<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Ecos del Balón &#187; CA Huracán</title>
	<atom:link href="http://www.ecosdelbalon.com/tag/ca-huracan/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.ecosdelbalon.com</link>
	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
	<lastBuildDate>Thu, 30 Dec 2021 13:58:18 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=4.2.38</generator>
	<item>
		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito #yomequedoencasa</title>
		<link>http://www.ecosdelbalon.com/2020/03/di-stefano-el-jugador-detrs-del-mito/</link>
		<comments>http://www.ecosdelbalon.com/2020/03/di-stefano-el-jugador-detrs-del-mito/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 Mar 2020 09:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Futbolistas]]></category>
		<category><![CDATA["Pancho" Varallo]]></category>
		<category><![CDATA[Alfredo di Stéfano]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[CA Huracán]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Desiderio Peucelle]]></category>
		<category><![CDATA[Dante Santiago Pertini]]></category>
		<category><![CDATA[Felix Roldán]]></category>
		<category><![CDATA[juvrma15]]></category>
		<category><![CDATA[Millonarios FC]]></category>
		<category><![CDATA[Pedernera]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Gigena]]></category>
		<category><![CDATA[Pepe Peña]]></category>
		<category><![CDATA[Real Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[River Plate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecosdelbalon.com/?p=271856</guid>
		<description><![CDATA[“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”, Étienne Decroux. ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que «hasta donde [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-271856"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
Artículos relacionados:<br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecosdelbalon.com/2020/03/di-stefano-el-jugador-detrs-del-mito/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>6</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿Y si los periodistas entrenasen?</title>
		<link>http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/anecdota-periodistas-entrenadores-dante-panzeri-pepe-pena-argentina/</link>
		<comments>http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/anecdota-periodistas-entrenadores-dante-panzeri-pepe-pena-argentina/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 31 Mar 2016 01:55:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Vinilo]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[CA Huracán]]></category>
		<category><![CDATA[Dante Panzeri]]></category>
		<category><![CDATA[José Sanfilippo]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Lorenzo]]></category>
		<category><![CDATA[Néstor Rossi]]></category>
		<category><![CDATA[Pedernera]]></category>
		<category><![CDATA[Pepe Peña]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecosdelbalon.com/?p=202789</guid>
		<description><![CDATA[«No sé lo que dice la calle, pero me da igual. Yo, con el carnicero, hablo de carne; con el taxista, de taxis. De fútbol, hablo yo. Yo sé más de fútbol que todos los carniceros juntos, que todos los taxistas juntos, que todos los porteros juntos y posiblemente que todos los periodistas juntos». Jorge [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«No sé lo que dice la calle, pero me da igual. Yo, con el carnicero, hablo de carne; con el taxista, de taxis. De fútbol, hablo yo. Yo sé más de fútbol que<span id="more-202789"></span> todos los carniceros juntos, que todos los taxistas juntos, que todos los porteros juntos y posiblemente que todos los periodistas juntos». Jorge Valdano (1995).</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Durante una de las riñas que el periodista argentino Dante Panzeri mantuvo con el seleccionador Juan Carlos Lorenzo se produjo un desafío bastante curioso. Harto de sus críticas, el técnico invitó al periodista a hacerse cargo de la dirección técnica de la selección nacional argentina, <a target="_blank" href ="http://www.megustaleer.com/fragmentos/11975/Text/025_capitulo.xhtml">según Lorenzo</a> «para ver el papelón que hace (&#8230;). Si fracasa, lo tiramos al río». La anécdota data del junio de 1973, fecha en la que fue recogida en un artículo de Panzeri titulado <i>«Foliculario acepta desafío de juglaresco»</i>. Un <a target="_blank" href ="http://dle.rae.es/?id=IAEzJHp">foliculario</a> es un folletista o periodista, y juglaresco remite a juglar, que es la persona que en la Edad Media recitaba, cantaba o hacía juegos y malabares para entretener. Así que Panzeri estaba reduciendo a toda la profesión de Lorenzo, y no solo a él en particular, a una costumbre más folclórica que práctica. </p>
<p style="text-align: justify">Todo aquel que esté familiarizado con la obra de Dante Panzeri sabe que despreciaba a los entrenadores y que no creía en tácticas colectivas que no proviniesen de los mismos futbolistas. Panzeri lo justificaba diciendo que para dirigir en un juego de <i>«oposición e imprevistos»</i> había que intervenir directamente, es decir, ser jugador de campo. Así que, aparentemente, era absurdo proponerle ser director técnico. Más aun cuando él llamaba a este colectivo los <i>«ladrones de azul»</i> y consideraba que eran un invento de los presidentes: <i>«Antes de existir los DT, la paliza iba a los dirigentes»</i>, decía. </p>
<p style="text-align: justify">Pero contra todo pronóstico, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/dante-panzeri/">Dante Panzeri</a> aceptó el reto y se puso a disposición de la AFA como una forma de demostrar, paradójicamente, sus teorías, es decir: que <i>«ningún director técnico es director ni técnico»</i>. Su propuesta consistía en actuar como <i>«seleccionador»</i>, lo que se resumía en escoger según su criterio, y nombrar un director técnico entre los mismos jugadores. Según Panzeri fuera de la cancha la máxima sabiduría a la que uno puede aspirar es saber elegir. Y eso le parecía un tema de opiniones en el que la suya era tan valedera como la de Lorenzo.</p>
