La última vez que un brasileño de gambetitas especiales aterrizó en París se armó la marimorena. La ciudad del amor había servido de pasarela al nuevo genio emergente del país de Pelé. Un par de añitos de adaptación al euro y al césped bien cortadito le valieron a Ronaldinho para llegar a Barcelona en el momento justo, como futbolista y persona. Es cierto que París ha dejado de ser una plaza secundaria, que Lucas no es Dinho y que el coste de la operación exigirá desde el primer día, pero el destino no suena mal. El desembarco será en enero y por entonces las miradas ya estarán fijas en otros lugares. Ancelotti, que en su día introdujo magistralmente a Kaká en el fútbol europeo, podrá llevarlo piano, piano. Brasil 2014 sigue preparándose para la gran cita. Ya llegan.
Lucas Moura es regate. El uno contra uno define prácticamente la totalidad de su juego a día de hoy. Amparándose en un tren inferior típico sudamericano, su arrancada en seco es impactante, con unos diez metros iniciales que dejan la sensación de estar ante una amenaza permanente y que, comparaciones desagradables a un lado, recuerdan a los del gran Mané. Con un futbolista de tendencia tan regateadora, se espera que su adaptación a Europa lo lleve a zonas laterales, donde más espacio existe y más fácil resulta recibir. Hay que decir que Moura no es extremo. No es Robben. El brasileño es una especie de mediapunta de banda que aparece por todos lados en busca del constante desequilibrio. Es ahí donde surgen las lagunas en su fútbol: Lucas lo intenta siempre, casi sin lectura de la situación. Nunca se siente incapaz de desbordar, vicio heredado del Brasileirao que no le será sencillo domar.
Los primeros esbozos de Ancelotti dibujan un frente del ataque con Ibrahimovic como administrador del carril central, a la altura que él decida, y dos hombres abiertos pero móviles, lejos de una función meramente fijadora. Las alas permutan, pican hacia dentro y buscan la portería con sus movimientos. Lavezzi pinta indiscutible partiendo desde la izquierda. El otro sector parece ideado para Moura, aunque la competencia con Menez, Nené o Gameiro, a falta de definir salidas, será dura. Jugar con Zlatan debe hacerle evolucionar en su fútbol: menos balón al pie, mayor mordiente al espacio y más responsabilidad anotadora. Sus cifras goleadoras no son malas, pero se le intuye un potencial superior ante el arco. Más allá de machacones debates sobre la cuantía del trapaso (esta vez comprensibles), Lucas Moura en París debe resultarnos una noticia estimulante. Un proyecto cada vez más creíble para un jugador cuyo lenguaje corporal nos lleva a épocas pasadas. Lucas es Brasil. Eso sí, solo cuando regatea.






NjosC 10 agosto, 2012
Moura es realmente intimidante….
Tiene una potencia y una explosividad que veo tan diferente. No se si será sólo por el torneo que da ese causa ese efecto, pero es que parece una cosa bárbara. Para discutirle a Ronaldo y Eto'o en asuntos de explosividad .
Cuál sería el plan de su evolución táctica y física?¿
P.s: Si no estoy mal, empezó su carrera como lateral, no es así?