El Manchester City era un club pequeño pero carismático que le caía bien a la mayoría de la gente. Vestía una bonita camiseta color Maradona, tenía por ídolo al siempre divertido Georgi Kinkladze -un extremo georgiano que casi nunca ganaba partidos- y mantenía una fuerte rivalidad local contra el todopoderoso United a la que Sir Alex Ferguson no prestaba atención. En resumen, era un encanto. Pero de repente fue comprado por un jeque y de la noche a la mañana se convirtió en la entidad futbolística más rica del planeta, y tras un tiempo conociendo el patio, comenzó a gastarse fortunas chocantes en aquellos jugadores de moda que querían pero no podían fichar por el Bayern, el Barça o el Madrid, y que acababan en el Etihad por acabar en algún sitio. La identidad del club se fue. Quedó poca tradición a la que agarrarse.
Mancini extrapoló su carácter a todo el clubEntonces llegó Mancini. El tipo cuadraba con la necesidad: se trataba de un auténtico personaje deportivo. Le distinguían no pocos rasgos particulares. Por ejemplo, sus excusas. A Mancini siempre le parecía que su plantilla era tanto corta como modesta, incluso cuando empataba en casa frente a conjuntos que peleaban por salvar la categoría. Con la misma intensidad brillaba su potente espíritu defensivo, el que le inclinaba a dejar en el banquillo colecciones de arietes carísimos en beneficio de zagas de cinco hombres o de trivotes de cemento armado. Mancini iba tan a contracorriente de lo estipulado que se transformó en una personalidad aborrecida por sus rivales y que, por algún extraño motivo, gozaba del cariño de su propia afición. Por todo esto, el entrenador italiano dotó al Manchester City, que había perdido sus rasgos, de los suyos propios, que ya eran unos, aunque no fueran admirados. Su equipo era sin duda reconocible, y no resultaba indiferente. Todo lo contrario que ocurrió tras su marcha y el fichaje de Pellegrini. Ha transmitido tan poco el fútbol orquestado por el chileno que ya no importa ni lo que el jeque pague por sus delanteros. El City se ha vuelto invisible, insonoro, insípido, inodoro y casi incorpóreo. Y por consiguiente, poco competitivo. Se necesita una razón por la cual luchar. Y no hay.
Sterling suele ser bastante protagonista, pero Pellegrini no tendrá que sacrificar nada para darle hueco.
De esta guisa se incorpora a la aventura Raheem Sterling. Su contratación definirá la suerte del Manchester City a corto y, sobre todo, medio plazo. El joven futbolista aúna dos condiciones que le presentan como una solución potencialmente perfecta para el mayor problema del club y la mayor traba del equipo. En referencia a lo primero, Sterling forma parte de la selección inglesa. Es la primera estrella -o proyecto de- firmada por los skyblue con peso específico en el combinado nacional. Simbólicamente, dicho hecho cobra un valor incalculable, la afición podrá empatizar con él y el mundo asociará ambas marcas -la personal del chico y la colectiva de la entidad- a poco que disfruten de éxito. En segunda instancia, Sterling responde a un perfil de atacante sumamente concreto y espectacular que puede proveer a la ofensiva de Pellegrini de la identidad futbolística que hasta hoy no ha mostrado. Margen de maniobra encontrará y de sobra, pues lo construido por ahora es escaso. El año pasado, el guion consistió en lo siguiente: «Intento de equipo de posesión que solo la amasa porque la mayoría de los rivales se la ceden sin más. Con ella, suma pases (muchos pases) sin intención identificada hasta que Touré o, en preferencia, Silva conectan y se la dan a Agüero, que hace jugadas individuales que a veces derivan en gol». En síntesis, eso era el City 14/15. Quizá, el peor del ciclo.
El regate de Sterling dará electricidadEl repertorio de Sterling puede tener un impacto inmediato porque se basa en la autosuficiencia. Sobresale como regateador en situaciones de ataque organizado, y eso modifica el horizonte. La interminables pero desinfladas cadenas de pase del equipo encontrarán en el perfil izquierdo un candidato a desbordar por sí mismo que además domina tanto el arte de la pared -aunque curiosamente metros más atrás sea un pasador incluso molesto- y que clava el pase atrás tras conquistar la línea de fondo, la cual alcanza, posiblemente, con más frecuencia que cualquier otro punta moderno. Sterling supone una amenaza individual tan importante que va a crear espacios en el carril central y en el carril derecho con solo recibir la pelota al pie. Y juega tan rápido que el City parecerá… ¡vivo!