<blockquote><p>Antes de la anécdota de Panzeri y Lorenzo, en Argentina hubo un precedente muy cercano.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lo que posiblemente animó a Juan Carlos Lorenzo a lanzar aquel desafío fue que existía un precedente de periodista de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">corte panzerista</a> que se había estrellado tras tomar a su cargo la dirección técnica de un equipo argentino: el célebre caso del Huracán de Pepe Peña. Corría el año 1961 y José Gabriel González Peña, alias Pepe Peña, era uno de los más conocidos redactores de la revista <i>«El Gráfico»</i>, por aquel entonces bajo la dirección de Dante Panzeri. La revista había inaugurado un nuevo modelo de escuela crítica que primaba el análisis del juego por encima de la información: <i>«La revista no informa. Comenta y critica»</i>, escribió Panzeri en respuesta al correo de un lector. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Peña prefería contar y analizar el juego que sólo dar más noticias</span>Aquel modelo de periodismo trajo consigo un vocabulario creado para la ocasión, giros y expresiones novedosas, y en ese terreno destacó Pepe Peña por su sarcasmo y gracejo. A él se le debe una de las imágenes que más han perdurado en el inconsciente colectivo del aficionado argentino: jugar con <a target="_blank" href ="http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-42591-2004-10-21.html"><i>«un balde en la cabeza»</i></a>; que fue la forma más gráfica que se le ocurrió a Pepe Peña para criticar a «Motoneta» Raúl Nardiello, un wing derecho muy rápido que cuando arrancaba en carrera ya no miraba a nadie. Independientemente de lo simpática que resulte como ocurrencia, la metáfora pretendía señalar una deficiencia de tipo táctico, una falta de <i>«asimilación de conceptos»</i> y de <i>«ejecutar maniobras predeterminadas»</i>, que diría <a target="_blank" href ="http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-42591-2004-10-21.html">Juan Sasturain</a>. La anécdota del balde no es por tanto un episodio aislado. De hecho es parte de un proceso de difusión de la jerga futbolística entre el público argentino, que se le debe en gran medida a la tertulia radiofónica que Dante Panzeri y el propio Pepe Peña compartieron con el ex-futbolista Adolfo Pedernera. Se llamaba <i>«Fútbol al centímetro»</i> (1956), aunque muchos radio-aficionados la conocían como <i>“Las tres P”</i>, por la coincidencia entre la letras iniciales de los apellidos de sus tres tertulianos. Si bien a Pepe Peña, por su estilo vitriólico, también le llamaban <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2014/10/05/C-5774-anatomia-de--un-delirio-futbolero.php"><i>«Pepe Leña»</i></a>.</p>
<p style="text-align: justify">Podemos encontrar una breve descripción del talante de Peña como periodista -y de su breve desempeño al frente de Huracán-, en uno de los clásicos manuales ofrecidos por el diario argentino Olé: el <i>«Diccionario Olé de Primera»</i>. Se constata ahí que el estilo de sus intervenciones era <i>«sarcástico»</i>, así como <i>«suficiente y a menudo exagerado para valorizar o desmerecer rendimientos»</i>. Lo que podemos interpretar como prepotente y por ende, molesto. También se indica que Pepe Peña practicaba un tipo de análisis periodístico: <i>«sin hibrideces, orientado a descubrir cuestiones técnicas y tácticas»</i>. Aunque inmediatamente se vuelve a insistir en que lo hace mediante un estilo satírico, a través de: <i>«cierta ridiculización del personaje cuando su crítica era adversa»</i>. Por tanto, se puede leer entre líneas que muchos profesionales tenían cuentas pendientes con Pepe Peña cuando este accedió al cargo de director técnico de Huracán. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Boca ya le había querido contratar como asesor</span>Su prestigio como conocedor del juego y adalid del buen gusto era tan grande que Alberto José Armando, presidente de Boca Juniors, ya le había ofrecido a finales de los &#8217;50 un puesto como asesor del equipo xeneize, aunque en aquella ocasión no hubo acuerdo. Lo que se materializó fue la oferta que le hizo Luis Seijo, presidente de Huracán, quien llevaba tiempo con la idea de armar un gran equipo. Podemos encontrar referencia a aquella etapa en la autobiografía de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/la-sociologia-mediocentro-5-argentino-centrojas-historia/">Nestor <i>«Pipo»</i> Rossi</a>. El gran centrojás argentino había llegado a Huracán en 1959 en calidad de jugador y entrenador del equipo. Pipo Rossi destacó dos cosas sobre aquel proyecto: la llegada junto a él de otras figuras y la vocación por jugar un buen fútbol. La temporada 1961 iba a ser su despedida como profesional, pero aunque Rossi cita en el libro todos los fichajes que se produjeron durante sus tres campañas en el equipo, e incluso un hecho tan peculiar como la coincidencia de su retirada con las tres vueltas a la Tierra del cosmonauta ruso Gagarín, no hay en sus páginas ni una sola mención a Pepe Peña como técnico a pesar de que sí cita un partido contra San Lorenzo en el que el periodista, efectivamente, ejerció como entrenador.</p>
