces que hay en este torneo.
Dicho sea de paso que, tras el 0-1, el Barcelona redujó su velocidad y el Eibar se metió en el partido, y que, en ese pasaje de menor control culé, surgió Messi para poner el 0-2, como sucede casi siempre. Pero, esta vez, lo más interesante y potente del envite ocurrió antes de esto.






Didacus 7 marzo, 2016
Que las piernas les den hasta mayo a Pique Busquets y Alves… Porque no hay recambio de garantía.
Pensar en otro triplete depende de ellos…