La antítesis argentina


Exitismo: afán desmedido de éxito. Dícese de aquel mal endémico que aqueja al fútbol argentino. Ya son diecisiete los entrenadores que han abandonado su cargo durante los once meses de la presente temporada. La friolera cifra no es más que la demostración más cabal de la crisis institucional que azota al fútbol argentino. El derruido nivel en un suelo exquisito que ha entregado a tres de los mejores jugadores de la historia es una realidad, aunque poco se analizan los fundamentos reales de un estrepitoso desmoronamiento que tiene su origen en los desmanejos del buque insignia que es la Asociación del Fútbol Argentino.

En la Argentina tiene origen un fenómeno inédito porque el hincha autóctono es único en su especie, no solo por su vehemente comportamiento en las tribunas sino por un denominador común que los aúna sin distinción de club: la ilusión de ser campeón. En un campeonato magullado por la mediocridad, el sueño de sumar un título a sus vitrinas es inmaculado, cualquiera fuera su status o su pasado inmediato. El último lustro ha sido una demostración empírica de ello: Lanús, River Plate, Boca Juniors, Vélez, Banfield, Argentinos Juniors, Estudiantes de La Plata y Arsenal se han sucedido en el trono. Tigre, Newell’s y el Huracán de Ángel Cappa han sabido luchar hasta el final.

Los torneos cortos alimentan la competitividad y benefician a equipos que aprovechan rachas para solidificar su candidatura. Sin embargo, las vicisitudes del fútbol argentino suelen hostigar a aquellos cuyo éxito radica en un cúmuloTodo es tan efímero que se esfuma en un suspiro de factores casuales. Títulos o campañas que, a fin de cuentas, no aportan más que la alegría efímera e inolvidable de sumarle una estrella al escudo. Esta crisis no se cimenta en la estética, sino en la planificación. Todo es tan efímero que se esfuma en un suspiro. Banfield, Argentinos y Huracán representan un fehaciente testimonio. La calidad individualidad los llevó a la gloria, pero también fue su peor pecado. Una vez emigraron sus baluartes, quedó en evidencia su pobreza institucional: el Taladro, que tuviera entre sus filas a James Rodríguez, y el Globo, otrora de Javier Pastore, descendieron a la B Nacional mientras Argentinos continua en un camino irrefrenable rumbo al mismo destino.

Vélez representa al triunfo como consecuencia de un proyecto encabezado por la dirigencia y consensuado con un cuerpo técnico idóneo. Jonathan Cristaldo, Leandro Somoza, Nicolás Otamendi, Maximiliano Moralez, Juan Manuel Martínez, Marcelo Barovero, Ricardo Álvarez, Fernando Ortiz, Santiago Silva y Augusto Fernández fueron parte del éxodo masivo que sufrió el Fortín durante la etapa de Ricardo Gareca. La idea trascendió la finitud de los nombres propios y la competitividad del equipo de Liniers jamás se resquebrajo. Más allá de Vélez, Lanús también ha forjado una identidad que se ha perpetuado inalterable frente a los millones de dólares. Ese será el desafío de Newell’s para subsistir después de Gerardo Martino. Sin embargo, alejado de los focos y flashes de la prensa deportiva, un modesto club de la Ciudad de Buenos Aires disfruta de un proceso similar que derivó en la década más gloriosa de su historia. Desde el Estadio Malvinas Argentinas arremete la Peste Blanca, desde Floresta emerge el Club Atlético All Boys.

Blanco oscurantismo

All Boys es una historia de humildad, representativa de esos equipos menores que con escasez de recursos batallan hidalgamente hasta el final, de igual a igual con los poderosos. Antes de la gloria, previo al inolvidable ascenso frente a Rosario Central y la posterior consolidación en Primera División, naufragó durante una treintena de años por el ascenso argentino. El Cuco de los grandes descendió en 1980 y se sumergió hasta la B Metropolitana, tercera categoría en la estructura del fútbol argentino.

Uno de los hombres fundamentales en la recuperación del Albo fue el empresario Roberto Bugallo. En los albores del siglo XXI, asumió la presidencia inmerso en un presente calamitoso. Eduardo Moreno Martínez y Hugo Santis, utilleros durante la temporada 1993/1994, reclamaron una deuda de 152 mil pesos que propició la quiebra de la institución aurinegra. Despojado de sus socios, con diez meses de débito con el plantel, sus puertas se mantuvieron cerradas durante el 13 y el 14 de marzo de 2000 por la denuncia de los antiguos empleados. Bugallo heredó una institución sumergido en el caos y, en su primera temporada, sufrió un descenso que no por previsible resultó menos doloroso.