<blockquote><p>Nestor Rossi no casaba ni casó muy bien con lo que iba a simbolizar Pepe Peña.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La ausencia de menciones a Pepe Peña no parece casual. Rossi se había acostumbrado a hacer y deshacer en el equipo, como muestra lo que contaba su compañero <a target="_blank" href ="http://www.agepeba.org/Lectura.asp?id=16970">Emilio <i>«Negro»</i> Melón</a>: <i>«Rossi no podía con su molestia en la cintura, fuertes dolores de lumbago y otras lesiones; pero no quería largar (&#8230;) Jugamos juntos en River y en el 59 en Huracán. Nos gritaba a todos cuando no pasábamos la pelota o la perdíamos»</i>. Pipo Rossi se llevó consigo al jugador porque, decía, <i>«necesito a alguien que me corra a los rivales»</i>, y ubicó a aquel extremo izquierdo de volante en lo que luego se ha conocido como <a target="_blank" href ="http://www.agepeba.org/Lectura.asp?id=17838"><i>«doble cinco»</i></a>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Quiso introducir nuevas técnicas en bastantes aspectos del equipo</span>La llegada de Pepe Peña a Huracán suponía por tanto colisionar con Rossi, que ya estaba encauzando su carrera a la dirección de equipos, pero es que además Pepe Leña entró como un elefante en una cacharrería y concedió una entrevista al también periodista Bernardo Neustadt en la que no dejó títere con cabeza. Para empezar volvió a atizar a José Sanfilippo, un famoso delantero del San Lorenzo <a target="_blank" href ="http://www.pasionfulbo.net/fulano-juega-con-un-balde-en-la-cabeza/">del que había dicho en su momento</a> que <i>“jugaba dentro de una cabina de guardabarrera y con una caña de pescar”</i>, es decir, que vivía de explotar el juego de los demás. Cuando le preguntaron por Pipo Rossi y la nueva estrella del Huracán, Norberto <i>«Beto»</i> Menéndez, les saludó diciendo: <i>“Los voy a corregir. Tengo más admiración por mí que por ellos“</i>. Al diario <i>«La Nación»</i> le explicó que estaba <i>«dispuesto a establecer la mística del quehacer futbolístico»</i>. Una combinación entre recuperar el clásico «pechazo» (golpe de pecho contra pecho) a modo de saludo, como una forma de recuperar la virilidad deportiva, al tiempo que anunciaba clases teóricas para mantener a los futbolistas informados de <i>«las novedades (que) se originen en el campo de la estrategia»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Algunas de sus demandas resultaban pasmosamente visionarias. Por ejemplo, solicitó un dietista y dijo que los servicios médicos, más que la clásica ficha topométrica de los jugadores (el registro de sus medidas), debían procurar valorar mediante tests los reflejos de sus futbolistas. Cuando por fin dio inicio la pretemporada sus rutinas de entrenamiento resultaron tan innovadoras como su manejo del lenguaje. Una de estas prácticas, según recoge el <i>«Diccionario Olé de Primera»</i>, consistía en <i>«colgar una rueda de automóvil en la alambrada y hacer práctica de remates para embocarle con la pelota»</i>, actividad que es considerada en el manual como <i>«extravagante»</i>. La revistas <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2014/10/05/C-5774-anatomia-de--un-delirio-futbolero.php"><i>«El Gráfico»</i></a> y <a target="_blank" href ="http://revistauncanio.com.ar/mister-dt/la-aventura-de-un-sabelotodo/"><i>«Un Caño»</i></a> han recogido en sendos artículos algunas de estas prácticas de entreno -a las que consideran <i>«estrambóticas»</i>&#8211; y que incluyen el uso de sillas a modo de conos para ejercicio de dribbling; o el uso de sogas para hacer entender al portero cómo reducirle el espacio al delantero contrario a través de explicaciones geométricas. </p>
<p style="text-align: justify">Su debut como entrenador se produjo el 16 de abril de 1961 contra el San Lorenzo de Almagro, entrenado por Juan Carlos Lorenzo y con <a target="_blank" href ="http://old.ole.com.ar/diario/2001/10/27/r-02201e.htm">José Sanfilippo</a> como estrella. Los cuervos de Almagro le endosaron un 5-2 con doblete del jugador de la <i>«caña de pescar»</i>. La siguiente jornada Huracán empató por 2 a 2 contra Vélez Sarsfield, dirigido por el ex-seleccionador nacional Victorio Spinetto. Y en su último partido recibió un 4-2 del Atlanta, equipo que dirigía un futuro seleccionador que recién empezaba: <a target="_blank" href ="http://revistauncanio.com.ar/sic-sic/memorias-del-maestro/">Osvaldo Zubeldía</a>. Tras esta derrota Pepe Peña dimitió y nunca más volvió a dirigir un equipo de fútbol.</p>
<blockquote><p>Los tres partidos oficiales de Pepe Peña eran el mejor referente posible para Lorenzo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Su caso se convirtió en el paradigma del charlatán que queda expuesto al tener que asumir el trabajo sobre el que pontifica, motivo por el que seguramente Juan Carlos Lorenzo ofreció en 1972, tal y como se ha explicado al principio de este artículo, un reto análogo a Dante Panzeri, máxime aun cuando el mismo Lorenzo había sido uno de los implicados en aquella historia. No obstante, existen numerosos matices que conviene sopesar a la hora de emitir un juicio en lo relativo al caso de Pepe Peña. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pedernera siempre le tuvo en mucha estima</span>Pipo Rossi confía en sus memorias que San Lorenzo ya les había goleado la temporada anterior en la segunda vuelta, así que aquel era un resultado perfectamente lógico en un enfrentamiento entre los dos equipos. Del mismo modo, Rossi en ningún momento aprovecha la inexperiencia del técnico para justificar la derrota y, a pesar de su dimisión, el presidente Luis Seijo le ofreció a Peña el puesto de entrenador de las divisiones inferiores, lo que significa que seguía teniendo confianza en él. El artículo de Andrés Burgo en <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2014/10/05/C-5774-anatomia-de--un-delirio-futbolero.php"><i>«El Gráfico»</i></a> es de largo el mejor documentado sobre el tema: menciona, por ejemplo, que tras su dimisión el periodista participó en los inicios del programa televisivo <i>«Polémica en el fútbol»</i>, o que volvió a la radio como comentarista para Radio Rivadavia, en el programa de deportes de José María Muñoz; omite, en cambio, que Peña trabajó para Boca Juniors como asesor cuando entrenaba Adolfo Pedernera. Él fue, por ejemplo, quien elaboró el informe sobre Peñarol para la semifinal de la <a target="_blank" href ="http://www.rsssf.com/sacups/copa63.html">Copa Libertadores de 1963</a>, e incluso estuvo sentado en el banquillo como parte del staff técnico. De hecho acabó abrazando tras un gol a su antiguo enemigo, el Nene Sanfilippo, que ese año había sido traspasado a Boca.</p>
