Desde su creación, la Champions League ha ido moldeándose a sí misma hasta crear lo que se puede considerar, por prestigio, interés y nivel deportivo, el producto futbolístico perfecto. No hay nada más allá de la Copa de Europa en este, nuestro deporte. Sin embargo, por idílica que resulte, la Orejona siempre tendrá un puntito menos que el Mundial. No solo por la lógica ascendencia planetaria de la Copa del Mundo, sino por el hecho de que es un torneo que, en plenitud, un jugador lo afronta una vez en la vida. O ni eso. Errar marca tu recuerdo, sin importar lo que hicistes antes o después. No hay justicia. Por eso es tan grande.
En la sonrisa de un niño africano cabe toda la bondad del ser humano. Son personas risueñas, positivas. Y sobre todo, muy sentimentales. Cuando Gyan situó el balón en los once metros ante Uruguay en el pasado Mundial, sabía que detrás no estaba Ghana, sino el orgullo de un continente unido en un deseo. Demasiado para unos futbolistas que sienten tan fuerte, con la sangre tan presente. Cojan una celebración de un gol de Eto’o o Drogba. Verán que no es lo mismo.
Diego Armando Maradona tuvo la suerte de poder ser Diego Armando Maradona. Su personalidad kamikaze no (nos) fue sustraída por la Edad del anuncio. La transición la sufrió Ronaldo Nazario, el siguiente grande que alumbró la Madre Naturaleza. R9 abrió caminos por entonces desconocidos. Todo lo que rodeó a Francia 98 olió a exceso. No faltó una foto del Fenómeno ni un solo día de campeonato. Ronaldo, que durante su carrera dio un máster de cómo manejar la presión, explotó. Su cuerpo dijo basta, sin que todavía hoy sepamos qué ocurrió en esas oscuras horas previas. Nadie quería encontrar a Edmundo en el once titular, pero la realidad es que en Saint Denis, la 9 la vistió un fantasma aquella tarde .
Ronaldo soportó en Francia 1998 algo que todavía no existía
Es verdad que antes perdíamos con frecuencia, pero no todas las derrotas supieron iguales. La España de Clemente llegó a USA 94 con un potencial oculto que pocos se animaron a reconocer. Julio Salinas no era de las piezas más lujosas, pero en su currículum constaban más de 150 tantos en Primera. Por ninguno se le recordará tan nítidamente como por aquel que no metió. Hierro (la joya de aquel equipo) colocó la pelota más dulce que un delantero puede llegar a soñar. Botando, con el portero a merced y el gran José Ángel de la Casa preparado para llevar el éxtasis a nuestros hogares, Julito definió a ninguna parte. Los genios no eran nuestros aún.
2006 fue, con mucho, su peor temporada. No había ganas de intentar hacerle cambiar de opinión. Zidane debía retirarse. Su inicio de torneo venía a confirmar el acierto de la decisión. Hasta que rompió. Tras superar el bloqueo mental, Zizou, agarrado a la sabiduría del viejo, legó la que quizás sería la actuación más bella de la historia de los Mundiales. El universo futbolístico adoptaba la nacionalidad francesa para contemplar el final del cuento, cerrado con epílogo amargo. No hay desdicha en quien fue tan inmenso pero: ¿qué hubiera sido Zinedine Zidane con la segunda estrella en el pecho?






Marcel 14 octubre, 2012
La Champions tarde o temprano te devuelve lo que te arrebata, sin embargo, la Copa del Mundo no. Es despiadada, injusta, fea y dolorosa. Las finales de la Naranja Mecánica, Sarriá, el penal de Zico en el '86, el de Codesal al 85 en Italia o el de Baggio en la final cuatro años después, el desplome de Colombia en EE.UU, los "errores" ante España en Corea, Diego y Messi en Sudáfrica…y se me quedan miles. Tragedia por doquier…
P.D: qué bien escribe David León, mamita.