Con Sterling, el City a la contra asustaráEsa misma velocidad le consagra como un contragolpeador a la altura de la élite. Y además, completísimo. En esta variante del juego, Sterling destaca tanto como lanzador, como conductor como finalizador. Detecta con claridad qué compañero se halla en mejor perspectiva para crear peligro y lo habilita de inmediato; si no, acelera con la pelota controlada eliminando oponentes en carrera pero con la cabeza siempre levantada, recordando a ese Marco Reus que aniquiló en sus noches más grandes al Real Madrid o el Bayern de Múnich; y si tampoco, ha desarrollado un instinto para el desmarque de ruptura y una definición con el interior de su pie derecho al palo largo -el izquierdo del portero- que se traduce en goles directos. Si su regate cambiará el día a día del Manchester City, su intimidación al contragolpe disfrazará a los de Pellegrini de verdadera amenaza en las eliminatorias de la Champions. Silva, Sterling, Agüero y ocho defensores al azar podrían no representar un candidato al título, pero con certeza, sí representan uno a cargarse a cualquiera. Son tres cracks muy complementarios.
Tácticamente lo tendrá muy fácil: Agüero atacará desde la derecha y él atacará desde la izquierda.
En lo relacionado con su adaptación táctica, hasta la pretemporada está demostrando que no surgirá ningún impedimento. La realidad es que el encaje se presume automático. Pellegrini suele alternar dos dibujos de forma desigual. Existe uno principal, que suele ser el 4-4-2 con un doble pivote y dos interiores en el centro del campo, y uno para variar que acostumbra a ocupar ambas bandas de forma más fija y poner a Silva por detrás del ariete. En el primer esquema, Sterling entraría de maravilla como acompañante del Kun en la delantera, y en el segundo, como extremo siniestro a la izquierda del mediapunta canario. Más allá de esto, el reparto de espacios con Agüero también sugiere mucha sencillez. Agüero es uno de los pocos atacantes diestros que se sienten más cómodos a pie natural que a pie cambiado, debido a que su acción favorita radica en el doble recorte, y con el primero sale hacia dentro -su zurda- y con el segundo hacia fuera -su diestra-. Sterling por su parte eleva su rendimiento en el carril izquierdo, pese a que aún no ha consolidado como recurso de verdad el recorte hacia dentro con chut inmediato. Cuando lo agregue a sus virtudes, dará un nuevo salto de calidad.
Recogiendo en un párrafo las sensaciones vertidas a lo largo del texto, parece claro que el movimiento de Beriguistain genera optimismo. La calidad de Sterling, así como su posible papel mediático y su coherencia futbolística con el equipo, invitan a pensar que se trata de uno de los fichajes más importantes del verano y de una operación muy inteligente. Y seguramente así sea. Sin embargo, cabe reseñar que tampoco es que se haya reclutado a Messi. El joven Raheem tiene apenas 20 años, no ha hecho nada en el fútbol y adolece de algunos defectos competitivos preocupantes que, sumados a su pintoresco expediente civil, podrían no ser corregidos. Por citar uno, aunque durante los partidos suele ser un atacante bastante regular cuando está en la cima de su forma física, durante las temporadas en sí sufre muchísimos altibajos que afectan a su aportación. Y no es Pellegrini precisamente un técnico famoso por el desarrollo de jóvenes promesas -se le suele atribuir la explosión de Isco, pero la realidad fue que hizo pasar a uno de los futbolistas más contantes del circuito por un jugador de detalles aislados-. En cualquier caso, dado el caso del Manchester City, la apuesta aparenta coherencia y justificación. Se busca competir y, para ello, el paso número uno radicaba en definir una nueva identidad reconocible. Raheem Sterling es uno de esos jugadores que, por sí mismos, puede ofrecerla. En especial, a un club inglés. El extremo es una onda eléctrica directa al corazón.


Rafa Peinado 6 agosto, 2015
Sin duda la incorporación de Sterling es un "fichaje inteligente" que hará mejor al City, pero -saliendome un poco del tema principal del texto- ¿no da la sensación de que se necesitan varios "fichajes inteligentes" más para realmente competir por Europa? Ahora se habla de De Bryune, que costaría otro pastón -en caso de llegar- y daría otro plus más en ataque, pero mientras faltan al menos un mediocentro de nivel, un central, un par de laterales….
Sobre Sterling en sí, yo creo que puede ser la piedra a la que agarrar el modelo de juego de Pellegrini de una vez, el conjunto inglés ni ataca bien en estático ni con espacios, y con Sterling potencia ambas variantes por lo que Manuel tiene otra oportunidad más para de verdad tener una idea de juego, un plan de ataque.