Kevin Gameiro llegó al Atlético de Madrid principalmente por tres motivos. El estratégico: para potenciar un contragolpe que desde la marcha de Costa había perdido prácticamente toda su mordiente. El táctico: para permitir a Simeone enriquecer su ofensiva según éste dispusiese. Y el competitivo: para ser la referencia goleadora que convirtiese la suma de Griezmann en un lujo y no en una necesidad.
Su último año en Sevilla había demostrado que Gameiro no sólo podía ser un gran revulsivo, sino que podía articular la ofensiva de un equipo capaz de ganar a cualquiera. La marcha de Bacca había abierto un boquete en el Sánchez-Pizjuán bastante parecido al que provocó la de Diego en el Vicente Calderón, y fue precisamente el punta francés el encargado de rellenar cada centímetro. Mostró que podía relacionarse más con el juego, que siendo el único punta podía ser más ancho sin perder profundidad y, sobre todo, que no por partir de titular sus registros se veían reducidos, sino más bien al contrario. Todo en su gran curso había sido positivo. Quizás la dinámica le había sumergido en un estado de gracia que le hacía dejar ciertos controles y ciertas definiciones sólo al alcance de un par de nueves en el mundo, pero el hecho es que Gameiro había llegado a ese punto a partir de su propio fútbol. Por eso encajaba tan bien en el presente del Cholo y en el futuro de Griezmann.
A día de hoy, Gameiro lleva 18 goles producidos en 34 partidos.
Y por eso no se entiende demasiado bien que está pasando en sus primeros siete meses como rojiblanco. La sensación es que su aportación al juego ha sido irregular, lo cual parece lógico porque así lo ha sido hasta la del propio Antoine Griezmann. De hecho, en los últimos dos meses, cuando su compatriota peor estaba, Kevin Gameiro sí parecía estar más fino con balón y más preciso en todos sus movimientos, pero nada de esto se terminó refrendando con lo que, en realidad, le está faltando: el acierto de cara a portería. No es que Kevin esté gozando de muchas oportunidades, tampoco es que le estén faltando, pero lo cierto es que su último toque se está pareciendo muy poco al que vimos el curso pasado. De sus imponentes conducciones ante el Celta en Copa, la vaselina frente a Kameni en Liga o del movimiento en el área del Liverpool en la final de la Europa League poco hemos visto durante esta temporada.
Aquel buen inicio encadenando notables actuaciones ante Sporting, Málaga o Valencia no tuvo continuidad. Sus 12 goles y 6 asistencias se quedan cortos no sólo para las expectativas, sino también para la necesidad actual del Atlético de Madrid. En un momento en el que Yannick Carrasco no está muy acertado y, sobre todo, en un momento en el que Griezmann parece estar recuperando su fútbol entre líneas, el equipo colchonero requiere de la figura de Gameiro para aspirar a lo que el club ya parece haberse acostumbrado.
El precedente de El Molinón es muy positivo para Kevin.
Fernando Torres ha vuelto a renacer, Carrasco siempre es una opción para el nueve y las apariciones de Ángel Correa siempre están ahí, pero la gran oportunidad para Simeone se llama Kevin Gameiro. En El Molinón quedó todo esto bastante bien reflejado. Primero una genialidad de Griezmann, después una presión en primera línea y más tarde un contragolpe de manual permitieron a Gameiro anotar un hat-trick con tres definiciones sobresalientes. Si el francés hace de este día la norma como ya hizo el año pasado, el Atlético será más peligroso que ayer… Pero menos que mañana.
Foto: MIGUEL RIOPA/AFP/Getty Images






Roberto 21 febrero, 2017
Gameiro-Griezmann-Carrasco. Metidos en dinamica positiva, son todo un argumento para opositar a ganar esta UCL