<p style="text-align: justify">Difícilmente tres únicos partidos pueden dar la medida de la valía o el conocimiento de un técnico, sea cual sea el resultado, pero lo que seguro que no pueden valorar es su calidad como periodista deportivo, que es algo totalmente distinto y que por ello requiere de una forma de evaluación diferente. Por otro lado, si aquel hombre era meramente un embaucador, sorprende que Adolfo Pedernera, que lo había sido todo como futbolista, le confiase un trabajo de aquella envergadura. El propio Pepe Peña dejó alguna pista sobre cómo interpretar la naturaleza de su fracaso aludiendo al espíritu con el que sus jugadores aplicaron sus ideas: durante una práctica habían planificado una estratagema que requería que el wing derecho se dejase caer. La jugada ocurrió más o menos como lo habían planeado, pero el jugador no se tiró. Según Pepe Peña, cuando le pidió explicaciones al extremo este le contestó: <i>“Atrás había unos abrojos bárbaros, mirá si me voy a tirar”</i>. Si leemos entre líneas quizás podamos intuir una falta de compromiso con su liderazgo, pero es que el propio Pepe Peña no había contribuido precisamente a generar una alianza adecuada con la plantilla, si tenemos en cuenta que su estrategia fue la de ir lanzando bravatas por los diarios. </p>
<p style="text-align: justify">Y difícilmente se puede extrapolar desde su caso lo que hubiese sucedido si Dante Panzeri hubiese dado el salto a los banquillos, tal y como le propuso Juan Carlos Lorenzo. Como periodistas, Pepe Peña y Dante Panzeri quizás habían sido parecidos, pero como técnicos seguro que hubiesen sido distintos. Panzeri, por ejemplo, nunca se hubiese permitido diseñar jugadas a los futbolistas. Su fútbol era <a target="_blank" href ="http://librofutbol.com/producto/futbol-dinamica-de-lo-impensado.html/22546">dinámica de lo impensado</a>, así que nunca les habría escrito un guión.</p>
<p style="text-align: center;">···</p>
<p><a href="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/lenguaje-futbol-discusion-umberto-eco-gianni-brera"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/espresso/01.jpg"  alt=""  align="left" /></a> <a href="http://www.ecosdelbalon.com/2017/07/ventaja-entrenadores-haber-sido-futbolistas-aprendizaje-autoridad"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/espresso/03.jpg"  alt=""  align="left" /></a></p>
<hr width="45%" align="center" size="1" color="#c9cac8">
<p style="text-align: center;">···</p>
<p style="text-align: center;"><b>HAZ CLICK AQUÍ PARA VER TODAS LAS COLECCIONES DE  <a href="http://www.ecosdelbalon.com/category/blog/origen-articulos-futbol/" target="_blank" ><br />
&#8211; ORIGEN | ECOS &#8211;</a></b></p>
<p style="text-align: center;">···</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/anecdota-periodistas-entrenadores-dante-panzeri-pepe-pena-argentina/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>59</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito</title>
		<link>http://www.ecosdelbalon.com/2014/12/alfredo-di-stefano-evolucion-como-futbolista-recorrido-river-plate-millonarios-real-madrid-jugador-total/</link>
		<comments>http://www.ecosdelbalon.com/2014/12/alfredo-di-stefano-evolucion-como-futbolista-recorrido-river-plate-millonarios-real-madrid-jugador-total/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 16 Dec 2014 03:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Vinilo]]></category>
		<category><![CDATA["Pancho" Varallo]]></category>
		<category><![CDATA[Alfredo di Stéfano]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[CA Huracán]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Desiderio Peucelle]]></category>
		<category><![CDATA[Dante Santiago Pertini]]></category>
		<category><![CDATA[Felix Roldán]]></category>
		<category><![CDATA[juvrma15]]></category>
		<category><![CDATA[Millonarios FC]]></category>
		<category><![CDATA[Pedernera]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Gigena]]></category>
		<category><![CDATA[Pepe Peña]]></category>
		<category><![CDATA[Real Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[River Plate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecosdelbalon.com/?p=148494</guid>
		<description><![CDATA[“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”, Étienne Decroux. ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que «hasta donde [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-148494"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
Artículos relacionados:<br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecosdelbalon.com/2014/12/alfredo-di-stefano-evolucion-como-futbolista-recorrido-river-plate-millonarios-real-madrid-jugador-total/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>47</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El loco y el globo</title>
		<link>http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/huracan-campeon-1973-menotti-houseman-estetica-futbol/</link>
		<comments>http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/huracan-campeon-1973-menotti-houseman-estetica-futbol/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 03 Dec 2013 03:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Vinilo]]></category>
		<category><![CDATA["Coco" Basile]]></category>
		<category><![CDATA[Agentina]]></category>
		<category><![CDATA[Avallay]]></category>
		<category><![CDATA[Babington]]></category>
		<category><![CDATA[Brindisi]]></category>
		<category><![CDATA[CA Huracán]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Russo]]></category>
		<category><![CDATA[Houseman]]></category>
		<category><![CDATA[Larrosa]]></category>
		<category><![CDATA[Menotti]]></category>
		<category><![CDATA[Roganti]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecosdelbalon.com/?p=99141</guid>
