Joao Cancelo nació para ser indefendible como lateral derecho. El futbolista portugués, un compendio de virtudes tanto físicas como técnicas, es uno de esos futbolistas que te van a sorprender aunque le lleves esperando desde el lunes previo al partido. Es inteligente encontrando los carriles, sale por ambos perfiles, tiene sentido de la oportunidad, un timing muy notable para doblar al compañero, suele amenazar la portería… En definitiva, es un gran problema para los rivales. Más por cantidad por calidad, al menos de momento, pero a fin de cuentas termina representando una oportunidad constante en cualquier escenario táctico, lo cual agradece mucho este Valencia.
El problema del Valencia es casi todo emocionalAunque, en realidad, todo conjunto lo agradecería. Cancelo es una solución de calidad en una zona del campo que suele estar muy mal defendida, incluso desatendida, hecho que provoca una serie de desajustes de las cuales luego se puede aprovechar su equipo. Sin lugar a dudas, aun admitiendo sus obvias lagunas en defensa, que posiblemente le coloquen como uno de los defensas con menos capacidad para defender de la élite, a la mayoría de equipos le compensaría contar con este arma ofensiva. Seguro que, en todo caso, ya tratarían de minimizar sus problemas con otros argumentos. El tema es que el Valencia lleva tiempo sin ser un equipo normal. Viene arrastrando una serie de dudas existenciales (¿qué soy? ¿dónde estoy? ¿a qué aspiro?) que han calado muy hondo en un vestuario que, a partir de la mala dinámica del año pasado, parece maniatado. Por eso, más allá de los debes tácticos que pueda tener el Valencia, todo deriva en un mismo problema: la falta de control emocional. Es ante eso contra lo que lucha este Valencia de Pako. Todo lo demás, ahora mismo, es circunstancial.
Cancelo condiciona emocionalmente al Valencia.
Joao desajusta todo el sistemaY la presencia de Joao Cancelo indice en todo esto. Porque todo lo que supone para el Valencia en ataque, lo supone también en defensa. El luso es una concesión constante. Tiene problemas para perfilar su cuerpo, para mantenerse activo, para decidir cuándo meter el pie, para cerrar el segundo palo y, por supuesto, para seguir cualquier tipo de desmarque. Esto, más allá del problema individual que supone, que ya es grave de por sí, provoca una serie de desajustes tácticos evidentes: el central debe salir a menudo, el mediocentro pierde el centro, porque además Parejo no es el interior más intenso del fútbol español, el equipo se ve obligado a bascular… Y aparecen los espacios. Pero la pizarra, como decíamos, no es lo más importante.
Porque lo peor de esta mina de errores que es Joao Cancelo como lateral es el cómo los digiere el Valencia de Nuno, de Neville y de Ayestarán. En vez de asumirlos como algo normal, porque esto es un juego de errores y porque luego en ataque tiene su propia compensación, el equipo siente cada acción en contra como una losa. Acabe en córner, en ocasión o en gol, caso del 2-3 del Betis.
Cada detalle en contra es un recuerdo negativo. Y esto es algo que el vestuario che no está sabiendo gestionar de ninguna manera. De ahí que parezca que al Valencia de Pako ya no sólo no le compensa un intercambio de errores, sino tampoco el hecho de poder tener diez posibles aciertos si a cambio esperas cinco errores seguros.
Foto: Manuel Queimadelos Alonso/Getty Images






Isaac C. 16 septiembre, 2016
Parece que Pako se plantea alinear un 3-5-2 con Montoya de tercer central para cubrir a Cancelo como carrilero. Ello supondría la suplencia de Rodrigo arriba, que creo le aporta mas al juego de ataque.