Quizás, lo más relevante del mejor Sevilla de la historia no fueran los títulos. Cinco copas son muchas, desde luego, pero incluso ese legendario repoker de conquistas parece menor al lado de la identidad que aquel maravilloso conjunto regaló al Ramón Sánchez Pizjuán. El declive del proyecto Juande y los inicios del nuevo Sevilla han sido fríos, en la grada y el césped. Como si se hubiera perdido parte de la personalidad. Ayer, un gol tempranero y un par de fricciones en un partido macho fueron suficientes para recuperar una porción del pasado. Durante el primer cuarto de hora, la pelota no aguantaba viva 30 segundos. Fue el éxito de Míchel (sobresaliente en la mentalización) y el fracaso de un Madrid que no encuentra la forma de desentumecer su fútbol.
Sería el técnico local quien comenzara moviendo ficha: Maduro y Medel, doble pivote; Trochowski banda izquierda. Las propias situaciones del juego iban a revelar pronto las intenciones de Míchel; Trocho debía alejarse de ArbeloaOzil y Di María jugaron unos 45 minutos muy flojos y buscar momentos de control junto a Rakitic, con el cambio de orientación a Navas siempre presente. Si Di María leía la espalda del alemán, Medel achicaría sin miedo, pues detrás quedaba el notable Maduro. Ese era el plan, aunque hay que decir que funcionó a medias. Un año después, Di María volvía a toparse con un escenario para liarla en Nervión. Esta vez salió cruz. El Fideo tiene un poco eso; en ocasiones juega de forma extraña, se acelera sin motivo, decide mal. A largo plazo suena irrelevante, pero los de Mourinho acusaron que el jugador que el Sevilla «no podía cubrir» incitara a su equipo a la precipitación. Ahí sigue teniendo a deber Ozil. Con Medel acudiendo a presiones adelantadas y Xabi Alonso pidiendo pausa colectiva, Mesut debe pesar más. Es un genio, pero tarda demasiado en tocarla. Un futbolista de su clase no puede postergar tanto el crear la ventaja. Cuando el Madrid pedía un movimiento de aproximación, Ozil no paraba de alejarse. Para eso ha fichado Modric, al que Mou hubiera introducido antes del descanso de buena gana.
Decía Míchel que su banda derecha debía hacer trabajar en defensa a Cristiano Ronaldo. Lo consiguió en contadas oportunidades (el Madrid no concede eso), pero a cambio logróAlonso no pudo con Cicinho y Jesús Navas hallar una autopista desde la cual transitar y casi dominar. El sector izquierdo del Madrid se vio superadísimo, en especial un Alonso que jamás triunfaba en ningún intento de robo lateral. Marcelo, a menudo señalado, fue más víctima que causa. Sorprendió que Mourinho no ordenara una permuta Khedira-Xabi, pues tampoco el Madrid sacaba gran cosa del cambio de orientación del tolosarra. Cicinho (actuación consagratoria) y el colosal Jesús Navas la montaron. Cuando los de casa no se veían capaces de hacer llegar la pelota al costado derecho, restaba la opción Negredo y segunda jugada. El internacional es uno de los pocos puntas de nuestra Liga hechos para pelear contra el Pepe-Ramos; reune explosividad, calidad técnica y condición física.
Cicinho trajo a la mente la sociedad Dani Alves-Jesús Navas
La reanudación vino con Luka Modric de la mano. Su impacto fue inmediato. El croata la recibe en zonas difíciles de anular. Medel, que no encontró preocupación en Khedira, de repente sentía que Luka le pillaba muy, muy lejos. El Madrid, organizado en algo parecido a un 4-3-3 (Sami, interior izquierdo), avanzaba junto, de manera menos caótica. El problema aparecía en la última línea. Con Higuaín, Cristiano es medio Cristiano. El argentino ocupa permanentemente el carril central, lo que lleva al portugués a vivir excesivamente como extremo. Dado que Benzema no aportó nada desde la banda contraria, Mourinho modificó una estrategia que no le había otorgado la victoria pero sí los más destacados instantes de fútbol de toda la noche.
Con la entrada de Callejón por Arbeloa, los vigentes campeones regresaban al 4-2-3-1, con un Khedira probando el tercer rol de la noche, el de lateral. Fue un error. El doble pivote Modric-Xabi terminó por fracturar al Madrid, dejando correr al Sevilla una y otra vez. Míchel, acertado todo el choque, compensó el agotamiento de Rakitic y Trochowski con las piernas de Manu del Moral, peligrosísimo al espacio. El último cuarto de hora pudo no haberse disputado, los goles pintaban imposibles. Por Pepe, con el que da la sensación de necesitarse un mínimo de cuatro futbolistas para batirle a campo abierto. Y por Nervión, claro. Si la velada tiene sabor diferente, sobre la hora solo pasan cosas buenas.

Sólo pretendía manifestar admiración y efusividad hacia un defensa histórico en el ambiente de una web que se presta a ello y resulta que no he reflexionado la respuesta… Empiezo a estar un poco out en Ecos… 




Abel Rojas 16 septiembre, 2012
Con alguna diferencia, como en el tema Özil, pero coincido mayoritariamente con el texto de David.
Quiero lanzar una consideración que me parece importante: habitualmente hablamos de merecimientos, justicias e injusticias en términos relativos cuando nos referimos a Madrid o Barça. "El Barça mereció perder contra Osasuna; no mereció ganar ante el Valencia"; "La victoria del Getafe contra el Madrid fue justa", etc. Los grandes tuvieron un mayor volumen ofensivo y más tiempo de dominio aunque no fuese asentado (digamos más tiempo de iniciativa); pero el chico recortó tanto la diferencia -por mérito propio o demérito ajeno-, que le asignamos el merecimiento.
Pues ayer los merecimientos del Sevilla fueron absolutos. Jugó mejor 90 minutos, tuvo un mayor volumen ofensivo y un control emocional sobre el encuentro fantástico. La dirección de campo de su entrenador fue mejor y, a excepción de Pepe, los 5 hombres del partido fueron suyos.
Para mí esto es indicativo; mucho más que el tema de los 8 puntos -aunque esto sea lo más importante-. Ayer el Madrid jugó rematadamente mal al fútbol, se expuso a un correctivo. Mourinho tiene que buscar soluciones y me imagino a Cristiano Ronaldo de 9 único contra el Manchester City, con Özil y Modric en las bandas, a poco que Essien esté para competir -triángulo con Xabi y Khedira-. El Madrid necesita poso, tranquilidad, pausa; sentirse controlador. Está en un momento de peligro máximo.