		<description><![CDATA[abían escuchado muy poco acerca de él. Apenas, que tenía un apellido de sonido alemán, inglés o quizá eslovaco, que había marcado 16 goles en la C con Defensores de Belgrano, que los había convertido con 19 años, que era puntero derecho y que el Flaco lo había pedido a la dirigencia como regalo navideño [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">H</span>abían escuchado muy poco acerca de él. Apenas, que tenía un apellido de sonido alemán, inglés o quizá eslovaco, que había marcado 16 goles en la C con Defensores de Belgrano, que los había<span id="more-99141"></span> convertido con 19 años, que era puntero derecho y que el <i>Flaco</i> lo había pedido a la dirigencia como regalo navideño en ese comienzo de 1973. Decía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/labor-menotti-a-cargo-seleccion-argentina-exclusion-maradona/">el <i>Flaco</i></a> que con ese chico el equipo se redondeaba. De pronto, se abrió la puerta de la caseta de Huracán y apareció. Y lo vieron entrar: huesudo, con los ojos vivos, juguetones y saliéndose para afuera, el pelo arremolinado, la piel parda, desgastada de la calle, y un aspecto desordenado. ¿Y el <i>Flaco</i> lo había pedido? ¿A ése? El <i>Flaco</i> se había metido media primavera austral persiguiéndolo por las canchas porteñas, donde exhibía un juego pícaro, descarado, irreverente y tempestuoso. A <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=RHcrbVlkSVg">René Orlando Houseman</a> le abrieron la puerta de la caseta por primera vez ese día. Cuando se la abrieron siete años después para despedirle, la cruzó como una leyenda de Huracán, como la mejor expresión individual del juego rebelde que expuso ese equipo, como el extremo derecho más divertido y espectacular de la historia del fútbol argentino, como un mito de la calle y como un alma melancólica para la que el fútbol solo tenía un significado: la felicidad. </p>
<blockquote><p>René Orlando Houseman se convirtió en leyenda del fútbol argentino con un brillante CA Huracán campeón en el 73.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Houseman fue la guinda de ese Huracán del 73, un equipo que fue <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=j_-G4toov9o">campeón del torneo Metropolitano</a> con un vendaval de juego ofensivo, goleador, emocionante, fluido, solidario, libertario y armonioso, y que se ha sacado boleto en la historia del fútbol no por sus largos triunfos, que no los tuvo, ni por un dominio extenso y tiránico, que tampoco, sino porque fue un canto romántico en medio de un periodo en el que Argentina necesitaba<span class="pullquote_right">Aquel Huracán no fue un equipo tiránico, pero fue clave en la historia del fútbol argentino</span> exactamente eso: una señal. Sin embargo, había mucho más que Houseman en aquel Huracán. A René en su primer día en el barrio de Parque Patricios, entre Boedo y La Boca, le dieron la bienvenida los demás futbolistas que conformaron el coro del <i>Flaco</i>, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=19Zo0DG9oYU">César Luis Menotti</a>. Estaba el portero, Roganti, eficaz y templado. El lateral derecho le correspondía a Nelson <i>«Buche»</i> Chabay, bueno por arriba y con nervio. El <i>Buche</i> había fichado también esos días desde Racing Club, igual que recién llegado era, pero de Rosario Central, el lateral izquierdo, Jorge <i>«el Lobo»</i> Carrascosa, elegante y con buen pie.  De centrales titulares cabe hablar algo más despacio. A Buglione le tenían por el duro en la marca. Típico central de aquella época en Argentina: cumplidor, pegajoso y disciplinado. Pierna o pelota. El otro era el de calidad. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=9N8POkVWCUk">Alfio <i>«Coco»</i></a> Basile operaba de líder de la línea. Mandaba en el campo y afuera. Ya era veterano, había lanzado su carrera en Racing Club. La rodilla ya le apretaba de dolor. Defendía sereno, con anticipación y quite. Y cuidaba de todos. Su voz cavernosa avisaba de un entrenador. Para sus compañeros era una vitamina esencial: se atendían sus consejos y órdenes, funcionaba como un seguro confidente y  velaba por la salud del grupo, organizando asados o discutiendo las primas. Por eso lo llamaron el <i>Manija</i>. </p>
<p style="text-align: justify">El centro del campo, de tres hombres, guardaba la fórmula mágica de aquel equipo. Francisco Russo era el guardaespaldas: corte y confección. Todo sencillo y con cobertura a todo riesgo. Siempre estaba en el sitio, corriendo y llegando. Por eso lo llamaron <i>Fatiga</i>. Los volantes decodificaban el juego ideado por Menotti. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=KdCQclXFsG8">Brindisi era el derecho</a>. Uno de los más grandes de la historia del fútbol argentino también. Era creativo, habilidoso, con pisada al área y gol, un despliegue oceánico y profundidad. Le acompañaba el volante izquierdo, el único zurdo del equipo, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Feu2WH8gAOY">el <i>«Inglés»</i> Babington</a>, más talentoso, elegante, fino, contenido en lo posicional y con una precisión sobresaliente en los pases cortos, medios y largos. Arriba, por la izquierda, arrancaba Omar Larrosa, un falso extremo con muchos litros de sudor, inteligencia táctica y puntualidad en el gol. Por el centro, Roque Avellay era el delantero, aunque marcaba menos que Larrosa o Brindisi. Y en el <i>wing</i> derecho estaba Houseman, a quien todos conocieron ese mismo día, antes de cambiarse para el primer entrenamiento. En esa práctica, Houseman tiró quiebros y caños a todos. Y esto relata el articulista Elías Perugino en <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2013/10/12/C-4946-disparador-el-equipo-del-quijote.php">El Gráfico del pasado octubre</a>, cuando se cumplieron 40 años del título de Huracán en 1973, que dijeron sus nuevos compañeros después: <i>“¿Cómo puede ser que a este no lo haya visto nadie antes?”