Rubén Pardo nació al fútbol español cuando los centrocampistas de su escuela parecían La ventaja. El Barça y la Selección dominaban la élite y la cantera de la Liga no cesaba de producir talento que entusiasmaba: Ander Herrera, Asier Illarramendi, Thiago Alcántara, Sergio Canales, Dani Parejo, Koke Resurrección, Isco Alarcón, Suso Fernández, Denis Suárez, José Campaña, Álex Fernández, Óliver Torres… Unos llegaron y otros se quedaron por el camino, y entre ese segundo grupo sumido en la decepción, el nuevo futbolista del Real Betis Balompié ha sido uno de los más decepcionantes, pues se le atisbaba madera como para mandar en la Champions League.
Que no haya llegado a hacerse hueco en la Real podría doler con especial intensidad porque, a simple vista, se adivinaba comunión entre su estilo y el del club, pero profundizando en lo que ha sido el hacer del joven surgen nuevas aristas en el análisis que formulan preguntas diferentes. Más que nada, porque… ¿hasta qué punto es Rubén Pardo un verdadero adalid asociativo? ¿Con qué grado se le puede asignar la etiqueta de director de juego? La realidad práctica ha desvelado que no es notable ni en lo primero ni en lo segundo, que no es tan «español» como cabía presumir, sino que, por encima de todo y a veces parece que incluso de manera exclusiva, se trata de un lanzador de larga distancia ideal para equipos cuyos ataques se basen en las transiciones y que no requieran demasiados pases. Y contra pronóstico, eso podría ir mejor con un Víctor Sánchez del Amo que practica un fútbol posicional más vertical y agresivo que con el de un Eusebio Sacristán que suele masticar, por ejemplo, la salida del balón.
Rubén Pardo y Dani Ceballos necesitarán la ayuda de un tercero.
La asignatura pendiente para el entrenador madrileño consistirá en volver coherentes los repertorios del propio Pardo y de quien, hasta la fecha, y tras muchos años de liderazgo de Rubén Castro, es el jugador franquicia de su Betis: Dani Ceballos. El canterano viene actuando como interior izquierdo en un 5-3-2 con, a menudo, el pivote Donk cubriéndole las espaldas, y de una presencia defensiva no se espera que prescinda Víctor aunque le cambie el nombre, lo cual daría hueco al centrocampista riojano como interior derecho. Desde ahí, la base de la jugada se vaticinaría su acomodo, lo que lanzaría a Ceballos a zona de mediapuntas, y a tenor de lo expuesto hasta hoy, la conexión Rubén-Dani con pases rasos filtrados entre líneas no se vislumbraría fluida. Pero Víctor Sánchez del Amo posee dos piezas que, ejerciendo de estación indirecta, sí podrían unir al lanzador con el gran genio: los delanteros Sanabria y Alegría, ambos capacitados para asumir el papel de boyas de una salida directa y proveer a los llegadores con su juego de espaldas. Habrá que estar atentos.
Foto: Jeff Holmes/Getty Images






Antonio Durán 28 enero, 2017
Me estimula que te empieces a tratar a Ceballos de "genio", Abel. Sé que no te terminaba de convencer, quizás por ser tan discontinuo, pero este año ha dado varios pasos adelante.
Lo de Pardo es una buena incorporación precisamente para darle un poco de altura al Wilshere de Utrera. Creo que ha sido petición expresa de Víctor, y no me extraña. Tiene 6-7 interiores pero un sólo mediocentro (Donk, que la toca bien pero en cuanto le impiden girar es un manantial de pérdidas). Esto está condicionando muchísimo la salida: el Betis se muchas veces obligado a salir por las bandas porque falta un escalón. Pardo no es mediocentro, pero es probable que sí pueda ser ese escalón de pase que echan en falta en Heliópolis.
El sistema de tres centrales da incluso la posibilidad de conformar un doble pivote Pardo-Ceballos. Dani viene jugando ahí de manera muy responsable, y si Rubén puede hacerlo, el sistema ganaría mucha simetría. Es una opción atrevida, porque el riojano no tiene esas aptitudes defensiva, pero puede ser un filón a explotar en el Villamarín ante visitantes de media tabla. Sobre todo pensando que Víctor quiere que la mayor parte del tiempo el juego desarrolle lejos de su área: si el Betis generar ventajas en salida, ampliaría sus posesiones y Pardo vería el juego de cara.