“Estoy feliz por haber luchado tanto para sacar adelante a All Boys. Tomamos un club en quiebra, destrozado. Un club que creemos ahora es un pequeño ejemplo”. El aspecto dirigencial fue uno de los bastionesBugallo salvó al club y se lo confió a Romero del crecimiento futbolístico, social e institucional del albinegro. Canceló la quiebra, le devolvió el club a la masa societaria, construyó dos tribunas del actual Estadio Islas Malvinas, logró el ansiado retorno a la máxima categoría, sentó una base equilibrada que le permitió incorporar jugadores de la talla de Ariel Ortega y celebró su primer centenario con una temporada más en Primera División. Lógico y mesurado, apostó a un saludable continuismo que se cimentó en un solo protagonista, ídolo y estrella de aquel elenco inolvidable que tres décadas atrás había irrumpido entre los grandes del fútbol local: José Santos Romero.

Ferguson es de Floresta

José Santos Romero, perpetuado con el mote de “Ferguson de Floresta” al son de los años, es una anomalía dentro del desesperanzador contexto argentino que mide los ciclos en días o partidos. Romero, con la voz entrecortada pese a la frialdad de una conversación telefónica, nos confirmó su marcha: “Me va a costar mucho pero le dije al presidente que necesitaría dar un paso al costado y buscar un nuevo desafío”. Se irá por la puerta grande, despedido por la guardia de honor de una hinchada que le regalará una estruendosa ovación en su último partido como local y hará conmover hasta las lágrimas a quien escaló hasta lo más alto del Olimpo de los dioses Albos, como cuando anunció por televisión que a mediados de año partiría hacia rumbos desconocidos.

2277 días se cumplirán cuando el próximo 30 de junio Pepe finalice un vínculo que comenzó en abril de 2007. All Boys pululaba de decepción en decepción por la Primera B Metropolitana (tercera categoría del ordenamientoCuando Romero llegó, All Boys estaba en 3ª argentino). Su pésima campaña derivó en la renuncia de Néstor Ferraresi, renombrado entrenador del ascenso. En la decimotercera fecha debutó Romero con un empate a uno frente a Temperley. De esa formación incial, tres jugadores vivirán en directo el adiós de Pepe: Nicolás Cambiasso, Darío Stefanatto y Ángel Vildozo. En la campaña posterior, el Albo fue una demoledora maquina que capturó el ascenso a la B Nacional con una cosecha extraordinaria: 25 triunfos, 10 empates, 5 derrotas, 69 goles a favor, 29 en contra y 85 puntos con los que lograría el título, quince por encima de su escolta Morón.

Asegurada la permanencia con un cómodo noveno puesto en su retorno al Nacional, finalizó cuarto en la temporada 2009/10 y conquistó el derecho de jugar la promoción para saciar su sed de Primera División. Ese fue su punto cúlmine, su obra maestra. Tras empatar en Floresta, escribió la historia frente a Rosario Central en el Gigante de Arroyito. Frente a cinco mil hinchas, goleó en tierras santafesinas y se adueñó de una plaza en la máxima categoría, treinta años más tarde. Quinto en el Clausura 2012, asentado en Primera Divisón y con resonantes triunfos frente a Boca, River en el Monumental, San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro e Independiente en Avellaneda, Romero dejará al club después cumplir su objetivo: “El balance es bueno y el proceso exitoso. La meta final siempre fue dejar a All Boys en Primera”. Tras la victoria frente al Newell’s líder y semifinalista de Copa Libertadores, Romero había dirigido 241 partidos con un balance de 103 triunfos, 65 empates y 75 derrotas.