</i> Y Perugino recuerda la sentencia de Babington: <i>“Llegó René y explotó todo”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">La mecha venía encendida. Cuando Houseman se subió al <i>Globo</i>, Huracán ya había firmado un tercer puesto en el Metropolitano del 72 con Brindisi (21) y Avallay (17) como  máximos artilleros del torneo. Menotti había llegado un año antes. Había cogido al equipo en la jornada 11 de la campaña del 71. Tenía 34 años y su experiencia<span class="pullquote_left">El club había pasado de las manos de Zubeldia a las del &#8216;Flaco&#8217; Menotti en cuestión de días</span> en los banquillos no pasaba de haber sido ayudante y tutelado en Newell’s Old Boys de Miguel <i>«Gitano»</i> Juárez. Luis Seijo, el presidente de Huracán, había despedido a Osvaldo Zubeldia, el gran entrenador argentino de la década anterior con el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">multicampeón Estudiantes de La Plata</a>. Seijo era un dirigente particular, ambicioso, y que apuntaba todo lo alto que los sueños y el dinero le permitían. Lo de Zubeldía había salido mal, diez partidos duró, y viajó a Rosario a por Menotti. Este tipo de decisiones dice mucho de Seijo, pero más dice aún sobre la coherencia con la que las tomaba. Menotti era a Zubeldia lo que el día a la noche. O a la inversa. Pero el disparo al aire salió bien. Hasta entonces, Huracán apenas había dicho nada en el profesionalismo argentino. Había gozado de cierto éxito en la era amateur, con buenos futbolistas, como <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=GmGll8w7bJg">Guillermo Stabile</a> (primer pichichi de una Copa del Mundo) y algunos títulos en los años 20, algo después de la fundación, cuando lo bautizaron en honor a <i>‘Huracán’</i>, el célebre globo aerostático con el que el aviador y aventurero Jorge Newbery emprendió varias de sus travesías y epopeyas. El club le cogió el nombre y también el apodo: <i>el Globo</i> o <i>el Globito</i>. También los llaman los <i>Quemeros</i>, una herencia de la época en la que en Parque Patricios se alojaba uno de los mayores vertederos de basura de Buenos Aires. </p>
<p style="text-align: justify">Menotti fue armando el equipo en las campañas del 71 y del 72, en permanente evolución, explorando, probando y desmarcándose cada vez más del discurso imperante en Argentina. Al <i>Flaco</i> se le han discutidos <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/labor-menotti-a-cargo-seleccion-argentina-exclusion-maradona/">muchas cosas</a> en su carrera y no hablaremos aquí de ellas. Es un personaje controvertido y tan singular que necesita su enciclopedia. Más allá de filias y adhesiones, de cuáles, cuántos y cómo fueron sus éxitos, Menotti siempre ha contado con dos ojos privilegiados para detectar el buen fútbol y sobre todo el talento. Quizá lo entrenara peor o mejor, pero su intuición para encontrarlo es indudable. Ahí está Houseman y todos sus compañeros del equipo: excepto Brindisi y Babington, que eran del barrio y de la casa, a todos los demás los fue reclutando por Argentina para que se sumaran a su idea. Huracán fue creciendo hasta que rompió el cascarón con el título del 73. Pero no fue esa copa la que le dio eternidad, sino cómo la ganó y en qué contexto.</p>
<blockquote><p>Tan importante como el triunfo fue el significado con el que se acogió en el fútbol argentino.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Estamos en la Argentina futbolística a la que tanto se opuso Dante Panzeri. La Argentina del Estudiantes de Zubeldia, del Racing de Juan José Pizzutti, de la selección de Juan Carlos Lorenzo, de futbolistas soldado como Rattin o Bilardo… Aquellos equipos y jugadores fueron la reacción alérgica a <i>La Nuestra</i>, la ideología de juego predominante en Argentina hasta que en la Copa del Mundo<span class="pullquote_right">Argentina vivía un periodo con un acento en lo táctico y, sobre todo, en lo práctico</span> de Suecia 1968 la albiceleste encajó <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=gXVvUUEfJoo">un 6-1 de Checoslovaquia</a>. Aquella derrota despertó las pasiones revisionistas dentro del fútbol argentino y se giró en sentido contrario a <i>La Nuestra</i>, la filosofía de juego criollo que había nacido en las páginas de la revista <i>El Gráfico</i> como contraposición al estilo inglés que se jugaba en varios clubes argentinos del primer cuarto de siglo pasado, un fútbol rígido, académico y previsible.  ¡<i>La Nuestra</i> fue la bandera de los mejores equipos argentinos de la época, como <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/08/filogenesis-blanca-vii/">La Máquina de River en los 40</a> o la selección de los Carasucias en los 50, y defendía el juego como una manifestación artística: la picardía, la gambeta, la imaginación individual, la libertad, la cultura callejera y del potrero… La debacle de Suecia arrasó ese modo de entender el juego y Argentina abrió paso a un periodo de fútbol regresivo, con acento en lo táctico, en lo práctico, en la mecánica colectiva, en los atajos hacia el resultado, el cinismo, la intimidación, la provocación… Los valores de disciplina, orden y sacrificio que impuso la dictadura militar durante los años 60 también influyeron en esa reinterpretación del juego. Los clubes se hicieron menos ricos al terminar de recibir los subsidios del peronismo. Y los mejores futbolistas se fueron a Europa, casi todos a Italia, como Maschio, Sívori o Angelillo. Pasó a jugarse más lento, se reforzó la defensa con un cuarto hombre y la cultura de <i>La Nuestra</i> acabó diluyéndose.</p>
<p style="text-align: justify">A la larga, los resultados se resintieron. Argentina no fue a la Copa del Mundo del 70 y aquello fue visto como un punto crítico. Pensadores del fútbol del país, como el periodista Dante Panzeri reclamaron una batalla al <i>antifútbol</i> desde dentro de las estructuras del fútbol argentino. Y así<span class="pullquote_left">El Huracán de Menotti fue un equipo que conectó muy rápido con el futbolero argentino</span> apareció Menotti, rebelado contra esa mentalidad decadente y considerada contranatural. El <i>Flaco</i> le puso el rostro al intento por devolverle al juego argentino las esencias de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/analisis-crisis-futbol-argentino/"><i>La Nuestra</i></a>: lo impensado, lo ofensivo, lo atractivo, lo emocionante, lo estético, lo artístico… Huracán fue esa primera tabla de ensayo, aunque en los años 60 algunos equipos como San Lorenzo, el rival histórico del <i>Globito</i>, había formulado apuestas similares. Así que el Huracán coronado en 1973 no fue solo la manifestación de un estilo diferente y reformista, de un grito en el cielo, sino que significó algo más: una actitud contrarrevolucionaria, casi intelectual, lo que Menotti proclamó como <i>“una bandera ideológica”</i>. <i>“Nuestro juego estaba en sintonía con el gusto popular de los argentinos”</i>, dijo también Babington. Y es cierto, el fútbol nacional no solo se había recogido sobre sí mismo y se había encapsulado, sino que se había alejado del paladar lujosamente educado durante tantos años en el público. Por eso, a Huracán lo aplaudían en su estadio y en los demás, como en la cancha de Rosario Central después de meterle un 0-5. Las otras aficiones se identificaron rápido con <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=j_-G4toov9o">ese equipo divertido</a>, travieso y apasionante. Era la fórmula tantas veces repetidas por Menotti: la capacidad de emocionar a través del juego. </p>
<p style="text-align: justify">Ese Huracán recuperó, con fuerza y sentido, el camino perdido. Tuvo ese aroma de ángel salvador. ¿En qué vigas se apoyaba su fútbol? Menotti potenció el 4-3-3 de sello holandés, con Russo de clásico 5, Brindisi de 8 y Babington de 10. Aunque en el desarrollo del juego Brindisi era más 10, más cercano al área, más habilidoso, que Babington, más 8 por la izquierda, más retrasado y volanteador. Abierto a la derecha, cerca de la cal, de 7, estaba Houseman. De 11, aunque no como <i>wing</i> puro, sino más diagonal quedaba Larrosa, apoyo cercano en el sector de Babington, por quien solía salir el juego. Y el 9 era clásico punta, Avallay, más bregador que rematador. Algunos de los fundamentos principales que convirtieron ese equipo en algo diferente fueron sobre todo la marca zonal, el achique de espacios y la presión alta. De Huracán se recuerda su <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=4KPmDdA7cmw">dimensión estética con la pelota</a> o su inteligencia coral, pero impuso, desde luego, algunas novedades históricas en el plano táctico. Luego, venía la letra gorda: velocidad de toque, pases cortos, cambios de ritmo, escrupulosa circulación, futbolistas muy juntos, apoyos constantes para avanzar el juego y lo más genuino, la libertad creativa, la imprevisibilidad, la inspiración, las cadenas sueltas para el talento de cada uno. La catequesis de Panzeri. <i>“Orden y aventura”</i>, lo resumía Menotti. </p>
<blockquote><p>El Loco, un apodo preciso y certero para definir la forma de sentir el juego de Houseman.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Houseman era la mejor expresión de esto. El <i>Loco</i> jugaba como era. Y Huracán jugaba en cierto modo como jugaba y era el <i>Loco</i>. Siempre fue un espíritu libre y rebelde, indisciplinado y opuesto a los regímenes de mando de los entrenadores. Houseman no jugaba al fútbol para vivir, sino que vivía para jugar al fútbol. El profesionalismo y todo lo que exigía y lo rodeaba le resbalaba por la piel. Buscaba, básicamente, la alegría y la delicia. Por eso su juego desde el extremo derecho coleccionaba gambetas, fintas, paradas y arrancadas, quiebros, pisadas y túneles. Nadie ha tirado los caños jamás en el fútbol como Houseman. <a target="_blank" href ="http://www.teaydeportea.edu.ar/houseman-a-pele-lo-enfrente-y-le-hice-un-cano/"><i>“Pelé no fue tanto: yo lo enfrenté y le hice un caño”</i></a>, ha recordado alguna vez. A René habían comenzado a llamarle sus compañeros <i>Hueso</i> por la flaqueza de sus piernas. Se lo puso Russo. Pero no tardaron en rebautizarlo como <i>Loco</i> por ese juego irreflexivo, instintivo, extravagante y espontáneo. Al extremo derecho que le discute a Houseman los poderes de la posición en la historia del fútbol argentino, Orestes Omar Corbatta, también le habían puesto <i>Loco</i>.</p>
<p style="text-align: justify">La genialidad de Houseman se había alimentado de las villas, las barriadas de chabolas de Buenos Aires. El <i>Loco</i> creció así, entre miseria, suciedad, despreocupaciones… Siempre dice que su profesión favorita era la vaguería. Era y es un villero. Una anécdota que cuenta Ángel Cappa en uno de sus libros lo define bien. Huracán estaba concentrado<span class="pullquote_right">Houseman sentía placer por el fútbol de barrio</span> en su hotel, pero faltaba René. La gente se espantó porque faltaba poco para el partido. Pero no era la primera vez que se escapaba por las ventanas. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/labor-menotti-a-cargo-seleccion-argentina-exclusion-maradona/">Menotti, el entrenador</a>, calmó a todo el mundo porque sabía adónde estaba. El <i>Flaco</i> y su ayudante Poncini subieron desde Parque Patricios al Bajo Belgrano, en la otra punta de Buenos Aires, y donde el <i>Loco</i>, pese a los consejos para que se mudara cerca de Huracán a una residencia mejor, había crecido y seguía viviendo. Llegaron y vieron que se había organizado un picado, un partidillo barrial, pero el <i>Flaco</i> no reconoció al <i>Loco</i>. Pensó que al menos esta vez se había equivocado él. Pero no. Allí estaba. Sentado en el banquillo, esperando, olvidado de Huracán. Menotti se acercó a Houseman y le regañó. Y el <i>Loco</i>, más loco que nunca, pensando que el <i>Flaco</i> le amonestaba por ser suplente, lanzó: <i>“¡Viste cómo juega el 11!”</i>. Aquellos partidos callejeros, con los <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/labor-menotti-a-cargo-seleccion-argentina-exclusion-maradona/">amigos del barrio</a> y en los que se ponían varios pesos en juego, como siempre se había hecho, eran los partidos que de verdad le daban placer a Houseman. Ese era su modo de sentir suyo el fútbol, como un villero. Y por eso jugaba en los campos como en los potreros: sin ataduras, con la libertad del perro callejero. </p>