¿Cuál es la fórmula secreta de un club que en poco más de un lustro ascendió dos categorías? Sin secretismos absurdos, Romero nos entrega la receta en exclusiva: “Siempre tienen que conjugar las famosas tres patasRomero basó su éxito en el equilibrio total. La dirigencia, el cuerpo técnico y los jugadores. En All Boys logramos eso gracias a que siempre estuvimos muy equilibrados. En las derrotas salieron a respaldarnos y ratificarnos su confianza. En los triunfos, logramos manejar la euforia. El equilibrio nos llevó a consolidar el proyecto”. Su presupuesto jamás le permitió excesos, más allá de haber contado entre sus filas con Ariel Ortega y Fabbiani. Desde aquel debut frente a Temperley fue consolidando una base que enarbolo el sentido de pertenencia como bandera. “Por nuestra economía, tuvimos que consolidar una base de jugadores que nos habían dado muchos logros en el ascenso. Jugadores que sintieron la ambición y el hambre para nunca dejar de progresar. Los que llegaron para matizar algunas bajas importantes que tuvimos, se fueron acoplando al vestuario”.

La simbiosis entre All Boys y Pepe Romero no solo es un ejemplo, sino una esperanza para el futuro de un fútbol argentino criticado a ultranza durante los últimos años por su bajo nivel de juego. Romero confía en que el crecimiento de una tierra futbolísticamente brillante, se dará cuando mejoren los factores externos que lo acorralan: “Cambiar deberán cambiar muchas cosas. A nivel dirigencial, organizativo y social. Deberíamos copiar de las ligas europeas y tranquilizar a la gente, que a veces va a la cancha para descargar su violencia. A medida que vayamos cambiando eso nuestro fútbol mejorará”. Con el máximo ídolo como técnico y adalid de un proyecto consensuado con la dirigencia y sustentado en la identidad de jugadores que se convirtieron en emblema, Floresta señaló el camino y trazó el modelo para la redención del fútbol argentino.


10 comentarios

  • @migquintana 9 junio, 2013

    ¡Diecisiete entrenadores en once meses! Madre mía, vaya dato. No me extraña que la historia del All Boys de Romero sea tan especial y destaque tanto dentro del panorama argentino que bien comentas.

    En fin, gran artículo Matías! Es un verdadero lujo contar con las declaraciones de los protagonistas.

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  • @DavidLeonRon 9 junio, 2013

    Gran artículo Matías, me ha gustado mucho.

    Estaría bien saber la duración de los ciclos más largos de los entrenadores en banquillos argentinos.

    Imagino que en el S.XXI Gareca será el más representativo en cuanto a continuidad se refiere.

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  • Abel Rojas 9 junio, 2013

    Homenaje al proyecto de All Boys y crítica ácida contra un presente del fútbol argentino que no es demasiado constructivo. Enhorabuena a Mati, me ha gustado muchísimo el artículo.

    "¡Diecisiete entrenadores en once meses!"

    Esto no es normal.

    Aprovecho el viaje para apuntar lo mucho que me gustaba el Vélez del tigre Gareca en el año que Santos ganó la Libertadores. Era el mejor equipo, de hecho, aunque el trío Danilo-Ganso-Neymar marcase muchas diferencias.

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  • luca 9 junio, 2013

    justo ayer me preguntava como llegó All boys a primera.
    Bonito articulo crack

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  • @SVilarino 9 junio, 2013

    Grande Matías! Me ha encantado el artículo. Muy interesante.

    17 entrenadores en 11 meses, ni en los mejores tiempos de Gil y Zamparini xD

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  • @Gasolero87 9 junio, 2013

    David

    Creo que se fue hace un tiempito, no estoy seguro..pero en Almirante Brown (club del Nacional B) estuvo como 6 o 7 años seguidos Blas Armando Giunta, aquel 5 de San Lorenzo y después casi mítico en Boca. Caso raro.

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  • @Gasolero87 9 junio, 2013

    Ramón Díaz en los 90 en River si miramos más atrás.

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  • Abel Rojas 9 junio, 2013

    "ni en los mejores tiempos de Gil"

    ^^

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  • @FutIncorrecto 10 junio, 2013

    Creo que la inmediatez de los torneos cortos ha sido alimentada por el sistema de descenso y la cantidad de pases a Sudamericana y Libertadores. Tres descensos por promedio son demasiados y están equipos que recientemente jugaron en torneos continentales… Independiente ganó la Sudamericana con Mohamed.

    No conocía la situación de All Boys, Baldo. Qué gusto leerte por acá.

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  • Pablo 13 junio, 2013

    El fútbol argentino está en una debacle total. Solo lo mantiene el morbo y la costumbre. El nivel futbolístico es muy pobre, hay violencia recurrente en las tribunas y los equipos cada vez juegan peor.

    La realidad es que Pepe Romero y All Boy's no representan nada en este contexto.

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