<p style="text-align: justify">Aquel Huracán quizá no hubiera florecido igual sobre otra tierra. En la identidad de ese equipo estaba también almacenada la genética de Parque Patricios, un barrio de tradición tanguera, muy frecuentado por Gardel en sus orígenes y donde pasó su adolescencia Santos Discépolo, un barrio de vida bohemia, rebeldes, poetas y poesías… Durante el histórico Metropolitano del 73, las clases bajas<span class="pullquote_left">Aquel Huracán del 73, la más fiel representación del sueño que tenía Cesar Luis Menotti</span> de Parque Patricios se montaron en el <i>Globo</i> de sus sueños. El Palacio, el estadio Tomás Adolfo Ducó, acunó a un equipo que en los cinco primeros partidos del campeonato marcó 21 goles. Su potencial ofensivo durante la primera vuelta fue asombroso: marcó 46 en 16 jornadas, recibiendo 20 y solo perdiendo 2 encuentros. Los festines guiaban la agenda: 6-1 a Argentinos, 5-2 a Atlanta, 5-0 a Racing, 0-5 a Rosario Central, 5-2 a Ferro… En la segunda vuelta, bajó el pistón. Convirtió menos –sólo 16 goles-, pero apenas encajó: únicamente 10. Huracán tenía coartada; durante más de un mes, entre septiembre y octubre, su juego se resintió porque perdió a los internacionales que debían disputar el torneo eliminatorio para la Copa del Mundo del 74 y entonces el fútbol nacional no frenaba. Menotti no contó con Brindisi, Avallay y Babington y el fondo de armario no tenía el destello de los once fijos. Aun así, resumiendo: 46 puntos, sólo cinco derrotas, 62 goles anotados y 30 encajados. Todo un campeón del Metropolitano. Argentina celebró esa conquista por la forma y por el fondo. El Gráfico tituló: <i>“El campeón al que todos debemos aplaudir”</i>. Y una nota del <a target="_blank" href ="http://www.telam.com.ar/notas/201307/25385-10-cuentos-del-negro-fontanarrosa-para-escuchar.html">Negro Fontanarrosa</a> describió el alcance de ese juego heroico: <i>“Nos alegra el triunfo de Huracán por la manera que lo consiguió y por el ejemplo que deja. Que es volver, un poco, a una verdad más antigua que los 45 años que debió esperar (Huracán para campeonar): jugar con alegría”</i>. <i>La Nuestra</i> estaba de vuelta.  Aquel equipo constituye la obra mejor acabada por Menotti. Fue la primera y última vez que consiguió que un colectivo plasmara con tanta exactitud y fidelidad todos sus postulados. El lirismo de Menotti, toda su literatura, no volvió a cuajar tanto y tan bien en ningún equipo, ni siquiera en la Argentina que ganó el Mundial del 78. Si alguien quiere descubrir al Menotti romántico, poético, al Menotti de verdad, hecho fútbol debe acudir a ese Huracán.</p>
<blockquote><p>Tras la marcha de Menotti, Huracán no volvió a ganar nada más pese a sus buenos futbolistas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Apenas un año después, tras <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/ghana-cruyff-beckenbauer-cronologia/">el Mundial de 1974</a>, a Menotti le dieron la selección. Huracán no volvió a ganar nada más, ni alcanzó las notas sublimes de ese año 73. Aun así, se mantuvo un tiempo arriba, mientras incorporaba, además, futbolistas como Osvaldo Ardiles o Héctor Baley. Fue semifinalista de la Copa Libertadores 74 y subcampeón de los Metropolitano 75 y 76. Aunque ese Huracán del 73 queda como un rugido solitario, su legado se extendió en forma de internacionales argentinos: Carrascosa, Brindisi –mejor futbolista sudamericano de 1973, por delante de Pelé-, Babington y Houseman en el Mundial 74. Y Ardiles, Baley, Houseman y Larrosa (ya jugador de Independiente) en el triunfal Mundial 78. Esa Copa, en casa, en Argentina, fue la meta de la carrera iniciada por Menotti siete años antes en Parque Patricios. Otro juego fue posible de nuevo y gozó del mayor reconocimiento al que se aspira: la Copa del Mundo. Y quedó el <i>Loco</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Huracán convirtió a Houseman en un personaje de leyenda. Su vida más allá del fútbol jugaba tanto o más. Se agarró a la botella, absorbía garrafas de café, fumaba <a target="_blank" href ="http://2.bp.blogspot.com/_pWSS_g2uXbc/TKMw64QjL5I/AAAAAAAAC_c/x-8I7p00Wm4/s1600/Gitanes.jpg">Gitanes, unas bombas cilíndricas</a> de alquitrán, y nunca se separó de la vida callejera. Le salieron canciones en las gradas: <i>“Olé, olé, olé, ¿cómo lo paran a René?”</i>. Afloraron las fábulas sobre sus adiciones, la bebida, las fiestas y las borracheras. Ésta refleja lo más genuino del <i>Loco</i> y la narra él mismo, ya sanado del alcoholismo: <i>“Una tarde me presenté en el estadio para jugar el partido directo desde un cumpleaños de la noche anterior, con, por supuesto, un estado de ebriedad total. Cuentan que me hicieron duchar como una decena de veces… y tomar varios litros de café. Jugábamos de local <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/01/river-plate-boca-juniors/">contra River</a>. Entre lo que más o menos recuerdo y lo que me contaron… Cero a cero el partido, cuarenta y un minutos del segundo tiempo: parece que fui a buscar una pelota, proveniente de un pase de Russo… avanzando en diagonal de derecha a izquierda eludí a uno (a Héctor Osvaldo López), la tiré larga entre los dos defensores centrales (uno era Perfumo y el otro Ártico), y cuando desde el arco me salió Fillol, en el mano a mano, amagué, lo eludí y la crucé suavemente con la pierna derecha. Modestamente, un golazo. Luego dicen que quedé tirado en el piso riéndome. Tras eso me hice el lesionado, pedí el cambio y me fui directo a dormir a mi casa. Comentan que la gente (ignorando incluso mi situación de ese momento) me despidió con su tradicional: “Y chupe, chupe, chupe… / No deje de chupar… / El <i>Loco</i> es lo más grande / del fútbol nacional”… ¡Hice un gol borracho!”</i>.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecosdelbalon.com/2013/12/huracan-campeon-1973-menotti-houseman-estetica-futbol/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>14</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
